Como cada jueves, capítulo nuevo, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer a Ires, minafan y Katniss Ainsworth por pasarse por aquí y dejar comentarios, espero que sigan disfrutando de la historia, en especial de este, que es el capítulo más largo hasta este momento.
. . : : Disclaimer : : . . Todos los personajes, lugares y en su mayoría, situaciones, pertenecen a Suzanne Collins, lo único que es mío, es la forma de ordenar hechos y palabras para dar una perspectiva distinta a la de Katniss.
¿Real o No Real?
Capítulo 4.- El 12, Tartas, Bodas: lo que debió ser.
Una mañana de tantas, la manguera que tengo conectada en el brazo desaparece y junto con ella, la calma aparente que había tenido, las horas de sueño que siguen siendo precarias a juzgar por el cansancio de mi cuerpo. Los médicos dicen que estoy recuperándome, que he ganado peso, que al menos han logrado que mi cuerpo se sobreponga al maltrato desmedido al que había sido sometido en cortas semanas, les veo anotar cosas todo el tiempo, nota sobre nota, sobre las mismas libretas que se ven cada día más desgastadas y el lugar me parece asfixiante… una gota de sudor frío me recorre la espalda y todo se vuelve brillante, escucho al hombre rata "esto no dolerá demasiado Peeta… verás que en unos días ni siquiera vas a sentirlo", era lo que siempre decía antes de darme esos pinchazos que eran más dolorosos que saber que ella me había olvidado. Que saber que nunca le importé.
Katniss no ha vuelto a mi habitación, que ahora se encuentra herméticamente cerrada, sé que no la dejarán volver a acercarse: soy peligroso, y me alegra que lo sepa, que tenga la certeza que ella es la que sigue, que no permitiré que siga causando tanto daño. Es difícil comprender lo que pasa alrededor, especialmente cuando nadie se detiene a explicarte las cosas y lo único que tengo realmente seguro, es que estoy en el distrito 13, aún me parece increíble que el distrito destruido no fuese más que una invención del Capitolio.
Comienzo a preguntarme que otras cosas habrán ocultado… si fueron capaces de ocultar la existencia de un distrito, pretendiendo que había dejado de existir, sería muy fácil ocultar millones de cosas más, millones de cosas detrás de su opresión, de su control, de la miseria en que nos tenían sumergidos; sigo cavilando todas estas cosas, intentando encontrar qué tanto hay detrás de todas las cosas que han pasado, cuando siento una mano tomando la mía y no puedo evitar el sobresalto, la misma mujer que estuvo antes ayudándome a sentar, respondiendo que estoy a salvo, está mirándome con gesto preocupado que intenta enmascarar de una forma bastante pobre. Dice que ese día será especial, que una amiga vendrá a verme e intento sonreír ante aquella idea, aunque no puedo imaginar quien será, ya que todo lo que conocía y amaba, murió con las llamas que redujeron el doce a escombros.
Vuelven a colocar la manguera en el mismo lugar de antes después de asearme y darme de comer, la mujer que estuvo antes, cepilla mi cabello y una oleada de tristeza me invade al pensar en Portia, la única persona capaz de infundirme un poco de seguridad con algo tan simple como pasar un peine por mi cabello rizado; esa tristeza va transformándose más rápido de lo que puedo asimilar en una ira ciega y primitiva, la misma ira que viene del recuerdo de saberla asesinada. Cierro los ojos, respiro profundamente y una dolorosa punzada en mi pecho, hace que las lágrimas que intentaba reprimir sean liberadas… estoy tan cansado, que mi cuerpo se relaja y no hago más que mirar hacia el techo.
La puerta de la habitación se abre deslizándose con suavidad y deja paso a una muchacha de cabello rubio, ojos azules y rostro preocupado, si no fuera por lo delgada que se encuentra, juraría que es Delly Cartwright, mi vieja amiga del doce, compañera de juegos infantiles, la que era una dibujante desastrosa, pero la más leal de las amigas que pudiese tener alguien en sus primeros años. Ella se acerca despacio, con una expresión que raya entre la duda y el alivio; respira profundamente y me dedica una de esas anchas sonrisas que ella tiene para todo el mundo y por alguna razón, eso me tranquiliza; ella me saluda y yo comienzo a bombardearla con preguntas, sobre dónde estamos, por qué estamos ahí y por qué no estamos en casa, por qué mi familia no ha venido a verme… si es que ella también ha creído en las mentiras de Katniss. Es justo al hablar de ella donde se pierde todo, el foco, la calma, la sensación de seguridad: me sacaron de las garras del Capitolio, sí, pero ahora estoy en las de ella y no sé cuál de las alternativas es peor; veo como su sonrisa se convierte en una expresión de miedo, no entiendo por qué, ¿a dónde fue su sonrisa amable?, ¿es que ella también ha visto el peligro que corre estando cerca de Katniss?
