The Rent Boy.
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Por tresa_cho.
Traducción: Xanath
Beta: Anna_Lylian
Disclaimer: Harry Potter pertenece a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright, la trama pertenece a tresa_cho, sólo la traducción es mía.
Capítulo 4.
Cayó del catre tambaleándose, tomado completamente por sorpresa. Alon gritó por encima de él pero el grito fue cortado y Charlie rodó quitándose del camino del medimago que caía pesadamente hacia el suelo, inconsciente.
Un peso sólido aterrizó sobre su pecho, sacando el aire de sus pulmones y una mano se aferró a su garganta. Se ahogó, trató de jadear pero falló al tratar de jalar aire. Malfoy se inclinó sobre él, su rostro era violento.
—¿Dónde está mi varita? —exigió. Charlie golpeó el interior del codo de Malfoy, aflojando la estrangulación considerablemente. Rodó tirando al rubio y forcejeó contra las manos del chico para contenerlo. Puntos negros volaron a través de su visión, pero parpadeó haciéndolos retroceder, jadeó con fuerza para recuperar el aliento.
Malfoy le dio un codazo en la sien. Él se agachó y encajó su hombro en las costillas del rubio. El chico dejó escapar un quejido sin aliento y cayó al suelo bajo el peso de Charlie: —Qué maldita manera de agradecer a las personas que acaban de salvar tu vida —gruñó el pelirrojo.
—Estoy seguro que desvestirme tenía mucho que ver con cualquiera que fuera el hechizo que estaban haciendo —espetó Malfoy, retorciéndose debajo de Charlie. El agarre del pelirrojo no era muy fuerte. Si el chico se inclinaba precisamente en el ángulo correcto, se liberaría. Tenía que mantenerlo distraído.
—Alon es israelí. Tú sabes cómo son con sus runas. Tuvo que cortar tu conexión con el dragón o los habría matado a ambos —estalló Charlie—. Deja de luchar, vas a lastimarte más. —Para probarlo, Charlie presionó ligeramente el codo de Malfoy. Incluso el ligero movimiento arrancó un grito estremecedor del niño—. Te juro que nunca voy a lastimarte —dijo firmemente, por encima de los desesperados intentos del chico por conseguir aire en medio de los terribles dolores—. Por favor, confía en mí.
Lentamente, Charlie soltó su agarre y Malfoy (sorprendentemente) se quedó donde estaba, con el rostro presionado sobre el sucio y pisoteado suelo, luchando por respirar. Charlie se sacudió la última de las estrellas de sus ojos y se empujó a sí mismo sobre sus rodillas. Agarró el brazo del chico y lo arrastró incorporándolo. El rubio había languidecido, pero seguía consciente. El pelirrojo estaba dolorosamente consciente de los quejidos contenidos que acompañaban las lágrimas deslizándose por las mejillas del niño.
—Vamos —dijo Charlie gentilmente, sujetando al niño entre sus brazos. Cargó a Malfoy hasta el catre y se sentó con él, pecho contra pecho. El rubio le envolvió con sus brazos el cuello y dejó caer su cabeza en el hombro del pelirrojo. Lloró en completo silencio, y Charlie le frotó la espalda lentamente—. Lo hiciste bien, chico —murmuró en el oído del rubio—. Lo hiciste bien. Lo trajiste de regreso, y vamos a cuidarlos a ambos. Lo hiciste bien.
Los dedos de Malfoy se apretaron, raspando la piel de su espalda. Charlie presionó su boca en el hombro del rubio y lo sostuvo un poco más cerca. Recordó haberse sentado así con Ron, cuando éste era más pequeño, después de una pesadilla. Las personas nunca deberían ser demasiado grandes para ser reconfortadas.
—Maldita sea. —La voz de Alon derivó desde el suelo. Charlie le dio un vistazo al medimago y lo vio sentándose y agarrándose la cabeza—. ¿Qué pasó?
—Nosotros lo asustamos —dijo Charlie. Alon se puso dolorosamente de pie.
—¿Nosotros los asustamos a él? —jadeó incrédulamente. Charlie le lanzó una mirada exasperada—. ¡Te puso un ojo negro! —señaló Alon.
—Ya lo tengo bajo control —dijo Charlie—. ¿Podrías dejarnos solos un rato? —Alon rodó los ojos.
