¡YO NO SOY EL DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE HOTEL TRANSYLVANIA! A EXCEPCIÓN DE LOS OC'S
Agradecimientos.
Byakko Yugure: gracias por tu review. Ya conoces a Clarisse :v Nunca des nada por sentado porque ¡Bum! A veces puede venirte con sorpresas. Los lobosteins son vida, los lobosteins son caos :v. De hecho yo te había dicho una bruja, pero decidí cambiarla, ya verás por qué. Gracias por leer.
RonIN29: gracias por tu review. Ya verás lo que haré con ella :v Tendrá más peso en los últimos capítulos. Gracias por leer.
IV
Jugándose el alma
Winnie se quedó petrificada de la impresión. Ver cómo Dennis parecía derretirse y curvarse hacia el centro como si fuera líquido que cayera por un desagüe la había dejado muy conmocionada. Ella conocía eso, era una manera de traslado. Incómoda. Impráctica. Pero de igual manera un traslado. O sea que Dennis fue a parar a algún lado.
Se sacudió la sorpresa y tomó entre los dedos de sus patas el collar que tenía. El dije dorado de un circulo hueco repiqueteaba sobre los tres dijes del collar que le había regalado Dennis hacía tres años, cuando habían podido al fin, terminar el martirio que había sido su compromiso forzoso. Habían tenido una vida hermosa juntos este tiempo, aunque parece que el destino tendía a verlos sufrir cada tanto.
Pudo sentir las emociones de Dennis. Al principio cuando habían salido huyendo de los guardias notó sorpresa y luego alivio, seguido al poco tiempo de remordimiento. No supo por qué, pero, probablemente, era por haberse separado. Ahora sentía impresión, miedo y angustia.
Cerró los ojos y se concentró en la imagen de Dennis. Se lo imaginó allí de pie a su lado; al abrir los ojos nada pasó. No podía haberlo hecho mal, suponía que los collares no eran cien por ciento seguros así que optó por comunicarse con él; apretó el dije contra su pecho y pensó con nerviosismo:
«Zing-zing.»
¿Winnie?, dijo Dennis. ¿Estás bien? ¿No te absorbió?
«No, sigo en el puente; ¿dónde estás?»
En una especie de cueva. No sé qué lugar es solo que…
«¿Es solo que qué, zing-zing?»
No hubo respuesta.
De repente Winnie sintió una nueva carga de emociones: sorpresa, pena y vergüenza. Las mismas emociones que la abordaron cuando Dennis miró fijamente el templo desde la orilla.
—¿Será que…? —Winnie frunció el ceño al pensar algo. Si recordaba algo de esos collares era que si se pensaba en la persona que tuviera la pareja, poniéndose desde su punto de vista, podría ver lo mismo que el otro veía, aunque sea por un corto periodo de tiempo.
Lo sabía porque sus padres tenían un juego para poder encargarse de la supervisión de trescientos hijos, y más aún, con las nuevas camadas que habían tenido. Así pues, se imaginó como Dennis, en donde sea que estuviese. Cerró los ojos y se concentró en su imagen, en esos rizos rojizos como fresas, en ese rostro redondeado y de pómulos altos, se imaginó mirando a través de aquellos ojos azules.
Cuando por fin pudo ver desde su perspectiva, se quedó sin habla.
Cuando Dennis apareció en aquella cueva se quedó sin habla y con suma rapidez analizó el lugar. Cuando apareció esa mujer (aunque no creía que lo fuese, no podía serlo, porque si no, no hubiera podido llevarlo hasta allí), se quedó sin habla.
Era demasiado hermosa. Dejaría por el piso a cualquier mujer mortal y a la mayoría de los monstruos hembras. Se sacudió esos pensamientos y trató de buscar alguna salida; sin éxito.
La voz de Winnie resonó en su mente y se agradeció tener el collar. Oír su voz lo había reconfortado un poco, aunque aún debía imaginar cómo salir de allí. Supuso que si el collar podía traerla, quizá podría llevarlo de vuelta. Apretó el dije con todas sus fuerzas imaginándose junto a la loba, en el puente del lago, pero nada pasó.
