"Una vez más os traigo un nuevo capítulo de esta historia. Sé que he tardado más que de costumbre en escribirlo pero lo cierto es que he sufrido una pequeña perdida de inspiración que espero subsanar pronto."
"Muchas gracias a todos aquellos que os habéis molestado en escribir comentarios ya que gracias a ellos he logrado terminar este capítulo que por alguna razón se me atragantó en el tintero."
"De modo que espero que os guste al menos tanto como los anteriores y que escribáis para darme vuestra opinión al respecto. Y ahora disfrutad del capítulo."
"Como aviso he de informar de que algunas conversaciones de este capítulo serán en francés. Confieso no tener ni idea del idioma motivo por el cual he utilizado un traductor de internet. De todas formas la frase en español está puesta justo al lado en paréntesis y con letra cursiva. Si alguno de los lectores sabe francés y se horroriza por la calidad del francés utilizado, está más que invitado a informarme de la manera correcta de expresarme y lo corregiré encantada. Muchas gracias."
"Harry Potter así como sus personajes pertenecen única y exclusivamente a J.K Rowling. Lo que escribo lo hago por entretenimiento y sin ánimo de lucro."
Cap.4 "Conociendo a Gabrielle"
"Así es. Apolline te presento a Hermione Granger. Hermione, esta es Apolline Delacour, la madre de la chica de la que te he hablado." La presentó Cho orgullosa con un ligero movimiento de la mano.
"Es un placer querida. Cuando hablé con Cho sobre la necesidad de encontrar a alguien que ayudara a mejorar el dominio del inglés de Gabrielle, me aseguró conocer a la persona ideal para el trabajo." Explicó Apolline mientras extendía la mano hacia la aún inmóvil Hermione.
"El placer es todo mío señora Delacour." Se apresuró a asegurar Hermione estrechando suave pero firmemente la mano que le tendían. Era mejor asegurarse de crear la mejor impresión posible.
"Oh no querida, llámame Apolline" pidió la señora encantada con los modales de la jovencita que tenía delante.
"Muy bien Apolline" accedió Hermione sonriendo y ladeando la cabeza ligeramente al oír unos golpes lejanos que sonaban como si alguien estuviera dando pisotones y murmurando rápidamente en francés. Ninguna de las otras dos ocupantes de la habitación pareció advertirlo de modo que simplemente lo ignoró. "Lo cierto es que Cho no me ha dado muchos detalles sobre lo que estoy haciendo aquí, de modo que estoy un poco perdida."
"Me temo que tiene razón" admitió algo avergonzada Cho rascándose la parte de atrás de la cabeza. "Iba a hacerlo ayer, pero se me olvidó por completo."
"Bueno, eso tiene fácil solución" sonrió Apolline sabiendo de primera mano lo despistada que podía ser Cho Chang. Fleur y ella habían congeniado desde el primer momento y debido a eso Cho había pasado largas horas en esa casa así como algunos días de vacaciones con ellos en Francia. Era una gran chica y muy estudiosa, pero por desgracia tendía a centrarse demasiado en una cosa y olvidarse completamente del mundo en el que vivía. "Creo que lo más adecuado será pasar al salón a tomar una taza de té mientras hablamos del tema en cuestión."
"Me encantaría, pero me temo que llegaré tarde al dentista si me quedo de modo que si me perdonáis, he de irme." Se disculpó Cho volviendo a ponerse la chaqueta que se había quitado al entrar a la casa y desapareciendo dejándola a solas con Apolline.
"En fin, vamos?" preguntó Apolline señalando con un gesto de la mano hacia la habitación en cuestión. Hermione no vio otro remedio que seguirla. "Marie, el té lo tomaremos en la terraza de la biblioteca."
"Si señora" asintió una de las empleadas que había acudido tan pronto como Cho había desaparecido. "La señorita como desea su té?"
"Con leche y azúcar" acertó a contestar Hermione tratando de reponerse de la sorpresa de ser tratada de esa manera. En su vida había tenido el lujo de tomar el té de las cinco y normalmente solía desayunar café porque la ayudaba a mantenerse despierta con pocas horas de sueño. Sin embargo había oído a Draco pedir el suyo alguna vez y esperaba haber dicho lo correcto. Al ver como la doncella asentía y se retiraba volvió a respirar tranquila. "Parece que he acertado"
"Muy bien querida, por aquí. Hoy hace un día demasiado hermoso como para no disfrutar de él." Explicó Apolline el motivo del cambio de habitación para la reunión. Guió a Hermione por el laberinto de pasillos de esa enorme casa hasta detenerse en lo que resultó ser la biblioteca más hermosa que Hermione había visto jamás. Libros de todas clases se hallaban allí expuestos y al alcance del que quisiera leerlos. Para ella que nunca había podido tener un libro que no fuera de texto y que había tenido que acudir a la biblioteca municipal en caso de querer leer alguno aquello se le antojó maravilloso.
"Es mi orgullo, aunque la que posee mi madre en Francia es aún mayor" explicó Apolline encantada con el claro regocijo de la chica que observaba la biblioteca como si fuera una maravilla. Por desgracia, a pesar de que a sus hijas no les desagradaba leer, nunca había visto la misma expresión de simple fascinación al entrar en esta habitación. "La terraza está justo aquí."
"Vaya" no pudo evitar decir Hermione al contemplar las vistas que se extendían ante ella. Unos hermosos y bien cuidados jardines con un impresionante laberinto en cuyo medio podía vislumbrarse una fuente de agua cristalina se extendían ante sus ojos. Al fondo las montañas y el bosque que rodeaban gran parte del contorno de la ciudad se alzaban imponentes otorgando un toque de naturaleza salvaje a la imagen.
"Es mi parte favorita de esta casa." Suspiró Apolline dejando que un claro acento francés se colara entre sus palabras. "Me recuerda tanto a mi hogar en Francia."
"El té señora" comunicó Marie apareciendo con un carrito con un par de tazas de lo que a Hermione le pareció una carísima porcelana y un juego de teteras de lo que debía de ser plata pura. Una bandeja con galletas de chocolate se abrió sitio hasta la mesa donde se habían sentado tentando a Hermione con su exquisito olor.
"Gracias Marie, puedes retirarte" la despidió Apolline una vez hubo servido los tés. "Espero que te gusten las galletas de chocolate. A mis hijas y a mi marido les encantan de modo que siempre tenemos en grandes cantidades. Me temo que las de mantequilla nunca han tenido mucho éxito entre ellos."
"No se preocupe, a mí también me gusta el chocolate." Se apresuró a asegurar Hermione sonriendo y tomando una de las galletas de tan celestial aroma. Tras su primer mordisco con el que casi se le pusieron los ojos en blanco descubrió que estaban calientes y recién hechas. "Son caseras? Están deliciosas."
