Work It
Capítulo 4
La nieve comenzó a caer en la ciudad de Nueva York, pasos apresurados se escuchaban por todos lados, las aceras eran como un collage de personas, cada uno en su propio mundo, algunos caminando a toda prisa, otros tratando de agarrar un taxi y otros simplemente dando una caminata serena en medio de aquel ajetreo del cual Anna se encontraba ajena. Su mente volaba hasta hace exactamente tres meses atrás. Había dejado de lado su antiguo empleo, y aunque el primer y segundo mes fueron duros, bastante duros, al tercero las cosas parecían ir mejorando, ofertas de trabajo empezaron a caer y su situación había mejorado notablemente en comparación a aquellos meses anteriores.
-Es aquí, señorita- indicó el hombre de mediana edad que conducía el taxi en el que ella se encontraba.
El automóvil se detuvo en frente a uno de los altísimos edificios que habían en esa zona, Anna le pagó al hombre, y bajó con sumo cuidado del vehículo. Empezó a caminar hacia la entrada del edificio, cerrando mejor el elegante abrigo de casimir que traía puesto aquel día.
Subió hasta la oficina de su manager, saludando a muchas personas por el camino, algunos eran conocidos que tenía gracias a Jun y otros simplemente la reconocían de las publicaciones en las que había salido en esos meses. Anna Kyouyama ya era un nombre que empezaba a sonar en la moda neoyorquina. Jun Tao, su manager, la estaba esperando para tratar un asunto de extrema importancia según ella, y quería darle la noticia en persona. Imaginaba que debía ser algo demasiado bueno para citarla a su oficina y no hablarlo simplemente por teléfono.
-Jun? Estás aquí?- preguntó al entrar, dejando su bolso sobre una pequeña mesa de vidrio cerca de la entrada.
-Ya voy!- la escuchó gritar desde el baño.
La rubia admiró la oficina de Tao, no había ido demasiadas veces, pero cada vez que lo hacía, quedaba encantada con la vista que tenía el ventanal tras la silla de Jun, era simplemente magnífica, y aún más de noche, donde las luces de cientos de miles de edificios resplandecían como estrellas doradas a lo lejos.
-Toma asiento, Anna. Tengo muy buenas noticias para ti- le comentó la peliverde mientras se acomodaba en su silla.
-Pues entonces habla de una vez- exigió la rubia, impaciente por la noticia.
-Cálmate, por dios… La primera; es que tendrás a otra persona más que se encargará de llevar tu agenda. Tienes muchos compromisos, y yo no puedo llevarlos todos sola, me volvería loca. Así que mi aprendiz, Manta, será quien lleve algunos de tus compromisos. De igual forma, yo estaré al pendiente, es sólo para alivianar mi carga, ya sabes, tú eres una de los muchos que yo represento… Manta es mi mano derecha. Ya lo conocerás. – dijo mientras oprimía uno de los botones del teléfono que estaba sobre su escritorio, y mandaba llamar al tal Manta.
-Me parece bien. Imagino que si es tu mano derecha, podrá manejar todo a la perfección. - soltó comprensivamente mientras observaba a su manager. El exceso de trabajo se le notaba, pues siempre estaba nerviosa o consumiendo pastillas para el estrés, algunas veces se preguntaba hacía cuanto tiempo fue la última vez que había tenido unas vacaciones -Y lo segundo?
-Lo segundo, es que, querida Anna… Te he conseguido la portada de Vogue del próximo mes
El corazón de la rubia se detuvo por un segundo. ¿Había escuchado bien? ¿Ella en la portada de Vogue? Por un momento, todo pareció detenerse.
-Y hay más… - siguió Jun Tao –También he conseguido que hagas una aparición en la apertura de un nuevo club aquí en Nueva York, ya tienes tu invitación y el plus one, elige con cuidado a quien planeas llevar, es un evento muy exclusivo. Y hay otro detalle…
-Qué detalle? Por dios, Jun, con tantas noticias… Qué más podría pasar? Dime- se dejó escuchar ligeramente ansiosa.
-El dueño de este club… Es un empresario muy poderoso, es uno de los hombres más ricos en el mundo, abrió este club por "hobbie", tiene muchos otros alrededor del mundo. Lo que quiero, es que asistas a la apertura de otro club que planea abrir… En Londres. Habrán cientos de celebridades, y si deseamos darte a conocer entre ellos y que ganes contactos y terreno, ese sería el lugar ideal.
