A medida que pasaban los días, la amistad entre ellos se fue fortaleciendo. Motivado por el ejemplo de Kise, Aomine comenzó ha asistir a todas las prácticas y por las tardes, quedaba de juntarse con él. Los partidos ya los habían visto como 10 veces cada uno, por lo cual ya habían quedado atrás.

Kise, ya estaba casi recuperado de su lesión, por lo que estaban a la espera de poder jugar un 1 a 1. Ya que siempre se la pasaban discutiendo sobre quien era el mejor de los dos.

Un día Aomine llegó totalmente abatido a la casa de Kise. Estaba bastante mal con algunas materias. Si reprobaba, seguramente no lo dejarían entrenar ya que debería tomar clases recuperativas. Kise amablemente se ofreció a ayudarle, ya que en periodos de exámenes tenía bastante tiempo libre. Su manager disminuía casi a cero sus trabajos y los entrenamientos también bajaban.

- ¿Cómo me puedes tratar a mí de idiota si no entiendes cosas tan simples?- le había dicho un día Kise burlándose de él, lo que había herido y molestado profundamente a Aomine, quien tomó sus cosas y sin decir nada, se dispuso a marcharse.

- ¡No, no te vayas Aominecchi!- ¡Era una broma!- le había prácticamente gritado Kise tomándolo de la mano. Ese contacto gatilló en ambos una corriente eléctrica. Kise sintió sus mejillas rojas, pero aún así él no lo soltó.

– Perdona Aominecchi, no quise que te lo tomaras a mal- perdona si fui insensible- pero cómo siempre nos tratamos de idiota …. Pensé en …. – en serio, discúlpame.

- Ya, si no es para tanto- dijo soltándose del agarre de Kise, dejando sus cosas nuevamente en el suelo. - En todo caso creo que tienes razón… debo ser bastante idiota si tú puedes entender esto y yo no- sonrió con malicia.

Kise sonrió. Volvía a ser el Aomine de siempre. Kise le enseñaba pacientemente las materias más débiles de Aomine y luego estudiaban juntos las demás materias.

Un día, Aomine dejó olvidados en su casa sus cuadernos y Kise lo acompañó a buscarlos. La mamá de Aomine salió a recibirlos, pero él se mostró frío con ella. Ella sin darle mayor importancia, los convidó a pasar y ya que estudiarían ahí esa vez, invitó a Kise a cenar.

Las dos hermanas de Aomine se volvieron locas de la emoción, cuando supieron que Kise estaba en su casa. Ambas lo idolatraban, estaban enamoradas de él.

Mientras Aomine fue a cambiarse de ropa, ambas fueron a la cocina, para salvar a Kise de las garras de su madre, ya que él se había quedado platicando con ella. Ambas hicieron un alboroto y totalmente coloradas lo saludaron.

Kise que ya estaba acostumbrado a la situación, se comportó de manera muy educada y galante con ellas, lo que había dejado totalmente maravilladas a las tres mujeres que tenía junto a él.

- Ya par de tontas, dejen a Kise en Paz- El jamás se fijaría en unas ridículas como ustedes. Piensen que trabaja con modelos espectaculares todos los días- les decía hiriente Aomine

- ¡Hermano!- ¿Cómo puedes decirnos eso?- ¡nosotras estamos felices de verlo!- lo conocemos hace mucho y hace tiempo, no lo veíamos…

- Si, por favor no le hagan caso, prefiero conocer chicas normales y no a esas engreídas modelos – les dijo Kise guiñándoles un ojo, cosa que solo sacó suspiros en ambas chicas.

- Yaaaa – no seas tan caballero con esas dos, sino no te dejaran en paz. Ven, vamos a lo nuestro- le dijo prácticamente tirando de él por su chaleco.

- Ehhhh- permiso- nos vemos más tarde- les dijo excusándose algo divertido por la situación.

- En verdad Kise, no deberías darles cuerda a esas…

- ¡Y tú no deberías tratarlas así!-

- Kiseeeeee- le dijo molesto Aomine- ¿podríamos estudiar por favor?

- OK- le contestó enojado Kise sacando sus cosas para estudiar, pero ya luego el tema fue olvidado por parte de ambos.

Al cabo de unas horas, la madre de Aomine los llamó para que bajaran a cenar. El Padre de Aomine ya había llegado y luego de los saludos pertinentes, todos se sentaron a la mesa a cenar.

Cómo era de esperarse, Kise se había echado al bolsillo a toda la familia de Aomine en 5 minutos. Todos reían a carcajadas con él, de sus historias, de su vida. Los padres de Aomine hacían reír a Kise con las historias que Aomine había escuchado más de mil veces cuando querían sorprender a alguien y Kise caía redondito. Se reía como el idiota que era. Si hasta parecía que lo estaba disfrutando.

