Rurouni Kenshin no me pertenece. Nada, nada de él, pero me gustaría. Escribo esta historia por diversión, sin fines de lucro.

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Este capítulo contiene una relación sexual porno. No interfiere con la idea general asi que pueden saltársela cuando la encuentren si no les gusta este tipo de cosas.

Sueño Ajeno

Epílogo

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Desde el alargado ventanal de su despacho, Enishi miraba el mar con la panorámica que le brindaba ese segundo piso. Se permitía ese momento de relajo tras horas revisando la contabilidad de su empresa con su colaborador para hacer algunos ajustes al presupuesto que podían permitirse. Las cosas se habían puesto un poco difíciles hacía un par de meses atrás y aunque su patrimonio no estaba amenazado ni comprometido, quería tomar todos los resguardos anticipando a que la situación pudiera presentarse nuevamente.

Enishi había unido a pequeños talleres de seda cuando decidió cambiar para ser una mejor persona y los tomó bajo su protección, mejorando sus condiciones laborales con mejores herramientas y capacitaciones donde veía que la seda era deficiente y se podía mejorar mediante la compra y crianza de buenos gusanos y mayor limpieza en el taller. Almacenaba los productos en sus bodegas mientras hacía los contactos para venderlas. Tenía otros negocios, pero de este se ocupaba personalmente.

El año que estuvo separado de Kaoru, esperando su respuesta, Enishi hizo un primer viaje en su barco a Inglaterra para ofrecer seda sin intermediarios que encarecían los costos. Viajó con uno de sus colaboradores de origen inglés y de inmediato trató de abrirse paso en medio de la cerrada sociedad londinense, dada a mirar en menos a los orientales, pero él no se dejó avasallar por sus palabras lisonjeras mientras lo miraban con la nariz levantada: Enishi se plantó delante de esos señores bien parado y dominándolos con su altura. Les habló en chino sin dejar de mirarlos a los ojos mientras su traductor hablaba de precios y condiciones en inglés. Uno de los señores, de apellido Watson, le sonrió y dijo algo a sus compañeros. Le bastó un rápido vistazo a su colaborador para notar su incomodidad. Se reía de él.

Sin inmutarse, siguió hablando de condiciones de pago, pues los señores ya habían conocido la tela.

-¿Acaso el señor Yukishiro pretende saber más que nosotros de mercado y de seda? Entiendo que lleva menos de cinco años comerciando con esto y espera que aceptemos sus términos. Me parece muy pretencioso para ser un japonés que vive en China. Usted es el que debería esperar a que nosotros le propusiéramos un trato.

Rodeados de rollos de tela en una bodega, donde las preciosas sedas brillaban como una tela hilada por los dioses, Enishi perdió la paciencia y la compostura.

-Traduce. Todo.- Le dijo a Williams, su colaborador. Este lo miró asustado y asintió. Luego miró al joven Satoru, colaborador de uno de los ingleses, de origen japonés.- Tú, también traduce.

El joven miró a su jefe y este le dió el permiso. Enishi empezó a hablar en japonés con autoridad, haciendo las pausas para permitir la traducción.

-Soy natural de Japón. De un lugar donde conocí lo mejor y lo peor y aprendí que el miedo no puede tener lugar en mi vida, menos el sentirme menoscabado por gente como ustedes, con sus trajes, su idioma y sus costumbres. Me trasladé a China.- dijo, cambiando en este punto el idioma con pasmosa facilidad.- y allí me establecí y levanté mis negocios. Este es sólo uno de ellos, asi que ustedes no me perjudican en ningún modo si no quieren mi seda, porque perfectamente la puedo vender en Francia.- dijo una vez más cambiando el idioma, aunque este lo dominaba menos.-¿Entiender usteres francés? Yo no mucho pero poder mejorarlo. No tengo problema con eso. Llevar un mes aquí y si traje traductor fue porque... me temo que mi inglés no ser tan fluído como para que ustedes entender que mi producto y servicio de despacho ser pionero, ser lo mejor.- dijo en un inglés bastante bueno, dejando pasmados a los ingleses y en especial a Williams.- Ustedes se han reído de mi mientras les he hablado con seriedad, dicien que no pueder esperar nada de un hombre que viene de un país que hacer telas para sus mujeres. - De inmediato, Enishi se movió por la bodega jalando de las telas que asomaban por los rollos.- Veamos. Algodón americano. Por favor, ¿Sólo en azul? ¿Blanco? ¿Y qué porquería es esta? Mira esa trama y urdiembre. Yo no entiende cómo no se esmerar en producir algo menos áspero para sus niños y mujeres. Ustedes rien de mi país que produce seda que pagan a precio mucho económico. Se rien de Japon que también produce seda, pero ¿Han comparado las telas? No resiste comparación alguna porque la seda es sublime, su hilo es fino, su color es brillante, su textura es suave, no como esta mierda que tienen acá.

