Plot/Summary - ¿Será cierto cuando dicen que dos almas que están destinadas a estar juntas, siempre encontrarán su camino de regreso? Edward Cullen e Isabella Swan pondrán a prueba su amor al temible paso de los años. –Yo apuesto por esto, por nosotros- le dije firmemente.
By: Chicvampire
NOTA: Juro que esta historia sí la terminaré. Ya está casi terminada en Word.
Capítulo IV "Fake or real?"
Me levanté con el tiempo justo. Charlie había dejado dinero en la mesa; cociné algo demasiado rápido, tomé mi mochila y salí corriendo.
Pensé en irme en auto pero no me convenía, había llovido el día anterior y yo no era buena conduciendo en agua. Todo Forks lo sabía, no me quedaba más que tomar un taxi, el bus escolar ya había pasado hace 15 minutos.
Caminé hasta la parada cruzando todas las extremidades del cuerpo para que tuviera suerte.
Jessica detuvo su auto mientras reía a carcajadas.
-Pensé en ti, tienes que decir la clave secreta- dijo cuándo se detuvo. Fingí enojo.
-Jessica Stanley es la mejor persona del todo el mundo- dije de mala gana. Abrió el seguro para que entrara.
-¿Cómo estás?- me preguntó después de bajarle el volumen a su música.
-Estoy bien… eso creo- dije no muy segura.
-Ha sido un fin de semana duro- sabía que ahí se detendría todo. Jessica no preguntaría más.
-¿Hiciste filosofía?- asentí sabiendo lo que vendría después.
-Bells…- la corté mientras reía y abría mi mochila.
-Toma pero pásame la tarea de trigonometría- le dije dándole mi folder.
-Ok, en el primer recreo te la paso- asentí antes de subirle al volumen a la radio.
No hablamos en todo el camino. Nos limitamos a escuchar las canciones y las gotas de lluvia que caían de poco en poco.
Cuando llegamos ambas nos tuvimos que separar porque nos tocaba cursos diferentes en extremos opuestos.
Me tocaba educación física con Carpenter, así que mejor empezaba a correr sino quería hacer tres vueltas más de lo común.
Entré a los cambiadores tan rápido que estuve a punto de tropezarme más de dos veces, abrí mi locker tomé mi short y me cambié asegurándome que no hubiera nadie.
Antes de salir pude escuchar la puerta del baño abrirse.
-Y ahí estaba la estúpida, pegada de su brazo… ¡colgada, ni si quiera pegada!- no necesitaba voltear para reconocer la voz. Cerré la puerta con cuidado para pasar desapercibida.
-Es una maldita mosca muerta… espera no más que Edward regrese, lo he estado llamando pero no devuelve mis llamadas- quería irme pero … soy mujer, es todo lo que diré.
-Lauren… te has puesto a pensar que tal vez no quiere nada contigo- tuve que taparme la boca para que no escucharan mis risas.
-¡Cállate, ni te atrevas a decir eso!- chilló enfurecida Lauren. Podía imaginar su cara enrojecida.
-¿Alguna ha visto a Bella? … me las debe- rodé los ojos… no tenía ganas de otra pelea. Caminé con dirección hacia el auditorio pero pude sentirla caminar detrás de mí.
-¿Te debo algo?- pregunté volteándome inmediatamente para darle cara; pareció sorprendida ya que retrocedió considerablemente.
-Ay dulzura, pareces una bruja, siempre apareces cuando menos se lo esperan- dijo recomponiendo su imagen rápidamente.
-No quiero pelear contigo- dije lo más tranquila posible.
-El otro día…. – pero fue interrumpida por el entrenador quien no lucia muy contento.
-¿Desean entrar o necesitan invitación?- todas caminamos directo hacia el auditorio.
-Lo siento- murmuré al ser la última en entrar. El instructor no dijo nada y solo se limitó a darnos un balón a cada una. Era naranja así que era de… ¿voley? … cuando las vi rebotar me di cuenta que eran de basket.
Tratando de figurar como hacer para que rebotara sentí a Lauren detrás de mí.
-Esto no se queda acá… me las vas a pagar debilucha- fue como la otra vez, su voz botaba veneno.
Iba a ser un día extremadamente largo.
Las clases siguieron su curso. Como siempre la hora del almuerzo era decisivo, donde te sentaras parecía ser primordial, ahí pude confirmar un hecho que me hizo rodar los ojos.
