Digimon no me pertenece, la historia sí.


¿Sólo Amigos?

Capítulo 4.


No lo entendía, simplemente no podía hacerlo. Ella nunca le había pedido que la acompañara ni le había insinuado algo al respecto. Llevaban 10 minutos caminando en silencio, y ante cualquier pregunta que ella le hacía a él, este simplemente contestaba con un sí o no. Ella no le había hecho nada, absolutamente nada.

-No sé porque vienes conmigo si te vas a portar tan grosero. –Soltó de repente. No podía aguantar más esa situación, y ella que hasta había pensado que él era un caballero. Pfff, estaba muy equivocada.

-Porque es peligroso andar por ahí caminando sola, cualquier persona inteligente lo sabe.- Contestó Yamato de mala gana. Es que acaso no podían caminar en silencio, ¿tenía que estar preguntándole tantas cosas?

-¿Estás insinuando que no soy inteligente?

-Yo nunca dije eso.

-Lo insinuaste. Además, quiero que sepas que ya estoy grandecita como para cuidarme sola. -¿Quién se creía que era él? ¿Podía ser más arrogante y pedante? Pero ella no iba a permitir que la trataran así.

-Bien. –Dio media vuelta dispuesto a retirarse, no sabía porque había tomado esa decisión tan apresurada, mejor se hubiera ido sola, porque ella ya era "lo bastante grandecita" para cuidarse sola. Bufó por dentro, era insoportable. Todo en ella era insoportable. Giró la cabeza un solo instante y se percató que en la esquina había unos chicos que la miraban. Frunció el ceño, no la veían de un modo amigable. Lo correcto sería dejarla sola, ella mismo se lo había pedido. Escuchó como un chico chifló y profería una serie de palabras incompresibles hacia Mimi. Perfecto, los chicos estaban ebrios. Ahora no podría irse, tenía que llevarla hasta con Sora y asegurarse que llegara bien. Se dio otra vez la media vuelta y la alcanzó en poco tiempo.

Se fijó en la cara de sorpresa de la chica al verlo de nuevo junto a ella. –Te dije que podía cuidarme sola. Cualquier persona inteligente habría entendido tan sencillas palabras.

-Quiero ver a Sora. No estoy acompañándote a ti. Deja de creer que eres el centro del Universo para todos ¿quieres?- Bien, ese comentario no debió de haberlo hecho, pero no iba a decirle que la acompañaba porque estaba preocupado por ella. Mejor era mentirle.

-Oh, discúlpame, pero la única persona que cree que la Tierra gira entorno a él, eres tú. Así que ahórrate tu comentario y camina callado.

-Bien. –Estaba molesto, muy molesto. Nadie le había hablado con esa insolencia, y aparte le había pedido que se callara. ¿Podría ser más insoportable?


Habían llegado al departamento en completo silencio. Sora había tratado de sacarles algunas palabras pero no había podido sacarlos de esa zona de tensión que se había colocado sobre ellos. Aún se preguntaba que hacia ahí, ¿Por qué no se había marchado?, porque quieres fastidiarla, le contestó una voz interna. Escuchó como sonaba el timbre y observó cómo Sora corría para atender a la persona que había llegado, después de unos minutos vio como Tai aparecía en lo que al parecer era la sala y se sentaba en una de las cajas. Al parecer el mal humor se le había esfumado.

Escuchó como Tai le preguntaba unas cosas a Mimi y como ésta poco a poco se iba soltando un poco más en la conversación. ¿Podría ser que a ella le gustara Tai?

Sintió a Sora sentarse a su lado y como ella le tomaba suavemente la mano. -¿Estás bien?

-Sí, solo estoy un poco cansado. ¿Cómo te ha ido en tu proyecto?

-Bien. ¿Cómo sabes del proyecto?

-Mimi me lo ha comentado.

-Así que han hablado, dime ¿decidieron dejarse de hablar cuando los dos entraron al departamento?

Yamato soltó suavemente la mano que Sora le había tomado. –Ella y yo no somos muy buenos amigos, eso lo sabes.

-Lo sé, sólo que no entiendo porque.


