Holiiii yo por aquí de nuevo :3
Vuelvo a dar la lata por aquí por dos razones. Primero, porque veo que ha gustado *yo feliz* y me puse a pensar en la historia y se me ocurrió algo. NO ESPERÉIS FINAL FELIZ.
Segundo, porque al ser un POV de Danny creo que no se entendió bien el porqué Doug toma dicha decisión (claro, yo lo veo fácil porque tengo en mi mente los dos puntos de vista y tal) y por eso aquí va este trozo de historia.
Con esta cuarta parte, que tiene un título diferente (You and I must fight for our rights), también sacado de la misma canción de mis adorados Muse, doy por concluida definitivamente este OS.
Yo esto lo considero la "redención de Poynter", ya veréis por qué JAJA.
Y agradeced este pequeño regalito extra (porque cuando pensé esta historia esto no iba a existir) a mi Geme (aka Ariana), que si no llega a darme la brasa tanto con su odio a Dougie en este OS, no se me hubiera ocurrido este pequeño extra :3
Y no me alargo más y os dejo leer.
PD: cuelgo hoy en vez de mañana porque, como mañana va a haber nuevo capítulo de Castle of Glass, hemos decidido que no queremos que muráis y eso, así que step by step xDD (?)
Hope you enjoy!
You and I must fight for our rights
Un mes después
Un rayo de sol me da en toda la cara, irremediablemente haciendo que me despierte. Y noto unos brazos rodeándome. Aunque, por mucho que cierre los ojos fuertemente, deseando que sean otros, no lo consigo.
Porque esto es la realidad.
La realidad en la que Danny no está.
Cada mañana me ocurre lo mismo. Mi corazón da un vuelco al pensar que podría ser él, para después tranquilizarme y ahogarme en la tristeza. Porque son los de Harry.
Y es que le echo mucho de menos. A Danny, me refiero. Cada minuto, cada segundo del día. Echo de menos su sonrisa, sus rizos, su risa de maniático que hacía que mi mundo comenzara a brillar, su manera de ser… Echo de menos cada rincón, cada recoveco de él.
Y, sobretodo, echo de menos el futuro feliz que podríamos haber tenido.
Cansado de estar en la cama y, ante todo, de estar con Harry en ella, me levanto, con cuidado de no despertarle.
Una vez despejado del todo, decido darme una ducha y ordenar mis pensamientos. Ya que cada mañana se hace más duro hacer ver que Danny no ha pasado por mi vida, que no es nada para mí, y que no pienso en él constantemente.
Y es que este mes ha sido muy duro.
Harry no es tonto, y sabe lo que ocupa mi cabeza la mayor parte del tiempo. Que ya no estoy por él. Que, cuando me pegaba antes de conocer a Dan, me sentía culpable, porque realmente creía que yo había hecho algo mal y que era mi castigo. Que tenía que mejorar, aprender, borrar mis defectos hasta que fueran solo manchas casi invisibles.
Pero cuando Danny llegó, me di cuenta de la realidad. Cuando me explicó su historia, vi cómo iba a acabar mi vida. Cómo no podré escapar de ello. Porque Vicky no pudo. Ni yo tampoco.
Nadie puede.
Y como es habitual, mientras el agua de la ducha se escurre por mi cuerpo, mis lágrimas lo hacen por mis mejillas. Es el único momento del día en el que me puedo permitir llorar, porque, si en algún otro momento se me ocurre, debo asumir las consecuencias. Los golpes. Los abrazos que sientan como puñales. Y luego un Harry lloroso pidiéndome perdón, y llevándome a la cama para iniciar la reconciliación.
Aún me permito rememorar aquella primera noche. Por primera vez, me planteé el hecho de que todo lo que nos pasaba a Harry y a mí no era solo mi culpa. Y que me pegara no estaba bien. Porque no me lo merecía.
Entonces, esa noche, le conocí a él. Ese hombre que cambió todo mi mundo, dejándome en la cuerda floja.
Debo admitir que en un principio, al verle borracho, me asusté. Y mucho. Y deseé no haber ido a ese bar, pensando que me haría algo malo.
Por suerte, me equivoqué.
Cuando comenzamos a hablar de nuestras respectivas vidas, vi al Danny del cual me enamoré. Ese Danny dulce, atento, leal, un poco idiota, pero buena persona. Generoso, que lo daría todo por aquel que quiere.
