CAPÍTULO CUARTO: Recupéralo

Haruko Akagi camina de un lado al otro del pasillo. Se halla nerviosa, en la terraza del edificio, sin estar segura de cómo arreglará el desperfecto que siente haber causado.

Sinceramente, nunca fue su intención lastimar al pelirrojo. Después de todo, lo consideraba su mejor amigo. Si el pobre Hanamichi hasta había aceptado fingir un noviazgo con ella, todo con tal de ayudarla a conquistar a Rukawa… ¡Pero qué mala persona se siente…!

—Debo hablar con Hanamichi… y disculparme…

Haruko no ha hablado con el pelirrojo durante más de un mes. Y no sabe si el muchacho querrá tener comunicación con ella. Pero Hanamichi es un buen muchacho, y seguramente sabrá perdonarla…

—¡Sí¡Eso haré!

Y, dispuesta a arreglar las cosas con Sakuragi, entra al edificio nuevamente… Y frente a ella se encuentra con Kaede Rukawa, que va llegando.

—Ru-Rukawa…

Y el chico le dirige una mirada glacial. Pasa junto a ella sin decir nada, y Haruko suspira con enorme tristeza. ¿Cómo puede no sentir algo por ella, queriéndolo tanto?

Y, con el corazón doliéndole, se dirige a buscar a Hanamichi. Más que querer hacerlo, necesita disculparse con él.

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La hora del almuerzo siempre se le pasa en ver a sus amigos parlotear y hacer tonterías, tratando de animarlo. Hanamichi sabe que su intención es buena, y de verdad lo agradece, pero… No es sencillo superar un amor tan prolongado como el que él sentía por Haruko Akagi…

Aunque, pensándolo bien… Si Haruko le dijera que quiere estar con él, que necesita que le haga otro favor, que quiere que sean más que amigos… O, simplemente, le sonríe como ella lo hace siempre… El pelirrojo sabe que accedería a todo. Y eso es muy, muy triste… Y patético.

Con sus pensamientos perturbándolo todavía, se dirige a la azotea del edificio para aclarar su mente. Youhei trata de detenerlo, pero Hanamichi no hace caso. Igual le agradece su preocupación.

Al llegar al espacio abierto, Hanamichi contempla el cielo. Las nubes lucen cargadas, augurando una lluvia medianamente fuerte: "El informe del clima no siempre se equivoca", piensa. Pero no importa mucho. Con Haruko lejos, con sus padres en otra ciudad, con el abuelo enfermo… Hanamichi se siente deprimido y sin muchas ganas de hacer casi nada. Y, si a eso le agrega que él mismo intenta alejarse de sus amigos, se queda muy triste y solo… Y la soledad es lo que menos le gusta en el mundo.

—¿Por qué tuve que enamorarme de Haruko? —se preguntas en voz alta— Ella nunca iba a ignorar al zorro por mi causa… Y es tan despistada…

Y no se percata de que justo ella es quien está llegando al lugar…

—¿Sakuragi-kun? —y el pelirrojo reconoce la voz de inmediato.

—Ha-Haruko…

Hanamichi la mira frente a él. Muy a su pesar, debe admitir que siempre le ha parecido hermosa.

—Yo… He querido hablar contigo hace tiempo, Sakuragi-kun…

El aludido la contempla. No puede decir nada porque nada pasa por su cabeza.

—Quiero… Disculparme…

—¿Di-Disculparte, Haruko?

—Sí. Por ser tan mala persona, Sakuragi.

El muchacho no entiende, pero la deja continuar.

—Mis amigas me dijeron… que tú estabas enamorado de mí, Sakuragi-kun…

—Llámame Hanamichi, Haruko-chan.

—Hanamichi-kun… Yo quiero disculparme por nunca haberlo notado, y por pedirte que fingieras ser mi novio por tanto tiempo…

Hanamichi no puede creerlo: ahora Haruko le dirá que todo fue un malentendido y que ella le corresponde.

—Yo… —la chica baja la mirada— No te correspondo, Hanamichi… Pero no quiero que te alejes de mí…

Y es ahí en donde el pelirrojo no comprende.

—¿A qué te refieres, Haruko?

—No soporto la idea de que no esté conmigo, Hanamichi-kun. Pero yo no te quiero como un novio… Eres mi mejor amigo.

Y un yunque imaginario cae sobre la pelirroja cabeza.

—No te preocupes, Haruko… Yo no me alejaré…

Y, sin saberlo, el pelirrojo ha firmado su sentencia por propia y masoquista voluntad.

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—¿Diga?... ¡Mamá!... ¿Cómo está el abuelo?... ¿En serio?... ¡Eso me alegra muchísimo, mamá!... Claro: todo está bien por aquí… ¿Youhei…? No, Youhei no está aquí… Él vendrá mañana a dormir aquí… Sí. No te preocupes, mamá… Yo también… Saludos al abuelo…

Una vez que cuelga el teléfono, el pelirrojo sale disparado de la casa. Va diez minutos tarde al entrenamiento con Rukawa. Y, en su experiencia, el zorro suele ser casi intachable en cuanto a puntualidad.

Este es el tercer sábado que entrenan juntos. Ha pasado sólo una semana desde que el pelirrojo se reconciliara con Haruko, y no le ha dicho nada acerca de ese entrenamiento secreto que tiene con Kaede porque no quiere volver a entristecerse.

—Ahora sólo falta arreglar las cosas con Youhei —piensa con una sonrisa en el rostro: su abuelo está mucho mejor, Haruko está a su lado otra vez y él ha logrado hacer las pases con Rukawa… La vida le pinta de maravilla.

Como Hanamichi suponía, Kaede lo está esperando en la cancha cuando llega.

El pelirrojo no lo sabe, pero Rukawa ha notado el cambio en su mirada.

—Veo que estás alegre hoy, Do'aho… Tal vez juegues en serio esta vez.

—No te golpearé sólo porque la noticia de mi abuelo me ha puesto muy feliz, Kitzune.

—¿Tu abuelo?

Hanamichi recuerda que nunca ha hablado de nada serio con Rukawa.

—Mmmm… Bueno: mi abuelo está internado en un hospital de Osaka, y mis padres han estado cuidándolo desde hace casi un mes. Hoy me llamaron y dijeron que el abuelo está fuera de peligro. Por eso este genio está muy feliz.

—Me… alegro por tu abuelo, Sakuragi.

Se quedan en silencio unos segundos que parecen eternos.

—Vamos a jugar dice Rukawa, rompiendo el cómo momento.

El pelirrojo asiente y ambos inician el encuentro.

CONTINUARÁ…

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Nota de la autora:

Capítulo corto, lo sé. Pero necesitaba este panorama para entrar a la parte interesante de la historia.

Agradezco a todos y a todas sus reviews, y espero que este trabajo vaya siendo de su agrado.

Me despido porque mañana debo levantarme a las seis, y son las doce y cuarto de la noche.

Saludos, besos y abrazos de Haruko-chan.

P.D. Prometo apresurar el paso con Revivir el pasado. Me quedé sin inspiración un tiempo, pero pretendo aprovechar los días antes de entrar a clases.