Ustedes no merecen mi seda. Y señor Watson, dudo que usted sepa más de negocios que yo, porque si supiera, estaría enterado de la plaga que acabó con más de la mitad de los gusanos de seda sólo donde yo vivo y en Japón está el descalabro con este tema. Mis precios son los mejores.- dijo, indicando a Williams que recogiera las muestras para retirarse.

-Pero señor Yukishiro, por favor, no se lo tome así.- dijo uno de los hombres quien había seguido atentamente su expocisión anterior y sus palabras.- Yo si tengo un genuino interés en su seda. Por favor, hablémoslo a solas.- dijo preocupado. Para él era conveniente que la flota que Yukishiro pretendía crear, asumiera los riesgos de traslado. Otro de los hombres los siguió respetuoso y en la bodega quedaron Watson y tres más. Al salir, Enishi los miró con desprecio.

-Muéranse.- espetó de modo tal que asustó a los rezagados, y por la tarde cerró trato con dos señores londinenses. Un par de meses después, cuando los precios llegaron ostensiblemente inflados por la plaga del gusano de seda, Watson se acordó a cada minuto del chino-japonés que pudo venderle las telas a un precio tres veces más económico, aún incluyendo una comisión por el traslado.

Justamente de él había llegado una carta al despacho de Enishi poco antes de ir a buscar a Kaoru, pidiendo de la forma más humilde ser considerado como cliente. Llamó a Williams.

-Respóndele que si quiere cerrar el trato, venga personalmente. Si no, no me interesa. Tengo suficientes compradores.

Cuando consiguió para su barco "Kaoru" una tripulación de confianza y las banderas necesarias para fondear en los puertos internacionales, alcanzó a ir a buscar a Kaoru y sus niños antes de enviar a Williams en el primer viaje como mercante. Él nunca tuvo la intención de ser marino. Él, más que nunca desde la llegada de Kaoru, quería permanecer en tierra con ella.

Ya había pasado un año desde que tenía una gran familia. Kaori daba sus primero e inseguros pasos por toda la casa y Kenji se adaptada a su vida en el continente, aunque echaba de menos a Kenshin. A veces, jugando, le preguntaba por él.

-¿Cuando vendrá papá?-

No era fácil responderle a un niño y él tampoco deseaba mentirle pero francamente, no sabía cuándo llegarían a verse de nuevo. Según sus informantes, Kenshin estuvo un tiempo con Megumi.

Regresó al presente cuando una gaviota pasó frente a sus ojos. Estaba lejos, pero de todos modos llamó su atención.

Se tocó la frente nuevamente preocupado. ¿Estaría bien el presupuesto o debía rebajarlo aún más? Kaoru era una mujer que practicamente no generaba gastos, de hecho él era el más loco cuando salían por ahí y le ponía vestidos y joyas a su dispocision. Ella sólo sonreía e indicaba un kimono o dos. En fin, que los gastos en su casa estaban controlados, el patrimonio a resguardo y sólo debia procurar que los talleres de seda, unidos, siguieran generando buenas telas. A ese ritmo, en un año o dos podria adquirir otro barco. Mantendría el presupuesto y al demonio, si algo salía mal, podía apoyar la seda con porcelana.

Se aflojó el cuello de la camisa, pues, a diferencia de Kaoru, él no tenía problemas en vestir según lo que le gustara llevar y no según su tradición. Trajes chinos, pero también occidentales llenaban su guardarropa. Precisamente ese día llevaba una camisa blanca, chaleco gris y pantalones a tono. El chaleco, debidamente entallado a la altura de la cintura, sólo enfatizaba sus anchos hombros. El pantalón se ajustaba de modo interesante a sus muslos.

Había comprado para Kaoru un hermoso vestido de esos ajustados en el torso y de amplia falda, con varias flores de tela bordeando el escote redondo, de color vino tinto. No sabía cómo la había convencido ese día para llevarlo puesto pero se alegraba, porque tenía una fantasía con eso.

Sonrió, apoyándose derechamente en la ventana. Se desvió de la playa y miró a su jardín, donde la vieja Chyou, jugaba con Kenji y Kaori. Los niños estaban embelesados con ella y Enishi sonrió con la escena. Un par de golpecitos a la puerta llamaron su atención.

-Pase.-

Se volvió a tiempo para ver entrar a Kaoru al lugar. Se veía hermosa con su vestido nuevo, que resaltaba sin duda su estrecha cintura y elevaba y daba una forma interesante a sus pechos, resaltando con el color la atractiva palidez de su piel. Su cuello fino y sus mejillas sonrosadas lo estaban llamando, pero se había recogido el cabello como solía hacerlo, de acuerdo a su estatus de mujer casada y eso le disgustaba.

-¿Por qué no te dejas el cabello suelto?- soltó mientras ella cerraba la puerta.- Eres joven y bella.

-No corresponde, esposo. Lo sabes.

-Ahora estás aquí. No deberías pensar en costumbres de otro lugar.

Kaoru sonrió, bajando la cabeza. No quería discutir sobre eso

-Me gustaría hablar contigo sobre algo.

