Capítulo 4: Nueve meses en nueve semanas.

(Voz de Jacob)

"¡Te pillé!" Afirmé cogiendo a mi esposa en algo teniendo mucho cuidado con el bombo que ahora tenía y haciéndola reír cuando nos caímos hacia atrás y se me calló encima en el agua. "Ahora ya no te dejo huir. Eres... toda... mía..." Afirmé feliz aprovechándome para darle un beso tierno.

"Vale, vale." Me dijo sonriendo. "Pero bájame o te fastidiaré la columna con mi peso."

"Perdona, pero soy el hombre más feliz sujetando a mi bella esposa y a mi hijo o hija." Le dije dándole otro beso para sacarla a la toalla.

"Jacob, por favor... que parezco una vaca lechera..." Me dijo seria. "Aún no entiendo cómo puede ser que quieras jugar por las noches cuando me duele todo, si debo dar hasta arcadas viéndome en bikini y cuando me estoy cambiando."

La verdad es que se escondía de mí para cambiarse, y eso por no decir que solo dejaba la puerta del baño abierta si en la bañera había al menos una capa de palmo de jabón.

"De eso nada." Afirmé tumbándome a su lado. "Eres la mujer más bella del mundo, y de vaca nada. A veces pienso que no estás lo suficientemente grande."

"Estás loco." Me dijo sonriendo mientras le tocaba la tripa.

"No, me encanta lo suave que tienes la tripa." Afirmé acariciándosela antes de darle un beso.

La verdad es que para mí seguía siendo la misma chica perfecta de siempre. Y sí, su bombo me encantaba, era suave y a veces, como ahora, sentía al bebé pegarme patadas.

"¡La he sentido!" Afirmé haciéndola sonreír. "Hola, peque..."

"Estás loco." Me dijo riéndose y dándome un beso. "Pero eres un loco encantador, Jake." Entonces volvimos a besarnos otra vez y me susurró suavemente. "Mi encantador y apuesto marido."

"Dímelo otra vez..." Le pedí. "Dime otra vez qué soy tuyo..."

Entonces sonrió mientras volvíamos a besarnos.

"Mi marido..." Afirmó entre beso y beso. "Mi marido... mi apuesto y encantador marido perfecto..."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

Hacía ya casi un mes que habíamos llegado a aquella isla donde vivíamos en una cabaña de lujo en un complejo que ahora estaba vacío y donde solo venían a meternos el catering cada medio día.

Sin embargo, lo único que hacía aquel lugar especial era Jacob, el resto era todo una mierda, al menos para mí desde hacía unas... dos semanas. Ya me resulta difícil encontrar una posición cómoda, sobre todo para dormir, y a veces no podía inhalar aire con profundidad, por lo que aunque podía pasar sin respirar, a veces tenía la sensación de que me faltaba aire. Se supone que se debía a que el útero a medida que crezca estará ejerciendo más y más presión en los demás órganos de tu cuerpo, y los pulmones sentirán una falta de aire. Además, sentía la necesidad de orinar cada vez más seguido, también de noche, lo que era un coñazo para Jacob que parecía tener un oído en mí siempre y se despertaba cuando yo tenía que ir al baño.

Eso por no decir que ahora parecía una puñetera vaca lechera, tenía los tobillos, pies y manos un poco hinchados. Y dolor de abdomen, por no hablar de la maldita sensación de acidez cada vez que comía algo, por suerte la gelatina y los lácteos lo calmaban, así que llevaba dos semanas comiendo exclusivamente eso mientras Jacob se comía el resto de comida normal, y si alguna vez comí de lo otro por evitar preocuparle, evitaba las frituras y las frutas así como el café y el té.

Lo peor era que cada vez estaba más cabreada y destruía más cosas debido a que ahora Jacob no podía ni ponerme un dedo encima sin que me doliese algo, por lo que de copular ni hablar.

Eso sí, Jacob era el motivo por el cual lo sobrellevaba todo más o menos bien. Le quería, le quería con locura...

