Declaimer: Estos personajes no me pertenecen, como bien sabéis.
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El inicio de la semana llegó, y con ello la obligación de volver al trabajo, algo que a la vez me agradaba y me desagradaba, yo era consciente de que siembre he sido la clase de persona que necesita un trabajo, una ocupación, en definitiva una rutina. Pero por otro lado, después de tan íntima charla con mi jefe no sabía cómo reaccionar ante él, ¿Debería seguir llamándole de usted? ¿Podría ir más relajada?
Con estos pensamientos en la cabeza salté de la cama, me metí en la ducha y desayuné. Me puse unos pantalones grises de traje ajustados con una camisa blanca y una americana negra y salí de casa.
Una vez en mi planta me paré a charlar con Luna, la cual hoy llevaba un vestido de brillantes colores con un sombrerito en la cabeza.
-Buenos días, Luna.-Le sonreí.- ¿Ha llegado ya el señor Black?
-No, aún.-Negó con la cabeza- ¿Tienes planeado algo que hacer este fin de semana?
-No-Le contesté.
-Es que mi mejor amiga, Katie, está fuera de la ciudad y me apetece salir.-Se excusó levemente avergonzada.
-Claro, ¿Qué te apetece hacer?
-Nada en concreto, la verdad.-Se encogió de hombros.
-¿Qué tal si salimos a cenar y nos vamos a algún Pub después?- Propuse.
-Genial.-Sonrió encantada.- ¿Quedamos el sábado a las 9 para ir a cenar?
-Perfecto.-La sonreí.
Una amiga soltera, al fin. Aunque Harry no tenía una relación seria con Ginny, era diferente, ambos se querían demasiado para salir a ligar, Pansy se casaba, Ron tenía una relación estable con Giselle…-No le quedaba nadie soltero con quien estar.
Entré en la oficina, todavía no había llegado, lo cual era un alivio, dejé mis cosas en el armario y recogí la prensa. En primera plana de un periódico sensacionalista aparecía mi jefe, a su lado Lavender Brown. Estaban en lo que parecía el interior de un restaurante, ella le susurraba algo al oído mientras el sonreía de forma seductora. El titular cuestionaba lo incuestionable, la posible relación entre el señor Black y Lavender.
Lavender, a sus 23 años lucía, porque no se limitaba a llevarlo puesto, un mono corto negro de espalda al aire, el pelo recogido en un moño suelto y con unos tacones de vértigo, del brazo colgaban la chaqueta y el bolso. El llevaba la misma ropa que el día de la fiesta de los Potter, con lo que Lavender era la razón de que hubiera llegado más tarde. Una espina se retorció dentro de mí, era lógico, esa mujer era tan guapa que dolía.
Busqué la página del reportaje, aparte de varias fotos de la pareja en el restaurante, había una de Sirius con la señorita Patil y otra de Seamus Finnigan, era un chico de mi edad, con el pelo arenoso y aspecto de niño bueno, era guapo, nada del otro mundo pero sin duda guapo. No sabía si lamentarme por él o no, de todos modos el podría estar teniendo las mismas aventuras allá donde estuviera.
En ese momento entró mi jefe, cerré la revista de golpe y la coloqué con el resto de prensa, avergonzada, esperando que no me hubiera visto leer la revista.
-Un café solo con una cucharada de azúcar y tráigame la prensa rápido.-Dijo mientras entraba en su despacho.
Coloqué el café en una bandeja junto al grueso montón de revistas, sin parar de coger profundamente aire entré en su despacho. Le dejé las revistas frente a él y coloqué el café a su derecha, mientras salía lo más rápido posible de aquella habitación el me interrumpió.
-Dígame, que opina del reportaje.
Me queda paralizada ¿Me hacía la tonta? Si me preguntaba era porque obviamente me había visto con la revista en la mano, pero tampoco podía opinar de su vida privada como su fuera una vieja amiga.
-La verdad, señor…yo.-dudé.-No veo bien que se hayan inmiscuido de ese modo en su intimidad, por otro lado, hay rumores de que la señorita Brown está comprometida…así que es comprensible el interés por vuestra…relación, sea del tipo que sea.-Me callé, orgullosa de mí misma, había sido bastante neutra, pero había dado mi opinión.
Se me quedó mirando con sus profundos ojos, haciendo que mi interior se derritiera un poco, sólo un poquito. Y sonrió.
-Buena respuesta.-Asintió mientras se echaba para adelante como un depredador.-Neutral aunque se puede ver lo que opina.-Dijo con una sonrisa.-Aunque a mi me gustan las respuestas completamente claras. Asique señorita Granger, cual es su sincera opinión, imagínese que soy el señor Potter.
-Yo…Esto yo…-Cerré los ojos y aspiré.- No quiero meterme en su vida personal, ni en sus relaciones, pero realmente no veo bien que usted tenga una relación…íntima con una mujer prometida, por otro lado veo que ella es más culpable que usted porque ella es la comprometida.-Cogí aire.- De todos modos, yo no soy objetiva, yo soy de relaciones serias.