-Dime.

Kaoru lo miró y buscó las palabras.

-Kenji extraña a su padre. No ha dejado de preguntar por él en este tiempo y Yahiko me ha comentado en su carta que Kenshin... desearía verlo. Como sea, me preocupa mi niño y pienso que debería acompañarlo a Japón para que vea a Kenshin.

Enishi la miró, solemne, y soltó aire despacio, pero sonoramente.

-Kenshin no pensó en su familia cuando hizo lo que hizo. Lo que tiene es lo que buscó.

-Lo sé, pero... Kenji no tiene la culpa.

-Yo tampoco la tengo y ahora debo aguantar que mi mujer corra hacia su ex marido. Si quiere ver al niño, puede venir a verlo. Indícaselo a Yahiko cuando le escribas.

-Sabes que Kenshin no lo hará.

-Cuando hablas de ese modo, me convenzo que recuerdas pocas cosas de Kenshin. Yo pienso que él si vendría a ver a su familia.

-Pero Enishi, a mí no me cuesta nada ir, permanecer una semana...

-¿Una semana?¡Por qué tanto tiempo! Puedes ir por el día, juntarse en el puerto...

-Pero un día es muy poco. Kenji...

-Kenji es un niño, es lógico que extrañe a su padre, pero con un poco de suerte, no pensará en su lejanía en algún tiempo.

-Eso no es justo. Kenshin es su padre, parte de su historia...

-Y de la tuya.

-Es cierto, pero...

-Y tú, ¿extrañas a Kenshin?

La pregunta descolocó a Kaoru por un momento. Movió ligeramente la cabeza buscando rearmarse.

-Un poco... es decir... no puedo evitarlo pero...

-Entonces lo extrañas.

-Si, pero porque él...

A Enishi le daba rabia pensar que Kenshin tenía una forma fantástica de estropear todo lo bueno que lograba. Estaba bien, lo de Tomoe no fue cien por ciento culpa suya porque había estado bajo engaño, pero lo de Megumi...

¿Por qué rayos buscó a Megumi teniendo a Kaoru?

Caminó por el despacho a paso lento, brazos cruzados, mirándose los pies. ¿Cómo era posible que Kaoru le estuviera planteando irse a Japón unos días? La joven mujer lo miraba atentamente, manos juntas sobre la falda del vestido.

-Suéltate el pelo.- dijo de repente, mirándola intensamente. Kaoru hizo una mueca de no entender.- ¿Alguna vez lo llevaste suelto para él?

Kaoru sólo se encogió de hombros. No tenía cómo saberlo. Supuso que si, cuando era más joven.

Enishi que se encontraba parado junto a la puerta, en un rápido movimiento giró la llave en la cerradura y miró a Kaoru.

-Hablemos más relajados.- repuso.- Chyou a veces entra sin anunciarse. Tú quieres ir a Japón. Yo no quiero que vayas.

-Acompáñame.- dijo Kaoru.- No creo que una semana te perjudique mucho.

-No, eso está fuera de toda discusión. Yo no tengo interés en pisar Japón. Mejor escríbele a Yahiko que venga, que lleve a Kenji y luego lo traiga.

Kaoru se apoyó sobre la mesa del escritorio de madera, un poco incómoda con la idea.

-No puedo permitir que mi niño se separe de mí. Ya sucedió una vez. Esposo, por favor, no me hagas pensar en esa posibilidad.

-Pero yo no puedo permitir que te separes de mí.

-Pero no pasará nada. Me puedo quedar donde Tae a alojar... -

-¡No!- rugió Enishi, llegando hasta ella de dos zancadas.- No quiero que vayas. No quiero que él te vea y menos que te hable.- dijo atrapándola por la cintura.

Bajo la ajustada tela color vino, Enishi sintió el abdomen femenino apretado y le gustó la sensación bajo sus manos. Mucho mejor que acariciar obi, kimono y más tela debajo.

-Tú eres mía ahora, asi que olvida siquiera que existe un lugar llamado Japón.

-No puedes prohibirme regresar a mi país.- dijo Kaoru realmente molesta.- ¿Cómo se te ocurre? ¡Ni siquiera estamos casados!

-Y jamás lo estaremos si tienes esa estúpida idea de regresar a Japón. ¿Qué crees que no sé que Kenshin debe haber planeado esto de pedir al niño sólo para verte? ¡Maldición!

-Entonces acompáñame y deja de reclamar por eso.- repuso Kaoru.

-Escucha, no puedo ausentarme, ¿y sabes por qué? Porque mientras tu ex esposo vive de lo que le regalan haciéndose el héroe, yo tengo negocios y personas que se mantienen gracias a esos negocios bajo mi cargo. No puedo simplemente irme esta noche y volver en un mes.

-Está bien, tienes razón, pero no eres justo con Kenshin. No fue un buen marido al final, pero era una buena persona.

