Bueno, aquí estoy otra vez. He tenido algunos problemas, por eso he tardado tanto en subirlo, pero bien, ahora ya lo tenéis aquí :3. En fin, simplemente decir que espero que lo disfrutéis tanto como yo disfruto escribiéndolo. ¡Muchísimas gracias por los reviews y a todos los que me seguís!
Nota: Nada en este fic a excepción de mi OC me pertenece.
Decisión
No renuncié en ese momento. Pero, ¿por qué no...? ¿Qué fue lo que me empujó a hacerlo? ¿El miedo quizás? ¿O más bien fue por simple instinto? Puede que ambas cosas... ¿Tal vez fue porque no tuve otra opción? De todas formas, la respuesta no importaba, sólo el hecho de que la determinación estaba tomada. No importaba si fue la decisión correcta, me convencí para pensar que lo era.
Y así continué adelante sin detenerme.
Había llegado el día. "¿Qué voy a hacer?" Me preguntaba constantemente. ¿Aceptaría la propuesta de alguien a quién no conocía? ¿O bien renunciaría y seguiría viviendo de forma miserable? La respuesta os puede parecer bastante obvia, pero no es lo mismo cuándo lo vives en primera persona. Tenía miedo, de que algo saliera mal. Y no estaba muy segura de poder confiar en esa persona, después de todo lo que había escuchado sobre él.
Era el último día de clases antes de las vacaciones de verano. "Más calor..." Pensé. Sin embargo, al salir comenzó a llover. "Bueno, algo que me sube un poco el ánimo... Pero no llevo paraguas..." Genial. Llegaría empapada a casa. Me fui corriendo sin esperar a nadie, ni siquiera a mi hermana.
Me iba refugiando bajo los balcones y dentro de las tiendas, pero aun así, no pude evitar acabar mojada. Al final decidí no resistirme y empecé a caminar bajo la lluvia. Ésta se colaba por cada rincón de mi cuerpo, las frías gotas de agua resbalaban por mi piel estremeciéndome cada dos por tres. Pero no me importaba. Amaba ésa sensación. Siempre pensé que andar bajo la lluvia era como una forma de 'purificarse' o algo así, o que ayudaba a esclarecer las ideas; justo lo que necesitaba. Suspiré. Por mucho que pensara, nada venía a mi mente. No tenía nada claro, no sabía qué iba a hacer, por lo que traté de organizarme un poco los pensamientos:
"Veamos… ¿Cuáles son los motivos por los que no aceptaría? Primero: No tengo ni idea de quién es Izaya Orihara. No conozco su personalidad, ni el tipo de persona que es, ni de qué trabaja. Segundo: Creo que tiene mucho que ver con el primer motivo, pero… No importa, la cuestión es que no sé si puedo confiar en él, es más, todo apunta a que no debería hacerlo, según la gente a la que le he preguntado. Tercero: No sé exactamente qué tipo de trabajo estaré ejerciendo. ¿Secretaria? ¿Qué es lo que realmente hacen éstas empleadas? Cuarto: No me fío de Izaya Orihara. Quién sabe qué estará planeando ofreciéndome éste trabajo… Quinto: Tengo razones para pensar que Izaya va con segundas intenciones… Un momento… ¡¿Por qué casi todos los contras tienen que ver con Orihara y no con el trabajo en sí?! En fin… Toca hablar de los pros. Para empezar: Lo más importante, es que me ganaré un sueldo con el que cuidar de mi hermana. Segundo: No tendré más necesidad de robar y cometer delitos. Tercero: … No, creo que ya está… Bien, está claro que hay muchos más aspectos negativos que positivos, pero… Bueno, digamos que la parte beneficiosa es de mucha más importancia… ¡AAAAAAgh! ¡Estoy cómo antes!"
A pesar de haber organizado mis ideas, finalmente terminé como al principio: sin tener nada claro y sin saber si aceptaría o no. Entre tanto pensamiento, no me percaté que la lluvia había cesado, pero que el cielo seguía encapotado. "Anda… Ha parado."
