NA. Aquí tenéis el cuarto capítulo. Recuerdo que cuando lo escribí me divertí mucho, Sano y Meg ya se conocen así que ahora no les quedará más remedio que verse de vez en cuando, aunque ellos no quieran.
Como siempre muchas gracias por los reviews y me alegro mucho de que os guste la historia.
¡Nos leemos pronto!
Hp-931
Disclaimer: Los personajes de Ruroni Kenshin no me pertenecen, son obra del maestro Nobuhiro Watsuki
Capítulo 4
De zapatos y aspirinas
Un grupo de seis personas caminaba por las transitadas calles de Tokio, la noche había caído y montones de luces iluminaban la ciudad. Liderando el grupo iban dos chicas de unos diecisiete años hablando sobre lo increíble que había estado la exhibición de kendo, detrás de estas, un joven de expresión seria cambiaba con las manos en los bolsillos de su pantalón beige, escuchando la conversación de las dos jóvenes que llevaba delante y al final, cerrando la fila se encontraba un pelirrojo en medio de lo que parecía una batalla campal, a un lado su mejor amigo de la infancia, que gritaba cosas sobre la arrogancia y la prepotencia, al otro una joven de larga melena negra, amiga del pelirrojo desde hacía unos años, hablaba de modales y buena educación. Todo había salido tal y como Kenshin había pensado, tras el shock de Sanosuke todo parecía calmado y Misao lo saludó alegremente, entonces fue cuando se torció la cosa, Megumi hizo un comentario sobre su pelo y ambos se enzarzaron en una discusión que ninguno de los presentes era capaz de comprender, hablaban de zapatos y de chaquetas de cuero estropeadas. Aoshi había desconectado hacía tiempo, los conocía a los dos por separado y podía afirmar que eran personas muy parecidas, sobretodo en el orgullo, intentó intimidar a Sanosuke como lo había hecho en el dojo, pero no sirvió para nada, el castaño estaba tan metido en la discusión que ya podían caer bombas a su alrededor. Kenshin continuaba en medio de los dos.
- Vamos chicos- dijo alzando ambas manos- ¿Por qué no intentáis llevaros mejor? Que yo sepa solo estáis peleados porque Megumi tuvo la mala suerte de pisar un charco y mojarte- Kenshin se arrepintió al instante, pues los gritos ahora iban dirigidos a él.
- ¿Cómo que mala suerte? ¡NO FUE SOLO ESO! ESTA KITSUNE LO QUE ES, ES UNA MALDICIÓN- Megumi estuvo a punto de contestarle pero Aoshi se le adelantó.
- Ya hemos llegado- dijo mientras se adentraba en un restaurante cuya especialidad eran los fideos fritos. La pelinegra se mordió la lengua, no podía seguir poniéndose en ridículo de aquella manera, estaba delante de su mejor amigo y de su hermana pequeña ¿Qué estarían pensando de ella?
El grupo entró y una camarera los guio hasta su mesa, Sanosuke se sentó justo enfrente de Aoshi, junto a él una Misao que de repente había enrojecido hasta las orejas, a su lado Kaoru que miraba con envidia el sitio de Megumi justo al lado de Kenshin. Este no estaba del todo contento, pues volvía a estar en medio de la pareja que no había parado de pelear en toda la tarde. Sanosuke tomó la carta y tras un rato mirándola llamó a la camarera.
- Una botella de sake, por favor.
- ¿Estás media hora mirando la carta, sólo para pedir sake?- A Megumi parecía molestarle todo lo que hacía el castaño.
- Trae seis platos de fideos fritos especiales de la casa- Habló Kenshin antes de que lo hiciera Sanosuke- También tres cervezas bien frías y dos refrescos.
