Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.

La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.

Nota: Son varios personajes, en total cinco, así que será una serie llamada: "Serie Bestias Genéticas".

Capítulo beteado por Manue0120, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction.

Esta historia está protegida por Safe Creative por elCódigo: 1906230615843

Fecha 08—Feb—2016 14:40 UTC

Licencia: All rights reserved

.

El deseo de tu calor.

Capítulo 2.

El dolor atraviesa mi cuerpo mientras trato con todas mi fuerzas salir de los grilletes que me tenía prisionera; entre más intentaba halarlo más se aferraba a mi carne, estaba sangrando en mis muñecas y tobillos, las gotas de sangre se deslizaban por todo mi brazo. Los gritos de agonía provocaban una sonrisa en el Doctor.

Cuando por fin paró de presionar el interruptor que mandaba electroshockes a mi cabeza, el sudor cubrió mi cuerpo y mis fluidos salivales se escurrían por mi boca. Él se fue acercando hasta llegar a mi lado, negó con su cabeza y sacó de su bata un pañuelo blanco con la finalidad de limpiar mi cara.

¿No te he enseñado modales, Isabella? Sonrió—. ¿Entiendes por qué debes ser educada? Negué con la cabeza, mirándolo con odio—. Porque eres mía y te encontraré...

.

Me desperté sobresaltada, el lugar donde me encontraba estaba oscuro, iluminado únicamente por la luz de la luna, la cual atravesaba unas ventanas con algunos vidrios rotos.

¿Dónde estaba?

Intenté de levantarme, pero la herida me dolía como los mil demonios, sin pasar por alto lo débil que me sentía en esos momentos. Mi estómago gruñó, tenía hambre y sed. Un leve gruñido me puso en alerta, ¿no estoy sola? Había alguien más conmigo, lo podía sentir. Olfateé varias veces y me sorprendió la fragancia adictiva que percibí. ¿Vainilla? Esto era extraño, mi cuerpo se sentía raro. ¿Estaré enferma? Quizás había cogido un virus en el bosque cuando escapé, hacía calor y mi cuerpo quemaba, mi respiración se tornaba más agitada y traté de controlarme. Un ruido se escuchó detrás de mí.

—Te das la vuelta y te mato. —Se escuchó una voz ronca.

—¿Q-Quién eres? —Tartamudeé—. ¿Por qué me has traído aquí?

—Que quede claro algo, las preguntas las hago yo, no tú. Así que dime, mujer, ¿qué hacías en los laboratorios? ¿Eres una maldita científica? —Podía sentir su mirada por toda mi parte trasera—. No lo pareces, te ves muy joven y escuálida como para hacerlo.

—¿Que harás conmigo? —pregunté sin hacerle caso.

Tenía miedo de salir de una pesadilla para entrar en otra, aunque nada sería peor que mi destino con el doctor Roberts.

—Aún no lo he decidido, quizás te regrese...

—¡No! —Me volteé aferrándome a su cintura—. Por favor, no. No quiero regresar, prefiero morir. —Estaba entrando en crisis, le grité como loca una y otra vez que no me devolviera, mejor que me matara en ese mismo instante—. Haré lo que sea.

—¡Cálmate, muchacha! —Me sacudió con fuerza—. No pienso regresarte a esos mal nacidos, así que respira profundamente.

Hice lo que me dijo, inhalé y exhalé varias veces hasta que mi respiración fue cambiando junto con el ritmo de mi corazón. Él me tenía sujeta por los hombros, y por fin pude ver su rostro. Me sonrojé, tanta belleza no debería permitirse; olía tan maravillosamente bien que mi cordura comenzaba a flaquear, el dolor de mi herida quedó en el olvido y mi cuerpo empezó a calentarse de una manera que jamás había experimentado. Desde el fondo de mi ser pronuncié una palabra, dejándonos pasmados a ambos.

—¡Mío!

—¿Qué has dicho? —Parecía sorprendido y a la vez precavido.

—¡Tú eres mío! —exclamé juntando mi cuerpo con el suyo—. Que no se te olvide.

Sin más caí inconsciente.

.

.