-¿Así que una buena persona?.- dijo Enishi, aplastando con sus caderas las de Kaoru contra el escritorio.- ¿A esa conclusión llegaste cuando viviste con él? ¿Llegaste a admirarlo, acaso? ¿Qué tanto lo admiraste? ¿Te confundiste?

-¡Qué estás diciendo!- dijo Kaoru enfadada y de inmediato trató de soltarse de él, pero Enishi la encerró entre sus brazos, su cuerpo y el escritorio. Se movió intentando zafarse pero todo fue inútil.- Despreciable, ¡eres despreciable! ¡Suéltame, maldición!

-Esas no son palabras para la boca de una dama.- dijo Enishi torciéndola lo suficiente como para que perdiera el equilibrio y de inmediato llevó una mano hacia la falda del vestido. Levantó el borde y al tener la piel de Kaoru en contacto con su mano, tomó la pierna con fuerza y la levantó, apegándola a su torso y sujetándola con el brazo. Kaoru dejó de golpearlo en el pecho para apoyarse en el escritorio.

-Déjame. No te atrevas a tocarme. No te atrevas... ¡Rata!

Cerró la boca cuando sintió la mano de Enishi adentrarse entre sus muslos para hundir un dedo en ella, moverlo un poco y sacarlo.

-¿Me dices que no me atreva a tocarte cuando no traes ropa interior?

Por el diseño del vestido, Kaoru no vio forma de usar su ropa interior sin que se marcara demasiado y lo había dejado. Nunca pensó que su pareja se daria cuenta.

-Eso es asunto mío. Ahora suéltame.- dijo ella con fiereza.- Quiero que zanjemos este asunto.

-Me encanta cuando te enojas.- dijo Enishi sonriéndole peligrosamente.- Porque al tensarte tu entrepierna se aprieta y no puedo aguantar las ganas que tengo de penetrarte ahora mismo.

-No puedes. Tenemos que discutir esto...

Enishi no quería dejarlo. La sentó en el escritorio y le separó las piernas, pero antes de hacer algo, el movimiento del pecho de Kaoru, que subia y bajaba cautivó su atención.

Nunca antes había podido ver tal cosa, siempre tapado con el kimono y cuando estaba completamente desnunda, no era el mismo efecto. Sintió su miembro erectarse y no tuvo ningun ánimo de contenerse más.

Se bajó el pantalón y Kaoru aprovechó de cubrir con sus manos la entrada a su cuerpo. Enishi la miró divertido a los ojos.

-La prohibición aumenta el deseo.- argumentó, al retirar sus manos. Sin querer, ella había llamado la atención sobre ese lugar secreto y él por un momento cambió sus intenciones. Cuando él hizo ademán de acercarse, ella intentó lanzarle una patada a la entrepierna, que él esquivó con facilidad.

-Enishi... Déjalo, Enishi... aquí no puedes. Vamos a la cama si quieres...

-Lo quiero aquí, ahora...

-Pero... -

-Iba a ser algo rápido pero me atacaste.- dijo con fingida molestia, poniendo el pantalón en su sitio. Antes que Kaoru pudiera ponerse de pie y resguardarse de él, Enishi se levantó triunfante para mirarla desde su altura y le encantó lo que vio. Kaoru medio sentada en su escritorio, piernas desnudas, falda levantada a medio muslo. Sólo el cabello lo molestaba y sin ningún problema deshizo el peinado de su disgusto.

-Eres mía. Mi mujer. No tienes por qué ir a ver a Battousai. Es todo lo que te diré.- dijo Enishi enredando una mano en el cabello de la joven y besándola con fuerza, colocándose entre sus piernas. Kaoru, quien al principio intentó zafarse, pronto no pudo seguir, mientras sentía a través del pantalón de Enishi, su miembro erectarse contra ella.

Deseó con todas sus fuerzas que él se despojara de la ropa que sobraba y la penetrara de una vez, pero su "esposo" tenía otras ideas.

-Apuesto que deseas aquello que intentaste lastimar. Eres mala, eso no se hace y te castigaré.- dijo sonriendo y quitándose las gafas. Kaoru se quedó quieta sobre el escritorio, preguntándose qué haría a continuación y entonces, luego de mirarla otro poco, Enishi se arrodilló delante de ella y le sostuvo los tobillos con una velocidad tal que ella no pudo levantarse.

-Espera...- dijo ella anticipando lo que vendría.- Enishi...

Enishi sólo la miró maliciosamente mientras escondía la cabeza bajo los metros de tela que componían la falda del vestido color vino. Con las piernas separadas a placer de él, Kaoru se arqueó hacia atrás cuando sintió sus labios moverse sobre su intimidad descubierta.

Iba a decir algo, pero lo olvidó. Un gemido escapó de su boca y ya no quiso escapar ni discutir sobre Kenji cuando él la soltó sólo para usar sus manos en facilitar a su lengua penetrar en ella, separando los pliegues que se la ocultaban como si se tratara de los pétalos cerrados de una rosa.