Escucho mi propia voz, gritando, dejando salir finalmente esa verdad que estaba escondiendo, los ojos de Delly se llenan de lágrimas y veo como se aleja; sigo gritando, culpando a Katniss de estar perdiendo también a mi vieja amiga, llamándola muto, deseando con todas mis fuerzas poder terminar lo que no me dejaron hacer cuando vino a verme. Finalmente, vuelvo a quedarme solo en la habitación y escucho nuevamente ruido en la otra habitación, mezclado con el sonido de mi respiración agitada; aquella fuerza magnética que sentí la primera vez vuelve a dominarme y clavo la mirada en el espejo de doble cara: puedo sentirla, Katniss, está ahí… entonces, la manguera hace su trabajo y llena mis venas de una calma artificial, que esta vez llena mis sueños de pesadillas de Katniss reclinada en mi pecho, mientras sostiene un cuchillo preparado para clavarlo en mi corazón.
El siguiente día, me sorprende la visita que recibo, es un rostro que conozco a la perfección: delgado, facciones finas, cabello rubio y ojos azules, dos trenzas cayendo sobre sus hombros, mientras mezcla afanosamente algo en una especie de mortero. Primrose levanta la vista, fija sus ojos azules en mí, muy concentrada y después me dedica una sonrisa dulce, el tipo de sonrisa que suele recordarme cosas que, no estoy seguro de que hayan sucedido alguna vez. Ella se acerca aún sosteniendo el mortero, habla de su gato, de la cantidad de trabajo que han tenido a partir del rescate, de como han comenzado a tomarla un poco más en cuenta, en especial porque le han dejado trabajar conmigo.
Luego de ponerme al día con la vida del trece, dice que Katniss se ha ido, que eso nos dará tiempo a ambos para sanar y poner en orden lo que queda de nosotros mismos. No logro entender por qué me siento tan triste al saber que ella se ha ido, es como si algo estuviese incompleto; la sola idea me pone nervioso, tanto que ni siquiera noto cuando Primrose se acerca a mí y me forra algunas heridas a medio curar con una pasta verdosa, cuyo olor me parece familiar. Tan pronto como termina, me explica que puede que duela un poco, pero que es la única forma de comenzar a sacar la toxina con la que estuvieron torturándome y finalmente, canta la canción del valle hasta que me quedo dormido.
Frente a mí, cae una lluvia torrencial y el lado izquierdo de la cara me duele tanto que apenas puedo contener las lágrimas que intentan escaparse, hay algo tibio en mis manos: pan, la vieja receta del pan de frutos secos de mi padre. Miro de soslayo y ahí está Katniss, hecha ovillo bajo un árbol raquítico de otoño frente a la panadería, está escurriendo y veo una tristeza inacabable reflejada en su mirada, es el dolor del que está muriendo y ha decidido que ya no puede luchar más. Miro nuevamente al interior de la panadería, mi madre se afana cerca del horno y yo lanzo una hogaza de pan hacia ella, que me mira confundida.
Con el paso de los días ella vuelve una y otra vez, forrándome de aquella pasta apestosa que en realidad, hace que el cuerpo me duela tanto como cuando estaba en el Capitolio, sin embargo, hay algo distinto esta vez: las crisis han disminuido, incluso han dejado de sujetarme a la cama y he sido capaz de comer por mí mismo. La horda de médicos, se ha reducido a dos médicos que intentan revertir la programación que me crearon con el secuestro, la enfermera que me ha cuidado desde el primer día y Primrose, cuyos cuidados han ayudado muchísimo a mejorarme. Después de pasar por varias sesiones de imágenes del doce, de mi familia… de Katniss, he comenzado a guardar silencio, necesito toda la energía disponible para asimilar las cosas que veo, las cosas que escucho.
