Dejo un nuevo e humilde capitulo, espero que les gustes.

No se vuelvan locas tratando de adivinar que hay tras la puerta, es algo especial de Rachel y no es nada raro. Ya vamos a saber sobre ella.

Me preguntaron por Beth, debo decirles que ella va a aparecer, pero de otra forma. En este fic Quinn no tiene a Beth de adolescente.

Un par de personas me pusieron que se perdían con la forma de escribir, me gustaría que me dijeran que puedo hacer para cambiarlo y ayudarlas a entenderlo mejor. Muchas gracias a todas. Se las quiere besos.

Descargo: Absolutamente nada de Glee es mío, si lo fuera ya hubiera hecho que medio club Glee fuera mordido por Zombis. "The walking glee"

NO SOY PARA TI

Capitulo 4: "Las chicas como tú"

Santana se perdió por un lado y Quinn se fue rápidamente hacia el pasillo. Revisó su nuevo cuarto y nada. Lo mismo hizo con el de sus amigas y tampoco allí estaba. Trató de entrar al baño pero un grito varonil de "ocupado" le dio la respuesta que buscaba. Sólo quedaba uno. Justo la puerta por la cual se podía ver un pequeño hilo de luz a través de la rendija que separaba el piso del mueble. Quinn se frenó frente a la puerta y apoyó sus oídos, no escuchó ruido alguno.

- Nada de cosas raras bajo mis narices Berry – subió el puño y golpeó sin prudencia. Nada escapa del control Fabray.

Después de los golpes en la puerta, la rubia volvió a apoyar su oreja en la pared y esta vez sí escuchó ruidos. Eran ruidos de movimientos, una silla que se corría tal vez, también captó uno que otro paso. Por fin iba a volver a ver a la morena.

Escuchó varios pasos y estaba lista para ver abrir la puerta, hasta que un estruendo en la sala la hizo cambiar su atención - ¡ERES UN IDOTA! – Un hombre con la boca rota desde el piso le gritaba a otro – MIRA LO QUE HICISTE – la vasija que había alojado velas flotantes se había convertido en pequeños pedacitos de vidrio que estaban desparramados por el piso de la sala. Vaya saber a dónde habrán ido a parar las velas. El tipo que estaba en el piso se levantó y agarró a otro por el cuello de su camisa, estaba listo para romperle la cara de un golpe.

- Mhmm – una carraspera lo detuvo e hizo que ambos hombres y todo el círculo de personas que observaban divertidos la pelea, fijaran su mirada en la persona que tenían enfrente. Parada en la entrada del pasillo estaba Quinn Fabray cruzada de brazos y con un gesto inmutable.

- Quinn….digo… Señorita Fabray… Lo siento mucho – El primero de los hombres que lanzó el golpe se agachó y empezó a recoger los pedazos de cristal.

- Deja eso – ordenó Quinn haciendo que el hombre detuviera su intento. La rubia sabía que Santana ya debía estar en su cuarto entre las piernas de alguna mujer, asique era el momento perfecto para terminar con esta fiesta. – De más está decir que quiero que mi departamento quede vació en menos de un minuto ¿Cierto? – No hubo respuestas verbales, directamente cada persona fue tomando sus pertenencias y saliendo por donde habían entrado – Y Paul – esta vez sí se dirigió al chico golpeador, quien a su vez se frenó y volteó a verla – No aparezcas por la oficina el lunes, ni ningún otro día – ordenó. Ups, Alguien se había quedado sin empleo.

La rubia sintió una puerta cerrarse y voltio rápidamente a la habitación donde estaba Rachel, evidentemente la morena había contestado a su llamado pero al no ver a nadie volvió a cerrar. – Carajo – Se quejó Quinn con todas las intenciones de volver a esa puerta y golpear nuevamente. Alguien frenó su intento agarrándola del brazo.

- Quinn – la llamó

- ¿Qué quieres Puckerman? – la rubia se sacó la mano del chico de su brazo

- ¿Yo también me tengo que ir? – preguntó tratando de sonar seductor

La empresaria miró a Puck, luego volvió a mirar la puerta de Rachel, volvió a Puck, volvió a la puerta y finalmente suspiró – Espérame en mi habitación – le dijo al chico finalmente.

