Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto Masashi. Si Naruto me perteneciese, ya ya habría matado a Sasuke hace mucho tiempo... Kakashi- sensei és perfecto.

Advertencia: La historia puede contener situaciones sexuales y violentas, y esta catalogado como Rated M. No recomendado para menores de dieciocho.

Importante: Traducción.

Autora original: Dondeloth

Traductora: Istharneko.

¡Buena lectura!

OoOoOoOoOoOoOoOoO

O Predador e A Lua

4

Hinata desperto a la mañana siguiente, sintiendo su cuerpo dolorido. Los ojos, clarísimos, demoraban en acostumbrarse a la fina luz, que se colaba por un resquicio de la pesada cortina verde, la cual, cubría las ventanas. Agarró la manta, intentando volver a aquel mundo de sueños y adormecimiento en que estaba momentos atrás. Sintió la respiración lenta y controlada de Sasuke en su nuca, haciendo que volvieran a ella todos los recuerdos de la noche anterior.La mano del mercenario, continuaba enrollada en su cintura, con gesto posesivo. Hinata sabía que no conseguiría volverse a dormir, peor tampoco conseguiría permanecer acostada pasivamente, al lado de Uchiha Sasuke.

Con mucha cautela, la joven comenzó a levantar el brazo del mercenario, que estaba encima de su cintura, en su sueño, el hombre se movió, asustando a la chica, que comenzó a respirar más rápido. Hinata depositó muy lentamente la mano de Sasuke donde ella estaba durmiendo. Admiró el rostro del joven, que parecía impasible, sin ninguna expresión, con la mandíbula alta y alba, la nariz levemente aquilina, los labios delgados y bien echos. Recordó los ojos gélidos y negros, que en su mente, podía ver con total claridad. Aquel era el hombre que había destruido todas sus oportunidades de ser feliz algún día.

Nunca más podría entrar en un lugar sagrado vistiendo un bello vestido, nunca más usaría una alianza dorasa en la mano izquierda, indicando que poseía un lazo eterno con alguien. Jamás sabría lo que significa ser amada, no sabría amar a alguien o como sería entregar todo su ser a una única persona. Había sido condenada a una vida solitaria, ¿Qué hombre se casaría con ella, después de saber que su virtud había sido tomada por otro?¿qué hombre en el mundo se enamoraría de una mujer que no era virgen? Sería tachada de prostituta, una mujer de vida facil... ¿De qué le serviría decir que la habían violado?

¿En un mundo echo por hombres, y para hombres, que valor tendría la palabra de una joven sierva?

Cubrió su delgado y escultural cuerpo con sus propias manos. El fuego de la chimenea se había apagado completamente, quedando apenas los restos del carbçon quemado. Buscó por el suelo, tratando de encontrar las ropas que parecían ser su kimono. Las encontró tiradas a un lado de la chimenea, pero en el mismo instante que las cogió, supo que no podría usarlas. La seda finísima había sido rasgada de cualquier manera, y ni la más habilidosa costurera conseguiría arreglar ese estrago. Abandonó en un rincón los trapos en los que se había tornado su ropa. Con el fuego apagado, y sin la protección de las cubiertas, la muchacha de ojos plateados comenzaba a sentir frío.

Hinata abrió un arca tallada en madera que estaba a los pies de donde Sasuke dormía, sacó de dentro una ao¡ntigua camisa de su padre, de manga larga. Llevó la ropa a su rostro, sintiendo la suavidad del tejido echo de algodón, aspirando el olor masculino de su papá. La imagen de Hyuuga Hiashi invadió su mente, haciendo que el corazón de la joven se angustiase de tristeza y añoranza. La morena vistió la camisa, que le iba como un vestido, hasta más debajo de sus rodillas. En aquel momento, sabía que no podía importarle su desnudez, con la leve camisa que vestía. Solo quería que algo le cubriese decentemente el cuerpo, para poder salir de ese lugar.

