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Gratitude
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Cuando iba de camino al gremio, los globos de colores, variedades de chocolates y pasteles, carteles coloridos que aun no podía leer, todo eso obtuvo su total atención. Después de todo, siempre había sido muy curiosa.
Ella permanecía en medio de los dos adultos que tomaban de sus manos. Acostumbraban a columpiarla durante el camino para hacerla sonreír hasta que llegaban al gremio.
Era pequeña y muy inteligente. Perder de vista a sus padres era lo esencial para su plan. Una vez en el gremio, pretendió ir en busca de sus compañeros de juegos, pero se dirigió a otro lugar. No sin antes llevar a alguien que pudiera ayudarla a conseguir los libros de la estantería, y quien más que un gato con alas.
— Happy — susurró con su dulce vocecita, escondiéndose detrás de un muro. El felino charlaba animadamente con Charle —. ¡Happy! — insistió y consiguió su atención.
El exceed voló hacia ella y la miró curioso. Esa pequeña maga de cinco años era una completa pesadilla. Adorable, pero terriblemente traviesa.
— ¿Por qué te ocultas, Natsumi?
— Necesito tu ayuda — mencionó con ternura. Esos tiernos ojos siempre tramaban algo.
— La última vez que te ayude, Lucy casi me arranca las alas. No quiero.
— Por favor, Happy. Solo quiero un libro de la biblioteca.
Un libro no era tanto problema. Aunque siempre que se involucraba en las travesuras de Natsumi, terminaba herido o con golpes causados por Lucy. Esa niña tenía el poder mágico mezclado por dos increíbles magos. Sin embargo, aun no podía utilizar correctamente su magia, ya que era muy inestable. Solo necesitaba un correcto entrenamiento, pero Natsu se negó a permitirlo.
Era irónico que el mago que siempre hablaba de entrenamientos, se negara a que su hija lo hiciera; según él, era muy pequeña aún. Era un padre que vivía con temor a que su princesa se lastimara. La protegía demasiado, al igual que lo hacía con Lucy. Ellas dos lo eran todo para él.
La biblioteca era enorme y su pequeño cuerpo sería incapaz de alcanzar esos libros, a menos que utilizara la escalera, aunque Happy no lo consentiría. Podría hacerse daño.
No había nadie en el lugar y eso hacia todo más fácil. Buscaron en la guía algún título que pudiera ser útil y lo encontraron. Como era de esperarse, se encontraba en uno de los estantes más altos.
— ¡Happy, apresúrate! — gritó la pequeña al felino que se mantenía en el aire, buscando aquel dichoso libro.
Cuando al final lo encontró, tiró de él, creyendo que era liviano como aparentaba. Una terrible equivocación. Al tratar de sacarlo a la fuerza entre los otros, los demás libros dejaron su lugar, cayendo en picada hacia la pequeña. Happy no era lo suficientemente rápido para llegar a ella. El pánico lo inundó y aún así intento alcanzarla.
Natsumi sabía que debía correr, pero sus piernas se paralizaron del miedo. Todos esos libros caerían sobre ella y le dolería mucho. Pero antes de que pudiera parpadear, un fuerte y protector hombre la tomó en brazos antes de que los libros los aplastara a ambos y se dejo caer de espaldas para no aplastar a la niña. Todo ocurrió tan rápido.
El sonido de los libros golpeando el suelo no eran más fuertes que los latidos de su corazón. Natsu dejó caer su cabeza hacia atrás, al mismo tiempo que soltaba el aire que retuvo al ver a su hija en peligro. Sentía que le faltaba el aire y respiraba con la boca abierta. Hacía tiempo que no se asustaba de esa manera. Por Mavis, casi se le salió el alma.
Aún sobre el suelo, levanto la cabeza para poder ver a su niña que sostenía contra su pecho. Cuando ella lo vio y reconoció, sus ojitos cafés se llenaron de lágrimas y él estuvo a punto de llorar también.
Dios, ser padre sí que era difícil. Hermoso, pero difícil.
