La Venganza de Ozai

Resumen: Doce años después de la batalla final, Zuko llama a Katara para que cure las víctimas de una epidemia que se esparce por toda la Nación del Fuego. [Katara/Zuko]

Rating: T por AdolescenTe.

Zuko no vio a Katara hasta el anochecer. Casi habían llegado al puerto más cercano a Tetsushi. Pronto, sería hora de desembarcar. Después de pasar el día practicando su control, encontró a Katara en su camarote leyendo cada uno de los reportes que los doctores de Tetsushi habían enviado a la capital. Había esparcido las cartas cronológicamente sobre una mesa, y en su cobertor había varios pergaminos que mostraban detalladas representaciones de la anatomía humana. Incluso algunos representaban el interior humano, todos los órganos, músculos y fluidos internos.

-Eso es asqueroso –exclamó Zuko, señalando los pergaminos con la cabeza.

-Asqueroso o no, es como todos nos vemos por dentro –replicó Katara-. Tú no eres diferente, Señor del Fuego.

Él arqueó una ceja mirando un pergamino. Mostraba una mujer con un bebé dentro.

-Permíteme disentir.

Katara puso los ojos en blanco. Se paró, se estiró, y señaló las cartas de Tetsushi.

-Estoy empezando a conocer al enemigo.

-¿Y? ¿Has formulado un plan de ataque?

Ella asintió.

-Eso creo –se dirigió a grandes zancadas hasta el escritorio de su tío, y apuntó un pergamino grande que había dejado desenrollado-. Esta es la región que rodea Tetsushi –indicó, su dedo índice trazó un círculo suelto alrededor del pequeño pueblo montañés-. Es un mapa viejo. ¿Puedes decirme si Tetsushi no tiene agua corriente, todavía?

Zuko se encogió de hombros.

-¿En las zonas residenciales? Lo dudo. Aún es bastante rural.

Katara asintió con la cabeza.

-Lo sospechaba. ¿Ves este río? –apuntó-. Es probablemente el suministro comunal de agua. Lo que sea que está enfermando a esta gente está en ese río.

Zuko frunció el ceño.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

Katara señaló.

-Los informes más recientes vienen de río abajo. Si la enfermedad se ha desparramado hacia fuera, significa que salta de persona a persona como la tos de un niño. Pero en vez de eso, la enfermedad se ha movido sin cesar hacia el sur con el río. Comienza en Tetsushi.

Una sensación helada apareció sobre los hombros de Zuko.

-¿Estás sugiriendo que alguien ha envenenado el suministro de agua?

Lentamente Katara, dijo que sí con la cabeza.

-Como yo lo veo, hay dos posibilidades. La primera es que alguien en el pueblo trajo la enfermedad con él, y que de alguna forma ha contaminado el agua con ella. Tetsushi no está lejos de un puerto – quizás él llegó de cualquier otro lugar y trajo una enfermedad extranjera, como un parásito, y lo transmitió a sus vecinos a través del agua.

-¿Un parásito?

Katara se inclinó y sacó un rollo de entre los numerosos recovecos de su Tío. Desenvolviéndolo sobre el mapa, señaló una criatura en particular de aspecto asqueroso.

-Drepanocitosis (1) –nombró-. Vive dentro del intestino de una persona, y se…

-Suficiente –interrumpió Zuko, alzando una mano-. Entiendo.

-Pensé que lo harías –dejó el pergamino desplegado y se cruzó de brazos-. La otra posibilidad es que alguien envenenó a propósito el río cercano a Tetsushi. Aunque no estoy segura de por qué harían una cosa así. A menos que… -pasó su peso de un pie a otro-. ¿Es cierto que ese pueblo era comandado por un mercader de la guerra?

-¿Cómo supiste eso?

-Le eché un vistazo a algunos documentos censurados. Las cosas han ido cuesta abajo para Tetsushi desde que pusiste fin a la guerra.

Zuko se abrió paso hasta la ventana más próxima. Miró fijamente hacia fuera por un momento antes de responder. Después de la tormenta de ayer, el agua se veía cristalina y serena, y él tuvo un repentino y poderoso anhelo de quedarse allí. Bajarse de su barco solamente le había causado siempre problemas.