Ella separó más las piernas, entregándose completamente a él. Enishi, en la gloria, intensificó su succión e incluso se atrevió a morderla. Supo que iba bien cuando tímidamente, al principio, Kaoru presionó su cabeza contra ella, moviéndose para que su lengua estimulara los puntos más sensibles. Su propia excitación se disparó con eso y tuvo que contenerse para no terminar ahí mismo, sin haberla penetrado todavía.

Tras morderla, pues le era dificil contenerse, se decidió a preguntarle si le hacía daño. Kaoru dijo que podía hacerlo más fuerte si deseaba y aunque tampoco quería causarle un gran trauma, le hizo caso. Los gemidos de Kaoru se hicieron más audibles y sus movimientos contra él más frenéticos. Le encantaba, realmente adoraba sentirla así y sobre todo, le encantaba algo que tenía ella. Un sabor en cierto modo picante que provenía de su intimidad, pero que lo obligaba a beber con fuerza, a veces, para acabar de sacarlo. No estaba pensando cuando hacía eso, sin duda, y ella lo animaba a no medirse. De pronto los movimientos de Kaoru se hicieron más rápidos y escuchó cómo ahogaba un grito y respiraba entrecortadamente. Como un gato lamió la crema que pudo tomar antes que ella se apartara con fuerza de él, porque le era insoportable recibir más estímulos en un lugar tan hipersensibilizado.

Le elevaba el ego al nivel de las nubes poner a Kaoru así en menos de cinco minutos y escucharla gritar su nombre. Una parte de él se complacía con la certeza de que era algo que el anterior nunca logró arrancar con tanto ímpetu de ella.

Al levantarse, Enishi observó su cara. Amó sus ojos que evitaban mirarlo y la sonrisa que era incapaz de reprimir, sus mejillas sonrosadas, su cabello desordenado. La besó nuevamente y desatada, ella le respondió con una pasión que desbordada lo alcanzó a él que pretendía tener el control, desechando pronto la idea. Introdujo su lengua en su boca y jugó con la de ella probando su sabor y textura y sintiendo como ella intentaba atrapar la suya. Al abrazarla, notó la hilera de botones en la espalda que manenían el vestido en su sitio y como había algo más que él quería tomar y comenzó a abrirlos uno por uno, con ella apoyada en su pecho.

-Al menos parece que ya no me odias.- dijo divertido tras descubrir un seno de pezón erecto, listo para ser succionado por él. No se hizo esperar y Kaoru se arqueó hacia atrás mientras el la sostenía con fuerza por la cintura.

Eso era lo suyo. Obtener. Con Kaoru rara vez había un ruego para el sexo. Muchas veces era ella quien lo buscaba a él, quien jugaba con su miembro mientras dormía o lo incitaba de diversas manera. El ritmo había bajado apenas un poco desde que se instalara junto a él, pero no era algo que lo molestara.

Enishi se detuvo para mirarla embelesado y esta vez se decidió a bajarse los pantalones antes que la fuerza de su erección le hiciera un daño a las costuras. Kaoru hizo ademán de bajar a complacerlo del modo equivalente a como él hizo con ella, pero Enishi ya no estaba para eso. Regresó al lugar entre sus piernas y la penetró con cierto cuidado, recordando lo rudo que había sido en ese lugar momentos antes.

-Estás tan caliente...- le dijo al oído.- Y tan suave.- Se movió un poco cuidadoso mientras ponía algunos besos en su pecho. Kaoru entonces se acercó a su oído también.

-Házmelo como un hombre a su hembra.- dijo despacio. Por un momento, Enishi se paralizó. Kaoru lo tomó por las caderas y lo atrajo con fuerza hacia ella para mirarlo desafiane. A él no le gustó nada que lo guiaran en su proceder.

-Como una hembra?.- dijo sedoso, y la embistió de modo tal que le arrancó con fuerza el aire de los pulmones. Kaoru, que quedó un poco recostada sobre el escritorio, se repuso e intentó sentarse, justo cuando llegó la segunda embestida. Acabó apoyada en sus codos doblados.

Enishi la empujó hacia atrás de modo que él pudo acomodarse apoyando sus rodillas sobre la pulida madera para facilitar su labor. Algunos papeles cayeron pero no podía importarle menos y siguió penetrando a Kaoru quien flexionó las rodillas para buscar con sus pies puntos de apoyo en la mesa y poder proyectar su cadera contra Enishi. Con sus movimientos se fueron desplazando hacia atrás y llegó un momento en que la cabeza de Kaoru quedó en el vacío al sobrepasar el borde de la mesa.

-Té dije que lo hiciéramos en la alcoba.- reclamó ella. Enishi la movió para quedar mejor acomodados sobre el escritorio, y regresó al ataque.

