Desde el otro lado
Creo que estoy perdiendo la cabeza…
Freddie estaba caminando por el parque, estaba pensando en el cambio de la rubia. Solo habían pasado tres semanas de eso y cada vez le costaba más ocultar sus sentimientos. Aunque siempre le había gustado la ñoña, ahora era más… no sabía cómo explicarlo, lo único que tenía claro era lo difícil que resultaba ocultar su atracción.
Él suspiró cansinamente antes de decidir que era hora de volver, se había saltado tres clases. No tenía ganas de escuchar la misma clase aburrida y tediosa, poco productiva de Biología y Química, de todas formas ya estaba asegurada su asistencia en las clases de verano. Subió los escalones de la entrada para encontrarse a una pequeña rubia ojeando un libro, tenía el ceño fruncido como si no entendiera nada de lo que estaba leyendo.
-¿Qué te pasa, ñoña, no entiendes tu librito? –Sam suspiró y lo miró a los ojos derrotada. Freddie sintió un escalofrió por todo su cuerpo, su mirada era penetrante y segura. Nunca la había visto así.
-¿La verdad, Freddie? No, no lo entiendo… no quiero entender, ni siquiera quiero leer –gruñó desesperada dejándose caer en el suelo.
Freddie sonrió sin proponérselo antes de sentarse a su lado, él no podía de admirarla, estaba tan hermosa con su cabello suelto y desordenado. Por primera vez la veía como una chica normal y no como la sabelotodo insufrible que era.
-¿Desde cuándo Samantha Benson no puede con una tarea de Geometría? –preguntó el castaño con sus ojos azules penetrantes.
-Desde que decidí vivir, ¿de acuerdo? –gruñó la rubia cubriendo su rostro con sus manos. Freddie la escuchó susurrar algo que no pudo entender. –"No puedo con esto, ¿Qué paso con mi vida?"
-¿Quieres ir al carnaval? –preguntó el de pronto y se maldijo internamente por su atrevimiento, de seguro se burlaría de él.
-¿En serio? Vamos, quiero escapar de este lugar –gritó desesperada y a la vez animada, algo raro en ella puesto que, a Samantha Benson, le daba terror los carnavales.
El viaje en el transporte público hasta la costa fue relativamente corto, era la primera vez que la veía hacer algo tan osado.
-¿En qué piensas? –preguntó sin apartar su mirada de la ciudad, se veía algo grande desde el mirador.
-En nada que te importe, Benson… -ella sonrió ante su respuesta y luego se volteó para encararlo.
-¿Sabes? Desearía tanto poder desaparecer, ser invisible o simplemente morir –el corazón del castaño se hundió al escuchar esas palabras. ¿Qué le había pasado para pensar de esa forma? –Este lugar es un infierno, Freddie. Tú me odias, Frank… no tengo palabras para él –dijo haciendo una mueca de asco-, Carly sigue siendo la misma… pero lo que más me duele –sus ojos estaban llenos de lágrimas-, es estar enamorada de una persona que nunca podrá quererme…
-¿Qué quieres decir? –preguntó Freddie tensó.
-Estoy cansada de fingir que estoy en el lugar correcto, estoy cansada de fingir que soy una Benson, ignorar que tu eres ahora un Puckett cuando ese debería ser mi lugar… -gritó molesta y afligida al mismo tiempo.
-Hey, ¿Qué estás diciendo? ¿Estás loca? –gritó sin contenerse. Sam por su parte comenzó a reír.
-Sí, definitivamente lo estoy… Tú no eres Freddie Puckett, yo no soy Samantha Benson... Somos todo lo contrario y de lo único que estoy segura es de mi amor hacia ti, un maldito amor que en este descabellado mundo no funcionara –no entendía nada de lo que estaba diciendo, ella estaba loca. –Amo a Freddie Benson… -susurró con amargura-, y lo he perdido.
Después de ese día, él no la vio más, ella se había refugiado en su habitación y lo peor es que, de cierto modo, Freddie creía en sus palabras. Todo era absurdo, era una locura en verdad, pero creía en ella y estaba cien por ciento seguro que el loco era él.
-Estoy perdiendo la cabeza… lo sé, pero la ayudaré… -susurró el castaño antes de entrar, sin permiso alguno, a su apartamento.
Todo estaba limpio y ordenado, tanto que le producía escalofríos. ¿Cómo puede alguien vivir de esa manera? Entró a su habitación y estaba toda desordenada, su PeraPod estaba destrozado en una de las esquinas de su habitación al igual que su computadora. Ese, en definitiva, era otro punto a su favor, le daba a entender que esa chica no era la misma que había conocido.
-¿Qué haces aquí? –gritó sorprendida y horrorizada al mismo tiempo.
-Pues… Creo que estoy perdiendo la cabeza pero te creo… -dijo Freddie bajando la mirada.
-¿Me… me crees? –susurró sorprendida.
-Tu tampoco eres la Samantha del cual yo estoy enamorado… -susurró rojo de vergüenza.
-Wow… entonces creo que estoy perdiendo la cabeza también… -susurró sonriente y él correspondió a su sonrisa.