Calzó en silencio las zapatillas de seda negra y caminó lo más silenciosamente posible hasta la puerta. No miró atrás, y no le importó que iría a hacer el mercenario cuándo no la encontrasé en el cuarto. Apenas abrió la puerta, salió sin hacer ningún tipo de ruido, dándose prisa para irse lo más rápido posible de ese lugar.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Hinata recorrió en silencio los corredores de la mansión. Aún era muy pronto y ninguna sierva se encontraba en pie. Agradeció silenciosamente por esto. La joven caminó en dirección a la entrada de la mansión Hyuuga, las grandes puertas de roble se encontraban cerradas. Ella sabía que no conseguiría abrirlas sola. Dio media vuelta, yendo en dirección al interior de la casa, hasta la cocina. Todo estaba en silencio. La fina luz de la aurora comenzaba a invador el lugar, mostrando millares de motas de polvo en la luz, que danzaban sin rumbo.

Andando con mucho cuidado, para no despertar a ninguna de las siervas, la morena abrió una de las puertas de la cocina, que eran menores que las del salón. El viento helado del El frio viento del invierno batió de golpe en su rostro, haciendo que su cuerpo entero temblase involuntariamente. La joven se lanzó sin pensarlo dos veces, para la mañana que estaba naciendo en silencio, hundiendo los delicados pies en la nieve que había caído la noche anterior. Sintió como se mojaban sus zapatillas, dejando sus extremidades insensibles.

Hinata estuvo allí parada durante algunos segundos, viendo su propio aire descender en su frente, en forma de nubes de vapor, intentando calentar, refregando sus manos contra sus brazos. Nunca se había sentido tan perdida en toda su vida, era como si toda su vida hubiese huido a su control. Las escenas de la noche anterior volvieron como relámpagoa a la mente de la Hyuuga, haciendo que todo su desespero aumentase.

¿Qué haría, cómo se lo contaría a las otras siervas?

Hinata andó de un lado para otro, intentando encontrar alguna respuesta, o simplemente por que el hecho de moverse hacía que la joven, mantuviese la cabeza más clara. Las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, sin embargo la muchacha no quería permitirles escurrirse libremente. Cerró los ojos cristalinos con fuerza, intentando controlar su respiración acelerada, que hacía que su pecho subiese y bajase sobre la fina camisa de algodón.

Sintiéndose condusa, con los pensamientos y sentimientos, moviéndose a una velocidad asombrosa, Hinata miró en dirección a la floresta, que se asomaba por la mansión. En su infancia había jugado allí, durante muchos días, protegida por las sombras de aquellas inmensas copas de hojas verdes y lustrosas. La chica decidiío que necesitaba alejarse de ese lugar. Talvez caminar un poco, hiciese que sus pensamientos se aclararan, era aún muy pronto, y nadie notaría su falta.

Sin pensárselo dos veces, encontró la pequeña senda que llevaba hasta las entrañas de la floresta, y siguió por ella. Caminó durante algún tiempo, sintiendo que su cuerpo se calentaba con el ejercicio. Dentro del bosque la nieve casi no se había acumulado, el ambiente cerrado hacía que ésta se derritiese, transformando las pocas heladas en agua y lodo. Los pies de la Hyuuga estaban todos embarrados, sin embargo, a ella pareció no importarle. El rostro pálido y delicado, estaba colorado debido al esfuerzo que la chica realizaba para continuar caminando.

El sonido del agua cristalina escurriéndose libremente, llamó su atención. La joven afinó el oído para seguir en aquella dirección. Un pequeño riachuelo corría en el medio de la floresta, abriendo un espacio entre los árboles, las piedras de su lecho eran negras y lustrosas. El agua cristalina descendía corriendo rápidamente en un volumen mayor, debido a la nieve que se comenzaba a derretir, en los prados que se hallaban en el norte del feudo Hyuuga.

Viendo aquel líquido cristalino, Hinata sintió una ganas enormes de lavarse los pies y piernas, que estaba cubiertos de tierra. Se sentó en el margen del pequeño río, estremeciéndose cuándo su cuerpo tocó la gélida agua. La piel pálida quedó levemente enrojecida debido a la baja temperatura del agua.Vió como el barro, lentamente, dejaba su piel, disolviéndose en las aguas.

Una vez más, los recuerdos de la noche anterior volvieron a su mente, con una claridad increíble, recordó las manos fuertes y ágiles de Sasuke tocando sus senos, recorriendo todo su cuerpo libremente... Los recuerdos hicieron que ella se sintiese sucia, se quitó la fina camisa de algodón que la cubría, y se tiró dentro del río. El agua extremadamente helada, la dejó con con la carne de gallina y la mandíbula batiendo descontroladamente.

