Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, es propiedad de Stephenie Meyer. Escribo fics sin ánimo de lucro.
¡Hola! Un capítulo más de Cénit, este mucho más relajado y divertido (o eso espero). Estoy encantada con la acogida que esta recibiendo este fic y sólo puedo esperar que os guste el capítulo. ¡A leer!
3
Balas de fuego
Presente
El aire entraba y salía rápidamente de sus pulmones mientras terminaba de dar otra vuelta alrededor del jardín de los Cullen. Este era una gran porción de hierba casi circular, rodeada por altos árboles de hoja perenne. Bella lo encontraba muy agradable para mantenerse en forma al tiempo que vigilaba los movimientos de la familia de vampiros. Además, permitía que ellos fueran descubriendo nuevos aspectos de sus capacidades físicas poco a poco, como el hecho de que había conseguido mantenerse sobre sus pies las tres horas que llevaba corriendo a velocidad humana alrededor de la propiedad de los Cullen. Los primeros días había resultado muy divertido sorprenderlos cuando se acercaba sigilosamente por detrás o aparecía de la nada. Obviamente, no estaban acostumbrados a tener que cuidarse las espaldas. Una de las más sorprendentes capacidades de Bella era precisamente eso: poder alterar el sonido de su corazón y sus propios pasos sobre la madera, de manera que se convertía en una sombra. Podía llegar a ser más sigilosa que los propios vampiros.
Se detuvo una hora más tarde, jadeando. En el pasado, había odiado cualquier tipo de actividad física, en la mayoría de los casos por su torpeza. Ahora, le encantaba correr. Notaba la mente despejada y el cuerpo vivo. El sudor, el latido de su corazón, sus pulmones intentando abarcar la mayor cantidad de aire, el calor de sus músculos. Todo era una prueba de que estaba viva y de que aún tenía cosas totalmente humanas.
Bella se inclinó con las manos en las rodillas intentando recuperar el ritmo normal de su respiración. Varios mechones de su pelo castaño se habían escapado de la trenza que se hacía todos los días antes de entrenar. Se pasó una mano por la frente para apartarlos y empezó a estirar para finalizar el entrenamiento. Esa mañana no había querido ponerse muy al límite, sólo despejarse. Últimamente tenía demasiadas cosas en la cabeza.
─¡Bella!
La mujer se dio la vuelta. Esme se acercaba a ella con una bandeja en las manos. Avanzaba con firmeza, a diferencia de lo que haría una humana, pero ella sabía perfectamente que no se le iba a caer todo al suelo por tropezarse con una piedra. Bella esbozó una sonrisa tirante, obligándose a sí misma a ser amable. Sabía que la vampira no tenía más que buenas intenciones, pero empezaba a ser agotador tener que aguantar cada uno de sus avasalladores gestos. No estaba acostumbrada a tanta atención y definitivamente no la estaba disfrutando.
─Buenos días, Esme.
La luz de la mañana era fría aún y unas nubes que prometían tormenta empañaban el cielo, pero nada habría podido con el ánimo implacablemente feliz que tenía Esme esos días.
─Lo son ─contestó la mujer cuando llegó a su altura. Bella aún jadeaba y agradeció sinceramente el vaso de limonada─. No sabía cuánto tiempo más ibas a estar aquí así que también te he traído algo de comer.
─No tenías que haberte molestado.
Bella sentía lo que decía, pero no por ello se detuvo a sí misma antes de coger uno de los sándwiches de la bandeja. Como no sabía qué más decir, comenzó a caminar lentamente al tiempo que masticaba y Esme la siguió. Se dedicaron a pasear sin rumbo fijo durante un tiempo, cada una perdida en sus pensamientos. El silencio no terminaba de ser cómodo, pero al menos Bella no sentía como si se estuviera asfixiando, tal y como le había pasado en otras ocasiones.
Cuando estaban a bastante distancia de la casa, Esme le preguntó:
─¿Qué tal estás? Me imagino que debe ser difícil vivir con nosotros después de lo de Edward.
