Bueno, aquí tenemos el último capítulo de la pareja Viserys-Joffrey. Me ha gustado mucho escribir sobre ellos, aunque están como cabras. Espero que os hayan gustado los 4 capítulos y que no os hayáis dormido con la historia. Espero que el final sea de vuestro gusto, aunque no soy ni mucho menos George R. R. Martin, que es el auténtico señor de los finales sorpresa, pero si consigo que os guste, con eso me conformo.
Entonces notó como algo le zarandeaba el cuerpo y oía ¡Viserys!; ¡Viserys!. Se sobresaltó y dio un respingo. Se dio la vuelta y vio que era Joffrey Baratheon
- Viserys ¿qué os pasa? Parece que hayáis visto un fantasma – sonrío el chico venado y lo miró con risa.
- No, nada, nada – respondió sobresaltado y separando su cuerpo de la mano de Joff -. Sólo me había parecido oír algo, pero debía ser el criado con la bandeja – entonces miró al criado -. Dejad la bandeja encima de la mesa.
El criado camino despacio y puso la bandeja en la mesa y se fue rápidamente.
- Majestad – volvió Joffrey a decir -. Os estaba hablando que ya es hora de que pueda castigar a Robb Stark, y se me ha ocurrido como hacerlo morir lentamente y que sufra. Quiero ir amputándole los dedos e ir mandándole estos a sus hombres y amenazando que si no se van, iremos amputándolo más. Lo que ellos no sabrán, es que aunque se retiren, su Señor no va a vivir. Ja, ja, ja – río de forma petulante y gozando de lo que decía.
- ¿Eso no sería demasiado cruel? – preguntó Viserys con cara de repugnancia, es un sádico y no tiene remordimientos; tú eres igual que él – le repitió su conciencia -.
- ¿Cruel? Ja, ja, ja. Buen chiste majestad. Eso es hacer justicia. Este hombre está destruyendo vuestro Reino, quiere quitaros vuestro trono y corona. Si fuera al revés, él no tendría piedad con vos. Seguro que dejaba que su huargo os devorará. Además seguro que con vuestra hermana no están haciendo miramientos y ahora mismo estará siendo empotrada por un ejército norteño… – dijo la última frase con retintín y siseando
- ¡Callad! – gritó el Rey Dragón, Dany; hermana, si te hacen algo los mataré; este crío es un cabrón, pero mi regalo pronto llegará.- Recibirá su castigo, pero será a mi manera. Y no creo que llevándole trozos de su señor, haga que los norteños se den la vuelta y se vayan, más bien al contrario.
- Pero, majestad. Sois el Rey y debéis castigar a los traidores. Y yo como vuestra Mano del Rey, debo hacer que se cumpla vuestra justicia. Dejadme cortar en trocitos al lobito.
- No. Lo mataré yo. Yo soy el Rey y yo haré la justicia.
- Sí, ya veo cual es vuestra justicia. Perder el tiempo hablando y disculpándoos con el traidor Stark. Si yo fuera Rey, ya tendría su cabeza clavada a una pica y todos los norteños habrían sido masacrados. ¿Tenéis miedo a la sangre?
- Pero no sois el Rey – siseó enfadado -. El Rey soy yo. Como dirían los Stark, quien dicta la condena, ejecuta esta. Ya vi lo que hacíais como Rey, fue realmente muy fácil entrar en Desembarco. Yo soy de la sangre del dragón y la sangre no me afecta – lo miró sonriéndole.
- ¡Pero yo sólo perdí esa batalla! ¿Vos cuántas batallas habéis perdido? Ah, perdón, estabais escondido en vuestra tienda y…
- ¡Cállate! Cállate o a quien trocearé será a ti – gritó Viserys furioso.
- De acuerdo – respondió el rubio Baratheon, y en voz baja añadió -. Cobarde.
Viserys lo fulminó con la mirada. ¿Este niñato me ha llamado cobarde?; ¿A mí, su Rey?; ¿quién coño se cree que es?; ha despertado al dragón. Vamos a ver si soy yo el cobarde o lo eres tú. En ese instante entró Ser Barristan con los otros tres miembros de la Guardia Real.
- Robb Stark, por los cargos de alta traición contra vuestro Rey y vuestro pueblo, os declaro culpable y sois condenado a muerte. Mi Mano del Rey me ha pedido que le deje trocearos en trozos y se lo concederé…
- ¡Gracias Viserys! – gritó de alegría Joffrey
- Majestad, y no he acabado – miró el Rey con asco a su Mano -. Podréis cortarle un dedo y sólo uno. Matarlo lo haré yo.
- Pero uno no es nada. Yo quiero trocearlo y antes de que muera follarme a su hermana – río la Mano con la última frase-.
- ¡Bastardo! – gritó Robb Stark-.
- ¡Uno! ¡Ninguno más! Y a Lady Sansa no la tocareis. ¿Lo habéis entendido? – lo miró furioso.
