"Querido Arnold, estuve esperando todo ese año pero tú no llegaste y lo peor de todo es, que ni siquiera me mandaste una carta. Yo, te mandé cartas cada mes y sé que fui injusta contigo en el pasado pero ¿es necesario hacerme lo mismo? Es decir, ¿no se supone que habíamos arreglado todo e íbamos a tener algo? Pero... pero veo que no es así.
Te di todas las cartas para que supieras lo que pienso, lo que siento...Pero creo que no es suficiente, supongo que no soy suficiente, ¿verdad Arnold?"
Capítulo 4. Boda
Después de hablar con sus abogados y llegar a aquel acuerdo, no le quedó de otra a Helga, más que aceptar el hecho de que él también iría, por lo que le ordenó que hiciera sus maletas.
"Haz tus maletas"- fue todo lo que dijo.
Arnold alzó una ceja y Helga le miró igual- "Mis maletas están hechas"- dijo queriendo señalar lo obvio.
"Sólo tienes que llevar un traje y dos mudas, más la ropa que llevarás puesta"- respondió la rubia- "¿O vas a tener tu ropa siempre en la maleta? Hay un armario muy amplio en tu habitación"- comentó al tiempo que se dirigía a la cocina.
Arnold comenzó a arreglar su ropa en el armario y la rubia tenía razón, era enorme y su ropa apenas ocupaba un tercio del espacio. Al escuchar que los niños comenzaban a llorar, Arnold salió deprisa de la habitación, para encontrar a una Helga checando a los bebés.
Lo miró de reojo y le hizo una seña para que se acercara, tomó la pañalera y se la dio. Arnold le miró sin entender.
"Hay que cambiarles el pañal y yo estoy haciendo la comida, así que te toca"- anunció sin dejarle reprochar y de inmediato se regresó a la cocina.
Arnold miró a los bebés que lloraban sin consuelo y Helga le llamó la atención- "Apúrate o se van a rozar"- el rubio miró con temor a la rubia y después a los bebés, de verdad no sabía que hacer.
Abrió la pañalera y encontró un cambiador de plástico enrollable, que puso a un lado, después sacó un pañal y miró a los bebés, por lo menos ya tenía con que cambiarlos.
Helga miraba de soslayo al rubio, para ver que tipo de labor hacía. Eran sus hijos también pero tenía que ver como hacía las cosas, cómo se hacia cargo de la situación. En realidad, la salsa tenía que sazonarse, así que por el momento no tenía que hacer nada hasta que agregara la carne y después la dejara cocerse. Pero no quería perderse la nueva hazaña del rubio.
Al quitar el pañal de Phillip, su rostro hizo una mueca de total desagrado y el olor, no le ayudo mucho a mejorar la imagen. Ahora ya no sabía que hacer, ¿como lo limpiaba sin vomitar?
Helga rió al ver su cara y Shortman le miró entre suplicante y molesto. Metió el trozo de carne en la salsa y se acercó a él tranquilamente. Ahora sabía y estaba segura que no sabía nada de bebés.
La melodiosa risa de Helga le hizo olvidar la molestia de que no le hubiera explicado antes que hacer y como hacerlo.
Sacó las toallitas húmedas de la pañalera, acomodó el cambiador debajo de su hija y le abrió el pañal a Geraldine.
"Tienes que limpiar de arriba hacia abajo con mucho cuidado"- indicaba la rubia- "Geraldine es un poco más delicada que Phillip, hay que cuidar que este bien limpia pero no hay que hacerlo con fuerza o la lastimarás"- Arnold veía como limpiaba a su hija con sumo cuidado hasta dejarla limpia, tomó un poco de vaselina y la aplicó alrededor de sus genitales, después puso un poco de talco y finalmente colocó el nuevo pañal.- "Con Phillip es un poco más fácil, sólo ten cuidado porque al igual que a ti, le dolería mucho si lo haces con fuerza"- señaló al tiempo que veía como limpiaba Arnold a Phillip- "¿Tenía popó en el pene?"- Arnold la miró sonrojado, escuchar la palabra del miembro, siempre lograba sonrojarlo. Helga alzó una ceja- "Acostúmbrate a usar los nombres de los genitales, los usarás frecuentemente. Ahora, ¿tenía popó?"- volvió a preguntar y Arnold le miró los genitales a su hijo, con evidente confusión.
Jaló ligeramente el prepucio y Phillip se quejó.- "No llores"- pidió alarmado y Helga volvió a reír.
"Es normal que se espanten un poco, no están acostumbrados y eventualmente tendrás que jalarlo poco a poco cuando lo bañes para que baje y no tenga problemas de infección ni otra cosa"- Arnold le miró nervioso- "Hoy te toca bañarlos"- aseguró con una sonrisa maliciosa mientras terminaban de cambiar a Phillip- "Listo, a todos los padres primerizos nos pasa, es cuestión de agarrar ritmo"- dijo con una sonrisa, viendo a su hijo.
"Pues al parecer a Mike no"- ironizó y Helga le miró con una ceja arqueada. Acomodó a Phillip y a Geraldine en el sofá y se levantó sin decir nada, algo que al rubio le sorprendió bastante.
Helga sabía de antemano que tenía que hablar en algún momento con él sobre Michael pero aún no se sentía lista para hacerlo, por lo que optó no decir nada. Tal vez era una medida cobarde de protegerse, pero si él había hecho tantas tarugadas cuando eran novios y aún más cuando terminaron, ¿por qué no se permitiría ella algo de cobardía?