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

"Mañana vienen ya a buscarnos." Me dijo Alex mientras cenábamos, bueno, yo cenaba y ella medio cenaba porque últimamente cada vez que comía algo le daba acidez así que se alimentaba con miles de yogures y gelatinas. "¿Tienes ganas de regresar a casa?"

"Ni de coña." Afirmé. "¿Volver a tener que preocuparme si por casualidad aparece un psicópata asesino a matar a mi ahora esposa, mi futuro hijo y mi ahora familia?. ¿Tener que volver a compartirte con cuatro machos de tu raza que encima me ganan en casi todo? Prefiero quedarme aquí para siempre."

"No, si no sé por qué me sorprendo de que sigas un poco celoso." Me dijo dejando la cuchara chupada en la mesa. "Nos casamos, estoy embarazada de ti, eres el único tío al que he dejado que me ayudase durante el celo y aún así sigues estando celoso de unos tipos que son amigos, casi como hermanos."

"Lo siento pero..." Afirmé.

"No, si ya me he hecho a la idea." Me dijo. "Si yo te quiero así, con celos o sin celos... ya me he hecho a la idea."

"Te juro que lo he intentado, pero..." Dije yo para encontrarme con que estaba sentada ante mí y me plantaba un beso de esos de los que te encendían. "Hummm... Esto... no te dolía que..."

"Supongo que por una noche puedo aguantarme, con tal de que no aprietes mucho..." Me dijo.

"Moooolaaaa..." Afirmé mirándola.

Entonces sonreí mientras le deslizaba los tirantes de su ropa por los hombros para quitársela con cuidado. Dios... era perfecta, aún con bombo y todo. Pesar pesaba un poco más que de costumbre, pero nada que no pudiese cargar sin problemas.

La llevé hasta la cama extra grande que tenía la única habitación de la cabaña de aquel atolón privado que teníamos ahora para nosotros solos. Era gracioso, pero últimamente no llevaba sujetadores porque las camisetas que le habían metido en la maleta eran todas escotadas para sus sofocos y de tirantes atadas al cuello, lo que las hacían fáciles de quitar.

Con mucho cuidado conseguí quitarle los pantalones de cintura baja que llevaba. Lo del resto de ropa interior... mejor no hablar porque las llevaba de embarazada, eso sí, se quitaban genial también.

Todo iba genial hasta que toqué entre sus piernas y se estremeció ligeramente, aunque me di cuenta de que era por algo diferente al placer y recordé uno de los consejos que me dieron en casa mi familia quileute.

En los últimos meses de embarazo no se podía tener sexo con penetración porque era peligroso. Así que paré.

"¿Ocurre algo?" Me preguntó.

"No, tranquila." Afirmé dándole un beso suave en la tripa y subiendo hasta el pecho donde paré y le miré. "Es que prefiero no seguir, es peligroso para el bebé y para ti."

"Perdona, pero me duele más tenerte siempre a dos velas." Me dijo.

Eso me hizo muy feliz, prefería arriesgarse ella para hacerme feliz a mí. Me hizo muy feliz.

"No te preocupes." Le dije acariciándole la tripa y dándole un beso en la boca sonriendo. "Ahora que soy papi creo que podré aguantarme un poco. Me conformo con..." Dije acostándome a su espalda y abrazándome a ella. "Me conformo con esto."

"Vale…" Me dijo girándose para ponerme las manos en los hombros y cerrar los ojos cara a mí. "Por cierto, te lo digo con antelación. Perdón por despertarte."

"Lo prefiero así." Afirmé apoyando mi barbilla en su cabeza. "Así puedo cuidar mejor de ti."

¿Había mencionado que ahora sus necesidades de actividad habían caído en picado pero habían sido sustituidas con lo de que se enfadaba más fácilmente?

"No necesito que me cuides como si fuese una inválida o gilipollas." Me dijo molesta.

