NUEVE
Victor, el Victor Nikiforov de carne y hueso está patinando frente a él y Yuri Katsuki, quien está celebrando el día de su cumpleaños número nueve al lado de su madre y la maestra Minako quienes lo han llevado a Tokio a presenciar la final del Grand Prix junior de aquel año, no puede creer del todo que Victor sea real por fin.
Los labios de Yuri están curvados en una suave sonrisa nerviosa mientras sus ojos no dejan de seguir al muchacho ruso quien justo ahora, está presentando su rutina del programa libre, un programa hermoso y difícil que Yuri sabe, no puede obtener más que una medalla de oro. Los ojos marrones del pequeño siguen a Victor a donde quiera que va, lo miran elevarse en giros perfectos, lo miran deslizándose por el hielo como si Victor fuera un hada cuyo encanto le permite patinar sin caerse.
El corazón de Yuri late con fuerza y cada latido envía destellos de felicidad por todo su cuerpo porque su ídolo está ahí, su ídolo de verdad existe y aquel día es sin duda el mejor cumpleaños que ha tenido hasta ese momento. Yuri sonríe y no puede evitar aplaudir como loco cuando Victor aterriza un perfecto triple Axel. Su madre y la maestra Minako se sonríen de forma cómplice al ver la felicidad de Yuri cuyos ojos parecen llenos de estrellas, tal es el brillo que los llena ahora.
—Vaya, tu favorito es bueno, Yuri…—dice la maestra Minako con una sonrisa feliz que hace sonreír a Yuri también.
— ¡Es perfecto! — dice el niño con adoración—. Es perfecto maestra Minako, es hermoso…
— No más que tú, pero sí, es bueno…— dice la profesora riendo alegremente del gesto de desconcierto de Yuri—. Y no me mires así, tú también eres guapo, te apuesto un tazón de Katsudon a que Victor te dirá lo mismo cuando te vea…
—Falta mucho para eso…— dice Yuri con las mejillas sonrojadas ante la sola idea de que Victor pueda mirarlo.
Porque no, aún es demasiado pronto para que Victor lo mire. Yuri quiere que cuando Victor lo mire él sea un patinador digno de su mirada. Porque Yuri está seguro de que lo hará mientras patina y no antes. Para que Victor lo mire Yuri tiene todavía que mejorar mil veces y sobre todo, el corazón del pequeño cree que el solo hecho de estar frente a Victor aquella noche es ya demasiado hermoso como para siquiera desear más.
— ¿Ah sí? Pues según mis cálculos, falta menos de una hora para que puedas conocerlo por fin— dice la maestra Minako y Yuri siente que algo en su interior se congela y salta de emoción al mismo tiempo con las palabras que la profesora ha pronunciado—. Iremos a verlo después de la premiación…
— ¿Es en serio, Minako? — dice la madre de Yuri con una mirada tan sorprendida como la que hay en los ojos de su hijo quien se sujeta a su mano y la aprieta fuerte en aquel justo instante.
—Es en serio, conozco a su entrenador— dice la profesora de ballet sin darle demasiada importancia al asunto—. La esposa de Yakov Feltsman, Lilia Baranovskaya era una de mis compañeras en el ballet Bolshói. Fue ella la que me heredó su lugar como primera bailarina y desde entonces hemos estado en contacto. Ayer hablé con ella, ella habló con Yakov y aunque Feltsman es un viejo cascarrabias me dijo que podía presentarle a su patinador a Yuri, así que eso es todo. Vamos a conocer a Victor hoy, ¿estás emocionado, Yuri?
Los ojos de Yuri se abren de par en par y su pequeño corazón empieza a latir con prisa, con fuerza, como si fuera un tambor de guerra a punto de estallar de pura emoción. Va a conocer a Victor, Victor va a sonreírle o va a burlarse de él por admirarlo o… ¿qué sucederá? ¿qué demonios va a decirle? ¿Victor hablará con él en inglés? Las clases han sido duras pero Yuri ya domina el idioma y ahora agradece haberle puesto atención al profesor pero ¿y si se pone demasiado nervioso y se olvida de todo? ¿Y si Victor decide que no quiere conocer a un niño del montón como él? ¿Y si todo sale mal y Victor lo hace sentirse triste? ¿Y si Victor no es un súper héroe amable como el que Yuri ha imaginado desde la primera vez que lo miró?