Shortman notó el cambio de actitud de la rubia, no sabía si preocuparse, alarmarse o tranquilizarse, esa no era una actitud muy Pataki pero tuvo que conformarse con esa respuesta nula, porque notó que al menos en ese momento, no podía exigirle una respuesta.
Helga se retiró un momento a la habitación de los bebés y de ella salió con dos almohadas bajo el brazo y unos arcos de colores con muchos colgantes. Acomodó las almohadas sobre el piso alfombrado y después los arcos sobre ellos. Tomó a Geraldine y la dejó sobre la almohada, apenas usaba un tercio de esta, después hizo lo mismo con Phillip.
"Veré como va el guisado"- dijo al enderezarse, no quería más preguntas ni insinuaciones de ningún tipo- "Sólo vigila que no rueden"- pidió y se fue hacia la cocina.
"¿Qué no...rueden?"- preguntó Arnold sin entender pero Helga ya estaba en la estufa de nuevo.
No sabía a lo que se refería pero estaba seguro que podría cuidarlos, es decir, eran bebés, ¿que tanto podrían hacer? Entonces Geri giró hasta casi caer de la almohada, eso alarmó a Arnold quien dejó salir un 'Ay' bastante alto, Pataki lo miró sobre su hombro y notó que volvía a voltear a Geri. Ahora entendía a lo que se refería con rodar.
Verlos entretenerse con un montón de colgantes de colores brillantes que reflejaban o hacían sonidos, provocó que una enorme sonrisa apareciera en su rostro. Era un completo idiota, pudo haberse perdido por completo de ver a sus hijos, de disfrutarlos, por un montón de chicas plásticas que no entendían lo que era la vida.
La vida, una cuestión de momentos que debes disfrutar aún si son duros o sombríos, debes afrontar todo lo que venga y jamás dejarte vencer. Ver a sus hijos, le hacía reflexionar sobre su vida.
¿Qué había hecho hasta ese día?
Cuando era niño se preocupaba por los demás, porque las situaciones se arreglaran de forma correcta, porque las personas a su alrededor fueran felices y cuando conoció a Lynett, todo lo cambió. Cambió una relación de 3 años por una de 3 meses. Cambió a Helga, a una mujer asombrosa que no tiene miedo de afrontar lo peor del mundo si al final la recompensa era mayor que el sacrificio; por una joven que pensaba que todos los hombres caerían a sus pies con tan sólo chasquear los dedos y que sólo se preocupaba por su apariencia. Cambió el amor por la lujuria. ¿Qué diablos había hecho con su vida?
Ya no se preocupaba por los demás, ya no le interesaba que los consejos hacia sus amigos tuvieran algún valor ético o moral, ya no buscaba lo correcto sino lo que estaba bien para él, su amabilidad se había convertido en indiferencia, y por sobretodo, era tan o más egoísta que la misma Lynett, se volvió superficial. Y si en algún momento, había pensado que nunca buscaba la belleza, ahora sabía a la perfección que lo hacía y lo peor de todo, había aprendido del amor, de la belleza interior, de lo que significan las promesas, de la seguridad, del apoyo, de mucho y de poco... por Helga, el sabía unas cosas y ella había complementado sus conocimientos a la perfección, a pesar de ser tan diferentes, querían muchas cosas iguales. Podían creer en distintas cosas, podían entender distintas cosas al leer un poema, podían escuchar el silencio de forma distinta, pero ambos escuchaban al amor por completo, al estar juntos y ser uno.
La dura verdad le cayó como un bloque de cemento y apenas estaba tomando conciencia de que estaba enterrado hasta adentro y no sabía como salir de ahí.
Ahora entendía sus reproches, o por lo menos, tenía una noción del porque no le perdonaba tan fácilmente. Él se había metido con una joven que no tenía nada bueno y había cambiado a una mujer mejor, en todo los sentidos, que le había demostrado más de una vez y en más de una forma, que podía contar con ella.
Miró a Helga con atención- "Ella ha enfrentado todo tipo de tratos, ha sido valiente, ha hecho lo que muy pocas se atreverían y ahora, esa fortaleza..."- pensaba al verla, miró de nuevo a sus hijos, quienes comenzaban a dormirse, por lo que levantó a cada uno con sumo cuidado y los acomodó en el sofá, sacó las frazadas de la otra pañalera y se las puso encima- "Soy un cobarde"- se reprochó mentalmente y dejó salir un suspiró.
Caminó hacia Helga y dejó caer su cabeza sobre el cuello de la joven, logrando que Helga sintiera recorrer un escalofrío por todo su cuerpo.
"¿A-Arnold?"- preguntó y sintió sus brazos a su alrededor.
"Lo siento"- susurró el rubio. De verdad se arrepentía de las acciones que había tomado en el pasado y que la habían dañado severamente.
Helga suspiró y retiró las manos del ojiverde- "Gracias, pero..."- negó suavemente al verlo- "No creo que podamos retomar nada. Arnold, tú me fallaste y ahora esperas a que yo te perdone y regrese contigo"- dijo con tristeza, intentando no ver los tiernos ojos del cabeza de balón- "Eso no va a pasar"- afirmó, le volvió a dar la espalda y revolvió la comida. Esa afirmación no sólo era para él, sino también para ella. Debía ser fuerte y no dejarse llevar por sus sentimientos como antes, por que entonces... Volvería a perder y sería peor esta vez.
Ambos comieron en silencio, Helga miraba hacia la ventana y de ahí a los bebés, pasó su mirada sobre el rubio quien miraba entristecido su plato.