Al despertar mi cabeza no dolía tanto como antes. Esta vez me encontraba en una habitación pequeña, con una cómoda y dos puertas, una de ellas destinadas a ser el baño. Me levanté como pude, y al deslizarse la sábana la sostuve fuertemente contra mi pecho, sonrojada. ¡Estaba desnuda! ¿Dónde estaba mi vestido? Bajé, abrí la puerta del baño y comprobé si había agua caliente, me duché y agarré una bata de baño para cubrir mi desnudez.

Me senté en la cama meditando en lo que haría, no podía salir de la habitación solo usando una toalla. Corrí hacia la puerta, comprobando que estaba con llave y la ventana no se podía abrir. ¡Estaba encerrada! No sabía qué pasaría conmigo en estos momentos, pero de una cosa estaba segura: estaba mejor aquí que encarcelada con el doctor Roberts. De tan solo recordar se me revolvía el estómago.

Escuché unos pasos y mi corazón empezó a latir deprisa, tomé lo primero que vi, un simple bolígrafo, con tal de utilizarlo como defensa en caso de que piense hacerme daño. Los pasos dejaron de escucharse y el pomo de la puerta hizo "clic", abriéndose de par en par y dejando ver a un hombre sumamente alto, grandes bíceps y un rostro tan atractivo que sentí que empezaba a mojarme; los acontecimientos de la noche anterior empezaron a llegarme.

—Buenos días, muchacha, te he traído el almuerzo —anunció dejando la bandeja en la cómoda—. También puedes dejar ese bolígrafo donde lo encontraste, dudo que me hagas mucho más que un rasguño.

Me sonrojé al sentirme descubierta, así que dejé el bolígrafo en su lugar. Su olor me estaba matando, todo en él me excitaba, tanto que mis muslos estaban mojados.

—¡Mío! —le dije.

Él se exaltó.

—¿Qué has dicho? —preguntó.

—Que tú eres mío —aseveré.

Muchacha, será mejor que el doctor te revise, al parecer estás mal de la cabeza. —Me miró serio.

—Yo creo que no, más bien el doctor debería revisarte a ti, porque eres tú quien tiene problemas auditivos. —Sonreí con suficiencia—. Tú serás mío, y lo que hueles es mi deseo por ti —susurré respirando con dificultad.

—No sé de lo que hablas...

—Eso lo dices tú, pero tu pene dice otra; creo que es más sensato que tú. —Lo miré divertida.

Sin dejar que replicara me le aventé encima, besándolo en acto y dejándolo estático hasta que empezó a corresponder haciendo que el beso se tornara más desesperado y profundo. Le desabroché con dificultad los botones de su camisa, dejando ver un torso bien tonificado, rompí el beso para conducirlo hasta la cama, montándolo a horcajadas, me deshice del albornoz ante de que él lo hiciera, permitiéndole admirar mi cuerpo. Me sonrojé al sentirme expuesta de esta manera ante una persona, por lo general no era tan atrevida y descarada como para parecer toda una experta.

Él empezó a tocar mis senos con delicadeza, centrándose en mis pezones, haciendo que me volviera ansiosa por sentirlo del todo. Le desabroché el pantalón, pero antes de que le bajara la bragueta él cambió nuestra posición, dejándome debajo suyo.

Muchacha, tu olor me vuelve loco —me susurró al oído—. Quise hacerte mía desde el primer momento en que percibí tu fragancia. Desde entonces decidí llevarte conmigo, a pesar de mis dudas de si trabajabas para los doctores esos.

—Yo no...

—Lo sé —me interrumpió—. Ahora sé que solo eras una prisionera y un juguete para sus malditos experimentos.

Lo besé en la mejilla, seguido de su frente y terminé en sus labios. Ninguno de los dos dijo algo hasta que un gemido salió de mis labios cuando sentí su erección pulsando en mi entrada, se sentía grande y eso que aún no salía de sus bóxers. Su lengua jugó con mi pezón pasando de uno a otro, su mano se deslizó hasta llegar a mi coño húmedo, donde tocó ese manojo de nervios causante de mis gemidos, acarició mi clítoris y, sin previo aviso, introdujo un dedo en mi interior para luego añadir otro más; mientras me follaba con ellos su lengua jugaba con la mía y su sabor era puro pecado.

Se escuchó el ruido de un motor afuera, lo que hizo que él se levantara cubriéndome con la sábana.

