Disclaimer: Nada de The Walking Dead me pertenece, sólo personajes, diálogos y momentos creados a base de mi imaginación son de mi autoría.


-¡Michelle, Michelle! -me sacudió para que reaccionara.

-¡¿Qué?!

-Shh... hay caminantes allí -señaló la puerta, mientras con su mano libre me tapaba la boca. Sabía que iba a gritar. Rompí en llanto sin consuelo una vez más. -¡No seas niña y ve a buscar ese serrucho que está allá! -señaló una caja de herramientas.

Un serrucho, llaves, pinzas. Todo podía servir. Volví hasta el, crucé la tubería para tener su mano al alcance y comencé a serruchar. De izquierda a derecha, de arriba a abajo, diagonal hacia a un costado o hacia el otro... ninguna posición servía y mi fuerza no ayudaba, era completamente insuficiente. Estaba agotada, y aun así en buen estado enérgico, no lo hubiera logrado. No sabía serruchar y las esposas eran muy duras. Merle si sabía, pero claro, no podía.

-Tío, no lo logro -me quejé sin dejar de mover el brazo.

-Vamos, continua intentando.

-¡Qué no pued... argh!.

-¿Qué sucede? ¡No pares, continúa!.

Crack.

-¡Mierda! -grité en el suelo retorcida de dolor.

-¿Qué ha pasado? Te dije que continu...

-¡No sé que es lo que ha pasado! ¡Tampoco se si voy a volver a recuperar este puto hueso!

-¡Deja las jodidas metáforas que no las entiendo y serrucha!

-¡Qué se me ha dislocado el hueso, hijo de puta!

-No seas artista... ¡¿a quién saliste tan niña?! ¿¡A Daryl!?

-¡Vete a la mierda, al fin y al cabo es preferible morir en una azotea que continuar conviviendo a tu lado!

Que se meta con lo que quiera... menos con lo que no debe meterse. ¡Es su hermano! ¡Y se da el lujo de insultarlo y hablar mierda encima de su nombre sin saber si quiera si se encuentra vivo o muerto! Pff... y pensar que los comparaban.

-Estás inmovilizado, se me ha dislocado un puto brazo, estamos en una azotea que es lo mismo a un suicidio, llena de mordedores... magnífico, de película, tío -sonreí de forma irónica. Si lo que estaba sucediendo ahora tenía calificación de horroroso, el sarcasmo hacía de él una blasfemia.

-Hay una pequeña asquerosa caminante allí, y su diminuto tamaño le va a permitir pasar... -hizo una pausa. -Mátala.

-¿¡Qué!?

-¡Mátala, ya está moviéndose hacia aquí! ¡Michelle, hazlo!

Arrastraba sus pequeños pies hasta nosotros. Comida fresca.
Ni si quiera estaba apurada o ansiosa por la gran carnada que tenía frente a sus ojos, que en algún pasado estuvieron llenos de inocencia.

No tendría más de siete años. Vestía un pijama rosa y su putrefacta mano se aferraba con fuerza a un osito de peluche. Quizá él era su acompañante, aquel que suele salir en los cuentos. El que te sigue a todas partes, y no se aleja hasta que llega la muerte. Aquí, la muerte... luego de la muerte.

-¡Hazlo, vamos, es un puto zombie!

-¡Calla! -grité.

Mi alarido activó sus orejas muertas, pero aun vivas en cierto modo, y comenzó a correr.
Una de las teorías que había logrado desarrollar durante el ataque zombie es que, el alma de la persona no es liberada luego de ser mordido. Continúa en el cuerpo infectado... y no descansa en paz hasta que alguien acaba con su cerebro. ¿Matarlos? no, asesinarlos de una forma cruel, con odio.

Destrozar el candado que los tenía atrapados en un cuerpo vacío, por así decirlo... pero la mirada de esta
pequeña infectada rogaba una bala, no una flecha. Una 'muerte digna', después de lo que le había dado este mundo.

¡BOOM!

-¡¿Qué has hecho?! ¡Fue una maldita bala desperdiciada, haz alterado al resto! ¡Ahora están como locos! -Merle señaló a los walkers que aun quedaban tras la débil 'trampa' de la puerta. Eran aproximadamente unos quince, y aumentaban con los minutos.