Misao observaba la situación desde su sitio, nunca, en la vida había visto comportarse a su hermana de aquella manera y sin previo aviso comenzó a reír, la situación era bastante cómica, justo enfrente de ella Kenshin mediaba entre un par de adultos que parecían niños enfadados por un caramelo, aunque ella también estaba un poco nerviosa y de vez en cuando miraba de reojo a la persona que se encontraba a su lado, Aoshi leía el menú interesado, esta sonrió internamente, aunque su hermana y su nuevo amigo le daban dolor de cabeza, ella podía estar sentada junto Aoshi. Lo conoció cuando empezó a ir al dojo a ver a su amiga Kaoru participar en las exhibiciones, de eso hacía ya dos años y ella había desarrollado unos sentimientos muy fuertes hacia aquel hombre serio y callado, siempre le transmitía una paz increíble, y aunque era mayor que ella, unos cuatro años, nunca iba a dejar de perder su ilusión.
La comida llegó rápida, cuando pusieron la bebida tanto Megumi como Sanosuke se lanzaron hacia ella, bebiendo rápidamente. La cena por lo menos fue tranquila, hablaron sobre la exhibición y sobre el comienzo del nuevo curso académico, las dos chicas más jóvenes hablaban nerviosas sobre los exámenes de ingreso, Sanosuke estaba emocionado por comenzar por fin la universidad, Aoshi hablaba tranquilo sobre sus proyectos de futuro, su padre tenía una empresa de importación de productos japoneses a la que entraría a formar parte de la administración una vez terminara la universidad, Kenshin prefería hablar del buen tiempo que comenzaba a hacer y lo bonito que era la llegada de la primavera. Sin embargo había alguien que no se dedicaba a hablar, Megumi bebía de su vaso de cerveza mientras escuchaba las conversaciones de los demás, por el rabillo del ojo miraba de vez en cuando al Tori-atama, el cual ya llevaba su segunda botella de sake y su cara ya estaba sonrojada, no sabía por qué le irritaba tanto ese hombre. Todo continuó sin muchos contratiempos hasta que, desgraciadamente, la paz llegó a su fin.
- Eh Kitsune ¿vas a estar bebiendo de la misma cerveza toda la noche?- Sanosuke se dirigía a ella al observar que solo había tomado una en toda la noche, Megumi se no sorprendió, eso de ser llamada Kitsune parecía ya una costumbre.
- Siento no ser una alcohólica como tú- de repente Kenshin, que ya se había pasado al sake, comenzó a reír. Aoshi observaba la situación desde su sitio mientras mojaba los labios en un pequeño vaso de sake, mientras que Misao y Kaoru bebían de sus refrescos atentas a todo.
- Oh ¿Ahora soy un alcohólico? Solamente te he invitado a que te lo pasaras bien como los demás- Sanosuke de repente sonrió- ¿O es que acaso la gran doctora Saito, hija del más eminente cirujano de Japón le da miedo beber un poco de sake?- aquello hirió el orgullo de Megumi ¿Ahora le mencionaba a su padre? ¿Cómo lo sabía? No necesitaba respuesta, Misao a veces tenía la boca muy grande.
- ¡Maldito Tori-atama! Voy a demostrarte de lo que estoy hecha- Acto seguido pidió a la camarera otras dos botellas de sake. Eso no pareció ser una buena idea, Megumi soportaba el alcohol, pero hasta un punto. Sanosuke no paraba de retarla y hacía comentarios que sabía que le irritarían. Megumi no se quedaba atrás y lo retó a beberse una botella de sake de un trago.
Todo aquello no podía terminar muy bien, Misao miraba preocupada a su hermana que casi no era capaz de mantenerse en pie, junto a ella Sanosuke tenía la cara pálida y parecía luchar contra su estómago, Kenshin estaba un poco sonrojado pero al contrario que los otros dos estaba totalmente consciente mientras salía del restaurante.