Aomine estaba furioso. Kise era el centro de atención y parecía que él no existiera. Molesto, le dijo:

- Vamos Kise, sigamos estudiando, ¿Quieres?

- Pero aún no termino, y esto está delicioso…

- Ya, si no tienes que decirles nada agradable para caerles bien - ¿y cómo vas a terminar de cenar si lo único que haces es hablar y hablar y reírte como un imbécil?.

Kise lo miró sorprendido.

- ¡Hijo!- ¿cómo puedes decirle eso?- le dijo su padre.

- Padre, podrían dejar contarle las mismas aburridas historias que siempre cuentan- le dijo con reproche a sus padres- y ustedes dos- dejen de comportarse como unas tontas frente a él, parecen unas descerebradas – esta vez apuntó a sus hermanas.

Kise se sentía muy incómodo. No entendía a Aomine.

- Bueno, lo siento Aomine- terminaré mi cena y esperaré el postre. Si tu quieres ve y continúa estudiando, mientras yo termino aquí y subo.

Todos se sorprendieron. Nadie en su casa se atrevía a llevarle la contra a Aomine a causa de su mal genio, pero se veía que Kise no le tenía miedo.

Aomine enfurecido se levantó de la mesa, botando la silla al suelo. Subió las escaleras rápidamente y cerró la puerta de golpe. Kise lo quedó mirando frustrado y sentido. Aomine no entendía nada en verdad.

La cena duró unos 20 minutos más, tiempo en que Aomine solo refunfuñaba en su dormitorio, puesto que escuchaba las risas de todos y era cómo si nada hubiera pasado.

Al cabo de un rato, Kise se despidió de todos, agradeció la comida y subió al segundo piso a seguir estudiando con Aomine.

- Uy- el ambiente se corta con tijeras aquí -¿quieres que llame a Akashicchi mejor para que nos ayude?

- ¡Deja de bromear estúpido!-

- Aomine, ¿qué diablos te pasa?

- ¿Qué diablos te pasa a ti?- veníamos a estudiar, ¿recuerdas?

- Si y lo hemos hecho y vamos a continuar ahora. ¿Cuál es el problema?

- Me carga que siempre seas tú el florero de mesa, con esa sonrisa falsa y gran actuación, te echas al bolsillo a quien sea…

- No es así Aominecchi. ¿No crees que es normal que quiera caerle bien a tu familia?. Hace algún tiempo pasamos bastante tiempo juntos. A pesar de que me conocen, no compartíamos hace mucho tiempo. Quiero caerles bien para que no te pongan problemas para estar conmigo en mi casa o por si debes quedarte un día por si se hace tarde. Tú un día lo comentaste… ¿recuerdas?-

- Si- lo recuerdo- le gruñó Aomine molesto. Kise lo miró triste.

- Y disculpa – le dijo Kise luego de un rato de meditarlo- ¿En ningún momento pensaste que yo lo podría estar pasando bien?- ¿O tú en verdad crees que todo lo que sale de mí es fingido?- y en ese momento los ojos de Kise se llenaron de lágrimas

Aomine se quedó en silencio. No pensó que Kise pudiera ver y sentir así las cosas. No había pensado en su amigo en ningún momento. Solo había pensado en él y en cómo su familia le quitaba toda la atención de Kise. Esa fue la primera vez que Aomine reparó en lo que realmente estaba sintiendo por él en esos momentos. Lo quería solo para él, no quería compartirlo.

Unas finas lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Kise.

- Ya idiota, no te pongas así, no es para tanto- le dijo Aomine en son de burla. – No puedes llorar por una tontería así.

El aludido lo miró con ojos de enojo y rápidamente comenzó a guardar sus cosas, mientras las lágrimas no dejaban de correr..

- Por favor despídeme de todos y rápidamente salió corriendo del cuarto de Aomine.

Aomine había quedado medio aturdido y luego de unos minutos, salió corriendo detrás de él.

- ¿A dónde vas hijo?- le gritó su madre

- A devolverle un libro a Kise que se le quedó y que lo necesitará mañana mamá-

- Ok, vuelve pronto cariño- le contestó

- Si, trataré- si tomó un taxi me demoraré. Cualquier cosa, llámame al celular.

Aomine salió corriendo. Sabía que Kise no correría por miedo a no lesionarse nuevamente. Pero lo más probable era que se hubiera subido a un taxi. Ya que hacía mucho frío y Kise odiaba el frío. Corrió y corrió tras la neblina y apoyado en un pequeño puente, por donde pasaba un diminuto canal, vio a su amigo con la mirada triste y pensativa.

- Kise- lo llamó Aomine - ¿Estás bien?

Kise no le contestó. Lentamente unas lágrimas volvían a aflorar- Kise se molestó consigo mismo. Aomine se acercó a él y Kise se secó rápidamente las lágrimas…

- Lamento lo ocurrido- le decía Aomine, no quería que pasaras un mal rato en mi casa.