Pensé en descansar un poco de tanta caminata, así que entré en un bar con poca gente y me compré un refresco, después me dirigí a la azotea, dónde me senté en el borde, como me gustaba. Me encantaban los lugares altos: Podía sentir la brisa acariciarme suavemente la piel y pasar a través de mis largos cabellos.
-¿Piensas tirarte o algo?-Se me acercó por detrás, pero no me sorprendió, lo estaba esperando.
-Para nada. Aunque no lo parezca, valoro mi vida.
-Qué curioso. Conozco pocas personas que suban a una azotea en Ikebukuro y que no sea para suicidarse.
Hablaba con tanta naturalidad sobre cualquier tema… Me di la vuelta y lo miré. Como siempre, llevaba esa pícara sonrisa en sus labios y sus manos en los bolsillos de su característica chaqueta. De nuevo me invadió esa sensación de inseguridad. Su mirada penetrante me inquietaba, por lo que me obligué a apartar la vista, pero mantuve la seguridad en mi voz:
-Pues ahora ya conoces a otra.
-¿Estás nerviosa?-Me saltó con esa pregunta sin venir a cuento.
-TÚ me pones nerviosa.-Se rio.
-¿Y eso?
-¿Sabes? No he escuchado muchas cosas buenas sobre ti…
-¿En serio?-Preguntó divertido.-¿Qué has escuchado sobre mí?
-Cosas del estilo "es un tipo muy peligroso" o "no te involucres con él".-Soltó una carcajada al escuchar eso.
-Es obvio que la gente exagera más de lo necesario.
-Yo no estaría tan segura.
-Bueno, al fin y al cabo, cada cual piensa como quiere. Es por eso que amo tanto a los humanos.-Se sentó en el borde a mi lado.
"¿Qué dice éste loco?" Pensé cuando acabó la frase anterior.
-Supongo que sabes por qué estoy aquí, ¿verdad?-Me miró directamente a los ojos. Me sentí intimidada.-Ha pasado una semana, ya es hora de que me des una respuesta.
Tragué saliva. "Ha llegado el momento…" Me dije, recordando que debía tomar una decisión. A pesar de que sus ojos me analizaran a través de los míos, no aparté la mirada, quise sostenerla hasta haberle dado mi respuesta. Antes de hablar recordé todo lo que había pensado horas antes: las cosas buenas y las malas, los pros y los contras, los beneficios y las pérdidas que causarían mi decisión. Cogí aire.
-Bueno, yo… Necesito el dinero, por lo que… Acepto el trabajo.-Al terminar, bajé la mirada, pero pude ver como en su rostro se dibujaba una sonrisa aún más grande.
Por alguna razón sentí que me acababa de traicionar a mí misma, y que me había rendido ante aquella posibilidad, sin buscar alternativas. Sentí que había perdido y que Izaya había ganado el juego… Pero me auto convencí de que lo había hecho por el bien de mi hermana y el mío.
-Estupendo. Ya podemos irnos.-Dijo mientras se levantaba.
-¿Eh…? ¿A dónde?
-A Shinjuku.
-¡¿Qué?! ¡¿P-Por qué?!
-¿No quieres ver el lugar en el que trabajarás a partir de ahora?-Me agarró por la muñeca y me obligó a levantarme.-Vamos.
Bajamos a la calle y nos pusimos a andar en dirección a la estación de tren. Durante el camino, me habló de varias cosas: leyendas urbanas, incidentes pasados en Ikebukuro, pandillas de color, Dullahans, pactos suicidas, un grupo llamado Dollars… Honestamente, no me interesaban demasiado los asuntos del bajo mundo, prefería no meterme en esas cosas, pero por otro lado, era curioso saber todo lo que ocurría en ese ambiente invisible, imposible de percibir a simple vista. En un momento dado, Izaya interrumpió su charla:
-Oh, oh…-Puso una mano en mi cabeza y me hizo agachar con rapidez.
-¿Qué pas…?-No terminé la frase, pues una máquina expendedora pasó volando por encima de nuestras cabezas rozándome el cabello.
Me quedé paralizada. "¿Qué acaba de pasar?" Me pregunté realmente confundida. "¿Por qué ha salido volando una máquina de refrescos?" Orihara se levantó, pero yo no podía, me quedé agachada hasta que me ayudó a ponerme en pie.