-¿En… Londres? Pues sólo dime la fecha y ahí estaré
Jun sonrió. Anna no dejaba de sorprenderla, ante la mención de que habrían cientos de celebridades, ella había actuado como si le hubieran dicho "Anna, estarás rodeada de personas corrientes en una pequeña reunión en mi casa".
-No es tan sencillo. Resulta que nadie sabe aún quien es el organizador de dicho evento. Asi que deberás hablar con el dueño tú misma y conseguirlo.
-Cómo rayos se supone que haga eso? Ni si quiera sé quien es.
-Para qué demonios crees que estoy aquí? Soy la solución de tu vida, preciosa. Ya hablé con el, está en Nueva York para la inauguración de su nuevo club. Resulta que hace poco, compró la mayor parte de las acciones de la Vogue. Lo llamé con doble propósito. El propósito oficial: incluirte en por lo menos 5 ediciones de Vogue, incluyendo la de alta costura. El propósito clandestino que tú y yo sabemos, que le caigas lo suficientemente bien como para que tu invitación a Londres no se pierda en el correo.
-Suena algo complicado. Y cómo haré para hablar con él?
-Tal vez. Si lo logras, no tendré otra mas que sacarme el sombrero ante ti. Confío en ti, todo estará en tus manos. Arreglé un almuerzo con él, dentro de dos días. Te daré info adicional, Anna; debes saber que el hombre es un playboy, tiene mala fama con respecto a las mujeres, así que creo que es más que obvio que intentará seducirte… Así que ya estas advertida. Si todo sale bien, y logras convencerlo, te espera el reconocimiento automático y una suma de dinero bastante tentadora.
Anna procesó toda la información que Jun acababa de darle. Así que su misión era la siguiente: encontrarse con un magnate multimillonario, mujeriego empedernido que probablemente querría acostarse con ella, convencerlo de alguna forma no sexual de que le diera por lo menos cinco portadas en el año de la revista de moda más importante y hacer que le envíe una invitación a la inauguración de un club de alto nivel en Londres. Genial.
-Qué dices?- preguntó Jun, al no recibir respuesta alguna de la rubia.
-Digo… Que no pienso ceder ante las insinuaciones sexuales de algún excéntrico loco con demasiado dinero. Acepto el reto. Cual es su nombre?
-Estoy segura de que ya lo habrás escuchado alguna vez, es famoso por... Bueno, ya verás por qué. Se llama Hao Asakura.
El semblante gélido de la rubia no había cambiado en lo más mínimo, al parecer, semejante reto no la había intimidado en absoluto, al contrario, parecía motivarla más.
Jun Tao sonrió. No se esperaba menos de Anna, no de ella.
La puerta de su oficina se abrió repentinamente y un pequeño hombrecito de baja estatura, cabellos rubios y rostro aniñado entró entonces al lugar, saludando educadamente a ambas.
-Buenas noches Jun, señorita Kyouyama. Me presento, yo soy Manta Oyamada, un gusto conocerla.
-Él es mi mano derecha... Será él quien te ayude en algunas cosas cuando yo no pueda por compromisos, ya sabes
La rubia lo miró desconcertada, sin duda se veía como una persona bastante singular. Jamás se hubiera imaginado que aquel jovencito sería la mano derecha de Jun, debía ser una persona muy capaz y eficiente para ser capaz de lograr tener semejante puesto, y más aún, lograr que Jun hablara maravillas de él.
-Así que tú eres su mano derecha. Supongo que debes ser muy bueno
-Lo es. Y es tan bueno, que será él quien te explique las opciones de vestimenta que tienes para el evento del próximo fin de semana en la apertura del club.
-Jun? Piensas irte?- cuestionó la rubia.
-Así es. Tuve un día muy agotador, Anna, dejo todo en manos de Manta, ya verás lo eficiente que es.- dijo levantándose de su silla y tomando el abrigo que tenía colgado en un perchero de su oficina.
-No se preocupe señorita Kyouyama, yo la pondré al tanto de todo. - sonrió el pequeño Manta, poniendo algunas carpetas que traía sobre el escritorio.
-Así que... Manta, te veo mañana a primera hora. Adiós Anna.
