¡Hola amigos! ¿Qué tal va todo? Yo estoy feliz de haber llegado a este capítulo porque realmente he disfrutado al escribirlo y, al igual que el anterior, son de mis favoritos junto al siete y ocho por lo que espero también lo disfruten.

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Despertar con Resaca bajo las Estrellas

Que molesto… simplemente no entiendo porque hablan tan fuerte –pensaba Shikamaru medio dormido sin comprender la razón por la cual había tanta gente circulando en las calles frente de su casa. Su habitación era bastante hermética, ni siquiera era capaz de oír los gritos de su madre cuando ésta lo llamaba desde el jardín, y ahora repentinamente era capaz de hasta reconocer las palabras que formaban parte de la conversación de desconocidos en la calle– ¿habré desarrollado cierta sensibilidad auditiva? –se cuestionó moviéndose ligeramente para adoptar una posición más bien fetal, buscando librarse de ese tedioso dolor de cabeza cuando se dio cuenta no de una, sino tres cosas de gran importancia. La primera era que su oído funcionaba con normalidad; la segunda era que había algo que no le permitía moverse con libertad, como si se tratara de un peso sobre su pecho y abdomen, un peso que no solo no era muy pesado sino que además emanaba calor relajante; y la tercera se centraba en ese aroma que tan grácilmente inundaba su olfato, del cual pudo distinguir una sutil esencia de sake el cual le produjo leves náuseas y por el otro lado, un aroma dulce pero no empalagoso, una fragancia característica que ya había percibido con anterioridad– es como shampoo… ¿camelias? –asimiló y luego comenzó a entreabrir con esfuerzo sus perezosos ojos para visualizar de manera borrosa una rubia y desalineada cabellera.

¡Te-Te-Temari! –fue capaz de reconocer estremeciéndose un poco antes de que cualquier sonido pudiese escapar de sus labios. Ante el movimiento la Sabuko No se quejó tenuemente entre sueños, moviéndose con molestia y luego volvió a acomodarse en la posición inicial. Su cabeza reposaba sobre el hombro y parte del torso del Nara y su brazo atravesaba su estómago para tomarlo por la cintura, aferrándose a él como si fuera un animal de felpa que espanta las pesadillas. Pero ¿qué podría recriminar el manipulador de sombras? cuando su brazo estaba colocado estratégicamente en la espalda de la kunoichi, sujetándola contra su cuerpo.

Los nervios y la resaca no son buena combinación –admitió mentalmente temiendo por lo que sucedería cuando ella despertase. Sin embargo, esa punzante e irritante jaqueca no lo dejaba idear ningún salida caballerosa y, como si fuera poco, sentía cansancio en su cuerpo como si necesitara al menos diez horas más de sueño para reponerse– me pregunto qué habrá sucedido anoche… tengo vagas imágenes pero casi no puedo recordar de qué hablamos… si, hablamos de algo –se corrigió y luego recordó el momento en que vió los fuegos artificiales– ¡¿no me digas que hicimos algo…?! –Se apresuró a conjeturar pero al notar que ambos estaban completamente vestidos se relajó por un instante– ¿a quién quiero engañar? Aunque no hayamos hecho nada de seguro me asesinara cuando se despierte… Dios estoy tan cansado… apenas puedo mantener mis ojos abiertos, mejor los cerraré para ver si la falta de luz aplaca mi dolor de cabeza y me permite pensar con claridad –resolvió dispuesto a seguir meditando en busca de una solución diplomática. Sin embargo, antes de poder resistirse y aun con el bullicio de la calle en sus oídos, el sueño lo venció.

Unos veinte minutos más tarde, el sol comenzaba a darle de lleno en el rostro a la rubia quien, muy a su pesar, se vió obligada a abandonar ese sueño inconcluso donde corre por una espiral. La noche anterior el sueño había mutado, siendo capaz de reconocer que la espiral por la que corría eran en realidad las escaleras de una torre apaciblemente iluminada desde el exterior por una tenue luz amarilla. La angustia y desesperación que experimentaba mientras subía apresuradamente estaba directamente relacionada con la frustración de sentir que no avanzaba, que cada paso era inútil y, como si fuera poco, tras de ella se avecinaba una oscuridad tan pura como voraz.

No obstante su malestar, luego de ese sueño había dormido plácidamente y ahora sentía una especie de calidez intermitente sobre su cabeza, como si de un suspiro rítmico se tratara. En ese momento sus parpados de despegaron recibiendo la irritante pero aun así consoladora luz solar, y cegada comenzó a parpadear irregularmente para acostumbrarse al entorno. Un tanto mareada y, sin dejar de sentir curiosidad por ese calor que le cosquilleaba la cabeza, enfoco con dificultad la mirada y entonces lo notó. Estaba abrazando a alguien, sin siquiera detenerse a pensar en la noche anterior levantó la cabeza y observó el somnoliento rostro del Nara respirar con calma sobre ella. El sujeto estaba profunda y cómodamente dormido.

Sin pensarlo dos veces, busco visualmente con ahínco en su entorno hasta que divisó su abanico a través de la habitación– si se atrevió a tocarme –caviló furiosa y luego criticó su propio hilo de reflexión– ¿qué estoy pensando? Shikamaru es un perezoso mal hablado pero jamás se aprovecharía de una mujer, mucho menos si tomo en cuenta ese estúpido discurso sobre la caballerosidad que siempre repite… pero ¿qué tal si él también estaba ebrio? –se cuestionó entrando en pánico nuevamente. No obstante, al mirar su cuerpo cayó en la cuenta de que estaba completamente vestida, hasta sus sandalias calzaba. La situación seguía siendo vergonzosa pero al menos podía estar tranquila que nada extraño había sucedido entre ellos– Por kami-sama ¿por qué bebí tanto anoche? Anoche pasó algo… le dije algo y después me sentí aliviada ante su respuesta… qué le habré… ¡NO, no puede ser! No pude haberle dicho eso. Debo recordar que fue lo que me contestó al menos para así poder deducir que fue lo que le conté –se ordenó a si misma pero solo el sonido de las explosiones propias de los fuegos artificiales le venían a la mente y comenzaba a desesperarse– ¡que frustrante! y para colmo tengo jaqueca –reconoció al sentir una puntada prolongada en los laterales de su cabeza.

Un suspiro se escapó de sus labios mientras elevaba la cabeza por sobre el hombro del Nara para poder ver el reloj que descansaba en la mesita junto a la cama. Al ver la hora que éste marcaba prácticamente saltó del colchón provocando que el Nara gruñera, como si estuviese molesto por la repentina ausencia de la rubia.

