Siento el haber abandonado esta historia, pero aquí estamos de vuelta.

Sin más que decirles hoy espero que la disfruten y comenten.

Capitulo 4. El caballero oculto en las sombras.

Kanon despertó sobresaltado a pesar de que aun todo se encontraba en penumbras, supo que Saga ya no se encontraba en géminis y que seguramente estaría entrenando desde temprano, últimamente su hermano salía del templo sin avisarle, como si quisiera marcar una cortante barrera entre ellos.

-Y se de sobra la razón. – Se calzo sus zapatos y brinco de la cama. – Saga está a punto de obtener géminis. – Le fue imposible no sentir una desagradable sensación en el pecho entremezclada con orgullo.

Cuando salió del templo de géminis, los pequeños haces dorados del sol podían verse en la lejanía y se detuvo unos segundos a observarlos, considerándose el mismo, esos pequeños rayos luminosos, él también podía brillar por su fuerza e inteligencia, el tenia un valor, un valor que sería opacado por la inmensidad de luz producida por sol, por Saga.

El sol comenzó a brotar magnanimente entre la colina, por lo que se vio obligado a desviar la mirada de este, mientras apretaba su puño con impotencia, Saga siempre obtendría todo y él solo sería un reflejo mínimo de él.

Se sentó sobre las escalinatas que llevaban de Tauro a Géminis y se agarro las rodillas con los brazos mientras volteaba su rostro al lado contrario, mientras sus nudillos palidecían ante la presión que generaba sobre ellos al presionarlos.

Saga y él habían llegado en igualdad de condiciones al santuario, pero apenas y su hermano mayor piso el santuario, fue reconocido como el aprendiz a caballero de géminis, recibiendo todo los privilegios que podía otorgar un aspirante para santo de oro, mientras él había sido aislado, tratado de ser borrado del santuario, pocos eran los que le conocían y tal vez estos una vez alcanzado la gloria se olvidarían de él, incluso tal vez Saga.

-Buenos días, Kanon. – Aioros le tomo por sorpresa, realmente no había sentido su cosmos, como si el aprendiz de sagitario tratara de tomarlo por desprevenido, miro de reojo y le vio parado en la entrada de géminis y le miraba con cierto pesar.

-Hola, Aioros. – Se incorporo de un salto, retirando cualquier indicio de preocupación de su rostro. – Se te está pegando el hábito de madrugar, como Saga.

-No soy el único. – Fue claro que Aioros se refirió a él, volteo su vista hacia la parte posterior de tauro y espero a que el castaño se posicionara aun lado de él. - ¿Hay algún problema, Kanon? – Los orbes azules se clavaron como dos cuchillas en su rostro y sintió la seriedad que entonaron los labios de Aioros al cuestionarlo.

-Están a punto de convertirse en caballeros dorados… - Apretó de nuevo las manos ante la impotencia. – Saga obtendrá géminis y se irá a cumplir misiones para la diosa Athena y él patriarca, pero yo… solo me quedare oculto en el templo. No me malinterpretes estoy feliz por Saga, el se ha esforzado por conseguirla, se la merece. – Kanon comenzó a reprenderse por juzgar a su hermano despiadadamente.

-Pero tú… - Aioros agacho el rostro y dejo que sus palabras fueran un silbido apenas perceptible para Kanon. – Pero tú, hubieras querido tener la posibilidad de aspirar a ella. ¿No es así?

-Aioros, yo no… - Quiso negarlo, pero de nada serviría ya, nunca había imaginado siquiera que Aioros, le conociera tanto, que le hubiera observado con tanto detalle que se percato de sus verdaderos sentimientos. - ¿Qué se supone que debo hacer, Aioros? – Suspiro.

-Tal vez deberías ser sincero con Saga, eso puede aligerar un poco la carga sentimental que guardas en tu interior o de lo contrario detonara en cualquier momento. – Aioros poso su mano izquierda sobre su hombro y sonrió con compañerismo. – Una armadura no cambia quien eres y para mí, tú y Saga tienen el mismo valor. Además… - Aioros amplió su sonrisa y miro hacia el cielo. – Estoy a nada de cumplir mi meta y tratare de cambiar esa estúpida regla, Kanon.

-Gracias, Aioros. – Le regreso la sonrisa y se sumió en sus pensamientos, al tiempo que Aioros se despedía apresuradamente de él y se marchaba corriendo escaleras abajo.

-¡Adiós Kanon! Llegare tarde de nuevo a mi entrenamiento. – Levanto su brazo en señal de despedida y apuro su paso escaleras abajo.

-Tanto Saga, como Aioros han crecido, mientras yo…yo solo me he estancado. -

Ver a Arles realmente no era nada grato para él, pues su presencia la mayoría de las veces se asociaba a reprenderlo por algún minúsculo error o para recordarle su posición de segundo y mientras exaltaba los avances de Saga, tendía a reprimir cualquier idea que siquiera atisbara con anhelo Kanon.