Cuándo su cuerpo finalmente se acostumbró a la temperatura del agua, Hinata nadó, de un lado a otro del margen del río, aprovechando aquel momento dónde ella podía estar sola, olvidando todo lo demás. Miró con los ojos claros, admirando las copas de los árboles que formaban un techo completamente verde. Allí no había ningún mercenario, ningún padre asesinado. Allí Hinata estaba completamente sola... Ella gustaba de aquella soledad.

OoOoOoOoOoOoOoOoOo

Sasuke despertó en la mansión Hyuuga, pero mantuvo los ojos cerrados, con la mano derecha cogió el cuerpo de Hinata para apretarlo contra sí, sintiendo su suavidad y su dulce olor. Pero sin embargo, la mano del chico no encontró nada. Esto hizo que abriese los ojos color ónice. Cuándo percibió que la chica no estaba a su lado, Sasuke salió de la cama, quitando las cubiertas de la cama y dejándolas caer de cualquier forma, en el suelo.

Miró a su alrededor, percibiendo que realmente estaba solo. Mentalemente se preguntó donde podría haber ido tan pronto, aquella mujer. Talvez estuviese en la cocina, pensaba el chico, pasando una de sus manos por los cabellos negros y erizados. Vió nuevamente por todo el cuarto, caminando en dirección a la ventana, pensando mentalemente los lugares a los que ella podría haber ido tan pronto aquella mañana.

Sus ojos observaron atentamente la ventana, la nieve había cesado de caer, y no había ningún movimiento en los jardines de la mansión. El sol escarlata comenzaba a escalar las copas de los árboles, mostrando toda su magnitus. No nevaría durante aquel día.

El moreno se volteó en dirección a la cómoda, silenciosamente. No le gustaba nada esa quietud, no había ruidos dentro de la mansión, eso indicaba que las siervas aún estaban en sus aposentos.

-¿Dónde puede haber ido esa mujer?-Se preguntó Sasuke.

Caminó en dirección a los pies de la cama, con intención de recoger las sábanas que había tirado al suelo, detestaba tener que estar esperando a otras personas. El chico estaba entretenido, juntando las mantas de cualquier manera, cuándo algo en la cama llamó su atención.

Una mancha de sangre muy roja, se destacaba sobre la sábana de seda blanquísima. Intrigado con aquello, Sasuke recorrió su propio cuerpo, buscando algo que indicase que él estuviese herido. No encontró nada, ningún arañazo o corte, de dónde proviniese aquella mancha de sangre. Observó rapidamente el curativo de la pierna, apenas para constatar que estaba limpio y bien sujeto. La propia Hyuuga se lo había rehecho un día antes.

"¡Hinata!"

El nombre de aquella mujer le vino a la mente con claridad. Los recuerdos de la noche anterior, hicieron que Sasuke cerrara ligeramente los ojos. No había otra respuesta plausible, si aquella sangre no era de Sasuke, entonces solo podía ser de Hinata.

-Ella era virgen... – Dedujo el chico en voz alta.

En un rápido movimiento, el moreno miró en dirección a la puerta. Todo continuaba en silencio dentro de la mansión. Demasiado silencio. Sasuke quitó las mantas, que una vez más cayeron al suelo, sin forma. Apresuradamente, vistió unos pantalones prietos, sin abrocharla, se colgó en los hombros, y de cualquier manera, el manto de Akatsuki. Maldijo en voz alta, mientras se calzaba las botas hechas de cuero.

-"¡Ha huido, ha huido!"- Pensaba el chico, mientras los dedos ágiles abrochaban los cordones de la bota.

Abrió la puerta corrediza con estrépito, prometiéndose a sí mismo darle una buena lección a Hyuuga Hinata, cuándo la encontrase. No necesitaba dudar, porqué la encontraría de cualquier forma. Caminó con pasos rápidos que hicieron eco en los corredores oscuros de la mansión, donde el timido sol de invierno no había penetrado. El hermoso rostro del chico estaba contraído por la rabia. Las cejas bien hechas delineaban las facciones duras que la tez del moreno había asumido de un momento para otro.

