Miles de gracias a Altariel de Valinor por sus correcciones y comentarios.
Cualquier error es mío.
Capitulo 4
.
Apenas había puesto el pie en la calle cuando encendió el cigarrillo. Eran las once de la noche, hacía horas que debería haberse marchado a casa, pero la tarde había pasado sin darse cuenta, mientras acumulaba en su mesa información inútil sobre los hombres que habían estado apareciendo muertos sin razón aparente en las calles de Londres. Después de perder La comunicación con Sherlock, Shezza o como fuera que se llamase, lo había devuelto al calabozo y había salido a por la cajetilla de tabaco, perdiendo lo ganado tras meses de abstinencia. En menos de seis horas había fumado la mitad, recibiendo con gusto la sensación de mareo que, durante los primeros minutos, lo invadió.
Se disponía a subir a su coche cuando un vehículo negro de lunas tintadas se detuvo en la acera frente a él. El chófer bajó para abrir la puerta y dejar qua la figura de Mycroft Holmes emergiera, sosteniendo en sus manos, al igual que esa mañana, el innecesario paraguas.
- Detective Inspector - saludó, con una inclinación de cabeza -, me gustaría tener unas palabras con usted, si no es inconveniente.
Lestrade dio una profunda calada al cigarro, observando al hombre. Seguía manteniendo la actitud de superioridad, pero parecía estar haciendo un esfuerzo por mostrarse amable.
- Aún no he cenado – dijo, terminando el cigarro y tirándolo al suelo para aplastar la colilla. Señaló con la cabeza un snack-bar un poco más abajo en esa misma calle –. Le invito a una cerveza y hablamos.
Mycroft hizo un gesto de disgusto, pero murmuró algo a su chófer antes de seguir los pasos de Lestrade, que ya se encaminaba al citado establecimiento.
- ¿Debo recordarle que es usted el que ha pedido esta reunión, Inspector?
- Ha tenido todo el día para concertar una cita, le estoy dedicando mi tiempo libre, así que relájese un poco.
- No todos podemos permitirnos…
- ¡Deje ya ese rollo! ¿quiere? – le cortó, deteniéndose y volviéndose a él -. Usted es un pez gordo, de acuerdo, pero tiene un hermano con muchos más problemas de los que cree. Vamos a sentarnos en una mesa a hablar como si realmente le preocupase.
Mycroft apretó el mango del paraguas, acercando su rostro al de Lestrade con una mirada oscura.
- No dude, ni por un segundo, que no me preocupo – susurró, amenazante -. Haré lo que sea para mantenerlo a salvo, incluso encerrarlo en una clínica si es necesario, antes de verlo como se mata él mismo.
La mañana siguiente trajo a Lestrade un dolor de cabeza y mucho mal humor. Había estado en compañía de Mycroft hasta las dos de la mañana, por lo que, además de la leve resaca por las cervezas y el whisky, las tres horas de sueño lo habían dejado peor que si hubiese renunciado a dormir. Además de eso, se había levantado solo, con un mensaje de su mujer que le informaba de que se había quedado a dormir en casa de una de sus amigas. Apagó la sospecha del mismo modo que apagaba la alarma del despertador. Al meterse en la ducha intentó recordar todo lo que había hablado la noche anterior con el "Cargo Menor en el Gobierno".
Soltó una risita al darse cuenta del nombre que le había dado en sus pensamientos a Mycroft, si algo era el cargo de ese hombre, no era menor. Le había recitado su currículum desde el día que entró en la academia de policía, sus menciones especiales, sus ascensos, su evaluación… Lo había hecho como una muestra de hasta dónde llegaban sus influencias y conocimientos, aunque el tono no había sido intimidatorio como en su reunión anterior.
- Debería haberme informado sobre usted antes de irrumpir en su despacho, Inspector – le había dicho a modo de disculpa -. Reconozco que me precipité al pensar que se dejaría impresionar.
- Mal policía sería si me dejase impresionar con amenazas del primero que entre en mi despacho con un traje caro.
- No me subestime, Detective; que rectifique no significa que esté de acuerdo con lo ocurrido. Simplemente, intento descubrir porqué mi hermano, de todos los policías de Londres, decidió confiar en usted.