Se puso de pie aún con Natsumi en brazos y suspiró nuevamente aliviado de haber llegado a tiempo. Happy también tenía lágrimas en los ojos.
— Lo siento, Natsu.
Evito alzar la voz, pero realmente estaba molesto con ambos.
— ¿En que estaban pensando?
— Quería un libro — respondió la pequeña con voz quebrada, frotando sus ojos.
— ¿Un libro? — frunció el ceño —. Puedes pedirle uno a mamá.
— ¡No! Es una sorpresa.
Bien, Natsu no estaba entendiendo muy bien.
— ¿Qué tipo de libro, Natsumi?
— Si te lo digo ya no será una sorpresa.
Evito sonreír. Oh, su pequeña siempre tan linda.
— Puedes contarle a papá — le dijo — A mí también me gustan las sorpresas.
Ella lo miró con esos ojos cafés que había heredado de Lucy y él le apartó un mechón rosado de su rostro. Natsumi era su viva imagen. Excepto por los ojos y piel. Ella era tan blanca como la misma nieve y mejillas sonrojadas.
— Quiero hornear un pastel para mamá — admitió al fin, sorprendiendo al mago.
— ¿Por qué quieres hacer eso? — preguntó curioso.
— Quiero que sepa cuanto la quiero — respondió contenta.
— ¿En serio? ¿Y cuanto la quieres?
Ella extendió los brazos y exclamó:
— ¡Así! ¡Tan grande como un pastel de chocolate!
Natsu rió enternecido.
— Me agrada la idea, ¿Qué te parece si te ayudo? — obviamente no la dejaría sola en una cocina, ni mucho menos utilizar el horno.
— ¿También quieres a mamá tanto como yo? — preguntó. Su ternura e inocencia lo iban a matar algún día.
— Si.
— ¿Tan grande como un pastel de chocolate?
— La quiero más que eso, pequeña.
Ella sonrió y pidió que la dejara en el suelo. Le dio una mirada rápida a Happy y él exceed entendió. Todo sería un secreto para Lucy.
Natsumi sujetó su mano y tiró de él.
— Vamos, papá.
Subieron las escaleras de la biblioteca y el incidente ya estaba olvidado. Había nuevos planes y según Natsumi, todo debía ser secreto, como ninjas.
Al subir de nuevo al gremio, lo primero que se encontraron fue a una furiosa Lucy.
— ¿En donde estaban? — exigió una respuesta.
— Umm… Natsumi quería leer un libro —respondió el mago de fuego.
La rubia bajo la mirada para mirar a la pelirrosa y se inclinó para poder hablar a su estatura.
— Ya tienes suficientes libros en casa, cariño — le dijo —, no puedes escabullirte por el gremio sin decirnos antes.
— Lo siento — se disculpó con expresión triste, pero a los pocos segundos se animó de nuevo — ¿Papá y yo podemos ir al parque a jugar?
— Puedes jugar en el gremio, Natsumi — le contestó.
— El parque es más divertido — insistió Natsu.
Lucy se mantuvo en silencio y los miró a ambos con sospecha. Se cruzo de brazos y sonrió levemente, asintiendo para sí misma.
— Están tramando algo, ¿no es así?
Ambos pelirrosas negaron con la cabeza.
— Solo quiero jugar con papá — dijo la pequeña —. ¿Por favor?
¿Cómo decir que no a esa adorable mirada?
— De acuerdo — aceptó y se dirigió hacia Natsu —, pero quiero que…
— Si, si, voy a cuidarla. ¿Crees que dejaría que se hiciera daño?
Lucy sonrió.
— Iba a decir que no seas tan protector y no la sigas a todas partes como la última vez — advirtió —, incluyendo los juegos para niños.
Él miró a su mujer como si no pudiera creer lo que estaba diciendo. Se inclinó, tomó a su hija delicadamente como si fuera una muñeca y la mostró a Lucy.
— Quiero que mires bien a mi hija, Luce — la rubia los miró divertida —. Esta pequeña dragona puede hacerse daño. Y si ella sufre, yo sufro. Todos sufrimos.
