Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en la presente viñeta sin fines de lucro. Ciertos personajes con mención y/o aparición esporádica sí son míos, por lo que me reservo su uso.
Este fic participa en el Reto Especial Navideño "Navidad en Pareja" del foro "Provocare Ravenclaw"
Cuarto: Pese a la duda.
De los tres hermanos Potter, Albus era considerado el más original.
Por alguna razón, el saber eso no le ayudaba al susodicho en su actual predicamento. Estaba de pie frente a una casa de dos plantas bastante elegante de Bloomsbury, con una bolsa de papel de brillantes colores colgando de un brazo y las enguantadas manos en los bolsillos. Sus ojos verdes estaban fijos en la fachada de aquella casa como si quisiera ver a través de sus paredes, pero eso no le ayudaba. De hecho, a juzgar por cómo lo miraban los pocos transeúntes que pasaban por allí en ese momento, daba la imagen de estar completamente chiflado.
Finamente, el sonido de una puerta abriéndose lo sobresaltó, haciendo que irguiera a espalda todo lo posible y mirara a quien atravesaba la calle, una figura delgada envuelta en un abrigo violeta oscuro, con la cara parcialmente cubierta por una bufanda a rayas multicolores que hacía juego con el gorro tejido colocado sobre su cabeza, cubriendo parcialmente su lustroso pelo negro.
—¡Con que allí estás! —soltó una voz femenina, entre enfadada y preocupada —Albus Severus Potter, ¿qué te has creído? ¡La cabeza de tu hermano en la chimenea acaba de asustar a mi madre!
—¿Mi hermano me buscó en tu casa? —inquirió el nombrado a su vez, completamente atónito.
No era para menos. La última vez que había hablado con James fue dos años atrás, más que nada porque no comprendía su decisión de alejarse de la familia solo por estudiar Sanación.
—¡Pues claro! Se disculpó por interrumpirnos la comida, y sonaba bastante preocupado.
—¿James? Sí, claro… —Albus desvió la vista —Desde que se fue a Avalon apenas tenemos noticias suyas. No le importo en lo más mínimo, Alioth, solo quiere quedar bien. A todo esto, ¿dijo cómo sabía que no estoy en casa?
—Dijo que estaba en La Madriguera, Albus. Le creí cuando él sacó la cabeza de la chimenea para que nos hablara tu madre.
Genial, hasta Ginny Potter se había enterado de su escapada. Albus suspiró.
—¿Ahora me vas a decir por qué tienes a todos buscándote? ¿Acaso no avisaste que vendrías?
—No lo sabías ni tú, Alioth.
—Eso es verdad.
—¿Saliste para buscarme?
La muchacha dio un respingo e hizo ademán de acomodarse mejor la bufanda sobre la boca y el cuello, pero fue evidente que sus mejillas estaban más rojas de lo que el frío podía lograr en ella.
—Lo pensé, sí —confesó, encogiéndose de hombros y girando la cara ligeramente a un lado.
—Lo siento, no pensaba tardar, solo que… —el chico volvió a suspirar antes de darse valor mentalmente, ¡no era el momento para titubear! —Nuestra última charla no salió muy bien, Alioth. Quería disculparme y traerte un regalo —le tendió la bolsa de papel, sin poder evitar una ligera mueca de desesperación —No sé si eso compense el hecho de haberme portado como idiota, pero…
—Ya… —musitó Alioth, mirando el contenido de la bolsa con verdadera curiosidad. Sonrió lentamente al descubrir el regalo, pero no lo sacó, sino que regresó la vista a Albus, extrañada —¿Estás seguro que quieres que me quede esto? Es decir, sé que es caro y…
—¡No importa lo caro que sea! ¡Quiero que lo tengas porque me gustas!
El silencio se hizo entre ambos, solo roto por el rumor de la escasa gente en las calles y del helado viento de diciembre. Albus no se atrevía a mirar a quien había sido su mejor amiga casi desde que pisó Hogwarts. ¿Por qué en ocasiones como aquella se esfumaba su capacidad para decir exactamente lo que los demás querían escuchar?
—Albus, ¿ya comiste?
—¿Qué?
El aludido miró a Alioth, quien sujetaba las asideras de la bolsa de papel con los dedos fuertemente cerrados, pero los ojos los fijaba en su amigo en apariencia de manera forzada, lo cual parecía reafirmarse con a nerviosa sonrisa que temblaba en sus labios.
—Pensé… Antes que regreses a La Madriguera, quiero decir… ¿Quieres comer algo? Mi madre debe estar sirviendo el postre y podría… Si no te importa, podría acompañarte…
Lo último lo susurró ella, repentinamente tímida y agachando la cabeza, pero eso no borró la creciente sensación de triunfo y alivio de Albus.
—Me encantaría que vinieras, Alioth. Si a tus padres no les importa.
La chica levantó la vista, sonriendo un poco más, antes de asentir en silencio, tomarlo de la mano y cruzar la calle a toda carrera hacia su casa.
Por lo visto, pasar medio día de Navidad a la intemperie había valido la pena. Para ambos.
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Bienvenidos al último One, que presenta a la Tercera Generación.
Aunque no lo crean, lo dudé mucho, pero finalmente decidí lanzarme con Albus y la pareja que, vagamente, le he imaginado cuando pienso en él. La chica, Alioth, no tiene apellido en el fic aunque yo sé perfectamente cuál es y de dónde viene exactamente. Aparte de eso, la Navidad de Albus está impregnada de la incógnita del amor que le tiene a su mejor amiga y la felicidad que siente cuando, por lo visto, ella le corresponde. Ah, sí, y hay unas vagas referencias a la relación del chico con su hermano mayor, las cuales pueden ser parcialmente conocidas en el One "A su ritmo".
Cuídense mucho y nos leemos en otra ocasión.