Uno de esos días, logro dar con un hallazgo importante, hay dos tipos de recuerdo: los que son míos y los que creó la gente de Snow, la diferencia entre ellos, es que los míos son claros, los del Capitolio son brillantes… irreales. Casi cuando ha llegado la hora en que Primrose me visita, escucho un alboroto en el pasillo, son voces alteradas que llaman a una cirugía emergente, dicen que "El Sinsajo" está herida, no puedo evitar que me tiemblen las manos, una voz en mi cabeza, una que suena a una versión perversa de mí mismo, sugiere que vaya ahora, que es el momento de acabarla; mientras que mi razón está embotada, incapaz de decidir darle la orden a mi cuerpo de moverse. De nuevo, la maldita impotencia hace presa de mí y no puedo… no quiero hacer más que convertirme en un ovillo bajo las mantas de mi cama de hospital.
Paso varios días sumergido en la profundidad de mi mente, intentando desenredar la maraña de los recuerdos que vienen y van sin cesar; la fortaleza física que había recuperado, me abandona del mismo modo en que se abandona a un animal moribundo a que termine de exhalar solo. El contacto de una mano, hace que vuelva a la realidad, esta vez es Finnick quien me busca, tiene grandes bolsas bajo sus ojos y una sonrisa feliz que raya en la demencia; me saluda como quien busca a un viejo amigo a quien no ha visto durante años. No puedo evitar contagiarme un poco de la alegría que irradia, dice tantas cosas desordenadas al mismo tiempo, que me cuesta hilar lo que intenta decirme, hasta que hecho un manojo de nervios, dice que va a casarse con Annie; corrijo, con SU Annie y que quiere pedirme dos favores muy especiales: el primero, si puedo prestarle uno de los trajes que Portia diseñó para mí, ya que él no tiene nada especial que usar en ese día. Accedo a su petición y él, embargado por la emoción, toma una de mis manos y me pide un segundo favor, uno que particularmente, hace que la sangre vuelva a correr por mis venas.
Los siguientes días, se hornea un pastel de bodas, que una vez montado en sus niveles, es llevado a mi habitación del hospital, junto con un montón de utensilios de decoración. Vuelvo a sentirme tan vivo que no recuerdo cuándo fue la última vez que sentí una alegría tan genuina como esta; la tarta de bodas de Finnick y Annie va cobrando vida entre mis manos, frente a mis ojos: el perfecto azul del mar en la playa del cuatro, el suave ir y venir de olas espumosas que se reflejan en formas caprichosas sobre la superficie del glaseado, una larga hilera irregular de perlas de azúcar que son el marco para las formas delicadas de estrellas de mar, hipocampos, peces multicolor y pequeñas conchas y caracoles; todo con una delicada red de glaseado casi dorado emulando una red; la red que significaría la creación de un solo ser a partir de ese hombre, ahora mi ¿amigo?, y la mujer que era su otra mitad.
Cuando el pastel se ha ido, casi siento que soy yo mismo, aunque vuelve a dejarme con tanto tiempo que llenar con ideas que no quiero pensar y justo cuando estoy dispuesto a comenzar a contar los puntos irregulares en el cemento de las paredes, recibo una visita… Haymitch entra en la habitación y se sienta a un lado de mi cama, clava sus ojos grises en mí y yo no logro interpretar el gesto en su cara; pasan varios minutos antes de que diga que lo siente, que debió haber cumplido con la promesa que le había hecho a Katniss y que hará lo que sea para lograr que vuelva a ser el mismo Peeta que ni él, ni Katniss merecen. La siguiente cosa que recuerdo, es pedirle que la lleven a mí, que dejaré que vuelvan a atarme si eso los hace sentir seguros, pero que quiero… que necesito verla una vez más.
Aquel día hay poca gente en el hospital, todos están al pendiente del gran acontecimiento, la boda está tan cerca que nadie tiene intenciones de perdérselo, aún cuando sólo tengan oportunidad de mirarlo de lejos al no ser de los invitados elegidos y yo espero, ni siquiera estoy seguro de por qué, simplemente espero y trato de no desesperar en el intento. Haymitch vuelve al cabo de varias horas y dice que consiguió un permiso especial, que serán unos minutos breves y que él mismo estará supervisando ese encuentro desde la puerta… aclarando que la principal condición, es mantenerme sujeto a la cama de hospital; me limito a asentir y volver a tirarme sobre la cama, comenzando desde ese momento a convencerme de que habré perdido de nuevo ese ridículo trozo de libertad que había ganado con el movimiento de mis pies y manos.
Los breves momentos de cordura, son todos patrocinados por mi cabeza loca, así que espero que le dejen saber si están o no disfrutando de ellos, así la alimentan para que siga creando.
Hasta Otra.
J. Saiph Lestrange-Black~