-Shikamaru despierta –ordenó ella con voz apacible mientras se dirigía al baño para acomodarse un poco sus deshechas coletas y lavarse la cara. El moreno se revolvió un poco buscando el cuerpo de la Sabuko No con las manos pero esta ya se encontraba frente al espejo– ¡Shikamaru! –repitió como regañando a un niño, antes de ponerle pasta dental a su cepillo de dientes.

Ya había comenzado a cepillarse los dientes cuando frunció el ceño por la tardanza del sujeto, entre el olor a sake, el dolor de cabeza y el hecho de que, de por sí estaban llegando dos horas y media tarde a trabajar, la dama de la Arena no estaba precisamente feliz. Si alguien descubría que el vago había pasado la noche en su cuarto tendría muchas explicaciones que dar y de seguro nadie le creería que solo se quedaron dormidos como un par de alegres borrachos.

-Shikama… –estaba a punto de exclamar por tercera vez pero al voltearse vió al sujeto recostado contra la puerta entreabierta del baño mientras se sostenía la cabeza, claro indicio de su resaca, y bostezaba.

-Te escuché la primera vez –habló él ingresando al baño a paso lento, logrando sonrojar a la dama por el atrevimiento.

-Todavía no terminé –dijo ella sin retroceder ante la cercanía del Nara.

-¿Recién estabas apurada y ahora resulta que te tomas tu tiempo? –Cuestionó molesto ante la contrariedad de la Sabuko No– decídete mujer, además tengo que ir al baño…

-De acuerdo, pero no tardes –respondió sin ánimos de discutir mientras salía del pequeño cuarto, realmente estaba preocupada por la información que podría haber divulgado la noche anterior.

-Hai, hai –soltó el sin motivación alguna y luego de cerrar la puerta procedió a descargar los cinco litros de sake que había acumulado toda la noche. Luego se lavó las manos y la cara y mientras se secaba volvió a dirigirse a ella– nee Temari…

-¿Uh? –masculló ella desde el otro lado de la puerta.

-¿Tú recuerdas lo que pasó anoche? –cuestionó el moreno de manera pensativa.

-Vagamente… ¿hablamos de algo? –preguntó ella aun sabiendo que esa respuesta le traería o un gran alivió o una gran angustia.

-Si… pero no puedo recordarlo –acotó él abriendo la puerta para continuar la conversación frente a frente– y como si no fuera suficiente aún hay algo más extraño…

-¿Y qué es eso? –indagó mientras se dirigía a la puerta para abandonar el hotel. Y, a pesar de estar llegando tarde, no apresuraron el paso.

-Cuando te despertaste no intentaste asesinarme –recalcó él medio en broma medio en serio.

No había motivo, estaba vestida –caviló, pero por supuesto no le daría tal respuesta.

-¿Esa es tu forma de agradecer mi misericordiosa reacción? –indagó ella con un deje de superioridad pero él continuó de manera pícara.

-¿No será que no te incomoda tanto despertar junto a un genio? –supuso él con una sonrisa maliciosa que logró sonrojar a la rubia.

-No abuses de tu suerte, vago –ordenó ella esbozando una expresión de enfado que era opacada por sus mejillas encendidas. El Nara se sonrió levemente pero la rubia retomó el tema nuevamente– Por cierto, sería mejor que nadie se enterara… no es muy conveniente que la gente sepa que la embajadora de Suna se emborrachó y terminó durmiendo con un bebé llorón.

-Mira quien se queja de llorar –retrucó Shikamaru y la conversación se volvió un tanto seria y melancólica. La dama bajó la cabeza y fue entonces que él continuó– ¿por qué llorabas anoche?

-Yo…

-¡Shikamaru, Temari! ¡¿Dónde han estado?! –Cuestionó Sakura interrumpiendo la conversación de manera tajante para informar– ¡Tsunade-sama está por enviar Anbus a buscarlos!

-¿Es necesario que grite tanto? –le preguntó la Sabuko No al Nara mientras se sostenía la cabeza con la mano denotando vestigios de resaca al igual que el moreno.

-Muy necesario –respondió él de manera sarcástica mientras imitaba la posición de la dama de la Arena.

-¿Tanto tomaron anoche? –Inquirió la pelirosa notando el motivo por el cual los shinobis aún no llegaban a trabajar– realmente no parecía… esperen, si parecía. Pero entonces, ¿qué hicieron después de salir del bar? –insinuó de manera ladina la Haruno.

-Nos fuimos a dormir, Sakura… –respondieron los dos al unísono rodeando a la dama de ojos color jade para seguir su camino y presentarse ante la Hokage, esperando que ésta no haya pedido ya sus cabezas. La pelirosa se volteó para ver sus espaldas sin poder retirar esa sonrisa pícara del rostro con forme ambos avanzaban hacia el centro de la aldea.

Una vez que tocaron la puerta del despacho de la Godaime la furiosa voz de la mujer logró estremecerlos– Si se trata de Shikamaru o Temari pase –especificó la rubia haciendo que los jóvenes ninjas tragaran saliva antes de girar el pomo de la puerta.

El Nara, como el caballero que era, se aventuró primero solo en caso de que la ira de la magnate fuera extrema y ni bien abrió la puerta se vió obligado a cerrarla apresuradamente, puesto que la Senju aventó su escritorio completo contra el sujeto.

-Está un poco molesta –soltó con una sonrisa nerviosa hacia la kunoichi quien no podía creer que un Kage perdiera los estribos tan fácilmente.

-¡Shikamaru! Más te vale volver a entrar en éste instante –ordenó la sexagenaria mientras movía los restos de madera de la puerta para que el manipulador de sombras pudiese ingresar.

-Buenos días Tsunade-sama –saludó mientras volvía a ingresar esta vez seguido de la dama de ojos verdosos.

-No me vengas con saludos formales, hace tres horas que ustedes dos deberían estar en la oficina –regañó la mujer duramente y luego argumentó– ¿tienes idea el desastre que puede suceder si le pasa algo a Temari? ¿Cómo le explicaría yo al Kazekage que su hermana ha desaparecido? Se supone que tú eres su acompañante, lo que significa que debes velar por su seguridad y traerla a trabajar a tiempo –recalcó cada vez más enojada.

-Hokage-sama –llamó la dama de la arena buscando heredar la responsabilidad– debo decir que nuestro retraso es enteramente mi culpa.

-¿Cómo dices? –cuestionó sorprendida la Godaime, no era natural en la dama de la Arena el comportarse de manera irresponsable.