Entrando al hall de la mansión, Sasuke, se cercioró de que la maciza puerta de madera no había sido abierta. Aquella mujer tenía que haber salido por otro lugar. Caminando aún más deprisa, dio la vuelta a la sala, en dirección a la cocina de la mansión. Sabía que allí había una puerta menos, que difícilmente estaría cerrada. Él mismo había estudiado durante mucho tiempo, las plantas de la mansión Hyuuga anted de la invasión de Akatsuki.

No se había equivocado, llegando a la cocina, el chico constató que la pequeña puerta de madera estaba ligeramente abierta. Quizás era su imaginación, pero podría jurar que aún se sentía el perfume de Hinata envolviendo el lugar, un aroma fresco, que recordaba mucho al olor de la flor de melocotón. rritado con sus desvarios, abrió la puerta con bastante ruido. Los rayos de sol dieron en sus ojos, cegandole por un momento. Sasuke bajó sus pupilas para protegerlas y encontró exactamente lo que deseaba: nas pequeñas pisadas de pies, pequeos y ligeros, que llevaban directamente para dentro de la floresta.

Los labios del moreno se curvaron en una sonrisa gélida. No tenía prisa. Hinata no había echo bien intentado huir por el bosque. Allí encontró un bosque cerrado, un pequeño río que corría velozmente, y lodazales, muy comunes en esa época del año. Una idea iluminó la mente de Sasuke, haciendo que se pusiese rápidamente en pie.

¡Lodazales! Su mente, de repente mostraba mil imágenes del cuerpo de Hinata, sin vida, caída en un cenagal. La imagen de la mancha de sangre, hizo que sus temores se doblaran. Él había oído miles de historias, sobre mujeres que después de ser violadas buscaban un modo de matarse.

-¡Mierda!- Exclamó el chico, en voz alta.

Con urgencia renovada, el joven corrió para dentro del bosque. Extrajo varios Kunai que traía dentro de una pequeña bolsapresa tras su cuerpo, para poder cortar eventualmente algunas ramas de árboles que aparecían en el camino. La casaca negra con nubes escarlatas, volaba tras su espalda, mientras él saltaba de árbol de árbol. El rostro del moreno no era de rabia, arrugas de preocupación se marcaban en su frente, sus ojos color ónice, estaban bien atentos en la senda que recorría.

Allí, dentro de la floresta, era prácticamente imposible seguir el rastro de alguien. Sasuke corría muy rápido, sabiendo que solamente la agilidad podría auxiliarlo en aquel momento. No sabía exactamente hacía cuánto, Hinata había salido del cuarto. El chico corrió lo más rápido que pudo, siguiendo el camino que juzgó más fácil, para que alguien pudiese recorrerlo a pie. No demoró mucho, cuándo comenzó a oír el barullo del agua del río que cortaba el bosque. Apresó el paso , sintiendo la urgencia por encontrarn a aquella mujer cuánto antes.

Los ojos del joven se entrecerraron cuando llegó finalmente, al pequeño riachuelo: El cuero delgado y blanco de Hinata, estaba completamente simergido por las aguas del río, que recorrían velozmente el lecho de piedras. Una débil neblina se erguía de las aguas cristalinas. Sin pensárselo dos veces, el chico se metió en medio del río, no importándole el frío que comenzó a sentir su curpo de repente, Cogió el cuerpo de la chica, de una sola vez, sacándola casi completamente del agua, y situándola firmemente entre sus brazos.

Hinata se debatió, desesperadamente y sin abrir los ojos. Solo había estado unos segundos sumergida, enjuagando sus cabellos, cuándo algo la había arrastrado bruscamente para la superficie. Abrió los ojos color plata, que se entrecerraron al encontrar la faz del Uchiha, contraída y mojada.

-¡¿Qué piensas que estabas haciendo?!- Gritó Sasuke, jalándola en sus brazos.

El pánico dominó a la muchacha, que intentó liberarse de los brazos de aquel hombre, que la agarraban fuertemente. Nunca más le dejaría hacer con ella lo que quisiese.

-¡Suéltame!- Gritó ella, en respuesta, arañando el blanco rostro del moreno.