-La recepción que recibiste en Kaino-tama tuvo que ver con la población casi tanto como con tu popularidad. Los moradores urbanos fueron los primeros en ver la inutilidad de la guerra de Sozin. Es difícil comenzar proyectos de mejoras cívicas cuando la parte del dragón de los impuestos alimenta una máquina de guerra. Es por eso que nuestros caminos están rotos en tantos lugares – no tenemos dinero para repararlos.

Se giró, y se tomó la mano detrás de la espalda.

-En las zonas alejadas, es diferente. Esa gente estaba convencida de la gloria de la Nación del Fuego, y tenía esperanzas para el imperio. Esas esperanzas la hacía sentir más importante, porque su duro esfuerzo contribuía a algo mucho más grande – o es lo que ellos pensaban –se aclaró la garganta-. Ahora la gente de Tetsushi y lugares así están viviendo en la pobreza porque yo restringí esas esperanzas. Y lo que es más importante, sus hijos están muertos y desaparecidos, porque los menos educados en la nación servían como soldados de infantería mientras los hijos de Kaino-tama se convertían en los burócratas de mi padre.

Una sonrisa tensa cruzó su rostro.

-Si yo fuera ciudadano de Tetsushi, estaría lo suficientemente enojado como para arriesgar el envenenar a mis propios vecinos, si creyera que eso pudiera ayudarme a practicar para algo a mayor escala – la reserva de la capital, tal vez. Y si eso llama la atención del General Iroh, o de la maestra agua favorita del Señor del Fuego muchísimo mejor –rió sin alegría, y sacudió la cabeza-. ¿Qué nuevo peligro he puesto sobre ti, Katara?

Katara puso los ojos en blanco y sacudió una mano quitándole importancia.

-Zuko. Anímate. Vamos –cruzó la habitación para encararlo-. Es muy realista de tu parte sugerir un complot dentro de tu propio país, pero el mundo no gira alrededor tuyo.

Zuko quedó boquiabierto.

-¿Disculpa? –Intento explicarte las tensiones en la Nación del Fuego lo mejor que puedo, ¿y me acusas de egocéntrico?

Katara respiró hondo.

-Probablemente lo dije mal. Perdón. Lo que quiero decir es, el pueblo de Tetsushi una vez ayudó a hacer acero que iba en la manufactura de las armas. Esas armas mataron gente por todo el mundo. ¿Correcto?

Él hizo un mohín.

-Sí.

-Entonces, ¿no es posible que alguien le guarde rencor al pueblo? –cuando él arrugó el entrecejo, ella se acercó incluso más. Sus ojos habían adoptado la expresión hambrienta y ansiosa de una pantera pigmea en presencia de un ave. Significaba que tenía una idea, y sabía exactamente como seguirla-. ¿Qué hiciste con Li y Lo? –preguntó.

-Las hice encarcelar en una celda de hierro, donde su relámpago las chamuscara desde adentro –contestó Zuko.

-¿Y por qué hiciste eso?

-Entrenaron a Azula. Azula lastimó a mi Tío…

-Exactamente –convino Katara-. Ahora si tu hermana hubiera usado una espada, ¿no querrías encontrar al que la forjó?

De inmediato, él entendió.

-Sí –lo ensartaría como a un pescado con una de sus propias armas. Se le ocurrió un pensamiento suelto. Miró el rostro satisfecho de Katara e hizo una pregunta cuya respuesta temía-: ¿Era así como pensabas de mí?

Katara guardó silencio. Se veía casi dolida en su sorpresa, como si hubiera pisado por error vidrios rotos. Ahí vas de nuevo, la voz de Mai se quejó dentro de su cabeza, siempre lloriqueando. ¿No puedes simplemente callarte? La boca de Katara entró en funcionamiento. Casi podía ver los engranajes de su mente girando. No habían compartido el mismo espacio en años, y aún así todavía reconocía la mirada en su cara como la que ponía cuando decidía como poner algo con delicadeza. Y lo que lo remordía más que el hecho que su deseo de venganza había sido profundo – él había esperado eso – era que todavía conocía su rostro tan bien, que podía leerla porque la había memorizado siglos atrás. Había esperado que el tiempo apagara esa horrible sensación de expectación cuando observaba su rostro, pero permanecía tan cruda y fresca como recordaba.