-El patriarca se encuentra trabajando arduamente con los informes de los santos, como para atenderte. – Menciono cansinamente Arles. - ¿Ahora qué quieres?

-Necesito hablar con él. – Demando fingiendo paciencia, pero sus puños palidecieron ante la presión.

-Tan solo le haces perder tiempo valioso, tiempo que podría dedicar a los aprendices a caballero a punto de convertirse a santos. Ellos necesitan la orientación del patriarca, en cambio tu, solo le quitas tiempo. – Arles torció sus labios en una sonrisa y miro burlonamente la mano empuñada del gemelo. – Aún así comentare tu caso al patriarca y si él desea recibirte, te lo informare.

Kanon le miro marchar por uno de los pasillos aledaños a aquella sala, no se molesto en agradecer esa falsa consideración a su persona. Se distrajo mirando por una de las ventanas del salón patriarcal, la cual daba una amplia vista al jardín de piscis, que se mantenía tan bello y perfecto, como sus guardianes.

Pensó en lo poco que había visto a Afrodita en los últimos meses, sin duda alguna hubiera creído que había muerto de no haber sido, por la ausencia de Mascara de la muerte y Shura quienes habían desaparecido también, dejándose ver con menos frecuencia y seguramente todo ello se debía a que venían pisándole los talones a Saga y Aioros, para convertirse en santos dorados.

-Kanon. – Le llamo calmadamente el patriarca desde la entrada de su oficina, imagino que Shion estaba sonriendo, por el tono de su voz únicamente, ya que el patriarca portaba una máscara de un color azul marino y orbes rojizos. –Me da gusto verte por aquí. Ven, pasa. – Le invito a entrar haciéndose a un lado.

Kanon arrugo la nariz, ante aquel gesto del sumo pontífice del santuario, ya que nunca antes había hecho aquella acción de introducirlo a su oficina, normalmente hablaban con cierta libertad en los pasillos o incluso en la sala del trono, pero ahora parecía como si el también quisiera ocultarlo del mundo.

-Kanon. – Le llamo de nueva cuenta, entro a regañadientes, aunque le fue inevitable lanzarle una mirada furiosa al patriarca.

-¿Y a que se debe esa furia? – Cerró la puerta tras él y camino despacio hacia la gran silla de caoba que se encontraba detrás de una montaña de pergaminos nuevos, que descansaban sobre un pesado escritorio.

-Usted también. – Murmuro enojado.

-¿Yo? – Shion miro a Arles de reojo, esperando que le explicase el motivo por el cual Kanon se encontraba frente a él, inclusive se aventuro a pensar a que el mal humor del gemelo se debía al haber cruzado palabras con su hermano menor. - ¿A qué te refieres?

-¡Usted también trata de ocultarme! ¡De Arles y el resto, siempre lo he esperado! ¡Pero de usted y de Saga jamás! – Kanon se había acercado al patriarca y golpeado con toda la fuerza que tenía el grueso escritorio, el cual se cuarteo en una de sus esquinas y varias astillas salieron volando, mientras otras se incrustaban en la piel del gemelo. - ¡¿Cuál es mi objetivo?! ¡¿Por qué me retienen aquí?! Déjeme aspirar a otra armadura que no sea géminis… o al menos déjenme irme del santuario.

-¡Baja tu tono de voz jovencito! ¡Es al patriarca al que le hablas! – Ordeno amenazantemente Arles, tomándolo en un rápido movimiento por la camisa.

-¡Suéltame! – Kanon tomo la muñeca de Arles y la apretó con fuerza, lo que sorprendió tanto a él, como a Shion. - ¡Estoy arto!

-Basta, Arles. – Shion freno a su ayudante, antes de que golpeara a Kanon, a quien soltó de mala gana, obligándolo a retroceder torpemente unos pasos, que casi le derribaron al suelo. – Déjame a solas con él.

-Shion… -

-Es una orden. – Exclamo autoritario el patriarca. Kanon sonrió triunfante y miro como el menor de ellos, se guardaba sus palabras con furia y se marchaba rabiando de la habitación. Y aunque hubiese logrado poner al patriarca de su lado, por aquella osadía de obligar a Arles a mostrarse hasta cierto punto agresivo, en el futuro debería ser más cuidadoso, pues aunque los cuerpos de ambas autoridades del santuario parecieran tan solo ancianos, aquel breve enfrentamiento, había hecho que Arles le mostrara tan solo una mínima parte de su colosal cosmos.

-Cierra la puerta al salir, no querrás que nadie me vea. – Espeto irónico.