Con una sonrisa de superioridad el chico contestó – De acuerdo. Pero no me hagas esperar tanto, no creo poder aguantar mucho tiempo – esto último lo dijo mientras caminaba hacia el cuarto sacándose su cinturón.

- Genial – se dijo Quinn para sí misma – Al menos se va a pasar rápido – caminó despacio hasta la puerta de Rachel por segunda vez en la noche. Levantó su puño cerrado para golpear…

- ¡QUINN! SI NO VIENES EMPIEZO SIN TI – fue el grito de Puck que la frenó

- Estúpido Puckerman – se quejó volviendo a su propia habitación. EL plan confrontar a Rachel Berry quedaba para después.

- ¿Ya empezaste? – La cara de Puck lo decía todo, su mano había estado trabajando.

- Me vas a tener que dar un tiempo para recuperar Q – respondió el chico acomodándose en la almohada.

- Idiota – fue lo último que dijo Quinn antes de apagar la luz. Mañana será otro día.

A la mañana siguiente

- Puckerman, Puckerman – Desde su costado en la cama Quinn trataba de despertar al chico - ¡PUCKERMAN! – un grito y un empujón que lo tiraron al piso fueron certeros.

- ¿Qué DEMONIOS QUINN? – Noah se sobaba la cabeza

- Tienes que irte, odio ver tu cara en la mañana. Mucho menos oler tu horrendo perfume de antitranspirante barato, me da nauseas – le dijo la rubia sin asco – Te quiero fuera de mi departamento para cuando salga de ducharme – sentenció saliendo de la habitación para ir directo al baño. Por supuesto que antes de entrar, le dio una mirada a la famosa puerta que tanto sueño le quitaba, no había luz por la rendija y mucho menos se sentía ruido. La empresaria agitó su cabeza, esto ya le estaba quitando mucho tiempo, tenía que concentrarse en lo que realmente importaba. Con ese pensamiento se fue a bañar.

Media hora después

- Britt… ¿qué haces? – Quinn estaba yendo derecho a la cocina cuando encontró a Brittany sentada de piernas cruzadas en una silla, comiendo sus cereales y mirando hacia el sofá.

La bailarina levantó la cabeza para saludar a su amiga y con su mano libre le pidió silencio – Shhhhhh – señaló con su dedo hacia el sofá

Quinn frunció el seño, alguien se había quedado a dormir en su departamento sin su permiso, y eso no le agradaba para nada. Era mejor acercarse a ver quién era.

- Más vale que no sea Puckerman porque sino… ¿Berry? – Claramente no era Puckerman. Al contrario acostada y estirada en su mayor confort estaba durmiendo Rachel Berry. Al parecer el sofá de la sala se hacía cama también.

- ¿Es Rachie? – le preguntó Britt. La rubia alta era la única que todavía no la conocía personalmente – Yo creo que sí, porque tiene cara de perrito. Además San me dijo que tenía la cara golpeada – Le señaló los, ahora de distintos colores y menos intensos, moretones que se le alcanzaban a ver a Rachel en la cara.

- Si es ella – le aseguró Quinn. La rubia se había quedado inspeccionando la forma de dormir de la morena. En el departamento había calefacción, pero aun así, la morena estaba tapada de tal forma que solo su cara quedaba descubierta. Y como si eso fuera poco, la cama estaba llena de almohadas o almohadones que hacían que la chica quedara enterrada en ellos - ¿Pero que hace durmiendo acá? – preguntó a Brittany que había vuelto a comer sus cereales sin quitarle la vista a la durmiente. La bailarina solo se encogió de hombros.

Quinn iba a vociferar más preguntas, pero la voz de Rachel se interpuso – No… no… no quiero hacerlo… - ambas rubias se miraron. Al parecer la morena estaba soñando y acompañaba su voz con movimientos de su cabeza. Quinn pudo distinguir que debajo de la ropa de cama también se estaba moviendo porque los almohadones la delataban – No me gusta... no me gusta… - Esperaron a que salieran más palabras, pero nada vino.

Mientas Brittany y Quinn se habían quedado anonadadas mirando dormir a la morena, dos chicas salían vestidas de la habitación de Santana – Hasta luego – saludaron a las rubias y siguieron su camino.

