La noche había caído sobre el pueblo. En la mayoría de los hogares los aldeanos se despedían del día yéndose a la cama con la sensación de otro día de trabajo duro cumplido. Sin embargo, en una modesta casa situada a las afueras la jornada apenas había empezado. Una joven estaba sirviendo comida en tres platos haciendo que el lugar se inundara con un aroma tentador. Sin empezar a comer se sentó a la mesa con un libro en la mano. Durante un rato permaneció allí con la vista fija en las páginas que iba pasando una tras otra, únicamente moviéndose de vez en cuando para recolocarse tras la oreja algún mechón de pelo moreno rebelde. Lo primero que llamaba la atención al mirarla eran sus ojos, ligeramente rasgados y de un color negro profundo que le daban un aire algo exótico. Finalmente cerró el libro con un suspiro y se dirigió al piso de arriba, deteniéndose en una puerta y llamando.

-Chicos ya es la tercera vez que os llamo. –No había gritado pero se podía oír el descontento en su voz. -Como no estéis abajo en tres minutos entraré a sacaros por la fuerza y ninguno de nosotros quiere eso.

-Y-ya vamos Mikasa. –A pesar de estar la puerta de por medio la joven percibió el pánico en la respuesta.

Con esto dio media vuelta y volvió abajo.

-Eren, ¡Eren! –El rubio intento quitarse de encima al muchacho sin mucho éxito. –Eren despierta de una vez. Como tardemos más Mikasa nos va a matar, o peor, nos obligara a hacer abdominales hasta la muerte.

El castaño se revolvió entre las sábanas, apretando aun más su abrazo.

-…mmm…no…Armin… No te vayaaas. –Eren gimoteó.

Una vez que el rubio pudo librarse del abrazo de oso salió de la cama y se apresuro a vestirse.

-Eren. –Armin se detuvo esperando encontrar alguna señal de atención en el otro joven. –Eren en serio. Ya es tarde, deberíamos de estar acabando el desayuno. Seguro que Mikasa ya está enfadada.

-Razón de más para no salir de aquí.

-Eren.

- Tal vez un beso de buenos días me ayude a despertar. –Pese a seguir fingiendo dormir no pudo reprimir una sonrisa maliciosa.

Armin se acercó de nuevo a la cama y presiono sus labios alegremente contra los de Eren durante unos segundos. Se volvió a levantar esperando que el otro finalmente hiciera lo mismo pero el chico siguió echado en la cama.

-¡¿Eren?!

-¿Qué? He dicho tal vez.

El rubio puso los ojos en blanco y se dispuso a salir.

-Tú verás. Yo me voy a desayunar.

La habitación quedo de nuevo en silencio. Eren estaba a punto de caer dormido otra vez cuando oyó ruido al otro lado de la puerta.

-M-Mikasa espera. Últimamente se ha estado esforzando mucho, esta mas cansado… compréndelo…

De repente se oyó un golpe seco y la puerta se abrió de par en par. La chica estaba en el umbral aun con la pierna en alto tras propinar la patada.

Eren, quien se había incorporado en la cama alarmado por el susto, intento tapar con las sabanas su desnudez cual damisela pudorosa. Podía sentir el aliento de la muerte en su nuca al mirar en los ojos vacios de expresión de su hermana.

-Mi-Mikasa… yo… lo siento… ya voy a…-El terror no le dejaba articular palabra. Sabía que lo que venía ahora no iba ser bonito.

La joven se acerco a la cama y pese a los intentos del chico de esquivarla, consiguió agarrarlo de la oreja y arrastrarlo al suelo de un tirón.

-¡Pero serás bestia!

Cuando esta lo soltó Eren se llevo la mano a la zona magullada comprobando que todo seguía en su sitio. Mientras Mikasa abrió el armario y sacó ropa. Al entender lo que planeaba, el chico miro a Armin que aun estaba en la puerta sin atreverse a intervenir. Intento pedirle ayuda silenciosamente con la mirada pero este se limito a cerrar la puerta lentamente y quedarse fuera. El rubio bajo a desayunar, incluso desde allí podía oír los gritos de Eren.

Veinte minutos más tarde estaban en la calle, disfrutando del frescor típico de las noches de verano. Eren agradecía esto ya que aun estaba rojo hasta las orejas.

-No hacía falta que me vistieras, tengo diecinueve años no cinco. Podía hacerlo yo solo.

Mikasa ignoro por completo a su hermano.

-Bien ya sabéis que hacer, en marcha.

