Capítulo 4: Primer día de clases. Salomón

Para Salomon, el día fue completamente diferente al de Morgan:

- Apúrense, que tenemos que llegar a Defensa contra las Artes Oscuras y quiero saludar a Remus - dijo Harry pasándose el último bocado de pan tostado con un trago de jugo de naranja.
- ¿A quién? – preguntó Salomon.
- Al profesor Lupin – explicó Ron -, es amigo del padrino de Harry.
- ¿De Black? – preguntó Salomon extrañado.
- Sí, pero ¿cómo sabes que Sirius Black es el padrino de Harry? – preguntó Hermione más extrañada aun.
- Créeme. En casa del tío Lucius he escuchado muchas cosas que se suponen son secretas, pero no lo he comentado con nadie – dijo Salomon como disculpa al ver como lo miraban sus amigos.
Los chicos corrieron al aula de Defensa contra las Artes Oscuras y entraron. En el escritorio estaba el profesor Lupin, con su túnica desgastada y, como siempre, con una gran sonrisa.

- ¡Harry, Ron, Hermione! ¡Qué gusto me da verlos de nuevo! – dijo Lupin saludando a los chicos. – Y tú debes ser el nuevo, ¿no?, Salomon Rusalka si no me equivoco.– dijo a Salomon.
- Sí profesor, ese soy yo – contesto Sal, saludando a Lupin.
- Dime, Salomon, ¿cómo está tu padre? No lo veo desde la última vez que me castigó cuando era prefecto en Hogwarts – dijo Lupin.
- ¿Conoce a mi padre? – pregunto Sal sorprendido.
- Claro, él era el prefecto de séptimo curso cuando mis amigos y yo estábamos en cuarto. Nos hacía pasar muy malos ratos, pero le teníamos aprecio – explicó Lupin.
- Él está bien, trabajando, como siempre, con el tío Lucius.
- ¿Lucius Malfoy es tu tío? – preguntó Lupin incrédulo.
- Sí, su esposa es mi tía Narcisa.
- Así que Lucius se casó con Narcisa. En realidad no me sorprende, el matrimonio parecía estar arreglado desde que eran unos niños. Pero, dime una cosa, Sal, ¿con quién se casó tu padre? – preguntó Lupin con curiosidad.
- Con mi madre, con Mary Ann Camdem.
- ¡Vaya!, Con Mary Ann. ¡Quién lo diría! Eran totalmente diferentes. – dijo Lupin muy asombrado.
- Sí, por eso se divorciaron. – dijo Salomon de mala gana.
- Lo siento, Sal. ¿Qué les parece si toman sus lugares? En cualquier momento llegarán los demás y comenzaremos con la clase. - Los chicos se sentaron y pronto llegaron los demás. Una vez que el salón estuvo lleno, el profesor Lupin comenzó con la clase:
- Me ha dicho el profesor Dumbledore que el curso pasado estudiaron las maldiciones imperdonables ¿cierto? Bien, pues este año empezaremos haciendo un pequeño repaso y veremos también los contra hechizos de otras maldiciones bastante peligrosas que también pueden ser mortales. ¿De acuerdo? Veamos, ¿quién me puede hablar de la maldición Imperius?
Para sorpresa de Hermione, ella no fue la única que levantó la mano, también lo hizo Salomon.

- Sí, dime Hermione – dijo Lupin dándole la palabra a la chica.
- La maldición Imperius se usa para tener un control total sobre la persona a quien se le lanza. Se puede controlar su cuerpo y su mente. Es castigada con cadena perpetua en Azkaban o con el beso del dementor.
- Bien Hermione – dijo el profesor Lupin – 5 puntos para Gryffindor. Ahora, ¿qué es lo que saben de la maldición Cruciatus? Salomon... – dijo ahora dándole la palabra a Salomon.
- Bueno, el Cruciatus es una de las mayores torturas que existen. Los efectos en la víctima pueden llegar hasta la demencia. Esta maldición hace que la víctima sienta como si le aplastaran el cerebro, los huesos se sienten romper y se tienen deseos de dejar este mundo, también produce... -
- Suficiente, Salomon, no es necesario que te extiendas más – lo interrumpió Lupin el ver el efecto que las palabras de Salomon causaban en Neville – 5 puntos para Gryffindor.