- Britt… - la empresaria buscó a su amiga inmediatamente, pero la bailarina ya había soltado un sollozo y para no despertar a Rachel corrió a la cocina. Quinn la siguió.

- Britt… - insistió.

- No digas nada Quinn – era más una súplica que una orden – No quiero escuchar reprendidas – tenía razón, no era el momento.

Quinn entendió y solo se limito a hacer silencio mientras preparaba su café. Así se mantuvieron por un rato, cada una en sus pensamientos. Solo la aparición de Santana las volvió a la realidad.

La latina caminaba hacia la cocina cuando el sillón cama llamó su atención. Se acercó y miró a la persona que la ocupaba - ¿PERO QUE…?

- ¡SHHHHHH! – la silenciaron sus dos amigas

- ¿Shhhh? ¿shhhh? – Se quejó en silencio y caminando hacia ellas a paso firme - ¿Por qué carajo me hacen callar? ¿Ya la vieron? – Apuntó al sillón – La rarita está durmiendo en nuestro living, eso es lo que siempre hacen los asesinos en serie, duermen en sillones camas – Quinn giró los ojos

- Es su departamento Santana – le aclaró Quinn.

- Además a mi me gusta que duerma en el sillón – opinó Britt – Me hace acordar a un fic que leí, lleno de animalitos – recordó con alegría.

- La voy a despertar. Me va a escuchar – advirtió Santana

- Tu no vas a ningún lado – la frenó Quinn – déjala dormir – sentenció de forma que no había forma de discutirle.

Santana dijo algo en español, pero desistió su intento de despertar a la chica que dormía y fue a prepararse su propio café.

El celular de Quinn fue el único sonido que se sintió – Alo – contestó la rubia - ¿Estás abajo? – se ve que alguien iba a pasar a visitarlas – De acuerdo, es el piso 10. Sube y te abro – le dijo al celular para después colgar y encontrarse con la mirada cuestionadora de sus dos amigas – Es Kurt – anunció al mejor amigo de las tres chicas.

- Más vale que esa niñita egocéntrica traiga noticias – habló Santana – Llevamos años queriéndonos hacer ese tatuaje – dijo.

Quinn la escuchaba hablar pero no dijo nada. En la secundaria ellas tres y Kurt habían diseñado una especie de símbolo que los identificaba. En algún momento de su último año, a Santana, que estaba obsesionada con la forma en que se comunicaban los mortífagos en Harry Potter, se le ocurrió que tenían que tatuárselo y desde entonces han estado yendo y viniendo con esa idea. Por alguna razón siempre había algo que se los impedía, si no eran sus padres, eran sus trabajos o eran sus parejas o vaya a saber que, el caso es que Kurt había sido el designado de encontrar a la persona adecuada para que se los hiciera y al parecer el chico traía noticias. Quinn no quería admitirlo, pero el solo hecho de pensar que una aguja tocara su blanca y suave piel le daba escalofríos, lo cual había sido una importante razón para demorar este trámite.

- BUENOS DIAS A LAS TRES MUJERES MAS SEXYS DE…

- ¡SHHHHHHHH! – de vuelta Britt y Quinn lo callaban haciendo que el chico frunciera el seño y la empresaria le señalara a la persona que, a pesar de tanto ruido, aun seguía durmiendo en el sofá cama.

- ¿Quién es? – murmuró Kurt

- Luego te explico – agarró a su amigo del brazo y lo traslado a la cocina donde saludo al resto de sus amigas.

- ¿Porqué no viniste a mi fiesta princesa de Disney? – le preguntó Santana

- Mi querida latina, por más que tus fiestas sean épicas – ante el piropo Santana dibujaba una sonrisa en su boca – Era la última noche que Blaine y yo íbamos a pasar juntos hasta que el vuelva de su gira, asique…

- Si, si… ya entendimos, sexo gay, no necesitamos que lo cuentes – lo frenó la misma chica - ¿Qué noticias traes? Y dime que conseguiste un maldito tatuador porque si no voy a patear lo que Blaine dejo sano de tu femenino trasero - amenazó

Lejos de tomarse las amenazas de Santana en serio y aprovechando la tasa de café que Britt le ponía adelante, Kurt rió – Gracias Britt Britt – agradeció el café – ¿Alguna vez dudaron de mi? – Preguntó agrandado – Traigo muchas opciones, solo hay que elegir – sacó una carpeta de su moderno y para nada masculino maletín.