"Y sí, ¿ya no me ama?"- se preguntó el ojiverde- "Y sí, a quien ama... ¿es a Michael?"- la comida era buena y no podía negarlo, pero por más que intentaba borrar de su mente su reacción ante su insinuación y su respuesta cuando se acercó a ella, no podía- "¿Y si la pierdo?"- se preguntó atemorizado por aquel pensamiento. Ni siquiera cuando Lynett lo botó, sintió esa desesperación y esa angustia que crecía en su pecho.
Helga se levantó lentamente y lavó su plato, para después dirigirse al rubio- "En cuanto termines, desvistes a Phillip, tengo que preparar el baño"- ordenó sin más y se alejó al baño. Lo despertó de sus pensamientos un instante, para que volviera a meterse en ellos poco después.
Cuando terminó, era tiempo de bañar a los bebés, Helga ni siquiera le preguntó al rubio, los bañó ella. Lo único que le pidió fue que le diera de cenar a Phillip, una vez vestido, indicándole como calentar su papilla en el microondas y que tomara su biberón para que se durmiera. Cuando terminó de bañar y vestir a Geri, le dio de cenar, su biberón y la meció hasta que también se quedó dormida. La acomodó en la cuna y después acomodó a Phillip.
"No pueden dormir separados"- respondió la rubia al notar que Arnold quería preguntar al respecto.
Salieron de la habitación de los bebés y Helga se retiró a su habitación, dejando a un Arnold desilusionado en el pasillo.
"Arnold, prepara tu maleta, nos vamos mañana temprano"- dijo antes de cerrar la puerta.
El rubio la miró con tristeza, de verdad quería arreglar las cosas con Helga pero no sabía como hacerlo, pues la rubia huía al menor intento. Se metió a su habitación y comenzó a hacer su maleta, para después caer en cuenta, que viajarían en autobús y se dio cuenta de algo más. Tal vez Helga no quería hablar con él, ni involucrarse de ninguna manera, pero definitivamente podía demostrarle su interés en ella y tal vez, eso pueda llamar la atención de la rubia y pueda dar un paso más cerca de ella. Sonrió de oreja a oreja, tomó su cartera y encontró lo que buscaba.
.-.-.-.
Helga no podía creer que Arnold pensara que de verdad podía ganarla con sólo decir 'lo siento', no era así de fácil, no podía caer en sus brazos hasta estar segura. Caminaba de un lado a otro intentando no morder sus uñas.
Un par de toques la sacaron de sus pensamientos- "¿Qué querrá ahora?"- se preguntó y se acercó a la puerta para apenas asomar la cabeza- "¿Qué sucede?"- preguntó un poco más dura de lo que quería.
Arnold le miró con una sonrisa- "¿Me prestas tus llaves, tengo que salir un momento?"- preguntó, no podía llevarla a donde iba porque quería sorprenderla.
Helga le miró curiosa- "Claro, están a lado de la puerta"- cerró de nuevo la puerta de su habitación y sólo escuchó cuando Arnold cerraba la puerta de entrada.
Ya no sabía como actuar, si lo hacía de forma tranquila, dulce y delicada sentía que le daba ventaja, pero si lo hacía a la forma Pataki, estaba más que segura que lo alejaría; incluso un punto intermedio, le haría volverse loca. Se dejó caer sobre su cama mientras veía con atención su anillo.
Había hecho una promesa y planeaba cumplirla, pero si Arnold, le había hecho a un lado, tal vez debería romperla. Tendría que romperla, pero no podía. Aún sus sentimientos por el rubio eran muy fuertes y verlo en aprietos por un simple cambio de pañal, lograba sacar una sonrisa en su rostro.
"Estoy perdida"- afirmó con lágrimas en sus ojos.
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Al día siguiente, Arnold escuchó mucho movimiento, buscó su celular y pudo verificar que apenas eran las seis de la mañana, se restregó los ojos y decidió levantarse.
"¿Qué hace levantada a las seis de la mañana?"- se preguntó el rubio. Abrió la puerta y pudo notar como Helga iba y venía de un cuarto al otro- "¿Helga, qué haces?"- dijo aún lampareado.
"Arnold"- iba a decirle que le ayudara con los niños cuando notó el bien formado torso del rubio, lo que provocó un fuerte sonrojo y que mejor se diera la vuelta para evitar verlo- "¿Qué-no... No puedes ponerte una playera, melenudo? No estamos en una casa nudista"- reprochó la rubia y se metió de prisa al cuarto de sus hijos. Esa había sido la mejor visión que había tenido en la mañana, desde hace mucho.
Arnold se miró el torso y un ligero rubor cubrió sus pómulos. Entró a su habitación y de inmediato buscó sus cosas para bañarse. Vigiló que no estuviera en el pasillo y se dirigió al baño. Mientras dejaba que el agua cayera sobre su rostro, no pudo evitar sonreír al recordar el rostro sonrojado de la rubia. Eso le daba más esperanzas.
Al escuchar que cerraba la puerta del baño, Helga salió de la habitación dejando salir un suspiro, jamás pensó verlo sólo en pantalón de dormir, no le molestaba pero definitivamente, sus hormonas habían actuado de inmediato. Movió su cabeza para despejarla de pensamientos no adecuados para la situación y reanudó su trabajo. Sabía que debía seguir una rutina y sus hijos eran esclavos de esa rutina, de lo contrario, tendría serios problemas alimenticios.
Para cuando dieron las ocho de la mañana, ya se encontraban listos para emprender el viaje y lo más sorprendente, además de ver al ojiverde sin camisa, fue el hecho de ver un auto plateado en el estacionamiento, que para nada conocía y lo segundo, fue el anuncio de Arnold.