"Efectivamente son caseras. Nuestra cocinera Cecile se niega a permitirnos tomar las galletas ya hechas, de modo que prepara grandes hornadas todos los días." Suspiró Apolline recordando todas las veces que había tratado de convencer a la anciana cocinera de las ventajas de comprarlas hechas sin éxito. Su familia también se había negado a renunciar a las galletas recién hechas de modo que había sido una guerra perdida desde el principio. "Estoy segura de que se alegrará de saber que tiene una nueva admiradora de sus galletas. Bueno y dime querida, exactamente de qué os conocéis, Cho y tú?"
"Vamos al mismo instituto y compartimos varias clases juntas" explicó Hermione viendo que estaban comenzando a entrar en materia.
"Sois de la misma edad?" se asombró Apolline. Lo cierto era que Hermione aparentaba ser muy joven y su aspecto flacucho y algo bajito no ayudaba precisamente.
"Soy un año menor" explicó Hermione sabiendo que su aspecto la hacía pasar por una chica de catorce en vez de por una de dieciséis. "Pero me han asignado a algunas clases superiores. Por eso conozco a Cho."
"Entonces conocerás también a mi Fleur" se maravilló Apolline al comprender que esa chica había sido avanzada un curso.
"Compartimos algunas clases, aunque no creo haber hablado con ella." Murmuró Hermione sabiendo perfectamente que no había llegado a intercambiar palabra alguna con esa diosa de cabello de color del oro y ojos tan azules y profundos como el océano.
"Cuantas clases exactamente?" preguntó curiosa Apolline por la respuesta que la otra chica le había dado. Fleur nunca había mencionado tener en su clase a una chica que se hubiera saltado un curso.
"Seis" murmuró Hermione sabiendo que esas eran casi todas las clases de la rubia animadora. A excepción de gimnasia y latín, compartían todas las clases.
"Oh." No puedo evitar exclamar Apolline algo confusa. Esta chica tan educada y amable había estado en casi todas las clases de Fleur y a esta no se le había ocurrido que pudiera servir para ocupar el puesto de profesora particular de su hermana? No queriendo hacer el momento aún más incómodo de lo que era decidió cambiar de tema. "El trabajo es de profesora particular. Mi hija pequeña Gabrielle es una buena chica y muy estudiosa, pero me temo que aún no domina el idioma como es debido de modo que no le es fácil entender muchas de las cosas que explican en el instituto. Había pensado que tal vez una profesora particular sería buena para que practicara el idioma y tal vez para que la ayudara a entender algunos conceptos de diferentes asignaturas."
"Que años tiene?" preguntó Hermione queriendo hacerse una idea del curso que debería ayudar.
"Cumple quince dentro de dos meses" respondió Apolline encantada. "No se ha adaptado tan bien al cambio como Fleur me temo y sé que la frustra no poder entender las lecciones por culpa de la barrera del idioma. Cho me dijo que sabías francés, no?"
"Effectivement (Efectivamente)" respondió Hermione en perfecto francés para el deleite de Apolline que también pasó a hablar en su amado idioma. Hermione nunca había tenido profesores de francés, pero se había criado en los muelles de la ciudad y con toda la gente que su tío conocía había ido aprendiendo diferentes idiomas sin muchos problemas. De momento dominaba el francés, el italiano, el griego y el ruso. Sabía hablar el español bastante claro y había comenzado con el húngaro aunque su boca aún no era capaz de pronunciar como era debido.
"Et que tel reste des matières ?(Y que tal el resto de las asignaturas?)" continuó Apolline liberando del todo su pronunciado acento que disimulaba bastante bien al hablar en inglés.
"Ils ne sont pas mauvais (No están mal)" respondió Hermione algo humilde en su respuesta. Al fin y al cabo tenía una de las notas medias más altas de todo el instituto.
"Entonces perfecto. No sé si Cho te habrá comentado el horario, pero lo cierto es que necesitaríamos que las clases se dieran los viernes, sábados y domingos por la tarde." Explicó Apolline un poco temerosa. Esa chica parecía cada vez más y más perfecta para el trabajo y sabía que los jóvenes solían preferir usar el fin de semana para salir y no quería que esa candidata se le escapara de entre los dedos.
"No hay inconveniente" aseguró Hermione sonriendo. "Cuantas horas serían?"
"Cuatro horas diarias, tal vez tres los domingos. Al menos hasta que sus notas remonten. Luego ya se verá. Eso está bien?"
"Desde luego."
"Muy bien, y ahora hablemos del dinero." Sonrió Apolline encantada con la elección. Estaba segura de que a su marido Gerard también le encantaría esa chica. "Habíamos pensado pagarte diecisiete libras la hora. Te parece bien?"
"Suelo cobrar diez la hora." Respondió honradamente Hermione ganándose sin saberlo el respeto y la aprobación de Apolline.
"Aunque eso sea cierto, hay que tener en cuenta el horario del fin de semana así como la molestia de tener que venir aquí a dar la clase. De modo que me parece un precio de lo más razonable." Aseguró Apolline encantada. Puede que viviera en una gran casa y que fuera de familia adinerada, pero eso no significaba que los pequeños detalles se le escapaban. Había visto de inmediato la ropa remendada de la pequeña así como los zapatos destrozados que vestía. El confirmar que su edad era mayor de lo que su aspecto sugería casi demostraba desnutrición. En conjunto esa chica lo debía de haber pasado mal económicamente y aún así era indudablemente honrada. Desde luego era una elección más que adecuada para Gabrielle. "Y bueno, creo que solo queda conocer a la alumna. Charlotte, avise a Gabrielle que requerimos su presencia aquí de inmediato."
"Como guste la señora" Oyó Hermione a su espalda. Normalmente algo como eso habría sobresaltado mucho a la castaña ya que la nueva sirvienta había entrado en la habitación casi sin hacer ruido, pero los ahora más agudos oídos de la castaña habían captado un ligero patrón de pisadas que se había detenido a sus espaldas así como un nuevo olor a limón y cerezas. Era una mezcla de olores poco común, pero que aún así lograban una combinación refrescante y muy placentera de oler. Hermione se giró entonces para observar la fuente de aquel refrescante olor y sus ojos toparon con una chica no mucho más mayor que Fleur, tal vez rondaría los veinte años, veintidós como mucho. Ojos verde claro así como un cabello oscuro y largo recogido en una trenza fueron lo primero que vieron sus ojos. El uniforme del trabajo no era muy favorecedor pero aún así esa chica lograba que le sentara fenomenal, y si no fuera porque desde que la castaña había visto a Fleur el resto de las mujeres habían perdido todo su interés, la habría considerado realmente hermosa.
"Y trae más té y galletas. Estoy segura de que Gabrielle apreciará encontrarlas" ordenó Apolline. Luego dirigiéndose hacia Hermione explicó. "A Gabrielle no le hace mucha gracia reconocer que necesita ayuda, de modo que es posible que en un principio sea un poco hosca respecto a las clases, pero estoy segura de que pronto se acostumbrará."