«Era obvio que no funcionaría —se reprendió Dennis—. Qué suerte tengo.»
Cuando iba a responderle la pregunta que le hizo Winnie fue abordado por la mujer.
Para su enorme y confusa sorpresa ella se le lanzó encima y le dio un beso. No fue como el que le había dado a Winnie, el de la loba fue algo hermoso, algo que no podía describir con palabras, este, en cambio, era extraño, podía sentir como si le extrajeran la vida a través de los labios.
La mujer se separó y su hermoso semblante titiló por un segundo, dejando ver su verdadera esencia. Una mujer vieja y demacrada, de tez negruzca, como una momia, de ojos negros como el carbón y a la espalda tenía unas enormes alas membranosas, como un dragón. Tan rápido como apareció, esa… cosa, recobró su apariencia de mujer hermosa.
Es una súcubo, zing-zing, dijo Winnie en su mente. ¡Sal de ahí ahora!
Dennis estaba demasiado sorprendido para hacer o decir algo.
—Eh… —balbuceó.
La súcubo se limpió los labios y se quedó mirándolo con notoria sorpresa. Chistó por lo bajo y chasqueó los dedos; cuando lo hizo, la voz de Winnie dejo de retumbarle en la mente advirtiéndole que saliera de allí.
«Winnie —pensó—, ¿estás allí? ¿Winnie?»
Al no obtener respuesta de la lobuna apretó el dije contra su pecho y a gritos la llamó con el pensamiento, pero nada ocurría. La súcubo habló.
—Ni te molestes —dijo, su voz sonaba como un siseo o una caricia—. No podrás comunicarte con… esa.
Dennis frunció el ceño, enojado, y las emociones que sentía de Winnie, aumentaron el enojo.
—¿Cómo que esa? —vociferó levantándose—. Cuidado en cómo llamas a Winnie… cosa. ¿Quién eres tú? ¡Sácame de aquí!
La súcubo lo miró con una extraña fascinación. Chasqueó los dedos y una chispa brillante y morada emanó de los mismos. Dennis cayó sentado al suelo de golpe, como si una fuerza invisible lo hubiera empujado contra el suelo.
Ella se acercó al vampiro y lo analizó con la mirada.
—Soy Lilito, un placer —dijo con sarcasmo, mientras lo miraba de arriba abajo. Dennis sentía que lo estuvieran atravesando unos rayos X—. ¿Por qué sigues vivo? Te di un beso, deberías haberte vuelto polvo y quedar solo tu alma.
—¿Así que me querías matar? —ironizó él—. Vaya, qué considerada. ¿Debo agradecerte?
Lilito desvió la pregunta con un gesto de la mano, restándole importancia.
—No lo entiendo, he devorado vampiros varias veces, ¿por qué tú estás vivo? ¿Acaso tienes Zing?
La pregunta agarró a Dennis fuera de base, causándole un leve rubor. Lilito chistó al ver su reacción.
—Que suerte del demonio —espetó—. Van tres veces que me pasa.
Se dio media vuelta y le dio la espalda a Dennis. Éste aprovechó y se levantó, si la lograba tomar por sorpresa, le podría hacer un placaje para derribarla y así salir huyendo, para tratar de encontrar alguna salida. Se levantó y cargó contra ella. Lilito, sin volverse, chasqueó los dedos y Dennis quedó paralizado en el acto. Trató de forcejear, pero se movía demasiado lento, como si se moviera a través de líquido muy, muy espeso.
Ella se giró y lo quedó viendo con una sonrisa triunfante.
—¿Sabes? Ha pasado tiempo desde que llegó otro hombre que tenía Zing, ha sido unos… cien años, más o menos.
Dennis empezó a moverse un poco más rápido. Lo que sea que ella estuviera haciendo, su efecto se pasaba deprisa.
—Tendré que matarte, querido. No puedo dejarte vivir para que anules mi magia, ¿cómo haría para alimentarme?
De un momento a otro la magia que ella usó en él se deshizo con un «plop». Dennis se movió con toda su libertad y, como si su cuerpo tuviera grabado los movimientos por puro instinto, asestó un golpe a la mejilla de la súcubo, mandándola contra la pared de la cueva.