- ¿Sólo uno? Chst. – chasqueó con la lengua -. De acuerdo, pero este uno lo disfrutaré.
Joffrey se acercó al joven Lobo desenvainando su cuchillo. Lord Barristan se acercó nervioso a Viserys y le dijo en voz baja:
- Majestad, no podéis permitir esto. Con que lo matéis vos es suficiente. O incluso podríais liberarlo y darle el Norte. Pero no permitáis que Joffrey le corte un dedo.
- Me ha llamado cobarde y yo no soy un cobarde. Dice que no aguanto la sangre, pero el Trono de los Targaryen se hizo con Fuego y Sangre. Quiere ser un hombre y Mano, que demuestre que sirve.
- Pero majestad… - intentó decir Barristan, hasta que levantó su mano el Rey.
- No hay peros, es mi decisión como Rey – Ser Barristan asintió de forma brusca. No está de acuerdo; pero obedece porque soy su Rey;pero yo tampoco estoy de acuerdo; este puto chico no para de llevarme a las suyas; pero eso acabará pronto.
- Abridle la mano derecha – dijo el Baratheon excitado -. Dicen que sois muy bueno con la espada en la derecha, pero con cuatro dedos no creo que podáis volver a luchar. Aunque cuando estéis tomando el fuego valyrio desearéis que os hubiera cortado todos los dedos, ja, ja, ja.
Los guardias cogieron la mano derecha de Robb Stark y empezaron a abrirle los dedos mientras él se revolvía y cerraba los puños con fuerza. Los guardias le golpearon la espalda y consiguieron que se distrajera lo suficiente para poder abrirle la mano. Joff cogió la mano del joven Lobo y acercó el cuchillo a su dedo índice. El Stark no miraba en ningún momento a Joffrey, sino que miraba a Viserys fijamente pero no había rabia, ni ira, ni odio. Lo miraba con lástima. Siente lástima por mi; ¿por qué?; tendría que suplicar clemencia o que lo matáramos rápidamente; pero sólo me mira con lástima.
- Bien, Robb Stark. ¿Quieres despedirte de alguna manera de tu dedo? Ja, ja, ja – río el Baratheon y acercó el cuchillo lentamente al dedo -.
- Quieto – acabó diciendo el Rey justo antes de que empezará su Mano a cortar-.
El nieto de Tywin Lannister se giró con rabia hacia la persona que lo había mandado pararse.
- ¿¡Por qué!? ¡Ya se lo iba a amputar! ¿O es que os ha dado miedo? – respondió con petulancia e ira en sus palabras.
- ¿Miedo? Le cortarás el índice, pero el de su mano izquierda – siseó Viserys -. Y lo harás por qué te lo ordena tu Rey.
- Pero es diestro, quiero que no vuelva a coger una espada jamás. Quiero que gima, llore al saber que no podrá luchar nunca más.
- No volverá a coger una espada jamás porque hoy morirá. Así que corta el de su mano izquierda.
- Pero…
- ¡Es una orden de tu Rey! Y cómo Mano harás lo que yo te ordene.
Joffrey lo miró con rabia, pero asintió. Los guardias miraron sorprendidos y empezaron a abrirle la mano izquierda del Señor de Invernalia al recibir la orden de la Mano, y está vez la abrieron fácilmente. El Rey Dragón vio que Robb lo miraba otra vez fijamente, pero su mirada mostraba agradecimiento y seguridad. Me está agradeciendo que no le corten el dedo de la mano derecha; ¿por qué?; sabe que lo voy a matar pero no me mira con odio.
Mientras pensaba en ello, el joven mal apellidado Baratheon, cogió el dedo índice del lobo y empezó a cortarlo lentamente, tendón a tendón y con una gran sonrisa en su boca. El joven lobo apretó los dientes con fuerza, intentando aguantar los gritos de dolor. En un momento, Viserys oyó como el cuchillo había llegado al hueso y las arcadas se le subieron a la garganta. Es un sádico; ¿cómo he podido poner de Mano del Rey a alguien como él?; porqué es como tú – le respondió su conciencia.
- Ah. Aquí tenemos el hueso del lobo, ja, ja, ja – río Joffrey con una sonrisa y una mirada de loco. Tiene la misma mirada que mi padre- pensó el Targaryen -. ¿Cómo solucionaré el problema? – ladeó la cabeza hacía un lado -. Mmm, ya sé – cogió el dedo medio suelto, con un reguero de sangre y tiró del dedo hacía un lado mientras con el cuchillo seguía cortando el hueso.
De repente se oyó como algo se rompía y un grito de dolor que resonó por todo el salón.
- Por fin gritas – sonrío el rubio Mano del Rey -. Grita más, ¡grita! – siguió cortando el dedo, hasta que lo acabó de desprender de la mano del joven lobo -. ¡Sí! Aquí tenemos el dedo del lobito – levantó el dedo como un trofeo, lleno de alegría, exaltación, mientras Robb se quejaba del dolor.
