Beteado por Day Aguilar. Beta FFAD.

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Disclaimer: Los personajes (Excepto Eddie) pertenecen a Stephenie Meyer. La trama es completamente mía.

Capítulo 4

Aviso: Este capítulo contiene Lemmon.

Había trascurrido ya casi un año desde que Edward fue adoptado legalmente. En un principio no fue fácil, sus padres se opusieron, pero pronto comenzaron a tomarle cariño a Eddie y, actualmente, se encontraba de vacaciones en Forks, pescando en La Push con su abuelo, mientras ella terminaba algunos casos en New York. No podía creer lo rápido que había pasado el tiempo…

Edward llegaría en unos días para su ingreso a clases, había resultado ser muy inteligente, aprobó la prueba de nivelación y estaría en sexto grado.

Como no sabía cuando era su cumpleaños, le habían realizado una fiesta simbólica, desde ese momento, esa sería la fecha que festejarían. En las investigaciones que se hicieron no se pudo encontrar el expediente de Eddie, no había rastro de que haya existido un niño con su nombre en ese orfanato.

En estos momentos, Tanya le estaba dando el informe del caso Royers, un jugador de baloncesto que demandaba a su equipo por despido injustificado, según él. Por como iban las cosas el hombre tendría que echarse para atrás, era un irresponsable, incumplidor de contrato y esos eran los casos que más enfadaban a Isabella, perder el tiempo de esa manera… Defender algo que era indefendible, sin más, se retiró.

El caso Cullen había resultado una gran entrada de dinero a la empresa, por haberlo ganado le otorgaron una indemnización de muchos millones de dólares, pero nunca conoció al dueño de la empresa. Él jamás se presentó.

Ahora, se tomaba un café con su amiga: Ángela. Lo necesitaba.

A pesar de que Edward era un niño tranquilo, requería de tiempo y había tenido que dejar sus salidas nocturnas los fines de semana para pasarlos con él. Hoy, por fin, estaba haciendo un plan con ella para ir a bailar y descargar algo de energía.

—¡Por fin, Bella! Pensé que estabas perdida. Se abrió un nuevo local, dicen que es lo mejor de New York. —Ángela se aventuraba, insinuándoselo.

—Iremos. Necesito conocer gente nueva y quizás un buen revolcón. Hace más de un año… —No levantó la vista del café cuando dijo lo último.

Su amiga reía a carcajadas.

—Nunca pensé que vería esto. Isabella Swan diciendo que quiere pasarlo bien.

—Después de un año se necesita. Para liberar el estrés. —Se excusó.

—Entonces, Bella, esta noche te recojo para buscar hombres calientes. —Mostró una sonrisa felina al decir las últimas palabras. Isabella contuvo la risa.

—Te estaré esperando. Nos estamos viendo, tengo que seguir con el trabajo.

—Adiós.

Las mujeres Cullen estaban de compras. La pequeña Alaine, hija de Rosalie y su primer esposo, entraba a sexto grado y necesitaba el uniforme y los útiles escolares. Para Alice eso era lo mejor, venía exclusivamente para las compras, sus bebés también entrarían a clase, su primer día en el kinder.

—Soy la más hermosa mami, nadie estará más linda que yo —decía, mirándose al espejo.

—Por supuesto Alaine, mi princesa es la más hermosa —Rosalie respondió, mirándola con orgullo.

—Ustedes dos y su ego me superan. —Alice observaba a sus gemelos, que ya estaban hartos de las compras y comenzaban a hacer desastres para irse.

Como sospechaba, los gemelos hicieron un berrinche, haciendo que Alice se ponga histérica, pensando en que por qué no le tocaron gemelas. Estarían horas y horas de compras, pero sus hijos no querían y Jasper tuvo que venir a buscarlos para llevarlos a jugar con Emmett, el esposo de Rosalie, mientras ella se quedaba con la rubia y Alaine. Alice estaba tan entretenida que hasta le compró a Edward nueva ropa, no le gustaba como se vestía, como si estuviera siempre de luto. Cuando las chicas llegaron a casa llevaban más bolsas de las que podían cargar. Consintieron en todo a la pequeña Alaine y se llevaron otros regalos para el próximo bebé de la familia, que estaba en el vientre de Rosalie.

….

La habitación de Isabella era un completo desastre, no encontraba que ponerse. Según ella, nada le quedaba, aunque en realidad tenía un armario bastante sugerente. Finalmente optó por un vestido negro de manga corta pegado al cuerpo, con un escote en v y que le llegaba un poco más abajo del muslo, mostrando sus piernas blancas; unos tacones bajos que hacían juego con el vestido y, por último, un pequeño pañuelo que la cubría, si no, definitivamente, se congelaría.

El timbre sonó, anunciando la llegada de Ángela. Como siempre, su amiga estaba impresionante, hermosa. Es que alguien no puede ser tan bella, pensaba, mientras tomaba su cartera y las llaves de su carro.