-Verá ayer fue mi cumpleaños por lo que terminé trasnochando y esta mañana me fue imposible levantarme, Shikamaru espero fuera de mi dormitorio sin lograr despertarme –mintió descaradamente pero con serio semblante la Sabuko No.

-¿Por qué no ingresaste por su ventana? –cuestionó Tsunade al shinobi quien había entendido a tiempo la decisión de la Sabuko No y, aunque no la compartía, no se le ocurría otra excusa que explicara mejor la razón por la cual ambos estaban retrasados.

-Las trampas que coloca no son el problema, el problema es que si entro por la ventana ella me descuartizará –comentó y esa explicación resultó extrañamente normal y creíble para la Senju, quien también poseía un carácter fuerte.

-Entiendo… bueno, solo me queda decirles que espero que este comportamiento no se vuelva a repetir –comentó mirando fijamente al Nara a quien no había eximido de responsabilidad a pesar de los motivos expuestos por Temari.

El resto de la mañana, Temari se la pasó archivando los decesos ocurridos en el campo de entrenamiento número cuarenta y cuatro y Shikamaru organizando el papeleo correspondiente a la inminente visita de los Kages para observar las finales de los exámenes.

-Solo un grupo de Suna se ha presentado esta vez ¿verdad? –cuestionó el moreno al ver el expediente.

-Sí, en mi aldea hay una brecha muy grande entre los Genin que ya son Chunin gracias a sus habilidades y los Genin que no están listos ni para pasar el examen escrito –explicó mientras un compañero de oficina les servía té y procedía a depositar los pocillos en ambos escritorios.

-Pero ningún sensei vino con ellos –recalcó Shikamaru y luego volvió la vista a la hoja para ver quien había sido designado como Jounin responsable del grupo– ¿Kankuro?

-Son estudiantes de Kankuro pero no nos gusta dejar a Gaara solo, siempre uno de nosotros está con él –comentó de manera sobreprotectora y luego bajó la mirada– desde que Akatsuki logró secuestrarlo Kankuro y yo nos hemos sentido un poco responsables.

-Esa situación fue una excepción, nadie podría dañar a Gaara con facilidad –alentó el manipulador de sombras.

-De cualquier manera no vamos a arriesgarnos. El caso es que como yo tenía que venir de todas maneras le dije que vigilaría a su grupo por él hasta las finales –volvió al tema para no ponerse sentimental frente a sus compañeros de trabajo.

En ese momento la líder del escuadrón de decodificación se detuvo frente a la puerta de la oficina donde los shinobis platicaban, al encontrarse ésta abierta de par en par no fue necesario tocar para ser recibida sino que simplemente anunció de manera nerviosa su llegada– B-Buenos días –saludó finalmente. Por lo general, alguien de su calibre no se rebajaría a actuar como una simple mensajera pero la cosa cambiaba cuando sabía que la receptora del mensaje de seguro estaría con Shikamaru Nara.

-Ah Shiho-chan, ohayo –saludo el tercer shinobi en la habitación.

-Buenos días dijeron los otros dos sin prestarle mucha atención a la rubia despeinada.

La dama ingresó a paso lento a la habitación y, aprovechando que el Nara estaba concentrado en los informes, lo recorrió con la mirada de pies a cabeza. Vaya que estaba loca por el manipulador de sombras, el mero hecho de estar cerca de él la ponía nerviosa y ansiosa al mismo tiempo, como si le costara contenerse y quisiera saltar a sus brazos al instante.

-¿Se te ofrece algo? –cuestionó el ninja de Konoha, siendo el único en notar que la estadía de la mujer se estaba prolongando sin motivo aparente. Ante tal interrogante Shikamaru y Temari apartaron la mirada de sus deberes para concentrarse en la mujer que portaba una carta entre sus manos.

-Le han enviado una carta Temari-san –habló la mujer con la mayor amabilidad que encontró en su ser. La verdad es que la Sabuko No no era precisamente su persona favorita. Si dejamos de lado el hecho de que Shikamaru le dedicaba todo su tiempo ni bien ella pisaba Konoha, Shiho aun tendría motivos para sentirse un poco opacada por la presencia de aquella mujer. Sin embargo ya estaba cansada de la situación, no podía seguir fantaseando como una adolescente, era momento de enfrentar la realidad porque a pesar de tener pocas chances, la kunoichi de la Hoja no se rendiría hasta obtener un contundente "no" por respuesta. Entregó la carta en mano y se volteó para mirar directamente a los ojos al moreno– Shi-Shikamaru-kun –tartamudeó un poco al principio pero rápidamente se compuso– estaba pensando que tal vez… si quisieras podríamos… –pero unas risitas malévolas la obligaron a detenerse para voltear a ver a Temari.

-Oh disculpen –habló la dama de la Arena deteniendo la lectura de la carta que le había enviado una Chunin de Suna– es solo que esta niña es muy graciosa a veces –acotó señalando la carta y refiriéndose a la emisora de la misma.

Shiho se aclaró la garganta y volvió a mirar a Shikamaru para retomar su intensión pero el Nara ya había vuelto a la lectura de su expediente. La mujer consideró que sería una grosería volver a interrumpirlo pero antes de que pudiese mover un musculo para salir de allí el moreno habló.

-¿Hablas de tu futura cuñada? –se inmiscuyó libremente Shikamaru demostrando que podía preguntar por la vida personal de la Jounin con libertad.

-No, se supone que es un informe formal pero lo redacto una de mis viejas alumnas –respondió ella con soltura.

-¿Te refieres de cuando fundaron la escuela ninja en Suna? –Recapituló el Nara y luego acotó– no puedo creer que alguien tan mandona como tú haya podido enseñarles algo.

-¡Oye! también puedo ser amable en ciertas ocasiones –se defendió ella sin un argumento contundente para sostener tal afirmación.

-Pero estoy seguro que esa vez no fue una de esas ocasiones –anticipó el manipulador de sombras levantando la mirada mientras ella despegaba los ojos de la carta para posarlos en el sujeto y entonces un silencio cómplice se hizo presente.

-No, claro que no –confesó mientras las risas de ambos llenaban el despacho– no creo que nunca hayan entrenado tan duro en su vida como cuando yo fui su sensei.

¡Es increíble! –Meditó Shiho molesta, a la par que cerraba el puño con fuerza– esta chica no hace movimiento sin que Shikamaru-kun esté pendiente de ella… y justo ahora que había reunido el valor para invitarlo a salir. Tampoco es que sea muy especial, si es una kunoichi con reputación y es la hermana del Kazekage pero no es precisamente la mujer más bonita o simpática del mundo. De hecho, es bastante aterradora e indisputablemente no sería una buena esposa o madre. Realmente no sé qué es lo que le ve… es como una bruja de viento.