—¿Qué ocurre? —Mi voz sonó algo temblorosa.

—Tranquila, es un amigo mío —explicó abriendo el armario y sacando algunas cosas—. Ponte esto, tu ropa la tiré debido a que estaba rasgada y sucia. Come algo, por favor, y después baja.

Sonrió antes de cerrar la puerta, dejándome embobada con su sonrisa, algo dentro de mí decía que era toda mía…quizás el destino nos había juntado por alguna razón. Tomé el plato de la bandeja y comí todo lo que había en él, no sabía exactamente qué era esta comida, ya que en mi celda solo había ingerido comida sintética o solo pan y agua, pero esto estaba delicioso.

Me duché nuevamente y me vestí para bajar rápidamente por las escaleras y encontrarme con él, hablando animadamente con un señor. Me detuve en medio de la entrada.

—Este...

—Oh, allí estas. Ven aquí —me llamó y con gusto me acerqué—. Te presento a Cody, el sheriff de este pueblo y amigo mío.

—Gusto en conocerla, señorita... —Me sonrió cálidamente.

—Un gusto, señor. Soy Bella. —Sonreí y sin más me senté en las piernas de él, abrazándolo por el cuello.

Los dos jadearon sorprendidos, uno asombrado pero con una sonrisa pícara en su rostro y el otro negaba con la cabeza.

—¿Y tú eres…? —le pregunté.

—Disculpa mi mala educación, mi nombre es Edward Masen. —Sonrió—. Te podrías sentar a mi lado, ¿sabes?

—¿Por que? —pregunté sin entender—. Me gusta más tu regazo.

Cody, por su parte, se estaba partiendo de la risa en su asiento, ganándose una mirada severa por parte de Edward.

—No es apropiado, Bella, tienes que comportarte como una señorita —aseveró.

—No me importa, me gusta estar aquí contigo y no soy una señorita, soy tu mujer.

—¿Qué? —exclamaron los dos al unísono.

—Señorita Bella, no diga ese tipo de cosas y más si no está casada; en este pueblo, aunque vamos con el ritmo de la actualidad, algunas costumbres se mantienen —dijo Cody tratando de parecer serio.

—Edward, entonces vamos a casarnos de una vez. —Sonreí—. Tu eres mi compañero y eso lo sabes más que nada.

—Edward, amigo, ¿de dónde sacaste a esta chica? —Cody se estaba riendo—. Es tan rara que hasta pareciera una niña de cinco años que no sabe nada del mundo y sus reglas.

—Amigo, ella es la razón de por qué por el lado norte del bosque se escuchó un estruendo. Los malditos esos la tenían encerrada para sus experimentos y la encontré en un árbol asustada y herida al seguir su fragancia, ellos aun siguen sueltos. —Su voz estaba llena de furia—. Los haré pagar a todos por lo que nos hicieron.

—Edward, cálmate que asustaras a...

Los dos miraron a Bella, quien se hallaba contemplando la ventana en silencio.

—¿Bella? ¿Estás bien? —inquirió Edward—. Lo siento, no quise ser...

—No te preocupes, no estoy mal por eso, yo solo quiero estar a tu lado y poder ver a mi mami… —Lo último lo dijo en un susurro casi inaudible para el oído humano, pero no para el de Edward que la escuchó a la perfección.

—¿Tu madre? —preguntó Edward.

—¿Eh? —Salí de mi trance.

—Bella…

—¡Edward! —grité—. ¡Quiero más comida sabrosa!

Se escuchó una sonora carcajada por toda la habitación.

—Veo que esta chica tiene un buen paladar para tu don en la cocina, Edward. Ya me voy, fue grato de conocerla, señorita. —Cody se levantó de su asiento.

—Adiós, Cody, espero que nos visites pronto —dije sonriendo.

—Amigo, nos vemos después —habló nuevamente Edward tratando de levantarse—. Isabella, ¿me dejarías levantarme, por favor?

—Oh, disculpa. —Me sonrojé.

Edward caminó detrás de Cody, mientras yo le seguía el paso parándome junto a él en la gran puerta de madera y despidiéndonos de Cody hasta que se montó en su camioneta y desapareció. Nos quedamos allí parados por unos instantes sin decir palabra alguna, hasta que me armé de valor y le salté encima, dejándolo descolocado.