Ya todos sospechaban que había dejado de ser Bella Swan para ser nuevamente la novia de Edward Cullen. Casi toda la secundaria sabía lo que había pasado y personas como Jessica se habían encargado de correr el rumor de Edward y yo juntos en el funeral.
No era como antes, ahora todos me daban permiso e inclusive en la hora de sentarme podía ver como esperaban mi decisión. Como lo había sido últimamente me sentaba con Ben y con Ángela. Jasper se nos unió al rato con una bandeja llena de cosas naturistas, él era el vegetariano del grupo. Jessica llegó con Mike para avanzar juntos tareas que tenían pendiente.
Ángela se dio cuenta que nos miraban por eso estaba aún mas callada que de costumbre pero Ben fue lo suficientemente hábil para mantener el contacto.
-¿Qué harás a la salida, quieres que te pasemos a dejar a tu casa?... ha llovido, todos saben Bells- dijo haciendo que todos rieran quise enfadarme pero no pude, tenía razón todo el mundo sabía.
Comía mi manzana cuando pude sentir que todos en la mesa entraban en un silencio demasiado incómodo.
Definitivamente era Lauren la que estaba parada detrás de mí.
Pero no tenía miedo ni mucho menos cólera. Solo quería que ella se callara de una vez por todas.
Volteé dándole la mirada más fría que pude encontrar en mi rostro.
-No quiero escuchar tu voz chillona nunca más, no le dirijas la palabra a Edward y mucho menos a mí- le dije mirándola con demasiado odio.
-La enana esa…. – Estallé.
-Te acercas a ella y te destrozo Lauren, con mis propias manos. Con ella no te metas. No tiene nada que ver con nosotros- Había levantado la voz lo suficiente como para haber pasado a ser el centro de atención del comedor.
-¿Están juntos de nuevo?- preguntó casi en un susurro.
´No, no lo sé, ni si quiera sé si es lo que quiero.´
-Sí, estamos juntos de nuevo… ten un poco de dignidad y vete de acá- Al decir lo último ya me había sentado, escuché sus pasos alejándose y cuando ya no la sentí cerca suspiré aliviada. Era demasiado para unos cuantos días, demasiado.
-¿Terminaron de hacer química? … no entiendo ni éteres ni ceras- dijo Ángela rompiendo el hielo que se había formado. No tendría forma de agradecérselo.
-Yo te explico, dame una hoja- le dijo Mike sentándose a lado de ella.
Después de ese incidente el día transcurrió escandalosamente lento.
Ni bien sonó el timbre final, me dirigí a la casa de Edward. Toqué un par de veces antes de escuchar a Edward gritar: -¡Entra, está sin llave!- lo hice y me di cuenta que todo adentro era un desastre, habían demasiada cosas tiradas y basura acumulada.
-¿Qué tratas de hacer Ed?- le pregunté cuando lo encontré en el lavado.
-Se supone que debo lavar esto, pero no sé cómo- dijo señalando varias prendas blancas y de color.
-Dame- Las separé delante de él para que aprendiera y luego metí cada una en una lavadora. Le enseñé las cantidades y cuantas veces tendría que repetir el proceso.
-Gracias- dijo dándome una sonrisa incómoda.
-¿Alice?- le pregunté cuando nos logramos sentar en el comedor.
-Durmiendo, como todos Bella, soy el único despierto. Creo que debería haber ido al colegio mínimo- negué varias veces. Con Lauren siendo tan estúpida como siempre no hubiera sido bueno.
-No, debes descansar- me limité a decir. Mi mirada se posó en la caja que había dejado anoche.
-Sigue ahí- indiqué lo obvio. Edward me contestó -No tengo corazón para hacerlo y sé que a mi mama le gustaría hacerlo cuando se sienta mejor-. Asentí.
-Te ofrecería algo de comer pero pedí comida con las justas-
-No importa- era verdad, igual tendría que cocinar para Charlie.
-¿Cómo estás?- le pregunté. Edward desvió su mirada de la mía.
-Me siento como si estuviera flotando- No miraba un punto fijo, solo parecía ido.
-Tienes que pisar suelo Edward, tu familia depende ahora de ti- Asintió sin mirarme aún.
Abrí mi mochila y saqué el folder de los cursos que hoy habían tocado.