Kaoru lo veía sobre ella y le parecía tan absolutamente masculino que no podía pensar en otra cosa. Adoraba cómo le quedaba su ropa occidental y adoraba la forma en que él la poseía. Si bien sus recuerdos anteriores no estaban completos, si tenía referencias más que suficientes para comparar en ese aspecto y aunque no lo mencionaba, Enishi si la trataba como una hembra a la que saciaba, como su mujer a la que amaba y complacía, como una madre a quien respetaba, lo que la llevaba al inicio. Tenían un tema que tratar

Pero... ¿qué tema? Alzó la cabeza para obtener un beso de él y con ambas manos lo atrajo sobre sus labios. Enishi al dejar de besarla se pasó nuevamente por sus pechos. Kaoru cerró los ojos y se abandonó a las sensaciones.

Él besó su cuello y chupó arriba de sus senos apasionadamente mientras ella se acoplaba a su ritmo y soportaba sus embestidas. Lo que a algún expectador le podría parecer quizá sumisión por parte de la mujer, no era más que una de las facetas que Kaoru le ofrecía a su esposo, después de todo, en muchas ocasiones era ella quien lo buscaba y probaba la textura de su piel y los sabores que él contenía sin remilgos.

La penetración duró aún algunos minutos y finalmente Enishi terminó en ella, complacido de haber podido cumplir su fantasía con el vestido y de haber descubierto que para algunas cosas era mucho más práctico que un kimono. Tras limpiarse ambos con unas toallas, se acomodaron la ropa mutuamente y se besaron.

-Te amo.- dijo Kaoru.- Aunque seas un troglodita.

-Y yo te amo.- dijo Enishi.- Aunque pienses que soy un troglodita.

-No lo pienso. Lo eres. Tenemos un tema pendiente y no lo he olvidado.- repuso ella intentando acomodarse el cabello. Enishi la detuvo y se lo ordenó a su gusto.

-A mí me gusta más así. Es más tú. Además... eres la mujer que me salvó de ser para siempre un hijo de perra, nunca olvidaré eso y procuraré complacerte cada vez que quieras.

Kaoru lo miró, suspirando con una sonrisa. Ella había recordado sola lo del diario y lo que para ella fue un gesto de consideración, para él era la salvación a su vida. Siempre se lo ponía de esa forma y siempre la conmovía. Se apoyó en su pecho y le dio un beso en los labios. Él le correspondió como si no hubieran tenido sexo antes y así estuvieron algunos minutos.

Salieron contentos del despacho, entonces Ah-Kum se acercó a Enishi.

-El señor Himura ha llegado. Está en el recibidor, esperándolo.

-Está bien. Por favor, ofrécele algo, dile que lo veremos en algunos minutos.

El joven se retiró y Kaoru miró consternada a Enishi.

-¿Kenshin... ?

-Le pedí que viniera a ver a su hijo.- dijo tranquilo y sonriente.- De inmediato aceptó. Al parecer, con tu falta de recuerdos, lo conozco mejor yo que tú.

-Pero... ¿Por qué no me lo dijiste?

-No se me pegó la gana. Además, me conmueve que Kenji pregunte por él.- dijo, camino al cuarto de aseo. Debía lavarse la cara y manos y de preferencia cambiarse la ropa para quitarse ese picante aroma de ella de encima, porque estaba seguro de que Battousai podría percibirlo y reconocerlo y no quería eso. No quería que pensara de eso modo sobre su mujer, aunque fuera en recuerdos. Kaoru se fue a quitar el vestido y tras suspirar, se colocó uno de sus kimonos. El más sobrio.

Tras pensar en tomar nuevamente su cabello, se resignó y puso un peine sujetando de un lado después de cepillarlo.

Enishi no tenía limites, la había hecho enfadar a propósito en su despacho, pero no le importó. Era su hombre y sentía que por el simple hecho de preocuparse por su hijo trayendo a quien despreciaba, lo amaba más, más, más... y más.

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Kenji corría delante de su padre, por la parte dura de la arena de playa. Kenshin y Enishi caminaban pacificamente.

-Kaoru se ve muy bien.- dijo Kenshin.- Me alegro que la tengas contenta. Se lo merece.

-Ya lo creo, pero y tú, ¿cómo estás?

-No me quejo. Me siento bien. Las colaboraciones a la policía me gustan y soy un apoyo real para ellos.

Estaban tranquilos y relajados caminando. Nadie podría pensar en las historias tan tremendas que había entre ellos.

-¿Y tu mujer?-

-Bien.- repuso Kenshin con una ligera sonrisa.

-¿Cómo? No puedo creerlo. Kaoru me dijo que tú... lo que yo supe es que tú tenías...

-Una amante.

-Sí, pero...

Kenshin miró a Enishi.

-¿Sí?

-Pero no entiendo cómo, Battousai, pudiste hacer algo así. Lo tenías todo con Kaoru.

-No.- repuso Kenshin deteniéndose para recoger una caracola.- Tú lo tienes todo con ella. Yo no.

-No entiendo.

Kenshin miró su caracola y suspiró. Había cosas que ya no dolían, al menos no para él. Era un sentimiento sincero que le permitía avanzar.