-Ciertamente esto está más animado cuando esos dos trabajan juntos, ¿no crees Shiho-chan? –indagó el shinobi sin malicia alguna, solo quería incorporar a la abatida dama a la conversación.

-Oh es verdad, ibas a decirme algo ¿no, Shiho? –retomó el Nara notando que se había ido de tema.

-No es nada, con permiso –soltó la rubia cabizbaja dejando en claro ante todos que había algo que le molestaba.

-¿Dije algo malo? –le cuestionó Shikamaru al ninja de la Hoja quien se encogió de hombros al no conocer la respuesta.

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Cuando el horario laboral finalizó ambos salieron a paso lento hacia la calle. Sus cuerpos se sentían más pesados que de costumbre y el cansancio estaba marcando su presencia. Un prolongado bostezo fluyó con libertad fuera de los labios del genio de la Hoja.

-Creo que será mejor que descansemos de manera apropiada –soltó la dama deteniéndose por un instante.

-¿Estás segura? ¿No quieres almorzar? –cuestionó puesto que no era común en ella abandonar la rutina con tanta liviandad.

La kunoichi de Suna negó con la cabeza y luego agregó –además me gustaría poder dormir cómodamente en mi cama esta vez –recalcó con un deje de molestia.

-Te recuerdo que marcaste bien tu territorio anoche –habló con doble sentido el manipulador de sombras mientras esbozaba una pícara sonrisa.

-¡No digas esas cosas ni en broma! –amenazó Temari tomando su abanico.

-¡Tranquila mujer! –ordenó el Nara saltando varios metros hacia atrás.

-¡Hump! –Exclamó ella junto a un bufido mientras abandonaba esa posición ofensiva para pararse de manera normal– entonces no me provoques –manifestó como haciendo un puchero y solo entonces el moreno notó que sus mejillas estaban encendidas.

¿Desde cuándo se sonroja por este tipo de comentarios? Por lo general solo se burlaba de mi pero ahora pareciera como si los tomara en serio, casi como si le importara lo que yo dijera –caviló el shinobi mientras volvía caminando hasta donde estaba la dama– ¿o será que yo me estoy haciendo ideas raras porque ahora la veo de otra forma? Mendokusei, todo era más sencillo cuando solo la apreciaba como amiga pero ahora…

-Nee vago –habló ella fijando la vista al cielo y apartando al sujeto de sus pensamientos– otra vez no hay una sola nube en el cielo –acotó de manera pensativa sorprendiendo a su interlocutor.

¿Será que se le están pegando mis mañas? –se preguntó el Nara mientras retiraba de su bolsillo un paquete y procedía a tomar y encender un cigarrillo.

-¿Desde cuándo te interesan esa cosas tan triviales? –cuestionó usando el mismo calificativo que ella solía usar para describir la ociosa actividad del genio de la Hoja.

-Solo me resulta inusual –desvió ella mientras emprendía el viaje hacia su hotel seguida de cerca por el Nara– puedo llegar sola a mi hotel.

-Mi casa esta de camino de todas maneras –argumentó manteniendo el mismo ritmo de ella pero caminando un poco más atrás. Por varios segundos el silencio reinó.

-Odio ese olor –decretó ella sin voltearse refiriéndose al humo del cigarro– es nauseabundo.

-Lo sé, por eso camino detrás de ti –explicó sutilmente sin intención alguna de dejar de fumar.

-Supongo que sigue siendo mejor que el olor a sake –cedió ella de manera jocosa. Lo que esa mañana le había parecido un hecho terrible que terminaría con su vida tal y como la conocía, ahora le causaba gracia, y ese detalle no era ajeno a Shikamaru.

¡Qué mujer más problemática! –Resolvió en silencio ante la evolución en su estado anímico – no es que no me alegre que pueda sobreponerse con tanta facilidad, es decir, estuvo a punto de asesinarme hace dos segundos y ahora hasta se sonríe. No puedo verle la cara pero sé que lo hace, siento su escalofriante sonrisa. Entonces sería lógico preguntar ¿por qué demonios yo también estoy sonriendo como un idiota?

-Bueno… supongo que te veré luego –se despidió al llegar al edificio.

-Sí, pasaré más tarde –comentó él y siguió camino rumbo a su hogar para tomar una merecida siesta.

Temari habrá dormido cinco horas como mucho y luego se despertó con la sensación de haber dormido tres semanas. Estaba tan relajada y llena de energía que no le fue posible esperar por Shikamaru, tenía que salir a ver qué era lo que Konoha tenía para ofrecer. Vagó por las calles un buen rato hasta que vió la florería Yamanaka y al leer el apellido de Ino en la puerta no tuvo más remedio que mirar a través de la vidriera para ver si la rubia se encontraba trabajando. Al notar a la kunoichi de la Arena, la dama de ojos celestes le hizo una señal desde adentro a la visitante soltándole que la esperara. Unos minutos después, la chica había cerrado el local para reunirse con la Sabuko No.

-No hacía falta que cierres por mí –acotó al verla.

-¿De qué estás hablando? Ya es hora de cerrar –señaló la Yamanaka notando que la kunoichi estaba un poco desconcertada.

-Cielos, no miré la hora al salir del hotel –confesó un tanto apenada.

-Vamos a mi casa, no siempre puedo encontrarte sin el molesto de Shikamaru revoloteándote –se mofó jalando sutilmente el brazo de Temari.

-De acuerdo –accedió la rubia de Suna considerando que no tenía nada mejor que hacer. No tardaron mucho en llegar, de hecho arribaron al lugar junto al ocaso y no había nadie en la residencia Yamanaka cuando las kunoichis llegaron.

Ino comenzó a preparar té de inmediato y luego ambas se sentaron en el tapete de la habitación de la rubia para degustar la infusión y disfrutar de la compañía de la otra.

-Está delicioso –felicitó la Sabuko No refiriéndose al té verde.

-Arigato –soltó la menor con una sonrisa en la boca y luego cuestionó abiertamente– siento algo de curiosidad… ¿tienes a alguien especial en Suna además de tus hermanos?

-Es una pregunta extraña –comentó Temari alzando una ceja y luego inquirió– ¿te refieres a un amigo o un estudiante?

-Pensaba más bien en un amor –reveló Ino sin pelos en la lengua provocando que su interlocutora prácticamente se ahogara con el té.