—No, deja esas llaves ahí, iremos en taxi. Esta noche beberás Isabella.

—Pero… —Se opuso, mirándola.

—Pero nada.

Le sacó las llaves de la mano y las tiró en alguna parte del departamento antes de cerrar la puerta. Fuera del departamento las estaba esperando un taxi, exclusividad de Ángela, le dieron la dirección del nuevo club que se había abierto recientemente, "Candela en tu vida". Tenía nombre pachanguero. Eso a Bella le alegraba, necesitaba actividad y movimiento, tenía mucho estrés y pasar todo el día con un niño no ayudaba mucho. Lo adoraba, pero también necesitaba un descanso. Menos mal que este año tendrían una relación normal entre madre e hijo.

Pagaron sus entradas y eligieron un lugar estratégico para mirar a todos los caballeros y decidir a quién atacarían esta noche. La mesa se lleno de mojitos cubanos, la hierba buena les refrescaba la garganta. Bella vio pasar a un tipo que creía haber visto en alguna parte, pero no recordaba donde… Ángela giró la cabeza para averiguar dónde tenía clavada la vista su amiga.

—Vuelas alto, Bella. Ese manjar está como un queso, yo igual vi algo que me gustó.

—Me di cuenta de cómo miras a ese rubio, está hermoso. Empecemos querida o se nos adelantaran —dijo con picardía.

Llamaron al barman y le preguntaron que estaban tomando los caballeros, que estaban interesadas en pagarles un trago. El chico fue donde cada uno, entregó la bebida y les dijo que se los habían mandado aquellas señoritas.

Cuando el joven de cabellos cobrizos miró a Bella, ella lo saludó levantando su trago y sonriendo seductoramente; el cobrizo la llamó con la mano y ella se levantó rumbo su mesa. Su amiga también fue a donde estaba el chico rubio. Bella se sentó frente al hombre de ojos verdes.

—Hola —le dijo, bebiendo de su mojito.

—Hola, ¿cómo te llamas? —respondió él, poniendo la mano en su mentón.

—Bella. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

—Edward. Así que te gusta invitar tragos, pues el próximo lo invito yo.

—Como gustes. —Sonrió.

Estuvieron varios minutos conversando mientras ella lo evaluaba. Era atractivo y tenía ese magnetismo que lo hacía verse irresistible, definitivamente esta noche pasaría un momento muy grato… O eso esperaba, ya que no sabía cuando tendría otra oportunidad. Eddie llegaba en unos días más.

Ángela se despedía de ella, yéndose con el rubio. Tenían claves para saber que estaban bien, se mandaban mensajes.

—¿A tu casa o a la mía? —preguntó él directamente.

—A la tuya, Edward.

—Vamos.

Con ciertas dudas se subió al Volvo plateado, lo observaba, estaba concentrado en el tránsito, no la miró en ningún momento. Hasta parecía de mala educación que ella lo hiciera. Desvió la vista hacia la ventana, parecía que el paisaje se había vuelto más interesante y evaluaba si estaba haciendo bien. Antes eran permitidas estas locuras, ahora era madre y, se supone, responsable. Una noche al año no hará mal, se mentalizaba, además, el hombre estaba aprovechable.

Llegaron a su casa. Que digo casa, es una mansión, pensaba Isabella, temerosa de entrar. Él la tomó de la mano y la condujo hacia adentro; era hermosa y espaciosa. Sin soltarla la llevaba por los escalones que, supuso, guiaban a su dormitorio, abrió la puerta y la dejó entrar a su habitación. Era tan grande como su departamento, estaba segura de que su hogar cabía dentro de ese dormitorio.

—Recuéstate en la cama, Bella. Quiero mirarte y que tú me mires a mí mientras me desnudo. —Lo dijo de una forma tan caliente que Bella se humedeció con sólo pensarlo.

Con cuidado de no tropezar en esa hermosa cama de rey —porque eso era— se subió en ella y se acomodó, colocando su cabeza en las almohadas. Edward no dejaba de mirarla. La corbata cayó al suelo; uno a uno los botones de su camisa iban desapareciendo, revelando la piel de su pecho, mostrando los músculos marcados de su anatomía, la camisa quedó completamente abierta; sus manos fueron a su cinturón, desabrochándolo, pronto, el botón de sus jeans fue abierto y se escuchó el sonido característico de la bragueta bajar lentamente, dejando parte de su ropa interior a la vista. Bella tenía la boca seca.

Él estaba sólo en sus bóxers. Pudo ver como los bajó, mostrando su enorme erección, roja y palpitando. Pasó su lengua por sus labios y, completamente desnudo, caminó como un felino hasta ella.

—Ahora me toca desnudarte. Veamos que escondes —susurró.

—Yo… Este… —balbuceaba la castaña.

Edward se colocó encima de ella, sus labios se apoderaron de los suyos mientras sus manos comenzaban a recorrer su cuerpo. Llevó las manos a su espalda y procedió a bajar el cierre del vestido. Empezó a sacarlo desde sus hombros, lentamente, revelando su piel, Bella observó su sorpresa al notar que no llevaba sujetador. Pasó su lengua por sus pechos, lamiéndolos.