- Misao ¿Necesitas que te acerque a tu casa? Yo voy dirección Meguro y no son horas para que una chica de preparatoria camine sola por la calle- Dijo Aoshi mientras jugaba con las llaves de su coche y se acercaban al dojo donde habían dejado sus vehículos. Misao se sonrojó al instante, la verdad es que pensaba quedarse a dormir en casa de su hermana, pero que Aoshi se ofreciera a llevarla hasta su domicilio no era una oferta que pudiese rechazar, aun así contestó.
- Creo que esos dos necesitan más protección que yo- dijo mientras señalaba a Sanosuke y a Megumi que ahora habían comenzado una discusión sobre la hora del amanecer. Aoshi sin previo aviso rio, esto desconcertó a Misao.
- Ellos ya son mayorcitos para ser responsables de sus actos, no pienso llevarlos en mi coche- dijo mientras volvía a poner una expresión seria- Kenshin ¿quieres que te lleve a ti también?- El aludido dudó por un momento y miró a la pareja que tenía justo enfrente, no pudo evitar notar la atracción que existía entre esos dos y en el fondo estaba muy contento de que fuera así. Aunque ellos no lo admitirían ni en un millón de años.
- No gracias, yo voy a acompañar a la señorita Kaoru hasta su casa- dijo con su ya conocida dulce sonrisa, esta vez la sonrojada fue Kaoru.
Llegaron a las cercanías del dojo y el grupo paró la marcha. Kenshin sujetó a un Sanosuke que iba directo hacia su Honda.
- Lo siento amigo pero no puedo dejarte conducir en este estado- dijo mientras lo tomaba del cuello de su camisa negra- Megumi ¿puedes acompañarlo hasta los apartamentos? Solamente tienes que evitar que monte en la moto, yo voy a acompañar a Kaoru hasta su casa- Megumi abrió mucho los ojos mientras veía como su hermana y los que consideraba sus amigos se alejaban o montaban en un coche y se iban de allí. Los habían dejado totalmente solos, mientras Sanosuke intentaba volver a montarse en la moto de nuevo. Megumi no podía creer lo que acababa de pasar, y su cabeza comenzó a dolerle mucho.
- Eh tú ¿Qué pretendes?- dijo mientras apartaba a un borracho Sanosuke de la moto.
- Montarme en la moto ¿Qué si no? Esos traidores nos han dejado tirados- Sanosuke no vocalizaba bien y la pelinegra no pudo entender ni la mitad de lo que había dicho.
- ¿Y piensas que voy a dejarte que lleves una moto cuando vas más borracho que una cuba?- Ella no es que estuviera en perfectas condiciones, pero iba mucho mejor que él.
- ¿Y cómo pretendes que llevemos la moto hasta mi casa Kitsune?
- A rastras- contestó sencillamente- o simplemente déjala aquí y mañana vienes a por ella, si no fueras tan irresponsable con la bebida no habría ocurrido esto.
- ¿Irresponsable yo? ¿Y tú no tenías un coche?- Sanosuke se tambaleó por un momento.
- Lo he dejado en casa, no está tan lejos ¿Sabes?- contestó irónicamente.
- Pues yo no pienso dejar aquí mi moto.
- Entonces quédate aquí a dormir, o móntate y estréllate en la primera curva que veas- y la chica comenzó a caminar, el dolor de cabeza se había vuelto insoportable y aguantar al Tori-atama borracho no ayudaba mucho, anotó mentalmente darle una paliza a Kenshin la próxima vez que lo viera. Entonces sintió como alguien comenzaba a caminar justo a su lado. Miró y se encontró con Sanosuke, había recogido del suelo un tallo de una planta silvestre que nacen entre las baldosas de las aceras y caminaba tranquilamente a su lado con las manos en los bolsillos.