Bella notó que una sonrisa tirante se dibujaba en sus labios. Apreciaba su preocupación, pero no quería contestar a algo así. Lo cierto es que ni siquiera tenía una respuesta. Había momentos en los que quería lanzarse a los brazos de Edward y otros en los que aplastaría su cabeza contra las teclas del piano. Había pasado tanto tiempo desde que sentía sus emociones tan a flor de piel que no tenía ni idea de cómo manejarlas. Pero no le iba a contar eso a Esme. No sólo porque inmediatamente después el propio Edward lo sabría, sino porque ya había tenido suficientes atenciones por su parte para una vida y contarle algo así sería como añadir leña al fuego.
─Estoy bien, Esme, gracias ─contestó finalmente. Su voz fue más convincente de lo que ella misma esperaba─. Lo nuestro fue hace mucho tiempo y he pasado por muchas cosas. No soy la misma y mis sentimientos hacia él no van más allá del respeto.
Esme la miró indecisa, aparentemente insegura sobre si creerla o no, pero algo en sus ojos debió convencerla, o al menos aplacarla, porque asintió con la cabeza y le regaló una amplia sonrisa.
─Esto es de locos, ¿verdad? ─murmuró la mujer con una risa suave un rato después.
─Sí, la verdad.
Bella se ponía en su lugar. Que una persona que pensabas que llevaba muerta seis años se presentara en tu casa de repente era para sorprenderse, pero si además afirmaba ser una cazadora de vampiros sencillamente superaba las expectativas de cualquiera. Notaba las miradas de reojo y los murmullos que se cortaban cuando ella entraba en una habitación. Rosalie, que a punto había estado de hacer las maletas y largarse, no despegaba sus ojos llenos de hostilidad de ella y prácticamente la seguía como una sombra. Jasper también observaba cada uno de sus movimientos, pero por lo menos era un poco más sutil. Aunque esa actitud la molestaba hasta límites insospechados, Bella estaba dispuesta a darles tiempo si eso significaba que iban a estar de su parte.
Un ruido a sus espaldas hizo que su cuerpo se tensara. Se detuvo y giró la cabeza mínimamente mientras Esme la miraba con curiosidad. Escuchó atentamente mientras lo que fuera se habría paso por el bosque claramente dirigiéndose hacia ellas. Estaba preparada para sacar la daga de su bota cuando la dirección del viento cambió y el olor característico de Alice inundó sus fosas nasales. Su cuerpo se relajó al instante y Esme soltó una risita. Bella se habría sentido más ofendida si no fuera porque hasta ella tenía que admitir que últimamente se sobresaltaba por nada.
Alice se detuvo justo frente a ella. Su cuerpo menudo no daba muestras de acabar de cruzar medio bosque corriendo, ni siquiera se había despeinado. La miró durante un segundo de más, seria, pero rápidamente se volvió hacia Esme. Sus ojos se suavizaron.
─Carlisle quiere hablar contigo ─dijo simplemente.
Esme no necesitó más explicaciones. Les sonrió a ambas y se despidió de ellas antes de irse tan rápido como Alice había llegado. Los helechos se sacudieron al pasar la vampira y después todo fue silencio. En el pasado, Bella había disfrutado cada segundo que había pasado con Alice, pero ahora la relación entre ellas se había vuelto tensa, por decirlo suavemente. Aún no había hablado con ella a solas, a pesar de que llevaba tres días alojándose con los Cullen, pero sabía que Alice no tardaría en abordarla.
─¿Querías decirme algo? ─preguntó Bella, cansada del silencio. Quería acabar con esa conversación de una vez.
Alice asintió, pero no habló de inmediato. Hizo un gesto con la cabeza en dirección a la casa y comenzó a caminar por el camino de vuelta. Bella la siguió, expectante. No recordaba que su amiga hubiera sido tan dramática.
─Cuando llegaste ─comenzó finalmente─ lo único que quería era lanzarme a tus brazos y no soltarte nunca. No tienes ni idea lo que ha sido vivir juntos después de que tú… ─Se detuvo apretando los labios firmemente. Bella miró al frente, decidida a no sentir compasión por Alice─. Fue muy difícil.
─Me lo imagino.
Alice se detuvo, obligándola a imitarla.
─No, no lo haces. No sabes absolutamente nada ─replicó, enfadada. Su rostro angelical se contrajo en una mueca de desafío─. Quería abrazarte, pero entonces noté tu actitud. Entraste como si fuera lo más normal del mundo, como si no tuviéramos el derecho a estar sorprendidos. Jamás pensé que vería esa expresión de condescendencia en tu rostro.