-Eso sería lo más indicado. – Refuto Arles desde el marco de la puerta. – Pero Shion se niega a la opción más viable, encerrarte. –

-¡Arles! – Shion utilizo su telequinesis sin ni siquiera mover ni un dedo, la puerta se cerro de golpe dejando a su hermano fuera, sin permitirle replicar. Era ya muy consciente del odio creciente entre Arles y Kanon, en lo venidero trataría de evitar que ellos dos tuviesen más encuentros.

La tensión se palpaba en el ambiente y un profundo silencio incomodo se estableció entre ambos, algo completamente inusual entre ellos, que habían pasado cientos de días sentados en la biblioteca sin dirigirse la palabra uno al otro, compartiendo un mutismo armónico, pero en ese momento era totalmente diferente. Uno se sentía herido, al imaginar que lo que había dicho Arles fuera verdad, mientras el otro estaba sorprendido por la rebeldía y fiereza que había mostrado el menor de los gemelos de géminis.

-Kanon. – Le llamo. – El levantarme la voz e incluso ir contra la llamada de atención de Arles, es una falta de respeto a mi autoridad, como patriarca. – El gemelo supo que aquello era una forma de llamarle la atención por parte de Shion, aunque su voz sonara igual de sabia y tranquila que en otras ocasiones, guardaba un atisbo de furia. – Evitare en lo próximo tus encuentros con él.

-¿Cómo? ¿Encerrándome? – Bufo irónico mientras sopla sus flequillos, le vio tensar cada centímetro de su cuerpo, tratando de no responder a su provocación.

-¿Es acaso a donde quieres llegar? – Shion apretó la mandíbula, haciendo que sus palabras se afilaran como una muy posible amenaza, lo cual desconcertó al menor de los gemelos. – Creí que me habías entendido. – Le escucho suspirar con cansancio al tiempo que se dejaba caer en su asiento y comenzaba a sobarse la sien.

-¿Comprender qué? –

-No, no lo has entendido. – Volvió a suspirar y tomo una gran bocanada de aire antes de fijar la mirada escarlata de la máscara sobre su rostro. – Aioros y Saga están a punto de obtener sus armaduras, ustedes tres han crecido juntos y entiendo a la perfección tus ganas de estar a su nivel, pero por el momento eso es imposible. Saga es el portador principal de géminis, mientras tú jamás podrás aspirar a otra armadura…

-¡¿Por qué?! – Se exaspero, mientras golpeaba la mesa con el puño. - ¡Soy tan capaz como cualquiera de los aprendices, usted lo sabe! ¡¿Por qué?! – Kanon bajo el rostro mientras su voz se transformaba en un susurro. - ¿Por qué quedarme?

-Aún eres demasiado joven, para entender tu papel. – Shion se levanto y camino hasta él, poso su mano sobre su cabello alborotado y trato de despeinarlo juguetonamente, pero se alejo furioso. – En estos momentos de nada me serviría explicártelo, estas cegado por la envidia.

-¡¿Por qué no puede responderme?! – Le encaro.

-Lamentablemente Kanon, la única forma en la que tu conseguirías portar géminis, es que Saga muriera... – Shion le paso de largo y abrió la puerta de su oficina, mientras le hacia una muestra clara con la barbilla al menor para que se marchara. – La respuesta la has sabido todo este tiempo, la has ocultado y anhelado inconscientemente en tu corazón, pero la gloria que buscas, tal vez te traiga la peor desgracia de todas. Ahora márchate y cuando te calmes, volveremos a hablar, mientras tanto, no hagas ninguna imprudencia.

Saga dio por terminado su entrenamiento mucho antes de que él llegara a la arena, así que para cuando se encontró en ese sitio su hermano mayor ya se había ido, aún así decidió quedarse unos minutos más, mientras observaba como aquel templo destruido en ruinas ofrecía una férrea resistencia a los rayos del sol, que aún así atravesaban los poros, grietas y aberturas que tenía en su pared, mostrando una lluvia luminosa en el interior del templo.

Se dejo caer de espaldas a aquellos rayos, mientras fijaba su vista en las partículas de polvo que se movían entre la luz y la oscuridad.

Agacho el rostro apenado y se mordió inconscientemente el labio. ¿Acaso había decepcionado al patriarca? ¿Le había mostrado un atisbo de la ambición que resguardaba celosamente en su interior? ¿Tal vez su verdadero yo? ¿Aquel que anhelaba ser reconocido por encima de su hermano y cualquier santo? ¿Shion ahora era conocedor de su sed de poder?

Luz y oscuridad, así era Saga y él, pero ¿Quién de los dos representaba cada una? Si Saga estaba predestinado a ser el caballero dorado, aquel que protegería a Athena y cumpliría las misiones de Shion al pie de la letra, que se bañaría de gloria, orgullo y respeto, que sería admirado e inmortalizado. Mientras él, tan solo seria consumido por la más densa y terrible oscuridad.