- No quiero opciones, solo dime quien es el mejor. Tu sabe que el resto no importa – se adelantó Quinn, la platas era lo de menos, y si había que viajar tampoco importaba.

EL muchacho tomó un sorbo de café a continuación empezó a detallar su investigación – Bueno como me han informado, aquí en New York trabaja el mejor tatuador del país. Puso una hoja escrita en el medio de la hoja que Quinn se apresuró a agarrar de un manotazo, no iba a dejar su cuerpo en manos de cualquiera.

- Esos son todos sus logros – dijo el chico mientras veía como Quinn levantaba su ceja

- ¿Ray? – preguntó la rubia al leer el nombre del tatuador.

- Exacto, es el mejor – sentenció – En todos los lugares que pregunté, todos los expertos o personas entendidas a quienes le consulté siempre señalaban el mismo nombre.

- No tiene estudios en artes – Era lo que a Quinn le había llamado la atención – Ni siquiera terminó la preparatoria – se quejó. Santana aprovechó para arrebatarle la hoja a Quinn.

- Eso es cierto – le confirmó el chico – pero ha viajado por todo el mundo casi. Conoce a la perfección casi todos los estilos: blanco y negro, colores, rayas, estilo moderno, clásico, asiático, chicas de calendario, etc. El listado es interminable – explicó.

- ¡Dios! – Interrumpió la latina – Ha tatuado a Barack Obama y a su esposa, a Madonna, al Príncipe Harry, Michael Jordan, Adele… y la lista sigue – al parecer la latina había quedado impresionada – Este es nuestro tatuador definitivamente – ella misma se consideraba una celebridad, no podía ser menos que los demás – Llama y pide una cita para esta misma tarde – apuró.

A Quinn no se le pasó en alto la mueca que hizo su amigo - ¿Cuál es el problema? – preguntó.

- Bueno, hay otras opciones, no son de New York, ni tampoco muy renombrados pero pueden hacerlo antes…

- ¿Cuál es el problema Kurt? – insistió Quinn.

El chico suspiró – El problema es que… - miró a sus amigas – Yo ya sabía que ustedes iban a elegir a este – apuntó al curriculum de Ray – Yo mismo me quedé impresionado con…

- Ve al grano – Quinn no quería más rodeos

- Llame para pedir la cita y me la dieron – aseguró como si nada

Las dos chicas se miraron. Faltaba Britt, que había encendido el televisor y sin importarle que Rachel estuviera durmiendo, se había sentado en el sofá cama al lado de ella para ver sus series diarias.

- Perfecto, nos vemos esta tarde enton…

- Me la dieron para dentro de dos meses – soltó de una el muchacho.

- ¿QUEEEEEEE? – No estaba en los cálculos de Santana esperar tanto tiempo

- Santana, por el amor de Dios… ¡Haz silencio! – Pidió mirando como Rachel seguía inmutable en su cama. Quinn tuvo que aguantarse las ganas de sacar a Brittany de la cama de la morena, después de todo a ella no tenía porqué importarle – Y Kurt – miró al chico - ¿Cómo que dos meses? ¿Les dijiste quiénes éramos? ¿Ofreciste más dinero?...

- ¿Hiciste algo bien? – se metió la otra de mala manera

Kurt miró ofendido a la latina – Por supuesto que hice todo eso, y más. Yo mismo pensé que apenas nombrara el apellido Hummel íbamos a tener la cita al instante – De más está decir que una de las siguientes inversiones de las dos mujeres luego de la academia de Britt, había sido el taller de moda de Kurt. De hecho la marca "Hummel" había logrado sacar a las tiendas Macy´s de competencia hace mucho tiempo – Pero nada, no logre nada. A la persona que me atendió le daba lo mismo que si yo fuera Lindsay Lohan a que fuera Meryl Streep – contó

Santana y Quinn se miraron, desde que escalaron a la cima del mundo empresario nunca les había pasado esto. Su nombre era prácticamente lo mismo que tener la llave de la ciudad, abría todas las puertas. Si el mismísimo Donald Trump había cedido ante ellas, era imposible que un local de tatuajes de cuarta se negara a aceptar la realidad.