-Está bien –se oyó decir a sí mismo-. No tienes que responder. Entiendo. Era la cara del enemigo. Tú misma lo dijiste.

Frenéticamente, Katara meneó la cabeza.

-Eso era entonces. Esto es ahora. Ni siquiera puedo acordarme como se sentía querer lastimarte –su voz se alzó-. Y nunca lo haré… jamás llegaría a esos extremos, yo…

-Katara –tenía el más extraño de los impulsos de querer agarrar su rostro entre sus manos, pero se abstuvo-. Ambos sabemos que si hubiera pensado en lastimar a Aang, tú hubieras clavado una flecha de hielo directamente a través de mi corazón –ladeó la cabeza-. El hecho de que las tropas de Ozai eliminaran a tu madre, a tu padre y a la mayoría de tu aldea solo lo hubiera hecho más fácil.

-¡Ese no fuiste tú! ¡Y fue hace años! Maduré, ahora, y he aprendido… -titubeó-. He aprendido como vivir sin ellos –completó enderezándose-. Tus padres tampoco están. ¿Y por qué siquiera estamos discutiendo esto? –se apartó-. Solo porque pueda entender los motivos de alguien para vengarse no significa que sea una persona vengativa.

Zuko tuvo que contener una risita.

-Ambos somos vengativos, y tú lo sabes –intentó verla rodeándola-. Eso no significa que piense menos de ti.

Ella se giró, y parecía muy pequeña de repente.

-No soy vengativa, soy pasiva-agresiva –corrigió.

-Recuérdame hacer inscribir eso en mi trono.

Ella rió por la nariz, doblándose en dos. Sus risas sacudieron sus dedos, los cuales sostenía cerca de su boca. Enderezándose, se secó las lágrimas de las comisuras de cada ojo y se sentó pesadamente en la cama

-Creo que me he estado volviendo un poco loca en las montañas –sugirió.

-No me digas.

De nuevo, se rió. El sonido dejaba una sensación calida en su pecho como un licor suave y bueno.

-No me está permitido enojarme, allá arriba. Molestarme o decepcionarme, quizá, pero no enojarme. No puedo perder el control en frente de esos chicos –miró los pergaminos-. Y Aang daba un tan buen ejemplo – él era simplemente tan bueno – que me sentía un poco avergonzada cada vez que alzaba la voz –se encogió de hombros-. Supongo que ese es el por qué he estado tan despistada, aquí. Es como el agua control. He estado intentando contener un océano dentro de un barril de lluvia.

Calló por un momento.

-Guau. Supongo que tenías razón. Estoy hambrienta de conversación adulta. Probablemente debería callarme, ahora –bajó la mirada a su regazo y entrelazó los dedos fuertemente, presionando ese único puño que creaban entre sus rodillas.

Reticentemente, Zuko se sentó a su lado. La cama era demasiado blanda. Se hundió y trató de no pensar en su perfume en las sábanas, la calidez de su cuerpo todavía allí.

-Cuando Aang murió, mi Tío te ofreció un lugar con nosotros, para cuando quisieras. Dijo que no permitiría que los chicos te agotaran.

-Pensaba que podría hacerlo sola –continuó con la voz finita-. Digo, vamos, ayudé a derrotar a Ozai. Enfrenté a tu hermana. Protegí al Avatar -- ¿por qué no podría ser capaz de ocuparme de menos de cien niños? Es solo comida, ropa y enseñanza, ¿cierto? Ni siquiera estamos en guerra, y tengo una guarnición y voluntarios para ayudarme –se encorvó un poquito, apoyando sus codos sobre las rodillas-. Aang era mucho mejor en esto que yo.

-Aang era el Avatar. Tú no.

