Aclaración: Evidentemente que nada de esto me pertenece, excepto la historia. Si fuera dueña de LucasArts o Bioware, definitivamente habría mostrado la escena del beso entre Bastila y Revan a bordo del Halcón en vez de una ridícula pantalla negra. �¿Soy la única que se siente estafada por eso?

Mas el show debe continuar.

Star Wars
Caballeros de la Antigua República
Fragmentos

Manaan, Hrakert Station

¡Eaden!

A duras penas, el Jedi se había arrastrado dentro del complejo. Había salvado al gran tiburón firaxan, pero varios de sus vástagos lo habían herido severamente. Estaba congelado y su piel se mostraba verdosa a medida que salía del traje ambiental que le había permitido caminar por el suelo oceánico.

¡Te envenenaron! – gritó Bastila, ayudándolo a mantenerse en pie. – Carth, dame un antídoto¡ahora!
- Toma. – le pasó uno, que Bastila prontamente inyectó en el torrente sanguíneo del enfermo.
- Debo parecer un twi'lek verde ahora¿no? – le sonrió débilmente, intentando tranquilizarla. – Despreocúpate, Bastila, estoy bien…
- No, no estás bien. ¡Nunca debiste haber ido solo en primer lugar! – le recriminó – Por qué tienes que ser tan arriesgado…
- Bastila, realmente no es el momento para retarlo, sabes… - opinó Carth. – Además, te recuerdo que sólo disponíamos de un traje ambiental.
- Sí, lo sé, lo sé. Ahora lo importante es buscar un lugar seco en este sucucho para que puedas recostarte…

Por más que Eaden protestó, Bastila no cedió en su decisión. Con la ayuda de Carth lo obligó a recostarse en una cama dentro de los camarotes de los científicos de la estación.

- Carth, no tenemos más antídotos… y no podemos moverlo mucho si no queremos que lo que queda del veneno se esparza por su circulación. Yo me mantendré curándolo con La Fuerza… tú regresa a la superficie a buscar más antídotos. Y más medpacs. No puedo creer que se nos acabaran tan pronto…
- Entendido, comandante. – bromeó. – Cuide bien a mi compañero. – le guiñó un ojo a Eaden, quien, molesto, evitó su mirada. Cuando Carth ya estuvo lejos se volvió hacia Bastila.
- Estoy bien, no tienes por qué hacer tanto alboroto por un poquito de veneno…
- Confías demasiado en tu fortaleza, señor superhéroe. De momento, yo estoy a cargo aquí por lo que debes hacerme caso. – El Jedi frunció el ceño en señal de disgusto. Obedecía las órdenes de una sola persona: las de él mismo. Bastila suspiró. – Entiéndeme, Eaden… ¿sabes el susto que pasé cuando te vi salir tan malherido de ese traje ambiental? – las manos de la muchacha descansaban sobre su pecho, continuamente curándolo a través de La Fuerza.
- Está bien, está bien… siento haberte preocupado. – bufó.
- No te enojes…
- No estoy enojado. – respondió con desdén.
- Sí lo estás.
- No lo estoy.
- Si lo estás…
¡No lo estoy! – gritó, volviendo la cabeza abruptamente hacia ella. Nunca imaginó que Bastila lo recibiría con un dulce beso en la mejilla.
- Hacía tiempo que me debías esa, Eaden… - rió. Él se ruborizó ligeramente y por más que lo intentó, no pudo reprimir una sonrisa. – Mira, tenías razón. Es entretenido molestarte…
- Estás pasando mucho tiempo conmigo, princesa. – afirmó. – Comienzas a agarrar mis malos hábitos…
- Eso me pasa por relacionarme con sabandijas como tú…- le regaló una mirada llenar de cariño. – Ahora descansa. Dormir te hará bien… y yo estaré aquí, contigo.

Eaden sonrió, reconociendo sus propias palabras. Cerró los ojos.

- Lo hago sólo porque tú me lo pides… -murmuró. No podía verla, pero habría jurado que Bastila sonreía.