CAPÍTULO 3 : AMARTE EL RESTO DE LA ETERNIDAD

Hace 300 años atrás en Chicago, un matrimonio compuesto por Elizabeth y Edward Masen estaban en la espera de su primer y el que iba a ser único hijo. El 20 de junio, Elizabeth, dio a luz a un varón al que llamaron Edward Anthony, al igual que su padre. El tiempo pasaba y el niño iba creciendo feliz y rodeado del amor de su madre, quien consagraba toda su vida al cuidado de su único hijo.

Lo crio para ser un hombre de bien, caballero, educado, elegante, inteligente. Cuando su hijo fue creciendo conoció a una joven de su edad, Marie Coleman; quien era la hija del matrimonio amigo de sus padres. Él quedo deslumbrada por ella desde un primer momento, tenía el cabello largo castaño que caía en ondas por su fina espalda, y unos ojos chocolates que seducían a Edward. Al principio se hicieron grandes amigos, se confiaban todo y estaban el uno para el otro cuando se necesitaban; con el trascurrir del tiempo ambos se dieron cuenta que estaban enamorados y que no podían estar el uno sin el otro.

Su relación iba prosperando a medida que el tiempo pasaba, los padres de los jóvenes estaban muy felices de la relación que sostenían sus hijos. Ya iban a cumplir dos años desde que habían decidido comenzar una relación de noviazgo.

Edward ya tenía 17 años, y faltaban solo unos pocos meses para que cumpliera la mayoría de edad; él quería entrar en el ejército para convertirse en soldado, algo de lo que su madre no estaba muy de acuerdo pero solo quería que su hijo sea feliz y por eso aceptaba las decisiones de Edward; una noche después de la cena él fue junto a su madre.

- Siento que algo te inquieta, ¿quisieras preguntarme algo cariño? – Elizabeth se dio cuenta cuando su hijo entro en la misma habitación donde ella estaba limpiando el piano, como cada noche hacia.

-Como sabes en unos meses cumpliré la mayoría de edad y pienso alistarme en el ejército. Pero antes, hay algo que quiero hacer – su madre paro de limpiar el piano y se sentó enfrente de su hijo dándole a entender que prosiguiera hablando. – Quiero proponerle matrimonio a Marie.

- Me lo esperaba. De Hecho, es algo que sabía que ibas a hacer desde que naciste – su madre sonrió, ella siempre confiaba en su intuición. Sabía que tarde o temprano Edward y Marie iban a estar juntos.

- ¿Entonces estás de acuerdo? – Elizabeth se acerco para abrazar a su hijo.

- Hijo, decidas lo que decidas, hagas lo que hagas siempre voy a apoyarte en todos tus proyectos y decisiones. – Se abrazaron fuertemente, ellos no lo sabían aun pero esta iba a ser la última conversación que iban a tener. – Quiero darte algo.

Subieron hasta la habitación principal y Elizabeth comenzó a buscar algo en un cofre que tenía escondido entre sus ropas. Saco un anillo de diamantes muy precioso.

- Tu padre me lo obsequio cuando me propuso matrimonio. Pero ahora quiero que lo tengas tú y se lo regales a quien vaya a ser la mujer que te acompañe el resto de tu vida. –

- Muchas gracias madre. – Edward sabía que Marie era e iba ser siempre el amor de su vida.

Al día siguiente Edward quería planear algo especial para proponerle matrimonio a Marie, quería buscar un lugar único.

Él ya tenía todo listo para la gran propuesta cuando algo inesperado irrumpió sus propósitos. Una mañana temprano su padre cae internado donde a las horas muere repentinamente y a la misma tarde su madre se derrumba enferma en el hospital, a ambos los había atacado la epidemia de la gripe española.

- Gracias por estar estos momentos a mi lado Marie – su novia le había ido hacer compañía a Edward en su casa, ya que por la epidemia no podían estar en el hospital como Edward hubiese querido para acompañar a su madre.

- No tienes nada porque agradecerme, es mi deber. Siempre voy a estar acompañándote. – ella tomo la mano de él y entrelazo sus dedos.

Edward quedo pensativo unos minutos hubiera querido proponerle matrimonio en esos momentos, el anillo estaba en el bolsillo de su pantalón, podía sentirlo ahí. Pero no podía, su padre había muerto el día anterior y su madre estaba enferma en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte. De repente él sintió como todo le daba vueltas y tenia calor, mucho calor.