-No, claro que no –respondió un tanto sorprendida por el calibre de la pregunta.

-¿Y en Konoha? –repreguntó hábilmente con una mirada ladina que le informó de inmediato a la dama de la Arena las intenciones de la joven.

-Detente ahí Ino –advirtió tomando su taza para beber otro sorbo y luego agrego– nosotros solo somos amigos.

-Claro que no, él, Chouji y yo somos solo amigos –corrigió la Yamanaka y luego se puso de pie para retirar de armario una caja gigantesca – déjame mostrarte algo –solicitó y comenzó a sacar varios objetos de la caja.

-Son muchas cosas –comentó la Sabuko No.

-La he tenido durante toda mi vida y con el paso de los años se ha ido llenado, son los recuerdos que acumulado junto a Shikamaru y Chouji –explicó y luego le mostró una foto– mira, esa fue la primer indigestión de Chouji, Shikamaru y yo nos quedamos todo el día haciéndole compañía porque no podía salir a jugar y aunque lo regañe bastante la verdad es que me divertí ese día –confesó con una cálida sonrisa de por medio.

-Eran muy pequeños –soltó Temari mirando con detalle los rostros de los tiernos niños.

-Y no nos llevábamos tan bien en ese entonces… la verdad es que en esos días me había comenzado a fijar en Sasuke y ellos opinaban que era una tonta por sentirme atraída hacia alguien como él –relató con un poco de nostalgia y luego agregó– ciertamente tenían razón.

-¡¿Qué dices?! Creí que aún te gustaba Sasuke –acotó la kunoichi de Suna un tanto sorprendida a lo que Ino negó con la cabeza.

-Nunca estuve enamorada de Sasuke, nunca lo conocí hasta ese punto. En esos días solo sentía una atracción física que quería corroborar con su personalidad al conocerlo, pero al poco tiempo Sakura nos vino con la noticia de que ella estaba enamorada de Sasuke. Me paralicé por un segundo y luego pensé que realmente no me gustaba tanto como para romper la amistad que tenía con ella –recapituló sonriéndose ante los motivos que alguna vez le causó mucha angustia– ella era la única amiga mujer que yo tenía después de todo, pero cuando se enteró de mis sentimientos hacia Sasuke se enfadó y decidió que competiría conmigo por él. Yo no tenía ningún interés en eso, sin embargo no estaba dispuesta a retirarme como una cobarde y recuerdo que pensé que sería mejor ser su rival que dejar de tratarnos del todo.

-Entonces comenzaste a competir con ella no por Sasuke, sino por el afán de mantener un vínculo con Sakura…–comprendió la Jounin considerando que la madurez de la Yamanaka no era algo que debía ser tomado a la ligera, incluso en esa tierna edad ella tenía en claro que era lo importante.

-Exacto, así que en realidad nunca he estado enamorada –meditó en voz alta abriéndose por completo frente a la Sabuko No– siempre he soñado con un amor estruendoso pero últimamente he estado buscando algo más… sin embargo, no he tenido suerte hallándolo, quizás solo he buscado en los lugares incorrectos.

-No creo que importe mucho donde lo busques… mientras no averigües que es lo que estás buscando, no serás capaz de encontrarlo –opinó Temari objetivando ese sentimiento que la menor le transmitía.

-Siento que estoy demasiado cansada para emprender ese tipo de búsqueda, así que la he reemplazado por otra que, aunque no me conduzca a ningún lado, al menos me mantiene ocupada –arguyó la dama de ojos celestes con una débil sonrisa en el rostro.

-Pero seguir buscando a ciegas y esperar que mágicamente venga a ti y te salve de tu letargo emocional es lo mismo que esperar que el regalo navideño de este año venga de la mano del mismísimo Santa Claus, cuando el momento llegue no podrás evitar decepcionarte –argumentó Temari preocupada por el daño que su interlocutora pudiese recibir de continuar de esa forma.

-Quizás tengas razón, pero aunque así fuese y quedara en ruinas… incluso eso estaría bien porque serían los cimientos de un cambio interno aún más profundo que de seguro me ayudaran a emprender la verdadera búsqueda de manera más eficiente –detalló dando a conocer que sentía que aún le faltaban madurar ciertos aspectos de sí misma que no lograría pulir sin dolor.

Ceder sus sueños para evitar la tristeza no es algo que este en sus planes. A primera vista no lo parece, pero ella se conoce mejor a si misma de lo que la mayoría llegaremos a conocernos en toda una vida, hasta da un poco de envidia pero me alegro por ella –pensó la Sabuko No terminando su té con calma.

-Eres mucho más fuerte de lo que pareces –alabó la dama de ojos verdosos produciendo un leve rubor en las mejillas de la menor producto del halago.

-Arigato… en todo caso, estas son las cosas que puedo reunir de mis amistades pero estoy segura de que tu relación con Shikamaru produciría cosas más intensas y personales de las que yo guardo aquí –opinó abiertamente y luego detalló– como la flor del desierto que crece en sus tierras.

-Fue un regalo de cumpleaños –argumentó ella sintiéndose un poco apenada por sentir la influencia de Ino sobre sí misma.

-Esa excusa se está volviendo vieja ¿no crees? –Cuestionó implantando una sonrisa ladina en su rostro mientras la Sabuko No comenzaba a ruborizarse– además me gusta ver cómo cambia su humor cuando sabes que vendrás y como sonríe como un idiota cuando va a buscarte a la entrada, fumando apresuradamente para que el olor a tabaco se aleje de él antes de encontrarte… en cierta medida me recuerda a Asuma-sensei en la época en la que salía en secreto con Kurenai.

-No puede suceder Ino –comentó secamente la rubia de la Arena mientras bajaba la mirada para no mostrar abiertamente su tristeza.

-¿Por qué no? –Se atrevió a cuestionar la Yamanaka a pesar de notar que la angustia había invadido la garganta de la mayor– Shikamaru es un buen hombre.

-Lo sé –masculló sin dejar que la melancolía alcanzara a sus palabras.

-Entonces… ¿por qué?...

-Porque al igual que todos yo me caigo y me lastimo pero a diferencia de muchos me levanto y finjo ser fuerte para no sentir el dolor –exclamó interrumpiendo a su interlocutora y dejando en claro que no estaba alardeando sobre su forma de ser, sino que estaba relatando los hechos tal cual eran– pero no por eso dejo de mirar mis limitaciones con rabia, que las ignore no significa que no tengan la capacidad de sofocarme, ellas no desaparecerán.