- Guardia, quitaros la capa y tapadle la herida de la mano. Debe vivir hasta que cumpla su sentencia – ordenó el rey
- ¿Por qué, majestad? – se giró Joffrey y miró con sorpresa a su Rey -. Dejad que muera desangrado, sería muy excitante, mi rey – se arrodilló frente a él y le acercó el dedo amputado -. Tomad, majestad. Este es mi regalo para vos, aceptadlo como un trofeo por la victoria que obtendremos en esta batalla y los años que nos quedan por gobernar.
Viserys miró el dedo amputado con asco y náuseas, luego vio la cara de felicidad de Lord Baratheon, está loco, debo acabar con esto ahora, y luego vio como uno de los guardias se quitaba su capa y se la ponía en la mano izquierda de Robb Stark.
- Quedároslo vos, Lord Baratheon. Es mejor que os lo quedéis vos. Es vuestro trofeo de castigo. Vos sabréis mejor que yo que hacer con él – giró la cara para aguantar la náusea y recordó que debía hacer lo que tenía que hacer -. Pero aceptad tomar la copa de vino conmigo que ha traído antes el criado. Debemos celebrar que hoy morirá el mayor traidor de Poniente.
- Muchas gracias, majestad. Es un honor compartir con vos una copa de buen vino para celebrar que ganaremos.
No vamos a ganar, imbécil. Se dio la vuelta Viserys, subió los escalones y se acercó a la mesa donde estaban las copas y el cofre en el que tenía oculto el fuego valyrio. Miró hacía atrás y vio que Joffrey estaba mostrando el dedo al Señor de Invernalia y estaba burlándose de él. Es el momento.
Abrió el pequeño cofre con cuidado y sacó el frasco con fuego valyrio. Destapó el tapón sin hacer ruido y con sumo cuidado hecho el líquido dentro de la copa izquierda.
- Majestad, ¿pasa algo? – preguntó el Señor de Roca Casterly -. Quiero probar ese maravilloso vino.
- No, ahora lo traigo – dijo sin darse la vuelta y tapando el frasco de nuevo y poniéndolo en el cofre-. Este vino es de Dorne, dicen que es el mejor de todos – y cerró el cofre.
Cogió las copas de vino a mano cambiada, se dio la vuelta y bajo con cuidado los escalones para llegar dónde estaba su Mano. Al llegar a delante de él, le acercó la copa de su mano izquierda y le dijo:
- Tomad, probadlo. Es muy bueno – sonrió -.
- Dadme la de vuestra derecha – respondió serio Joffrey-.
- ¿Por qué? ¿Desconfiáis de vuestro Rey? – se puso serio Viserys -.
- No, majestad. Pero hay que ser precavido – sonrió Lord Baratheon -. Nunca se sabe quién puede estar de nuestro lado y quién quiere traicionarnos.
- ¿Y pensáis que yo os traicionaría dándoos una copa de vino? Ja, ja, ja. Sois muy desconfiado Joffrey.
- No. Pero puede que la copa contenga algo que nos pueda matar a vos o a mí. Además tengo curiosidad por el pequeño cofre que hay en la mesa de al lado del trono.
- ¿Veneno? ¿Creéis que hay veneno? ¿Y quién querría envenenaros a vos?
- No sé. Alguien con el poder suficiente para hacerlo, no sé, ¿vos?
- ¿Yo? Pensáis que os envenenaría y me quedaría sin mi Mano. ¡He permitido que amputarais al traidor Stark!
- Sí, pero aún no me habéis hablado del cofre y me muero de ganas por saber que hay.
- En el cofre…en el cofre…- Viserys estaba dubitativo -. En el cofre hay …un colgante de Dany y unos cabellos suyos.
- ¿Un colgante? ¿Cabellos de vuestra hermana? No me digáis que…ja, ja, ja – río Joffrey -. Aunque en los Targaryen es normal ¿no?
- Sí – agachó la cabeza, ¿por qué le he dicho eso?; porqué Dany tenía que haber sido tu esposa; aguanta unos instantes -. ¿Estáis contento con la respuesta?
- Ja, ja, ja. Sí, pero sigo queriendo la copa de la derecha.
- ¿Seguís creyendo que soy yo? Muy bien, tomaré la copa de la izquierda y si vuestro Rey muere, mi Guardia Real os matará sin piedad.
- No, pero sigo desconfiando de la copa y si como decís no hay ningún veneno, no hay por qué ponerse nervioso ni estar tan asustado como estáis, ¿o sí?
- No. Tomad – Viserys le ofreció la copa de la derecha -. Hagamos un brindis.
- Sí. Por vos, el Rey Viserys III Targaryen, el mejor rey que podía tener Poniente – cogió y levantó la copa con una sonrisa petulante -.