Ambos se debatieron ferozmente dentro del río. Sasuke intentaba contener las manos de Hinata, que intentaban atacarle de cualquiera de las maneras. El moreno percibió tardíamente, que la delgada mano de la joven, iba en dirección a la bolsa de su cintura, tomando uno de los kunais. Los dos pararon de pelearse, cuándo el mercenario vio para donde estaba apuntado el filo del arma. La afilada lámina, brillante y afilada, estaba parada encima de su yugular, que batía rápidamente en el pescuezo de la chica. Las manos de Sasuke aún aseguraban firmemente los dos brazos de ella, más ninguno de los dos osaba moverse.

-¿Qué piensas que haces?- Preguntó el chico, recuperándose del susto, y encarándola.

-¡Quitame tus sucias manos de encima!- Habló Hinata, sin soltar el Kunai, que continuaba apuntando en dirección a su cuello.

-¡No hagas estupideces y suelta el Kunai!- Gritó Sasuke.

Las manos de Hinata temblaron, pero apretó aún más el mango del arma, no sería usada nuevamente por aquel hombre. Preferia acabar con su propia vida, que dejarle hacer lo que quisiese con su cuerpo, una vez más.

-Vamos - Pidió el moreno.- Devuélveme el Kunai.

-Sólo, sí quitas tus manos de encima mío.- Habló ella, temerosa.

El chico miró profundamente aquellos ojos cristalinos. Pequeñas lágrimas se estaban formando, parecía una cabritilla asustada, pero ella no estaba jugando. Lentamente soltó las manos que la prendían, no tenía para dónde huir, él era más veloz que ella.

Rápidamente, la chica salió de debajo del cuerpo del Uchiha, y corrió para el otro margen del lago, aún con el Kunai apuntando en dirección a su cuello.

Sasuke percibió que ella estaba desnuda, cosa que no había notado hasta aquel momento. Los largos cabellos negros descendían por su espalda y su busto, botando agua. El chico no pudo dejar de ver, que con ese escenario y en ese estado, Hinata se asemejaba a la mítica imagen de una ninfa. Alejó Con fuerza, ese pensamiento estúpido de su mente, encarando rofundamente a la muchacha frente a él. Nadie le daba órdenes a Uchiha Sasuke.

-Ya te he soltado- Dijo el chico, con el semblante muy serio. – Ahora devuélveme el Kunai.

-Sólo si prometes, que nunca te acercarás, ni me tocarás- Respondió la chica, vacilante.

-¡No estoy jugando mujer, devuélveme ese Kunai ahora!- Gritó Sasuke.

La mano de Hinata tembló, debido al susto que se llevó, viendo como aquel hombre erguía su voz de manera tan asustadora. Ella no deseaba conocer su ira. La mano trémula provocó un pequeño corte en su cuello, provocando que una cara de dolor se asomase a su rostro. Miró para el mercenario, que tenía la cara seria. Constató que estaba lo suficientemente distante de él y quitó el arma de su pescuezo, tirandolo al suelo, ni muy lejos de ella. Se quedó allí, esperando la reacción de Sasuke...

En un movimiento fugaz, la muchacha lo vio materializarse delante de sí. El miedo atrancó su garganta, no consiguiendo gritar. Una vez más, las manos del moreno estaban en su cuerpo, y Hinata intentó luchar contra él.

-Para de moverte.- Pidió el chico, intentando controlarla.- No voy a lastimarte.

La chica paró de balancearse, cansada para seguir luchando contra él, a ese ritmo. Vio a Sasuke quitarse su propia casaca y colocársela, cubriendo su desnudez. La chica miró a los ojos gelidos color ónice, que brillaban fríamente. Con gran rapidez, Sasuke agarró a Hinata y la puso encima de sus hombros.

-¡Suéltame, suéltame!- Las protestas de la joven, venían acompañados de golpes en la espalda musculosa del chico, que parecía no molestarse.- Dejamé en el suelo.

Sin importarle los gritos de la chiquilla, Sasuke volvió para la mansión sin decir una palabra, corriendo rápidamente entre la floresta.

OoOoOoOoOoOoOooO

Cuándo Sasuke llegó a la mansión Hyuuga, el sol ya había pasado por las copas de los árboles y brillaba con su fina luz, en un cielo azul añil, cubierto de pequeños cúmulos de nubes blancas. Había un alborozo de siervas, que estaban todas reunidas en la entrada, Kurenai andaba de un lado a otro, intentando entender lo que estaba pasando. Todas comenzaron a hablar al mismo tiempo, cuándo vieron llegar a Sasuke cargando a Hinata, como si fuese un saco de patatas.