-Nunca te he visto como alguien que posea limitaciones, siempre te sobrepones a la adversidad –alentó la Yamanaka sorprendida ante la revelación que le era mostrada.

Es porque hasta ahora le he confiado a la parte de mí que es fuerte y despiadada el control de mis emociones –meditó comprendiendo el porqué del desconcierto de la rubia– jamás mostraría mi debilidad mientras esa parte de mi estuviese viva… más bien seguiría con vida aunque la destruyeran porque siempre renacería de los fragmentos rotos. Ahora mismo está estallando para dejarle ver a Ino mi lado sentimental.

-Que no provengan de mí no significa que no las tenga –refutó señalando que no era ella quien generaba las restricciones pero si las cargaba– no voy a pretender enfrente de ti –anticipó dejándole saber a la dama de ojos celestes que a continuación haría una difícil excepción y abriría completamente su corazón ante ella por un breve momento que debería quedar solo entre ellas.

-Dímelo, no lo repetiré –solicitó queriendo conocer las verdaderas emociones que ella le profesaba a su amigo y al mismo tiempo sintiendo curiosidad por esas extrañas circunstancias que Temari llamaba limitaciones.

-No voy a decirte que puedo reponerme a todo percance ni voy a mentirte al afirmar que ellos no me importan porque sí me importan, me importa desde que lo conocí a él –habló de manera incomprensible levantando la mirada para mostrar su angustiados ojos, preocupando de esta manera a Ino que no terminaba de comprender el asunto del todo– es cierto, tienes razón, Shikamaru es alguien especial para mí pero aunque él se sintiera de la misma manera no hay forma de vaya a funcionar.

Estoy segura de que Shikamaru está más que predispuesto a compartir el peso que ella lleva, sea cual sea –especuló Ino sin ser capaz de dilucidar el verdadero problema y como es que ese se vinculaba con el Nara.

-¿Lo dices porque vives en Suna? –atinó a preguntar entre toda la desesperación que veía frente a sus ojos.

-Lo digo porque soy una kunoichi de Suna, soy hija y hermana del cuarto y quinto Kazekage, soy Temari de la Arena con todo lo que eso implica –sentenció con firmeza dando a entender que había una carga más pesada de lo que parecía a primera vista detrás de esos títulos y que ella no estaba dispuesta a soltar.

Consecuentemente a esa platica, la dama de Suna abandonó la residencia Yamanaka con una disculpa de por medio y sin dar mayor explicación. Ino le insistió para que pasara la noche allí o al menos se quedara hasta tranquilizarse pero Temari no podía permanecer ni un segundo más. Apreciaba a la rubia de la Hoja y el intento que ésta había hecho para consolarla aun sin tener conocimientos específicos de la situación. Realmente la consideraba una amiga valiosa a partir de allí, por la empatía que mostraba y la predisposición a auxiliarla. No obstante, la idea de tener que elegir entre explicarse y preocupar más a un a su anfitriona la destrozaba. Solo quería tomar aire a solas sin que eso consternara a la Yamanaka.

-Gomenasai, por favor no te preocupes porque estoy bien –solicitó al salir del hogar de Ino.

-¿Estás segura? –Cuestionó considerando que no era apropiado dejarla ir en ese estado– puedes quedarte si lo deseas.

-Gracias pero realmente estoy bien –mintió queriendo apartar a la Yamanaka de sus problemas.

-De acuerdo pero si cambias de opinión regresa por favor –solicitó la dama de ojos celestes.

-Hai, arigato –se despidió y comenzó a caminar apaciblemente hacia un lugar de Konoha donde nunca había estado antes.

Realmente soy brillante, derrumbarme así en frente de Ino fue la mejor reacción del mundo –se criticó duramente mientras mordía su labio inferior buscando calmarse– ¿dónde quedó el entrenamiento psicológico del que tanto me enorgullecí en su momento? Siempre supe que esto pasaría y hasta ahora solo he corrido y repelido las decisiones que han proyectado en mí en lugar de tomar una decisión definitiva. Pero como hacer algo que podría perjudicar a mis hermanos sin la horrible culpa de saber que podría haberlo evitado. Probablemente, si nunca lo hubiera conocido pensaría igual que Gaara pero eso ya no puede ser, no puedo obedecer sumisamente y acallar mis emociones.

Y antes de darse cuenta estaba parada frente al monumento de los caídos donde junto sus manos y elevó una plegaría al cielo por ellos.

Shikaku-san, por favor cuide de su hijo porque yo no puedo hacerlo –rezó uniendo las palmas de sus manos y agachando la cabeza para luego cerrar los ojos y acallar esas estrepitosas lágrimas que no llegaron a nacer– si me quedo a su lado, solo terminaré dañándolo.

-Con que aquí estás, llevo dos horas buscándote –habló de manera perezosa el Nara mientras se acercaba a ella quien abrió repentinamente los ojos para mirarlo atentamente.

La angustia que atravesaba mi pecho hace un instante se ha incrementado solo por el mero hecho de oír su voz y ahora que lo veo acercarse a paso lento quiero llorar de felicidad solo porque está frente a mí. No es la primera vez que él me genera este tipo de emociones –caviló la Sabuko No sin poder negar por más tiempo lo evidente– este sentimiento tan intenso, se parece a lo que Ino describió antes… ahora lo comprendo esto es lo que llaman enamorarse.

Me gustaría decir que no estoy acostumbrada a sentirme así pero supongo que sería mentira. Hace mucho que comencé a sentirme inusualmente contenta y nerviosa al mismo tiempo frente a ciertos gestos suyos.

-¿Por qué me miras así? ¿Hice algo? –cuestionó Shikamaru ante el ceño fruncido de la dama que se sentía un tanto molesta por las sensaciones que la presencia del sujeto desataba en ella.

-No, nada –soltó ella secamente sin poder ocultar su irritación mientras comenzaba a encaminarse hacia la ciudad.

-¿Es porque tardé en encontrarte? –Insistió el moreno ensañado en querer averiguar el motivo por el cual la Sabuko No estaba de mal humor– cuando me desperté fui directo al hotel pero el administrador dijo que ya habías salido.

Baka, deja de decir esas cosas. Deja de hablar como si te importara mi estado anímico, solo empeoras las cosas –pensó Temari sintiéndose abochornada por la actitud del vago– solo haces que piense que podría…

-Está bien, ya olvídalo –ordenó esperando que el Nara se detuviera pero, en su lugar, el mencionado comenzaba a enfadarse.