Salomon estaba enojado y avergonzado a la vez, las Artes Oscuras era un tema que manejaba a la perfección y que le gustaba mucho y no le parecía justo que Lupin lo callara; por otro lado, alguna vez escuchó a su padre y a su tío Lucius hablar acerca de los Longbottom y lo que les había hecho El-que-no-debe-ser-nombrado y no quería hacer sentir mal a Neville. Salomon miró a Lupin con mucho odio y levantó la mano para decir algo. Hermione lo miró con los ojos muy abiertos como diciéndole que dejara las cosas así, pero Salomon no le hizo caso y siguió con la mano levantada.

- ¿Sí? Dime Salomon – dijo Lupin tranquilamente.
- Profesor, sé todos los efectos que tiene un Cruciatus y creo que es importante que todos los conozcan. Si le parece, puedo continuar hablando de ellos – dijo Salomon retando a Lupin. Toda la clase los miraba y esperaban la reacción de Lupin. Hermione miraba a Salomon escandalizada ¡¿cómo era posible que se enfrentara así a un profesor?!
- Salomon, yo no dudo que sepas mucho acerca del tema de las maldiciones, pero prefiero tratar los detalles un poco más lento en el transcurso de la clase para que todos puedan tomar notas ¿te parece bien? – dijo Lupin tranquilamente.
- No, no me parece. Se supone que se debe fomentar la participación de los alumnos y usted no lo está haciendo, profesor – dijo Salomon cada vez más enojado.
- Pues de verdad que lo siento mucho Salomon, pero quiero verte en mi oficina a la hora del almuerzo, no te quitaré mucho tiempo, sólo quiero hablar contigo. En cuanto a la clase, creo que seguiremos como lo tenía planeado. Bien, abran sus libros en el capítulo 3, lean y hagan un resumen para después ver las dudas que surjan y aclararlas – dijo Lupin volviendo a la clase. Pero Salomon seguía de pie, como esperando algo. – Ya puedes sentarte, Salomon – dijo Lupin al chico, quien obedeció de mala gana.
La clase siguió, pero Salomon no dijo una sola palabra, se veía muy preocupado, más bien, arrepentido.