Tai observo como Sora y Yamato hablaban un poco. Perfecto, una vez haciendo que Yama hablara su plan sería más fácil de desarrollarse. Sonrío maliciosamente por dentro.

-Muero de hambre, ¿no habían traido unas pizzas?

-Sí, están en la barra. –Contestó Mimi. –Puedes comer si quieres, a mí ya se me quitó el hambre.

Yamato escuchó ese último comentario y se molestó mucho más. ¿Por qué se portaba como si él fuera la peor persona del Universo? -Yo sí tengo hambre. ¿Dónde guardan los platos, Sora?

Mimi lo miró enfurecida, estaba segura: él no podía ser más arrogante.

-¿Sabes? Yo también tengo mucha hambre. –Contestó Mimi.

Tai miró la escena divertido, sólo tenía que motivarlos un poquito más y haría que esos dos dieran ese pequeño paso que les hacía falta para que se llevaran bien.

-Muy bien, todos tenemos hambre. ¿Qué les parece si mientras comemos, jugamos algo? Ya saben, para relajarnos.


Llevaban más de dos horas jugando cartas y tomando. Vio como Tai se levantaba y se dirigía a la cocina y como Sora se levantaba tras él con una sonrisa en la cara. No había duda: estaban ebrios.

Se preguntó si sería bueno dejarlos solos, en esa condición. Era evidente la química que había entre ellos, además de la gran atracción física (por no decir sexual) que los unía, todos lo notaban.

-¿Crees que debamos dejarlos solos? Están ebrios, pueden hacer algo de lo que después se arrepientan.

Yamato la miró y negó con la cabeza. Estaba un poco mareado, había tomado de más y lo mejor era salir de ahí. Tenía mucho calor y sus ojos estaban fijándose en cierta anatomía de cierta castaña que él no quería ver. Sus dedos hormiguearon al ver sus piernas blancas, se preguntó qué tan suaves serían. Desechó rápidamente ese pensamiento, él no soportaba a Mimi; punto. Que fuera atractiva o no, no iba a quitar el hecho de que era insoportable.

-Déjalos, ya sabrán lo que hacen o dejan de hacer.

Mimi asintió con la cabeza y una risa involuntaria salió de sus labios, vio como Yamato la observaba confundido. –Uhmm, tienes un poco de espuma aquí. –Dirigió su dedo a la comisura izquierda de la boca de Yamato y le dio un suave toque.

Observó como Yamato se limpiaba la espuma de la cerveza con el antebrazo y como enrojecía un poco. Aprovechó que él tenía su vista fija en su cerveza, para observarlo. Era guapo, muy guapo. ¿Cómo una persona podía ser tan atractiva? Tenía esos ojos de un azul profundo e intenso, esa sonrisa que quitaba el aliento, era delgado pero se podía ver como sus músculos estaban marcados levemente. Era muy atractivo, se preguntó a qué sabrían sus labios y ante ese pensamiento se sonrojó. ¿Por qué rayos pensaba eso? De seguro ella también estaba ebria, porque estando sobria, ese pensamiento nunca hubiera cruzado por su mente.

Vale que sí, estuvo levemente interesada en él hace algunos años, pero al ver que él era indiferente con ella, decidió que él era algo como su amor platónico de niña y lo olvidó. No había tenido muchos novios, porque ella era una chica exigente. Quería a su príncipe azul, y después de tantos sapos con los que había estado, ella estaba segura que pronto encontraría a su príncipe. Miró nuevamente a Yamato y enrojeció cuando se dio cuenta que él la estaba mirando. Yamato estaba mirando a Mimi.


-¿Lo ves? Te dije que del odio al amor sólo había un paso. ¿Quién lo diría? ¡Soy todo un casamentero!

Sora no pudo evitar reír ante lo que su amigo decía, -¿Querías ponerlos ebrios para que comenzaran a hablar?

-¿Qué? Claro que no, Sora. ¿Cómo crees que yo haría algo así? Hice que bebiéramos, porque era la única forma de que ellos rompieran el hielo. Y ha funcionado, no han dejado de mirarse desde que nos fuimos.