- Por Poniente y por qué nuestra amistad duré mucho tiempo – levantó su copa y la chocó con la de Joff con una media sonrisa.
Chocaron con sus copas y ambos acercaron los labios a sus copas. Ambos se miraban fijamente a los ojos, mientras que el líquido iba bajando por sus gargantas y…
- ¡Aaaahhh!
El grito resonó por todo el salón y cayó un hombre al suelo llevándose sus manos a su cuello y saliendo humo de su boca.
- Lástima que las amistades duren tan poco, ¿no creéis Joffrey? – sonrió con gran sonrisa Viserys, mirando como su antigua Mano se retorcía por el suelo y su cara se empezaba a poner realmente roja que iba a dejar a un monstruo como vos vivo. ¿Cuánto habríais tardado en traicionarme? Si ahora ya os seguís llamando Rey y a mí me llamáis Viserys cuando yo soy "majestad" – continuó diciendo enfurecido -. Después de como dejasteis morir a vuestros hombres en la Batalla en la que conseguí el trono; después de haber matado al hombre que fue durante toda vuestra vida vuestro padre; después de todas las ideas estúpidas y locas que habéis pensado y que habéis conseguido que hiciera. Si hubiera hecho caso a los pocos hombres inteligentes que tenía en el Consejo, nada de esto hubiera pasado y ahora estaría tranquilamente sentado en mi Trono de Hierro con mi hermana al lado. ¡Ah!...lo que había en el cofre pequeño era un frasco con fuego valyrio y es lo que os está ardiendo por todo el cuerpo.
En ese momento entraron dos guardias corriendo al Salón del Trono.
- Los norteños…¡los norteños han entrado en la Fortaleza Roja! ¡Y está nevando! – gritó uno de los guardias casi sin poder respirar.
Nieve; el invierno ha llegado; pensó Viserys nervioso e intentó centrarse en los norteños.
- ¡Qué! ¿Cómo han podido entrar? – gritó Viserys -. Debéis volver a la batalla, no pueden llegar al Salón del Trono.
- Pero majestad, casi no hay más hombres nos están masacrando – dijo el otro guardia-. Pero hay uno…uno…con una armadura dorada…y …un animal gigantesco.
- ¿Una armadura dorada? – preguntó Viserys nervioso, no puede ser -. Debéis volver y defender a vuestro Rey – entonces miró a su Guardia Real y se dirigió a Ser Barristan Selmy -. Ser Barristan, debéis salir todos a protegerme, no pueden entrar aquí. Contra vosotros no podrán.
- Pero majestad, debemos estar a vuestro lado y protegeros.
- Si salís ya lo estaréis haciendo. Salid y proteged el Trono y a vuestro Rey – el Rey al ver cómo Ser Barristan dudaba, se puso más nervioso y gritó: - ¡Es una orden!.
- Ja,…ja,…ja… - se oyó la voz de Joffrey rota y con una cara horrorosa, que parecía a punto de explotar, intentando hacer una mueca, se está riendo de mí -.
- Lo haremos majestad – dijo Ser Barristan y él y los otros hombres de la Guardia real, salieron con el fuera del Salón.
Viserys vio como esos siete valientes hombres salían por la puerta a una muerte segura. Si ellos no pueden con los norteños, estaré muerto y no podré despedirme de mi hermana. Se acercó dónde estaba el Señor de Roca Casterly ya agonizando y le dio una patada en el estómago, con rabia porque su final estaba cerca.
- ¡Muere ya, cabrón! Esta es la justicia de tu Rey. ¿Ahora soy un cobarde? ¡Eh! ¿No soy lo suficientemente bueno para ser Rey? Vos muchísimo menos que yo. Mandad recuerdos de los Targaryen a vuestro abuelo y vuestros padres dónde se estén pudriendo.
Lord Baratheon tosió con fuerza y salió sangre y humo por su boca y sus ojos se pusieron en blanco, en ese instante, murió.
- Otro bastardo Lannister menos en este mundo.
Entonces hizo un gesto para que el piromante Hallyne se acercará a él con el frasco de fuego valyrio que le había pedido que trajera. El sapiencia se acercó lentamente, con ayuda del criado. Pero Viserys estaba tan nervioso, que fue dónde ellos y cogió el frasco.
- ¡Cuidado majestad! ¡Puede explotar! – le dijo Hallyne-.
Empezó a oír lucha de espadas detrás de la puerta que daba al Salón. Están a las puertas. Viserys, con mucho más cuidado, caminó hacia dónde estaba Robb Stark, con la capa del guardia llena de sangre de su dedo amputado.
- Robb Stark, has traicionado a tu Rey y has sido condenado a muerte. Si no hubierais hecho está rebelión, hubierais sido un buen Señor de Invernalia y un buen consejero real – dijo solemnemente -. ¿Queréis decir algo?