─Alice…
─¡Déjame terminar! ─Una bandada de pájaros echó a volar, asustados por el repentino grito. Bella se tensó sin poder evitarlo─. Entonces empezaste a soltar todas esas… esas locuras. Como si nosotros tuviéramos que aceptar cada palabra que salía de tu boca, y me di cuenta de que ya no eras la Bella que conocía. Ya no… ─De nuevo esa expresión, como si pudiera controlar sus emociones simplemente apretando los labios─. ¿Por qué has hecho esto?
Bella había esperado muchas cosas. Desde un interrogatorio completo hasta un silencio helado. Esperaba que Alice la avasallara a preguntas que no podría contestar sin poner en peligro su vida por revelar secretos que era mejor que se mantuvieran ocultos. Había creído firmemente que insistiría en eso de las mutaciones, en cómo era posible que hubiera conseguido ponerse a la par que un vampiro cuando obviamente no era uno de ellos. Bella se había imaginado un millón de escenarios y tenía respuesta para todos ellos. Pero no para un por qué. Nadie le había preguntado nunca por qué lo había hecho. Nadie había indagado en por qué había pasado de desear unirse a una familia de vampiros a aniquilarlos. Era algo a lo que definitivamente no quería responder.
─Tenía mis razones ─respondió finalmente, intentando no mostrar lo mucho que le había turbado la pregunta.
Alice bufó y siguió caminando, dejándola atrás. Bella no intentó seguirle el paso y vio cómo se alejaba, aunque nunca llegaba a salir de su campo de visión. De pronto, la pequeña vampira se detuvo, lanzándole una mirada airada.
─Es una mierda tenerte aquí bloqueando mis poderes, ¿sabes? Por lo menos podrías darme algo que me ayudara a no desear dejarte seca.
Eso sí había sido dramático.
─Tú no harías eso.
La vio cruzarse de brazos con una expresión de suficiencia dibujada en el rostro.
─¿Y cómo lo sabes?
─Si hubieras querido hacerlo ya lo habrías intentado. Además, ambas sabemos que sigues queriéndome demasiado como para matarme.
Bella pasó a su lado y sonrió muy pagada de sí misma. Siguió caminando sin mirar atrás y Alice tampoco la siguió. La silueta de la casa se recortaba contra el cielo, apareciendo al otro lado de los árboles como en un cuento de hadas. Una sensación de total aislamiento invadió su pecho, y la satisfacción por haber dejado a Alice sin palabras se desvaneció rápidamente. ¿Por qué estaba ella allí? ¿Por qué había seguido ese camino?
─Maldita Alice.
Emmet la esperaba en la puerta de su habitación cuando Bella salió de la ducha. No había hablado mucho con ninguno de los Cullen esos días, pero, de los "hijos", Emmet era el que se había mostrado más amigable. Rosalie y Jasper andaban de puntillas a su alrededor, aunque no se perdían ni uno solo de sus movimientos. Alice la ignoraba y Edward sólo la observaba. Parecía que no terminaba de creerse que de verdad Bella estuviera ahí. A veces, le parecía que la miraba con anhelo, pero no deseaba pararse a pensar demasiado en ello. Había algo en la actitud de Edward que no terminaba de encajar para ella y el recuerdo de sus labios en su frente conseguía turbarla, a pesar de que se había prometido a sí misma que no se dejaría afectar por ninguno de ellos. Había resultado mucho más fácil decirlo que hacerlo, por descontado.
Apartó la toalla de su pelo cuando vio al enorme vampiro parado en su puerta, mirándola con su característica sonrisa traviesa, y el pelo húmedo se pegó a su camiseta. Al sonreír se le formaban unos bonitos hoyuelos que podrían haber distraído a cualquiera de sus malas intenciones, pero Bella le conocía demasiado bien como para dejarse embaucar por su cara bonita. Los ojos dorados de Emmet relampaguearon con diversión contenida cuando vio su ceja alzada en una muda pregunta.
─¿Necesitas algo? ─preguntó Bella tentativamente, invitándole a entrar en su habitación.
