-Buenos días hermana Patricia –Brennan se inclinaba cada que saludaba algún miembro de la comunidad religiosa, lo hacía indicando reverencia, sin embargo, sus gestos eran muy forzados, más bien parecían un saludo japonés o de luchadores de karate-.

En ese momento la hermana Patricia la miró haciendo un gesto de sorpresa y de fastidio a la vez: -¡Wanda! ¿Alguna novedad con los alumnos?

-¡No todo muy bien! -Contestó Brennan-

Ante esa respuesta, la hermana hizo un gesto con la boca y los ojos, cuestionando cuál era entonces el motivo de su presencia en la guardería.

-En realidad me pasé porque quiero ver cómo está Christine, es que ya pasaron ¡dos horas! desde la última vez que la vi –si antes Brennan no soportaba estar alejada de su hija, en las circunstancias que vivían actualmente, su actitud sobreprotectora hacia Christine se había agravado. En este momento Booth no podía cuidarlas y la responsabilidad sobre el bienestar de la niña recaía sólo en ella, ella era quien había decidido separar a su hija de su padre y no podía permitir que le pasara nada malo, de lo contrario con qué cara volvería a ver a Booth.

-Querida –la hermana Patricia tomó con cariño a Brennan del brazo, invitándola a salir de la guardería- entiendo tu interés por cuidar de la niña, pero tienes que confiar en las cuidadoras infantiles, ya van cuatro meses y no se sienten cómodas contigo cuestionando sus procedimientos, al igual que tu, no tienen estudios doctorales, pero son mujeres con vocación de servicio, que sienten un cariño especial por los niños.

-Estudios especializados demuestran que los niños desde la cuna requieren las manifestaciones de amor de sus padres y considerando que el padre de Christine no puede estar ahora con nosotras, ella debe sentir que no está sola. Además, los niños a esta edad están en pleno proceso de aprendizaje, no se pueden postergar las actividades que desarrollan su motricidad y que despierten sus capacidades intelectuales –argumentó Brennan, sin tomar aire y liberándose del brazo de la madre superiora que la sujetaba-.

La hermana Patricia no tuvo más opción que torcer los ojos y sonreír con cariño, era evidente que el único pecado de esta mujer era el instinto sobreprotector de una madre amorosa.

Por su parte Booth, contrarrestaba la ausencia de su pequeña Christine y de su amada huesos, trayendo a su mente los recuerdos de los buenos momentos compartidos en familia:

-¡Llegó el momento! ¡Prepárate huesos! –exclamó Booth entusiasmado-.

-¡No, no! Creo que no podré hacerlo Booth, es mejor que vayas tú, estas cosas no me gustan, yo prefiero compartir la lectura de un cuento con Christine.

-Son actividades diferentes, pero todas tienen el mismo valor para los niños, ¡vamos huesos, prometiste que lo harías!

En ese momento se encontraban en la fiesta del primer año de Michael y Ángela se disponía a romper la piñata.

-¡Por favor Booth! no me voy a sentir cómoda, tu eres mejor haciendo estas cosas. –Booth le había hecho prometer a Brennan que ella se encargaría de arrojarse al suelo con Christine a recoger los juguetes y dulces que salieran de la piñata-.

-¡Todas las mamás y los hijos aquí por favor! –llamaba Ángela, Hodgins ya había puesto la tradicional canción, así que todo estaba listo. Ahora Brennan debía cumplir su palabra-.

-¡Vamos cariño! –dijo Ángela mientras sujetaba el brazo de su amiga-.

-¡No Angie! Booth te acompañará –replicó Brennan intentando liberar su brazo-.

Booth estaba muy ansioso, había esperado este momento desde el día en que Ángela les entregó la invitación. Ese día los dos se entusiasmaron mucho pensando cómo sería la primera fiesta infantil a la que asistiría Christine con sus padres, a la que asistirían todos en familia. Entonces, empezaron a imaginarse la fiesta y Booth pensó de inmediato en la piñata, ésta y la entrega de sorpresas eran los momentos que más le gustaban de las fiestas cuando era pequeño. Por su parte, Brennan dijo que lo más le gustaba a ella eran los concursos, en ellos aprovechaba para demostrar su talento musical –como siempre huesos no gastaba esfuerzos en mostrarse modesta, ella era muy segura de sí misma-.