- Sí. Hoy yo moriré, pero Poniente y todas sus gentes serán salvadas. Que los dioses os amparen- dijo el joven lobo mirándolo a los ojos fijamente, con seguridad y con algo parecido a la pena
Siente pena por mí; después de todo lo que le he hecho; los dioses no me ampararán; pero ha sido valiente.
- Guardias, abridle la boca – orden.
Los guardias abrieron la boca de Robb Stark, que no intentó hacer nada y cuando iba a destapar el frasco de fuego valyrio, se oyó un estruendoso ruido y como se abría a la fuerza la puerta.
Y, entonces, entró un hombre con una armadura dorada, con un casco con la forma de un león y con el león de la Casa Lannister en su jubón. No puede ser; los dothrakis lo mataron; eso me dijeron.
- ¡Dejadlo y atacad! – gritó a los dos guardias que tenían cogido a Robb y el guardo el frasco de fuego valyrio en su manga
Los guardias desenvainaron sus espadas y corrieron contra el hombre dorado. Y en ese instante entró a gran velocidad un animal enorme, con una cabeza grandiosa y unos dientes afilados. Se puso al lado de Robb Stark y empezó a mostrarle los dientes al rey y preparado para atacarlo.
- Viento Gris, quieto – dijo Robb viendo de nuevo a su huargo-. Ven conmigo.
¿Un huargo?; ese monstruo es un huargo; es tan grande como el caballo de Gregor Clegane.
El lobo se tumbó al lado de su amo y empezó a lamerle la cara. Empezaron a entrar más norteños por la puerta rota y empezaban a acercarse a su señor. Mientras tanto vio como los dos guardias intentaban lanzar un mandoble a la cabeza del león, pero este hizo una finta y escapó de los dos mandobles y soltó su espada sobre la espalda de uno de los guardias, que cayó al suelo ya muerto. El otro guardia atacó a uno de sus costados, pero le detuvieron el golpe y le tiró la espada. Está muerto, todos muertos - pensó Viserys. Rápidamente el hombre dorado soltó su espada sobre la cabeza del guardia hasta abrírsela por la mitad.
El caballero fue acercándose dónde estaban los otros y se quitó su casco y mostró su cabellera rubia, sus ojos verdes, su belleza y su sonrisa de superioridad viendo a Viserys. No puede ser él.
- ¡Tú! ¡Tú estás muerto! – gritó con nerviosismo el Rey Dragón y lo señaló con el dedo -. ¡Los dothrakis te mataron!
- Ja, ja, ja. Realmente piensas que unos salvajes iban a matar a Jaime Lannister. No hay nadie como Jaime Lannister. Soy único – río Jaime.
- Matarreyes. ¿Y mi Guardia Real?
- Todos los hombres de vuestra guardia han muerto – respondió con casi un susurro un hombre de pelo oscuro, ojos azul claro, piel blanca y con un jubón con un hombre desollado ¿será Roose Bolton?-.
- Yo mate a Ser Barristan – dijo el hijo de Tywin Lannister -. Y es la única muerte que he dado que realmente he sentido – continuó serio y entonces vio a Joffrey muerto -. ¿Qué le habéis hecho al chico?
- El chico quiso ser un dragón y murió chamuscado como Aerion – sonrió al recordar lo que había hecho.
- Seréis…- intentó el hombre rubio acercarse y atacar a Viserys, pero Bolton lo paro.
- Dejadle, ha perdido y pronto irá con su padre – respondió Bolton.
El joven Targaryen estaba realmente nervioso, voy a morir como un perro; todos me recordarán con más rabia y más loco que mi padre. Y de repente recordó algo que se le había pasado por alto.
- ¿Dónde está mi hermana? ¿Y su hijo? ¿Y los dragones?
- Están bien – dijo Lord Bolton -. Nuestro señor nos dijo que no les hiciéramos ningún tipo de daño, y no se lo hemos hecho. No como vos a nuestro señor – entonces se giró a uno de los hombres -. Id a buscarlos.
El hombre salió corriendo por la puerta y Viserys se quedó mirando a Robb casi con las lágrimas en los ojos. No le han hecho nada, no le han hecho nada; me he equivocado por completo; he destruido casi todo para nada; nunca debí dejar que ella viniera a Poniente; si la hubieras protegido más a ella y le hubieras hecho menos caso a Joffrey, seguirías siendo rey y ella estaría con Khal Drogo – respondió su conciencia.
- Mi señor, debéis ir a ver al maestre, habéis perdido mucha sangre. Nosotros nos ocuparemos de este dragoncito – dijo un hombre que por su jubón era un Umber, -. Yo, El Gran Jon os llevaré con él.
- No, gracias Gran Jon. Quiero quedarme aquí un poco más – respondió Robb mirando al Rey Dragón con confianza -. Debéis ir a rescatar a mi hermana Sansa, está encerrada en sus aposentos.