"Esté es nuestro transporte"- le dijo con una sonrisa, a lo cual Helga le miró boquiabierta.
"Pe-pero...¿cómo?"
"Es rentando, pensé que iríamos más cómodos en auto que en un autobus con muchas personas alrededor y"- Helga lo abrazó de imprevisto y le miró con una gran sonrisa.
"Gracias"- respondió sinceramente. Ahora veía que podía hacer algo bien, pero tal vez se había propasado con el abrazo- "Este...¿abres la cajuela para que podamos meter las cosas?"- le preguntó un poco sonrojada.
Arnold se sorprendió mucho por su reacción y eso le hizo sentir muchas mariposas en su estómago, pero de inmediato se compuso al escuchar la petición de la rubia. Entonces, la ojiazul reparó en un detalle.
"¿Arnold?"- le llamó mirando el interior del auto- "¿Cómo se supone que llevaremos a los niños?"- le preguntó inquieta- "Ya decía yo, que era demasiado bueno para ser cierto"- se respondió con molestia.
"Eh... ¿Necesitan algo?"- le preguntó confundido y para Helga fue el colmo.
"¡Por supuesto que sí, cabezón! ¿Qué esperabas? ¿Qué fueran acostados en los asientos traseros?"- recriminó con las manos al cielo.
Helga le gritó prácticamente todo el camino a la tienda para comprar asientos para bebé, sobre lo irresponsable que era y lo poco inteligente que era. Colocaron correctamente los asientos, en el asiento trasero y ambos subieron al auto. Helga llevaba los brazos cruzados mientras que Arnold, aún no podía verla directamente, se sentía avergonzado pero así como se lo había dicho ¿él que podía saber al respecto? No sabía nada de bebés, bueno algunas cosas sí pero otras obviamente no, y aunque quizá para ella fuera algo común, para el era completamente nuevo.
Miraba sobre el retrovisor cada tanto para checar a los bebés, aunque sólo podía ver sus pies y a Helga leer lo que parecía el manual de los asientos, lo cuál le recordó algo que quería darle desde que salieron del juzgado el día anterior.
"Ah, toma"- dijo mostrándole el cheque- "mi abogado se lo había dado al tuyo pero ambos coincidieron en que lo mejor era que yo te lo diera"- comentó al tiempo que acercaba su mano.
Helga retiró su mano con el cheque suavemente, sabía que en algún momento se lo daría pero también sabía que ese cheque representaba una ventaja a donde iban- "No me lo des, melenudo, créeme lo necesitarás"- respondió sin más. Se colocó sus audífonos y dejó que ipod reprodujera su música.
Arnold la miró de reojo y suspiró, había buscado la opción más cómoda, precisamente para que pudieran estar solos y hablar, pero ver como Helga lo evadía, era más que obvio que ella no quería cruzar dos palabras con él.
Encendió la radio con la esperanza de encontrar algo y lo último que quería escuchar era esa canción, Britney Spears con Do Somethin'. No tenía nada en contra de la artista, el problema es que recordaba perfectamente a Lynett, bailándole en ropa interior tal y como la artista lo hacía en su video. Prefirió cambiar la estación y olvidar aquello. No podía decir que no se arrepentía, por que lo hacía cada vez que se acostaba con ella, pero por alguna razón, parecía como si cuerpo tuviera mente propia y no fuera la suya. Lo más irónico es que, cuando se acostaba con Helga, sentía lo mismo. Ahora se preguntaba si fue arrepentimiento o vergüenza lo que sentía al hacer eso. Nunca había sido cínico y lo peor de todo, es que practicaba la forma de cinismo más cruel y cobarde que podía existir.
Definitivamente, había muchas cosas que cambiar...
Noticias, música clásica, indie, country, el clima, tráfico, rock, pop, documentales, pláticas motivacionales... y aún así, nada de su gusto. Suspiró cansado de buscar y apagó la radio, entonces un gruñido extraño le llamó la atención, miró de reojo y pudo notar como Helga se llevaba su mano al estómago.
Llevaban media hora de camino y recordaba que no habían desayunado, sólo los bebés habían desayunado y eso porque tenían una rutina que llevar a cabo.
Arnold observó un señalamiento de restaurant a cinco millas, por lo que siguió tranquilamente. Su estómago también gruñía y aunque cuatro horas era poco, relativamente, sin comida no estaba tan seguro de aguantar el viaje sin ponerse de mal humor, y dudaba que la rubia tampoco, por que si algo recordaba perfectamente era que ella odiaba tener hambre, aquella vez casi lo golpea con su baguette. Eso le hizo sonreír.
Flashback
Todo el día habían estado trabajando en el proyecto de química e incluso desde el día anterior, por lo que Helga había dormido en la casa de huéspedes, obviamente en otro cuarto y desde que se levantaron, siguieron con el proyecto. No habían probado bocado desde el día anterior y eso comenzaba a molestarle a cierta rubia.
Sacudió su cabeza y se estiró, estaba muy cansada y hambrienta, no podía pensar bien y comenzaba a sentirse débil.
"¿Estás bien?"- preguntó el rubio al ver el mal semblante de su novia.
Helga forzó una sonrisa- "Claro, sigamos"- contestó sin muchos ánimos.
Arnold la miraba de rato en rato, de verdad le preocupaba que se sobara el cuello o se pasara la mano por el rostro, intentado ocultar su malestar. Volteó a ver el experimento y después a Helga y ya no la encontró en su lugar, miró hacia abajo y sólo pudo gritar:
"¡HELGA!"