"Claro." Murmuró Hermione oyendo una vez más el ruido de pies pisando la madera fuertemente seguido de cuchicheos furiosos en francés de alguna parte de la casa. Momentos después los cuchicheos pararon y el ruido de los pies se hizo cada vez más alto hasta que se detuvo frente a la puerta. Pero en vez de escucharse los golpes que esperaba, un sonido de lo más estridente se dejó oír que hizo que Hermione se doblara hacia delante del dolor mientras se tapaba los oídos.
"Te encuentras bien querida?" preguntó alarmada Apolline al ver que la chica se inclinaba hacia delante con un claro gesto de dolor.
"Si, no sé que me ha pasado." Murmuró Hermione ya recuperada y aliviada de que ese espantoso sonido se hubiera detenido. "Qué diantres ha sido ese sonido tan desagradable y estridente? Aún me está retumbando la cabeza."
Toc Toc
"Charlotte il m'a dit qui venait, peux-je passer ?(Charlotte me ha dicho que viniera, puedo pasar?)" preguntó una voz joven desde la puerta de la biblioteca.
"Gabrielle, pasa." Respondió Apolline en inglés y con la mirada severa. "Si quieres aprender bien el idioma, vas a tener que practicar más."
Hermione seguía tratando de sacudir ese dolor de su cabeza cuando sus oídos captaron el ruido de unas uñas arañando la cara madera que le hizo pensar en algo corriendo por encima. Unos cuantos jadeos seguidos del ruido de unas patas casi derrapando le hizo comprender lo que ocurría justo cuando dos pastores alemanes enormes aparecieron corriendo por la puerta para horror de Apolline y diversión de Gabrielle. Ambos perros parecieron deducir que había algún peligro para las dueñas de la casa porque cargaron directamente contra Hermione sin aminorar la velocidad que traían.
La castaña apenas tuvo tiempo para taparse la cara pensando en el impacto y en la caída que iba a sufrir cuando el ruido de uñas sobre la madera se detuvo tras un último derrape que hizo que ambos pastores alemanes quedaran quietos justo delante de la sorprendida castaña. Y su sorpresa aumento al ver como las orejas de esos grandes perros se echaban hacia atrás y sus cuerpos se tumbaban ante ella en claro gesto de sumisión. Incluso comenzaron a gimotear un poco y a bajar la mirada todo lo que podían.
Apolline Delacour también observó sorprendida el comportamiento de dos de sus perros guardianes más protectores y obedientes de la finca. Pero su sorpresa acabó rápidamente siendo sustituida por una furia difícilmente contenida al comprender lo que acaba de suceder en esa habitación. La actitud inocente con la que su hija había entrado a la habitación ya le había parecido sospechosa y se había puesto en guardia, pero nunca se le habría ocurrido pensar que su pequeña iba a azuzar a los perros guardianes de la casa contra su futura profesora. El gesto de auténtica sorpresa así como el destello del silbato para perros que tenía mal oculto en el bolsillo de los vaqueros fue toda la confirmación que necesitó. Y aquello la enfureció enormemente pero lo primero que debía de hacer era un control de daños y asegurarse de que su pequeño demonio (al que quería con locura y que era la razón de que no la hubiera mandado a un internado de suiza) no hubiera espantado a esa chica.
"Querida, te encuentras bien? Je le regrette. No sé lo que les ha pasado, siempre son muy obedientes." Comenzó a disculparse Apolline buscando alguna clase de herida en la otra chica.
"No se preocupe" murmuró Hermione aún confundida por la actitud de los perros que aún seguían tumbados y gimoteando. Lo cierto es que cuando se le estaban viniendo encima había sentido preocupación, pero por debajo de eso había sentido algo parecido al desprecio y una parte de su mente había considerado la idea de que esos dos perros la atacaran absurda y algo cómica. "Creo que debería dormir más. Últimamente no sé ni en lo que pienso."
"Quédate aquí por favor, mientras Gabrielle y yo sacamos a Arnold y a Juliette de aquí. Vamos Gabrielle" llamó Apolline agarrando el collar de uno de los asustados perros y esperando a que su hija hiciera lo mismo.
Hermione las oyó salir y se sentó en una silla tratando de digerir lo que acababa de pasar cuando su mente procesó que seguía escuchando los pasos de ambas mujeres así como el caminar de los perros. Por pura curiosidad comenzó a prestar atención a ese ruido y volvió a sorprenderse al oír como el caminar del grupo se hacía cada vez más y más nítido a medida que se concentraba en él. Sus oídos continuaron captando el ruido incluso cuando este cambió a un sonido algo más amortiguado que la hizo pensar que acababan de salir al jardín. Una vez allí, los pasos se detuvieron por completo.
"Quels démons tu pensais ?(Qué demonios estabas pensando?)" oyó claramente decir a Apolline con una voz fría que distaba mucho del tono amable con el que se había dirigido a ella. Por lo visto estaba tan enfadada que no quería que su hija perdiera ni una sola de sus palabras de modo que había vuelto a su idioma natal. Hermione también logró captar los murmullos de Gabrielle aunque su propia madre pareció no hacerlo "Il parle plus haut, je ne t'entends pas. (Habla más alto, no te oigo)."
"Seulement il voulait qu'elle eût peur et voilà qu'il partait. (Solo quería que ella se asustara y se fuera)." Oyó repetir esta vez más alto a Gabrielle y cuya voz sonaba avergonzada.
"Mais pourquoi ?(Pero por qué?)" la desesperación de Apolline tampoco se le pasó desapercibida a Hermione. "Je savais que l'idée ne te plaisait pas, mais Arnold et Juliette ne connaissent pas des plaisanteries ni des frayeurs. Ce sont des chiens des gardiens et ils elle pourraient avoir fait un dommage. Est-on cela ce que tu voulais ? (Sabía que no te hacía mucha gracia Gaby, pero Arnold y Juliette no entienden de bromas ni de sustos. Son perros guardianes y podrían haberla hecho mucho daño. Era eso lo que buscabas?)"
"Bien entendu que non! (Por supuesto que no!)" el grito de Gabrielle sobresaltó a Hermione y casi le hizo perder el equilibrio. Por suerte la silla aguantó su peso y la castaña pudo continuar espiando la conversación. "Il est seul que je ne comprends pas pourquoi Fleur ne peut pas me donner les clases. Je suis sûre qu'il les donnera mieux que cette… cette fille. (Es que no comprendo por qué Fleur no me puede dar las clases. Seguro que las dará mucho mejor que esa, esa… chica.)"
"Mon ange (Mi ángel)" el murmullo de Apolline sonó tan claro como si hubiera estado susurrando en el oído de la propia Hermione. "Ta soeur t'adore et je suis sûre qu'elle serait une grande professeur, mais Fleur a ses propres obligations. Avec le nouvel entraînement d'animatrices et se ranger il part du comité d'élèves, il ne va pas avoir le temps pour t'aider. Et j'avais pensé que peut-être cette fille pourrait t'aider et ainsi tu surprendrais ta soeur avec le domaine de l'Anglais. Ne crois-tu pas? (Tu hermana te adora y estoy segura de que sería una gran profesora, pero Fleur tiene sus propias obligaciones. Con los nuevos entrenamientos de animadoras y formar parte del comité de alumnos, no va a tener tiempo para ayudarte. Y yo había pensado que tal vez esta chica podría ayudarte y así sorprenderías a tu hermana con el dominio del inglés. No crees?)"