La rubia se despidió de Jun, observó la puerta por unos segundos, su manager se veía un poco diferente... Agotada, tal vez? Notó que se había quedado sola con Manta. El pequeño se sentó en la silla del escritorio, y empezó a abrir una de las carpetas que traía consigo, al mirarlas fugazmente, pudo ver algunas fotografías de un vestido fugazmente.
-Jun ha estado con mucho estrés ultimamente. El médico le recomendó bajar las revoluciones. No se preocupe, sólo necesita unos días un poco más alivianados.
-Me di cuenta. La noto algo agotada, no es así?
-Lo está, el trabajo sin descanso le está pasando factura. Se repondrá en unos días, no se preocupe. - sonrió amablemente el joven, mirándola con genuina serenidad -Es esto lo que quería mostrarle, un diseñador se ofreció a diseñar su atuendo para la apertura del club, mandó un par de opciones para que usted elija con cuál quedarse...
Viernes, 12:20 PM
Allí estaba ella, sentada en aquel restaurante ridículamente costoso, lo sabía con tan sólo mirar la decoración y el tipo de personas que habían en el lugar. Aún así, ella encajaba perfectamente en ese ambiente, su elegante porte y su belleza única incluso la hacían distinguirse de entre las más finas damas de aquel lugar, podría jurar que al entrar, más de un par de ojos se habían posado en su exquisita figura cubierta por un elegantísimo vestido negro despertando así el interés no sólo de algunos "curiosos" hombres, sino también alguna que otra mirada fulminante por parte de sus mujeres.
Observaba la puerta de entrada del lugar, esperando a que la persona con la que Jun había arreglado la comida de negocios entrara. Se preguntaba cómo sería, imaginaba a un hombre entrando en los cuarentas tal vez, canoso, uno de aquellos hombres que a pesar de la edad, nunca se había casado ni se había estabilizado por el estilo de vida fiestero que llevaba un magnate de semejante talle.
-Me pregunto cómo será... Hao Asakura...- dijo para sí misma, recargando su rostro entre sus manos.
-Pues aquí me tiene- escuchó una voz varonil atrás suyo, tomándola totalmente por sorpresa.
La rubia se giró, y entonces, sus ojos negros chocaron con otros de un color café intenso. El hombre atrás de ella, era un hombre alto, tenía largos cabellos castaños, su tersa piel bronceada y su rostro extremadamente apuesto definitivamente no denotaban cuarenta años... Ese era el famoso magnate?
-Soy Hao Asakura, un placer conocerte, Anna- una hermosa sonrisa seductora se formó en su rostro en el instante en el que vio a la rubia mujer sentada en la mesa, la observó por unos momentos, sin disimulo alguno.
-Anna Kyouyama. Pero veo que eso ya lo sabías- espetó la rubia, devolviendo las intensas miradas que aquel bellísimo espécimen de hombre le lanzaba.
-Tráigame el mejor vino que tenga, por favor. ¿Deseas algo para tomar, Anna?- se dirigió al camarero.
-Yo también tomaré vino.- dijo la rubia.
-Enseguida, señor Asakura- oyó decir al joven que les servía, y en un instante éste se había ido a buscar la costosa bebida.
-Anna- oyó decir al castaño - La propuesta de Jun me interesó mucho, abarcaba demasiado. Esa clase de propuestas no se hacen por cualquiera. Es por eso que accedí a este almuerzo. Y me alegra mucho haberlo hecho.- mencionó, mirándola fijamente.
-Y por qué prefirió hablarlo conmigo en persona en lugar de hablar con mi representante?- cuestionó la rubia levantando una ceja ante las miradas de aquel sujeto.
El castaño pareció divertido con el gesto que ella acababa de hacer.
-Me dio curiosidad conocer a la persona por la cual Jun Tao estaba haciendo semejante propuesta. No compras algo sin antes verlo, no es así? Ahora que te conozco en persona, veo que ella estaba en lo correcto.
Comprar algo? Ella no era un objeto. Trató de calmar su genio, no podía reaccionar como normalmente lo haría con cualquiera, pues todo el esfuerzo de Jun sería en vano y probablemente ni en un millón de años quedaría selecta para salir ni si quiera en la última página de una de las revistas de moda más importantes.
En lugar de soltar algún comentario desagradable, preguntó con cierta molestia ...