Por suerte, ya me habían avisado antes y me había tragado todos los vídeos y documentales que había podido sobre los lobos cuando comenzó lo de su 'celo' y sabía que las hembras de lobo, y en general las hembras de cualquier especie incluidas las mujeres, pasaban por una etapa bastante mala cuando estaban embarazadas. Solo que lo de la mía era cien veces peor porque estaba acelerada, en 8 semanas parecía que estaba de 8 meses.

"Hoy parece que has tenido menos dolores ¿no?" Le dije.

"Todavía es pronto para cantar victoria." Me dijo volviéndose ligeramente un poco más dócil en su enfado. "Pero bueno, al menos no he tenido tantos dolores cuando me tocabas… supongo que eso es bueno ¿no?"

"Es genial." Afirmé bajando un poco la mano hasta su vientre hinchado. "¿Sabías que los bebés crecen mejor si perciben cariño y que las caricias y el contacto físico es una forma de trasmitir calor y cariño humano?"

"Sí, pero… dudaba que tú sabías lo de los bebés." Me dijo ya dócilmente levantando una ceja un poco sorprendida y mirándome de nuevo con los ojos abiertos.

"Bueno, un futuro padre debe estar al día de todo y bien informado." Le dije sonriendo. "Eso sí, por favor… dime que tendrás el bebé con un médico… no creo que esté moralmente preparado para ver el alien que sale de… bueno de dentro de una mujer cuando pare."

Supongo que la cara que había puesto le hizo gracia porque sonrió bajando la cara como si quisiera reírse entre dientes antes de besarme dulcemente.

"Tranquilo, pedirte que me ayudases en ese momento creo que sería demasiado pedir para alguien como tú." Afirmó. "Ya he pactado con Chad y Carlisle que lo hagan ellos cuando llegue el momento."

"¿Has hecho hoy tus ejercicios?" Le pregunté recordando que Carlisle me había llamado para pedirme que le hiciese hacerlos cada día.

"Lo de la mañana y luego he hecho unas series de respiraciones en la playa, mientras tú te bañabas." Me dijo.

"¿Y esta noche?" Le pregunté.

"Esta noche estoy mucho mejor, además, no he tenido tiempo." Me dijo sonrojándose y sonriendo. "A alguien pareció no importarle saltarse los postres, y yo pensaba haberlos hecho después de cenar y reposar un poco la poca cena que como."

"Pues de eso nada." Le dije incorporándome. "Ahora mismo a hacer tu gimnasia."

"Jacob, cariño… ¿Has visto que hora es?" Me preguntó. "Es muy tarde… vamos a dejarlo para mañana…"

"No, de eso nada." Afirmé cogiéndola en brazos. "Ahora mismo. Venga… no me hagas enfadar a mí…"

"Ja, llevamos menos de un mes casados y ya parecemos un matrimonio de hace años." Me dijo bromeando.

"Venga a hacer tu gimnasia." Le dije dándole un cachete suave en broma.

"Pensaba que te gustaba con bombo y todo." Me dijo casi sonriendo y poniéndose una camiseta de embarazada por encima.

"Y me encanta, estoy pensando que cuando des a luz te voy a pedir que vuelvas a ponerte así…"

Eso la hizo reír definitivamente mientas la dejaba bajar de mis brazos y sentarse en un cojín en el suelo para comenzar a hacer la tabla de 12 ejercicios que nos había mandado Carlisle por fax a la gente que venía a la mediodía a hacer la cabaña para que nos la pasasen.

Ejercicio 1: Sentada con la espalda recta y las piernas dobladas, apoyando planta con planta, sostener los brazos a la altura de los hombros, levantar contrayendo, doblando codos y bajar a la altura de los hombros nuevamente, repetir 8 veces.

Ejercicio 2:Acostada boca arriba, levantar los brazos al mismo tiempo que contraes tus músculos abdominales y levantas tus piernas dobladas, este ejercicio también puedes hacerlo tomando con ambas manos tus músculos abdominales una vez contraídos, levantando las piernas dobladas, repetir de 6 a 8 veces.