Vi a la persona que quiero y ansío a mi lado.
Os parecerá una exageración, pero esa misma noche ya me había enamorado de él. Sí, sé que no es racional, que eso del amor a primera vista no existe. Y tenéis razón. Pero nos abrimos el alma el uno al otro, nos mostramos como éramos realmente, y eso provocó que pareciera que nos conocíamos totalmente.
Y por eso le echo aún más de menos. Porque es la única persona que sabe cómo soy en lo más profundo de mi ser. El que dejó salir esa alma recluida que grita, intentando salir, pero que yo me afano en enyesar.
Cuando salgo de la ducha, me seco con la toalla, quitando cualquier evidencia de mi llanto silencioso. Y me miro al espejo cinco minutos, en los cuales me relajo y preparo esa máscara, la que le muestro a Harry, intentando que no me pegue para que, al menos este día, pueda vivir tranquilo.
Y en esos instantes me siento aún más idiota.
Porque yo escogí esto. Esta es mi vida. Y siempre lo será.
Hoy decido ponerme una camiseta de manga larga, para no evidenciar aún más los golpes de la pelea de ayer. Si a eso se le puede considerar una trifulca, ya que no me defiendo. Simplemente asumo con resignación la vida que he decidido.
Pero yo sabía que, si cogía la vertiente feliz, no duraría.
Porque Harry mataría a Danny. Lo vi en sus ojos el día que me "dejó" elegir. Él sabía cuál iba a ser mi decisión. No podía permitir, de ninguna manera, que Dan abandonara este mundo.
El mundo abandonaría su órbita si él no existe.
Y por eso mismo, aunque os pudiera parecer un idiota en ese instante, no tuve elección. Y por mucho que quiera a Danny, tenemos que luchar por sobrevivir, a pesar de tener que hacerlo separados.
Una vez construida totalmente la coraza de nuevo, voy a la cocina a hacer el desayuno. Mientras estoy poniendo la mesa, noto una presencia por detrás que me abraza el torso.
- Buenos días, amor – dice Harry, dándome besos en el cuello. Y no puedo evitar estremecerme.
- Buenos días – murmuro, girándome, con una sonrisa ladeada y esa mirada llena de amor que tan bien sé poner. Porque antes de hablar con Danny, las miradas eran reales. Pero ahora me he percatado de que no era amor verdadero, ya que pude probarlo de una manera efímera pero intensa.
Mientras nos besamos, pienso en lo diferentes que son los besos con Danny. En ellos había calidez, un sentimiento de compañía. Me hacía sentir que no estaba solo.
Con Harry hay amor, principalmente por su parte, pero ese sentimiento desvanecido totalmente, dejándome descubierto. Solo.
Me aparto de Harry para proseguir con mi idea inicial, acabar el desayuno, pero, obviamente, él me lo impide, volviendo a encerrarme entre sus brazos.
- ¿A dónde vas, Doug?
- A acabar el desayuno – le contesto, esperando que me suelte por fin, y me deje libre.
Pero ya os dije yo que Harry es muy persistente.
Y por eso me gira entre sus brazos para besarme. Primero suavemente y con cariño. Pero esos besos se van volviendo cada vez más apasionados, y todo sabemos dónde acabaremos.
Cuando me aparto, dejándole claramente sorprendido, empiezo a atisbar la ira en sus preciosos ojos azules.
- Voy a acabar el desayuno, Harry – le anuncio de nuevo, previendo una tormenta.
- ¡Y a mí me da igual el desayuno! ¿Te crees que me puedes rechazar? ¿Eh? ¿A mí? ¿A Harry Judd? – sí, su prepotencia no tiene límites, señores.
Y mientras suelta gritando su diatriba, alza su mano, la cual impacta con fuerza en mi mejilla. Abofeteándome.
E, incapaz de aguantar otra bronca como la de ayer, huyo. Salgo corriendo de esa casa, sin ningún lugar preciso.
Cualquier sitio, en estos momentos, es mejor.
Después de mucho rato corriendo, las piernas me vencen. Y me doy cuenta de lo macabro que es mi subconsciente. Porque, sin darme cuenta, he llegado a la puerta del bloque de pisos donde vive Danny.
Mi flote salvavidas.
Pero, como ya os dije en su momento, no puede saber nunca más de mí.