Lilito se levantó con dificultad, sobándose el rostro y lanzándole una mirada iracunda, chasqueó los dedos y una niebla morada fue en su dirección. Se le arremolinó alrededor del cuerpo, evitándole respirar, pero de un momento la niebla se deshizo.
Dennis se miró el cuerpo, sorprendido, y tratando de procesar cómo desapareció ese humo morado.
—Vamos de mal en peor —masculló Lilito, con un gruñido—. Tienes una maldición primaria.
—Dime algo que no sepa.
Lilito se pasó una mano por el rostro, fastidiada.
—Esa estúpida maldición te hace inmune a mi magia. ¿A quién molestaste para que te echaran una? —Pateó una roca suelta, desquitándose.
—Más te vale que me saques de aquí por las buenas, porque no me quieres conocer por las malas —dijo Dennis, tratando de parecer intimidante.
La súcubo se paseó por la cueva, alrededor de Dennis, siseando y lanzando maldiciones en italiano, de las cuales Dennis no entendió nada. De un momento a otro se detuvo y lo miró con una sonrisa inquietante.
—Tengo una idea mejor —propuso, mirando a Dennis como un valioso espécimen de laboratorio—. Juguemos.
Él frunció el entrecejo, confundido y enojado.
—¿Un juego? ¿Qué se supone que voy a hacer con un juego? Sácame de aquí o me iré por mis propios medios —amenazó.
Ella rió.
—Esta cueva está hechizada, por si no te has dado cuenta. Si yo no te permito la salida, no podrás irte. Así que si yo fuera tú, cooperaría. Claro, eso si quieres salir, porque muy bien puedes quedarte aquí conmigo.
Con una mueca de asco, y con el incesante eco repetitivo de aquella gota que caía, suspiró resignado. Ella podría tener una imagen muy bella, aunque ahora sabía lo que era: un ser chupa vidas que se divertía con el sufrimiento ajeno.
—Vale.
—Muy bien —sonrió ella, moviendo los dedos con entusiasmo, ocasionando que chispas púrpuras salieran de estos—, serás una buena mascota. De paso de tener un Zing, tienes una maldición latente. Ansío analizarte y manejar esa maldición.
Dennis arqueó las cejas.
—¿Puedes quitarla? —preguntó como quien no quiere la cosa.
—No.
—¿Entonces para qué me quieres?
—Entretenimiento —dijo, como si fuera lo más normal del mundo; chasqueó los dedos y las piedras sueltas de la cueva se arrejuntaron formando una mesa y dos bancos; sobre la mesa había un tablero de juego con sus respectivas piezas—. ¿Comenzamos?
Dennis miró con detenimiento el tablero.
—¿Ajedrez?
Lilito se encogió de hombros.
—Es mi juego favorito, además vendrá bien con la apuesta.
—Un momento, no dijiste nada de apostar… y en todo caso, ¿qué apostamos?
—Yo, tres peticiones. Tú, el alma —sonrió con inocencia—. ¿Aceptas?
—¿Las que sea?
—Las que sea.
—¿Vas a cumplir?
Lilito levantó su mano.
—Lo juro, por mi linaje de súcuba.
—Vale. —Dennis se sentó en el maltrecho banquillo y miró el tablero; le había tocado las piezas negras. No tenía ni la más mínima idea de cómo jugar ese juego, pero apenas se sentó, sintió como si hubieran descargado todas las instrucciones en su cabeza; en su mente aparecieron todos los tipos de jugadas y movimientos. Miró intrigado a la súcuba—. Si pierdo y tomas mi alma, moriré. ¿Cómo investigarás mi maldición?
—No me llevaré toda tu alma, solo una parte —aclaró, haciendo un gesto de impaciencia con la mano—: tu Ba.
—¿Mi qué? —¿Qué rayos era un Ba?