-¡Suéltame!- Gritó la heredera Hyuuga, una vez más, no pudiendo ver la escena que transcurría tras sus piernas.

-¡Estáte quieta!- Gritó el moreno, en respuesta- ¡Salid de mi camino!

Continuaba gritando el mercenario a las mujeres, que abrían camino encuanto el chico se encaminaba en dirección a la puerta. La única con coraje suficiente para enfrentar al mercenario, fue la tutora de Hinata, que continuó siguiéndole mientras se encaminaba, con la chica a sus espaldas, por los corredores de la mansión Hyuuga.

-¡Suélte a Hinata-sama!- Ordenó Kurenai, intentando seguirle el paso a aquel hombre.

-No te entrometas en asuntos que no te incumben, mujer.- Habló el Uchiha, con mala cara.- No estoy de buen humor ahora.

-¿Qué vas a hacer con Hinata-sama?- Preguntó ahora, la mujer de ojos rojizos.

Sasuke no respondió a aquella pregunta, abrió con fuerza la puerta del cuarto que estaba ocupando, y dejo a Hinata caer de cualquier manera en el suelo. Miró con impresión, aquel gesto de extrema rudeza, y por primera vez, reparó en que Hinata no llevaba nada de ropa, apenas la casaca que usaba el mercenario cuándo apareció por primera vez en el feudo.

-Hinata-sama ¿Qué está pasando aquí?- Preguntó la mujer de ojos rojos, estupefacta, ya que no conseguía entender aquella escena.

Sasuke se viró en dirección a Kurenai, con los ojos color ónice casi saliéndose de las órbitas.

-¡Sal de aquí ahora, mujer entrometida! ¡Esto no es asunto que te incumba!-El rostro blanco de la mujer, se tiñó de rojo.

-No voy a salir de aquí, hasta que no sepa lo que pasa con Hinata-sama.- Habló firmemente ella.

-Bien, entonces yo mismo haré que te retires.- Dijo el hombre. Caminando con pasos firmes, Sasuke agarró el brazo de Kurenai, y la arrastró por todo el cuarto, ignorando las protestas de la mujer, hasta llegar a la puerta. Cuándo la mujer ya estaba fuera, el chico añadió: -Primero resolveré unos asuntos que tengo con ella, después podréis conversar de lo que queráis, pero no quiero ser interrumpido ahora.

Los labios de Kurenai se abrieron, pero no emitieron ningún sonido, la puerta se cerró con un gran golpe delante de sus ojos. Permaneció allí, sintiéndose incapaz de hacer cualquier cosa para ayudar a Hinata.

OoOoOoOoOoOoOoOooOo

Dentro del cuarto, el moreno caminó en silencio, hasta uno de los sacos, los cuales estaban a un lado de su cama. Hinata se encogió a los pies de la cama, rodenado las piernas con las manos. Tenía miedo de permanecer en aquel lugar sola, con ese hombre, temía revivir lo acontecido la noche anterior.

Un ruido metalico acompañó a Sasuke, cuando se paró frente a Hinata. De cualquier manera, el chico ató un lado de una cadena en su tobillo, el otro fue prendido en uno de los pies de la cama.

-¿Qué haces? – Preguntó la joven, incrédula, mirando la pesada correa que prendía su tobillo.

-Eso es para que no vuelvas a hacer ninguna bromita, y quieras salir de este cuarto por voluntad propia. O peor, intentes huir.

-¡No puedes hacer eso!¡No puedes mantenerme presa aquí dentro!

-Puedo hacer lo que quiera, ahora este feudo es mío, y las únicas leyes que sirven aquí, son las de mi autoridad.- Afirmó el moreno.- ¡Tú no tienes ningún derecho, no eres más que una sierva!

-¡No voy a estar aquí dentro contigo!- Respondió la Hyuuga, intentando controlar los sollozos que hacían temblar sus hombros.

-¡Vas a hacer lo que yo quiera!- Exclamó él.

Las pupilas plateadas se prendieron de de las color ónice de él. Hinata sentía la rabia quemar en sus entrañas, aquella incapacidad para defenderse de ese hombre, era frustrante. ¿Por qué tuvo que nacer mujer?¿Por qué los dioses, no podían haber sido generosos con ella, dándole un cuerpo de hombre? Entonces ella tendría la fuerza suficiente para matar a aquel mercenario y defender su casa, junto a las personas que amaba.