-Demonios. – Se mordió el labio ahogando en su garganta un grito desgarrador de desesperación, mientras su puño palidecía por la presión. - ¿Cuál es mi objetivo en este maldito santuario?

De repente escucho un fuerte estruendo en la cercanía, los muros del templo temblaron y de su techo y paredes se desprendieron pequeñas cortinas de tierra, Kanon vio como el muro frente a él se cuarteo, sin embargo no se derrumbo, ni fue atravesado por nada. Se quedo estupefacto ante aquella reacción, sin comprender aún si alguien acababa de atacarlo.

-¡¿Por qué?! – Lanzo una infantil voz pero cargada de impotencia desde la parte de afuera del templo. Nunca antes le había escuchado o no al menos que recordara, así que la curiosidad le gano, comenzó a acercarse hacia la salida en silencio a medida que percibía más golpes sordos, acompañado de maldiciones. – Se supone que hago todo lo que mi maestro me dice…pero no puedo… ¿Cómo diablos obtendré la habilidad para ser un santo? Ni siquiera…puedo atravesar un tonto muro… - Se lamento.

Se apoyo en el muro con cierta precaución, mientras miraba por el rabillo del ojo hacia la parte externa del templo, donde observo a un aprendiz tirado en el suelo, estaba arrodillado y golpeaba reiteradamente el piso con su puño, en clara señal de un berrinche. Su cabello era azul marino y su piel estaba ligeramente bronceada por el sol, fue en ese momento que le recordó como uno de los niños que habían llegado en barco al santuario, para convertirse en uno de los próximos santos de oro. No pudo evitar sonreír ante lo patético que le pareció aquel aprendiz.

-Quejándose no lograra nada. – Su propio pensamiento le hizo borrar la curvatura de sus labios, al darse cuenta que él siempre exigía al patriarca y a los demás él que le reconocieran como un igual, sin hacer nada para demostrarlo. – He sido un tonto.

-Hey, mocoso. – El niño alzo su rostro consternado, mostrándole sus fieros ojos azules, ardientes por las lágrimas que nublaban su vista.

-Sa…ga… - Pareció que quiso tragarse las lagrimas y recuperar el poco orgullo que le quedaba, pero de repente se paro y retrocedió unos pasos, mientras agudizaba sus ojos. – Tú no eres Saga. – Acoto. La sorpresa de ser descubierto tan fácilmente por ese niño, le hizo frenar sus pasos. - ¿Quién eres? –

-Estas en lo correcto, niño. – El aprendiz palideció a penas se lo aclaro y adopto una extraña posición, en la cual elevo su dedo índice, como si fuera una ponzoña. – Pero no debes desconfiar de mí, después de todo, él que casi me golpea has sido tú.

-¿Qué? ¿A qué te refieres? Y ¿Quién eres? – Volvió a demandar.

-¿Yo? – Kanon se acerco hasta él, deteniéndose cuando le faltaba cerca de un metro. – Yo no soy nadie importante o no alguien a quien debas recordar. – Kanon sonrió de medio lado cínicamente, al pensar que los esfuerzos de Arles de hacerle desaparecer del santuario, tal vez comenzaban a rendir sus frutos. - ¿Eres el aprendiz de escorpión?

-¿Cómo lo sabes? – Reconoció inconscientemente el peli azul.

-Te vi a ti y a los otros, cuando recién llegaban a este santuario. – Kanon busco una piedra en el suelo de mediano calibre y la tomo, mientras la lanzaba al cielo y volvía a atraparla, una y otra vez. – También estuve presente cuando los presentaron al patriarca.

-Yo no te vi. – Admitió aún con desconfianza.

-Bueno, digamos que no todos deben saber que existo. – Kanon sopeso una vez más la piedra en su mano. – ¿Cuál es tu nombre? –

-Sí, estuviste en aquella ocasión, deberías saber mi nombre. –

-No lo recuerdo. – Admitió con una ligera risa y es que estaba tan furioso que fue un reto siquiera recordar el rostro de aquellos niños.

-Pues escúchame bien. ¡Soy Milo y algún día seré el gran Milo de escorpión! – Inflo el pecho con orgullo, mientras le apuntaba con su dedo índice.

- Mi nombre es Kanon y soy el hermano gemelo del aprendiz de géminis. – Reconoció, decir a alguien su verdadera identidad, fue como si acabara de arrancarse una daga de la garganta, sintió una mezcla de libertad y remordimiento que le impidieron continuar hablando, aunque solo se encontraran Milo y él, sus palabras sonaron como gritos a sus oídos, como si Shion y Arles hubieran podido escuchar su confesión.

-Ahora entiendo porque se parecen tanto. – Admitió el niño relajando sus facciones y acercándosele con curiosidad. – Son igualitos.

-¿Cómo supiste que no era Saga? – Cuestiono interesado.