-Eso ya no es así, Sherlock ha dejado de hablar conmigo – le había respondido, consciente de que sólo quería la información que podía compartir con él respecto a la persona que tenían en común -. Creí que colaboraría y me daría algunos nombres, después sería libre de marcharse. En lugar de eso, le he mencionado un apodo que al parecer tiene en la calle y se ha cerrado en banda. Lleva horas sin pronunciar una sola palabra, ¿me puede decir algo de eso?
- Mi hermano es muy inteligente, Inspector… más de lo que le conviene – había comenzado a decir, no sin antes haber pedido el whisky más caro del local -. Necesita una distracción constante, y aunque durante un tiempo su afición a la química fue un aliciente, también acabó por aburrirle. Las compañías poco recomendables y su acceso a dinero en efectivo sin restricciones, lo llevó a probar distracciones menos académicas. Pasó un tiempo hasta que me di cuenta de qué consumía y quién se lo proporcionaba. Y aunque dejé de hacerle fácil el acceso al dinero, continuó teniendo una fuente de ingresos más o menos estable gracias a esa inteligencia. El piensa que yo lo vigilo para controlar sus acciones, cuando lo que realmente hago, es intentar mantenerlo a salvo. Las personas con las que se codea no son amistades recomendables, pero dentro de lo malo, son lo más parecido a la élite de los bajos fondos – dio un trago a su copa sin apartar la mirada de Lestrade -. Mantengo a su alrededor a algunas personas que me mantienen al día de sus aficiones. No intervengo a menos que sea absolutamente necesario. Me conformo son saber dónde está, qué compra y a quién, y cómo consigue el dinero.
- Lo han echado de su apartamento.
- Me he negado a pagarle el alquiler y le he ofrecido alojarse en mi casa, bajo mi cuidado. Tiene una asignación mensual generosa, que cubriría sus gastos de alojamiento y alimentación, pero decide que es mejor gastarla en cocaína para callar su mente.
- ¿Ha intentado llevarlo a alguna clínica de rehabilitación?
- Dos veces; la primera tras encontrarlo casi muerto por una sobredosis, se escapó a las tres semanas. Ése fue el momento en que descubrí hasta dónde llevaba su adicción y me tomé la libertad de llevar a otro nivel su vigilancia. La segunda fue cuando entró en la morgue del St. Mary's, exigiendo que lo dejasen inspeccionar el cuerpo de un indigente que, él aseguraba, había sido asesinado. De eso hace apenas un año. Al parecer, ha retomado una vieja afición a resolver… sucesos extraños, muertes inexplicables, puzles, como él los llama. Esta segunda vez, estuvo en una clínica con una seguridad más estricta; salió a los tres meses, parecía rehabilitado… durante unos meses, se mantuvo… algo ocurrió que volvió a desequilibrarlo.
- ¿No tiene idea de qué?
Mycroft, que había estado hablando los últimos minutos con la vista fija en el fondo del vaso, levantó los ojos hasta Lestrade, sorprendido casi de encontrarlo allí.
- Me temo que escapó de mi supervisión. Conoce Londres de memoria, sabe dónde están las cámaras de CCTV y como esquivar la mayoría. Se ha convertido en un experto en eso, en esquivar la vigilancia. Tiene una extraña relación con los indigentes que, incluso, lo ayudan a desaparecer cuando le es conveniente. Por suerte, cuando está desesperado o quiere algo que por sí mismo no puede conseguir, se deja ver, me permite encontrarlo.
Lestrade se había mantenido en silencio mientras terminaba su segunda cerveza, observando al hombre. Él tenía tres hermanos menores, a los que alguna que vez que otra había intentado proteger, y había recibido ingratitud por parte de ellos. Podía comprender, en parte, la frustración de Mycroft, aunque, si mantenía sobre su hermano esa actitud de pretender que hiciese su voluntad sólo con pedirlo, la rebeldía de Sherlock podía llegar a ser justificada.
- Lamento no poder ofrecerle ninguna ayuda – había dicho al fin, dando por terminada la charla. En aquel momento, los ojos de Mycroft adquirieron un brillo curioso.
- En realidad – le dijo, sonriendo en una mueca que Lestrade pensó que era la de negociador -, le he dado vueltas y sí puede. Tengo una idea que necesita de su inestimable colaboración para llevarla a cabo. Habría compensación, por supuesto.