"Je suppose (Supongo.)" El murmullo de Gabrielle sonaba algo avergonzado y pensativo lo cual le dio esperanzas a Hermione de que no se repetirían más bromas. "Qui est son nom?(Como se llama?)"
Unos golpes en la puerta hicieron que Hermione diera un respingo y se cayera al suelo ya que los había oído como si fueran cañonazos. Sus oídos decidieron entonces volver a reajustarse y dejó de oír la conversación que se estaba desarrollando en el jardín. El rudo de la puerta resultó ser de nuevo Charlotte quien traía más té y galletas de chocolate. El rico aroma de las galletas volvió a tentar a Hermione quien notó como su estómago se revolvía y la hacía salivar como si de un vulgar animal se tratara. Hermione no estaba dispuesta a quedar como una salvaje enfrente de nadie, de modo que haciendo un pequeño esfuerzo apartó la mirada de ese plato tan tentador y fijó su mirada en la sirvienta.
Charlotte Khorer llevaba sirviendo en la casa de los Delacour desde hacía casi dos años. Apenas cumplidos los dieciocho había estado buscado trabajo cuando había oído hablar de una adinerada familia francesa que acababa de mudarse y que buscaba personal. Deseando volver a sentirse entre los suyos y aún a sabiendas de que posiblemente no lo lograría, había solicitado una entrevista de trabajo y había logrado el puesto. Sabía que su origen francés era en gran parte lo que la había diferenciado del resto de las solicitudes y gracias a ello había comenzado a trabajar allí. Desde entonces había jurado hacer lo que fuera para mantener ese empleo ya que no se encontraban empleos tan bien remunerados como ese fácilmente de modo que trataba de hacer su trabajo lo mejor posible. Por ello siempre era la primera en levantarse y asegurarse de presentarse a trabajar. Siempre se aseguraba de que su aspecto fuera lo más pulcro posible y siempre tenía los mejores modales ante los dueños de la casa así como ante los invitados de los mismos. Sin embargo, esa chica bajita y de aspecto joven estaba provocando una intranquilidad en ella que no era capaz de explicar. Su postura siempre correcta estaba comenzado a flaquear ante la intensa mirada de aquella chica que a pesar de tener al menos cinco años menos que ella se mantenía ojo avizor logrando ponerla nerviosa. No solo se trataba de la fijeza de su mirada o la seriedad de su rostro, toda su aura parecía estar fijada de modo que Charlotte se sintiera lo más incómoda posible. Incluso llegó a suspirar de tranquilidad al ver como la señora y la joven señorita volvían. Por fin aquellos ojos se apartarían de ella, aunque una pequeña parte de su mente se quejara por perder esa mirada que a pesar de ponerla muy nerviosa estaba logrando que se sintiera… apreciada? Única? "Charlotte, céntrate y déjate de pensar en tonterías. Es solo una niña, seguro que es incluso más joven que la señorita Gabrielle. Presta atención y deja de soñar despierta. Aunque hay que admitir que nunca había visto una mirada tan profunda como esa. Es como si pudiera ver a través de mi y… Céntrate idiota"
Mientras la joven sirvienta seguía devanándose los sesos y discutiendo consigo misma sobre la intensidad de una chica que creía menor de catorce años, ambas dueñas de la casa se habían sentado a la mesa y habían comenzado una conversación con la castaña que en ese momento invadía sin saberlo los pensamientos de la joven criada que había comenzado a sonrojarse sin razón aparente.
"Bueno Hermione, te presento a mi hija Gabrielle." Anunciaba en ese momento Apolline señalando a la chica que tenía al lado. "Gabrielle, esta es Hermione, tu nueva profesora."
Los ojos de Hermione no tardaron mucho en escanear a la chica que tenía delante y su mente realizó un rápido escáner de lo que sus ojos veían. Era una chica bastante alta, más incluso que la propia Hermione aunque eso tampoco era muy difícil. Estaba claro que era hija de su madre y una copia bastante acertada de Fleur aunque había algunos detalles que simplemente gritaban las diferencias entre ambas hermanas. A pesar de que ambas tenían el pelo rubio platino y muy largo y sedoso, eran los ojos los que realmente les conferían su toque personal. Mientras que los de Apolline eran como el hielo de una profunda gruta, Fleur los tenía tan profundos como el mar, y la joven Gabrielle los tenía de un color más bien pálido acercándose más al color blanco que al azul. Esa chispa de inteligencia traviesa así como las pecas que surcaban sus mejillas y que le daban un adorable aspecto de duende de los bosques le hicieron creer a la castaña que las bromas seguramente no cesarían.
"Encantada." Murmuró Hermione tendiéndole la mano a esa chica que la observaba con curiosidad.
"Lo mismo digo" respondió en inglés la chica con un acento francés muy marcado y con ciertas dificultades para pronunciar bien. "Vas a ser mi profesora?"
"Eso parece" asintió la castaña. Aún no estaba muy segura de si debía preocuparse o no por haber conseguido el trabajo. Lo cierto era que estaba muy bien pagado y si para conservarlo tenía que aguantar algunas bromas… bueno, peores trabajos había.
"Bien, en ese caso vamos a discutir los horarios mientras tomamos otra taza de té" solucionó Apolline contenta. "Espero que no se halla enfriado."
El té resultó seguir caliente de modo que no hubo necesidad de mandar a Charlotte a por más. Durante las dos horas siguientes discutieron los horarios así como el programa de estudios que iban a dar durante las siguientes semanas. De ese modo Hermione pudo hacerse a la idea del dominio del idioma que poseía Gabrielle y que resultó no ser tan malo como en un principio había temido.
Una llamada telefónica convocó a Apolline fuera de la habitación de modo que durante al menos media hora ambas chicas estuvieron solas para charlar libremente de sus opiniones. Gabrielle se disculpó por la jugarreta y una vez eso estuvo fuera, ambas comenzaron a hablar de sus intereses así como de diferentes anécdotas. Resultó que ambas tenían gustos parecidos en muchas cosas lo que ayudó a romper el hielo. Al final de la tarde ya charlaban animadamente a ratos en inglés y a ratos en francés para deleite de Apolline quien tras su vuelta de la llamada telefónica se las encontró riendo a mandíbula suelta acerca de algunas de las más cómicas bromas que el pequeño angelito de la casa había gastado.
"Disculpe señora, pero la cena estará lista en veinte minutos." Interrumpió la reunió Charlotte sobresaltando a la matriarca de la casa. El tiempo se le había pasado volando al ver como Gabrielle se reía tanto. Desde que se habían mudado su pequeña no había congeniado demasiado bien con las chicas de su clase de modo que verla reír y bromear de esa manera había alegrado mucho su corazón.