Despertó a los pocos minutos. Todo se le había oscurecido de repente y sintió que la fuerza le abandonaba, para después sentir liviano su cuerpo y escuchar a lo lejos que alguien le llamaba. Observó la habitación y pudo notar que ya no estaban en el sótano, ni cerca de la mesa donde se encontraban los instrumentos de química; estaban en la sala y Arnold la veía sumamente preocupado.
La abrazó fuertemente y la besó profundamente, para después verla a los ojos.
"Estás bien"- dijo aliviado con una sonrisa- "Debiste decirme que tenías hambre, pudimos haber tomado un descanso"- le regañó y la rubia evitó su mirada, no era la primera vez que se mal pasaba pero sí la primera que lo hacía por la tarea. Arnold acercó un plato con un baguette relleno de pastrami, lechuga, queso y jitomate, el sabía perfectamente que le encantaba ese platillo por lo que la rubia se sonrojó.
"Gracias"- dijo para después darle una gran mordida. Arnold comenzó a reír y la rubia le miró confundida.
"Eres muy hermosa"- dijo con una gran sonrisa, pues aún con semillas de sésamo por toda la cara y los cachetes rellenos como un hamster, se veía hermosa.
"No-te-burles"- dijo entre bocados, alzando el baguette hacia su cara, falsamente indignada.
Fin del Flashback
Al notar el restaurant de paso, dejó de acelerar para después meterse en la desviación.
Helga al notar que se desviaban de su rumbo, trató de corregirlo- "Oye vamos a-"
"Llevamos buen tiempo y ambos necesitamos comer"- disuadió el rubio sin aceptar replica alguna al tiempo que bajaba del auto y se acercaba a la puerta del restaurant.
Helga le miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados a un lado del auto, el ojiverde le miró sin entender y vio como Helga rodaba los ojos para abrir la puerta trasera y bajar a Phillip con todo y silla de viaje.
Shortman se puso azul de vergüenza y corrió para recoger a Geraldine y cargar la pañalera.
.-.-.-.
"¡Ibas a dejarlos dentro del coche y que murieran de calor o de asfixia!"- reprochó Helga- "¿En qué estabas pensando?"- la pregunta era retórica obviamente.
"Ya te pedí perdón, Hel, y también a los niños. Fue un error, un accidente"- decía de nuevo por millonésima vez.
"Pudieron haber muerto"- vio que Arnold estuvo a punto de replicar pero ella no le dejó- "Sí, se han muerto niños y bebés por quedarse dentro del auto, bajo el sol y con las ventanas cerradas"- reprochó con el ceño fruncido y los brazos cruzados- "Un accidente es que se caigan por pisar mal o que rompan un vidrio por aventar mal una pelota. Eso fue TODO menos un ACCIDENTE"- insistió.
Arnold suspiró intentado encontrar calma, tal vez el hambre había solucionado parte de su mal humor, pero el hecho de que casi olvidara a los niños dentro del auto, encendió de nuevo su mal humor.
Ambos rubios fueron el resto del camino en silencio hasta llegar a los Liaptons. No importaba cuántas veces se disculpara con ella, no le perdonaba; y no importaba cuantas veces el lo intentara, ella ya no podía creerle. Ya simplemente no podía creer en todas sus mentiras y falsos arrepentimientos.
Al llegar a los Liaptons, podían observar como entraban y salían personas de la residencia, al igual que podían ver como llevaban sillas, mesas y adornos de las camionetas a la residencia. Arnold miró nervioso a todas partes, el ver al padre de Helga de nuevo, después de como le había tratado le hacía ponerse en guardia y no sabía como actuar. Miró a Helga de soslayo y pudo notar que ella también estaba nerviosa.
Estacionaron el auto junto a otros y al bajar, pudieron notar como una Olga entusiasmada, corría para abrazar a Helga.
"¡Hermanita bebé!"- exclamaba al tiempo que daba sonoros besos- "Que bueno que llegaron"- le miró embelezada, miró a Arnold y sólo sonrió, aún no sabía como comportarse con el joven que le hizo tanto daño a su hermana- "¿Y en dónde están mis bellos sobrinos?"- preguntó la joven al tiempo que miraba a sus sobrinos por la ventana y comenzaba a hacerles caras, a las cuales ellos respondían con risa.
"Helga"- le llamó Patrick y le abrazó con cariño- "¿Qué tal el viaje?"
Helga le sonrió con familiaridad y Arnold no pudo sentir una leve punzada en su pecho.
"Muy tranquilo"- decía al tiempo que caminaba junto a él.
"Me alegro, ¿tienen hambre?"- preguntó galante su cuñado y Helga negó con suavidad.
"Estamos bien, desayunamos en un restaurant de paso"- respondió un poco ácido el rubio.
Los gestos de Helga indicaban la confianza con que se sentía y su ánimo era muy distinto a cuando estuvieron en el auto. Arnold no podía evitar mirar ceñudo al prometido de la hermana de Helga, pero es que tanto cariño y atención le provocaban envidia, pues deseaba ser él, quien le pudiera abrazar con esa confianza y hablar así con ella.
"Cabez de balón, te estoy hablando"- reclamó la rubia al notar que no le había escuchado.
"¿Eh?"- sólo pudo decir y Pataki chica rodó sus ojos- "¿Qué sucede?"
"Helga"- le llamó su padre desde la entrada de la residencia y Helga sintió un escalofrío.
Al darse vuelta, pudo ver a Bob Pataki dirigirse hacia ellos.