—Tú y tu síndrome de las bestias heridas —dijo Alon arrastrando las palabras y negó con la cabeza. Agarró su varita y se marchó. La tienda se quedó en silencio.
La respiración de Malfoy se regularizó y Charlie pudo liberarse gentilmente de las extremidades de niño y lo acostó en el catre. Limpió los senderos de lágrimas de las relajadas mejillas y descansó su mano en el pecho del rubio, sintiendo el constante ritmo de su corazón. Se sentó con el chico durante horas hasta que finalmente éste despertó de nuevo, naturalmente esta vez sólo estaba ligeramente desorientado.
—Bienvenido —dijo Charlie gentilmente, no queriendo arriesgarse a otro de los violentos episodios de Malfoy—. ¿Puedes recordar algo?
—Fuego —dijo el chico, sus ojos miraron más allá de Charlie—. Fuego y gritos.
—Está bien —dijo Charlie, descansando una mano sobre la desnuda cadera del chico. Sacado de su trance por el contacto casual, Malfoy lo arrasó con una mirada quemante. Charlie dejó su mano donde estaba, no había manera de que el chico pudiera intimidarlo. No después de todo lo que el pelirrojo había visto.
—¿Acostumbras a abordar a los que cuidas o es sólo mi despampanante belleza? —preguntó Malfoy fríamente.
—Honestamente, creo que es por las mordidas, la sangre y lo gritos que diste —contestó Charlie sarcásticamente. Los ojos del rubio se abrieron un poco.
—¿Te mordí?
—Lo intentaste —dijo el pelirrojo—. Afortunadamente, fallaste. De lo contrario tú también tendrías un ojo negro. —Los ojos de Malfoy ya habían regresado a su gris normal, miró el moratón incipiente en la mejilla de Charlie.
—Aprecio la falta de desfiguración —dijo Malfoy tensamente—. Por favor, ¿podrías quitar la mano?
—¿Qué quiere Dumbledore con los Jinetes? —preguntó Charlie, ignorando la petición. Los ojos del rubio se entrecerraron.
—¿Qué son los Jinetes?
—No juegues al estúpido conmigo, niño —estalló Charlie—. No soy un idiota. Dumbledore no enviaría a un chico como tú a una zona activa de guerra a menos que fuera importante.
—Disculpe usted, señor. Tengo dieciocho años —vociferó Malfoy, un color rojo manchaba sus mejillas. Charlie levantó una ceja y el rubio apretó los labios formando una fina línea.
—¿Qué quiere Dumbledore con los Jinetes? —repitió. Malfoy se sentó con cuidado, estiró la mano lentamente, levantó el codo de Charlie y pasó sus dedos a lo largo de la cintura de los pantalones del pelirrojo. Gentilmente retiró la tela de la cadera, revelando un tatuaje no mágico estampado en la cadera de éste.
—Eres uno de ellos —dijo el rubio, su voz no daba lugar a discusiones. Charlie no tuvo resistencia cuando retiró los dedos de Malfoy—. Lo sabía.
—No voy a preguntarte de nuevo, niño —advirtió Charlie, ignorando la conclusión.
—Quiere asegurarse de que el Señor Oscuro no llegue a ellos primero —dijo Malfoy en voz baja.
—Los Jinetes son independientes—dijo Charlie firmemente—. Nosotros no tomamos partido.
—Sí. Hasta que el Señor Oscuro tome como rehén a uno de los suyos. O les ofrezca un premio que no puedan rechazar —dijo el rubio, sus ojos se clavaban en los de Charlie—. Y él lo hará bien. ¿Cómo crees que tiene a los gigantes de su lado?
—Los gigantes son mucho más fáciles de influir que los Jinetes —gruñó Charlie.
—¿Y cuando se acerque a ustedes cuando estén unidos con el dragón? Cuando todos ustedes puedan sentir el poder puro de la bestia bajo ustedes, y la magia agitándose en sus pulmones, ¿entonces qué?
—Todos nosotros tenemos más experiencia con el enlace que tú. Algunos de nosotros ni siquiera usamos un enlace. No tenemos la elevación que tú tuviste. Le tomaría un montón de maldito trabajo hablar para convencernos. —Charlie se negó a retroceder cuando Malfoy comenzó a invadir su espacio personal.