-Tu cabello es de un tono distinto al de Saga, además tu mirada es más… - Milo se acerco a su rostro, mientras se rascaba la nuca con la mano y sus orbes azules chocaban contra los esmeralda de él. – Más fría y determinada.

-Pues eres el primero en notarlo. La mayoría de las personas aún nos confunden. – Rio relajadamente. – En fin. – Suspiro pesadamente, se dejo caer sobre un gran escombro sobre él cual se sentó. - ¿Estabas entrenando, no es así? – Le vio asentir. – ¿Y qué tratabas de hacer?

-Se supone que debo moldear mi cosmos, para producir un impacto que pueda atravesarlo todo. – Le vio agachar el rostro, derrotado. – Pero no puedo hacerlo.

-Debo estar agradecido de ello, entonces. – Sonrió Kanon, mientras se cruzaba de brazos. – De lo contrario me hubieras atravesado a mí. Sin embargo Milo, no debes desanimarte, si fuiste seleccionado para ser caballero de escorpión, fue porque tenias las capacidades para ello, a tu edad has hecho temblar un templo entero, tal vez no le perforaras como querías, pero lograste resquebrajar sus paredes y pronto lo lograras, es solo cuestión de entrenamiento y si no te rindes, tenlo por seguro que lo conseguirás.

-Ya tengo demasiado tiempo entrenando y no he logrado nada, el otro día vi a un aprendiz de plata, pulverizar una piedra y es más joven que yo. – Admitió apenado. – Tal vez sea hasta más fuerte.

-Tal vez. – Kanon se acerco a Milo, pero miro en dirección hacia las doce casas con detenimiento, analizando la capacidad que cada guardián del zodiaco poseería, la fuerza del cosmos en su interior y que era lo que distinguía a esos santos del resto. – La fuerza bruta no sirve de nada, sin un poco de cerebro. – Golpeo con su dedo índice la frente del pequeño haciendo que este retrocediera unos pasos. – Tienes que ver más allá, no te limites a conseguir simplemente tu sueño, desea aun más.

Sus propios consejos hicieron una mella profunda en su mente, era como estarse viendo frente a un espejo y lanzar palabras al aire, para tratar de tomarlas para sí mismo. Sin dudas, estaba tratando de ayudar al pequeño aprendiz de escorpión, pero las palabras que abandonaron sus labios, eran los mismos consejos que salían de su corazón, de sus deseos.

-No me rendiré hasta que este santuario me reconozca y para ello no solo debo aspirar al puesto de caballero dorado, si no que el puesto que me corresponde debe estar más arriba, debo ser patriarca… o tal vez un dios… - Su negro pensamiento le asusto por unos segundos, volteo a ver su mano pensando en todo lo que arriesgaría por cumplir su objetivo y reprimió todas las posibilidades que agolparon su mente, con pena. Reconociendo que la lucha en su interior cada vez era más difícil de controlar.

-¡Tienes razón! – Milo golpeo una pared a su lado y luego sacudió su mano por el dolor. - ¡Me volveré más fuerte y seré en el futuro, la mano derecha de la diosa Athena! ¡Jamás voy a rendirme! – El peli azul golpeo con más fuerza, la misma pared logrando agrietarla en esta ocasión, entonces volvió a retroceder su puño y volvió a pegarle, esta vez atravesándola. - ¡Y tu, Kanon serás testigo de ello! ¡Seré incluso más fuerte que mi maestro! ¡Y el patético de Aioria y Camus me tendrán celos! – Celebro, inflando el pecho con orgullo.

Él por su parte a penas y le escucho, ya que dentro de él aún continuaba una lucha entre el bien y el mal, justicia y ambición, luz y oscuridad. Y aunque le preocupaba aquel sentimiento maligno que estaba despertando en su mente, sabía que era la única forma de lograr abrirse camino dentro de un mundo engañado por falsas esperanzas y corruptos dioses.

-Así es, Milo. Pero debes entrenar duro para ello. – Kanon despeino juguetonamente a Milo, con cierto cariño, como si se tratase del hermano menor que nunca tuvo. – Continúa entrenando. – Alzo su mano en señal de despedida.

-Kanon ¿Vendrás mañana a verme entrenar? – Pregunto feliz el niño, sacando su mano del muro, el cual goteaba perlas escarlatas.

-Claro que sí. Pero este debe ser un secreto entre tú y yo. Nadie puede enterarse de mi existencia y mucho menos que he sido yo, quien se ha mostrado ante ti. ¿De acuerdo? –

-¡Claro que sí! ¡Esta es una promesa entre caballeros! – Milo lo dijo con toda la inocencia posible, sin comprender el largo alcance de sus palabras, ni el daño que produjo en la mente del gemelo menor, quien sereno sus expresiones, asintió con desgano y se marcho sin exclamar nada.