"Gracias Charlotte, puedes retirarte." Ordenó Apolline mientras se dirigía hacia la habitación de Gabrielle donde esta había insistido en llevar a su nueva amiga. Y encontró a ambas sentadas en la alfombra frente a frente y pasándose una pelota la una a la otra mientras Gabrielle contaba una historia.
"Y entonces cuando Phillipe estaba cerca de las escaleras pensé que era una lástima desperdiciar los últimos globos de agua que me quedaban de modo que…" contaba Gabrielle en ese momento cuando unos golpecitos en la puerta la detuvieron en seco. "Adelante."
"Gaby cielo, ya es hora de cenar." Anunció Apolline asomando la cabeza por la puerta de la chica.
"Ya?" se sorprendió la propia Gabrielle un poco apenada por tener que despedirse de Hermione tan pronto. Lo cierto era que no estaba tan mal como se había temido en un principio y era muy lista. Era agradable tener alguien con quien hablar tras pasarse las tardes encerrada en esa casa. Alzando la mirada esperanzada hacia la castaña preguntó. "Se puede quedar Hermione a cenar?"
"Si sus padres están de acuerdo con ello, no veo por qué no." respondió Apolline encantada y lista para pedir que pusieran un cubierto más para la cena.
"Me encantaría quedarme pero me temo que esta noche es imposible. Me toca preparar la cena." Inventó Hermione sobre la marcha aguantando las ganas de reír que le habían entrado al oír a Apolline hablar del permiso de sus padres. Cualquiera que conociera a Hank sabía que ese maldito borracho no se enteraría si pasaba o no por casa, pero tenía trabajo en la librería esa noche.
"Bueno, la próxima vez tendrá que ser." Lamentó Apolline suspirando. "En fin, en cuanto llegue mi marido te acercará a casa."
"Eso no será necesario" se apresuró a negar Hermione. Primero tenía que pasar por casa para recoger los libros del día siguiente ya que seguramente una vez más pasaría la noche en la polvorienta librería y no estaba dispuesta a permitir que los Delacour supieran donde vivía.
"Por supuesto que es necesario, ya a anochecido y es peligroso para una jovencita andar sola por la calle." Aseguró firmemente la mujer preocupada por esa pobre chica. Con lo pequeña que era estaba segura de que sería una presa fácil para esa panda de ladrones que invadían las calles por la noche. "En cuanto Gerard vuelva le diré que te acerque hasta casa."
Viendo que no iba a tener salida Hermione se resignó y bajó las escaleras junto a las otras dos Delacour pensando la manera de salir de aquel pequeño entuerto. Apenas habían llegado al vestíbulo cuando de pronto el aroma más exquisito que jamás había llegado a oler se le coló hasta lo más profundo de su ser. Era el olor que adquiere el aire un caluroso día de verano tras caer las primeras gotas de lluvia de una enorme tormenta. Ese olor particular junto al de hierba recién cortada con un ligero toque a manzanas y miel se le hizo lo más delicioso que pudo haber olido en su vida. Eso la desconcertó mucho y se obligó a encontrar el origen de ese olor de modo que comenzó a mirar por todas partes hasta que al final halló lo que estaba buscando cuando sus ojos se posaron sobre una figura ya conocida. La visión de esa diosa hizo que la boca se le secara y los latidos de su corazón aumentaran hasta lograr un ritmo desenfrenado que estaba segura todo el mundo podía oír.
"Je suis déjà arrivé (Ya he llegado)" Dios, si esa chica le había parecido hermosa y sexy tras observarla de lejos, el oírla hablar con ese acento francés y con una sonrisa capaz de iluminar toda una ciudad le provocaron un cortocircuito que provocó algo que nunca había ocurrido. Hizo que por primera vez en su vida, Hermione Granger, se quedara sin palabras. "Je crois que je suis arrivé par les poils, il semble qu'il va recommencer à pleuvoir. (Creo que he llegado por los pelos, parece que va a volver a llover)."
"Fleur, enfin tu es arrivé (Por fin has llegado)" gritó emocionada Gabrielle saltando encima de su hermana y riendo contenta de tenerla por fin en casa.
"Gabrielle, tranquille, que tu vas m'asphyxier (tranquilízate que me vas a asfixiar)" murmuró Fleur casi sin oxígeno y tratando de aflojar el férreo abrazo que Gabrielle tenía alrededor de su cuello.
"Chicas, comportaos" ordenó la matriarca del hogar sonriente. "Dónde está tú padre?"
"Tenía que hacer un encargo de última hora, me dijo que se iba a retrasar y que comenzáramos a cenar sin él." Respondió Fleur extrañada al ver que su madre usaba el inglés en lugar del francés. No había reparado en que tenían una visita extra.
"Vaya, que casualidad." Se desesperó Apolline sin saber muy bien qué hacer en ese caso. Normalmente le habría pedido a su hija que la llevara en coche pero la propia Fleur estaba siendo traída a casa por sus compañeras del equipo ya que su coche se hallaba en el taller por un problema en el radiador. "Llamaré a tus padres para que te vengan a buscar."
"No será necesario" respondió rápidamente Hermione a la que por suerte le estaban volviendo las funciones cerebrales poco a poco. "Un amigo iba a pasar a recogerme de todas formas."
"Sabe la dirección?" entrecerró Apolline los ojos, claramente preocupada por el transporte de Hermione.
"No, pero quedaremos en la parada de autobuses de la esquina, no se preocupe." Añadió Hermione al ver la duda en la cara de Apolline.
"Bien si tú estás segura" accedió de mala gana la mujer y suspirando. Al ver que su hija Fleur seguía la conversación con gesto confundido se horrorizó al darse cuenta de que ni siquiera las había presentado. "Oh Fleur, te presento a madeimoselle Hermione Granger, es la nueva profesora de Gabrielle. Por lo visto Hermione y tú vais juntas al mismo instituto."
"Oh, encantada." Saludó Fleur un poco intrigada por la chica que tenía delante. "No es más pequeña que Gabrielle? Por qué le va a dar clases alguien más joven que ella?"
"Igualmente." Murmuró la castaña bajando ligeramente la mirada rezando por no sonrojarse. "Creo que debería irme antes de que la tormenta estalle."
"Oh claro querida tienes razón. Pero estás segura de que no prefieres esperar a que mi marido llegue? Podrías cenar con nosotras e irte después de cenar." Intentó por última vez Apolline.
"En otra ocasión" respondió Hermione realmente tentada por poder quedarse a cenar con Fleur. Sin embargo sabía que le tocaba trabajar de modo que se tragó las ganas y simplemente volvió a negarse. "Nos vemos el viernes Gaby."
"Au revoir" gritó Gabrielle al ver que la castaña ya se iba. "Hasta el viernes."