-A qué te refieres con eso?- trató de ocultarlo, pero su tono la delataba.
-A que tienes el porte perfecto para salir en cualquier portada que desees - sonrió divertido al notar la leve sorpresa en el rostro de la hermosa rubia luego de haberla hecho enfadar.
-Eso quiere decir que aceptas el trato?- preguntó entre confusa y molesta, acaso la estaba tomando del pelo?
- Así es. Y dime... Hace cuánto vives aquí?
Anna, aún sorprendida por el comentario anterior del Asakura, trató de unir sus palabras. El hombre acababa de aceptar un contrato con ella por quien sabe cuanto dinero así como así, sin que se le haya movido un sólo pelo.
-Eso qué tiene que ver con los negocios? No logro hallar la relación. Es en serio que aceptas?- respondió tratando de mantener la frialdad en su voz.
-Si, acepto, me has convencido del todo. Pues nada tiene que ver con negocios, no es obvio? Sólo estoy intentando conocerte más- respondió como si nada, Anna lo miraba incrédula. ¿Acaso estaba drogado?
-Hace casi dos años- dijo secamente, respondiendo su pregunta finalmente resignada a entablar una conversación un poco menos profesional con el apuesto castaño que cada vez parecía disfrutar más de aquello. Después de todo, acababa de cerrar un trato que haría volar su carrera con él.
-Vives con alguien aquí?- sonrió cínico.
-Vivo sola. Pero creo que eso no es de tu interés, o si?- espetó sosteniéndole la mirada sin dudar, él aún parecía divertido con las reacciones que lograba sacar de ella.
-Realmente si lo es... Me interesas- mencionó con un tono tranquilo y sereno que no cuadraba con la mirada lasciva que acababa de darle.
La chica empezaba a impacientarse, ese hombre era un caradura, no tenía problema alguno en inmiscuirse tan rápido en asuntos personales. Si pretendía llevársela a la cama, estaba muy equivocado, aunque dentro suyo, se maldecía porque la idea no parecía desagradarle del todo y eso, definitivamente, nunca antes le había pasado.
-Sabes qué? Ya que estamos entrando en confianza, por qué mejor no me cuentas de tí? Pareces ser una persona muy interesante- dijo la rubia, poniéndole un énfasis un tanto sarcástico a la última parte. Hao sonrió aún más.
-Bien, de acuerdo, pregúntame lo que quieras- dijo despreocupado.
-Cuántos años tienes?- preguntó la rubia, mirándolo expectante.
-Veinticuatro. - respondió como si nada.
-Veinticuatro? Y ya eres dueño de tantas empresas? Cómo lo lograste?- cuestionó realmente intrigada en ese momento.
-Bien, pues... Resulta que al morir mi padre, me dejó a cargo a mí de la empresa familiar. Tan sólo tenía 18 años, pero me dediqué a ella por completo. Con el tiempo fui entendiendo como manejarla, digamos que fue una mezcla de mucho esfuerzo y suerte. Fui comprando acciones y cada vez me iba mejor, invertí en lo que creí sería un éxito y aquí estoy.
La rubia arqueó las cejas. Él lo hacía sonar como si fuera sencillo, tener un solo negocio y multiplicarlo por 1000000 para conseguir un imperio, teniendo 18 años. Sonaba casi fantástico.
-Bien. Y... Es cierto lo que dicen de ti? Eres un "playboy"?- preguntó sin rodeos, tal vez de esa forma lo haría sentirse incómodo y la conversación sobre temas personales cesaría.
Hao rió divertido, nunca lo habían encarado de esa manera, mucho menos una mujer. Normalmente las mujeres se deslumbraban al instante y estaban mas concentradas en intentar conquistarlo por medio de actuaciones de niñas buenas, aunque ninguna lo había logrado.
-Pues... Podrían decirlo así. La verdad, Anna, es que simplemente disfruto de lo que puedo tener, me gusta vivir el momento, eso es todo.
-Quieres decir que te aprovechas de cualquier mujer que pueda pasar... por ti?
No negaba que las preguntas intrépidas de la rubia lo habían tomado por sorpresa. Nunca ninguna mujer le había hablado de esa forma o había usado esa clase de oraciones con él, y eso le estaba gustando, demasiado.