Shikamaru la tomó por el brazo y se puso frente a ella a una distancia imprudentemente cerca. La miró a los ojos dejándole ver su irritación y entonces habló– ¿Qué pasó mientras estabas por tu cuenta?

Los ojos de Temari se abrieron de par en par, era casi como si él lo supiera todo, como si hubiese estado ahí pero era imposible. ¿Entonces qué estaba pasando? ¿Tan obvia era que él podía leerla como un libro abierto?

-¡¿Por qué insistes tanto?! –Cuestionó con molestia zafándose de su agarre– debería ser problemático para un vago como tu pensar tanto en algo tan insignificante –aseguró poniendo en manifiesto que ella era consiente de cuan ambivalente era su actitud.

-¡¿Crees que te veo como a una histérica y petulante?!–Indagó él levantando la voz ante la rabia que sentía al ver que ella no era capaz de percatarse con claridad de sus sentimientos, podría ser astuta para reconocer sus pensamientos pero en cuestiones del corazón ella se mostraba completamente distante– ¡Nunca pensaría en tus emociones como algo insignificante, mujer! –exclamó frenéticamente mientras la sorpresa se apoderaba más y más de los verdosos ojos que tenía en frente– no voy a tratarte como si fueras una mujer estúpida porque sé que no lo eres, y por eso sé también que si estás molesta es por algo importante.

-Tienes razón estoy molesta por algo importante –confesó bajando la cabeza para desviar la mirada– pero no quiero hablar de eso ahora.

Shikamaru comprendió, por el semblante en su rostro, que algo realmente andaba muy mal pero presionarla no lo conduciría a ningún lado. Entonces pensó que lo mejor sería hacerla sentir lo suficientemente cómoda como para que ella se serenara y libremente hablara de ello de manera voluntaria. Su mirada estaba clavada en el rostro de la Sabuko No y mientras intentaba idear una forma de hacerla sentir mejor inconscientemente comenzó a querer recordar que era lo que ella le había dicho la noche anterior. Si al menos fuese capaz de recordar sus propias palabras de seguro las de ella serían deducibles pero estaba tan ebrio esa noche que solo recordaba el eco de su propia voz resonando en su pecho.

No obstante ese sentimiento de incertidumbre no lo castigaba, se sentía cálido por dentro al saber que ella aún seguía allí, delante de él. Se autoconvenció de que el recuerdo extraviado llegaría en su momento. Por lo pronto, lo que realmente lo aquejaba era que el rostro de Temari le indicaba que ella se encontraba abatida.

-Vamos –ordenó él comenzando a caminar a paso lento en sentido contrario a donde la dama se dirigía.

-¿Por allí? –indagó ella confundida por el hecho de que el vago se alejaba de Konoha.

-Todos estos días sin nubes han traído algo bueno al final, ven quiero que lo veas –solicitó el con voz calma sin voltearse a ver la kunoichi.

La espalada de Shikamaru nunca le pareció más grande a Temari. Quería perderse completamente en la suave y protectora voz del Nara y dejarse guiar en el profundo y oscuro sendero sin cuestionarse nada más. Con cada paso la ansiedad y la soledad retrocedían un poco más y finalmente ambos olvidaron el malestar que sentían. Ella lo siguió adentrándose en el espeso bosque, mismo que solía atravesar para entrar y salir de Konoha. Allí la noche parecía más intensa y el shinobi no se detuvo hasta topar con un gigantesco y ancestral árbol.

-Es aquí –señaló él con una media sonrisa y entonces comenzaron a trepar el árbol velozmente. Naturalmente el manipulador de sombras llegó primero a la copa del mismo, puesto que ya sabía dónde debía pisar. La dama notó que el rostro de su acompañante se iluminó repentinamente al llegar a la cima, pero no fue sino hasta que ella misma alcanzó ese punto que supo el porqué. Miles de estrellas iluminaban el cielo de nocturno con una claridad que hubiese sido imposible apreciar desde Konoha, la luminosidad era tan grande que podían sentir la inmensidad del universo sobre sus cabezas y entre ellas la brillante luna resplandecía acompañándolos como un igual, sin resaltar estruendosamente de entre las estrellas. Los ojos de ambos se posaron sobre el bellísimo paisaje y por unos momentos lo contemplaron sonriendo.

Vislumbrar un cielo como este desde un mundo tan oscuro hace que me den ganas de llorar de felicidad pero sé que el paisaje no significaría nada si él no estuviera aquí. ¿Cuándo fue que me di cuenta que solo él puedes provocarme este tipo de emociones? –se cuestionó la rubia mirándolo por un instante y ampliando su leve sonrisa.

-Se ven tan nítidamente que pareciera que fueran a caer en cualquier momento –acotó ella refiriéndose a las estrellas como un símbolo de esperanza y no como un deseo inalcanzable.

-Una noche en los que mi madre estaba insoportablemente problemática mi padre me trajo aquí. Yo era pequeño pero nunca lo olvidé y, a pesar de que volví muchas veces a ver las estrellas por mi cuenta, nunca vi un cielo tan hermoso como este –relató con un poco de nostalgia.

-Shikaku era… un gran shinobi pero parece ser que además era un gran padre –halagó ella comparando su infancia con la del manipulador de sombras– cuando yo era pequeña mi padre me dio un kunai y me observó entrenar un día completo, cuando estaba exhausta se acercó a mí y me dijo que no perdería el tiempo conmigo pero que dejaría que me diera cuenta sola, me dio este mismo abanico unos días después y le encomendó a Baki que me enseñara.

-Eso es horrible –opinó él volviendo la vista sobre la dama mientras ésta reía por lo bajo.

-No fue tan malo, de hecho fue muy amable de su parte pasar el día entero mirándome –soltó ella con sarcasmo.

-Darle un kunai a tu hija no me parece la mejor idea, menos si es tan violenta como…

-¡Oye! –se quejó viendo hacia donde iba el comentario y luego rió al decir– teniendo en cuenta que yo le pedí ser una kunoichi en primer lugar fue bastante considerado –soltó sonriéndose ante el recuerdo y obligando al Nara a hacer lo mismo solo por verla alegre nuevamente– gracias vago, hiciste que recordara los traumas de mi niñez.

Ambos rieron un poco luego de eso, dejando que la sonrisa en sus rostros se convirtiera en el vestigio de su charla.

Si no se lo digo ahora probablemente no haya otra oportunidad tan perfecta como esta –consideró él mirándola de reojo– No puedo confiarme en que ella lo descubra por su cuenta, no tendría el mismo significado. Un hombre de verdad no tiene problemas para comunicar este tipo de cosas pero cuando se trata de estos temas, la elocuencia me evade deliberadamente.