Ante la mirada de fuego de sus amigas, Kurt decidió volver a hablar – Pero… como otra opción, la misma chica, me dijo que en el mismo local pueden tatuarnos otra de las personas que trabajan allí y entonces no tendríamos que esperar más de una o dos semanas – dijo sonriente.

- No las conoces bien si piensas que van a aceptar eso – habló Brittany desde el sofá cama llamando la atención del muchacho – Nadie les dice que no a Santana, y si tuviste la suerte de que ella lo acepara, nadie sueña con decirle que no a Quinn - explicó

- ¿Tienes las dirección? – le preguntó Quinn a su amigo

- Esta escrita en la hoja que les di – contestó

- Muy bien. En una hora nos vemos en la puerta. Los que van a tener que esperar dos meses van a ser ellos – dijo la rubia despidiendo al chico

- Si, en una cola para buscar trabajo – completó Santana, que se retiraba a su habitación para cambiarse.

La rubia empresaria le cerró la puerta al chico y caminó a su cuarto, pero Brittany la frenó – Quinn… Quinn, ven a ver esto – la llamo hacia donde ella estaba.

- Parece que se está por despertar – le dijo ansiosa la rubia más alta a la otra. Al parecer Rachel había empezado a estirarse. Primero una pierna, después la otra, luego los brazos y por último la espalda. Sólo faltaba abrir los ojos y…

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAA! – fue el grito que pegó Rachel apenas sintió como alguien se le tiraba encima.

- ¡HOLAAAA RACHIEEEE! ¡BUEN DIAAAA! ¿QUIERES SER MI BAILARINA? YO TE PUEDO ENSEÑAR, A MI NO ME IMPORTA QUE HAYAS ESTADO EN LA CARCEL, O QUE VENDAS DROGAS O QUE SEAS BORRACHA O…

- ¡BRITTANY! ¡POR EL AMOR DE DIOS LA ESTAS APLASTANDO! – Quinn veía la cara de desesperada que tenía la morena. La pobre no había alcanzado ni a despertarse que la bailarina se le había tirado encima a abrazarla. Rachel había quedado atrapada entre las sabanas, almohadones y Brittany. - ¡BRITT! – Quinn tuvo que agarrar a su amiga por la espalda para poder liberar a Rachel.

Apenas la morena se sintió libre salió de la cama como pudo llevándose todo lo que tenía encima con ella. Llego a la otra punta de la sala envuelta en la ropa de cama y sosteniendo una almohada que tapaba todo su frente. Su pecho subía y bajaba rápidamente mostrando el estado de agitación que tenía - ¿Por… por qué… por qué hacen eso? – preguntó soltando una fuerte bocanada de aire.

- Berry ella es Brittany, la otra persona que va a vivir con nosotras – le contó Quinn que aun sostenía a la otra rubia por las dudas se le fuera encima de nuevo – Solo quería saludarte – trató de quitarle importancia al asunto.

Dicho esto la morena clavó la mirada en Brittany, torció su cabeza y abrió unos milímetros su boca

-Aquí vamos de nuevo – pensó Quinn que ya se conocía ese ritual de memoria.

Un pequeño rato después Rachel levantó su mano derecha logrando que se cayera toda la ropa de cama al piso mientras con la izquierda aun sostenía el almohadón, y la sacudió con fuerza saludando a Brittany – Hola… mmm… yo soy Rachel, Rachel Berry. No se bailar. Es decir, si se. Pero no me gusta hacerlo – le dijo desde la distancia mientras se rascaba la parte de atrás de su cuello demostrando nerviosismo.

