Cuarto capítulo, bastante corto y de em... "acción", espero que me haya salido bien :D

Disclaimer: Inuyasha y los demás son de Takahashi-san.


Un futuro sin ti

por Suri Vizard


Capítulo IV: Sed de Venganza

–¡Bakusaiga!

Esa presencia se había acercado demasiado, Sesshomaru se lo había permitido, solo para saber cuáles eran las intenciones de ese youkai que logró alcanzarlo aún en la velocidad que él corría sin rumbo desde hacía horas. Ya se había cansado, era muy molesto que lo siguiera tanto tiempo y que no tuviera la valentía de mostrarse. Se encontraba en ese árbol, pero que gracias a la increíble técnica de su querida Bakusaiga, ya estaba camino al infierno.

–Estoy aquí, Sesshomaru–su voz era muy ronca y desagradable, completamente desagradable.

–Que bien –dijo el monstruo de la estola blanca, mirando de reojo a su oponente–. Hace tiempo que no participo de una pelea, espero que seas digno de mí.

–¿Acaso no me recuerdas? Culpa de la espada que me hiciste forjar perdí mi vida, tonto. He venido a cobrar venganza.

–Nadie me llama así y vive para contarlo.

Con rápida elegancia pero con fiereza, Sesshomaru se abalanzó sobre su enemigo. Era más alto que él, de piel rojiza con unos cuernos en su frente y ojos ennegrecidos de ira y rencor. Era muy corpulento y portaba una espada que largaba una gran cantidad de energía demoníaca. No era muy fuerte, solo había sido la suficientemente rápido como para esquivar su ataque, un oponente débil del que se podía deshacer fácilmente. Lo único preocupante era la peligrosa espada que portaba.

En vez de esquivar el ataque, esta vez el monstruo se defendió con su espada. Era muy poderosa, estaba llena de ira y deseaba a toda costa derramar sangre. Increíblemente, el ataque rebotó y expulsó a Sesshomaru.

–Así que eres ese herrero… Kaijimbo –dijo Sesshomaru con altanería.

–Veo que ya me reconoces a juzgar por mi nuevo aspecto –rió con esa voz agria y horrenda–. ¡Espero que recuerdes mi nueva cara porque será lo último que vas a ver!

Dicho esto, con total euforia, Kaijimbo se abalanzó sobre él, pero siguió de largo. Sesshomaru lo esquivó con total tranquilidad y se colocó a sus espaldas. "Tiene rapidez, pero carece de técnica con ese nuevo cuerpo" pensó, milésimas de segundos antes de usar otra vez a Bakusaiga.

En efecto, ese cuerpo no le pertenecía a Kaijimbo. El había muerto años atrás cuando, al no ser lo suficientemente poderoso, fue absorbido por el aura demoníaca de su antigua espada Tokijin. Sesshomaru no estuvo presente en el instante de su muerte, pero había sido él quien le pidió a ese hábil pero malvado herrero que hiciera la espada con el colmillo de Goshenki, una de las extensiones de Naraku. Sesshomaru estaba seguro que el alma de Kaijimbo había quedado retenida en Tokijin hasta que esta se fracturó tras su pelea con Moryomaru. A decir verdad, nunca le importó, pero tampoco pensó que ese espíritu esperaría años para tomar venganza. Y menos que intentaría efectuarla en ese momento.

Nuevamente, Kaijimbo adivinó su ataque y lo esquivó. Por más grande que sea el cuerpo que había obtenido, se desplazaba con rápida facilidad. Eso no sorprendió a Sesshomaru, quién decidió comenzar a atacarlo cuerpo a cuerpo, así nunca se escabulliría.

El demonio rojo bloqueó el ataque con su espada y cuando Sesshomaru retrocedió, aprovechó para atacarlo.

–¡Vamos Fukushu! Estas sedienta de venganza, ¡Mata a este hombre!

Dicho esto, un haz de tinieblas salió despedido de esa impresionante espada. Era un espectro negro, un rayo poderosísimo que, cuando entraba en contacto con algo, lo dejaba desangrado y herido, como si hubiese recibido múltiples puñaladas. Sin dudas, esa espada era un arma mortal para cualquiera que quisiese enfrentarla. Incluso Sesshomaru se sintió sorprendido ante el poder de ese ataque. Antes que esas sombras lo cubriesen por completo y que se sintiera envuelto por esa oscuridad desesperante, pudo clavar su espada en el suelo y mantenerse aferrado a ella, que le brindó una barrera de energía. Pero no fue suficiente.