Hermione simplemente comenzó a caminar tras despedirse con la mano tratando de no permitir que sus ganas de mantenerse al lado de Fleur la llevaran a hacer una estupidez. Simplemente levantó el cuello de su chaqueta y apretó el paso decidiendo que la tormenta no tardaría mucho en estallar. Lo cierto era que no había nadie esperándola para llevarle en coche de modo que quería desaparecer antes de que la madre de Fleur y Gabrielle decidiera que la tormenta era demasiado violenta como para que se fuera de la mansión. La dueña de la librería de verdad que la apreciaba pero precisamente por ese motivo habría sido una grosería abandonarla esa noche que tocaba mover de sitio varias de las colecciones más pesadas de la tienda.
Los relámpagos comenzaron a iluminar el cielo y pronto el suelo retumbaba con los truenos que anunciaban que la lluvia no tardaría en aparecer de modo que Hermione decidió no pasar por su casa y trabajar en las ropas que vestía en ese momento y se cambiaría a las ropas de repuesto que solía llevar en la mochila por la mañana. Las primeras gotas de la tormenta impactaron de lleno y la obligaron a comenzar a correr al ver que el resto de las nubes estaban a punto también de descargar su helada furia sobre sus espaldas. Durante los siguientes veinte minutos continuó corriendo y huyendo de la fría lluvia algo asombrada al ver que el aliento se mantenía tranquilo y no aparecían ninguno de los calambres que solían invadirla al hacer ejercicio.
Cuando finalmente llegó a su destino descubrió que no había perdido el aliento en ningún momento del trayecto y que estaba calada hasta los huesos. La buena señora se apiadó de su aspecto y la permitió subir a su casa que se hallaba en el piso superior de la librería para que se pudiera duchar y salir de aquellas prendas tan mojadas y pesadas. Agradecida Hermione se cambió de ropa y dejó las hundidas prendas que se acababa de quitar frente a la estufa y tras tomar una buena bocanada de aire se preparó para trabajar ya que la noche que tenía por delante prometía ser larga y pesada. "A trabajar!"
Una semana después:
Efectivamente aquella noche había resultado larga y no había podido dormir más de un par de horas cuando su despertador le había confirmado que era hora de levantarse. Se había pasado la noche entera levantando libros y volviéndolos a colocar en diferentes estanterías tras catalogarlos y limpiarles el polvo acumulado en aquellas estanterías. Al principio de la noche se había sentido sin fuerzas, pero a medida que la noche avanzaba su cuerpo parecía haberse acostumbrado al ejercicio extra hasta que había sido capaz de levantar toda una colección de filosofía griega con una mano y sin mucho esfuerzo. Por suerte la dueña de la librería se hallaba en la trastienda buscando un tomo en especial cuando Hermione había llevado a cabo la asombrosa hazaña. Al principio no se había dado cuenta de que en su mano izquierda se hallaban más libros de los que había creído cuando tras estornudar violentamente debido al polvo acumulado un montón de libros habían salido disparados en muchas direcciones.
Al menos nada se había roto y por fin habían acabado con el trabajo encomendado a tiempo para que pudiera hacer los deberes que le quedaban y que tras la visita a la casa de los Delacour no había podido terminar.
Por si fuera poco sus sentidos parecían que habían comenzado a hacer cosas raras y al final había acabado por comentárselo a los chicos.
Flashback
Dos días antes:
"Chicos os lo digo en serio, algo raro me está pasando." gimoteó Hermione paseando por el suelo del desguace en el que solían quedar cuando querían alejarse de sus respectivas familias.
"Explícate." Pidió Harry también preocupado.
"Al principio no parecía gran cosa, simplemente no era tan torpe. Pero ahora ya no se qué pensar." Se desesperó Hermione sentándose encima del capó oxidado de uno de los coches de por allí.
"Tienes algo concreto que contra?" preguntó Draco comenzando a perder la paciencia. Hermione no era de las que daba vueltas alrededor de un tema y el nerviosismo lo estaba matando.
"Mi vista" comenzó Hermione mirando fijamente a ambos. "Siempre he creído que necesito gafas porque siempre suelo verlo todo un poco borroso. Nunca he tenido dinero para ir al óptico de modo que nunca lo he comprobado, pero fuera como fuese, ya no necesito. Veo tan bien que el otro día pude leer el periódico de uno de los pasajeros del autobús."
"Eso no es tanto" le quitó importancia Draco con un gesto de la mano. "Yo he leído el periódico del tipo que estaba a mi lado montones de veces."
"Sí, pero mi tipo estaba al lado del conductor y yo estaba sentada atrás del todo." Gimoteó Hermione dejando a los chicos con la boca abierta. "Y eso no es todo. Últimamente puedo oír las lecciones que se dan en las aulas contiguas, y corro mucho más rápido sin cansarme y puedo oler cosas que antes no podía."
"Como por ejemplo?" quiso saber Harry claramente preocupado.
"Como por ejemplo que en algún momento de este día te has encontrado con Cho Chang y os habéis abrazado." Bufó Hermione al oler el sutil aroma del perfume de Cho mezclado con el olor de siempre de Harry. "Apestas a su perfume."
"No me digas?" se interesó Draco sonriendo y con aspecto de estar interesado. "Cómo ha pasado?"
"No era un abrazo, simplemente de tropezó y la agarré para que no se cayera. Y estamos discutiendo eso, estamos discutiendo el problema de Mione" se apresuró a desviar el tema el pobre chico que estaba sonrojándose por momentos. "Algo más Mione?"
"Como. Y mucho. Siempre estoy hambrienta." Ese era una de las cosas que más preocupaban a Hermione. Nunca había tenido mucho para comer de modo que estaba acostumbrada a pasar hambre y ya estaba acostumbrada. Pero últimamente tenía un hambre atroz a todas horas y apenas era capaz de contenerse al ver comida. Esos últimos días había gastado más del triple de lo que solía gastarse en comida y estaba mermando sus ingresos una barbaridad. "Y además juraría que he crecido."
"En serio?" se interesó Draco. Siempre le había preocupado que tanto Hermione como Harry no fueran muy altos, pero tras el estirón que Harry había pegado ese mismo verano todas sus preocupaciones se habían centrado en la castaña. No era idiota y sabía que las vidas de ambos eran más duras de lo que ambos dejaban ver y que la alimentación que recibían (sobre todo la de Hermione) no era precisamente buena. El oír que la chica estaba creciendo era un motivo de alegría más que se preocupación.
"Ya no me valen muchos de mis pantalones. Pronto no tendré ropa para ponerme. Que voy a hacer?" se volvió a desesperar Hermione. Con lo que estaba ganando con las clases le bastaría para afrontar los gastos inesperados de esa nueva necesidad de comer varias veces al día, pero tener que cambiar todo el armario era algo completamente diferente. Que iba a hacer?"
"A mí se me ocurre algo, aunque no sé si te va a hacer gracia." Murmuró Draco sonriente.