Hasta que ella llegó, la sala había estado completamente vacía, ya que Esme no había decidido aún cuál iba a ser su función. Sin embargo, en menos de tres horas la mujer había amueblado el espacio convirtiéndolo en una bonita habitación de invitados. La enorme cama con dosel era la protagonista, sin duda, pero el armario tampoco se quedaba atrás. Bella no había conseguido llenar ni un tercio de los cajones con sus escasas pertenencias, pero los Cullen hacían todo a lo grande y Bella no iba a quejarse. Había un escritorio amplio contra la pared del fondo que había llenado con papeles y carpetas, además de un espejo de cuerpo entero. Lo único que le faltaba a la habitación era una ventana, pero Bella había vivido bajo tierra antes y no se encontraba incómoda por la falta de luz solar.
Emmet se sentó al borde de la cama y miró a su alrededor mientras Bella dejaba la toalla mojada en el respaldo de una silla para que se secara. Se dio la vuelta para mirarle con las manos en las caderas. Él no dijo nada.
─¿Y bien?
La sonrisa volvió a su rostro al tiempo que apoyaba todo su peso sobre las manos. Emmet era la imagen de la comodidad y la despreocupación.
─Te he estado observando ─declaró a bocajarro.
─¿Ah, sí?
─Sí y todavía hay algo que no me encaja en tu historia.
Bella acercó la silla a la cama y se sentó a horcajadas sobre ella apoyando los brazos en el respaldo. Estaba sorprendida, la verdad, ya que nunca había considerado a Emmet una persona perspicaz. No era estúpido, por supuesto, pero tendía a despreocuparse demasiado y dejarse llevar por sus impulsos sin pensar en las consecuencias. Que se hubiera tomado el tiempo de observarla antes de intervenir era inusual. La conversación se tornaba más interesante de lo que jamás hubiera esperado.
─¿Qué es lo que no te encaja? Intentaré explicarte lo que sea lo mejor posible.
Estaba siendo sincera, pero había cosas que sencillamente no podía decir así que sólo podía esperar que Emmet no insistiera demasiado en ciertas cosas.
─Pareces fuerte y no te has tropezado con tus propios pies ni una sola vez ─respondió el hombre, riendo sin ningún pudor─, pero no te veo capaz de tumbar a un vampiro. Mírate, sigues siendo igual de enana.
Fue el turno de Bella de reír. Por supuesto, ¿qué otra cosa iba a querer Emmet que una buena apuesta? Sus músculos se relajaron y la tensión abandonó su cuerpo casi de manera tangible. Le vendría bien una pelea, aunque sólo fuera por pasar un buen rato y despejar la mente de las mil cosas que tenía continuamente en la cabeza. Cierta emoción le aceleró el corazón un poco y la adrenalina se disparó en su sistema por la anticipación. Iba a machacar a Emmet Cullen a base de bien.
─Tenemos nuestros trucos, ¿sabes? ─Aunque su sistema ya había iniciado los preparativos para una pelea, Bella fue capaz de hablar casi como si se estuviera aburriendo con la conversación.
La sonrisa de Emmet se amplió y sus colmillos quedaron al descubierto.
─¿Como esa pistola?
Bella se levantó para acercarse al escritorio y abrir el tercer cajón de donde sacó la pistola que les había enseñado a los Cullen la noche en que se presentó ante ellos. Era pesada, pero pequeña. El color negro era tan profundo que parecía tragarse la luz por completo, como un pequeño agujero negro en su mano. Mantuvo del dedo alejado del gatillo, consciente de lo sensible que era. Bella dejó que Emmet la viera bien, pero lejos de su alcance. Lo último que necesitaba era hervir a uno de los Cullen por accidente.
─Ven conmigo ─le dijo, guardándose el arma en la cinturilla del pantalón.
Emmet la siguió como si fuera Navidad y Bella fuera a enseñarle dónde estaban escondidos los regalos. La verdad es que hasta ella habría tenido que admitir que parecían dos niños haciendo una travesura mientras se escabullían hacia el jardín. Estaban casi en la linde del bosque cuando Edward los interceptó. Tenía la misma expresión de siempre, una mezcla de agotamiento y mortificación que Bella no terminaba de entender. Casi no le había escuchado hablar esos días, ni siquiera con los demás, pero nadie parecía sorprendido porque se dedicara a vagar de un sitio a otro como un alma en pena. No tenía sentido para ella, que por mucho que leyera su informe en busca de posibles razones para ese comportamiento no conseguía averiguar qué podría haber pasado. No era el Edward que recordaba. Ni siquiera cuando le conoció parecía tan derrotado. Aburrido, sí. Pero no de esa manera.