—Probablemente ya lo ha hecho —siseó el rubio—. No sabes cómo trabaja él.
—¿Cuál es tu plan? —preguntó el pelirrojo.
—Llévame a la siguiente reunión —dijo Malfoy.
—Estás bromeando —estalló Charlie. Malfoy apretó los dientes fuertemente. Un leve temblor sacudió la figura del rubio. Charlie estiró la mano alrededor del chico y agarró la manta que había sido dejada a un lado, la pasó por los hombros del rubio y la mantuvo ahí.
Malfoy cerró los ojos y resopló por la nariz: —Tan frí…frío —tartamudeó.
—Tienes fiebre de dragón, chico, ¿qué esperabas? —murmuró el pelirrojo gentilmente.
—¿No hay algo que puedas darme? —susurró Malfoy entre los dientes apretados. Los temblores se tornaron violentos, sacudiendo todo el catre. Charlie se puso de pie y agarró un cuenco vacío de uno de los estantes de Alon, regresó al lado del rubio y se sentó. Sostuvo el cuenco frente a Malfoy en el momento exacto. El chico envolvió sus ensangrentadas manos alrededor del borde y vomitó, no salió nada más que bilis y un poco de sangre. Malfoy se inclinó al frente y Charlie bajó al suelo la vasija (dejándola al alcance) mientras el rubio se enroscaba en sí mismo, sollozando.
Charlie pasó sus dedos gentilmente por el cabello del rubio, alejándolo de su rostro: —Todo está bien —lo tranquilizó. Acunó suavemente la parte posterior del cuello de Malfoy y masajeó la piel de gallina—. Shh…
—¿Por qué estás haciendo esto? —se quejó Malfoy débilmente.
—¿Haciendo qué? —murmuró.
—Atendiendo al que está enfermo y babeando —logró decir el rubio a través de los jadeos para respirar.
—Esto es lo que hace la gente —se rió ligeramente Charlie entre dientes—. He estado así, fui lo suficientemente afortunado para tener a Alon cuidándome. No quieres pasar por esto tú solo.
—Suenas muy seguro. —El cortante sarcasmo de Malfoy se quedó sin filo cuando su voz se quebró miserablemente.
—Bueno, tu agarre mortal sobre mi camisa de hecho está empezando a doler —dijo Charlie poniendo una mano sobre el puño de Malfoy. La fuerte sujeción estaba retorciendo la tela de la camisa haciéndola apretarse dolorosamente. El rubio miró su mano asombrado, como si no hubiera sabido que estaba ahí. Lo soltó pero Charlie no lo dejó ir y entrelazó sus dedos.
—Está bien pedir consuelo. Has pasado por un hechizo extremadamente traumatizante —dijo Charlie en voz baja, ligeramente divertido por el niño. Sin embargo, una gran parte de él todavía estaba preocupada. El pelirrojo tocó con su mano libre el cabello rubio—. Descansa. Yo te cuidaré. Hablaremos más cuando baje la fiebre.
Malfoy se desvaneció como una luz al ser tocada. Charlie lo movió a una posición más cómoda y giró la mano del chico que tenía tomada. La magia fuerte únicamente dispararía aún más la enfermedad del dragón, la cual era una de las razones por la que podía hacer muy poco para mitigar el dolor del rubio. También, Malfoy tenía que experimentar la enfermedad como motivación para conquistar la unión.
Charlie usó un leve hechizo de curación sobre las palmas del rubio, uno que simplemente limpiaba las heridas para preparar la piel y que sanara por sí misma. Luego tomó algunas de las vendas de Alon y le envolvió las manos.
—¿Ya terminaste de domarlo?
Charlie levantó la mirada y vio a Alon asomando la cabeza dentro de la tienda: —Dudo que pueda ser domado —dijo el pelirrojo con una sonrisa irónica—. Manejado, sí. Domado, ni de cerca. —Alon llegó junto a la cama y miró por encima el trabajo de Charlie—. Quiere venir a la siguiente reunión de los Jinetes.
Alon lo miró duramente: —¿Qué? —El pelirrojo asintió—. No vas… No puedes estar pensando lo que sé que estás pensando…
—Está preocupado de que el Señor Oscuro vaya a intentar poner a los Jinetes de su lado —dijo Charlie. El medimago frunció el ceño.