Ejercicio 3: Sentada con la espalda recta, dobla y contrae los brazos y ciérralos al frente apoyándolos con fuerza, sube y baja los brazos, repite de 6 a 8 veces.

Ejercicio 4: Colócate en cuclillas, manteniendo recta la espalda, de preferencia apoyando los talones en el piso, sin dejar que los pies roten demasiado hacia afuera o adentro, empuja las rodillas con tus brazos para estirar los músculos de la parte inferior del muslo.

Ejercicio 5: De pie con la espalda y piernas rectas y abdominales contraídos, contrae los perineales (músculos alrededor de la vagina) y contar de 1 a 8, bajar lo más que se pueda, abriendo más las piernas relajando los músculos perineales, contando de 8 a 1. Repetir de 4 a 6 veces.

Ejercicio 6: De pie con la espalda recta, piernas abiertas y brazos extendidos, bajar el brazo para tocar el pie del mismo lado que has girado hacia afuera, cambiar al otro lado y repetir cuatro veces de cada lado.

Ejercicio 7: a) Con el abdomen contraído, rodillas separadas, estira la espalda y la cabeza, llevando los brazos hacia adelante estirados. b) Deja caer el peso de los glúteos hacia atrás recargándolos entre los pies, estirando la espalda, descansar la cabeza y los brazos, mantener esa posición por unos segundos, repetir de 4 a 6 veces.

Ejercicio 8: Sentada con la espalda recta, junta las plantas de los pies, haciendo presión sobre las rodillas con las manos, para tratar de tocar la superficie del piso con ellas.

Ejercicio 9: Acostada con la espalda pegada al piso, y una pierna doblada, subir la otra cuando se inspira profundamente llevando el pie en arco, al bajar, contraer los músculos abdominales y expirar. Repetir 8 veces con cada pierna.

Ejercicio 10: Con las palmas y las rodillas apoyadas en el piso sin doblar los codos, extender la columna (como gato erizado), lo máximo posible hacia arriba, por unos segundos y volver a la posición original. Repetir 10 veces.

Ejercicio 11: De pie con las piernas separadas y la espalda recta, bajar abriendo las piernas, ponerse en puntas, bajar en puntas y asentar los pies en el suelo, repetir de 4 a 6 veces.

Ejercicio 12: Apretar firmemente palma contra palma, codos levantados, contraer los pectorales y aflojar; repetir de 8 a 12 veces. Tomar con las manos los antebrazos y levantar los codos a la altura de los hombros, hacer presión, para tensionar los músculos pectorales. Repetir de 12 a 16 veces.

Y así hasta el final de la tabla. Y por cierto, a la mayoría ya les habíamos puesto nombres entre nosotros, para hacerlo más divertido.

Ejercicio 1: El baile de sentadas.

Ejercicio 2:Manos y rodillas arriba.

Ejercicio 3: Mirando a la luna y adorarla.

Ejercicio 4: El sumo.

Ejercicio 5: Mete culo y siéntate.

Ejercicio 6: El molino lateral

Ejercicio 7:Rezando a la meca.

Ejercicio 8: La mariposa.

Ejercicio 9: Patear al aire

Ejercicio 10: La gatita.

Ejercicio 11: El columpio.

Ejercicio 12: El loto.

La verdad es que era unas risas hacer los ejercicios, y yo siempre le guiaba dejando que hiciese ella todo el esfuerzo, solo para evitar que tuviésemos un desastre si se caía.

"Va, venga, dame una gatita más." Le pedí tras hacer el loto.

"Jo… que ya hemos hecho ese." Se quejó.

"Ya, pero es que me encanta verte hacerla." Afirmé para molestarla un poco en broma. "Te queda muy sexy…"

"¿Por qué no la haces tú?" Me dijo ella intentando escaquearse.