─¿A dónde vais?
La pregunta de Edward la sacó de sus pensamientos bruscamente. Parpadeó un par de veces, obligándose a sí misma a centrarse. Odiaba la manera en que su mente se ponía a divagar cuando le tenía cerca, como si necesitara otra razón para mantenerse alejada de él.
─A dar un paseo ─contestó Emmet, sonriendo pícaramente.
─Ya, claro ─Una chispa de vida hizo que los ojos dorados de Edward brillaran. Parecía divertido─. ¿Sabe Rosalie que confraternizas con el enemigo?
¿El enemigo? Bella soltó una risita tonta antes de poder detenerse a sí misma. Se podía imaginar a la hermosa vampira cuchicheando con sus hermanos sobre el peligro que suponía tener a Bella en su casa, y la verdad es que algo de razón tenía. Pero que en su mente fuera una enemiga no tenía precio. Emmet la miró con una mezcla de vergüenza y diversión que no la ayudó a serenarse. Hasta Edward el Sombrío se rió un poco.
─Obviamente no ─respondió Bella, resoplando. Nada habría podido quitarle la sonrisa de la cara.
─Bella va a enseñarme cosas de cazadoras ─continuó Emmet en un susurro. Parecía estar disfrutando de lo lindo─. ¿Te vienes?
Bella vio la diversión desaparecer del rostro de Edward para ser reemplazada por duda y curiosidad a partes igual. Sus miradas se cruzaron. No estaba cómoda con la idea de tener que pasar más tiempo del necesario con él y hasta ahora había disfrutado compartiendo eso sólo con Emmet, pero de ninguna manera iba a dejar que Edward supiera que la afectaba. Suficiente tenía con admitírselo a sí misma como para tener que hacerlo ante alguien más. No, las cosas no podían ser tan fáciles esta vez. Jamás habían estado tan separados, ni siquiera cuando Bella era completa e indiscutiblemente humana. Por eso, cuando Edward prácticamente le pedía permiso con los ojos, Bella asintió tratando de parecer despreocupada. Al fin y al cabo, si las cosas se torcían demasiado siempre podría volarle la cabeza de un disparo.
─Vamos.
Bella echó a andar y los dos vampiros la siguieron. Caminaron al paso humano que ella había impuesto. Los notaba a su espalda resoplando por la lentitud con la que avanzaban, pero Bella quería asegurarse de que no había nadie más que ellos en los alrededores. La paranoia era bienvenida en su trabajo y ella se aseguraba de que cada una de sus acciones estuviera bien pensada y asegurada. Dejar las cosas al azar no era una opción si querías sobrevivir en ese mundo. Un vampiro podía encontrar una grieta en el plan de una cazadora casi con desearlo. Las cosas debían estar bien atadas cuando te enfrentabas a ellos. Pero a lo que Bella temía no era solo a los vampiros. A esas alturas ya ni siquiera estaba segura de quién era el enemigo y prefería tener el doble de cuidado que en el pasado. Finalmente, llegaron al pequeño claro casi perfectamente circular que Bella había estado utilizando como zona de prácticas cuando se quería alejar de los Cullen.
─Aquí es.
─Acogedor ─dijo Emmet con sorna. Bella se sintió tentada a sacarle la lengua como si tuviera cinco años.
Los vampiros observaron los muñecos de paja que tenía amontonados junto a una rama caída, casi en el centro del claro. Algunos estaban algo chamuscados y a otros los habían agujereado hasta quedar prácticamente inutilizables. Bella solía reciclarlos, confeccionando ella misma objetivos de todos los tamaños hasta que era obvio que no podía seguir usándolos. Les hizo una seña para que la ayudaran a colocar los muñecos en mejor estado. Edward y Emmet corrieron hacia ella muy por encima de la velocidad media de un humano y en menos de cinco segundos los habían colocado en fila delante de ella. Antes de terminar de parpadear, ambos estaban a sus costados. Bella no recordaba si alguna vez había estado con ellos dos a solas.