-¡No voy a limitarme con tan poco! -

Se había metido a bañar para lavar el sudor producto de su arduo entrenamiento que llevaba realizando de forma infraganti en los últimos meses, su fuerza física había aumentado considerablemente produciendo que su fisionomía fuera tan parecida a la de su hermano gemelo, su cosmos había aumentado al grado que ya podía generar descargas de cosmos, tan coordinadas y precisas que asombrarían a cualquiera. Y a pesar de lo mucho que trataba de resistirse para trabajar por su oscura meta, cada día, cada esfuerzo, cada paso que daba era en su dirección.

Sentía como el agua tibia caía sobre su cabeza y resbalaba por su torneado y musculoso cuerpo de preadolescente, sus cabellos caían en torno a sus oídos y se pegaban a su rostro, se distrajo mirando las baldosas del templo, mientras en su mente ocurría la habitual guerra de sentimientos encontrados.

-¿Kanon? – Saga golpeteo con los nudillos la puerta.

-¿Si? –

-Apúrate. – Menciono secamente desde el otro lado. Últimamente podía notar que la relación con su hermano mayor estaba llegando a un punto álgido, que les situaba en una peligrosa situación; donde podrían avanzar hacia el perfecto entendimiento o les arrastraría hasta la destrucción. – El patriarca quiere vernos a ambos. – Supo que Saga había completado su frase con el objetivo de intrigarlo e impedir que simplemente le ignorara.

-Está bien. – Contesto desganado. Comenzó a tallarse el cuerpo, mientras pensaba cuantas veces había visto a Shion desde la vez que le planto de nuevo cara, tal vez habían sido dos o tres veces tan fugaces y escuálidas, que realmente no habían servido de nada para limpiar las asperezas de aquel encuentro.

Así que a pesar que tardo más de lo que acostumbraba para hacer esperar al patriarca y exasperar a Saga, se encontró con ansias subiendo las escaleras, como si tratase de recobrar el tiempo que había perdido durante su largo baño reparador.

-¿Y tu querido amigo? – Sintió la afilada mirada de Saga, verlo de reojo y le escucho bufar con fastidio.

-¿Ahora solo Aioros es mi amigo? Que novedad. – Saga se adentro a la casa de sagitario, dejando a su hermano unos cuantos pasos detrás.

-Pasas más tiempo entrenando con él, que en cualquier otra cosa. – Refuto alcanzándolo.

-¿Celoso? – Esta vez el bufido de molestia lo produjo él, mientras observaba fijamente a su gemelo.

-Para nada. – Contesto caminando apresuradamente y dejando a Saga unos pasos tras él. – Yo no soy de la clase de gente, que llora por la presencia del gran Saga, no todos somos afines a ti.

-¿A qué te refieres, Kanon? – Saga le tomo bruscamente por el hombro y le detuvo, hubo un pequeño forcejeo entre ellos, hasta que Kanon logro soltarse de su agarre y alejarse unos pasos de él. - ¿Qué demonios te pasa? ¿Estás molesto por algo o es tan solo la mierda que tienes de carácter?

-Somos tan parecidos, que tenemos hasta la misma forma de ser. – Espeto, mientras se apresuraba para salir del noveno templo.

El resto del camino ambos guardaron un pesado silencio, Kanon iba unos pasos más detrás de Saga, quien no se detenía para esperarle, señal de que estaba molesto con él y para esas alturas el orgullo del gemelo menor había crecido tanto, como él de su hermano, que no estaba dispuesto, ni siquiera a reclamar un poco de atención de su parte, mucho menos rogarle un perdón por las palabras hirientes, burlonas o estúpidas que salían de sus labios, con todo el objetivo de hacerlo enojar.

Cuando llegaron al templo patriarcal, Arles les estaba esperando y les indico que tenían que esperar, puesto que el patriarca estaba ordenando unas cosas a los caballeros de oro de tauro y cáncer. Por lo que les condujo a una salita conjunta al largo pasillo, donde podrían descansar y aguardar con calma. Sin embargo para ambos gemelos no paso desapercibido que el fin era otro y tenía que ver con Kanon.

-El patriarca y yo hemos escuchado muy buenas recomendaciones de Aioros y de ti, Saga. Sé que pronto obtendrán las armaduras doradas y serán excelentes caballeros de oro, al servicio de la diosa Athena. – Arles cerro la pequeña cortina que ocultaba aquella sala anexa y se giro hacia el mayor. - ¡Vaya! Si parece que fue ayer cuando les encontraron y les trajeron al santuario. ¡Cuánto han crecido!

-Tiene razón, mi entrenamiento me ha mantenido ajeno al tiempo, que para mi también ha sido un fugaz parpadeo. – Admitió Saga. – Y espero mostrar próximamente, los frutos de mi entrenamiento.