-Error. Es importante que ambos sepamos lo que queremos, no es así? Sería injusto que alguien viniera conmigo creyendo algo que no podría ser. Yo dejo en claro que sólo me gusta... Disfrutar del momento- respondió tranquilamente.
Ella estaba anonadada. Nunca había escuchado a alguien decir esas cosas con tanta tranquilidad. Sabía como funcionaban las cosas, no se chupaba el dedo, el hombre era rico, famoso y tenía el aspecto de un dios griego, pero jamás pensó que admitiría abiertamente ser esa clase de hombres. Al parecer, realmente no le importaba que todo el mundo lo supiera, después de todo, estaba casi segura de que un hombre como él jamás se enseriaría con otra persona.
-Nunca has tenido una relación seria? Verdad?
El castaño pareció quedarse pensativo por un momento, Anna no pudo evitar posar sus ojos en su rostro en ese momento, estudiándolo por unos segundos, tratando de descifrar cuál sería su respuesta. Apostaba por un "no".
-Si.- dijo para su sorpresa - Una sola. Pero no me fue muy bien. Creo que después de eso... perdí el interés en las relaciones. - dijo más seriamente, como si en esa respuesta hubiera dejado su jueguito burlón de lado.
Por unos pequeñísimos instantes, la rubia pudo ver más humanidad en el castaño, lo vió en sus ojos, como si por un breve momento hubiera revivido algo que lo había marcado de alguna forma. Un recuerdo.
-No sé que tienes, pero haces que sea muy fácil abrirme contigo. Creo que nunca le habia contado estas cosas a nadie.- mencionó el castaño, tanto para ella como para él mismo.
Hao observó a Anna durante unos segundos, como si tratara de ver algo en ella, de leer algo que le diera pistas sobre aquella bellísima mujer. Empezaba a tener una fijación extraña con ella y de eso no le quedaba duda, Anna Kyouyama lo intrigaba, como hacía mucho tiempo nadie lo lograba.
- Dios! Cómo era él ?! Dimelo!
Pilika había saltado al techo cuando Anna apareció en su apartamento de visita y empezó a contarle con quién había almorzado ese día. Al comienzo, la peliazul creyó que la rubia estaba bromeando, pero luego de explicarle con calma las cosas, la chica comprendió que no se trataba de ninguna broma.
-Déjame decirte que no comprendo por qué te emocionas tanto. Es un mortal como cualquiera de nosotros, Pilika- dijo con el ceño fruncido.
-Un mortal? Es un Adonis! Es guapísimo, Anna! No puedes negarlo!
La rubia giró el rostro al sentir una cálida sensación en sus mejillas. Al escuchar el comentario de Pilika, no pudo evitar recordar la sonrisa estúpidamente sensual de aquel individuo y cómo por un momento, al pensar que quería llevársela a la cama, la idea no le fue del todo desagradable.
-Si, es guapo. Pero es mujeriego, Pilika, así que es igual a cualquier otro hombre idiota
-No me molestaría estar con él por tan sólo una noche- suspiró la chica, a lo que Anna la miró con desaprobación.
-Realmente no tienes remedio, no?
-Bueno, pero ya dime! Y de qué más hablaron?
La rubia se quedó callada por unos segundos, como tratando de recopilar datos sobre la conversación que había tenido con el apuesto castaño.
-Pues... Me comentó que quedó a cargo de una empresa familiar con tan sólo 18 años, y fue escalando hasta llegar a ser el magnate que es hoy. Debo darle crédito por eso.- hizo una breve pausa, parpadeando un par de veces -También me comentó que sólo había tenido una relacion seria en toda su vida. Y pues que ahora se dedica a bajar bragas a cualquier mujer que se le cruce en el camino, feliz?
-Te contó todo eso?! Anna! Siempre sale en las revistas y nunca dice una palabra acerca de su vida amorosa... A pesar de que siempre lo fotografían con mujeres distintas
-Oh, vaya, me importa tanto - dijo la rubia sarcásticamente. -En fin, sólo hablamos de eso, luego mencionó la apertura de su club y de que seguiríamos hablando allí si yo así lo deseaba, la hora del almuerzo terminó y él tenía otros compromisos. Eso fue todo.
No entendía la emoción de su amiga, era simplemente un hombre, extremadamente apuesto, si, pero un hombre al fin y al cabo, uno bastante mujeriego y desvergonzado.