-Siempre apareces en el peor momento, Shizu-chan…
"¿Shizu-chan? ¿Quién es ése?"
-¡IIIIIIZAAAAAAAYAAAAAA-KUNNNN!-Apareció un hombre muy alto vestido de camarero. "¿Un… camarero?" Era rubio y llevaba unas gafas de sol pequeñas, se las quitó y las guardó en su traje. "¿Pero quién es éste tío? Éste sitio está lleno de gente rara…"-Maldito Izaya… ¡te mataré!
"¡E-Está loco!" Retrocedí unos pasos. Daba miedo. Mucho miedo.
-Vamos, Shizu-chan… Hoy no tengo tiempo para ti. Tengo cosas que hacer.-Dijo el peli-negro, vacilándolo. ¿Cómo podía hablar de forma tan natural con él?
-¡IIIIIIIIIIzaaaaayaaaaaaaaa!-Se agarró a una señal de tráfico, la arrugó como si de papel se tratase, y por último la arrancó del suelo.
Me quedé boquiabierta. Sin palabras. Izaya soltó un suspiro resignado. Lo miré: se veía tan despreocupado a pesar de la situación. Me devolvió la mirada y esbozó una sonrisa, parecía tramar algo.
El tal "Shizu-chan" empezó a correr hacia nosotros, y yo entré en pánico. Blandió la señal hacia Izaya, como si su peso equivaliera al de una pluma. Estaba a punto de alcanzarlo, pero entonces, el último me tomó por el hombro y tiró de mí situándome delante de él, dónde el señal me golpeara en su lugar. Abrí los ojos con miedo mientras veía acercarse el objeto a gran velocidad, ¿era ése mi final?, después los cerré con toda la fuerza que pude, esperando lo que venía, pero nunca llegó. Volví a abrirlos lentamente, para saber qué había ocurrido, y me encontré con una señal de STOP a pocos milímetros de mi rostro. Izaya, que aún tenía las manos sobre mis hombros, se rio por lo bajo. Me di la vuelta y lo fulminé con la mirada.
-¡¿Se puede saber qué haces?! ¡¿Me-Me acabas de usar como escudo?! ¡¿Es que quieres matarme?!
Un estruendo interrumpió mis quejas: "Shizu-chan" había lanzado la señal hacia otro sitio.
-Izaya, eso es jugar muy sucio… Eres peor que escoria…-Escupió el rubio, con una mirada de odio en sus ojos.
-Te he dicho que tengo cosas que hacer. Así que… ¡Nos vemos!-De nuevo me cogió por el brazo y se me llevó a rastras.
-¡Izayaaaaaaaa! ¡No huyas, desgraciado!-Como era de esperar, nos persiguió. Tuvimos que correr durante un buen rato para perderlo de vista, pero gracias a eso, llegamos a la estación.
Cogimos el tren para ir hacia Shinjuku. El trayecto era corto, creo que no llegaba a diez minutos, pero se me hizo eterno. Viajar con un desconocido de veinte y tantos a mi lado, que encima tenía personalidad de crío y después de haber sido perseguidos por un demente por media ciudad... no se me hacía precisamente corriente. Suspiré. "¿Dónde me he metido…?"
Izaya estaba a mi lado, apoyado cómodamente en el respaldo del asiento y con las manos en la nuca. Me miró con una media sonrisa torcida, como si supiera lo que estaba pensando y lo que sentía exactamente. Lo miré con el ceño fruncido.
-Hmmm…-Gruñí fingiendo seguir enfadada. Se echó a reir.
-Vamos, vamos… Sigues intacta, ¿no?
-Sí, pero por los pelos.
-Ése tipo con cerebro de bestia es Shizuo Heiwajima. Ya has visto de qué es capaz.
-¿Shizuo Heiwajima…? ¿Por qué me suena tanto ése nombre?
-Es normal, lo conoce todo Ikebukuro. Más que nada por los destrozos que causa en toda la ciudad.
-Algo me dice que eres la causa de dichos destrozos.-Volvió a reír.
