-¿Qué hacen aquí? Teníamos todo bajo control.-

Dice Thresh pero Mordekaiser contesta burlándose.

-Pude notarlo en cuanto entramos. –

Con voz de autoridad interrumpe el Lich.

-¡Suficiente! Después de lo que paso aquí, la noticia se esparcirá por toda tierra de vivos.-

El maestro de metal prosigue.

-De ahora en adelante supongo que tendremos visitas indeseadas más seguidas en las Islas. Quizás hasta venga el mejor amigo de Thresh.-

Da un pequeño golpe en su espalda en son de burla nuevamente.

-Oh no te preocupes Mordekaiser. Tengo algo que moriría por ver. –

Una sádica carcajada sale del carcelero.

-Nosotros regresaremos a las Islas y esta vez nos aseguraremos de no dejarla escapar otra vez.-

-Confió en ello Hecarim.-

El enorme centauro la toma y la coloca en su hombro. Thresh levanta su linterna abriendo la puerta a las Islas para transportarlos de nuevo a su oscuro hogar.

Islas de la Sombra – Un día después de Freljord

-Hay dos cosas que detesto y es que me vieran la cara y la otra los yordles.-

Menciona la joven ya despierta, encerrada en una jaula en medio de la gran habitación de su espectral anfitrión.

-Al menos te tomaste la molestia de poner una barrera para no escaparme.-

-Es solo temporal, pero tu conducta amerita que estés en mi prisión con los demás, querida.-

Eridan se estremece un poco. Sabía que la reputación de torturar era exclusiva de él, y tan solo imaginar lo que le esperaba o lo que vería, la ponía a temblar.

-Mmm parece que tus latidos se aceleraron, acaso… ¿tienes miedo?-

-Aún estoy viva y consiente, no hay nada que me retenga tenerte miedo Thresh.-

-Tienes valor para decirlo, usualmente mis victimas quedan petrificadas en cuanto están ya en mis manos.-

La joven se sienta en la jaula con la cabeza agachada y con un ligero temblor que trataba de ocultarle. El carcelero le da la espalda para retirarse pero antes dirige unas palabras a ella.

-Debes saber que Karthus vendrá pronto para sellar lo que te queda.-

Con cierto pésame se retira Thresh la joven se arrastra hasta los barrotes para tocar la barrera con desesperación. Sus ojos reflejando tristeza y así de reojo lo nota Thresh saliendo con ese mismo pésame.

Pasa casi una hora cuando la joven se levanta y oye voces al otro lado de las puertas, aproximándose.

-¿Estás seguro de esto? No sabemos si sea debido continuar con esto. Si muere puede que todo lo que le quitaste regrese a ella.-

-Entonces una vez que termine con ella, asegúrate que empiece a pensar como una de nosotros y no se aferre a su vida.-

-Conoces mis métodos, Karthus. Nunca has estado de acuerdo con ellos. Estás desesperado.-

-Solo por esta ocasión se requiere tus métodos. Y si estoy desesperado por que acepte nuestra verdad.-

Finalmente ambos entran al cuarto.

-Hola, Eridan. ¿Disfrutaste tu viaje a Freljord y alejarte de tu hogar aquí con nosotros?

Ella no tenía valor para verle a los ojos y se queda sentada en su jaula con la cabeza agachada.

-Pero ya me has quitado mi fuerza. ¿Qué quieren de mí?

Dice en un tono inocente y triste. Thresh abre la barrera y jaula sacándola para el Lich. Karthus pone su mano en la mejilla de ella.

-Pequeña niña, escondes aun suficiente poder. Por esta ocasión conocerás compasión por parte mía. Esta vez prometo no dejar ese temible poder dentro tuyo. Ahora querida niña, duerme…-

La mano que tocaba su mejilla se ilumina poniendo a dormir a la joven, antes de caer el carcelero la sostiene y recuesta. El lich toma su libro y empieza a ojearlo. Su profanación sale en coros a su alrededor, mientras una delicada y pequeña esencia negra sale de la boca de Eridan; Karthus la guía hasta el cristal en su báculo luminoso.

Apenas pasan unos minuto y saca completamente el poder, la piel de la joven se torna blanca como el mármol y sus labios un todo purpura por el frio que sentía.

Ya sin poder, ella yacía entre lo vivo y lo muerto, debilitándose de a poco, difuminando es delgada franja. Contemplando el poder dentro de su báculo Karthus se retira dándole orden a Thresh de encerrarla nuevamente.

Thresh la toma en brazos notando sus lágrimas en las mejillas y así mismo escucha el susurro de una mujer en toda la casa. Sin darle mucha importancia, toma a la joven y se retira a sus prisiones.

Así pasa nuevamente el tiempo hasta que despierta Eridan, oye lamentos y llantos a su alrededor y mira borrosamente delante de ella observando el piso y sus manos frente a ella con grilletes. No podía moverse, sintiéndose cansada y débil. Una gran tristeza le invadió por el terror que le daba el lugar y el sentirse traicionada.

Pisadas se acercan, apareciendo al mismísimo carcelero ya dentro de su celda, frente a ella. Manipula las cadenas para levantarla y ponerla entre sus brazos.

-Te ves tan hermosa con tu nuevo tono de piel. Tan frágil y sin vida.-

Con una mano acaricia su rostro limpiándole sus lágrimas; ella se intentaba resistir a sus acciones.

-Sabes que aunque no aceptes lo que eres, no puedes negarte que tu hogar es aquí con nosotros. Por favor Eridan, no hagas esto más difícil. Sabes de lo que soy capaz de hacer a quien caiga en mi poder.-

Él acerca su calaverico rostro a los pálidos labios de Eridan, rozándolos con delicadeza como si los besara. Se detiene secamente a escuchando un llamado de los demás. Deja recostada a la joven y se retira rápidamente, desapareciendo casi al instante.