─Vamos allá ─Sacó la pistola y tomó una respiración profunda hasta que los latidos de su corazón se ralentizaron lo suficiente como para no ser capaz de notarlo─. Igual deberíais apartaros un poco.
─Como quieras ─contestó Emmet, dando un paso atrás.
Tener dos vampiros a su espalda mientras apuntaba a un muñeco no se sentía natural para ella, pero se obligó a concentrarse. Resultaba muy difícil no darse la vuelta y quedar ante ellos en una postura tan vulnerable. El arma parecía pesar más de lo normal mientras la levantaba. Respiró hondo una vez más y fijó su objetivo. El sonido del disparo cortó el silencio y una bandada de pájaros echó a volar agitando las ramas de los árboles. Hubo un momento en el que ambos vampiros dejaron de respirar para después soltar un grito ahogado cuando el muñeco comenzó a arder. Se quedaron mirando las llamas durante un minuto entero, tratando de entender cómo era posible. Bella guardó el arma y aprovechó la confusión para ponerse en una postura mucho menos comprometida. Casi suelta una carcajada al ver sus caras.
─Te lo dije, Emmet, tenemos nuestros trucos.
─Qué pasada ─murmuró él por toda respuesta, todavía hipnotizado por el espectáculo. Una sonrisa se iba abriendo paso en su rostro poco a poco.
─¿Cómo funciona?
Bella había estado esperando esa pregunta, aunque no pasó por alto que el tono de Edward fuera más parecido a la preocupación que a la curiosidad. Sacó el cargador y lo sostuvo en alto para que los vampiros pudieran verlo bien.
─Esto ─Señaló la primera bala, que relucía con un brillo entre el rojo y el naranja─ es fuego concentrado, por decirlo de alguna forma. Nunca he trabajado en la UTEC, pero sé lo básico. Las balas actúan como un recipiente o un contenedor para el fuego. La punta es de diamante, lo suficientemente fuerte como para poder dañaros ─Dejó que el sol arrancara el brillo irisado de la punta de la bala para ilustrar sus palabras mientras Edward y Emmet miraban el fuego preso con respeto─. Después de disparar sólo tarda unos segundos en abrirse y dejar escapar el fuego. Os quema desde dentro.
Ni siquiera Emmet parecía tan emocionado como Bella había imaginado. Dedujo que la repentina consciencia de que eran vulnerables a algo los había afectado más de lo que estaban preparados para asimilar. Bella no pudo evitar sentir cierta satisfacción. Esperaba que así al menos empezaran a respetarla un poco más.
─¿Qué es eso que has dicho? ¿UTEC? ─preguntó Edward, consiguiendo apartar los ojos del cargador que Bella aún sostenía donde pudieran verlo bien.
─Es la unidad tecnológica. Se encarga de desarrollar este tipo de cosas ─Bella no entró en detalles escabrosos, como los medios que utilizaban para asegurarse de que esas cosas fueran efectivas. No estaba segura de lo amables que serían con ella si les contaba algo así. Edward asintió, sin insistir.
─Sigues siendo una enclenque. ¿Cómo te defiendes cuando no tienes eso?
Emmet había recuperado su sonrisa burlona y la miraba con el desafío pintado en toda su cara, desde los hoyuelos que se le formaban en la comisura de los labios al sonreír, hasta las cejas levantadas en un signo de invitación. Bella le devolvió la sonrisa mientras todo su cuerpo se ponía en alerta, preparado para una pelea. Edward se hizo a un lado, aunque parecía completamente dispuesto a intervenir si era necesario. Pero Bella ya no tenía espacio en su mente para nada que no fuera el otro vampiro, que también se había preparado para luchar.
Emmet atacó primero, tal y como Bella había estado esperando. Era todo fuerza bruta, sin estrategia ni raciocinio. Se lanzaba hacia delante sin pensar en nada más, demasiado confiado en su fuerza. Bella giró sobre sus pies y le propinó una fuerte patada en la espalda cuando no pudo detenerse a sí mismo por la velocidad que había cogido. El cuerpo del vampiro cayó al suelo con un sonido parecido al de un derrumbamiento e incluso hizo que la tierra temblara ligeramente bajo los pies de Bella. Emmet no estuvo ni un segundo en el suelo. Rodó sobre sí mismo y se levantó de un salto. Sonreía.