Quinn había soltado el agarre apenas escuchó la voz de Rachel, asique la bailarina aprovechó para ir hacia la morena. Pero inmediatamente la morena caminó hacia otro lado. Brittany se frenó y Rachel también lo hizo pero en lugares opuestos. La rubia volvió a caminar hacia la morena y nuevamente Rachel se refugió en el lado opuesto, exactamente atrás del sofá cama. La chica alta sonrió, para ella esto parecía un juego, asique volvió a ir tras de Rachel pero esta vez lo hizo corriendo. La más menuda se percató de la velocidad de Brittany y corrió también a la otra punta del sillón. Cuando Quinn quiso darse cuenta estaba mirando como su amiga y Rachel corrían alrededor del sillón, una con una sonrisa enorme y la otra con una cara de espanto como si la estuviera persiguiendo el mismísimo fantasma de Hugo Chaves. Si no las paraba se iba a marear, tenía que hacer algo.

- ¡BASTA! – se puso enfrente de la corrida para frenar a la primera que agarrara. - ¡BASTA! – volvió a repetir al mismo tiempo que alcanzó a agarrar a una de ellas. Cuando localizó los hermosos ojos marrones que la estaban mirando, se dio cuenta que no era Brittany precisamente a la que había agarrado. Sintió el almohadón entre medio de ellas – Berry… - las palabras no le salían, su boca se movía pero nada salía de ella. Sólo los tiritones que sintió entre sus brazos la despabilaron. Frunció el seño a darse cuenta que esos tiritones los emanaba el cuerpo de la mujer que tenía agarrada, la cara de la morena estaba pálida y eso permitía que Quinn pudiera observar con más detalle el color de sus moretones. Los movimientos eran cada vez más fuertes, asique instintivamente, la soltó y se alejó de ella un par de pasos.

Pudo ver como ante la distancia la morena se relajaba y también pudo ver la cara de preocupada que tenía Brittany. Al parecer la bailarina había captado el mismo momento que ella, porque desistió de su idea de acercarse a la morena.

- Bueno, al fin se despertó la rarita – Con buen timming como siempre, Santana ya lista para empezar su día, entraba a la sala – Se apuran a cambiarse – le dijo a sus amigas – Quiero aplastar la cabeza de la gente de ese local lo más pronto posible – presionó.

Cuando Brittany se fue a su cuarto moviendo su cola de un lado al otro, se llevó los ojos de Santana con ella – Creo que mejor voy a ir a ayudar a Britt a vestirse – dijo la latina persiguiéndola.

Dicho que Quinn no escuchó porque se quedó mirando como Rachel arreglaba la cama donde había dormido y la volvía a hacer sofá.

- ¿Por qué dormiste ahí? – salió de su boca de repente.

Rachel giró y Quinn supo lo que venía: mirar, torcer y abrir. Y eso hizo exactamente la otra chica.

- Tu dijiste que querías tres habitaciones – le recordó una a la otra - ¿No te gusta tu habitación? – preguntó.

- No es eso – le respondió Quinn - ¿Por qué no pones tu cama en la otra habitación? Así no tendrías que dormir en el sillón – terminó de decir justo cuando empezaron a llegar ruidos sexuales proveniente del pasillo

Rachel, que tenía la cara fruncida por la pregunta que le había hecho la rubia, miró rápido hacia el pasillo y abrió los ojos grandes - ¿Son novias? – preguntó de repente

Quinn soltó una risa nasal - ¿San y Britt? Por favor – rio nuevamente – el día que esas dos se pongan de novias, yo me hago Believer – contestó – Ahora contéstame a mi ¿Porqué no duermes en la otra habitación? – repitió

Otra vez Rachel volvía a su gesto anterior de ceño fruncido. La morena agitó la cabeza y después habló – No entra la cama – explicó con lógica.

Quinn se quedó pensando en qué podía tener Rachel en ese cuarto que no le diera espacio para tener una cama, la idea de los freezer de Santana no parecía tan descabellada.

- Yo podría haber dormido en el sillón y así tu conservabas tu cuarto – Hasta ella misma se extraño de lo que dijo.

Rachel volvió a agitar la cabeza con más fuerza – Las chicas bonitas y delicadas como tú no pueden dormir en sillones – aseguró con convicción.

- ¿Te parezco bon…?

- ¡FABRAY! ¿YA ESTAS LISTA? ¿Por qué NO DEJAS DE RAREAR CON LA RARITA Y TE APURAS? TENEMOS QUE PATEAR TRASEROS – ni el sexo la calmaba a la latina.