Capitulo 4.

Otra noche en el bar. Por ser viernes el sitio estaba a reventar. Además, se había corrido el rumor de que había un par de camareros nuevos y bien guapos y las chicas no tardaron en ir a comprobar si era verdad o no. Sam, que había dejado los platos temporalmente para ayudar a Dean a servir mesas, las veía llamar o mandar mensajes por el móvil a sus amigas confirmando el rumor, consiguiendo que más chicas vinieran al local. Los dueños estaban encantados de que los chicos fueran tan buen reclamo para el bar. No habían tenido una noche así de llena en años.

Sam puso los ojos en blanco cuando tres chicas le pasaron sus teléfonos a la vez y nada discretamente. Luego hablaban de los tíos… las chicas eran más peligrosas…

Y ese pensamiento se confirmo cuando, al pasar junto a otra mesa repleta de chicas, una le pellizco el trasero. Sam frunció el ceño y se volvió hacia la chica, una morena de ojos verdes que lo miraba muerta de risa, y abrió la boca para decirle algo. Pero en ese momento un brazo fuerte rodeo su cintura y lo arrastro hasta pegarlo a otro cuerpo. Reconoció enseguida el olor y el tacto de esa persona. Dean. Solo podía ser el.

- Cariño… no coquetees con las señoritas que les das falsas esperanzas… - el cálido aliento de Dean le acaricio el cuello, haciéndole estremecerse. Ya estaba su hermano con sus estúpidas bromas. Las chicas no les quitaban los ojos de encima, hipnotizadas. Para ellas, ver dos chicos tan guapos comportándose así, era una estampa más que agradable de ver.

- ¿Qué cojones crees que haces, Dean? – mascullo Sam con una sonrisa falsa y los labios apretados. Dean le dio un apretón en la cintura.

- Marcar territorio, Sammy. No sea que te me roben. – la voz de Dean era pura risa. Sin cambiar la expresión de su cara, Sam le cogió de la muñeca y se la retorció, haciendo que Dean le soltara y pusiera una mueca de dolor.

- Déjate de gilipolleces, anda. – Dean rio y le siguió por el bar.

- ¡Venga, Sammy! ¡No te mosquees! Es que así dan más propinas. – comento el mayor riendo. Sam se volvió para encararle.

- Tú no estás bien de la cabeza, ¿verdad? ¿De dónde has sacado esa idea tan ridícula? – el mayor se encogió de hombros.

- De las chicas del centro comercial de esta mañana. – el pequeño bufo y siguió trabajando. Paso el resto de la noche tratando de esquivar a su hermano y sus tonterías, aunque un par de veces le pillo desprevenido. Y, para diversión de Dean, la mesa de la chica de ojos verdes le dejo una propina de veinte dólares. No, si encima iba a tener razón su hermano y todo…

Dean aun se estaba riendo del asunto de la propina cuando se estaba preparando para dormir en su habitación. Sam se lo había contado totalmente alucinado. Y hablando de Sam…

- ¡Toma! – el pequeño apareció de repente en la habitación y se sentó en la cama, tendiéndole al mayor una bolsa estampada con florecitas que Dean cogió con cierta reticencia.

- ¿Qué es esto? – pregunto sin atreverse a abrirla. La trataba como si fuera una bomba o algo igual de peligroso. Sam sonrió de manera que se notaba que estaba aguantando la risa.

- Er… ¡Feliz cumpleaños! – Dean arqueo una ceja.

- Mi cumpleaños fue el mes pasado, ¿recuerdas?

- ¿Y? Pues feliz cumpleaños atrasado, entonces. – contesto el pequeño encogiéndose de hombros. Dean abrió la bolsa con cautela y arqueo las cejas cuando miro dentro. Sam no pudo aguantar más y empezó a reírse a carcajadas.

- Muy lindo, si… - mascullo el mayor sacando un adorable osito de peluche con lazo rojo en el cuello y todo. Sam seguía partido de la risa.

- Es para que tengas algo que abrazar por la noche. – le dijo Sam entre risas. Dean miro el peluche con ojo crítico.

- Uhm… bueno… ya que te has gastado MI dinero en esta chorrada, habrá que ponerle un nombre, ¿no? ¡Ya se! ¡Se va a llamar "Pequeño Sammy"! – y añadió sonriendo torcido. – ¡Y mañana le diré a todos las chicas que me lo has regalado! – Sam dejo de reír al instante.

- ¿No lo dirás en serio?

- Oh, si… - Dean se metió en la cama y dejo al peluche en la mesita de noche. – Claro que lo digo en serio…

A la mañana siguiente, Dean se despertó oliendo algo muy agradable. Era un olor familiar y muy apetecible. Un olor dulce y delicioso que le incitaba a hundir más aun la nariz en el. Y eso hizo. Se acerco más al olor y poso los labios en una piel suave y cálida. Algo le hizo cosquillas en el rostro. Sonrió en sueños y suspiro. Algo gimió cerca suyo y se removió un poco entre sus brazos. Lo sujeto más fuerte. Lo que fuera que olía tan bien, no iba a escapársele.

- ¿Dean? – murmuro su hermano con voz ronca.

- ¿Uhm? – el pequeño soltó una risita.

- ¿Qué haces olisqueándome el cuello como si fueras un chucho? – pregunto Sam, bostezando. Dean maldijo mentalmente, pero no se movió. Solo esperaba que Sam no se hubiera dado cuenta del beso inconsciente que le había dado.

- ¿Qué mierda usas en el pelo que huele tan bien? – le pregunto para disimular.

- El mismo champú que tu, capullo. – Dean bostezo en el cuello de su hermano y Sam se volvió a estremecer.

- Pues a mí no me huele así…

- Sabrás tu a que te huele, si no llegas… - el mayor acerco mas la cara a la de su hermano.

- Dímelo tú. – Sam se sorprendió. Su hermano tenía que estar más dormido que nunca para decir semejante tontería, pero aun así lo hizo. Acerco la nariz al pelo de Dean y se lo olio.

- A ti también te huele bien. – volvió a bostezar y trato de levantarse, pero como la otra mañana, Dean le tenía bien agarrado de la cintura. - ¿Dean?

- ¿Uhm? – su hermano sonaba como que se estaba volviendo a dormir. Le dio un pequeño codazo y el otro gruño. -¿Qué, joder? ¡Déjame dormir!

- Tío… suéltame, que tengo que ir al baño.

- ¿Uhm? – Sam soltó una risita.

- ¡Que me sueltes! – el mayor le soltó con reticencia y le dio la espalda, volviéndose a dormir. – Tío… esto está empezando a ser una costumbre preocupante.

- ¡Vete a la mierda!

Continuara...