- Tranquilo, majestad – respondió Roose Bolton sin inmutarse -. Vuestro medio hermano, Jon Nieve, ha ido a rescatarla.
- Bien. Jon la protegerá.
Y en ese instante se oyó como un graznido agudo que hacía daño a los oídos, y entraron varias personas, entre ellas una mujer de cabello corto plateado y ojos violeta, llevando a su hijo en brazos sin llorar, Dany. Otro hombre llevaba una gran jaula dónde había tres animales pequeños con escamas, cuerpo pequeño y alas grandes dónde se veían sus ligamentos y que parecían muy débiles, pero que gritaban con gran fuerza, dragones, esos son los dragones. Un chico llevaba agarrada del brazo a Dany y al joven Rey Targaryen le dio un escalofrío al verlo. Tenía el pelo negro y largo, la piel más blanca que la de Roose Bolton y unos ojos azul claro, es un Bolton, pero lo que le hizo estremecerse fue su mirada, llena de perversión, rabia, disfrute, locura; tiene la mirada de Joffrey. Se acercaron hasta ponerse delante del Rey depuesto.
- ¿Estás bien Daenerys? ¿Os han hecho algo? – preguntó angustiado el joven Targaryen.
- Sí, estoy bien, hermano. No nos ha hecho nada a ninguno de nosotros – respondió ella nerviosa.
- Bien, bien.
- Bueno, después del reencuentro, habrá que castigar al dragoncito por todas las burradas que ha hecho – dijo Jaime -.
- Sí, no puede quedar así. Ha destruido casi todo Poniente, han muerto muchos hombres por sus errores y le ha cortado un dedo a nuestro Señor, aparte de dejarle la cara hecha un estropicio – dijo Jon Umber -. Así no sé si lo querrá la florecilla de Altojardin, ja, ja,ja.
- ¡Fueron mis guardias los que le dejaron la cara así! ¡Los he castigado a muerte por ello! ¡Y lo del dedo fue Joffrey! – intentó quitarse culpas el Targaryen mientras veía que su hermana se ponía más nerviosa-.
- Podríamos hacerle lo mismo – dijo el hombre que tenía agarrada a su hermana -. O sino podríais dejarme a su hermanita y el niño e írselos dando a trozos – desenfundo su cuchillo y se lo puso al cuello de Dany, trayéndola hacia así -.
- ¡Déjala! ¡Ella no ha hecho nada!
- Los que no han hecho nada son los mejores para desollar – y movió su cuchillo hasta que consiguió que del cuello blanco de la joven dragona saliera un hilito de sangre.
- ¡Ramsay, déjala! – subió el tono de su voz Roose Bolton y volviendo a su tono de voz, mirando fijamente al otro hombre,dijo: - No serás tú quien decida lo que haremos con ellos. El único que decide será Robb Stark, nadie más. Y suelta a la chica, ahora.
- Sí, padre – quitó el cuchillo del cuello de la Targaryen, que no tenía lágrimas es sus ojos y la soltó.
El pequeño Rhaego en ese instante empezó a llorar desconsoladamente y su madre intentó tranquilizarlo. Ahora ella parece más fuerte; ha cambiado.
- Dejad que mi hermana, su hijo y los dragones se vayan. Cogedme a mí y hacedme lo que queráis, pero ellos son inocentes – dijo Viserys mirando a su hermana -. Dejad que se vayan en un barco a Braavos o más lejos, pero no les hagáis nada.
- ¿Y quién nos dice que cuando los dragones hayan crecido, vuestra hermana no venga con ellos a recuperar el trono y sentarse en el Trono de Hierro.
- ¡No lo hará! Ella quería quedarse en Vaes Dothrak con Khal Drogo o como máximo volver a ver la Puerta Roja de Rocadragón. Ella no quiere ser Reina, ¿verdad, Dany? – miró a su hermana nervioso y esperando que le diera la razón -.
- Cierto. Lo único que quiero es irme muy lejos de aquí con mis hijos.
- ¿Veis? ¡Veis! Dejadla marchar – imploró excitado el Rey Dragón -.
- Ayudadme a levantarme – dijo Robb cansado-.
El Gran Jon y Roose Bolton ayudaron al Señor de Invernalia a levantarse y le quitaron las cadenas. El lobo también se puso a cuatro patas. Entonces este miró al dragón y dijo:
- Si ella jura no volver jamás a Los Siete Reinos y vos pagáis por vuestros crímenes, dejaré que se vayan sin ningún daño.
- Lord Stark, eso es una locura. Cuando los dragones crezcan, ella volverá y nos matará a todos - habló Jaime Lannister -.
- El Matarreyes tiene razón. Volverá y nos achicharrará a todos – añadió Jon Umber -. ¡Os ha cortado un dedo! ¡Casi os mata!