-No soy muy bueno para este tipo de cosas, pero si estás triste no puedo evitar intentar algo por más idiota que sea, para que vuelvas a sonreír aterradoramente –recalcó retirando la vista de las estrellas sobre el final de la frase para encontrarse con los enormes ojos verdosos que brillaban por el reflejo del cielo.

-Shikamaru…–murmuró por lo bajo sin poder articular una frase completa.

Cuando me miras así no puedo evitar sentirme segura, como si nada de este mundo pudiese afectarme o dañarme siempre y cuando tú no apartes la mirada –pensó ella mientras se sonrojaba imperceptiblemente– supongo que muy dentro de mí siempre supe bien lo que siento por ti.

-No me digas nada –solicitó él volviendo a desviar la mirada hacia arriba evitando el pudoroso momento y maldiciéndose por comportarse como un niño.

Ella sonrió y luego volvió la vista hacia la inmensidad de la noche para comentar con voz clara esta vez– es asombroso, nunca vi estrellas con la intensidad como para opacar a la luna.

-No la opacan, solo se ponen a su nivel pero la luna sigue gustándome más –admitió él clavando la vista en el satélite natural.

-Pensé que habías dicho que te gustaba venir a ver las estrellas –recalcó ella refiriéndose a la anécdota sobre Shikaku.

-En esa época me gustaban más las estrellas –concordó sin realizar una prudente pausa en su explicación, que bien podría haberle otorgado el tiempo para considerar la magnitud de sus siguientes palabras– pero esa es la perfecta cuarta luna de tu abanico, una que me recuerda a ti incluso cuando no estas –habló con perfecta libertad sin medir sus palabras. No obstante, medio segundo después, las meditó y los nervios acabaron con la calma que se había instalado en él, así que apresurada e inocentemente intentó corregirse a sí mismo mientras confrontaba visualmente a la ruborizada dama que tenía frente a él– etto… lo que quise decir fue que… bueno… mendokusei… yo no…

No obstante, no necesitó seguir buscando las palabras apropiadas para salir de la bochornosa situación puesto que la dama apoyó su mentón sobre el hombro del Nara, recargando todo su cuerpo contra el del sujeto y cerca de su oído cuestionó– dime ¿Qué haré?

-¿Huh? –masculló él sumamente avergonzado por no poder estar a la altura de la situación, se sentía como un chiquillo que no era capaz de enfrentar el castigo por los destrozos que él mismo había causado.

-Quiero quedarme junto a ti… –continuó ella sin despegarse de él quien tragó saliva mientras asimilaba lo mejor que podía la situación. Le costaba aceptar que no se trataba de un sueño sino de la placentera realidad.

¡¿Maldición por qué no puedo dejar estos sentimientos inseguros y comportarme como un hombre?! –se reprochó el Nara mientras sentía las delicadas manos de Temari sobre sus hombros y el aliento de ésta cerca de su cuello– debo concentrarme, está diciéndome algo importante pero mis nervios se amontonan en mi garganta.

-…pero… deberé irme pronto y cuando eso pase… –Continuó ella con suavidad y hasta melancolía–…solo te quedara la flor y la luna para recordarme.

"No dejaré que te alejes de mi" –resonaron en ese mismo momento dentro de él las palabras que Shikamaru mismo había pronunciado la noche anterior. Y sin poder evitarlo, la rodeó con sus brazos aprisionándola aún más contra sí mismo.

-Anoche debiste haber dicho algo parecido –acotó él sin que la dama se moviera o intentara liberarse de su abrazo– porque acabo de recordar que te dije que no dejaría que te alejaras de mí.

-No deberías hacer promesas que no puedes cumplir –manifestó ella respirando profundamente para aplacar su turbulento corazón y llenarse del aroma del Nara.

-¿Qué es lo que está por pasar? –Cuestionó volteando un poco el rostro para mirarla de reojo.

-Poco después de que comience el otoño algo sucederá en Suna –anunció ella de manera misteriosa y Shikamaru comprendió de inmediato que eso era lo que aquejaba a la Sabuko No.

-¿Te digo algo?, la naturaleza de las promesas dicta que estas deben en mantenerse inmune al cambio y cumplirse a pesar de las circunstancias –habló con suavidad como si le estuviera contando un secreto sumamente valioso. Ella separó el rostro del hombro del sujeto para mirarlo fijamente a los ojos desde una distancia donde sus alientos lograban entremezclarse y entonces él continuó– así que sin importar lo que ocurra, deberé mantener mi palabra.

El rubor de sus mejillas ya no era un secreto para el otro, sus rostros comenzaron a romper esa ínfima distancia que los separaba para que sus labios se rozaran con calma y suavidad. Eventualmente, comenzaron a ejercer un poco más de presión para saborear la cavidad del otro, la humedad y calidez de sus lenguas exploraron sin restricciones el territorio ajeno y sus labios solo se separaron una vez que el aire en sus pulmones se agotó. No es que importe en verdad pero, mientras el beso de Temari sabía a té verde, en el de Shikamaru aún se podían encontrar huellas de tabaco.

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Sé que está mal que yo lo diga pero me gustó como quedó.

P.D.: Sé que dije que esta semana que pasó iba a actualizar el Juego del Diablo, no es culpa de Arika simplemente no llegué con los tiempos y terminé enviándole el capítulo anoche. Ahora ella ya tiene la copia así que seguramente actualizará pronto. Saluditos~

Reviews

bd: no llores querida, mira ya pasó la semana y vino la actualización :D lo que dijo Temari volverá tergiversado, por ahora al menos ya viste que le dijo Shikamaru. Nos vemos el siguiente sábado :D

kiops: el fic o el cap? o.O qué te gustaría cambiar?

fruit993: Me alegra que te guste, me dan ganas de escribir más ^^ Las actualizaciones son los sábados, saluditos.

j: actualizo solo los sábados porque necesito tiempo para ir escribiendo, en realidad ya tengo terminado hasta el capítulo trece pero sé que más adelante la universidad me absolverá la vida y no tendré tanto tiempo, por lo cual debo reservar unos capítulos para poder mantener la regularidad en las actualizaciones, espero esto no te moleste y gracias por tu apoyo, me alegra que te guste ^^

Mitchel0420: que bueno que te guste porque el orden de los sucesos es la gracia de este fic. Básicamente, la historia esta al revés... esto se entenderá más adelante. Gracias por tomarte la molestia de comentar! saluditos ^^