Las lágrimas vencieron las barreras de la muchacha, descendiendo por el rostro contraído, en una demostración de profeunda tristeza.

-¡Eres un hombre despreciable!- Dijo la Hyuuga, mirando para el hombre parado frente a ella, que parecía tan alto- Como se puede ser tan cruel... Robaste la única cosa preciosa, que me quedaba.

Los hombros de Hinata temblaron, las lágrimas descendían con más vigor, manchando el rostro inmaculadamente blanco.

Sasuke, que no se conmovió, se agachó en la frente de la Hyuuga, quedándose a la misma altura que ella, mientras permanecía sentada.

-¿Me hallas despreciable?- Preguntó el chico, malicioso.- ¿Sólo porque robé tu virginidad?

-¡Era mía!- Respondió Hinata, alterando el timbre de voz, siempre tan delicado.- Mía, para guardarla o entregarla a quien yo escogiese, pero tú me la robaste...

Los ojos del moreno, recorrieron con atención el rostro de la joven.

-Dejame decirte una cosa- Dijo el Uchiha, en un tono de voz frío como el hielo.- Soy cruel, porqué robé tu virginidad, soy un hombre despreciable...Tienes mucha suerte mujer, ya que si tu padre no estuviese muerto, te garantizo que dentro de poco tiempo, estarías casada. Y creé en mis palabras, no sería un hombre hermoso y galante, como toda mujer desea. Tu padre te casaría con cualquier viejo amigo suyo, para satisfacer sus intereses personales. Ese hombre estaría extremamente feliz, de tener a una belleza como tu en su cama.

Los ojos de Hinata se entrecerraron, ante las palabras del mercenario. Aquel no era el tipo de conversación apropiada para tener, mucho menos con aquel hombre despreciable. Los dedos del joven se irguieron, tocando su cabello, que brillaba bellamente.

-Cuándo estuvieses casada, - continuó Sasuke- ¿Crees que tu marido sería cariñoso contigo?¿Crees que podrías mantener tu preciosa virginidad? Él reclamaría sus derechos de marido, y no descansaría hasta ver el peso de una gestación, deformando tu cuerpo. Entonces, te abandonaría, y se aprovecharía de sus amantes. Antes de completar cinco años casada, tendrías dos hijos a tu cargo, y quién sabe, si un tercero en tu vientre.

-Mentiroso, mi padre jamás dejaría que algo así me pasara.- Escupió ella.

-No estoy mintiendo, ese es el destino de toda mujer de clase alta. – Habló, observándola.- ¿Crees que tu padre, te hubiese dejado casarte con el hombte que amases? Eres demasiado ingenua, mujer. Anoche me deleité con tu cuerpo, y si hibieses sido más inteligente, hubiese sido igual para ti. Si hayaste que fui rudo, fue porque no me permitiste ser cariñoso. No soy ningún marido viejo y quisquilloso, exigiendo sus derechos matrimoniales.

Las lágrimas habían parado de escurrirse por los ojos plateados, los labios rosas y delicados temblaban ligeramente. Aún con los ojos hinchados y enrojecidos, Sasuke alló que Hinata era increíblemente tentadora. El aroma dulce y pungente de su cuerpo parecía envolverlo por completo.

-Si me hayas tan despreciable, mujer, entonces puedes tener la certeza que nunca más pondré un dedo encima de ti. Pero te garantizo una cosa: Un día implorarás por el toque de mis manos en tu cuerpo.

-¡Nunca!- Respondió Hinata altivamente.

Los labios del Uchiha se curvaron en una sonrisa fría, sin ninguna alegria. Con mucha calma, él se levantó y abrió la puerta del cuarto. Kurenai continuaba allí parada, las manos entrelazadas, como si pidiese en silencio por la protección divina, y el rostro muy pálido.

-Ya terminé con ella.- Dijo el Uchiha girándose en dirección a Kurenai.- Podéis hablar cuánto queráis.

La mujer de ojos rojos se precipitó para dentro del cuarto. Sin embargo, antes de dejarlas solas, Sasuke miró en dirección a Hinata, que continuaba sentada a los pies de la cama, maniatada.

