¡Hola a todos! me siento muy feliz de hacerles otra entrega de esta historia, espero que la estén disfrutando tanto como yo lo hago escribiendola. Esta parte me salió más larga de lo que pensaba, así que no me pareció apropiada ponerla toda de una, sino mas bien partirla. No olviden dejar sus comentarios y mas abajo nos leemos!
CAPÍTULO 4: Recuerdos Parte II
Memorias de una infancia perdida
Era ya cerca del medio día, cuando el exhaustado Kanda se recostó en un árbol del gran bosque a descansar. Había estado entrenando fuertemente para mantener entretenido su cerebro que sólo daba vueltas en una sola cosa: Amelie Sahar.
No sabía si todo había sido una coincidencia, haber ido a la oficina de Komui para que este inútilmente le inventara una excusa para disimular su torpeza. Era verdad, le gustaba la jardinería, pero no era para tanto. Aunque no había salido con las manos vacías de allí, no todo había sido una pérdida de tiempo, ahora sabía que ella vendría hasta aquí. No sabía que le había pasado, desgraciadamente no había podido escuchar lo que decían al otro lado del teléfono, así que le era desconocido bajo que circunstancias se encontraba, pero lo que mas le extrañaba era que venía directamente hasta los exorcistas por voluntad propia, o al menos eso parecía, después de que fué ella misma la que le insistió tanto para que no se les uniera.
Observó su pulsera por largo tiempo, ese era parte del recuerdo de la familia que le había formado en gran parte a lo que era ser un verdadero espadachín, entre otras cosas, a su manera.
Todo comenzó así:
Había nacido al sur de Osaka, en Japón, allí vivió parte de su infancia con su familia biológica. Era hijo único, así que el ser un poco creído y malhumorado lo aprendió allí, en sus primeros años. Su madre se llamaba Sho, era dueña de una pequeña floristería al centro de la ciudad, ella le había enseñado algunas cosas sobre el cuidado de las plantas, su cultivo y tratamiento. Le gustaba mucho las flores, eran tranquilas, hermosas, calladas y no parloteaban idioteces como algunas clientes que entraban a la tienda. Lo que mas odiaba era que lo trataran como una atracción mas del lugar, detestaba que le estiraran los cachetes diciendo cosas como: "¡Oh, que niño tan guapo vas a ser!", o como: "¡te pareces tanto a tu padre!", nunca le había gustado que lo compararan con nadie, pero la que definitivamente lo había sacado de quicio había sido: "¡necesitas un corte de cabello urgente, casi te confundo con una niña!", ¿qué tenía de malo su cabello?, a él le gustaba y nunca por nadie aunque se lo pidiese lo cortaría, sería un gran golpe al ego. Ese fue el último día que estuvo en la tienda, gracias al alboroto que armó y al amplio vocabulario de palabras soeces que un niño de 5 años podría decir.
Su padre se llamaba Ryo, había sido un espadachín de clase media, pero luego de que naciese, se retiró y comenzó a enseñar en las mañanas en dojo cercano, dictaba el nivel básico. En gran parte de la semana él le enseñaba el arte de la espada, aunque la suya no era mas que un palo. Así era su vida hasta aquel día que cambió radicalmente:
-Mantén más firme la shinai*-dijo Ryo.
-Tsk, ¡eso intento! -replicó Kanda.
-No me tskee jovencito, eso no es propio de un caballero.
-Como si quisiera ser uno... -respondió Kanda en voz baja.
De repente, un grito desgarrador se escuchó, provenía de la cocina, donde estaba Sho. Ambos corrieron hacia su procedencia para ver que había ocurrido, lo que encontraron fue algo que nunca en sus vidas habrían imaginado: Sho estaba siendo asesinada por un monstruo. Su cuerpo estaba lleno de pentáculos.
La mirada de ella de encontró con la de Ryo.
-Esconde a Kanda -fué lo último que alcanzó a decir antes de convertirse en polvo.
Kanda estaba aterrorizado. Sintió como una mano lo agarró por la cintura y lo levantó del suelo, era su padre. Este corrió a través de corredor hasta un pequeño salón de té al otro lado de la casa. Quitó con desesperación el tapete bajo la mesa, allí había una pequeña puerta. La abrió y se rebeló un refugio de un metro aproximadamente de altura que era del área de la sala. Ryo arrojó al asustado pequeño al hueco, pero antes de cerrar la puerta Kanda le preguntó
-¿Por qué no entras conmigo? Si te quedas ahí afuera ese monstruo te matará a ti también.
-Si entro contigo el monstruo nos descubrirá a ambos, lo siento hijo, sólo tú puedes seguir viviendo.
-¡No, no, me niego a eso!
-No tienes mas elección, hazlo por la memoria de tu madre y tu padre, por favor, pase lo que pase no hagas ninguna clase de ruido –dicho esto, cerró la puerta, la cubrió con el tapete y puso la mesa en su lugar.
Kanda podía ver todo a través de las rendijas del piso de madera. Se sentía inútil e incapaz de desobedecer las órdenes de su padre, estaba completamente aterrorizado.
Vió como el monstruo entró a la sala y rió apenas vió a su padre.
-Jajajaja, al fin te he encontrado miserable humano, se bueno y déjame matarte, ¡jajajaja!