El aplauso atronador que indica el final de la rutina perfecta de quien sin duda será el nuevo campeón junior del Grand Prix, se deja escuchar en el centro deportivo. Yuri aplaude también y traga saliva porque Victor es el último patinador en presentarse. Yuri empieza a sentirse nervioso de verdad, está tan inquieto que por poco se olvida de lanzar al hielo el regalo que ha traído para Victor, un pequeño peluche con la forma de un caniche como Maccachin y como Vicchan, un peluche que rápidamente se pierde entre los demás que el público ha lanzado y cuando Yuri está a punto de pensar que fue una tontería regalarle algo a Victor de ese modo, el muchacho ruso se acerca a la figura que Yuri lanzó y con una sonrisa dulce en su delicado rostro de ojos azules lo levanta y lo pega a su pecho agradeciéndole a la multitud.
Es entonces cuando Yuri piensa que aquel de verdad será un cumpleaños inolvidable: porque Victor sostiene el regalo que hizo para él entre sus brazos y Yuri está a punto de conocerlo, de verdad está a punto de conocerlo.
— ¡Mamá, le gustó mi regalo! — dice Yuri con una sonrisa brillante que hace que Hiroko tenga ganas de sonreír la vida entera— ¡De verdad le gustó! ¡Yo lo hice, yo lo hice para él y le ha gustado!
Hiroko asiente a las palabras de su hijo y éste la abraza con fuerza. La madre de Yuri intercambia una mirada con Minako quien siempre se siente completamente dichosa cuando lo ojos de Yuri brillan con felicidad como en aquel momento. De verdad es lindo ser parte del camino de Yuri, piensa la maestra de ballet sin dejar de sonreír, de verdad es hermoso poder hacer que alguien a quien amas con todo el corazón cumpla hasta el más pequeño de los sueños que pueda llegar a tener.
La premiación de los campeones junior pasa para Yuri como un borrón de tiempo. Evidentemente, Yuri grita con las demás personas del recinto cuando la medalla dorada cuelga del cuello de Victor pero su corazón sigue sintiéndose nervioso porque nunca, ni siquiera cuando le informaron que empezaría a entrenar en un centro de alto rendimiento en la capital bajo las visorias de Celestino Cialdini, uno de los entrenadores más importantes del mundo en el deporte, se sintió tan cerca de lograr un sueño.
Y eso es lo que pasa, Yuri comprende de pronto que está a pocos minutos de hacer realidad un sueño mil veces soñado, un sueño que hasta hacía unos días parecía imposible de lograr. Pero la ceremonia de premiación ya ha terminado y Minako toma a Yuri de la mano para llevarlo a los vestidores del equipo ruso de patinaje artístico y Yuri no sabe qué hacer. Siente que su corazón estallará. Siente la imperiosa necesidad de salir corriendo y volver a casa porque el miedo amenaza con hacerlo congelarse pero no, no quiere irse.
Una mirada determinada aparece en los ojos marrones de Yuri, el niño ha decidido que pase lo que pase vivirá este momento. Es su cumpleaños después de todo y mamá siempre ha dicho que cosas mágicas pasan en los cumpleaños. Por eso decide vencer al miedo una vez más, su doctor siempre le dice que puede hacerlo y claro que podrá hacerlo en aquella ocasión también.
Porque Minako está tocando ya a la puerta de uno de los vestidores del centro deportivo, y la puerta se ha abierto y por ella aparece el rostro serio y algo enfurruñado del hombre que Yuri conoce ya con el nombre de Yakov Feltsman, el entrenador de Victor Nikiforov en persona.
—No has cambiado nada, Minako— dice el entrenador ruso con una sonrisa amable que luce algo extraña en él—. Lilia me dijo que te enviara sus más cordiales saludos y que espera que la visites cuando vayas a Rusia…
—Gracias Yakov, dile que iré a verlos pronto a Rusia cuando mi pequeño campeón empiece a competir en las ligas mayores— dice Minako señalando a Yuri con un sonrisa—. Yuri es un campeón en ciernes ¿verdad Yuri?
Los ojos del entrenador ruso se quedan quietos en Yuri. Yakov Feltsman sonríe con alegría al ver la mirada determinada del pequeño niño japonés y piensa que quizá Minako tenga razón porque aquel chiquillo de ojos marrones tiene en esa mirada la llama ardiente de un hombre que no descansará hasta lograr cumplir todos sus sueños, la misma llama que arde en los ojos de su patinador.