-Vuelvo más tarde para coger mi casaca.- Sin nada más que decir, se giró y cerró silenciosamente la puerta del cuarto.

OoOoOoOoOoOoOoO

Los ojos color plata, se fijaron en la madera de la puerta. Durante algún tiempo, las dos mujeres permanecieron en silencio, sin saber que decir. Kurenai miró en dirección al tobillo de la chica, que estaba amarrado, y sintió la rabia crecer en su interior.

-Ese hombre es un monstruo. – Dijo muy bajo la mujer de ojos escarlatas.

Hinata se sintió extremamente reconfortada con la presencia de aquella mujer, que la había visto crecer. Dentro de su mente, intentaba encontrar la mejor manera de darle la noticia.

-¿Hinata-sama, está bien?- Preguntó Kurenai, maternalemente.

Ella balanceó la cabeza, incapaz de mirar a la mujer.

-Kurenai-sensei.- Habló la chica, con voz llorosa.-¿Por qué estamos pasando por todo esto?

-No lo sé, querida mía, pero tenemos que ser fuertes para soportarlo con dignidad. Debemos ser fuertes, Hinata.

La joven chica, irguió los ojos, de un exótico brillo y mirando atentamente para el bondadoso rostro de su sensei.

-¿Cómo puedo superar esta situación, si me arrancaron todo? – Habló con tristeza la joven.- Mi casa, mi padre, mi libertad... Y ahora ese hombre despreciable tomó la única cosa que me restaba.

Los ojos de la tutora se entrecerraron, y la boca fina tembló, la palidez del rostro se acentuó. Entrelazó sus dedos con los de Hinata, como si con aquel gesto pudiese transmitirle, al menos un poco de fuerza. Los hombres podían ser extremadamente crueles cuándo querían.

-Oh, querida.- Respondió Kurenai.- Usted no se puede abatir. Entiendo su sufrimiento, pero lo que pasó, no fue su culpa.

-Que haré ahora sensei, ese hombre me lo quitó todo...- Se lamentó Hinata.

-No diga eso, Hinata-sama.-La reprendió su tutora.- No es verdad, existe una cosa que ese hombre no le puede quitar.

Los ojos plateados se irguieron, buscando avidamente una respuesta.

-Su corazón le pertenece solamente a usted, Hinata-sama.- Habló Kurenai.- Ningún hombre en el mundo puede arrancárle eso. Manténgalo a salvo, el corazón de una mujer pertenece solamente a una misma, para entregárselo a quién escoja.

La muchacha asintió con la cabeza. Sentía su corazón triste y dolorido, pero su corazón pertenecía a ella. Mientras su corazón perteneciese solamente a ella, la muchacha sabía que no necesitaba temer a Uchiha Sasuke. Él aún no había conseguido robárselo todo...

Continuará...

OoOoOoOoOoOoOo

Nota de autora:Yare Yare mina-san, ya estoy yo con un nuevo capítulo de mi fic. Disculpad la demora, pero entré en una semana de pruebas, y realmente creí que no iba a sobrevivir a ella. Y para otro mas de mis pecados, estube enferma, espero que me disculpeis.

Gracias por todos los reviews que me mandaron, y también a aquellos que leen mi historia y me incluyen en su lista de favoritos. Eso me hace muy feliz.

Gente, solo quería dejar dicho aquí, que a pesar de que nuestra querida princesa Hyuuga haya sido violentada, ella NO intentó suicidarse. Fue todo cosa de la mente lerda de nuestro querido Uchiha... En fin, solo eso.

Nota de la traductora: Hola de nuevo, primero de todo, quisiera dar las gracias por la aceptación que está teniendo la historia. La autora me ha pedido que os agradezca vuestros comentarios, jeje. Agradecer especialemente a: Dark Amy-chan, NarutoKonoha, Iriaa, Lia Du Black, hyuuga-hikari, sairiko, ania.coug, helen, basi, Hikaru-Ringo, paulahyuuga y Hisana. Por otro lado, me teneis que perdonar por no haber acualizado antes, la escuela me vuelve loca. Miles de disculpas! En fin, espero les haya gustado este capítulo, a mi me ha parecido que Sasuke tenía muchísma razón, pero eso no le quita ser un violador ¬¬ Saludos!