-Huesos tú te encargarás de cuidar los intereses de nuestra hija –dijo Booth, mientras planeaba la participación de su compañera en el juego de la piñata-.

-Claro que sí Booth, tu sabes que ya compré un seguro de estudios para Christine que garantizará su ingreso a la mejor universidad del país… -contestó Brennan muy motiva recordando los planes que tenía para su hija-.

-¡No huesos! –le interrumpió Booth-.

-No me refiero a su futuro, de ese nos encargaremos los dos –dijo con una sonrisa coqueta y de autosuficiencia-.

Brennan lo miraba desconcertada, no entendía a qué se refería entonces.

-Me refiero a sus intereses en la fiesta –explicó Booth con una sonrisa muy picara-.

Brennan, más sorprendida aún, le preguntó: -¡¿y qué debo hacer para ello?

-Tranquila huesos, tranquila, tu sólo tendrás que arrojarte a la piñata a jugar con Christine y luego yo te compensaré.

-¡Oh no, claro que no! Es a ti al que le gustan las piñatas, así que eres tu quien debe "cuidar de sus intereses" –contestó con ironía Brennan-.

-Ya lo veremos –dijo mientras se detenía a pensar cómo haría para convencer a huesos, moría de ganas por verla jugar con Christine, peleando con otras madres y niños por dulces y juguetes-.

-¡Ya lo tengo! –exclamó- quien duerma primero a Christine se liberará de esta tarea y quien no logre hacerlo tendrá que acompañar a la bebe. –propuso con seguridad Booth-.

Brennan levantó la ceja izquierda, apretó los labios y lo miró a los ojos, indicando que aceptaba su reto.

-Bueno, como yo fui el de la idea yo lo intentaré primero. –dijo Booth con una sonrisa casi de ganador-.

-¡Booth eso es trampa!, es claro que Christine ya quiere dormirse –alegó Brennan-.

-¡Déjame!, sólo lo intentare y luego lo harás tu –replicó el agente-.

En ese momento Booth cargó a Christine en sus brazos -Brennan terminaba de ponerle la Pijama- y le cantó:

"Twinkle, twinkle, little star
How I wonder what you are
Up above the world so high,
Like a diamond in the sky
Twinkle, twinkle, little star
How I wonder what you are"

En cuestión de minutos él había ganado el reto.

-Cariño será muy lindo compartir este momento contigo, las dos en la primera piñata de nuestros hijos –le insistía Ángela a Brennan en la fiesta-.

-Claro mi amor tú debes cumplir lo que prometes y darle un buen ejemplo a nuestra hija –dijo Booth con dulzura, sabiendo que al final Brennan lo haría y él disfrutaría mucho esa escena-.

Ángela se sorprendió al escuchar la forma en que Booth llamó a su amiga, nunca antes había escuchado que la llamara "mi amor". Ella miró a la pareja de Tempe y le sonrió con complicidad.

-¡Bueno está bien! –aceptó Brennan mirando a su compañero con un gesto de niña consentida que lo derretía-.

-¡Agente Booth, agente Booth! –Seely escuchó de repente una voz como de ultratumba, que lo sacaba de sus recuerdos. Levantó la mirada y se encontró a Sweets-.

-¡Oh por Dios! ¡Sweets más te vale que tengas una buena razón para molestarme!

-¡Perdón! ¿En qué estaba pensando? –sonrió Sweets con esa mirada de psicólogo.

-¡Ah no! ¡Ni creas! –Booth rechazó inmediatamente con un gesto, la intención de su amigo de tratarlo como un paciente- dime rápido qué es lo que necesitas.

-Ya llegó el padre de la víctima, lo está esperando en la sala de interrogatorios –explicó Sweets-.