Los tres se separaron cada uno caminando en una dirección.

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Historia recorría los pasillos con vacilación en sus pasos. Ya que llevaba poco tiempo allí aún no estaba familiarizada del todo con el lugar. No veía como un gran agujero oscuro excavado en la roca podía acabar siendo su hogar. Aunque los demás habían hecho todo lo posible por integrarla en el grupo no le gustaba estar allí, le recordaba en lo que se había convertido. Pese a seguir moviéndose no dejaba de ser un cadáver enterrado bajo tierra.

Se detuvo unos pasos antes de llegar a la entrada de la sala. Si su corazón pudiera latir ahora se le estaría saliendo del pecho. No había pensado que decir. ¿Acaso había algo que pudiera decir en una situación así? Reuniendo algo de valor entró.

Allí estaba la mujer, sentada en el suelo y mirando la pared con cara de aburrimiento. Al verla entrar los ojos se le abrieron como platos, se puso en pie y retrocedió poniéndose en guardia.

-¿Qué quieres? ¿Has venido a por más?

Su tensión era palpable.

-Em… no… yo…yo… -La joven no encontraba las palabras, aquella mirada de ámbar la intimidaba demasiado.

-Tú, tú ¿qué? ¿Eres tartamuda o algo?

Ya había previsto ser recibida con agresividad pero aun así no pudo evitar quedarse muda.

-Si vas a decir algo dilo de una vez, ¿no ves que estoy muy ocupada? –La mujer alzo las manos presas en los grilletes remarcando la ironía en su voz. –No tengo todo el día.

-Noche.

-¿Qué?

-Es de noche.

-Mírate, pero si sabes hablar. Estaba empezando a pensar que solo sabias comer gente. –La separación que había entre las dos gracias a los barrotes le estaba dando a Ymir una falsa sensación de seguridad, lo que hacía que su lengua se soltara más de la cuenta.

Aquel comentario hirió en lo más profundo a Historia. La bruja se dio cuenta enseguida cuando vio asomar el dolor en los ojos de la chica. Para sorpresa de Ymir se sintió mal por ello. La bruja resopló sonoramente y miró hacia un lado incomoda.

-¿Cómo te llamas?

-¿Eh? –La pregunta tomo por sorpresa a la rubia, no esperaba ese giro en la conversación.

-¿Cómo te llamas? Me gustaría dejar de llamar "esa cosa" a una chica tan guapa.

Bajo los ojos de Historia había unas ojeras enormes y estaba enfermamente delgada pero aun así su belleza era notable y más para un mortal. La chica estaba abrumada no sabía cómo reaccionar ante tal comentario. ¿Cómo podía ser insultada y alabada en la misma frase? Aunque lo que más le había sorprendido era la última parte.

-No quería ofender con lo de "esa cosa".

-¿Por qué no querrías ofenderme? Me lo merezco y más viniendo de ti.

Ymir se alegró de oír por fin una frase completa saliendo de la boca de la rubia.

-Bueno no me gustaría crear mal ambiente si me voy a quedar aquí indefinidamente.

-¿Quedarte aquí? ¿Por qué? –Ahora que lo pensaba no sabía nada acerca de que iban a hacer sus compañeros con la bruja. Lo normal hubiera sido que la hubieran matado en el acto.

-Pregúntaselo a tu amiga, esa tía a la que parece que le hayan metido un palo por el culo. –Al darse cuenta de lo que había dicho se apresuró a hablar otra vez. –Em…Sin ánimo de ofender de nuevo.

Dándose cuenta de que lo mejor que podía hacer era callarse antes de que acabaran matándola esperó a que la chica dijera lo que había venido a decir.

-Historia. –Al ver la confusión en la cara de la bruja se explicó. -Ese es mi nombre.

-Es un nombre un poco raro, pero es bonito. Te queda bien. Yo soy Ymir.

-Ese nombre es aún más raro. –Sin saber cómo de repente se sentía mucho mejor.

-Vaya, no solo sabes hablar sino que también puedes sonreír. Esta noche está resultando estar llena de sorpresas. Disculpa que no vaya a estrecharte la mano, la última vez que te la acerqué la cosa no fue muy bien.

-Yo también prefiero que te quedes donde estas.

De pronto Ymir sintió que esos barrotes no estaban precisamente para retenerla ahí dentro, sino para mantener fuera a Historia.

Después de unos segundos buscando las palabras la rubia se atrevió a hablar.