Después de Defensa contra las Artes Oscuras tuvieron Herbología en el invernadero 5, Madame Sprout los puso a trabajar en grupos de cuatro con unas plantas carnívoras que dejaban de ser agresivas cuando se les hacían cosquillas debajo de las hojas. Cuando terminó la clase y sonó la campana para el almuerzo, Salomon se tardó mucho guardando sus cosas y Hermione lo esperó. Notó que el muchacho se seguía viendo preocupado y se podía adivinar que sentía un hoyo en la barriga.
- Apúrate, Sal – dijo la chica – o llegarás tarde a tu cita con el profesor Lupin.
- Sí, ya voy – dijo él sin muchas ganas -. Es que no tengo muchas ganas de ir para que me castigue. Siento mucho lo que pasó en clase, de veras.
- Sé que lo sientes, ¿por qué no le dices eso a Lupin? Estoy segura que él lo entenderá.
- Eso espero – concluyó Salomon. Agarró su mochila y salió con Hermione del invernadero. Entraron al castillo y ella se dirigió al Gran Comedor, no sin antes desearle suerte a Salomon. Él se fue al despacho de Lupin. Tocó la puerta y esperó a que le abrieran.
El profesor Lupin le abrió y le dijo muy amablemente: - Pasa, Sal. Te estaba esperando -. Salomon entró en el despacho con la cabeza baja y sin decir una sola palabra.
- Siéntate – dijo Lupin señalando una silla frente a su escritorio. Salomon obedeció. – Salomon, la razón por la que te hice venir es... –
- Lo siento mucho, profesor – interrumpió Salomon –, no quise faltarle al respeto y no quería lastimar a Neville, yo solo...
- Querías dar una buena impresión – dijo Lupin terminando la frase -. Lo sé, no tienes que decirlo.
- Bueno, ahora que lo sabe, espero que el castigo no sea muy duro – dijo Salomon esperando su sentencia.
- ¿Castigo? ¿De qué estás hablando? Yo sólo quería decirte que me gustaría verte todos los días aquí en mi despacho a la después de las clases de la tarde – dijo Lupin.
- Entonces, ¿voy a estar castigado todo el año? ¿Tengo que venir todos los días como castigo? – preguntó Salomon.
- No, no es un castigo es... – dijo Lupin, pero Salomon lo volvió a interrumpir.
- Pues a mí sí me parece un castigo. Tan sólo hoy me ha dejado sin almuerzo. – dijo Salomon.
- Si me dejaras terminar de explicarte, te habrías ido al Gran Comedor hace horas – dijo Lupin pacientemente. Salomon se quedó con la boca abierta. – Así está mejor. Sé que la clase de hoy se te hizo muy aburrida y que ya conoces la mayoría de los temas que veremos este curso y, para no retasarte, quiero que tengamos clases tú y yo en mi despacho después de las clases de la tarde. Me gustaría adelantarte a sexto curso, pero no me es posible hacer eso porque los horarios de los grupos de sexto interfieren con tus clases. ¿Te parece bien la propuesta? – dijo Lupin con una sonrisa.
- Claro que me parece. Gracias profesor. Discúlpeme, es que en Durmstrang cuando un profesor llama a un alumno a su oficina es sólo para castigarlo y creí que usted..., bueno que usted me castigaría y que le escribiría a mi padre. – dijo Salomon avergonzado.
- Bueno, en parte tienes razón – contestó Lupin -. Sí tengo que escribirle a tu padre.
- ¡NO! Por favor, no le escriba. Se va a enojar mucho y me veré enredado en un gran problema. Por favor, profesor, no le diga lo que hice en clase. Usted no conoce a mi papá – suplicó el muchacho.
- Tranquilo, Sal. Tengo que escribirle porque, de acuerdo con el reglamento, para darte las clases extra necesito el permiso de tus padres. Yo no le escribiría a tu padre por una tontería como la de hoy – dijo Lupin para calmar al chico.
- Lo siento, profesor. Bueno, me voy o no alcanzaré comida – dijo Salomon.
- Está bien. Nos vemos mañana a las 6:00 de la tarde aquí. Y, Salomon, deja de disculparte por todo lo que digas o hagas.
- Sí profesor. Lo siento – dijo Salomon poniéndose rojo como un tomate y cerrando la puerta tras de sí. Se dirigió al Gran Comedor, aún no terminaba la hora del almuerzo y fue a sentarse a la mesa de Gryffindor. Hermione le hizo señas indicándole el lugar que le habían guardado ella y los chicos. Salomon se sentó.
- Te guardamos tu parte – dijo ella dándole un plato lleno de sandwiches.
- Gracias – dijo Salomon tomando uno y dando un bocado.
- ¿Y...? – preguntaron Harry, Ron y Hermione a Salomon, mirándolo expectantes.
- "Y..." ¿qué? – preguntó éste con la boca llena.
- No te hagas tonto – dijo Ron - ¿Cómo te fue con Lupin?
- Sí – agregó Hermione - ¿Qué te dijo? ¿Te castigó? ¿Te van a expulsar? ¿Escribirá a tus padres?
- Cálmate, Hermione. Déjalo hablar, lo estás atontando con tantas preguntas – dijo Harry, quien se moría de la curiosidad de saber lo que había pasado con Remus.
- Sólo le enviará una lechuza a papá – dijo Salomon tranquilamente sin despegar la vista de su sándwich.
- ¡¿Qué?! – exclamó Ron – ¡Le va a escribir a tu papá y tú estás tan tranquilo!
- Nunca creí que Lupin se pusiera tan sensible por una interrupción en clase – dijo Harry ignorando la reacción de Ron.
- Calma Ron, por lo menos no le quitaron puntos a Gryffindor – dijo Hermione satisfecha – Además, lo más que puede hacer el Sr. Rusalka es enviarle un howler a Salomon.
- Sí Ron, Hermione tiene razón – dijo Salomon tranquilizando a su amigo – ni que mi papá me fuera a matar a golpes – concluyó con una mirada que quería decir "ya cierra la boca".

Sonó la campana y los chicos salieron del comedor. Hermione tenía clase de aritmancia y Harry debía ir al campo de quidditch para verse con el equipo y elegir al nuevo capitán; así que Salomon y Ron se quedaron solos y decidieron salir a dar un paseo por los terrenos del colegio. Cuando estaban ya lo bastante lejos de cualquier maestro o estudiante, Salomon le dijo a Ron:
- Gracias – dijo sarcásticamente – casi sueltas la sopa enfrente de Harry y Hermione. Prometiste que no dirías nada. – Salomon parecía muy enojado y Ron le contestó:
- Discúlpame, pero anoche me dijiste que tu papá te había golpeado sólo por dejar a Draco en Diagon Alley, supuse que si le llegaba una lechuza de parte de un profesor diciendo que te metiste en problemas te mataría.
- Pues gracias por tu preocupación, pero ni siquiera sabías para que le va a escribir Lupin a mi padre – dijo Salomon más calmado – Lupin le va a escribir para pedirle permiso de tomar clases extras todos los días – Ron no supo que contestar.