-Tu camino y el de géminis, se encontraran muy pronto. – El trió escucho la puerta patriarcal abrirse, mientras el cosmos de ambos caballeros dorados salian de la estancia de forma apresurada en dirección a piscis. – Bien, parece que el patriarca ya puede recibiros.

-Pensé que solo Saga estaba en esta habitación, hasta yo creí que no estaba aqui. – Contesto sarcásticamente Kanon, empujando con el hombro a Arles, lanzo la cortina con fuerza y les dejo atrás.

-Lo lamento. – Repuso su hermano, disculpándose en su nombre. – Últimamente Kanon, no mide sus palabras.

-Entiendo. –

Apretó la mandíbula con fuerza y maldijo a Saga por siempre parecer correcto, por hacerse pasar por el bueno, cuando él sabía que su hermano tampoco soportaba a Arles, ni que este merecía consideración por parte de ninguno de los dos.

-Bien, creo que es un momento adecuado para que entren. – Arles miro pasar al santo de oro de tauro, quien iba alegremente charlando con un cáncer completamente ajeno a la conversación de su compañero, pero justo cuando paso al lado del pasillo que conducía hacia ellos, miro al trió de reojo de una forma tan frívola que produjo en Kanon un mal presentimiento, el cual se vio incrementado por la sonrisa sarcástica que apareció en su rostro.

-Ahora entiendo porque Ángelo a cambiado tanto. Su maestro tiene todo el fenotipo de psicópata. – Pensó para sus adentros.

A pesar que Arles les indico que ya podían ingresar a la sala patriarcal, espero a su lado hasta que ambos caballeros de oro comenzaron a descender las escaleras, fue entonces que indico con un ademan sumamente respetuosa a Saga que le siguieran, el se hizo unos segundos el desentendido, girando la vista hacia uno de los ventanales de la habitación, hasta que sintió la pesada mirada de su gemelo.

-Kanon. – Le llamo roncamente. – No hagamos una escena aquí.

-¿Acaso te molesto gritarnos por los doce templos? – Espeto burlesco, Saga bufo a modo de respuesta y le ignoro, encaminándose hacia la sala patriarcal. – Supongo que sí. – Contesto lo bastante alto para que su gemelo, le escuchara y supo que fue así, por cómo se tenso su cuerpo.

Sonrió con cierta malicia y le siguió a paso tranquilo hacia la gran sala patriarcal, que para su sorpresa estaba tenuemente iluminada por velas, la larga alfombra roja había sido removida de su piso y miro a Saga arrodillado sumisamente frente a Shion, como el perro faldero que fingía ser él y Aioros. Se aprovecho de la situación, sabiendo que el patriarca no le diría a Saga que se incorporara hasta que el hiciera lo mismo, así que se deleito con dejar a su hermano arrodillado unos minutos más mientras el caminaba a paso muy lento el largo pasillo, apreciando hasta la menor grieta que hubiera en el techo, el numero de columnas que erguían el poderoso techo e incluso supuso el tiempo que tenían aquellas veladoras encendidas.

-Kanon, apresúrate. – Le urgió Arles, quien se encontraba al lado izquierdo de su hermano.

-Me mando llamar patriarca. – Su voz sonó tan vacía, pero no fue esto lo que sorprendió a su hermano y al resto, si no el hecho que no hizo ninguna reverencia al patriarca.

-Kanon, debo recordarte el protocolo para…. – Inicio molesto Arles, intentando exigirle por algo de respeto.

-¿Caballeros? – Soltó una pequeña risa, mientras miraba con gracia a su gemelo a su lado, que aun permanecía arrodillado. – Yo no soy un caballero, así que no debo seguir ningún…

-¡¿Qué rayos te pasa?! – Ladro Saga poniéndose en un ágil salto de pie y tomándolo por las ropas. Pudo escuchar el crujido proveniente del puño de su gemelo que lo sujetaba con demasiado fuerza.

-¿Estas exasperado, hermanito? – Sonrió, tratando de ocultar la sorpresa con la que Saga le había tomado, últimamente su hermano explotaba ante la mínima provocación y buena esta no era mínima, pero no creyó ver una agresión física por parte de su hermano.

-Saga. – Shion tosió un par de veces y se levanto temblorosamente del trono, cosa que no paso desapercibida para ninguno de ellos. – Suelta a Kanon, por favor.

-Sí, patriarca. – Su hermano le empujo al soltarle, pero le observo amenazantemente, como midiendo hasta donde llegaría, mientras se colocaba de pie aún lado de él.

-¿Ya no vas a arrodillarte? – Le escupió mordazmente. Saga se tenso en cada centímetro de su cuerpo, incluso supuso que su hermano perdería por completo los estribos, pero no fue así, se limito a tensar la mandíbula, tratando de contenerse.

-Kanon, una falta de respeto más y esta vez no me contendré. – Saga fijo sus orbes esmeraldas en el patriarca quien comenzó a bajar las pequeñas escalinatas que les separaba.