- Él no fue el que me cortó el dedo. Fue Joffrey, y si no hubiera sido por él, me hubiera cortado todos los dedos de la mano derecha. Viserys sólo intentó hacer su justicia como Rey, equivocada, pero justicia – respondió el Joven Lobo y miró a la hermana del dragón -. Daenerys Targaryen, juráis que vos y vuestros descendientes jamás regresareis a Poniente ni con ejércitos ni con dragones.
- Sí, juró no volver jamás a Poniente, ni yo, ni mis descendientes, ni los dragones.
- De acuerdo. Lord Umber, acompañadlos a ellos y los dragones afuera.
Lord Umber asintió con la cabeza y se puso al lado de Dany, pero ella dijo:
- ¿Puedo despedirme de mi hermano?
Robb asintió y ella se acercó a su hermano con una tímida sonrisa. Al llegar dónde él, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. Viserys se quedó inmóvil, siente cariño por mí; después de todo lo que le he hecho, aún quiere despedirse de mí.
- Te quiero Viserys – acabó de decir y se dio la vuelta acercándose hacia Lord Umber -. Ya podemos irnos.
Viserys vio cómo su hermana, su sobrino y los dragones eran llevados afuera del Salón por el Gran Jon y otro hombre que llevaba los dragones.Me quiere; ¿por qué no le he dicho que la quiero. Notaba como le escocían los ojos, no puedes llorar; un dragón no llora.
- Es hora que nosotros también marchemos – dijo Stark -. Quiero ver a mi hermana y debemos castigaros, majestad – se dirigió a unos soldados -. Coged al preso y llevadlo con nosotros.
Tres soldados se acercaron a Viserys, y él empezó a sentir algo que no había sentido antes. Miedo.
- ¡Esperad! ¡Esperad! – chilló nervioso.
- Ahora que os pasa, ¿tenéis que echar una meada? – río Jaime Lannister -.
- Sólo quiero… sólo quiero… despedirme del trono – dijo nervioso y tocándose la manga dónde tenía el frasco con fuego valyrio.
- Ja, ja, ja. Parece que hubiera ganado la guerra. Dejádmelo a mí y mis cuchillos y sólo pedirá que le matemos – dijo Ramsay con una sonrisa malvada.
- ¡Sólo cinco minutos! ¡Cómo última voluntad! Os juro que no escaparé y que aceptaré el castigo que me asignéis - suplicó Viserys tocándose con más nervios la manga.
El Señor de Invernalia miró a los ojos del antiguo Rey y luego la manga que se tocaba y sus ojos recordaron lo que había ocultado. Se miraron mutuamente a los ojos, y el Joven Stark asintió.
- De acuerdo, tenéis cinco minutos.
- Lord Stark…- intentó decir Roose Bolton-.
- Será lo último que hará como Rey y cómo hombre. Le dejaré despedirse del Trono – entonces miró a Viserys -. Cinco minutos.
- Sí, cinco minutos asintió este con una tímida sonrisa
Los norteños se dieron la vuelta, con el gigantesco lobo y salieron por la puerta.
- Mátalos a todos
- ¿Quién está ahí? – se giró Viserys y no vio a nadie. Es la misma voz de antes -.
- Quémalos a todos
- ¿Quién está ahí? – volvió a girarse nervioso Viserys -. ¿Quién eres?
- ¿No reconoces mi voz, Viserys?.
- No. Sólo eres producto de mi imaginación. Tanta tensión me provoca oír voces que no hay.
- ¿Seguro?. Ja, ja, ja; pregúntame quién soy.
- ¡No eres nadie! ¡Deja de reírte de mí! ¡Soy el Rey!
- Eres el depuesto rey o incluso el rey loco; pregunta quién soy.
- ¡Yo no soy el Rey Loco! – gritó enfadado y conmocionado Viserys; esa voz me suena mucho, pero es imposible; e intentó relajarse -.
- ¿Por qué no preguntas?; ¿Te da miedo la respuesta?; ¿O eres un cobarde como decía el bastardo Lannister?.
- ¡No soy un cobarde! Y para demostrártelo di tu nombre y sal para que te vea – dijo furioso el joven dragón.
- Ja, ja, ja. Los muertos no podemos aparecer, pero te diré mi nombre. Los que me amaban, me llamaban majestad; los que me odiaban, me llamaban Rey Loco o Rey Costra; y tú me llamabas padre.
Viserys comenzó a caminar hacia atrás negando con la cabeza. No puede ser; está muerto; el Matarreyes lo mató; me estoy volviendo como él; loco.
- Eso es imposible. Mi padre lleva 15 años muerto. Tú sólo eres mi mente que quiere volverme loco.
- Soy tu padre, Viserys. Sí. El Matarreyes me mató, pero he venido a buscarte.
- No. No iré contigo. No me matarán. Robb Stark me castigará pero no me matará.