-Estoy conforme, has dicho lo que piensa, vuelva al trabajo.
Cerré la puerta al salir, me quedé petrificada. No sabía a qué venía todo esto, pero me había quedado bien a gusto. Continúe con mi trabajo de forma normal durante toda la mañana, cuando llegó mi hora de la comida le avisé por el interfono y me bajé a la cafetería. Cuando volvía me encontré en la puerta con Lavender Brown, que entraba a la vez que yo al despacho.
-Buenas tardes.-Dijo.- He venido a ver al señor Black.
-Un momentito.
Sin duda era guapa, aunque en directo no lo era tanto, sin duda lo era mucho más Pansy. Apreté el botón del intercomunicador mientras me sentaba.
-Señor Black, se encuentra aquí la señorita Brown.
-Dígale que espere.
Colgué el auricular y miré hacia arriba, me miraba sin ninguna expresión en la cara.
-Si no le importa, espere unos minutos, ahora mismo se encuentra ocupado.
-Claro.-Asintió mientras se sentaba en uno de los sofás.
Era educada, un tanto fría, tal vez por eso me parecía más agradable en directo Pansy. A los diez minutos apareció Sirius, el cual dirigió a la mujer al interior del despacho con una sonrisa seductora.
-Que no nos molesten en la próxima…media hora, tal vez algo más.-Y con esto cerró la puerta.
Me quedé pálida…no irían a…oh dios mío… Me levanté, pero luego me di cuenta de que no podía irme esa media hora, no podía dejar que sonara el teléfono, o que alguien entrara al despacho y no hubiera nadie. Me volví a sentar. Y me centré en el trabajo, me puse un auricular de forma discreta, para así poder escuchar música para no oír nada…
A los cinco minutos entró Rosmerta, con su traje clásico negro y sus tacones lavanda de charol, parecía cansada y algo atareada.
-Dele esto a Sirius cuando pueda, intenta que lo tenga firmado para cuando acabe el día.-Y salió sin decir nada más.
El tiempo pasaba, ya llevaban encerrados en el despacho poco más de media hora cuando entró Harry con una enorme sonrisa.
-Ya tan sólo nos queda una hora para irnos.-Ese fue su saludo.
-No lo creo, yo tengo que estar aquí hasta que se vaya el jefe, y no creo que hoy salga pronto.
Charlamos durante unos diez minutos y se fue, poco después salió Lavender del despacho, no parecía muy despeinada, aunque ahora lo llevara recogido en una coleta, y su ropa estaba perfectamente colocada. Tal vez no había…
-Quiere que entres.-Me dijo.- Adios.
Al entrar en el despacho toda duda sobre lo que habían estado haciendo se disipó, la habitación apestaba, y el escritorio estaba raramente vacio. En su silla estaba mi jefe, con los pies en la mesa, sin la corbata y con la camisa un poco más abierta de lo habitual, no parecía cansado, ni afectado por lo que acababa de hacer, tan sólo pensativo.
-Abra las ventanas y coloque el escritorio.
Hice lo que me pidió, abrí el ventanal de par en par corriendo las cortinas y subiendo las ventanas para que se ventilara la sala, volví a dejar la lámpara a la izquierda del escritorio, la agenda, el teclado y la pantalla del ordenador, el ratón y los papeles que se encontraban en una carpeta.
-Tome.-Dije mientras le entregaba los papeles que me había traído Rosmerta.-De parte de Albus, los necesita firmados antes de que acabe el día.
Abrió la carpeta de papel color marfil y firmó todo lo que había en su interior.
-Lléveselo ahora.
Me acerqué al despacho de Rosmerta confundida, Sirius estaba de mal humor, lo cual no era para nada normal en él, es decir, siempre era amable y tenía cierta facilidad para la ironía, pero en ese momento parecía…molesto.
-Toma.-Le dije con un suspiro a Rosmerta.
-Gracias.-Dijo sorprendida.- ¿Por qué ha tardado tanto?
-Está de mal humor.-No dije cual fue su verdadero entretenimiento, no sabía si ella estaba enterada de la vida privada de mi jefe.
-Entonces te advierto de que hoy no saldrás hasta casi media noche.-Dijo- Y si no te llama en plena madrugada para que le lleves algo de la oficina a casa puedes darte con un canto en los dientes.
Rosmerta tenía razón. Llegué a mi casa a las doce y media, y a la mañana siguiente no le había cambiado el humor a mi jefe, seguía malhumorado, había ciertos momentos que en el trabajo llegaba a ser tiránico. Así continuó toda la semana, así que cuando el viernes llegué a mi casa ni me molesté en cenar, me puse el pijama y me metí en la cama esperando dormir al menos doce horas. Pero eso no fue posible, no eran las tres y media de la madrugada cuando mi móvil comenzó a sonar.