-Excelente deducción, aunque no completamente cierta. No siempre soy yo la causa. No es culpa mía que tenga cerebro de bestia y no sepa controlarlo.-Se excusó.
-Pero tú bien que lo provocas…
-No te lo negaré. Soy humano, no puedo evitarlo.
Justo cuándo iba a hacer algún comentario sarcástico sobre esa frase, la voz de una mujer hablando por el altavoz anunció nuestra llegada a la estación de Shinjuku. Bajamos del tren y nos dirigimos a la salida.
El apartamento estaba bastante cerca de la estación, por lo que solamente tuvimos que andar unos cinco minutos.
-Bueno, hemos llegado.
-¿Qué? ¿E-Es aquí?-Delante mío se alzaba un gran edificio muy moderno, parecía sacado de una película de ciencia ficción.-¿Trabajas aquí?
-Vivo aquí.
-¿Qué?-Me quedé atónita por dos razones.-U-Un momento... ¿Me estás diciendo que voy a trabajar en tu casa?-La otra razón era que no podía imaginar que él viviera en un edificio tan... caro.
-Hmm... Más o menos. Pero no te preocupes, la oficina está separada del resto de la casa.
Suspiré un poco más aliviada, pero la segunda razón me seguía desconcertando.
Entramos al vestíbulo, igual de sofisticado que el resto del edificio. Izaya se acercó a la puerta, pero no sacó unas llaves ni nada por el estilo, si no que abrió la puerta tecleando un código en un panel numérico que había al lado de la misma. Me fascinó. De nuevo me sentí dentro de una película futurista.
Y al entrar volví a sentirme asombrada ante aquella increíble vista. Me miró con cara extrañada pero a la vez cómo si esperara esa reacción.
-Ya veo que te gusta.-No respondí.
Seguía impactada. Recorrí toda la habitación con la mirada: pasé por el escritorio, dónde reposaba un ordenador de última generación y al lado un tablero de ajedrez con piezas del mismo juego además de fichas de shogi y damas, me extrañé. Miré la ventana de detrás de la silla, tenía una bonita vista de gran parte del distrito; como ya había oscurecido, podían apreciarse cientos de brillantes luces de colores. Después seguí escrutando la estancia hasta depositar mis ojos en el sofá a mi derecha, entonces reconocí un objeto encima de éste: era mi mochila, la que Izaya me había 'robado' hacía unos días.
-¡Hey! ¡Ésa es mi mochila!-Me acerqué y la cogí con rapidez.
-Sí. ¿Qué pasa con eso?-Preguntó mientras se deshacía de su chaqueta y la dejaba tirada en un sillón.
-No me habrás robado nada, ¿verdad?-Rebusqué en el interior de la bolsa por si algo faltaba.
-No. No lo necesito.-Me contestó arrogante y se dejó caer en el sofá.
-Tsk. Se nota que no te faltan los cuartos.
-Afortunadamente no.
-Bueno, debería irme.
-¿Quééé? ¿Tan pronto?-Se quejó con tono infantil.-Bueno... Entonces, hasta mañana.
-¿Mañana?
-¿Cuándo pensabas que empezarías?
-Hum... En fin, me voy.-Me di la vuelta y me dirigí a la puerta.
-¡Ten cuidado por la calle!
-Sí, sí...-"¿Qué se cree, que tengo doce años o qué?" Le regañé mentalmente, pero la verdad era que sí había mucha gente de "ese" tipo a esas horas, y más un viernes. Pero al final llegué sana y salva a casa.
"Mañana empiezo una nueva vida... A saber qué me espera..." Suspiré una última vez.
¡Hola otra vez! Espero que os haya gustado éste capítulo, ¿qué pensáis hasta ahora sobre la historia? ¿Cosas a mejorar? ¿Predicciones sobre qué pasará? Supongo que no puedo pediros qué creéis que va a pasar, ya que éste es sólo el cuarto capítulo, pero en fin... Simplemente podéis darme vuestras sinceras opiniones, las agradezco mucho, de verdad.
Bueno, lo dejo aquí, ¡hasta pronto!