—Bueno, seguro que nos encontraremos contigo en el futuro, Yuri— dice el entrenador con una sonrisa serena—. Vitya ya ha terminado de cambiarse, pasen y hablen con él un momento. Lamento que no podamos quedarnos a cenar con ustedes pero debemos tomar el vuelo más próximo a San Petersburgo, el campeonato nacional de Rusia será en dos semanas…
—No es problema, solo queremos saludar a Victor, dicen que es una buena inspiración para los patinadores jóvenes…
Yakov acepta el cumplido de la maestra Minako acerca de su patinador y sin esperar más abre la puerta por fin, haciendo que el corazón de Yuri quien ha permanecido bastante silencioso al lado de los adultos, se salte uno de sus latidos. Y los pies del pequeño niño se mueven al interior de la habitación donde una de las sonrisas más bellas del mundo, esa sonrisa en forma de corazón que siempre llena del luz su habitación le da la bienvenida a Yuri quien no puede evitar sonrojarse de forma violenta cuando los ojos azules de Victor se posan en él y solo en él.
En el futuro, Yuri pensará que aquellos ojos se quedaron a vivir en su alma desde aquel instante pero en ese justo momento el chico Katsuki sonríe de forma automática porque Victor está ahí, Victor está sonriéndole y esa sonrisa es aún más perfecta que la que se dibuja en todos los posters que tiene colgados en su habitación.
—No me dijiste que el futuro campeón japonés de patinaje artístico era así de lindo, Yakov— dice Victor mientras se levanta del pequeño sillón en el que ha estado sentado y se para delante de Yuri sin dejar de sonreírle—. Hola Yuri, me llamo Victor Nikiforov, gracias por apoyarme el día de hoy ¿Te gustó mi rutina? Pensaba saltar un montón de cuádruples pero Yakov no me dejó ¿verdad qué es injusto? Yakov dice que tú también patinas ¿es verdad?
Yuri asiente y Victor Nikiforov revuelve su cabello antes de tomar su mano para llevarlo a sentarse con él sobre el sillón en el que había estado sentado antes. Victor sigue hablando, le dice que Japón le ha gustado mucho. Le dice que es genial tener fans por todo el mundo y Yuri lo escucha, lo escucha todo de forma detenida porque Victor Nikiforov no ha soltado su mano y Yuri descubre que podría escucharlo hablar por siempre sin aburrirse y sus mejillas vuelven a sonrojarse con fuerza.
Es en ese momento cuando Yuri se da cuenta de que la figura de peluche de Maccachin que él y Hiroko confeccionaron para Victor está guardada ya en la mochila de su ídolo y los ojos de Yuri se llenan de un brillo feliz porque Victor Nikiforov ha guardado aquel regalo en un lugar especial, Victor no ha tirado su regalo a la basura.
— ¿Te gustan los caniches? — dice Victor siguiendo la mirada del pequeño niño cuyas mejillas sonrojadas le provocan al chico ruso una calidez especial en el corazón—. Yo tengo uno, se llama Maccachin…
—Yo también tengo uno…— dice Yuri armándose de valor y Victor sonríe al escuchar las palabras del que sin duda es su fan número uno en el mundo—. Me alegra que te haya gustado el regalo que hice para ti…
— ¿Tú lo hiciste? ¡Wow! ¡Qué sorpresa! — dice Victor y toma la pequeña figura de peluche entre sus manos sonriendo alegremente sin poder evitarlo—. No puedo creer que el futuro campeón de Japón me haya dado un regalo así. Lo cuidaré siempre, Yuri, pero debes prometerme algo ¿está bien?
— ¿Qué cosa? — pregunta Yuri sintiendo que puede prometerle lo que sea a Victor con tal de que siga sonriéndole del modo en el que lo hace en aquel justo instante.
—No dejes de trabajar por tu sueño, hazle caso a tu entrenador— dice Victor y Yakov Feltsman suelta un resoplido al pensar que Victor jamás le hace caso a él—. Quiero competir contigo algún día ¿está bien? Nos veremos en la pista de hielo otra vez ¿qué opinas?
Yuri asiente enérgicamente a las palabras de Victor y el muchacho ruso extiende su mano hacia él. Yuri la toma sintiendo que su corazón estallará de felicidad porque Victor es amable, Victor es dulce, Victor es todo lo que él había imaginado y aún más. Y como si no fuera suficiente, Victor dice que quiere tomarse una foto a su lado y Yuri siente que vuela cuando los brazos de Victor lo rodean mientras la maestra Minako toma la que sin duda alguna será la fotografía favorita de Yuri por toda la eternidad.
—Gracias por animarme— dice Victor y Yuri siente que su encuentro ha durado demasiado poco pero todo ha sido tan hermoso que Yuri decide no sentirse triste al decir adiós.
Él está seguro de que volverá a ver a Victor de nuevo, él está seguro de que algún día se encontrará con Victor en el hielo, el hielo siempre los unirá.