Sora asomó un poco la cabeza y comprobó que lo que Tai decía era verdad, tal vez eso era lo que ellos necesitaban, romper el hielo, comenzar a conocerse y ya después lo que pasara entre ellos sería porqué ellos así lo habían decidido.

-Solo espero que puedan hacer eso más a menudo sin el alcohol de por medio. –Susurró Sora.

-Hay algo que quiero preguntarte.

-¿Qué es?

-¿Te gusta Ryo?

Esa pregunta la había dejado muy sorprendida. Tai y ella, a pesar de ser muy amigos, no hablaban mucho de su vida personal amorosa. Ella prefería no preguntarle nada de esos asuntos a Tai, porque para ella todas las chicas que andaban con él eran unas tontas y la enfurecía verlas como si fueran unas garrapatas a Tai. Así que, para ahorrarse futuras molestias, había decidido no preguntar nada de ese asunto a Tai, y parecía que el acuerdo era mutuo, puesto que él nunca le había preguntado una cosa como esa.

-¿Por qué me preguntas eso?

Tai comenzó a molestarse de nuevo, esa incomodidad que había sentido antes de ir a casa de Sora se había apoderado de él de nuevo. Cuando vio como Sora se había acercado para hablar con Yamato, no pudo evitar fijarse que ella había tomado su mano. Y ese gesto, lo había molestado un poco.

-Porque hoy fui testigo de cómo tú y él coqueteaban enfrente de mí sin ningún reparo.

-No estábamos coqueteando. Estábamos conversando.

-Eso no contesta mi pregunta. ¿Te gusta Ryo?

Sora comenzó a sentirse muy nerviosa, miró a Tai a los ojos y su corazón dio un vuelco al ver lo intenso que era su mirar. ¿Por qué la miraba de esa forma?

-Un poco, sí.

-¿Saldrías con él? ¿Serías su novia?- Le dolía el pecho y le estaba costando respirar, a Sora le gustaba Ryo. ¿Por qué esta vez le afectaba tanto que a ella le interesaran otras personas?

-¿Por qué me estás preguntando todo eso? ¿Él te ha dicho algo?

-Sí.

Era por eso, Tai estaba preocupado por ella, sintió una leve decepción. Era una tonta, por un leve momento había pensado que Tai podría estar interesado en ella. Claro que él nunca se fijaría en ella, eran mejores amigos. Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar como un vaso se rompía y al asomarse a la sala para ver qué había sucedido, se sorprendió muchísimo al ver eso.


Al sentir su mirada clavada en la de él, le fue inevitable acercase un poco a ella. Le fue inevitable tomar su rostro con sus manos y acariciarlo un poco. Fue inevitable posar sus labios en su cuello y depositar un pequeño beso en aquella piel. Fue inevitable percatarse de qué su piel era tan suave. Fue inevitable dirigir sus labios a los labios de ella y presionarlos suavemente. Fue inevitable mover sus labios sobre los de ella, así como también rozar con su lengua el labio inferior de ella, pidiéndole permiso para poder hacer el beso más profundo. Escuchó como algo se rompía y alejó ese sonido molesto, porque para él era inevitable no temblar ante las leves caricias que ella le hacía en su cabello ante el beso que se estaban dando.


Tenía que haberlo frenado, tenía que haberlo detenido, pero en cuanto sintió la calidez de sus labios en contra de su cuello, supo que estaba perdida. Quería más de eso, suspiró cuando él la besó en los labios, y gimió en su boca cuando el hacía el beso más profundo. No pudo evitar que el vaso que traía en las manos resbalara para poder estar más cerca de él y poder disfrutar más de ese placer. Sus labios sabían a algo más que cerveza, sus labios sabían a una pasión que nunca había experimentado. Al diablo que hubieran estado discutiendo antes, o que no se llevaran bien. Porque al parecer, aunque ellos no se llevaran muy bien, sus labios habían encontrado un lenguaje en el que eran más que compatibles.


Gracias por tomarse el tiempo de leer esta historia. Es lo primero que publico aquí y la verdad es que escribir sobre Yamato y Mimi es más fácil que escribir de Tai y Sora.

Agradezco mucho sus sugerencias y su tiempo.

Atte Cari Cazal