"¿Puedo saber, en dónde diablos estaban?"- preguntó no muy confiado- "No se supone que deberían haber llegado hace una hora?"- el sabía que habían llegado a la hora correcta, simple y sencillamente, aún seguía bastante enojado por como había resultado el juicio, que su hija tuviera que compartir el departamento por aquel quien la había dejado y ahora alegaba que los quería, y además, que Miriam estuviera de chillona y Olga extremadamente exigente, no le ayudaba en lo más mínimo.
Helga rodó sus ojos- "Bob, te llamé desde el restaurant y te dije que a lo mejor llegábamos un poco más temprano. Técnicamente, eso sería bueno"- dijo con ironía.
Arnold miró al señor Pataki y este le devolvió una mirada desconfiada, caminó hacia él abriéndose paso entre Helga y Patrick, para quedar frente a él, casi tenían la misma estatura pero el rubio era ligeramente más alto.
"Tome señor Pataki"- le dijo Shortman sacando un sobre de su chaqueta- "Se que no es mucho, pero cubrirá los gastos que han generado mis hijos, el hospital y demás extras"- aclaró mientras Bob veía el cheque y su boca se abría de par en par.
"Ay, hijo, no tenías"- comenzó Bob con una voz más amable pero su hija interrumpió su falso agradecimiento.
"Camina melenudo"- le decía Helga al ingresar al lobby de la espaciosa residencia, jalándolo del brazo. Tocó el hombro de su padre al tiempo que pasaba cerca de él y le susurraba con acidez- "Que bien resistes, Bob".
Flashback
"Miriam, tengo que hablar contigo"- dijo Helga desde la puerta. Miriam le miró sin entender las ansias de su hija menor, pues le veía retorcer su gorra con insistencia. Helga sabía que no tenía caso darle más vueltas al asunto, mientras más rápido lo dijera, más rápido sería el sermón de sus padres y más rápido terminaría con todo eso.
Miriam se acercó a la rubia, la miró con interés, había algo muy diferente en ella y al ver a su hija a los ojos y notar ese brillo, de inmediato lo supo. Su mirada se enterneció y las lágrimas cayeron por sus mejillas-"Ven, vamos a buscar a Bob"- le dijo mientras la tomaba de la mano y ambas bajaban a la sala.
Bob miró a Miriam con los ojos llorosos, después a Helga y de nuevo a Miriam. Lo que sea que fueran a decirle, estaba seguro que pondría los puntos sobre las 'i's.
Helga habló tranquilamente con ambos y sus caras de estupefacción se iba marcando cada vez más. Cuando terminó de contarles, Bob se levantó de su asiento y comenzó a caminar en círculos alrededor de la sala.
"Una pataki no huye, ¿quien es el padre?"- bramó.
"No importa, el no tiene porque saberlo"- declaró la rubia y eso le dio una pequeña seña a su padre de quien era.
"¡Es ese tonto de Alfred, Alan, como se llame! No puede hacerse el occiso y evitar su responsabilidad con"
"No Bob, yo no quiero que sepa."- aclaró la rubia afirmando la sospecha de su padre e interrumpiéndolo.
"Pero hija, te obligó o te forzó"- dijo preocupada su madre, por primera vez, Helga veía que Miriam no se encontraba ni tan atolondrada ni tan desinteresada en ella.
"No mamá, yo quise quedar embarazada. Todo iba a estar bien pero muchas cosas han pasado"- argumentó y era cierto, hasta cierto punto, cuando se enteró que estaba embarazada, Arnold tenía unas semanas de haber roto con ella. Mientras que cuando estuvieron especulando al respecto, buscaron nombres de bebés y hacían planes para cuando fueran a la universidad.
"Osea que ya lo sabías"- afirmó su padre.
"Lo sé desde hace tres meses"- aseguró la rubia, ya no podía echarse para atrás, sería ilógico que dijera que no.
"Helga"- le llamó su madre. No podía creer que su pequeña estuviera embarazada y que ella no se hubiera dado cuenta, pues las señales fueron más que claras.
Big Bob alzó la mitad de su uniceja y la escrutinó- "¿Cual era tu plan jovencita?"- preguntó sin más, pues así como conocía a Helga, sabía que tenía un plan y era infalible.
Helga le miró sorprendida pero sabía que no podría engañarlo por mucho que quisiera- "Iba a ir a la universidad y tenerlo y criarlo"- comenzó a explicar y su padre le calló.
"Ajá y nos ibas a ocultar todo"- razonó mirándola de forma severa, la ojiazul no dijo nada y Pataki padre sólo asintió con los brazos cruzados- "Irás a la universidad, en eso tienes razón. Terminarás el primer semestre, con suerte nacerá aquí. Buscaremos una opción para que tu bebé esté contigo a partir de entonces, busca en la escuela si hay apoyo a madres solteras o alguna guardería cerca de donde vivirás o estudiarás"- ordenó para sorpresa de Helga.
"Gracias papá"- agradeció sinceramente, no podía creer que Bob le apoyara de esa forma.
"Y sí alguna vez ese tonto de Alfred, viene a buscarte, no dudes que lo echaré a patadas. Ni siquiera el dinero podrá hacerme hablar. Resistiré cualquier cosa que imponga"- aclaró y Helga simplemente sonrió.
Fin del Flashback
Observar el esplendor del lobby, le hizo suponer correctamente a la rubia que no habían escatimado en gastos para la boda de su hija preferida. Todo parecía hecho de porcelana y mármol, las escaleras eran curveadas y los ventanales lograban hacer que la luz del sol, hiciera brillar todo como si fuera de oro. Parecía un sueño.