—Estás lista para mí. ¿Por abajo también estás sin protección, preciosa? —Le dio un pequeño mordisco.

—Estoy con mis bragas.

—Está bien… Me divertiré quitándotelas. —Comenzó a bajar desde sus pechos, pasando la lengua por su vientre, hasta que llegó a las diminutas bragas y, con sus dientes, comenzó a bajarlas. Ella lo ayudó, levantando la cadera.

—Ahora sí Bella, le rendiré culto a tu nombre. —Los ojos le centellaban de lujuria.

—Ohh, sí, por favor Edward. —Bella jadeaba. La cara de Edward estaba entre sus piernas. Mordía y lamía su centro de placer, mientras ella convulsionaba y decía incoherencias.

No se dio cuenta de que lo tenía en su interior hasta que lo oyó suspirar. Comenzó a moverse de forma rápida y fuerte, gritaba su nombre y él susurraba el suyo en cada jadeo o gemido, incluso, a veces, le gruñía. Las manos de él en sus senos le servían para darse impulso y volver a entrar.

Estuvieron así por varios minutos hasta que llegaron juntos a un gran y esperado orgasmo. Descansaron unos segundos y, en algún momento, sus cuerpos se rindieron y cayeron en un pesado sueño.

…..

Al despertar, Edward vio el lado vacío de la cama, en donde se suponía que tenía que estar una mujer. En un principio se enojó, pero, luego, su cuerpo se relajó. Era mejor, no le gustaba tener que correrlas en las mañanas. Ella era lista, se fue sin ser echada.

Se levantó para prepararse, tenía muchas cosas que hacer. Una sonrisa que no veía desde hace mucho se formó en su rostro cuando miró al espejo, definitivamente la muchacha lo había dejado bastante satisfecho. Con ese pensamiento tomó su Volvo plateado y fue hasta la empresa, hoy eran uno de esos días en los que no tenía tiempo ni para pensar y eso le gustaba: estar sin pensar.

…..

Cuando metió las llaves en la cerradura y entró a su casa inmediatamente observó el sofá. Quería tirarse en él. Le dolían

todas sus extremidades, sobre todo entre los muslos; lo habían hecho cuatro veces, después de que despertaron se dieron unos bailes más hasta quedar exhaustos. Le encantó ver a ese adonis dormir, era hermoso y mostraba un rostro angelical cuando lo hacía, porque, cuando estaba despierto, siempre, o las pocas veces que lo había visto, tenía el entrecejo fruncido.

Se tiró como un saco de papas y rodó en la cama, haciéndose un ovillo en distintas posiciones.

—No, no, no —decía, cubriéndose los oídos con la almohada.

Unas risas bastantes conocidas llegaban del salón y otra voz masculina venía tras de la risa infantil.

—¡Mamá! ¿Dónde estás? —gritaba el niño.

—En el cuarto Eddie. —Devolvió el grito desde la habitación.

Escuchó como corría y, en un minuto como mínimo, lo tenía abrazándola. Su olor a fresas se coló por su nariz. Intentó cambiarle el shampoo por uno más varonil, pero él se empeñaba en oler a fresas, así que se rindió a unos de los primeros caprichos de su hijo. Y le siguieron varios más. Ahora tenía una consola de video juegos en la que hacía maratones cuando Seth, su hermano, venía a casa.

—Te extrañé mami. ¡Pescamos un pez enorme y el abuelo me dejó quedarme con él!

—¿Cómo así? —Lo miró con miedo

—Vamos a verlo. Lo pondré en mi cuarto. —La arrastró de la mano.

Cuando llegaron a la sala un enorme pez en un acuario le dio la bienvenida. Su padre la miraba como pidiéndome disculpas. Ese bicho tenía hasta nombre: Junior.

Como podría hacer para ahogarlo… Claro, los peces no se ahogan.

—¿No es hermoso mamá? Yo lo pesqué —decía orgulloso, mirando a esa cosa.

—Eh, sí, supongo —mintió.

Ese tal Junior era el pez más feo que había visto en su vida, podría haber pescado un pez dorado o un pez payaso, pero no, en cambio, sacó una especie indefinida y fea.

—Es una trucha Bella, no pude decirle que no —explicó Charlie avergonzado.

—¿Qué voy hacer con una trucha en mi departamento?

—Puedes hacerlo desaparecer y hacer una cena con él —ofreció su padre con una sonrisa.

—¡Ni lo sueñes! Es mía y nadie se comerá a Junior. ¿No es cierto bebé? —Eddie finalizó su protesta acariciando el acuario de su nueva mascota.

Está bien, eso había sido gracioso. Ahora tendría que ir a una tienda de mascotas y comprar alimentos para Junior, el bebé de Eddie. Esperaba que ese fuera el único bicho que trajera a la casa…