—¡Quiero comida! —Sonreí.

—Está bien, entremos. —Él negó con la cabeza divertido.

Entramos y yo me negaba en soltarlo de la mano hasta que llegamos a la cocina, lo solté después de dedicarme una de esas sonrisas mojabragas, empezó a tomar un plato para servirme de las ollas con un gran cucharón. Me puso el plato enfrente de mí después de calentarlo en lo que conocía como un microondas, se sentó a mi lado animándome a comer.

—¿Me podrías explicar a qué te referías con que soy tu compañero? —preguntó Edward serio.

—Mi instinto me lo dice, porque cuando te veo mi corazón late, y a pesar que al principio te tuve miedo, ya no. Más bien siento una cosa extraña en mi bajo vientre que no puedo explicar bien, sé que cuando estás a mi lado no te quiero dejar ir. No quiero que me dejes, deseo tenerte siempre para mí como yo para ti —le dije sonrojándome a más no poder—. ¿Acaso no quieres que sea tu compañera?

—No he dicho tal cosa, solo que pensé que conociendo a los humanos todos buscan conocerse y formalizar una relación estable antes de dar el paso final, como el matrimonio por ejemplo —me explicó.

—Yo solo quiero estar a tu lado. Si quieres casarte nos casamos hoy mismo, no le veo el problema. —Me encogí de hombros tratando de darle una sonrisa coqueta.

—Isabella, el problema no es ese. ¿No quieres encontrar a alguien mejor? ¿No quieres enamorarte y tener muchos hijos? —Trató de hacerme entrar en razón, fallando en el intento.

—Yo solo quiero sentir tu gruesa polla en mi interior y que vayamos practicando cómo hacer lindos bebés como tú. —Sonreí.

—Creo que no estás entendiendo lo….

—Quiero que solo seas tú quien me toque. No digo que no haya visto hombres, en mi celda siempre habían doctores muy jóvenes y atractivos, sin embargo, lo único que sentía por ellos era repugnancia. —Lo interrumpí.

Dicho esto me levanté lentamente de mi asiento para posarme frente de él, con mis manos le arranqué la camisa haciendo saltar algunos botones, lo miré como si fuera una rica barra de chocolate, todo en él era perfecto y duro.

Su expresión era pura perplejidad.

—Dejémonos de juegos, sé qué es lo que deseas y no te atrevas a negarlo, tu polla te desmiente, bebé. —Lo besé en la comisura de los labios.

—Eres una chica muy mala, Isabella. —Negó resignado—. ¿Sabes lo que le pasa a las chicas malas? —Negué con la cabeza—. Probablemente este sea el primer castigo que vas a disfrutar…

Edward sonrió de medio lado, podía sentir el deseo recorrer todo mi cuerpo como una electricidad arrolladora, mis jugos estaban desbordándose por mis piernas y mis paredes vaginales se contrajeron cuando su mano se posó en mi coño por encima de la ropa. Un gemido escapó de mis labios agrandando su sonrisa, me levantó por las nalgas hasta dejarme en el mesón de la cocina, tirando todo al suelo sin importar que quedara un desastre. Mi blusa fue rasgada quedando hecha añicos y lanzada a alguna parte del suelo junto con los vaqueros, las bragas de encaje a juego con mi brassier rojo pasión.

—Te ves sexy con la ropa interior que te escogí, es una lástima que tenga que desaparecer.

Un beso suyo me descolocó por completo, me entregué a él completamente, mis caderas se mecían intentado encontrar la fricción necesaria en nuestros cuerpos. Edward se separó un poco para deshacerse de lo que le quedaba de ropa, se volvió abriéndome las piernas que gustosamente le permití acceso, al sentir su lengua áspera por todo mi coño mi piel se erizó arrancándome un jadeo acompañado con su nombre. Mi clítoris estaba muy sensible, estaba a punto de llegar, mis paredes se empezaron a contraerse excesivamente, un grito de placer inundó la casa cuando un dedo se adentró en mi estrecha cavidad seguido de otro en un vaivén acompasado con sus lamidas, hasta que fue subiendo desde mi vientre haciendo un recogido hasta mis pezones para darle un poco de atención.