- No deberías tratarlos así. Ellos te aman. Hasta a tu madre la despreciaste cuando te fue a saludar.

- Naaaa ¡ella está acostumbrada!- le respondió Aomine

- ¿Sabes cuánto yo daría porque mi madre hiciera eso conmigo?. -¿Sabes cuánto me gustaría que me llamara para saber cómo estoy?. - No tienes idea lo que estás despreciando- le dijo molesto. -¡Ni te imaginas cuánto anhelo una cena familiar como la que tuve hoy!- donde todos cuentan mil veces las mismas historias, donde todos ríen y disfrutan, donde uno puede hablar tranquilo, ser escuchado y no criticado...

- Kise, nunca lo vi de esa manera- tenía la noción que no estabas en buenos términos con tu familia, pero no sabía a qué nivel, lo siento…

- Pero está bien, es tu familia, y supongo que tendrás tus motivos. Pero lo que yo pude percibir en todos, es el gran cariño que se tienen- Las manos de Kise comenzaron a temblar, al igual que su labio. - No tienes idea de lo que es sentirse solo, porque sabes, que aunque te tengan hasta la coronilla ellos estarán ahí esperándote para cenar, con un plato de comida caliente listos para saber de ti, para saber como te fue, en cambio yo… yo no tengo eso. Llego a una casa fría y apagada. Donde no hay calor- dijo finalmente con un hilo de voz. Las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas nuevamente.

- Ya Kise, no te pongas así- le dijo nervioso Aomine golpeándolo en la espalda. Eso siempre le funcionaba, salvo esta vez ya que Kise no dejaba de llorar.

- Me voy para mi casa- le decía Kise - ¡Nos vemos! ¡Suerte en tu examen mañana! – le dijo separándose de él y caminando rumbo a su casa.

Aomine se sentía de lo peor. Corrió para alcanzar a su rubio amigo y lo detuvo. No podía aguantar verlo llorar. Ese no era el Kise que él conocía, gracioso, alegre, divertido, el idiota. Se notaba que estaba muy triste y esto, lo había gatillado él.

- Vamos te acompaño- le dijo Aomine pasando un brazo por sobre sus hombros para reconfortarlo y ahorcándolo fuertemente para despabilarlo.

Kise rió ante la brusquedad del abrazo y por las cosquillas que Aomine le hizo para hacerlo reír, pero su corazón comenzó a acelerarse. -¿Por qué me siento así? ¿Será por que Aomine me está abrazando? Ese sentimiento le era desconocido. Hacía frío, pero Kise se sentía hirviendo por dentro, hasta sus manos comenzaron a sudar.

Kise se apoyó suavemente en el hombro de Aomine. Este, no pudo más que aprovechar ese momento. Pudo sentir el agradable aroma que desprendía de sus cabellos y su exquisito olor. Kise había dejado de llorar y eso lo había relajado. No le gustaba para nada verlo así. El quería ver a Kise feliz y contento.

- ¿Te parece que para el examen de química estudiemos nuevamente en mi casa?- le preguntó Aomine para animarlo un poco

- ¿En serio?

- Si, en serio- le dijo haciendo una mueca.

- ¿Y te portarás bien?- le preguntó Kise mirándolo de reojo

- Siiii- lo prometo. - Y podrás comportante todo lo idiota que quieras y hacer reír a mi familia con tus historias ridículas- le respondió Aomine pegándole un golpe en la frente con sus dedos

Kise sonrió. Ese ya era un gran avance para Aomine. No le gustaba verlo triste y menos por su culpa. Y en último tiempo, le había hecho pasar momentos difíciles…

Los estudios comenzaron a realizarlos siempre en la casa de Aomine y así Kise pasó a ser ya casi parte de la familia. Todos estaban felices, ya que la actitud de Aomine había cambiado mucho. Estaba más cooperativo en su casa y sus notas habían remontado considerablemente. Kise compartía con todos y siempre llegaba con historias nuevas que contar. Incluso había veces que hasta ayudaba a cocinar a la madre de Aomine.

Las hermanas de Aomine lo adoraban, pero ellas se habían podido percatar que algo existía o había entre su hermano y él. Habían momentos, miradas, gestos, que les hacía pensar que algo sentían el uno por el otro pero que ni ellos mismos se habían dado cuenta. Por lo que decidieron dejarlo en paz. Aun cuando en el fondo, no perdían la esperanza de que no fuera así, siempre eran cariñosas con él y lo admiraban demasiado. Kise era todo lo guapo y sexy que un hombre podía ser y era muy agradable estar con él. Además que sabía de moda y siempre las asesoraba con las tenidas que mejor les asentaban o con excelentes datos de donde poder conseguir las mejores ropas a buenos precios.