- Parece que aún no se ha dado cuenta de que no puede comprarme – en aquel momento, Lestrade se había levantado de la mesa, dispuesto a dejarlo cuando la mano de Mycroft lo sujetó, poniéndose en pie con él.
- Por favor, Inspector, no me malinterprete. Me refería a que, si usted permite que Sherlock pueda tener información de casos poco usuales y algún tipo de acceso a las evidencias, será como tener un analista a su disposición para conectar datos. Ya ha tenido una muestra usted mismo de su capacidad de observación y deducción en un estado poco lúcido, ¿imagina lo que sería si estuviese motivado y con sus capacidades al cien por cien?
- Es un civil.
- Le conseguiré acreditación oficial, pero será su nombre el que figurará en la petición que yo mismo aprobaré.
Lestrade había suspirado en ese punto, llevándose las manos a la cara, cansado, sentándose de nuevo y dejando que Mycroft se encargase de pedir otra ronda para ambos.
- ¿Por qué demonios no lo ingresa en uno de esos grupos de agentes a los que debe tener acceso?
- Porque mi hermano cree firmemente que miento cuando le digo que estoy preocupado por su bienestar; para él, soy un enemigo, no acepará nada que yo le ofrezca y pensará que también lo he comprado a usted si mi nombre figura por algún sitio como algo más que el hermano que pretende hacer valer sus influencias para evitar manchar su buen nombre por su culpa. Créame cuando le digo, que no hay nada que no haría por ayudarlo, pero él no me permitirá intervenir –. La expresión de Mycroft había sido de completa desesperación mientras hablaba. Cuando terminó, tomó aire profundamente reconstruyendo, en el transcurso, su máscara de indiferencia al mirar de nuevo a Lestrade - ¿Y, bien? ¿Acepta? No todos los Inspectores de Scotland Yard podrán presumir de tener un consultor externo de una inteligencia muy por encima de la media.
- No es tan fácil como eso…. Habrá que dar antes algunos pasos que no creo que su hermano esté dispuesto admitir sin protestar.
- Asumiré todas sus decisiones que tome, si son las correctas.
- Va a estar algunos días en el calabozo.
- No tengo objeciones.
- Lo amenazaré con ponerlo bajo su cuidado para conseguir lo que quiero de él.
- Será una amenaza creíble y efectiva.
- No aceptaré sus órdenes y sólo estudiaré sus sugerencias si me parecen adecuadas.
- Bien.
- No se entrometerá…y pagará la cuenta – había terminado con una media sonrisa que se reflejó en los labios de Mycroft.
- No permitiría que el sueldo de un Inspector, terminase pagando mi preferencia por el whisky de dudable calidad.
Lestrade había sonreído abiertamente, terminando su cerveza para pedir lo mismo que estaba tomando su acompañante. Continuaron hablando, trazando a grandes rasgos el plan a seguir para involucrar a Sherlock en el caso que tenía Lestrade entre manos, decidiendo cual sería la manera de hacerlo partícipe sin sobrepasar los límites y sin que sospechara que estaba siendo manipulado. Las ideas de Lestrade, que había consultado con expertos externos en varias ocasiones, eran las que se seguirían, mientras que Mycroft facilitaría el acceso de Lestrade a bancos de datos que, de otra forma, tardaría días en conseguir autorización.
Cuando se habían despedido esa noche con un apretón de manos, ambos eran conscientes de que se habían aliado para hacer de Sherlock un activo valioso, lo único que debían evitar a toda costa era que el muchacho se diese cuenta de ello.
.
.
Ante el espejo, Greg Lestrade se dio el último vistazo antes de salir en dirección a la central. Tenía que conseguir de nuevo que Sherlock hablase con él, sólo había algo que no le terminaba de encajar en los acontecimientos del día anterior y que lo había molestado durante la noche, y ahora era como un molesto zumbido. ¿Y si el muchacho no había reaccionado mal al apodo de Shezza? ¿Y si había sido el nombre de Davis el que lo había dejado fuera de juego? Antes que nada, debía averiguar cuándo, dónde y en qué circunstancias, Davis había conocido a Shezza/William… y no le gustaban los escenarios que tenía en mente.