-Toma, mañana tienes que llevármelos a mi casa, Charlie llegará todos estos días a las 4. Me voy, cuídate- le di un beso en la mejilla. De nuevo no intentó nada más que darme una sonrisa caída.
-Tú también Bells- me contestó.
En el camino a casa divisé al cartero, el señor Jason, dejando sobres en mi correo.
Ni bien bajé del tomé todos los sobres.
Varios eran sobre cuentas, otros sobre promociones pero uno llamó mi atención.
Era una respuesta a la solicitud que había mandado a NYU.
Me habían aceptado y me daban una semana para enviar mi respuesta y para que fuera a visitar el campus.
¿Ahora que se suponía que tenía que hacer?
El plan hace 78 días era distinto, ambos iríamos a Nueva York. Cada uno viviría en su campus pero nos visitaríamos ni bien pudiéramos. Ya mas adelante trataríamos de alquilar algo que nos conviniese pero ahora ya no estaba tan seguro que alguno de nosotros fuera en realidad.
Tenía que decidir qué hacer. No sabía ni por dónde empezar, oculté la carta en uno de mis cuadernos y tuve que continuar haciendo los quehaceres porque Charlie llegaría pronto. Ya en la noche pensaría.
-Hola Bella- dijo Charlie incómodo ni bien entró. Las cosas entre los dos estaban incómodas y estaban a punto de ponerse peor.
-Papá, ¿por qué le dijiste a Esme lo que me pasó?- Charlie tragó en seco. Como siempre lo decía, había sacado el carácter de mi madre lo que hacía difícil sostener una discusión conmigo.
-Ella tenía que saberlo, la respeto y quiero mucho a su familia pero no vas a volver a ser parte de esa familia. Sin importar que ya te creas adulta ni mucho menos-
Eso dolió.
-Las personas pueden cambiar- le dije tanteando terreno. Charlie pisó al misil.
-El que engaña una vez, engaña siempre-. El timbre sonó escandalosamente más de una vez.
Era Seth, un cachorro como lo llamaban.
-Señor Swan, la tienda de la señora Newton ha sido robada, lo solicitan en la estación- mi papá suelta un bufido –Continuaremos con esto después- me dijo tomando su pistola y colocándola de nuevo en su cintura.
Necesitaba desahogarme con alguien.
Tomé mi teléfono y llamé a Jasper con la esperanza de que me contestara pero no lo hizo.
Bueno, tendría que seguir y tomar la decisión luego. Subí a mi cuarto para tomar una ducha.
Luego empecé con mis deberes. Tenía que hacer por lo menos 30 ejercicios de álgebra y debía empezar ya porque todavía me faltaba historia.
La música que sonaba era una suave sinfonía de Beethoven. Entre ejercicios me dormía de rato en rato pero logré terminar antes de las ocho. Cociné una porción de ravioles con salsa roja, comí un poco y dejé en la refrigeradora lo suficiente por si Charlie regresaba.
Regresé a hacer historia cuando mi celular vibró.
'¿Se puede desteñir la ropa blanca del rojo?'
Esa pregunta no tenía ningún sentido pero entendía lo que quería decir.
'Echa la ropa y vierte una buena cantidad de lejía para ropa blanca'
Fueron dos minutos que tardaron su respuesta.
'Gracias, ¿terminaste los trabajos?' Solo faltaba una infografía sobre la Revolución Rusa.
'Ya casi, solo falta historia'
Casi al instante llegó su respuesta.
´ ¿Puedo ir para hablar contigo?´ Me tensé de repente.
'Te espero en una hora'
Tenía que rogar que mi papá no regresara temprano y terminar mi trabajo.
Y principal regla, no dejar que me tocara porque si lo hacía terminaríamos muy mal.
Una hora se me hizo eterna, trate de ubicar de nuevo a Jasper pero no pude, parecía desaparecido del planeta.
Alisté mis cosas para el día siguiente y me senté en el mueble que siempre usaba mi papá.
Esperé hasta que el reloj dio puntualmente las 9. Ahí sonó el timbre.
Respiré y conté tres veces hasta diez antes de abrir.
Maldita sea uno no podía concentrarse si Edward aparecía vestido como todo un Adonis adelante mío. Llevaba un par de jeans oscuros y una cafarena verde oscuro.
-Hola, traje un pastel de manzana, mamá está en una fase culinaria- me sonrió incómodamente antes de mostrármelo.
-Gracias, pasa-
Incómodo. Eso era todo.