Y por eso me escondo, porque las ganas de verle una vez más han aumentado tanto en mi interior que temo explotar. Necesito ver esos rizos que, secretamente, adoro acariciar. Esos ojos que me transportan a un lugar sin dolor en cuanto le miro.
Después de esperar mucho rato, tanto que el dolor de mi mejilla pasa ya a un segundo plano siendo substituido por el hambre, aparece.
Danny sale por la puerta, con una guitarra colgada del hombro, en dirección opuesta a donde estoy yo.
Y me percato de varias cosas.
Su mirada está apagada, llena de un dolor insufrible que, como el mío, no sé cómo podemos aguantar. También se ha cortado el pelo, dejándoselo más corto, lo que hace que deje de tener rizos, los cuales solo se intuyen. Y, finalmente, esa guitarra que, no sé por qué, hace que me estremezca de la cabeza a los pies.
E, inconscientemente, o eso quiero creer yo, mis pies toman rumbo en su dirección, incapaz de perderle aún de vista.
Porque, al verle, me he dado cuenta de que le echo demasiado de menos y que lo haré toda la vida.
Danny se para y se sienta, después de quince minutos siguiéndole, y yo, como estamos en un parque, me escondo entre los arbustos. Y me dedico a observar cómo extrae la guitarra de su funda, la afina y prueba la voz.
Y empieza a cantar una canción, suya, sobre mí. Sobre nosotros. Sobre qué siente ahora que ya no estoy. E irremediablemente, me destroza por dentro. Y más cuando empieza a cantar el estribillo, con su voz profunda, rasgada y perfecta.
Now I'm so sick of being lonely
This is killing me so slowly
Don't pretend that you don't know me
'Cause that's the worst thing you could do!
Now I'm singing such a sad song
These things never seem to last long
Something that I never planned on
Help me baby I'm so sick of being lonely
Y de doy cuenta de que no solo yo lo estoy pasando mal. De que he sido muy egoísta. A él le dejé solo, con sus problemas, que no eran pocos. Y entiendo su soledad. Su devastación. Cómo, a través de esa canción, me implora que mueva ficha, que vuelva a su lado.
Pero, a pesar de ser lo que más deseo en este mundo, no puedo dar ese paso. Y con una lágrima solitaria rodando por mi mejilla, y una idea rondando en mi cabeza, doy media vuelta, procurando que no me vea.
Un año después
Cuando Harry se va a trabajar, corro hacia el primer quiosco que veo. Porque hoy es el gran día. Ese que llevo esperando desde las sombras desde hace un año.
Compro el primer periódico que encuentro, y paso las páginas hasta la sección de 'Cultura'. Y entonces lo veo, en grande y, para mí, refulgiendo:
"Concierto de Danny Jones en el Royal Albert Hall, con todas las entradas vendidas".
Cuando le vi cantar, una idea muy estrafalaria se me ocurrió. Porque él tiene talento, y se merece ser feliz sin mí. Porque fui un egoísta, lo vi en ese instante. Tenía que conseguir su felicidad. Su felicidad completa. Y ésa solo la podría lograr sin mí.
Y por eso llamé a Tom Fletcher, mi mejor amigo del instituto. Aquel que intentó sacarme del pozo en el que me había metido con Harry y, como con Danny, eché de mi vida para que no le ocurriera nada.
Pero resulta que, como Tom es manager y productor musical, decidí hacerle una llamada después de muchos años. Y le di la pista de Danny para que pudiera comenzar su trayectoria musical. Y, a pesar de no haber vuelto a hablar con Tom, me informaba por internet de los logros de Dan en el mundo de la música.
Y por eso sabía que hoy era el gran día. El día en el que debutaba en un sitio tan grande e imponente como el Royal Albert Hall. Un sueño hecho realidad.
Y no puedo sentirme más lleno y feliz, a pesar de ser la persona más desgraciada del planeta.
Porque yo sigo con un hombre al que no quiero ni querré.
Porque cada día me cuesta más construir esa máscara donde nada duele.
Porque los moratones aumentan, y duelen más.
Porque ha llegado un punto en el que las caricias y los besos son peores que los puñetazos y las bofetadas.
Porque, en el fondo, he perdido todo aquello por lo que merecía la pena vivir.
Simplemente, he perdido a Danny.
Pero, de un modo u otro, he conseguido hacerle feliz.
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