-Ya, ya es suficiente. – Shion soltó un largo suspiro, mientras se soba la sien por quintoagesima vez en el día. – Esto se está volviendo cansado. – Puso sus manos en cada una de las cabezas de los gemelos, a forma de saludo paternal, como solía hacerlo desde que ambos llegaron al santuario.

Siempre habían reaccionado de diversas formas, ninguno de los dos actuaba de forma alegre ante ese saludo, normalmente Saga se ponía en una actitud indiferente, mientras él hacia un ligero puchero, aunque ninguno de los dos admitiría que aquel saludo era tan purificador para sus almas y que muchas veces esperaron siempre recibir ese cariño por parte de Shion.

-Últimamente la situación se está volviendo tensa. – Admitió el patriarca. Mientras se separaba de ellos y volvía a paso lento a su trono. – Pero ustedes son de los pocos afortunados dentro de este extenso santuario, ustedes son hermanos de sangre, muchos no comparte eso.

Shion hizo una pausa muy larga, esperando que el peso de sus palabras hicieran algún remordimiento en los dos jóvenes, mientras les observaba a través de la máscara que llevaba.

-Arles, retírate por favor. – Le pidió amablemente al caballero de altair, quien inclino la cabeza y camino hacia la salida. El patriarca espero a que este saliera y una vez que lo hizo, se llevo una mano al pecho y con la otra se quito la máscara.

Tanto Saga como él, cambiaron completamente sus expresiones, si bien conocían el rostro de Shion desde el mismo momento en que habían llegado al santuario, habían durado muchísimo tiempo apreciando únicamente esa careta, que habían creído que el rostro de este no cambiaria, pero fue todo lo contrario, el aspecto de Shion se veía enfermo, las arrugas habían conquistado su rostro y se veía un dejo de melancolía tatuado en sus expresiones, aunque aun había viveza en su mirada.

-Hace ya muchos años que llegaron a este santuario, apenas y eran unos niños, que veían a Aioros con desconfianza y superioridad, pero vaya si terminaron siendo muy buenos amigos y un terrible dolor de cabeza. – Shion tosió un par de veces y sonrió con tristeza. – Me gustaría que siguieran así y que estas peleas se extinguieran por completo. Kanon sabes muy bien el inicio de tu coraje y tu, Saga también sabes que te ha distanciado de tu hermano, y tanto ustedes como yo sabemos que Aioros no es el problema.

-Patriarca… - Shion levanto la mano para interrumpir a Saga.

-Siempre he sabido la causa por la que se muestran hostiles entre ustedes. – Shion hizo una pausa y se paso la mano por el rostro, soltando un largo suspiro. – Creen que fueron destinados para ir en caminos diferentes, pero mi intención nunca ha sido esa.

-Entonces ¿Por qué…? – Kanon cortó su pregunta al ver que Saga miro preocupado en su dirección. Tal vez Shion supiera de la batalla interna en su interior, pero Saga no debía saber de la ambición que tenia por obtener géminis.

-Porque tú te has cerrado, Kanon. Te cegaste a las posibilidades que están a tu alcance. Creyendo que destinábamos el éxito exclusivamente a Saga, cuando la realidad no es esa. Ninguno de los dos comprende, las verdaderas razones, pero confió que llegara el día en que lo hagan. – Shion metió su mano dentro de su túnica negra y saco un pergamino el cual le indico a Kanon que pasara por él. – Ambos tomaran ese mapa que les conducirá hacia oriente, específicamente a la región de Rozan en China, donde se encuentra los cinco antiguos picos. En ese sitio se encuentra el legendario caballero de Libra, que fue mi compañero en la pasada guerra santa, el estará enterado de su visita, aún así deseo que le entreguen esta carta. – Esta vez le extendió el papel amarillento en forma de sobre hacia Saga. – Que Athena les guie y proteja. Espero volver a verles, pronto.

Continuara…

Lina Elnath: Gracias por tu comentario, perdóname el retraso, más de un año, que vergüenza, pero aquí lo traigo.

Sora: Un año después, pero aquí está de nuevo, tratare de actualizarlo más seguido, perdona.

Tsuki giradol: Siempre me trato de basar en todos los detalles que llevaron a la fragmentación del trió dorado. Lamentablemente las leyes arcaicas del santuario, la ambición de Kanon, la gloria de Saga y su temor, así como la grandeza de Aioros fueron piezas que llevaron a darle jaque mate al rey. Aquí siempre tuvo desventaja Kanon y ese es el motivo suficiente para generar un profundo odio en su interior.

KutieChan: Muchas gracias por tu comentario, pues aquí dejo un poquito más la relación de Kanon con otro aprendiz, Milo. Desgraciadamente el corazoncito del menor de los gemelos de esta volviendo negro.

Atte: ddmanzanita.