- Marie, yo… te amo – es lo último que Edward pudo articular antes de desplomarse en el suelo frio de su casa.

- Edward… - el grito de Marie fue lo último que llego a escuchar, luego no sentía nada más.

Cuando Elizabeth se entero que a su único hijo también lo había atacado la gripe española, desespero. Sabía que a ella le queda poco tiempo de vida, podía sentirlo, podía sentir como su vida iba desapareciendo… y no quería el mismo destino para su hijo, no para él.

- Doctor, debo pedirle algo – le dijo al doctor Cullen en cuanto él llego para darle su medicina diaria.

- Dígame señora Masen – sonrió gentilmente él.

- Salve a mi hijo. Salve a Edward – él la miro sorprendido – sé que solo usted puede salvarlo.

Ella se quedo mirando fijamente a Carlisle, cuando él pudo reaccionar se dio cuenta que ya no había nada por hacer, Elizabeth había muerto pidiéndole que salvara a Edward… Carlisle supo que Elizabeth sabía lo que él era.

Carlisle cumplió con la última petición de Elizabeth, él salvo a su hijo convirtiéndolo en un vampiro. Edward descubrió que podía leer los pensamientos de las personas a su alrededor, pero no podía acostumbrarse a su nueva vida, aunque para él no era vida, no. Él se sentía un monstruo desalmado, eso era lo que era.

No hubo día, tarde, noche en el que Edward no estuviera cerca de Marie; cuando su novia se entero de su supuesta muerte lloro desconsolada cada noche durante un año entero, no parecía recuperarse, Edward sufría al verla así, solo quería acercarse a ella y que todo volviera a ser como era pero eso ya no era posible, él no podía acercarse a ella, ya no más. Solo podía cuidarla en silencio y a la distancia. Con el correr de los años Marie conoció a un hombre con el que se caso y formo una familia, pero aun así ella recordaba a Edward todo los días de su vida, él leía sus pensamientos todo el tiempo y siempre pensaba en él, y eso lo conformaba de cierta forma, el saber que ella aun estando casada con un hombre al que en serio quería, solo seguía amando a Edward.

Cuando Marie ya tenía 70 años y vivió una larga vida junto a su marido, sus hijos y sus nietos falleció de muerte natural. Edward sufrió como nunca en su vida. Luego del entierro, sus familiares y amigos se retiraron del lugar, dándole paso a Edward para despedirse de una vez de su gran amor. Al llegar a la tumba de Marie él se inclino sobre una rodilla y tomo entre sus manos el anillo de su madre.

- Solo lamento no haber podido darte este anillo. Pero queda en mí el saber que voy amarte por el resto de la eternidad. – en menos de un suspiro Edward ya no estaba más. Corrió a velocidad vampírica hasta donde estaban Carlisle y Esme, sus padres adoptivos en su nueva no vida. Ya no quedaba más nada que hacer allí, un nuevo destino los esperaba, Rochester.

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- Siento que es muy injusto el saber que tú lees mis pensamientos y yo no puedo saber jamás que es lo que piensas – Rosalie, su nueva esposa interrumpió en la habitación que compartían. Edward, que tenía entre sus manos el anillo lo guardo rápidamente en su pantalón.

- Prometí no leer lo que piensas, así estamos de igual a igual – respondió fríamente él.

- ¿Cómo sé que no los lees? – cuestiono molesta ella, sabiendo que jamás estarían de igual a igual.

- No me interesa escuchar lo mucho que te agrada tu apariencia, o tus continuos pensamientos ególatras. – Rosalie estaba furiosa ante las palabras de su marido, quien estaba por salir a cazar – Además te lo prometí, soy tu esposo. Confía en mi Rosalie – él se marcho dejándola con la palabra en la boca y muy molesta.


Hola! Antes que nada me disculpo por no subir el capítulo el viernes, últimamente andaba escasa de imaginación. Prometo que este viernes actualizare como debe ser.

Acá esta la historia de la vida humana de Edward y su fallecimiento, espero que les guste.

Saben que cualquier idea, sugerencia no duden en hacérmela saber :)

Hasta el viernes n.n