Ignorando su escándalo sin sentido, tomé el oso de la niña. Su nombre era Summer, la tela del peluche llevaba escrito su nombre. Ahora Summer descansaba en paz.

-¡Escapa! -me sacó de mis pensamientos. Había logrado encontrar algo como mi propia iglesia. Un lugar silencioso, en el que sólo yo habitaba. Mi historia escrita en forma de biblia y mis reglas como mandamientos.

-¿¡Por dónde quieres que escape si estamos en una jodida...

-Por la salida de emergencia -bajó el tono de su voz. No estaba relajado, estaba adolorido.

-No voy a ir sola.

-Michelle... olvida todo lo que dije. Mierda, eres fuerte. Intenta alcanzarlos. ¡Rastrealos! y ve con ellos a su campamento. Si te va mal, los saqueas y te marchas continuando con lo tuyo... sola.

-¡No voy!

-¡Maldición, te llevo 30 años, yo mando aquí! ¡Ve o me suicido aquí mismo!.

Merle Dixon. El tío más cariñoso del mundo, aun cuando este estaba lleno de tíos y tías.

-Michelle... te lo ruego. Hay una oportunidad... aprovechala. ¡No hay tiempo! -gritó al ver que más walkers se acercaban y gruñían desesperados. -¡Voy a salir de aquí, lo prometo!

-Adiós -le dí un beso, tomé el arco y las mochilas, pero al notar que iba a hablar, paré.

-No me van las cursiladas... pero estoy completamente orgulloso y... todo lo que ya sabes. Te quiero, pocitos.

-También, tío.

-¡Corre, vamos vamos! -intentó ocultar su tristeza.

Sin mirar atrás, comencé a correr hacia la salida. Frené para escuchar una última vez a Merle. Como era de adivinar, estaba insultándose a si mismo, a Dios, al mundo, a los walkers... seguramente a muchas cosas más. Se estaba cagando en todo.

Volví a caminar cuando culminó aquel trabalenguas de maldiciones. El pasillo era extenso e inútil, se supone que una salida de emergencia tiene que ser fácil y rápida, pero esta hasta atravesaba por un cocina que, extrañamente, no había sido saqueada... aunque tampoco estaba completamente variada de alimentos. Algunas sopas enlatadas, harina, sal, polenta, arroz... tomé todo lo que hubiera a mi alcance.

Ya llevaba una mochila completamente cargada de comida y dos botellas con agua mineral. En estos momentos, era como hallar oro dentro de un cactus. Aunque... con un par de botellas no iba a alcanzar. Necesitaba más, y las tenía frente a mis ojos. Bueno, la ropa de más no es tan importante. La saqué y la dejé sobre un estante a la vista, al menos alguien que pasara por aquí iba a poder disfrutarla... pero el espacio aún era insuficiente.
Argh... el maquillaje.

-¿Agua o maquillaje? ¿Agua o maquillaje? -discutí conmigo misma... ¿sino con quién más lo iba a hacer? -¡Carajo!

Con un dolor estúpidamente profundo en el fondo de mi corazón, tiré lejos con rabia el único recuerdo de mi adolescencia, excepto el delineador. Algo podía quedar. Guardé algunas botellas más y salí casi volando... pero el pasillo no finalizaba. Había tres escaleras por bajar antes de llegar al último piso. A la par que iba descendiendo, se veían muchas puertas cerradas. Emitían gruñidos. Quizá este lugar antes había sido un barrio de departamentos, no de los más lujosos. Estaba completamente infectado. Lo más seguro es que los
inquilinos hallan entrado en pánico cuando una horda de walkers pasó arrastrando los pies detrás de sus puertas y se hallan suicidado... dejando todas estas... ¿cajas de papel higiénico?
Iba a ser como cagar y limpiarse con dólares. Gran cambio, pasar de hojas de árboles a un rollo de estos. Tomé 5 en una bolsa, y la até al cinturón que llevaba puesto.

¡Mierda, aun quedaban dos escaleras! Dejé de hacer ruido para no alarmar más a los raros que estaban dentro y arranqué mi caminata sigilosa... cuando escuché un grito de Merle ahogado en dolor. No iba a volver. Empecé a correr sin si quiera pensarlo. No quería imaginar por lo que estaba pasando. Suerte para él... y a partir de ahora, para mi.