Fin del Flashback
La gran idea de Draco había resultado ser una buena idea aunque efectivamente a Hermione no le había hecho mucha gracia. Por lo visto Draco poseía mucha ropa (algo relacionado con la necesidad compulsiva de su madre de ir de compras cada semana con la visa oro en mano) que ya se le había quedado pequeña debido a un último estirón que había pegado. La propia madre de Draco había tomado la mayoría para darla a la caridad, pero varios de los pantalones vaqueros de Draco así como algunas sudaderas habían resistido el ataque de la buena señora ya que Narcissa Malfoy había considerado tales ropas indignas de dar. Para ella la apariencia lo era todo, y admitir que su propio hijo prefería los simples vaqueros y sudaderas a los polos de marca y a los jerséis de cuadros que ella misma compraba no era algo que estuviera dispuesta a admitir. Al principio Hermione se había negado a aceptar caridad de nadie, pero tras comprender que era eso o ir desnuda al instituto, no había tenido más remedio que ceder y aceptar la ropa que Draco le daba.
Que su madre se hubiera desecho de todos los polos así como de toda la ropa de marca fue un alivio para Hermione ya que mucha de la ropa que Draco estaba obligado a llevar resultaba ser demasiado… adineradas para su gusto. Los pantalones vaqueros y las sudaderas que habían resistido a la madre de Draco estaban más usadas que el resto de la ropa donada (Draco no solía ponérselo a no ser que le obligaran a asistir a alguna ridícula reunión de la alta sociedad) pero apenas no poseían agujeros y los pocos que había no le costó mucho remendarlos. Por primera vez desde hacía mucho tiempo llevaba ropa presentable y cómoda y eso era una sensación de lo más agradable. Era cierto que la mayoría de la ropa que había recibido le quedaba grande y holgada pero dado que la ayudaba a pasar más desapercibida no era algo que la disgustara.
Harry se había sentido mal por no haber podido cederle nada de su ropa pero lo cierto era que los Dursleys no eran muy magnánimos a la hora de darle ropa y la mayoría venían de tienda de segunda mano ya muy utilizadas. Draco había insistido en que la ropa que Hermione había recibido era lo que su madre llevaba tiempo tratando de quemar a sus espaldas y eso curiosamente había reconfortado el orgullo de Hermione. Se habría sentido realmente mal si hubiera tenido que dejar que le comprara ropa nueva.
De camino por el pasillo del instituto comenzó a darse cuenta de que ya habían comenzado a colocar los carteles de espíritu escolar así como carteles anunciando el primer partido de la temporada que a juzgar por lo que esos carteles tenían escrito, se celebraría en su propio campo esa misma noche. Hermione no había asistido a ningún partido debido a que siempre le había tocado turno en la pizzería aunque siempre había querido poder ir a admirar la técnica deportiva de las encargadas del entretenimiento (traducción: siempre había querido ir al partido para poder ver a cierta animadora saltando de un lado para otro en esa minifalda). Lo cierto es que ya había visto a Fleur con el uniforme ya que en más de una ocasión había llevado el conjunto a clase (logrando que Hermione no tomara ni un solo apunte en toda la hora que pasaran juntas), pero lo que realmente le hubiera gustado ver era la enorme sonrisa y la alegría con la que la chica animaba al equipo. Siempre había pensado que la sonrisa de esa chica era una de las más bonitas que había visto en su vida. Sin embargo los partidos siempre solían celebrarse los viernes y ahora que se había comprometido a darle clase a Gabrielle no estaba segura de poder ver alguno. Pero en fin, era más importante ganar dinero para poder comer que ver a Fleur siendo babeada por la mayor parte de la afición. El resto solían tener miedo de hacerlo ya que en más de una ocasión Bill Wesley había arremetido contra alguien que miraba demasiado rato a su chica. El muy cazurro se reía de la gente a la que solía apalear mientras enseñaba a Fleur como un simple trofeo del que era el dueño absoluto. Esa actitud realmente enfermaba a Hermione de modo que trataba de no pensar en ello.
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Aliviada de que las lluvias hubieran pasado y contenta de volver a tener cielo azul, la castaña salió al patio para disfrutar de su hora de estudio debajo de algún árbol que la resguardase de los rayos del sol. Por suerte su nueva sudadera contaba con un gorro que al ser tan grande le ayudaba a resguardar sus ojos de la claridad reinante del patio. Apenas había salido al jardín, cuando el mismo aroma de lluvia, hierba recién cortada y manzanas con miel inundó sus sentidos. Sabiendo que eso significaba que Fleur andaba cerca comenzó a mirar a su alrededor hasta que sus ojos hallaron lo que estaba buscando. Subida a una escalera Fleur se hallaba colocando un cartel que anunciaba el evento deportivo del viernes justo encima de una de las entradas al instituto. Y aunque normalmente Hermione simplemente habría gozado de la visión de Fleur estirándose con ese pequeño top para colocar el largo cartel, algo en su interior le dijo que algo andaba mal. Un rápido vistazo al pie de la escalera en la que la animadora estaba subida mostró que Stephanie Wilscott, otra animadora, no estaba muy atenta a sujetar la escalera en la que su amiga estaba subida y por el contrario parecía muy centrada en coquetear con uno de los jugadores del equipo.
Hermione no supo si fue el ver la actitud tan descuidada de la otra animadora, o un sexto sentido, o simplemente preocupación por Fleur lo que la hizo acercarse a la escalera en cuestión, pero agradeció a todo lo que conocía el haberlo hecho ya que cuando estaba cerca de la escalera lo que estaba claro que iba a suceder, sucedió. Uno de los patinadores del instituto fue reprendido por patinar dentro del recinto de modo que salió rápidamente al patio antes de que el profesor en cuestión decidiera expedientarlo por saltarse las normas. Al salir al patio tan bruscamente, no vio la escalera en la que Fleur se hallaba subida de modo que la golpeó violentamente tras lo cual fue a parar al suelo. Si Stephanie hubiera estado vigilando la escalera como debía la escalera no habría salido poco menos que disparada hacia delante de modo que Fleur no habría perdido el equilibrio. Hermione lo vio todo como si fuera a cámara lenta pero cuando vio que Fleur realmente se precipitaba hacia el vacío, su cuerpo reaccionó y ya estaba en movimiento antes de darse cuenta.
Fleur por su parte cerró los ojos con fuerza al notar como la escalera se iba para un lado precipitándola a ella hacia abajo. Si no hubiera estado tan estirada tal vez hubiera podido mantener el equilibrio, pero justo en ese momento estaba tratando de fijar la parte más alejada del cartel, de modo que se fue al suelo. Sabiendo que iba a ser un golpe muy fuerte Fleur solo tuvo tiempo para desear no lesionarse muy gravemente (o mejor, no partirse el cuello) antes de llegar al suelo. Pero para su sorpresa el suelo no solo no estaba duro sí no que además no le había hecho daño al impactar contra él. Lo siguiente que su mente dedujo era que el suelo sobre el que había aterrizado parecía que estaba respirando acaloradamente y que además desprendía un calorcillo de lo más agradable. Finalmente tras comprobar que no le dolía nada, Fleur se decidió a abrir los ojos para comprobar que todo estuviera en su sitio (y que no se hubiera abierto la cabeza contra el suelo y que el shock estuviera reprimiendo el dolor) y también se prometió dejar de ver tantas series sobre medicina ya que por su mente estaban pasando demasiadas posibilidades demasiado macabras para su gusto. Lo que su mente no había llegado a conjurar era que se hallaba en los brazos de alguien con los ojos más oscuros y profundos que jamás había visto.