-Tu Jinchu resultó a la perfeccion. Ciertamente me quitaste a Kaoru. No sé qué pasó exactamente en la isla pero ella quedó muy impresionada contigo. Así lo sentí yo, al menos, y ese sentimiento me carcomió hasta destruír la confianza que le tuve.

Boquiabierto, Enishi se detuvo a su lado.

-Yo nunca busqué enamorarla.- repuso.- Nunca fue parte del plan. Sólo quería alejarla de tí y...-

-No te equivoques. Ella se impresionó contigo, pero no se enamoró. Me hubiera gustado tenerlo tan claro entonces como ahora.

Kenshin se sacó las sandalias y los tabi y levantándose un poco el hakama metió los pies en el mar. Enishi lo observó hacer. A veces se preguntaba qué hubiera pasado si él y Kenshin se hubieran conocido en otras circunstancias. El pelirrojo le transmitía mucha calma, pero también melancolía. Lo vió regresar.

-El agua está fría.- repuso.

-Es la época, a causa de un tipo de corriente que viene este mes.

-Ya veo.

Siguieron andando.

-Me puse celoso.- dijo Kenshin mirando a Kenji que le enseñaba un trozo de cuerda que encontró en la playa.- Ella siempre se mostró preocupada por tí, queriendo adivinar en qué estarías, si pudiste reparar tu vida. Cuando íbamos al templo pedía por tí, tal como lo hacía por Sanosuke, por Misao, por Tae, pero yo creí que había algo más y me obsesioné con la idea. Fui muy estúpido, sin duda porque como esposa nunca faltó. En realidad, no sé por qué llegué a pensar esas cosas. Tal vez porque me sentí tan poca cosa, o quizá porque en algún momento me empezó a incomodar estar detenido tanto tiempo. Tal vez, simplemente no sirvo para tener familia o porque realmente había algo de ella que se escapaba de mí. Una noche me sentí especialmente ahogado con estas cosas y lo hablé con Megumi, quien venía de visita. Ella siempre ha tenido esa capacidad de entenderme mejor que yo mismo y así, charlando y charlando nos fuimos acercando. Llegué a apreciarla.

-Y así se dieron las cosas.- resumió Enishi.

-Si te soy sincero, el dia que Kaoru se iba a Kyoto, Megumi regresaba a Aizu. Ya no quería seguir siendo la otra ni traicionar más tiempo a Kaoru, pero fue a esperarme a casa. Nunca esperé que Kaoru nos descubriera, y menos ver su reacción y descubrir que mis actos le dolieron tan profundamente. Sin embargo, el que haya corrido a buscarte a tí acabó por aniquilarme. Cuando descubri lo del embarazo... decir que tuve ganas de matarte es poco. Yo perdí esperanzas cuando noté en ella los signos evidentes de su amor por tí mientras yo intentaba recuperarla, al darme cuenta del espejismo que vi antes y la realidad a la que al parecer llamé me frustró. Lo que había de amor en mí para ella se desvaneció junto con el nacimiento de Kaori y volvi a buscar a Megumi esta vez, sin culpas. Pero sobre tí, Enishi, te digo sinceramente que tú me quitaste a mi mujer y no creo ser... un hombre tan bueno como para perdonártelo, sin embargo también te digo que renuncio a mi venganza por ello.

Enishi se encontraba conmovido con las palabras de Kenshin.

-Lo lamento. Yo sólo me enamoré de ella...-

-De una mujer que de antemano sabías estaba casada. Sin duda obraste mal. Tal vez lo merecí, es cierto, pero no tenías cómo saberlo, de forma que lo hubieras hecho de igual modo aún si yo hubiese sido un marido digno de ella. Lo cierto es que antes de juzgarte, debo recordar que yo me involucré con otra mujer estando casado y también obré mal. Las historias de amor no siempre son perfectas, ni acompañadas de ética. Lo he podido ver y por eso renuncio a mi venganza, porque tú no has hecho nada peor de lo que hice yo. El dolor que le causé a Kaoru con mi traición apoyada en la desconfianza que le tuve, me lo devolviste. Como te digo, no creo que llegue a apreciarte pero si a respetarte y espero que la hagas feliz realmente porque yo me esforzaré en eso con mi nueva compañera.

-Ten por seguro que está en las mejores manos del mundo.- dijo Enishi. Tenía muchas ganas de decirle a Kenshin lo maravillosa que era ella, lo hermosa que la encontraba y el adorable sentido del humor que poseía, pero se contuvo. Kenshin jugó con Kenji hasta que el sol se puso y volvieron a la casa.

Kenshin insistió en alojar en un albergue y tras algunos intentos desistieron de hacerle cambiar de opinión. Cuando pasaron los días y hubo de zarpar de vuelta a Japón se fue un poco triste por dejar atrás a Kenji, pero contento por ver a Kaoru tan feliz. Se lo merecía. Volvería en dos meses para ver al niño.