"Es hermosa, ¿verdad?"- preguntó Patrick a su espalda y ambos voltearon a verlo, traía en brazos a Phillip y a su lado, Olga estaba con Geraldine.
Helga asintió con una sonrisa- "Es muy bello".
"Disculpe, señorita Pataki"- preguntó un joven de camisa blanca y overol- "¿En dónde pongo las maletas?"- dijo señalando las maletas de Arnold y Helga.
Helga le miró ceñuda a Arnold- "Ay hermanita, yo saqué las maletas del auto, espero que no te importe"- intervino su hermana sabiendo que la menor empezaría con una de sus rabietas- "Déjalas en los cuartos compartidos"- respondiendo haciéndole cosquillas a la nena en sus brazos.
"Pero Olga"- intentó replicar Big Bob, pues había apartado esos cuartos, precisamente para su hija, ellos y los presentes del futuro matrimonio.
"No papá, Patrick y yo no necesitamos tanto espacio. Además Helga y Arnold estarán más cómodos si no tienen que compartir cuartos y además, si tienen acceso al de los nenes."- aclaró Olga tocando suavemente la nariz de la pequeña Geri, haciéndola reír.
.-.-.-.
Arnold y Helga alimentaron a los bebés en la amplia cocina. Aún seguían sin hablar y eso le estaba molestando al rubio. No sabía como tomar el tema o si quiera, hablar de algo. Cuando terminaron, los llevaron a la habitación que tenía sus hijos, justo en medio de sus habitaciones y los dejaron en la cuna. Arnold observó que una mujer muy estirada llegaba por Helga y se la llevaba, para después ver como otras dos mujeres entraban al cuarto de sus hijos y de inmediato, comenzaban a vestirlos. Ahora entendía la razón del porqué. La boda era en menos de una hora y era momento de comenzar a prepararse, según le habían comentado las ayudantes.
Los preparativos de la boda estaban casi listos, la novia retocaba su maquillaje y se le veía muy nerviosa. Su vestido era blanco y amplio, con pedrería en la falda, el pecho tenía un diseño de corazón con detalles bordados en él, y un fino lazo color marfil, enmarcaba tanto el corazón, como su cintura, adornada por una rosa del mismo color.
Mientras que Helga terminaba de retocar el peinado de su hermana, sus caireles llegaban debajo de su omóplatos y la tiara que coronaba su cabeza, brillaba sin cesar, haciéndola resplandecer; su madre se encontraba ligeramente adormilada en el sillón del cuarto.
"Estás hermosa"- le dijo Helga- "Patrick es muy afortunado"- dijo recargando su cabeza sobre la de su hermana. Olga le miró con los ojos llorosos y se abrazó a su hermana menor.
"¿De verdad, lo crees?"- Helga asintió. Olga se levantó y la miró con una enorme sonrisa- "No dejes de amar por miedo"- aconsejó, a lo cual su hermana le miró vacilante- "Verás que él te corresponderá como se debe, no tengas miedo"- Helga no supo que decirle. Olga había visto como la veía cuando se acercaba un hombre a ella y eso, le daba una buena señal.
"Ya es hora"- dijo la organizadora al asomarse por la puerta, lo que logró espantar a su madre.
.-.-.-.
La ceremonia se llevó acabo en el jardín, Arnold se encontraba esperando en primera fila, mientras mecía a los bebés en la carriola. Vio pasar al novio y notó que se encontraba un poco nervioso, movía sus manos con ansias y miraba a todas partes. Detrás de él, entró su padrino, un joven apuesto de cara ovalada con aspecto engreído, su cabello rojizo peinado completamente hacia atrás, sólo reforzaba sus facciones varoniles, así como sus ojos verdoso; y de su brazo, se encontraba una joven de increíble belleza y cabellos rubios que se recogían en un tocado alto y terminaba en bucles, su vestido de un rosa muy pálido, iba cruzado en el pecho y una cinta, dejaba que el volado de la falda le hiciera ver como si caminara en una nube. Al ver que la rubia volteaba a verlo, no pudo evitar sorprenderse al reconocer esos ojos azules, era Helga. Su boca se abrió de par en par, jamás la había visto de esa manera y no es porque estuviera muy arreglada, simplemente, nunca la había visto en un vestido que resaltara tan bien su figura y que le hiciera ver como una diosa.
Al ver que el pelirrojo le secreteaba al oído mientras esperaban a que empezara la marcha nupcial, la cara de Helga cambiaba de colores y Arnold no pudo evitar molestarse, aún no podía entender si era porque los hombres la cortejaran o porque él no podía hacerlo. Le era frustrante, pues cada vez que sentía que su relación avanzaba, algo sucedía y entonces se volvía a alejar, logrando que estuvieran igual o peor que al principio. Cuando empezó la marcha nupcial, ambos se separaron y se acomodaron donde debían.
Durante toda la ceremonia, Arnold estuvo al pendiente del pelirrojo, quien no dejaba de mirar a Helga y esta simplemente miraba con atención a su hermana, ni siquiera volteaba a verlo. Esa era una de las cosas que le tenían más molesto, pues aquel pelirrojo se estaba llevando la atención de la mujer que amaba.
Al terminar la ceremonia y empezar la fiesta en los jardines, Helga se acercó a Arnold y a sus hijos.
"Estás hermosa"- fue lo primero que pudo decir el rubio. Helga se ruborizó y sólo bajo la mirada a sus hijos.