"Estás bien?" acertó a preguntar Hermione al ver que a pesar de que Fleur había abierto los ojos seguía sin moverse.
Por suerte le había dado tiempo de cazar a la animadora según caía, y sus brazos habían aguantado el golpe amortiguando de ese modo la caída. El corazón se le había puesto en la boca del susto que se había llevado y en ese momento solo le apetecía poder asegurarse de que Fleur se hallara bien y tumbarse a morir, ya que del susto estaba segura que había perdido por lo menos diez años de vida. "Es posible padecer un infarto tan joven?"
"Oui" respondió Fleur aún en trance por aquellos ojos que la miraban tan fijamente. Por suerte el grito de histeria de Stephanie (que consiguió taladrarle el tímpano) fue suficiente para que despertara del atontamiento que tenía encima. De modo que volvió a fijar la mirada en aquellos ojos tan penetrantes pero antes de que pudiera hacer nada, fue arrancada de esos brazos y estrellada contra otros muy distintos.
"Fleur, estás bien? Dios mío vaya susto me has dado, creía que te ibas a matar. Ha sido culpa de ese idiota del monopatín. Si quieres ahora mismo hacemos que le den su merecido." Comenzó a graznar Stephanie atrayendo la atención de un montón de curiosos, incluyendo la del patinador caído.
"Estás bien? Te juro que no te había visto." Se apresuró a disculparse el chico. Se sentía fatal por haber estado a punto de hacerle daño a alguien y ahora que se daba cuenta exactamente de quien se trataba comenzaba a temer por su vida.
"Que lo sientes? Espera a que Bill se entere de esto, no te va a dejar un hueso sano en todo el cuerpo." Se rió Stephanie disfrutando del evidente miedo de aquel perdedor.
Fleur por su parte no estaba escuchando ya que estaba muy ocupada tratando de localizar a su salvador pero este ya había desaparecido. Solo se había dado la vuelta un instante cuando los gritos de la otra animadora habían adquirido un tono vocal realmente alto y tras volverse a girar se había encontrado sola entre la multitud de curiosos. No había podido ver bien el rostro de quien la había rescatado debido a un gorro de la sudadera que oscurecía la mayor parte de la cara y a que había estado demasiado acelerada como para haberse fijado en muchos detalles, aunque hubiera jurado que se trataba de una chica. Pero estaba rodeada de un montón de curiosos y eso le impedía ver a quien sus ojos buscaban sin descanso. A pesar de no haberse fijado en muchos detalles, algo le decía que no era la primera vez que veía esos ojos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos de Stephanie que cada vez sonaban más y más altos.
"Stephanie ya es suficiente. Estoy bien y no ha sido culpa de nadie, ha sido un accidente." Con esas simples palabras calmó la discusión y recibió una mirada de agradecimiento seguida de una de disculpa sincera del pobre patinador. Con un simple asentimiento de cabeza Fleur se despidió del chico y comenzó a andar en dirección a su próxima clase.
"Espera Fleur" gritó Stephanie corriendo detrás de la otra animadora. "Por qué le has dicho eso? Ha podido matarte."
"Ha sido un accidente y me encuentro bien." Repitió Fleur pensativa. "Has visto a quien ha detenido mi caída?"
"Eh?" se sorprendió Stephanie. Lo cierto es que no había prestado mucha atención a la figura que había tomado en brazos a su amiga. "No lo conocía. Será nuevo aquí."
"Tal vez" concedió Fleur aún sumida en sus pensamientos. "Nos vemos luego, tengo Biología."
"Hasta luego." Se despidió Stephanie pensando en todos los rumores que iba a expandir sobre el misterioso salvador de Fleur. "Después de que le cuente todo a Bill, desde luego."
Una vez segura de que nadie la observaba Hermione se detuvo para recuperar el aliento tras una de las columnas que adornaban los arcos de la parte de atrás del instituto. Había salvado a Fleur Delacour e incluso había llegado a abrazarla (vale, el abrazo era para impedir que se matara, pero menos da una piedra) antes de que esa chiflada de Stephanie prácticamente la arrancara de sus brazos. Los estridentes gritos de la animadora realmente le habían dañado las orejas y la habían hecho darse cuenta de que estaba siendo rodeada por un círculo de curiosos.
Sabiendo que las preguntas no iban a tardar mucho en sucederse y sabiendo que una chica de su estatura (aunque estuviera más alta que la semana pasada) y edad no debería haber sido capaz de detener esa caída sin ser también arrastrada al suelo había decidido desaparecer entre la multitud aprovechando el espectáculo que la otra animadora estaba dando. Estaba casi segura de que nadie había llegado a verle el rostro y gracias a que llevaba ropa de chico y a su nueva altura parecía más que probable que la gente la hubiera confundido con un chico. Eso era un alivio y una tortura ya que para una vez que había sido capaz de ayudar en algo a Fleur Delacour, no era capaz de decírselo.
Resignada al anonimato simplemente se quitó la sudadera azul que llevaba y la introdujo en la mochila quedándose tan solo en una camiseta de manga larga que poseía el logo de un grupo musical que Harry solía escuchar. Había sido un regalo de cumpleaños que el chico le había hecho y aunque siempre le había animado llevarla ese día decidió considerarla como su camiseta de la suerte.
El timbre de la campana escolar hizo que diera un respingo y que tuviera que correr para llegar a clase con la esperanza de llegar a tiempo y no acabar castigada. Era viernes y al terminar debía dirigirse para darle clase a Gabrielle sin olvidarse de pasar por el sótano de Skeeter para darle la caja de bombones que le había comprado como agradecimiento por la información tan detallada que le había proporcionado. Tan concentrada iba que ni se dio cuenta de la persona que dobló la esquina justo a la vez que ella pasaba por delante de modo que tras un fuerte encontronazo ambas personas se fueron al suelo. El olor a lluvia característico hizo que comprendiera la identidad de esa persona justo antes de abrir los ojos y toparse con la mirada sorprendida de Fleur Delacour en persona.
"Y hasta aquí hemos llegado. Parece que Hermione está padeciendo ciertos cambios físicos que están comenzando a hacer mella en su cuerpo, aunque aún no esté muy segura de lo que sucede. En el próximo capítulo veremos que sucede con este inesperado encuentro así como algunos momentos entre Cho y Harry."
"Muchas gracias por haberlo leído y como siempre todos los comentarios/desvaríos serán bien recibidos ya sean buenos o malos (las amenazas y las sugerencias/demandas de suicidio hacia mi persona serán recibidas solo que no tan bien como el resto).Y prometo que trataré de actualizar la historia lo más deprisa que pueda aunque parece que tengo un pequeño bloqueo. En fin, esperemos que mi musa vuelva pronto al trabajo. Gracias por leer el capítulo y hasta la próxima. Paz y amor".