"Venga… los dos a la vez." Le dije cogiéndola de la mano para hacerla volver. "Porfa..." Le pedí antes y después de darle un beso tierno. "Porfa..."

"No es justo, sabes que no puedo negarte estas cosas." Me dijo rindiéndose.

Nos pusimos a cuatro patas con las palmas y las rodillas apoyadas en el piso sin doblar los codos.

"Gato erizado (columna arqueada hacia arriba lo máximo posible)..." Le dije haciéndolo yo a la vez. "Normal. Erizado... Venga mujer, que sé que puedes erizarte más." Le dije bromeando. "Así..." Le dije parando y ayudándola.

"Jake, me duele la espalda." Me dijo.

"Relajada." Le dije soltando para dejarla hacerlo.

"No es justo, tú lo haces una vez y ya está... a mí me haces repetirlo 10 veces." Afirmó ella.

"Venga, no te quejes tanto que yo también lo hago y no duele tanto." Afirmé ayudándola a mantener un poco la postura. "Creo que hasta estoy engordando..."

"Hasta que llegues a mi bombo aún te queda." Me dijo.

"Venga, ya está." Le dije dándole una palmadita en el culo suavemente. "Arriba, vamos a descansar un poco."

"Antes voy a comer chocolate." Afirmó.

"Ven aquí gatita..." Le dije sonriendo y cogiéndola para evitar que fuese a por ello. "Que luego te da ardor."

"Tengo antojos..." Me dijo. "¡Ay! Vale, vale. Tenemos antojos."

"¿Tú y quién más?" Le pregunté aún sujetándola con cuidado en un abrazo por debajo del pecho.

"El bebé y yo." Me dijo. "El bebé también necesita su dosis de chocolate."

"Un poquito solo ¿vale?" Le dije. "Que lo hago por vuestro bien... que luego tienes ardor de tripa..."

"Y si no me da por ir a cazar, y ahora mismo no puedo ni dar dos pasos sin que me duela hasta las pestañas." Me dijo hundiendo un cucharón en el helado de chocolate negro y amargo que había hecho que le llevasen y devorándola.

"En estos momentos me alegro de ser hombre." Afirmé bromeando. "Yo me mantengo en forma y no tengo dolores."

No, sí que tenía dolores. Dolor de cabeza, falta de sueño... como estaba pendiente de lo que pudiera necesitar en cualquier momento, si estaba dormido y ella iba al baño me despertaba y la seguía por lo cual encima tenía falta de sueño...

"Por suerte mañana llega un avión y nos recoge para llevarnos a casa." Me dijo. "Se acabó lo de molestarte por las noches y se acabó lo de ver el sol hasta que me vuelva a equilibrar."

"De eso nada." Afirmé. "Yo iré contigo para que no ataques a nadie. Por cierto... ¿vamos a seguir viviendo en la casa de tu primo?"

"Supongo." Me dijo. "Es una fortaleza casi infranqueable y está más protegida que cualquier otro lugar."

"Pensaba que ahora las cosas iban a cambiar un poco." Le dije un poco decepcionado.

Sé que ella se dio cuenta porque dejó la cuchara en el tarro y en un parpadeo estaba junto a mí acariciando mi cara y dejándose abrazar.

"Lo siento... ojala mi vida fuese más fácil." Me susurró. "Cuando todo esto acabe te dejo que escojas tú la casa." Afirmó sonriendo tristemente.

La verdad es que comenzaba a estar hasta las narices de su familia de sangre, primos o lo que quiera que fuesen ese Sorien y un tal Jagger que había oído mencionar a ratos.

Por su culpa, nosotros no podíamos vivir tranquilos, por su culpa no podíamos vivir como una pareja normal y ella tenía que ir escoltada casi siempre que saliera de casa.

"Más le vale a ese idiota de Sorien que no aparezca mientras esté yo porque te juro que le voy a arrancar la cabeza." Afirmé.

"Entonces vomitaré encima." Me dijo Alex. "Además, no quiero perder a mi 'maridito'."