- Por muy Kitsune que seas, no puedo permitir que una señorita camine sola por la calle- dijo suspirando- Mañana vendré a por la moto- Entonces un silencio se generó entre los dos, solo se escuchaba el sonido de sus pasos por las calles desiertas iluminadas por las farolas. Estaban en una zona residencial y Megumi guiaba a Sanosuke que de vez en cuando daba algún traspié a causa de su estado de embriaguez. La futura doctora estaba un poco sorprendida por el comportamiento del castaño, ella pensó que pillaría una rabieta o se montaría en la moto sin temer las consecuencias, pero estaba caminando a su lado tranquilamente. Era la primera vez que ambos estaban juntos y no peleaban, incluso podría decir que era un silencio agradable. La verdad es que tenía que admitir que lo había pasado bastante bien, era la primera vez en su vida que hacía una locura como aquella y sin darse cuenta una tímida sonrisa se dibujó en su cara. La pelinegra miró de reojo al chico que caminaba a su lado, tenía una expresión relajada en la cara y las puntas de la cinta roja que adornaba su frente se mecían con el ligero viento de madrugada. No supo si fue por el alcohol o por el sueño, pero se dio cuenta de que era un chico bastante guapo, sus ojos castaños estaban llenos de expresividad y su mandíbula estaba muy marcada dándole un aspecto muy varonil, se fijó en que tenía una ligera barba causa de estar dos días sin afeitarse. Entonces sus ojos se encontraron, Sanosuke la miraba interrogante, Megumi esperó algún comentario por parte del castaño, pero para su sorpresa no dijo absolutamente nada. Estuvieron mirándose a los ojos durante un buen rato, hasta que Sanosuke habló.
- Kitsune… creo que hemos llegado- y señaló ambos edificios. Megumi no supo por qué se sintió desilusionada.
- Buenas noches- Dijo simplemente mientras buscaba las llaves en su bolso y se dirigía hacia su portal.
- ¡Eh! Espera- Megumi paró de golpe y se dio la vuelta para mirar a Sanosuke, no sabía por qué tenía esas reacciones- ¿Puedo pedirte un favor?- El castaño parecía un niño pequeño, parado en medio de la calle con los brazos caídos.
- Dime- Dijo casi susurrando.
- ¿Puedes abrir la puerta? No creo que con la borrachera que llevo encima pueda abrirla- Comentó mientras le enseñaba las llaves que colgaban entre sus dedos. Megumi sorprendida accedió, acompañó al castaño hacia su destartalado edificio, pasaron por el pasillo del segundo piso hasta llegar al último apartamento. Tomó las llaves que le ofreció el chico y sin querer rozó sus dedos, no supo por qué aquello les hizo sentir como una descarga, se miraron a los ojos otra vez, la pelinegra estaba posada en la puerta y Sanosuke justo enfrente de ella con una mano apoyada en la misma. Megumi tragó saliva y rápidamente abrió el apartamento del Tori-atama, lo que no esperó es que este siguiera apoyado en la puerta y cayera encima de ella, sonrojada rápidamente se posó en el marco de la puerta intentando aguantar el peso del castaño, sintiendo su aroma masculino, colocó su brazo sobre su hombro, encendió la luz y se internó en el apartamento. Megumi pudo ver la ventana de su habitación desde la del castaño y con mucho cuidado y esfuerzo lo tumbó sobre el futón y le quitó los zapatos dejándolos en la entrada.
- Estúpido Tori-atama- Susurró, no podía negar que verlo dormir con esa expresión de calma en su cara le gustó, mucho más de la cuenta. Quitándose esas cosas de la cabeza, sacó un medicamento de su bolso y escribió una nota que dejó sobre la pequeña mesa del comedor junto las llaves y, apagando las luces, cerró la puerta con mucho cuidado.