—Tu Ba —respondió y le aclaró lo demás como si estuviera tratando con un niño pequeño, cosa que irritó a Dennis—. El alma, seas monstruo o humano, se conforma de cinco partes: el nombre o identidad, la personalidad, el corazón, la fuerza vital y la sombra. Son cosas de hechicería básica. Lo que te quitaré será tu Ba; tu personalidad. Quedarías como un vegetal. ¿Divertido no lo crees?
—Divertidísimo —repuso, sarcástico.
No se mostraba particularmente alentado a jugar, pero si era la única forma de regresar, no le quedaba de otra, y no quería quedarse con un monstruo que quién iba saber cuántos años tenía, sirviéndole de compañía. Suspiró.
—Tres peticiones —repitió, mirando con severidad el tablero. Debía ganar a como diera lugar.
—Sí —sonrió ella y movió pieza. Dennis jugó también y en la próxima movida de Lilito ella le comió una ficha, al hacerlo, sintió una punzada en la mano y al mirarla notó que uno de sus dedos parecía desaparecer; se hacía traslucido, casi transparente. Lilito lo miró con una sonrisa macabra—. Creo que no te lo dije, por cada pieza que pierdas, pierdes parte de tu alma.
Dennis frunció el ceño y no se dejó intimidar. Debía encontrar la manera de ganar e ir con Winnie.
Inició el juego a fondo. Observaba, con una calma inusitada, cómo ella comía sus piezas sin compasión ni remordimiento alguno, al contrario, mientras más lo hacía más se expandía su maléfica sonrisa. Las reglas aplicaban en ambos, ya que cuando le comió la primera pieza, una parte del cuerpo de Lilito (dependiendo de la importancia de la pieza) se volvía traslucida y le impedía usarla.
Luego de unos exasperantes veinte minutos de movimientos y estrategias, a Dennis solo le quedaban cuatro piezas más el rey, en cambio, a Lilito le quedaba una más que él. Lamentablemente había llegado a la conclusión de que, para ganarle, había de sacrificar una torre, el problema era que las torres representaban los ojos. Cuando ella le había comido una de las dos, él perdió la visión del ojo derecho.
Ahora, si hacía ese movimiento quedaría ciego, sin embargo, era la única manera de ganar. Espiró. Repasó el trayecto que debería seguir el alfil una vez que ella comiera su torre, dejando desprotegido a su rey y cuando se grabó el trayecto, movió.
—Lamentablemente quedarás ciego, cariño —gorjeó victoriosa Lilito, al comerse la torre de Dennis—. Y creo que yo gano, porque ciego no puedes jugar. Ahora dame tu Ba.
Poco a poco la visión empezó a emborronársele a Dennis, hasta que solo pudo ver una enorme e infinita oscuridad. Sonrió.
—No tan rápido, Lili. —Tomó con los dedos anular y meñique el alfil a mover y con el índice y medio recorrió el tablero de piedra, tratando de ubicarse; contó los recuadros a la izquierda y llegó al que buscaba—. Jaque mate.
Lilito lanzó un chirrido que bien pudo ser un grito o que se había tragado una esponja de alambre, chasqueó los dedos y Dennis cayó sentado al suelo, recuperando poco a poco la vista y las partes del cuerpo.
Cuando se sintió completo, se levantó. Miró triunfante a la súcubo.
—Ahora mis tres peticiones… Primera: me vas a sacar de aquí, devolviéndome al lado de Winnie. —Pensó detenidamente las dos siguientes. Si bien sabía qué hacer con la primera cuando ganara (si lo hacía), no había pensado la segunda. Algo en su mente hizo clic: si ella usaba magia y con magia lo había traído, con magia podría llevarlo a él, Winnie, Clarisse y Wilbur a Rusia—. Segunda: me proporcionarás a mí y a mis compañeros una manera de llegar a Rusia sanos y salvos. Tercera: como tú manejas la magia quiero que hagas algún abracadabra y me ayudes a recuperar mis recuerdos, o en su defecto, a aprender rápidamente mis poderes de vampiros de este libro. —Sacó de su mochila el libro que le dio Vlad y se lo lanzó a Lilito.
Ella hojeó las páginas e hizo un mohín.
