El cuarto paso es el más difícil de superar. ¿Lo logrará Gracia?


Depresión

Gracia hacía días que ya no lloraba, ni gritaba, ni nada. Ya lo había hecho suficiente. No le quedaban más lágrimas que derramar, ni tenía fuerzas para seguir gritando. Ahora lo hacía todo desde el silencio, esperando en vano que alguno de sus lamentos llegase al cielo y decidieran devolverle a su marido. Mientras tanto ella seguía allí, simplemente estaba. Porque mientras su espíritu seguía clamando al cielo, su cuerpo había llegado a su límite.

Se quedaba horas encerrada en el despacho de Maes, sentada en su silla, hecha un ovillo. Sin tocar nada, todo tal y como lo dejó él. Su madre se había llevado a Elycia unos días, dándole a ella el espacio necesario para desahogarse. Para sufrir sola. Para coger fuerzas y poder querer a su hija como se merecía. Por los dos.

Había pasado un mes. Gracia fingía siempre; fingía delante de Elycia, delante de su familia, delante de sus amigos, incluso delante del espejo. Pero, cuando llegaba la noche, dejaba de fingir. Y se encerraba en el estudio, a observar todo lo que su marido había dejado atrás. Las fotos de Elycia, repartidas por las estanterías repletas de libros. Una foto suya, encima del escritorio. Junto con una de su primera cita. Y una de cuando trajeron a Elycia a casa, después del parto. Si no miraba las fotos, miraba los libros. Siempre inexpresiva, sin sonreír, sin llorar. Sin tocar nada.

Libros sobre los militares, libros de literatura, guías para padres… demasiados recuerdos todos juntos en una estantería. Y pasadas unas horas, Gracia volvía a su habitación; se sentaba en la cama y miraba su lado del colchón. Hasta que llegaba la mañana, y se levantaba. Apenas habría dormido tres horas; pero en esas escasas horas de sueño, la imagen de su marido asesinado le perseguía.

Habían pasado tres meses. Gracia estaba más delgada, porque apenas comía; más pálida, porque apenas salía de casa; más demacrada, porque apenas dormía. Sin embargo, cada vez que se la veía con su hija, parecía como si la vida hubiese vuelto a ella. Sonreía de nuevo, sólo por Elycia, aunque fueran unas sonrisas opacadas por el sufrimiento.

La niña empezaba a aceptar la muerte de su padre, aunque cada cierto tiempo volvía a preguntar por él, por el lugar en el que estaba, por si podrían visitarle algún día. Hacía dibujos en los que la familia estaba nuevamente reunida, y Gracia los colgaba en la nevera. Ya casi no le cabían más.

El día en que Ed y Al fueron a visitarla, se dio verdadera cuenta de que, no solamente ella había perdido a su marido sino que su hija había perdido un padre. El ver a esos niños, delante de ella, pidiéndole perdón por causarle la muerte a Maes, le hizo entrar en razón. Esos jóvenes estaban así por la pérdida de su madre, por el abandono de su padre. Y ambos habían afrontado esa situación a su manera; quizás errónea, sí, pero sin dejar nunca de luchar. Eran unos niños que habían asumido responsabilidades adultas, y que ahora querían cargar con la muerte de Hughes en su conciencia. Eran unos niños que afrontaban las penalidades de la vida de frente, mientras que ella lo único que había hecho había sido huir. Después de tanto tiempo, Gracia volvió a llorar. Elycia había perdido a su padre, no iba a perderla a ella también.

El tiempo pasaba, y Gracia seguía sumida en la tristeza. Pero tendría que salir de ella.

-Por Elycia. Por él.


Un review, una sonrisa.