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Sanosuke se despertó al día siguiente con un dolor insoportable en la sien se sentó sobre su futón y comprobó que aún llevaba puesta la ropa que llevaba el día anterior, su boca estaba pastosa y tenía ganas de vomitar. Se levantó con cuidado y se dirigió al cuarto de baño donde abrió el grifo de su pequeño lavabo y hundió su cabeza en él. Se incorporó rápidamente y lo llenó todo de agua, tomó una toalla e intentó limpiar con esta el agua que había caído en el espejo, se quitó la cinta roja del pelo y se colocó la toalla en la cabeza. No sabía por qué, pero se acordaba de absolutamente todo lo que había ocurrido la noche anterior, hasta un punto, los ojos marrones de su vecina. No supo por qué pero era lo único que ocupaba su mente en ese momento, recordó cómo empezó la discusión que les hizo beber más de la cuenta y como la había acompañado hasta los apartamento, entonces un extraño vacío, llenado solo por el brillo de los ojos de la Kitsune.
Secándose el pelo con la toalla que ahora llevaba sobre sus hombros se dirigió al salón, y sobre la mesa observó sus llaves junto lo que parecía un medicamento y una nota amarilla que llamaba mucho la atención. Sanosuke se sentó y la leyó:
Para el Tori-atama:
Tómate esto, te ayudará
con el dolor de cabeza.
Megumi
Sanosuke miró la pastilla que le había dejado la Kitsune sobre la mesa ¿Al final había sido ella la que lo había traído hasta su casa? No se acordaba mucho de esa parte, se dirigió a la cocina a por un vaso de agua para tomarse la pastilla. Cuando volvió al comedor echó un vistazo rápido por su ventana, y observó que las cortinas de enfrente no estaban echadas y podía ver el interior de la habitación en la cual, al parecer, no había nadie. Sanosuke miró a su alrededor con las manos en su cintura y sin mucha gana comenzó a poner orden en su habitación, darse un buen baño y desayunar tranquilamente, después tenía que hacer una cosa e ir a por la moto.
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Misao corrió por el enorme pasillo directa a la puerta tras oír el timbre, iba tan contenta que daba saltos mientras lo hacía. La noche anterior había salido mucho mejor de lo que esperaba y Aoshi la había terminado acercando a su casa, aunque cuando se bajó del coche se despidió con un seco "buenas noches" Misao estaba más que satisfecha. El timbre de la puerta la sacó de sus pensamientos.
- ¡Ya voy! ¡Ya voy!- dijo la chica abriendo finalmente la puerta, abrió mucho los ojos sorprendida al encontrarse a su hermana mayor al otro lado- ¿Megumi?- Se notaba que estaba enfadada y apretaba un papel con mucha fuerza en su mano, sin saludarla entró como un rayo y subió las grandes escaleras que adornaban la entrada. La casa de los Saito era una enorme residencia en uno de los barrios más exclusivos de Tokio, el barrio de Meguro, que siempre había ido ligado a buenas familias. Era una casa unifamiliar de dos amplios pisos y muy lujosa, el cirujano de renombre podía permitirse una casa así, y mucho más desde que lo nombraron subdirector del Hospital en el que trabajaba. Megumi pasó casi corriendo por el gran pasillo del primer piso hasta una puerta de roble que se encontraba al final de este. Entró sin llamar y se encontró con su padre sentado tras un enorme escritorio con un cigarrillo en la boca, en sus manos tenía algunos diagnósticos, alzó los ojos para ver a su hija mayor que tenía una expresión de odio en su cara, Saito aspiró de su cigarrillo y lo tomó con sus dedos para dejarlo sobre un cenicero de cristal que estaba lleno de colillas. A pesar de ser un aclamado médico tenía un serio problema de tabaquismo.
- ¿A qué se debe tu visita?- Dijo secamente mientras volvía a posar sus ojos en los diagnósticos que llevaba en sus manos- ¿Necesitas dinero?- Megumi dio un golpe en la mesa llamando la atención de su progenitor.
- ¿Qué demonios es esto?- La pelinegra había dejado un papel sobre el escritorio de su padre. Este tomó el documento cuidadosamente y lo leyó con interés
- ¡Oh! Pero si sólo es tu nota de Fundamentos de Cirugía- Dijo mientras doblaba el papel cuidadosamente y se lo devolvía, Megumi no lo aceptó.