-Diga…-Dije con la voz pastosa, sin saber qué hora era y sin haber mirado el identificador de llamadas.
-Necesito los papeles que se encuentran en el archivador B, apartado 3.-En un primer momento no sabía quién me hablaba ni sobre qué hablaba, pero enseguida se me aclararon las ideas.
-Son las…-Mire al reloj.-Las tres y media.-Dije en un gemido.-¿No puede esperar a mañana?
-No.-Comentó.- Se encontraba usted haciendo algo interesante.
-Sí.-Me limité a contestar.-Voy para su casa.
Me puse unos leggins negros, una camiseta de algodón gris muy clarita y una chaqueta de lana muy fina color crema con las converse. Cogí el bolso, las llaves y el móvil. En la oficina saludé al jefe de seguridad que me sonrió con misericordia, recogí los papeles y fui a su casa.
Vivía en la zona más cara de toda la ciudad, en una casa de dos plantas mas una terraza en una tercera panta, la casa era de más de 500 metros cuadrados más jardín. En mi mal carácter me pregunté para que quería tanta casa un hombre soltero.
Llamé al timbre y al momento una mujer de cerca de sesenta años me abrió la puerta con cierta mirada de disculpe.
-Siento mucho que el señor la haya molestado.- Dijo- soy su ama de llaves y como sabrá usted bien, no está del mejor de los humores. Especialmente hoy, ha dejado la relación con la mujer de turno, al parecer el padre la ha obligado a ello, mañana se presentarán ante prometidos ella y el otro joven.
Parecía una mujer de confianza muy preocupada por disculpar a su jefe, sonreí en respuestas.
-No se disculpe, no es su culpa.
-El señor se encuentra en su despacho, una vez en el salón salga por la puerta del fondo, saldrá un pasillo, la primera puerta a la izquierda. Si no quiere nada más me vpy a mi dormitorio.- Se dio la vuelta.-Ah la cocina, mi habitación, la despensa y el resto de zona del servicio está tras esta puerta bajando las escaleras, -dijo señalando a una puerta de la entrada.-Buenas noches.
Entré al salón, que estaba decorado de una forma muy clásica y masculina a la vez, seguí las indicaciones que me había dicho el ama de llaves y llamé a la puerta del despacho.
-Adelante.
Dentro había un despacho perfectamente equipado, ordenador, televisión, estanterías llenas de libros y archivadores y un enorme escritorio que parecía ser muy antiguo, tras él, estaba mi jefe, mirando al ordenador rodeado de papeles en el más completo caos.
-Buenas NOCHES.-Remarqué la última palabra.-Aquí está lo que necesita.-Dije mientras se lo ponía encima de la mesa. Y ahora si me permite me voy.
-No, no la he llamado para que me traiga los papeles. Usted trabajara hasta las cinco, a esa hora podrá irse a donde le dé la gana. Siéntese y saque algo para escribir.
Me senté y comenzó mi jornada intensiva, jamás había estado tan muerta de sueño y jamás había trabajado tanto en mi vida. El tiempo pasaba despacio, me dolía el cuello y la espalda, en cualquier momento me caería dormida sobre el papel.
-Puede irse.-Dijo a las cinco y cuarto.
Me levanté y recogí mis cosas en silencio, sin parar de bostezar.
-Si se me permite preguntar.-Comenzó mientras se levantaba para acompañarme a la puerta.-¿Qué hacía cuando la llamé?
-¿Qué se cree usted que hacía?-Cuestioné atónita, el enarco una deja, dejando claro su respuesta.- ¡No! Solo estaba durmiendo, ha sido una semana muy dura y quería descansar.
Nos fuimos hacia la puerta en silencio, el parecía querer decir algo, pero no abrió la boca hasta que nos encontramos en la puerta.
-Por supuesto, usted está soltera. Y sólo tiene relaciones serias.-Le miré confundida, parecía más relajado.
-Hasta el Lunes.
Y me besó. La clase de beso de los libros románticos, estaba apoyada contra la puerta, con los ojos muy abiertos, mis manos estaban petrificadas contra mi cuerpo, una de sus manos me agarraba de a nuca mientras la otra estaba anclada contra la puerta, justo al lado de mi cabeza. Jadeé y él lo aprovechó para profundizar el beso, su lengua y la mía se acariciaban, el beso era frenético. Y por fin, reaccioné, enmarqué su rostro con mis manos e intenté seguirle el ritmo, pero era imposible. Se separó de mí, no antes de morderme el labio hasta hacerme sangre.
-Hasta el Lunes.-Dijo mientras abría la puerta y yo salía al fresco del amanecer paralizada, sin decir nada. Cerró la puerta.
En Shock, me fui a mi casa y me metí en la cama. No me lo podía creer.
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Hola chicas, siento haber estado tanto sin actualizar, pero la universidad me tiene ocupada. Intentaré actualizar más seguido, lo prometo.
Besos.