Abrí la pesada puerta de fierro... y 'se hizo la luz'.

No había ningún muerto caminando. Si hubiera sido así, declaraba mi muerte allí mismo.
Continuando el sendero de tierra, me aproximaba a un pequeño pueblo, no iba a ser difícil. Con suerte había quince casas, un par de negocios, una plaza y la municipalidad. Me adentré en sus calles, y me crucé con un bar, de los que tanto solían halagar Merle y papá los fines de semana. Luego de chequear que estuviera vacío, ingresé. Estaba polvoriento y lleno de telarañas... hoy en día, eran ellas quienes menos me asustaban, cuando antes, les tenía terror.
Tenía un hermoso balcón, extraño, para un lugar de borrachos anónimos. Tomé una botella de whisky cerca de su fecha de vencimiento y me senté en este, dejándo mis piernas colgando. Mi primera experiencia alcohólica... no es la típica en la que estás en un fiesta, con amigos, y te apuestan a que no tomas ni la mitad del vaso... estaba sola, y en el fin del mundo.
Los primeros cinco tragos fueron horribles, quemaba mucho, el alcoholismo era cuestionable... pero luego de otros cinco, ya se sentía bien. Y otros cinco... y otros cinco... ¿así era como las personas se ponía ebrias?. Para no llegar a aquel punto, me incorporé, guardando la botella en un espacio de la mochila. Pesaba mucho. Pero no iba a desperdiciarlo.
Moviendo la lengua, pude sentir una vez más el gusto dulce sobre mis labios, y de una forma varonil y casi bruta, limpié la saliva de estos con mi mano. Mirando hacia el horizonte, se podía ver que a diez cuadras más el lugar se convertía en el infierno... así que volví por donde había venido, oootra vez a recorrer el sendero... y ver hacia donde encaminaría mi vida. No había lugar donde sobrevivir.
Casi llegando, nuevamente, a Atlanta, había un camino de piedras que llevaba a un campo, alambrado y con un lago, que no había visto en la ida. Bueno, si no tenía suerte en la gran ciudad esa iba a ser el Plan B... y si no funcionaba, quien sabe si existiría un Plan C.
Escuchaba pasos detrás míos. Mierda, era imposible que una pequeña entrada, prácticamente oculta, se halla llenado de caminantes en quince minutos... pero nope, no eran ellos.

-¿¡Poli, otra vez esto!? -me quejé al distinguir la mano de Rick en mi espalda, y su sombra acompañada a la de un hombre, armado con una ballesta.

-Lo siento, no te reconocí -río. -Eh ¿te gustó el sombrero de sheriff?

-Claro que me gustó, ahora es mío.

Aun de espaldas al dúo de aparición misteriosa, me incorporé relajada, recordando que no eran asesinos. No eran razón para temerles... pero aquel hombre, no dejaba de observarme... ¡como si fuera peligrosa!

-¿¡También eres policía, qué estás apuntando todo el rato con ese juguete!? -le grité sin verlo, hasta que giré para distinguir su cara. Alto, ojos azules, con el cabello un poco más largo... era él.

-¿Michelle? -susurró Daryl, dejándo que la ballesta caiga.


Llegó el encuentro Dixon. Gracias a los que van dejando reviews y favs, y obviamente, también a los "lectores ocultos"... aunque nunca viene mal algún comentario anónimo, inténtelo... jeje.

Quiero dejar algo en claro, antes de continuar con el siguiente capítulo... para aquellos que no lo notaron, cambié de lugar a Summer. La niña del oso de peluche, que Rick asesina luego de intentar ayudarla sin ser consciente de que era un zombie... primer temporada. watch?v=59c842hVxD4

Y, algo que no tuve tiempo de aclarar por apurada... 'pocitos', solía ser el apodo de Merle hacia Michelle, por esos hoyuelos que se forman en las sonrisas. 'Hoyuelitos' no sonaba bien... y bueno, fue eso lo que quedó, completamente cursi.

Se aceptan sugerencias y, por supuesto, más reviews! Gracias por leer