- ¿Sí? Vaya casualidad, el viernes estuve hablando con la señora Hanayama y me dejó bien claro que esa asignatura la tenía SUSPENSA- la pelinegra se apoyó en el escritorio encarando a su padre que volvía a aspirar de su cigarrillo.
- Ha debido de haber un error, tu nota es un 9,85, lo pone claramente en la carta que me has enseñado, está firmada por el decano de tu facultad- Megumi apretó tanto los dientes que se hizo daño.
- ¿Se puede saber por qué has interferido? ¡Yo no merezco esa nota! ¡Quiero sacarme la carrera honradamente!- la chica se sentía impotente frente aquel hombre que le hacía la vida imposible.
- Megumi, hija, te recuerdo que estás en una de las universidades más prestigiosas de Tokio, esperan mucho de ti- hizo una pausa para soltar el humo- ¿No entiendes que el apellido Saito tiene que destacar?- Megumi se alejó del escritorio con una expresión de repugnancia en el rostro.
- ¡Yo no soy como tú! No necesito prestigio, ni destacar, he estado haciendo todo lo que me has estado diciendo durante años y yo como tu hija he respondido ¿Pero esto? Esto es fraude y yo no voy a formar parte de tu juego- Terminó de decir, Saito la miraba sin gesticular expresión.
- Te recuerdo que todo lo que tienes es gracias a mí, la ropa que llevas puesta, el coche que conduces, la casa en la que vives ¿Piensas de verdad que puedes llevarme la contraria? Has aprobado Fundamentos de Cirugía con un 9'85 y te van a poner una matrícula de honor, así que puedes estar contenta y agradecida- concluyó.
- ¿Cómo puedes pensar que lo estoy? QUIERO HACER LAS COSAS POR MI CUENTA Y SER UNA PERSONA HONRADA ¿Cómo quieres que mire a mis compañeras de clase o a mis profesores?- Saito seguía mirándola inexpresivamente.
- La sangre de los Saito corre por tus venas, ya sea honradamente o no, no dejaré que me pongas en ridículo- Megumi quedó paralizada, no podía creer que su propio padre la tratase así, entonces su vista se nubló a causa de las lágrimas que luchaban por salir. Antes de que la viera su padre salió corriendo, bajó las escaleras sin mirar a su hermana y salió de esa casa que tanto la agobiaba.
Corrió hasta su coche, donde se montó y se abrochó el cinturón de seguridad, las lágrimas ya habían comenzado a recorrer su cara y la cubrió con sus manos. Lo que ella había creído que sería una victoria inesperada contra su padre, este se las había apañado para que los profesores le subieran la nota. Cuando se calmó un poco arrancó el coche y puso rumbo hasta su apartamento, no tenía ganas de preparar las cosas para comenzar un nuevo curso en aquella odiosa universidad. Llegó a su casa y aparcó el coche a un lado de la calle, bajó y se encaminó hasta su portal, ni siquiera se fijó en Kenshin que estaba comprándose un refresco en la máquina expendedora que había justo enfrente de su edificio, ni en su vecino del 5º que la saludó al salir del ascensor. Se acercó a su puerta con las llaves preparadas, pero algo llamó su atención, un zapato negro se encontraba en el suelo junto a la puerta de su apartamento, llevaba un papel amarillo en el que reconocía su propia letra, le dio la vuelta para ver detrás de este, había algo escrito con una tosca caligrafía:
Creo que esto es tuyo
Gracias por la pastilla Kitsune
Megumi se quedó paralizada con la nota en su mano, las lágrimas habían dejado de salir y sin querer una sonrisa se instaló en su cara. Al parecer no todo era malo en su vida… aunque el cabeza de pollo fuese un mal educado…
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Avance
Capítulo 5: de libros e impulsos
- Yo me llamo Sayo, Sayo Amakusa.
…..
- Te pasa algo Kitsune, últimamente has estado actuando de una manera muy rara ¿Qué es lo que ocultas?