-Era más que eso –persistió-. Aang era un niño de corazón. Él entendía como compartirse con los chicos. Sabía como hacer del juego una experiencia de aprendizaje. Siempre fui yo la disciplinaria –sonrió-. No es fácil ser siempre la mala.

-Créeme, lo sé.

Su palma dio contra su frente.

-Realmente debería cerrar el pico –insistió, detrás de su mano-. Tenemos un pueblo que salvar, y aquí estoy gimoteándote sobre lo duro que es dirigir un orfanato. Tú tienes un país entero para cuidar.

-Katara, si yo tuviera que hacer tu trabajo ya hubiera incendiado el templo.

Ella lo espió con un ojo.

-No es cierto.

Su ceja sana se arqueó.

-Creo que ya estás familiarizada con mi genio.

-Tienes mucho mejor control de él ahora que él que tenías en el pasado –elogió-. Se nota.

Él intentó no dejar que el silencioso y triunfante motín que incitaban sus palabras lo distrajera.

-¿Por qué no te están ayudando Sokka y Suki? ¿Y qué hay de Toph?

Katara sonrió.

-Sokka y Suki tienen sus propios niños para cuidar, y ya la tienen bastante difícil repartiéndose su tiempo entre Kyoshi y el Polo Sur –contó-. Pero cuando recibí tu mensaje, les pedí que vinieran a cuidar las cosas por mí. Están en el templo ahora mismo –se encogió de hombros-. Supongo que podía haber dejado que los voluntarios y tu guarnición manejaran las cosas. Pero no confío en ellos como lo hago en mi hermano. No tengo una relación personal con ninguno de ellos – todavía soy "la maestra agua del Avatar" para ellos.

Zuko asintió. Eso, al menos, entendía. Él encontraba forzoso hacer amigos – establecer tal relación con una de las personas bajo sus órdenes le resultaba imposible. Era como Katara había dicho – la amistad requiere igualdad. Y él no podía permitirse igualdad en grandes cantidades. Sus dedos rozando los suyos lo sacaron de sus meditaciones, y bajó la vista hacia dónde lo había tocado.

-Hay algo que tengo que decirte –le anunció.

Su corazón encontró su garganta.

-¿Sí?

-Vi a Aang morir –ella apretó su mano y parpadeó las lágrimas hasta que desaparecieran-. Solo me volví por un segundo, y él cayó. No pude hacer nada. La vida se escapaba de su cuerpo como agua –Katara apretó los labios y pareció afirmar su resolución, como si las palabras siguientes fueran difíciles-. He estado pensando en ellos, y es por eso que intenté capturar el relámpago en una bola de nieve, para usar tus palabras. Pasé mucho tiempo protegiendo a Aang. Verdaderamente era como mi hermanito antes que mi esposo. Y en el final no me dejó protegerlo.

Preguntándose si sentía el temblor en su mano, Zuko la usó para cubrir la de ella.

-Pero yo no soy Aang –le recordó-. No tienes que cuidarme.

Ella asintió.

-Lo sé. Tú siempre lo haces simplemente bien por ti mismo. Pero yo reaccionó. No puedo evitarlo. No estaba intentando insultar tus habilidades de control, lo juro. Yo solo…

-Solo estabas siendo tú misma.

Katara dejó caer su cabeza.

-Sí –usó una mano para enjugarse los ojos-. ¿Por qué no puedo parar de hablar? Honestamente, ya debes estar cansado de eso. Viniste a decirme algo. ¿Qué era?

-Estaremos en tierra, pronto.

-Oh. Guau, descarrilé completamente ese mensaje, ¿no?

-Un poco –miró sus manos. Le gustaba como se veían juntas, su palma cálida y morena como un huevo de avestruz dentro del nido de sus dedos más largos y pálidos-. No hay nada malo contigo –dijo por fin.

-Pensé que era increíblemente imprudente.

-Lo eres –respiró hondo-. Pero como dije antes, también eres mi maestra agua favorita –le apretó la mano para aclarar su punto.

Ella le dio una sonrisa diminuta y tímida.

-Te oí cuando lo dijiste la primera vez.

-Bien.

-Tú eres mi maestro fuego favorito.