Sonrió en mis labios y me besó, haciendo que probara mi sabor. Su olor me estaba matando, sus dedos no dejaban de juguetear en mi entrada, cada vez que estaba por llegar al final él retiraba los dedos sonriendo malicioso, me estaba frustrando y a la vez me excitaba. Me tomó de las nalgas suavemente hasta posicionar su gruesa polla en mi entrada, me besó fogosamente haciéndome olvidar de todo a mi alrededor, hasta que sentí cómo se adentró en mi cuerpo de una sola estocada, grité de dolor y placer al mismo tiempo. Edward permaneció unos minutos sin moverse, masajeaba mis senos y besaba mi cuello. Salió de mí para entrar una vez más haciéndome jadear, su vaivén era alucinante, no pensé que hacer el amor fuera tan increíble y que Edward estuviera conmigo aquí era más que perfecto. Sus ojos verdes eran ahora un verde muy nublado debido a la lujuria, sus embestidas se hacían más rápidas y largas, gritando mi nombre como un poseso.

Mi cuerpo le pertenecía desde el momento en que me tocó por primera vez.

Edward cambió de posición, dejándome en cuatro para volver a penétrame todavía más profundo, su pene lo sentía besar mi útero y se sentía tan bien que estaba empezando a olvidar hasta mi nombre. Solo éramos Edward y yo. El mundo exterior ya no tenía importancia mientras él estuviera a mi lado. El mesón se sacudía un poco con cada embestida, pero no lo suficiente como para hacernos caer; los jadeos, gemidos y gruñidos eran lo único que se podía escuchar por toda la casa.

Sentí mis paredes vaginales succionar todo el pene de Edward, quien me agarró por las caderas para penetrarme con más urgencia, estaba por venir y él también estaba por llegar, cuando gritamos nuestros nombres mi coño seguía bebiendo la semilla de Edward hasta dejarlo seco. Caímos rendidos hasta que él me cargó y me llevó a una habitación muy grande y espaciosa, donde los dos nos quedamos dormidos.

.

Se encontraban atados de manos, suspendidos en el aire y con marcas en sus espaldas de latigazos, su sangre salpicada en las paredes blancas. El hombre se limpió la cara con un pañuelo y se puso sus lentes, mientras daba señales con las manos para que los liberaran finalmente.

—¿Ven? Esto es lo que les pasa a los que no están en sus horas de vigilancia cuando ocurre un ataque. Ahora mi pregunta es…

Todos estaban estáticos y nerviosos por lo que haría con ellos el doctor, los hombres que hace rato estaban colgados fueron llevados a urgencias, quedando solo uno por llevar hasta que volvieran los paramédicos internos.

El doctor se centró en el medio de los cientos de soldados que lo miraban expectantes y temiendo cuál sería su siguiente movimiento, todos sabían que él estaba loco y obsesionado por el experimento M-16.

—¿Dónde demonios está la conejita? —rugió alto, haciendo que algunos tragaran grueso.

—Lo sentimos, no la encontramos por todo el perímetro y algunos de nuestros mejores hombres después de la explosión estaban desmembrados en varios puntos de vigilancia —explicó el soldado mayor.

—No me interesan tus explicaciones baratas, encuentren al experimento M-16, ella es muy valiosa para la investigación —gritó disparando al hombre que quedaba por llevarse a urgencias—. Encuéntrenla, busquen información en los pueblos cercanos, chantajeen, maten, den recompensas, busquen debajo de las piedras, hagan lo que sea necesario pero la quiero devuelta a mi lado, ¿entendido?

—¡Sí, señor! —gritaron los soldados al unísono.

El silencio embargaba el lugar, el sonido del aire acondicionado y algunos gritos era lo único que se podía escuchar. Nadie se atrevió a moverse de su lugar hasta que le dieran la orden, no querían morir a manos de alguien tan bizarro como el doctor, él no tenía sentimientos y mucho menos piedad hacia una persona que no fuera su preciado experimento, el cual conocían por los rumores en las instalaciones del recinto.

—Arrójenlo a los sujetos del ala X —dijo sin importancia—. El que no quiera ser comida mejor que se pongan a trabajar y la encuentren, gusanos. Ahora salgan de mi vista si no quiere morir alguien más.