—En primer lugar, ¿cómo es que Dumbledore y el Señor Oscuro saben de su existencia?
—Dumbledore mete los dedos en la historia y el Señor Oscuro está obsesionado con las Artes Antiguas. Tú sabes eso. Los Jinetes han existido desde la era de la Ilustración.
—Sí, pero la idea de una sociedad secreta es que ésta permanezca secreta —dijo Alon mordazmente—. No podemos dejar que un chico entre sólo porque hay una guerra.
—Él tiene un punto, Alon —dijo Charlie en voz baja—. Nunca nos hemos involucrado en las guerras muggles porque eran justo eso: guerras muggles. Ésta es una guerra de magos. Tal vez el Señor Oscuro ya ha llegado hasta uno de nosotros. Atascados aquí en esta reserva, no sabemos qué tanto se ha extendido su alcance. Parece que el niño piensa que tenemos un traidor en nuestras filas.
—Eso es ridículo —se burló Alon—. Habríamos escuchado algo de los otros. —Charlie levantó una ceja. Alon resopló—. Bien. ¿Cómo vamos a conseguir que el consejo no nos mate por haberlo llevado?
—Voy a tener que ser su aval —dijo el pelirrojo en voz baja. Alon parpadeó hacia él y frunció los labios. Colocó una mano firme en el hombro de Charlie.
—¿Qué tan bien conoces a este chico? —preguntó el medimago, toda broma se había ido de su voz.
—Nada en lo absoluto.
—Y exactamente, ¿por qué tienes en tu estúpida cabeza el dar tu vida por él?
Charlie tomó una profunda y estabilizadora bocanada de aire y la dejó salir lentamente: —No lo sé —dijo finalmente—. Me intriga. Y tenemos que arriesgarnos a que esté en lo correcto. Si alguien está planeando usar a los dragones, necesitamos saberlo. Tenemos que mantenerlos lejos de las garras de cualquier lado.
—Vamos, Charlie, ¿quién es lo suficientemente convincente como para cambiar más de setecientos años de tradición? —estalló Alon.
Charlie lo ignoró por un momento, dándose tiempo para pensar. Volvió la mano de Malfoy que tenía sobre su regazo. Los brazales de piel lo habían protegido de los daños en sus antebrazos, pero sus muñecas estaban en carne viva desde donde el cuero terminaba.
—Te ayudaré a limpiar ésas —dijo el medimago suavemente. Caminó a uno de sus estantes médicos y comenzó a buscar. Charlie comenzó a desatar los amarres de los brazales. El brazo de Malfoy se arrancó de su agarre. El pelirrojo parpadeó sorprendido y miró hacia arriba para encontrar la mirada molesta del rubio.
—Te dije que no tocaras eso —gruñó.
—Malfoy, te has destrozado las muñecas. Tenemos que limpiarte o no vas a poder venir con nosotros esta noche.
Alon y Malfoy lo miraron fijamente: —¿Esta noche? —repitió el rubio.
—Los Jinetes se reúnen esta noche —dijo Charlie, sintiendo la mirada del medimago perforándole la cabeza.
—Charlie —siseó Alon en advertencia. El pelirrojo lo ignoró y los ojos de Malfoy se encontraron con los suyos.
—¿Vas a llevarme? —preguntó, su voz era firme cuando ataba los cordones que el pelirrojo había deshecho.
—Sí. Con la condición de que sigas todas mis órdenes. Al pie de la letra —dijo Charlie—. Ésta no es una fiesta de té de hombres lobo.
—Creo que preferiría la fiesta con los hombres lobo —refunfuñó Malfoy. Agarró los restos de su camisa y vio los cortes de la navaja con una mirada de desdén—. ¿Quién destruyó mi Dingleslat hecha a la medida?
Charlie dirigió sus ojos hacia Alon y Malfoy siguió su mirada: —¿Tú? —dijo Malfoy despectivamente.
—Salvé tu vida, niño —espetó Alon, señaló con el dedo al rubio—. Me importa un bledo tu camisa de sesenta mil galeones.
—Noventa mil —gruñó Malfoy. Bajó la mirada para inspeccionar el daño y gritó horrorizado. Se frotó dos dedos sobre las marcas que el medimago le había dejado en el pecho—. ¡¿Esto es permanente? —aulló.
Alon y Charlie se echaron a reír.