Ni bien regresé de la cocina me senté al frente de él. Edward levantó la mirada e hicimos contacto visual.
-Necesito saber algo- dijo de frente.
-¿Todo lo de los últimos días que han significado para ti?- Fui yo la primera en retirar la mirada, la bajé y pretendí que los mosaicos de piso era lo más interesante del mundo.
-Sería un buen momento para hablar, eres tú Bella, hablas hasta por los codos- pude percibir una sonrisa aunque no la vi exactamente.
-No lo sé- era lo más sincero que podía decir.
-Recibí mi aceptación de la NYU- Esta vez sí lo vi sonreír.
-Sabía que lo lograrías felicitaciones- Mi momento de cobardía llegó cuando luego de dos minutos en completo silencio fui a cortar el pastel de manzana.
Otras veces era tan diferente. Cuando Edward terminaba de hacer las tareas venía corriendo y casi siempre terminábamos besándonos en mi cuarto o tratando de cocinar. Luego él se iba a hurtadillas por la puerta trasera antes de que mi papá lo viera.
Sonreía nostálgica, extrañaba sentirme cómoda con él.
Nunca había existido extrañeza entre ambos ni si quiera cuando empezamos a salir porque siempre lograba hacerme reír con sus chistes malos o sus caras graciosas.
Regresé con una sonrisa amable con su pedazo de postre.
Me sonrió de la misma manera.
-¿Cómo estuvieron las clases?-
La chica con la que follaste tuvo el descaro de hablarme.
La chica con la que follaste me preguntó si seguíamos juntos.
La chica con la que follaste me retó delante de toda la escuela.
-Bien, todo normal. Jessica me recogió…- él soltó una pequeña risa antes de decirme- Hoy a llovido-.
-Me regresé en taxi, además hizo demasiado frío hoy- me miró un poco culpable.
-Tenía que haberme ofrecido a traerte, lo siento se me pasó-
-No, no te preocupes… sobre lo que me has preguntado, yo lo he hecho porque….- me acobardé en el maldito momento. Los ojos de Edward me esperaban expectantes.
Las palabras se quedaban atoradas en mi garganta.
-Yo empiezo- me dijo, dejó de lado el pastel que no había probado y se arrodilló al frente mío.
-Cuando nos conocimos, tu rostro nunca salió de mi mente Bella. Yo no sé qué pasó esa noche, no me acuerdo. Me arrepiento de haberte hecho daño, yo nunca quise ser el dueño de tus lágrimas, tú mereces el mundo Bella y si me das otra oportunidad juró que lo tendrás a tus pies si es necesario. Yo te amo- mis manos entre las suyas temblaban. Nunca me había con tanta seguridad.
Lágrimas pequeñas rodaban por mis mejillas. Él con su dedo las borró antes de abrazarme –No llores más por favor, me partes el alma-.
No quería hablar, no quería romper ese momento. Después de meses sentía que éramos los dos de nuevo.
-Yo… yo… - Yo me veía ridícula hipando entre llanto y llanto.
Logré tranquilizarme para luego decirle –Yo te perdono Edward, lo hago de corazón y… -
Se escuchó un claxón, era el auto de mi papá.
-Quiere que salga, si escuchas que entramos ya sabes que hacer- le di un apretón de mano y traté de que mi rostro se viera lo más normal posible.
-¿Qué pasa?- le pregunté a Charlie ni bien bajó la ventanilla.
-Retuvimos a los ladrones, voy a estar en interrogatorio toda la noche porque parecen que son alguna clase de mafia mal armada. Tranca la puerta- Evité el contacto visual, le di una tímida sonrisa y asentí.
-Cuídate- corrí de regreso a casa rápidamente porque estaba lloviendo.
En el pasadizo entre la sala y la entrada fue el momento determinante.
Sequé los restos de agua que debía tener y tomé un suspiro.
Edward me esperaba paciente en la misma posición, sonrió cuando me vio.
Me acerqué a él con cuidado y regresé a mi posición, pero en vez de hablar lo tomé de las solapas del sweater que usaba y lo besé.
No era apasionadamente pero si con mucha dulzura.
No podía decirle que si lo aceptaba de vuelta porque en realidad nunca pensé que lo había dejado ir. Él y yo siempre estaríamos conectados. Y por eso iba a apostar.
El destino como sea nos traería de vuelta.
Pero yo necesitaba sanar.
Y lo necesitaba a él.