Una carcajada resonó a varias mesas alejadas. No era nadie más que Gray, quien también cuidaba a una pequeña.
— Te has vuelto un completo perdedor, cabeza de flama.
— No quiero escuchar eso de quien usa vestidos feos para jugar con la princesa de hielo — se defendió.
— ¡Hey! ¡No te metas con mi niña!
Que alguien salvara a los miembros del gremio porque los padres de la tercera generación eran todos unos completos perdedores. Si comenzaba una discusión, el plan de Natsumi se arruinaría y estaría triste. Y eso no ocurriría.
— ¿Podemos irnos, mami?
Al ver la aprobación, salieron del gremio rápidamente. En el camino por el bosque para llegar a casa, Natsu susurró varias palabras a Happy (que también los siguió), pero Natsumi no pudo escuchar nada más y vio al gato azul irse volando.
Una vez allí, buscaron los ingredientes que, según Natsu, eran los indicados para prepara un pastel de chocolate. En pocas palabras, hicieron un desastre. Un día típico en la familia Dragneel.
Una vez listo, lo dejaron en el horno y solo les quedaba esperar, así que jugaron un poco en la sala. Lucy llegaría en cualquier momento. Comenzaba a hacerse tarde y tenían que preparar la cena.
Happy volvió un poco después y evito decir algo acerca del desastre en la cocina. Se acercó a su compañero e indico que todo estaba hecho.
— ¿En dónde está? — le susurró al exceed.
— Lo deje en el horno. La alarma va a sonar en unos segundos.
Y así fue.
Natsumi gritó emocionada porque el pastel estaba listo y fue de vuelta a la cocina. Su padre lo sacó con cuidado y lo llevo a la mesa. Lucía delicioso y perfecto. Mamá iba a adorarlo.
Cuando Lucy llegó a casa, pensó que estaría vacía. Realmente se sorprendió al ver a sus dos pelirrosas con sonrisas traviesas. Ella tenía dos niños en casa, tres contando a Happy.
— ¿Qué fue lo que hicieron ahora?
— ¡Mira, mami! — Exclamó la pequeña, señalando al pastel frente a ella — Es para ti.
La maga celestial siguió sus movimientos con la mirada y, al ver aquel regalo, sintió que la felicidad la inundaba. Se llevó las manos al pecho y se acercó para mirarlo de cerca.
— ¿Para mí?
— ¡Sí! Papá y yo lo hicimos.
— ¡¿Q-Que ustedes qué?! — miró alarmada a su alrededor y se desconcertó al ver todo en su lugar. Nada de fuego o cosas cayéndose.
— ¿Te gusta? — preguntó Natsumi, ignorando la reacción de la rubia.
Lucy suspiró y sonrió, plantando un beso en la mejilla de su hija.
— Me encanta, cariño, luce delicioso.
Como era normal en los niños, la pelirrosa perdió el interés y decidió molestar a Happy. Era un huracán andante.
Una vez a ''solas'', era momento para las respuestas.
— ¿Cómo…?
— Hice que Happy lo comprara. Sé que tengo prohibido tocar cualquier cosa de la cocina.
— Bien hecho — dijo, y después observó jugar a su hija — ¿Por qué te pidió hacer esto?
— Quería demostrar cuando te quiere.
Lucy rió.
— Es tan dulce, tierna, y aunque tiene tus genes destructivos, es tan hermoso verla crecer.
Natsu también fijo la mirada en su hija y no pudo estar más de acuerdo. Habían pasado tantas cosas para llegar a este momento tan especial. Atesoraba cada uno de ellos, porque todos eran importantes para él, por más pequeños que fueran.
Abrazó a Lucy por detrás, rodeándole la cintura con los brazos y apoyo la barbilla en su hombro.
— Gracias, Luce — le susurró.
Ella giró un poco la cabeza para mirarlo.
— ¿Por qué?
— Por darme una familia.
Y una oportunidad para ser feliz.
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