—Gracias por ser mi mejor regalo de cumpleaños…— dice Yuri con las mejillas llenas de rubor pero tenía que decirlo. De verdad tenía que decirle a Victor de su felicidad.
— ¡Es tu cumpleaños! ¡Y no tengo un regalo para ti! — dice Victor y el muchacho empieza a buscar en su maleta como si alguna de sus cosas pudiera ser un buen regalo para su pequeño admirador.
Y Yuri lo mira hacer aquello, Yuri quiere decirle que no es necesario darle regalo alguno porque Yuri es demasiado feliz ahora, tan feliz que está seguro de que por la noche no podrá dormir pero esta vez no lo hará por miedo sino porque estará demasiado dichoso como para querer soñar.
— ¡Lo tengo! — dice Victor de pronto y sin pensarlo más, desata la cinta color azul que estaba enredada en su cabello y con una maestría perfecta la enreda en la mano de Yuri quien siente un deseo profundo de abrazar a Victor Nikiforov y no volver a soltarlo nunca— ¡Feliz cumpleaños Yuri! — agrega el muchacho y como si hubiera leído el deseo de Yuri, Victor lo abraza con fuerza y Yuri siente que morirá de felicidad, Yuri siente que saldrá volando por la ventana de un momento a otro.
—Gracias…— dice el pequeño y se aferra a Victor con fuerza porque sabe que tendrán que pasar muchos días, años quizá, para poder volver a estar frente a él.
—La próxima vez que te vea, te daré un regalo mejor ¿está bien? — dice Victor con una sonrisa cálida—. El que gane, le invitará un helado al otro ¿trato?
— ¡Trato! — dice Yuri con confianza.
Victor ríe y vuelve a decirle a Yuri que es muy lindo y entonces el momento de decir adiós llega y Yuri no se siente preparado para decir adiós. Sin embargo, Victor sigue sonriendo y agitando su mano hacia él mientras Yuri y la maestra Minako salen del vestidor bajo la atenta mirada del campeón de los ojos azules quien sigue apretando el caniche de felpa contra el lugar justo bajo el que late su corazón.
— ¿Crees que vuelva a verlo de nuevo? — dice Victor sin saber muy bien por qué, mientras la imagen de Yuri termina por perderse en la distancia.
—Minako dice que su Yuri es bueno, y si ella lo dice debe ser así. En tres años más el chico estará listo para competir a nivel junior y después, si de verdad tiene talento, dará el salto a la división en la que tú te encontrarás por muchos años— refunfuña Yakov de forma distraída.
—Yuri… ¿sabes qué significa esa palabra? — pregunta Victor abrazándose con más fuerza al caniche de peluche.
—Es una flor, un lirio…— contesta Yakov sin darse cuenta de la sonrisa dulce que hay los labios de su patinador—. Bien Vitya, ya perdimos demasiado tiempo, nos vamos en cinco minutos…
—Una flor, claro…— dice Victor volviendo a sonreír—. Yakov ¿Hay lirios en Rusia?
Yakov gruñe por toda respuesta y Victor suspira sintiendo que una parte de su corazón se quedará en Japón de forma irremediable. El muchacho no lo entiende del todo pero la sonrisa de Yuri Katsuki es una de las cosas más hermosas que ha visto en la vida y el chico se pregunta si acaso ellos dos podrán ser amigos algún día, es decir, mientras estaba hablando con Yuri, Victor sintió que había un lazo entre los dos, un lazo que no tenía una explicación lógica, un lazo que seguramente estaba ligando su corazón al del niño japonés. Y es que Victor siempre ha tenido una vida solitaria, la gente lo admira alrededor del mundo pero él no tiene una familia que se interese de verdad por él, y los demás patinadores rusos lo envidian y le temen demasiado como para poder ser amigo de alguno de ellos.
—Yuri…— dice Victor una vez más como si el nombre de su fan número uno fuera un encantamiento que lo protegerá de todo.
Victor sonríe una vez más y echándose su mochila al hombro sale detrás de Yakov quien ya empieza a caminar con rumbo a la salida el lugar, y Victor escucha la voz de su entrenador hablando de sus rutinas y sus horarios de entrenamiento mientras la mente de Victor divaga en diversas direcciones porque en el corazón del joven campeón de patinaje artístico, el recuerdo de la sonrisa alegre de aquel niño de nueve años que alegró su alma aquella tarde, sigue acompañándolo y él está seguro de que lo seguirá haciendo hasta que los dos puedan encontrarse otra vez…