Siguió su andar desde el puerto hacia la ciudad y al alcanzar su casa, entró con cuidado. Su mujer se encontraba reposando porque el embarazo la tenía cansada. A pesar de ello, al sentirlo, ella se levantó sonriente a verlo.

Tras el regreso de Kaoru a China, Kenshin y Megumi se habían mantenido como amantes un par de semanas, sin embargo , tras hablarlo, decidieron dejarlo hasta ahí. Siempre se apreciarían, pero ella sólo podía ser el tipo de mujer que le diera un alivio temporal a su cuerpo en lo médico y sensual porque su verdadera pasión estaba en el ejercicio de la medicina. Kenshin necesitaba una mujer que cuidara de él y lo quisiera y le mostrara la vida que él siempre buscó desde el fondo de su corazón. Decidió dar un paso al lado y él pudo entenderlo.

Por eso, cuando un par de meses después se reencontró con una muchacha a la que alguna vez ayudó y que quedó prendada de él, decidió aprender de sus errores del pasado y no dejar pasar mucho tiempo para disfrutar de su compañía. Empezó de nuevo en algún lugar entre Tokio y el puerto con un nuevo amor. A Chizuru poco le importaba que fuera separado. Le brindó un amor que no le dejaba lugar a dudas y del que disfrutaba cada día.

De que extrañó, a veces, a Kaoru, así fue, pero ya esas eran sus cosas de hombre. No por eso le faltó a su nueva mujer ni dejó de disfrutar su vida. A veces, en sueños, vio la imagen de un viejo dojo, ahora regentado por un impetuoso joven.

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La tormenta estaba a punto de desatarse y junto a Enishi, Kaori y Kenji se encontraban a su lado. Niña una, muchacho el otro, acompañaban a su padre a ver un fenómeno de la naturaleza que les gustaba mucho. Se complació al notar a Kenji a su lado.

La primera guerra Sino-japonesa había culminado y cuando las cosas se estabilizaron, mandó a traer de vuelta a sus hijos y a Kaoru, a quienes mandó de vuelta a Japón por considerar que estarían más seguros allá. Fué cerca de un año y medio en los que alternó los viajes para ver a su familia con la protección que debía ofrecer a los trabajadores de sus negocios. Varios fueron reclutados por el ejército Chino, de los cuales algunos fallecieron, otros regresaron.

Kaori, aferrada a su cintura, no dejaba de maravillarse por los truenos y los relámpagos del cielo. A Enishi le gustaba mirarla y ver en ella los ojos de su hermana y el rostro de Kaoru, con una actitud decidida la mayor parte del tiempo. Para Kenji era su padre y amaba eso.

Vino el viento que hizo revolotear sus ropas, y vino el agua que acabó mojándolos por completo. Las olas se levantaron con furia y toda esa intensidad...

-¿¡Qué no les dije que se metieran a la casa!? Esposo, si los niños se enferman, tú los cuidarás!- amenazó Kaoru furiosa, obligándolos a todos a regresar al hogar. Los tres valientes entraron cabizbajos, pero mientras Kaoru los enviaba a cambiarse de ropa, refunfuñando, ellos miraban por la ventana a la naturaleza golpear con fuerza la playa. Chyou, un poco más vieja pero llena de vitalidad, se llevó a los hijos al cuarto, antes de que se enfriaran. Enishi se burló de ellos.

Un brillo llamó la atención de Enishi y pudo notar que se trataba del anillo matrimonial de Kaoru. Por fin ella contaba con uno que llevaba su nombre grabado, así como él llevaba el nombre de ella en el suyo. Se miró la mano. De loco desquiciado a un manso hombre de familia. Vió el anillo cuando ella le tomó un brazo.

-A cambiarse de ropa también. Apresúrate.-

-¿Me la vas a sacar tú? - Preguntó sonriendo seductor. Kaoru lo miró un poco seria.

-Sólo no quiero que te enfermes. ¿Lo puedes entender? Vamos, yo te ayudaré.

Lo jaló hacia el dormitorio y tras quitarle la ropa y hacer el amor, lo secó y lo ayudó a vestir. Enishi pensó que pasaban los años y ella lo seguía mimando y esa ya era mucho más de lo que alguna vez soñó tener.

-Te amo.- dijo al abrazarla, dándole la espalda a la tormenta. ¿A quién podían importarle esas cosas cuando estaba con ella?

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Fin.

Octubre 3, 2015

Notas de autora.

Llegamos al final final sólo porque lo pidieron. Sentí dos sismos durante la corrección de este documento madrugador y aunque no sé si era lo que esperaban, al menos queda un poco más clara la naturaleza de los negocios de Enishi y los motivos que llevaron, válidos o no, a Kenshin a tener su affaire.

Había mencionado al inicio de esta historia, que había un borrador con otro fanfic de esta pareja, lo que es cierto. Sin embargo prefiero priorizar los proyectos en curso, de modo que si tal texto viera la luz, ya sería el próximo año.

Les dejo un beso, mucho amor, sean felices.

Blankiss.