.

Me desperté y mi alrededor seguía claro, lo que significaba que no llevábamos mucho tiempo durmiendo o al menos yo no, ya que Edward seguía abrazándome posesivamente con su respiración acompasada. Sentándome en la cama lo observé detenidamente, sus piernas bien torneadas y ese hermoso culo que toqueteé hace unas horas atrás, me dolían ciertas partes y al recordar todo me sonrojé.

—¿Quieres que te folle?

La voz ronca de Edward me hizo mojar en tan solo un instante.

—¿No estabas dormido? —pregunté sorprendida.

Me apretó más contra su pecho haciendo que volviera a recostarme en la cama.

—Llevo despierto mucho antes de que te levantaras, muchacha. —Sonrió de lado—. Si seguías comiéndome con la mirada no tendría más opción que follarte larga y duramente hasta que perdieras la conciencia.

—¿De verdad? —Me emocioné con tan solo esas palabras—. ¿Probamos ahora mi resistencia a tus folladas?

—No juegues con fuego, Isabella, si no quieres quemarte —gruñó.

—Tal vez yo deseé quemarme con tu ardiente fuego —ronroneé tocando su polla erecta, provocando que gruñera nuevamente.

—Isabella —advirtió.

—¿Qué? No estoy haciendo nada malo —alegué pícara.

Me ubiqué entre sus piernas antes de darle tiempo a reaccionar, él alzó una ceja y se sorprendió cuando tomé su polla entre mi mano, dándole un ligero apretón. En los libros que me obligaba a leer el doctor Roberts salía que a los hombres les gustaba una buena mamada. Su polla era enorme, incluso más ahora porque estaba lleno de sangre, sus bolas se palpaban duras, deseosas por liberar su esencia. Era caliente, su polla latía furiosamente entre mi mano, como reclamando que hiciera algo.

Edward me tomó del cabello instándome a acercarme a su polla.

—Chúpala… Chúpala duro.

Mi mano se movió por instinto de arriba hacia abajo sobre su polla, lentamente, haciendo la tortura más larga y deliciosa. Un líquido transparente brotó de la punta, me relamí mis labios y lo probé, saboreando su sabor. Era salado y picante, todo en él era pecado puro.

Su aroma me estaba embriagando, cuando me agarró el cabello para aumentar mi velocidad me detuve y sonreí mirándolo maliciosa, lo chupé con movimientos deliberadamente lentos de mi lengua y usando los dientes un poco por su glande, él gimió mi nombre lo cual fue música para mis oídos. Envolví mis labios en la cabeza de su polla y bombeé adentro y afuera. Estaba tan grande, tan hinchado en mi boca, lo saboreé con mi lengua hasta sacarlo y concentrarme con mi lengua en su pequeño orificio, mientras lo estimulaba con mi mano y con la otra mano tocaba sus bolas.

—¡Oh Dios! Isabella, me estás volviendo loco —jadeó—. Estoy cerca…. Quiero que te lo tragues todo…

Eso era lo que mas deseaba, que se corriera, quería sentir su liberación y saborearla. Los movimientos de mi mano se hicieron más rápidos, continué chupando fuertemente su cabeza, Edward gruñó estirándose en la cama hacia atrás, aprensando en sus puños las sábanas mientras su semilla era vaciada en mi boca.

Nos miramos unos segundos y él me tomó en sus brazos para volver acostarnos en la cama, todo mi cuerpo estaba adolorido y deseaba descansar un poco. Sabiendo que la noche prometía más que "dormir", me acurruqué en sus brazos sonriendo.

—Duerme, muchacha… me quedaré hasta que te duermas —susurró.

—¿Te irás? —pregunté con temor alzando mi cabeza.

—Solo iré hacer unas compras para la cena. —Se rio dándome un beso en la punta de mi nariz, con su mano me pellizcó una nalga—. Descansa. Después de la cena no te salvas de una buena follada por quemarte con mi cuerpo.

Me reí entre dientes.

.

Continuará…

n/a: chicas lo siento si no actualice como prometí pero ocurrieron miles de escusas y varias en el grupo de facebook les explique mis motivos, espero les allá gustado y nos leemos en la próxima. Besos y gracias por sus comentarios.