- ¿Y quieres vivir como un perdedor? Yo no tuve hijos para que se arrodillarán ante niñatos norteños. Tu hermano Rhaegal no se arrodillo jamás ante ellos.
- Sí. No se arrodilló, y murió.
- Pero defendió a su casa. Y tú te has ido escondiendo detrás de tus hombres y del crío Lannister. ¿Eso es ser un Rey? Ja, ja, ja.
- Tú tampoco fuiste un Rey que fuera a la Guerra. Mandaste a tus Manos y a tu hijo a la muerte. No fuiste bueno ni como rey ni como padre.
- Ja, ja, ja. Un Rey no debe ser buen padre, sino buen Rey. Que sus hombres y soldados lo respeten y que el pueblo lo tema. Eso es un Rey.
- Sí, así era como tú reinabas. Y mira como acabamos todos. El Matarreyes te clavo su espada por tu espalda. Madre embarazada de Dany y yo, tuvimos que huir a Rocadragón, y luego yo y mi hermana tuvimos que ir de ciudad en ciudad como mendigos pidiendo un ejército.
- ¡Hice lo que creí mejor para todos! ¡Los Lannister me traicionaron! ¡Un Targaryen no se arrodilla!
- No pienso arrodillarme ante nadie – respondió serio y poniéndose firme Viserys, mientras se tocaba el frasco que tenía dentro de la manga izquierda.
- Lucha y muere como un Targaryen: con Fuego y Sangre.
- Moriré como un Targaryen. Pero no pienso jugar con la vida de mi hermana y su hijo.
- Ella es una mujer. No es un dragón. Un dragón era yo y lo era Rhaegal. Tu hermana y tú, no sois un dragón.
- Ja, ja, ja – río el joven Targaryen -. La única dragón de todos nosotros es Dany. Ella sobrevivió al fuego y tuvo 3 dragones. Ella es el príncipe prometido por los dioses. Nosotros no somos dragones.
- ¡Mentira! El príncipe prometido era Aegon. Él también era un dragón.
- Pues no me costó mucho matarlo.
- ¡Eres un estúpido, Viserys! Morirás como un dragón cuando no lo eres. Reniego de ti.
- ¿Lord Targaryen? – se oyó a la espalda del dragón -. ¿Con quién habláis?
El joven se dio la vuelta y vio a un hombre con una trucha en su jubón; es un Tully. Miro hacia todos lados y no vio a nadie. Todo era mi imaginación. Y si no lo era, que se joda.
- Nadie, nadie.
- Ya han pasado los cinco minutos.
- Dejadme un poco más, sólo quiero sentarme en el Trono por última vez.
- De acuerdo. Tiene dos minutos más – dijo el Tully y se dio la vuelta.
Viserys caminó hacía el Trono de Hierro por última vez. Subió los escalones y se sentó en el incómodo asiento.
- Bueno, Viserys, ha llegado tu hora – y sacó el frasco con fuego valyrio -. Moriré como un Targaryen, pero sabiendo que Dany estará bien – abrió el frasco y lo acercó hacia su boca…-
Y en ese momento, empezaron a oírse voces nerviosas que no paraban de gritar.
- ¡Los Otros! ¡Los Otros! ¡Los Caminantes han cruzado el Muro!
¿Los Otros?; ¿Caminantes Blancos?.
- Ja, ja, ja. Sólo faltaba eso. Al final, sí van a necesitar que mi hermana y sus dragones se queden en Poniente. Ja, ja, ja. ¿Cómo era esa frase de Varys? – sonreía el antiguo Rey y recordó a sus dos consejeros-. ¿Dónde estarán Varys e Ilyrio? Ja, ja, ja, esos dos han sido los más inteligentes. ¡Ah! Ya recuerdo la frase. En el Juego de Tronos o ganas o mueres. Yo pierdo, yo muero; ellos ganan, ellos mueren. Pero con la auténtica sangre del dragón, son capaces de ganar.
Dany, acaba con ellos.
Volvió a acercar el frasco a sus labios.
Me hubiera gustado ver quién ganaba la batalla.
Hielo o Fuego.
Y bebió.
FIN
Bueno, ya hemos acabado. Como habéis visto es un final abierto para posibles spin-off de la historia. Aunque ya tengo peticiones para ello.
- Jon Connington-Sansa (myownqueen)
- Drogo-Dany en Desembarco (myownqueen)
- Arianne (Obara Swann/Soly)
Y acepto peticiones, pero no sé cuando las haré XD
Bueno, se lo dedico a mis crazy fans de Twitter: Khaleesi, Silva, Marla, Sansa de Soja (que no recuerdo el nombre que tiene aquí XD), Mikkalesse. A las maestras Athena, Maria y Catelyn. Y a la gente del Foro Alas Negras, Palabras Negras (Myownqueen, Da3n3rys y Soly, y a todos mis lectores).
Hasta la próxima ida de olla de mi mente XD