—No puedo ayudarte a aprender todos. Tu eres un descendiente de…
—Drácula.
—Los Drácula, hum… —Pasó las páginas y llegó a un lugar en específico—. Visión, fuerza, velocidad, regeneración, metamorfosis, hipnosis, garras… —masculló. Movió un par de página más—. ¡Aquí! «Los Drácula son propensos a desarrollar cualquier habilidad de cualquier familia de vampiros debido a que fueron de los primeros».
»Puedo facilitarte el aprendizaje de estos tres: Furia, Ácida y Sirviente.
—¿Disculpa? —dijo Dennis arqueando una ceja—. Explícate
Lilito espiró con fastidio.
—No sé qué cualidad hayas desarrollado, por eso no puedo potenciarlas. Si elijo alguna muy potente terminarás incinerado, aunque pensándolo bi… —Se tambaleó y dejó caer el libro. Sus ojos lilas se volvieron rojos. Su figura hermosa se deshizo dejando ver su verdadera forma. Esbozó una sonrisa tan horripilante que Dennis se intimidó y dio unos pasos hacia atrás.
Lilito movió ojos con enorme frenesí y estos volvieron a su tonalidad negra como carbón. Recobró su figura hermosa y sus ojos volvieron a ser lilas. Miró a Dennis con una sonrisa entre regocijada y maliciosa.
—Como decía —reanudó, tratando de parecer calmada, aunque respiraba cansada—, solo potenciaré esas tres habilidades. Furia hará que, independientemente de tus heridas, sigas luchando. Ácida hará que quien sea rociado con tu sangre sufra quemaduras químicas, solo si la escupes. Y Sirviente, como su nombre lo indica, te permitirá controlar a alguien para que haga lo que quieras.
Dennis asintió.
—Ajá, ¿y lo de la ida a Rusia? —soltó.
Ella masculló un leve gruñido, chasqueó los dedos y en su mano aparecieron dos esferas: una de color negro y una transparente con una especie de neblina azul en su interior.
—La negra es para el viaje —mencionó, entregándole las esferitas—, y la azul es para la potencia. La negra la lanzas al suelo alrededor de los que vayan a viajar y la azul te la comes. Te curará, recuperaras todo, absolutamente todo, pero luego de una hora terminará, los efectos secundarios varían de monstruo en monstruo así que no sabría decirte qué te pasará después.
—¿Todo? ¿Incluso los recuerdos? —quiso saber.
Lilito hizo una mueca.
—Sí, pero por la maldición que tienes sobre ti, la magia no durará. Una hora como máximo. Eso tienes. —Dio un aplauso y en sus palmas empezó a ensortijarse una neblina purpura—. Acabé de ver lo que pasará y te daré un consejo: «el éxito o fracaso en tu búsqueda de lo que se te ha sido robado, dependerá de la decisión que tomes: sacrificio o muerte. Si eliges ambas fracasarás, pero si no eliges, todo lo perderás.»
Fue como si unos grilletes más pesados de lo que pudiese imaginar, más fríos que el hielo y más grandes que él mismo, se le hubieran cerrado en torno al cuello, muñecas, y corazón. Lo que lo extrañó fue que esa sensación se sintió demasiado real, era como si en ese momento algo hubiera sido atado a él. O algo que siempre lo estuvo, se hubiera, con las palabras de ella, mostrado. Le empezó a costar más respirar, no lo hacía con esa sencillez que le confería su estado mestizo, sino lo hizo como si el corazón le pesara o le presionaran los pulmones.
Luego de varios tortuosos segundos, dicha sensación se disipó, recuperando su estado normal.
—¿Por qué me dices eso? —preguntó, una vez recuperado.
Ella se encogió de hombros con una sonrisa expectante, como si Dennis fuese un experimento y ella esperase resultados. «Algo esconde, algo importante.» Y antes de que pudiera preguntarle, o siquiera decir algo más, ella apuntó las manos a sus pies y la niebla lo envolvió.
—Eres el primero que me gana —dijo, con firmeza y respeto—. Admiración, quizá.