-¿Qué eres?-preguntó Ryo con voz firme.
-¿Qué soy? -replicó retóricamente -Yo soy un akuma, apuesto que alguna vez has escuchado hablar de mi.
-Eres un monstruo. Vete ahora mismo de mi casa.
-¡Jajajaja! Que iluso eres humano, el día de hoy muchos como yo hemos venido a reclamar este lugar como nuestro, ¿si no te mato yo, quien lo hará en mi lugar?, ¡no dejaré que otro tome mi presa!
El akuma se abalanzó hacia Ryo, le tiró, mordió, rasguño y disparó a este como jugando con un muñeco de trapo. La habitación estaba llena de sangre y algunas goteras se filtraban por las rendijas del suelo. Su padre nunca se quejó, sólo se escuchaba la macabra carcajada del akuma. Al final su cuerpo se llenó de pentáculos y al igual que su madre se convirtió en cenizas. Kanda se encontraba completamente en shock, silenciosas lágrimas se deslizaban por sus mejillas mientras tapaba su boca con ambas manos.
No supo cuanto tiempo pasó, hacía mucho que el monstruo se había ido y todo parecía reposar en silencio. Cuando reunió fuerzas necesarias para poder moverse, empujó como pudo la puerta hasta abrirla completamente. Salió con gran dificultad del lugar y caminó hasta que su mente se sumió de nuevo en el vacío. Se sentó en la entrada de su casa, con sus bracitos rodeando sus piernitas, tenía la mirada perdida, ya no lloraba, pero sus mejillas aún estaban húmedas por las lágrimas. Todo era tan silencioso, ahora lo único abundante en ese lugar era el polvo y la sangre.
Era de madrugada, cuando tres siluetas se divisaron a lo lejos en la calle, en la mitad iba una hermosa mujer de cabello castaño y largo semi-recogido. Tenía puesta una especie de túnica naranjada y varios mantos de seda de diversos colores. Sus manos estaban descubiertas y llevaban varios tipos de pulseras doradas. A ambos lados le acompañaban dos hombres muy altos y de gran musculatura, ambos vestían iguales. Llevaban una especie de pantalón café, con una camisa semi abierta y sin mangas de color crema, igualmente llevaban varios tipos de pulseras pero en piedras de diversos colores. En sus cinturas portaban una espada con dorados grabados.
Caminaron hasta donde él se encontraba, la mujer se inclinó con la intención de quedar frente a frente con el niño. Acarició suavemente su mejilla, el tacto era muy cálido y sólo hasta ese momento se dio cuenta de que estaba helado. Su mirada estaba llena de ternura y muy en el fondo una especie de compasión.
-¿Dónde están tus padres cariño? -Su voz era suave y melodiosa.
-Fueron asesinados por los monstruos -contestó apenas audible.
-No te sientas mal pequeño -ella se quitó uno de sus mantos y lo envolvió -ellos no están muertos, han cumplido su ciclo en este lugar y se han mudado a otro mucho mejor, algún día tú también irás con ellos pero ahora deberás aprender muchas cosas y empezar a hacerte tu propio camino, viviendo la vida al máximo.
-¿Pero a dónde podré ir ahora?
-Si deseas puedes venir conmigo, iremos a un lugar muy lejos de aquí, yo podría enseñarte muchas cosas si así lo deseas -por alguna razón Kanda sentía que debía aceptar su oferta, entonces asintió, ella lo acunó en sus brazos -ahora puedes dormir tranquilo mi niño -limpió sus lágrimas con un pañuelo -por cierto, mi nombre es Esha -terminó con una gran sonrisa.
Nunca había dormido tan bien en su corta vida, en ese momento no sabía dónde se encontraba, sólo escuchaba unas voces lejanas que resonaban en su mente por intervalos.
-¿Estará bien mamá? -era la voz de una niña.
-Si, sólo está un poco cansado -era la voz de la mujer que le había encontrado.
-¿Crees que si le hablo ahora me podrá escuchar?
-Estoy segura que si lo hará.
-¡Que bien!, en ese caso... -sintió algo frío en su muñeca -Este es un regalo de bienvenida, lo hice especialmente para ti, aunque apenas nos conocemos, quiero que este sea nuestro símbolo de amistad, ¡sé que nos divertiremos mucho!
Esa fue la primera vez que la conoció a ella, Amelie. Desde ese entonces nunca se había quitado su pulsera, le había prometido que no lo haría, así ella no estuviera presente, siempre la llevaría consigo hasta el momento de su muerte. Kanda no pudo contener una sonrisa ante ese recuerdo.
*Dícese de una espada de bambú para practicar las técnicas de la katana de una forma mas segura.
Muchas gracias a Anya-Kurai y a Ichi - Ichi por los reviews, y también a todos los que leen y les da flojera poner un review ¬¬ , igual se les quiere con o sin comentarios XD.
Para los que no han tenido la oportunidad de ver a Kanda peque en el manga, les recomiendo que busquen la imagen, así esté con mal genio, realmente es enternecedor X3
PRÓXIMAMENTE: Última parte de la infancia de Kanda hasta su encuentro con el general Tiedoll. (Definitivamente no soy buena con el suspenso jajajaja)