─¿Eso es todo lo que tienes? ─gritó, obviamente embargado por la emoción.
─Si sigues peleando así va a ser suficiente.
El vampiro soltó un gruñido entre dientes, pero aún parecía divertido. Bella rió al esquivar un nuevo ataque frontal. Estaba resultando excesivamente fácil. Corrieron de un lado al otro del campo, lanzándose puñetazos y patadas incesantemente. Bella le esquivó varias veces, pero Emmet empezaba a entender sus patrones. Se lanzó sobre ella como las veces anteriores, pero previó el movimiento de Bella antes de que ella misma lo pensara. Sin haber tenido tiempo de entender qué había pasado, se vio lanzada hasta el otro extremo del claro. Sin embargo, no chocó con uno de los árboles de la linde del bosque, tal y como Emmet había estado esperando, sino que utilizó toda la fuerza que pudo reunir para girar en el aire y que la suela de sus botas se posara suavemente en la corteza de un árbol. Hubo una fracción de segundo en la que quedó totalmente horizontal, en paralelo al suelo, hasta que utilizó el impulso para saltar hacia Emmet. El vampiro intentó parar su acometida con los brazos, pero la fuerza de Bella era demasiada. Ambos cayeron al suelo en un lío de extremidades y exclamaciones de dolor. Edward gritó su nombre, pero Bella no le hizo caso. Se levantó del suelo tan rápido como fue capaz seguida por Emmet un segundo después.
Por suerte, no estaba sangrando, pero le dolía todo el cuerpo. Detuvo un puñetazo de Emmet y contraatacó con una patada que acertó de lleno en las costillas del vampiro. Le vio caer al suelo y se lanzó sobre él como una leona sobre su presa. Bella no fue consciente de que había empezado a llover hasta que enterró la cara de Emmet en el barro. Él se resistía bajo su cuerpo, pero le tenía totalmente inmovilizado y ambos sabían que había ganado.
─¿Quién es la enana ahora? ─gritó Bella, riendo triunfal. Emmet emitió un sonido ininteligible─. ¿Cómo? ¿Qué has dicho? No entiendo ni una palabra de lo que dices.
La risa de Edward llegó a sus oídos a través del ruido de la lluvia. Bella también se rió, aflojando un poco su agarre para que Emmet pudiera sacar la cabeza del barro. Le vieron escupir y sacudirse, intentando deshacerse de la suciedad. Sus risas se escucharon todavía más fuerte.
─Has hecho trampa.
─¿Ah, sí? ¿Cómo?
─Tú siempre dices que los demás hacemos trampa, hermano.
Bella se levantó con una sonrisa enorme en la cara. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajada.
─Se supone que las humanas enclenques como tú no pueden girar en el aire ni nada de eso.
Bella soltó una carcajada.
─La próxima vez seré más suave contigo.
Siguieron discutiendo distendidamente durante un rato, soltándose puyas sin importarles estar completamente empapados. Ni siquiera Edward tenía esa expresión sombría que parecía acompañarle siempre, y Bella se encontró a sí misma admitiendo que se lo estaba pasando bien haciendo el tonto con Emmet, una persona más a la que añadir a su lista de vampiros que conseguían bajar su guardia. Entonces, un ruido más sutil que el silbido del viento entre las hojas, llamó la atención de Bella. No dejó de reírse ni mandó callar a los vampiros, sino que fingió que no había escuchado nada al tiempo que todos sus músculos se tensaban y aguzaba el oído, atenta ante cualquier otro movimiento sospechoso. La lluvia no le permitía distinguir ningún otro olor que no fuera el de tierra mojada. Casi se había convencido a sí misma de que debía habérselo imaginado cuando los tres escucharon a su espalda el inconfundible chasquido de una rama al romperse.
No estaban solos.
Hasta aquí el capítulo de hoy. Como siempre, intentaré que no pase mucho tiempo entre actualizaciones, pero la universidad me quita muchísimo tiempo.
Muchas gracias a aliceforever85, lunatico0030, Andre22-twi y yenliz por vuestros comentarios. Sois las mejores. Espero que os haya gustado este capítulo, con Emmet siendo tan genial como siempre y Bella convertida en una chica dura.
Nos leemos pronto :)