La niebla envolvió por completo a Dennis. Sintió un tirón en el estómago, todo se puso negro y cuando casi se desmayaba por falta de aire, llegó a destino. Aterrizó en el puente que conectaba el templo, pero no había nadie allí. Winnie no estaba. Miró a los lados, viendo arboles en todos lados, tomó el dije entre sus manos y trató de comunicarse con la loba, que por alguna extraña razón, no podía sentir sus emociones.
«Winnie, ¿Dónde estás?»
Hubo un momento sin respuesta, y luego la loba le habló en la mente.
Zing-zing, ¿ya volviste?, dijo Winnie.
«Eh… sí. ¿Estás bien? ¿Dónde estás?»
Con Wilbur y Clarisse, dijo. Me reuní con ellos al ver que no aparecías y andabas con… esa.
Por la forma en que oyó, de alguna manera, ese pensamiento dentro de su mente, supo sin que nadie le dijera lo que pasaba. No había que ser un genio para saberlo, de todas formas.
—Lo que me faltaba —murmuró, dándose un golpe en la frente y mirando al cielo—. Está celosa.
«Vale, ¿me llamas?»
No le respondió.
Por un momento llegó a pensar que ella lo iba a dejar tirado allí, no obstante, al momento, sintió como si una fuerza lo jalara hacia arriba, el mundo dio un giro fugaz y cuando se dio cuenta, estaba al lado de la loba.
Wilbur y Clarisse lo saludaron, tenían algunos rasguños y cortes por el cuerpo, sin ser nada grave. Dennis reparó en el lugar donde estaban. Era el Coliseo, aunque no le dio tiempo a apreciarlo porque Winnie lo miraba con recelo. A él se le hizo cómica la escena. Cuando el lobo y la morena le preguntaron por qué llegó Winnie antes, este les comentó lo que le había pasado, omitiendo el detalle del beso, claro está. Les mostró ambas esferas y se guardó la azul.
—Según —dijo, subiendo y bajando la mano, con la esfera en su palma, sintiendo el peso de la misma—, esta nos debe de llevar a Rusia.
—¿Según? —dijo Wilbur, con precaución.
Dennis se encogió de hombros.
—Ya sabemos que la fuente de energía en Roma era por Lilito —dijo, tachando el destino en su mapa, lo enrolló y guardó en la mochila—. Ahora debemos irnos al próximo destino.
Miró de reojo a Winnie, pero no podía percibir sus emociones. No lo entendía. Se suponía que el collar los conectaba, ¿entonces por qué no percibía nada? Y luego recordó lo que Lilito había hecho para impedir que se comunicaran. ¿Había afectado en algo el funcionamiento del collar?
Vaya, hasta la llamas por su nombre, dijo Winnie en su mente, mordaz.
«Ya hablaremos, mi Zing.»
A ella le cambió la expresión a una de nostalgia al oír que la llamó Zing. Por su lado el vampiro suspiró agotado. Tener a una mujer celosa era una cosa, pero tener a una mujer lobo celosa era algo sumamente más difícil. Optó por lo más sencillo: sin reparar en Wilbur o Clarisse, se acercó a Winnie y le dio un beso.
Fue rápido, fugas, más un pico que otra cosa, y sin embargo, la sensación era mil veces mejor que el que le dio Lilito; si con ella sintió como si le arrebataran la vida, con Winnie fue algo a la inversa. Se sintió feliz, alegre, eufórico, apenado y un revoltijo de emociones más. No tendría recuerdos de ella, pero definitivamente, algo se quebraba de la felicidad en él cada vez que la besaba.
Algo siempre se quebraba.
Le dio una sonrisa divertida y le tomó la pata. Le lanzó una mirada a Clarisse para que hiciera lo mismo con Wilbur.
—Nos quedan cuatro días hasta el treinta —avisó, con la esfera negra en alto, pasando la mirada por todos los presentes. Todos asintieron y Dennis lanzó la esfera al suelo.
La esfera explotó en un nubarrón de negrura total. Se ensortijó alrededor de cada uno y pareció que el mundo daba vueltas y se deshacía. Todo se puso negro y el aire vaciló, y cinco segundos después llegaron a destino.