Incapaz de contener su sonrisa, Zuko respondió:

-No le digas a mi Tío. Es un hombre celoso.

Katara puso los ojos en blanco.

-Estoy segura que es por eso que quiere casarme contigo, y no con él.

Esa son dos veces que menciona matrimonio en la misma cantidad de días.

-Las indirectas de mi Tío son tan sutiles como una bomba, lo sé –retrucó Zuko cuidadosamente, concentrándose en la textura de su cutícula debajo de su pulgar-. Lo siento si te ponen incómoda.

Katara se encogió de hombros. Sus manos se aflojaron.

-Creo que lo hace para molestarte –aventuró-. Eres tú el que ha evitado casarse. Incluso Toph vive con su amante. Probablemente Iroh solo quiera nietos.

Si tan solo eso fuera tan simple.

-¿Toph vive con un amante? ¿Con quién?

-Ves, esto es por qué debes responder mis cartas. Iroh lo ha sabido por años.

-¿Años?

-Sí, años. A Toph simplemente no le gusta abrirse sobre esta clase de cosas con gente que no le escribe. Conoció a ésta persona después de que Aang murió.

El labio de Zuko se movió nerviosamente.

-No envidio al hombre que tiene que aguantar su actitud.

-¿Quién dijo que era un hombre?

Su ojo sano se agrandó.

-¿Qué?

-Me oíste.

Era su turno de dejar caer la cabeza.

-¿Hay algo más que no sepa? ¿Has estado escondiendo un dragón de mascota, tal vez?

Para su sorpresa, Katara no respondió. Alzó la cabeza. Ella se había vuelto hacia la ventana. Su rostro había re-adquirido la expresión vacía y rota que Zuko recordaba del día de la muerte de Aang, cuando se había dormido mirando la pira. Ella se había sentido tan bien en sus brazos cuando la cargaba hasta su cuarto, que se había odiado a sí mismo por notarlo.

-¿Qué sucede? –preguntó. ¿Qué dije? ¿Cómo arruiné las cosas, esta vez?

Ella se giró hacia él. Había lágrimas en sus ojos, pero no las secó.

-Sabes tanto de mí como yo sé de ti –gimoteó-. En verdad, probablemente tú sepas más.

Él estaba a punto de preguntarle que quería saber, cuando un golpe sonó en la puerta.

-¿Mi Señor?

Zuko se paró, se enderezó la camisa, y abrió la puerta.

-¿Sí?

-Estamos a punto de atracar, mi Señor.

-Muy bien –estuvo a punto de despachar al hombre, pero en lugar de eso ordenó-: Infórmale al cocinero y al camarero que compren agua potable en el puerto. No usaremos el agua de Tetsushi a menos que la hirvamos primero. Dile al capitán.

Desconcertado pero obediente, el hombre asintió con la cabeza y se despidió. Zuko cerró la puerta. Cuando se giró, Katara estaba sonriendo.

-Eso fue inteligente de tu parte.

-No nos serviría que nosotros cayéramos con la misma dolencia que la gente de Tetsushi –refuto. Hizo un gesto hacia los rollos esparcidos por toda la habitación-. Gracias por hacer esto.

-La investigación es solo primer paso –atajó Katara-. Puede que esté completamente equivocada sobre esto. Yo solo espero que tu confianza en mí no esté mal depositada.

-No lo está –aseguró-. Empaca lo que quieres llevar contigo. Nos iremos pronto.

N/T: Hi! Tanto tiempo, eh? Son cortitos, y aburriditos pero la sutileza en persona, ¿no? Me encantan :) Nos vemos.

GRACIAS: Orion no Saga (2x1 lol), youweon, BlueEyesPrincess, Laydi Shaden y patousky.

(1)Drepanocitosis: La anemia de células falciformes o anemia drepanocítica, es una hemoglobinopatía, enfermedad que afecta la hemoglobina, una proteína que forma parte de los glóbulos rojos y se encarga del transporte de oxígeno. Es de origen genético y se da por la sustitución de un aminoácido en su conformación, esto provoca que a baja tensión de oxígeno la hemoglobina se deforme y el eritrocito adquiera apariencia de una hoz