-He venido aquí para disculparme. Sé que no puedo pedirte que me perdones pero al menos quiero que sepas que me siento terriblemente mal por lo que te hice. –Hizo una breve pausa para comprobar la acogida de sus palabras. La cara de Ymir estaba llena de sorpresa, con las cejas levantadas y la boca entreabierta. –Tú estabas en problemas y aun así te arriesgaste ayudándome. Lo que hice fue horrible pero que además te portaras tan bien conmigo hace que me sienta aún más miserable.

Historia sentía tanta vergüenza que ya no se atrevía a mirar a la cara a Ymir. Se hizo de nuevo el silencio y las dos se quedaron en el sitio sin saber qué hacer. Finalmente Historia no aguantó más la presión del momento y se fue con pasos apresurados sin decir nada más.

Ymir se sintió algo estúpida. No sabía que pensar, mucho menos que decir ni que hacer y no pudo sino dejarla ir mientras se quedaba allí con cara de idiota.

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Nada parecía moverse en aquella callejuela, sin embargo cualquiera que se hubiera aventurado a cruzar por allí habría presenciado algo horrible. Annie estaba oculta por un montón de cajas de madera. La sangre fluía hacia el suelo desde el cuello de aquel hombre, ahora inconsciente, que había tenido la poca fortuna de pasar por ahí en el peor momento. La mujer sentía como se llenaba de vida con cada trago. Una vez satisfecha se levantó lentamente y miró al cielo estrellado llena de energía de nuevo. Cada vez después de alimentarse sentía como una ola de euforia recorría su cuerpo de pies a cabeza.

Fue entonces cuando percibió movimiento a lo lejos. Instintivamente se escondió, ya que sus sentidos eran mucho más agudos que los de cualquier mortal seguramente no había sido vista aun. Poco a poco la figura se fue acercando. Era una mujer morena y portaba dos espadas largas. No parecía llevar prisa de ningún tipo, si no fuese porque era noche cerrada cualquiera hubiera pensado que estaba paseando sin más. Alguien comportándose así a esas horas y yendo armado solo podía ser una cosa. Un cazador. La sangre en el interior de Annie empezó a hervir. La ira se adueñó de ella. Seguramente esa mujer había tenido la culpa. Sin darse cuenta estaba haciendo añicos el borde de la caja donde apoyaba las manos, clavándose las astillas hasta sangrar. Aun así el dolor no la saco de su abstracción. Solo tenía una cosa en la cabeza en ese momento. Venganza.

De pronto sintió como era agarrada por el hombro. Automáticamente se giró dispuesta a rasgarle la garganta con sus manos a cualquiera de esos malnacidos que se hubiera atrevido a enfrentarla. Sin embargo su brazo fue detenido a mitad de trayecto. Allí no había ningún atacante sino Bert quien la miraba preocupado. Annie se giró de nuevo para ver como la mujer se alejaba.

-Seguro que fue ella Bert. –Su voz, pese a ser un susurro apenas audible, estaba cargada de odio.

-Eso no lo sabes. Hay muchos cazadores en esta ciudad. –El hombre reforzó su agarre sujetándola también del brazo al ver que pretendía salir a la calle en la que estaba la mujer morena.

-Son todos iguales y merecen la muerte. –Sentía como las lágrimas podían aparecer en cualquier momento así que hizo todo lo posible por evitar mirar a su amigo.

Entonces un joven castaño apareció a lo lejos y se reunió con la mujer de las espadas.

-Pero ¿qué te pasa? Tú no eres así, tranquilízate. –Bertolt se inclinó para estar a la misma altura que la rubia y colocándole la mano en la mejilla la miró a los ojos. -Por favor Annie, vámonos a casa.

Pese a poner todo su empeño en evitarlo los ojos de la chica dejaron escapar una lagrima. El joven la rodeo con sus brazos, presionándola protectoramente contra él. Aunque no emitía ningún sonido Bertolt sabía por como temblaba su cuerpo que estaba llorando amargamente.

-Sé que ahora la echas mucho de menos pero esta no es la solución ¿vale? Pronto estarás mejor. Dale tiempo. –Mientras le acariciaba el pelo para calmarla vio como los dos cazadores desaparecían por una esquina sintiéndose aliviado. Cuando pareció estar más tranquila la soltó y le limpió la sangre de las mejillas.

Annie pasó la mano por la camisa de Bertolt que ahora estaba manchada con sus lágrimas y lo miró avergonzada.

-No te preocupes. Vamos, Historia nos está esperando en casa.

La rubia asintió y los dos fueron a reunirse con Reiner.