–Es tu fin, Sesshomaru. Mi espada es invencible.

Mientras pronunciaba esas palabras, Kaijimbo caminaba hasta donde se encontraba su oponente. Estaba agachado en el suelo. Parte de su estola había sido atraída por su impresionante ataque. Heridas, al parecer, profundas y con rastros de sangre habían quedado sobre él, pero su mirada seguía fría e inexpresiva como siempre. Sólo había sido un desprovisto para el gran Sesshomaru, una nube negra que funcionaba como miles de puñales en la espalda no iba a vencerlo.

–¿Piensas detenerme con eso? Fíjate bien con quién estás tratando.

Dicho eso, dio un salto y con una increíble rapidez intentó atacar a Kaijimbo. Lamentablemente no fue lo suficientemente veloz, ya que él bloqueó el ataque con su espada nuevamente. Forcejearon. Aunque Sesshomaru agarraba Bakusaiga con una mano y su oponente estaba aferrado a la espada con las dos, él era mucho más fuerte. Kaijimbo solo tenía velocidad, y una espada asombrosamente maligna.

Como su portador no podía aguantar la fuerza que se le aplicaba, Fukushu reaccionó. De nuevo desplegó su rayo negro como el azabache. Entonces, Sesshomaru comprendió que, nuevamente, Kaijimbo era manipulado por los deseos de venganza de la espada, aunque de todos modos él debía estar de acuerdo para exterminarlo. Claro que no ocurriría, ya tuvo problemas con una espada anteriormente y supo como arreglárselas incluso con el estorbo que era Inuyasha, esta vez, podía hacerlo solo.

Aprovechó el rebote para alejarse lo más posible y después contraatacar. Cuando el rayo se extinguió, se acercó con la mayor velocidad que le permitían sus piernas y comenzó a correr en círculos alrededor de Kaijimbo, eso lo desorientaría, ya que con la velocidad que corría, su figura se veía en todas direcciones.

La espada volvió a atacar pero ahora en sentido norte, por lo que del lado contrario apareció Sesshomaru esgrimiendo la suya y con su Bakusaiga intentó cortarlo en pedazos.

Esta vez logró alcanzarlo, pero solo un poco. El cuerpo rojizo de Kaijimbo no parecía muy resistente, ni tampoco presentaba armadura. Seguía con vida simplemente porque había logrado esquivar en parte el ataque, es decir, de los desprendimientos explosivos que daba el ataque de Bakusaiga, solo uno de esos rayos amarillos había dado con él por lo que no fue energía suficiente como para que se propagase por todo el cuerpo. Además, el cuerpo de Kaijimbo se parecía mucho al que Naraku solía poseer, una mezcolanza de distintos monstruos, por eso era que Bakusaiga no podía propagarse.

Estaba mal herido, sangraba y en su rostro se leía claramente el inmenso odio. Su espada expulsaba más que nunca esa aura oscura, inquietantemente maligna. Pero en esas condiciones ya no podía luchar. Sin embargo, era increíble que el daño no se hubiese transportado al resto de su cuerpo, era la primera vez que Bakusaiga fallaba.

–No has ganado aún–dijo con una ira y un rencor atemorizante–. Volveré, y ese día será el de tu muerte –amenazó.

Envainó su espada y no dijo nada más.

Sesshomaru lo vio partir, rengo y lastimado, entre las nubes de veneno y las sombra de los árboles que habían muerto gracias a este. Inmediatamente, y sin importarle en lo más mínimo las heridas sangrantes que tenía, siguió su camino sin rumbo como si nada hubiese pasado. Pensó por momentos en esa extraña espada, parecía incluso mejor que Tokijin, sin dudas tenía un impresionante poder maligno. "La espada no hace al guerrero" pensó, ya que Kaijimbo podía ser un excelente herrero, pero nunca explotaría al máximo las capacidades de Fukushu.

Sin darse cuenta siquiera, llegó a un campo de flores blancas y amarillas, pensó en Kagura… pensó de nuevo en Rin.