"Muchas gracias"- sonrió con Geraldine en brazos- "Tu te ves muy bien"- sólo eso pudo decir, pues cada vez que veía de reojo al rubio durante la ceremonia, se le aceleraba el corazón y se estremecía su estómago- "¿Trajiste la pañalera?"- a lo cual el rubio asintió, tendiéndole la mochila y la rubia sacó un biberón para después dárselo a Geraldine.
Arnold tomo a Phillip de la carriola y también le dio su biberón.
"Solía pensar, que nuestra boda sería así"- susurró la rubia y Arnold le miró interesado, eran las primeras palabras que se podían considerar como una conversación o que llevaba a una- "Qué íbamos a bailar toda la noche y después"- se sonrojó- "Aunque supongo que los sueños, son sólo eso... Sueños"- dijo con tristeza y le miró melancólica.
Arnold no supo que contestarle, pues él también había pensado en eso después de haber intercambiado anillos pero se entristeció al recordar, que al ir detrás de Lynett, eso había terminado con todos esos sueños que tenían.
Su mirada comenzó a vagar por la pista de baile y varias chicas dirigían su mirada hacia él, mientras que el rubio sonreía de forma galante y les guiñaba un ojo. Helga, al notar lo que hacía, sólo pudo decepcionarse, era demasiado bueno para ser cierto.
"Disculpe, hermosa señorita. ¿Me permitiría esta pieza?"- preguntó el galante pelirrojo tendiéndole una mano.
Helga alzó una ceja y Arnold le miró de forma asesina.
"¿Que no ves que estoy ocupada?"- preguntó algo molesta golpeando con suavidad la espalda de Geri, lo cierto era que quería ver la reacción del rubio cuando un hombre le hablaba y eso le daba ánimos en su corazón, sin embargo, soportar al pesado de Bradforth era desesperante.
"Ay vamos, linda, quizá podemos bailar y después..."- Arnold se levantó de golpe, con Phillip en brazos.
"Ella no irá contigo"- respondió Arnold molesto, ¿quién se creía ese idiota, al invitar a su mujer?
Brad lo miró de arriba a abajo, reparando en el bebé- "Oye niñero, por qué mejor no te callas y te apartas de mi vista"- advirtió y se recargó en la mesa- "¿Puedes creer lo que la servidumbre se atreve a hacer?"- dijo con su actitud de superioridad.
"El no"
"Oh, no linda. No lo defiendas, es sólo un mozo, por qué no le das a tu nena y nosotros bailamos"- sugirió mirando despectivamente al rubio. Tomó a Geraldine de sus brazos y la dejó en los brazos de Arnold, para después llevársela a la pista de baile.
El tic de Arnold había regresado y era sumamente pronunciado.
"¿Arnold, estás bien?"- preguntó una voz conocida, lo que provocó que volteara a verla en seguida.
"¿Lila?"- preguntó al verla, apenas podía creerlo. Su gran amiga de la escuela, estaba frente a él, mirándolo consternada- "No puedo creerlo"- le dijo y la pelirroja le sonrió afable.
Lila sonrió y miró a los nenes- "Son los suyos, ¿verdad?"- Arnold la miró sorprendido y sólo pudo asentir- "Entonces, de verdad estas tratando de recuperar a Helga"- dijo al sentarse a su lado y ayudarle con Geraldine.
"Se supone"- dijo con evidente molestia al observar a Helga bailar con el pelirrojo, mientras le daba suaves golpecitos a Phillip.
Lila siguió su mirada y entonces entendió su molestia- "Oh, esta bailando con Bradforth"- comentó y notó que Arnold le volteaba a ver intrigado- "Es primo de Patrick y James, siempre ha estado enamorado de Helga"- miró de reojo y pudo ver como la cara de Arnold cambiaba de una seria a una bastante irritable, así como su tic se hacía más pronunciado- "Bueno, está enamorado de su belleza, aunque en realidad no se conocen mucho. Pero a Helga no le agrada en lo más mínimo, aunque tiene que soportarlo para no causarle problemas a Olga."- respondió con una sonrisa de complicidad, sorprendiendo al rubio- "Sabes Arnold, Helga necesita saber que la amas, aunque sea con pruebas más táctiles. La sutileza no es su fuerte"- recomendó y el rubio sonrió.
"¿Te importa cuidarlos por un momento?"- preguntó Arnold acomodando a Phillip en el asiento- "Oh, y si puedes, mécelos, se ponen muy inquietos si están quietos"- recomendó y Lila miró a Helga, para después guiñarle un ojo.
Arnold se acercó a la orquesta, el maestro afirmó y de inmediato cambió el ritmo. Helga volteó de inmediato al reconocer el tango y después, escuchar a un lado suyo.
"Señorita, permítame esta pieza"- a lo cual Helga sólo asintió, dejando sorprendido a un arrogante pelirrojo.
La pieza comenzaba lenta y así sus movimientos, los de ella eran sensuales y delicados, los de él eran fuertes e insinuadores. Ambos se miraban a los ojos, intentando adivinar las intenciones del otro. Helga se movía con total suavidad y maestría, habían llevado unas clases de baile en la secundaria pero no sabía que podía recordar tan bien. Su cuerpo daba vueltas por la pista con tal elegancia que todas las parejas les miraban impresionados desde el borde o desde sus asientos.
Mientras, dentro de cada uno, un remolino de emociones se daba rienda suelta, el estar tan cerca, el seducirse mutuamente, les hacía querer tocarse, sentirse hasta lo más recóndito. Ella lo miraba con intensidad, quería que la besara, que la hiciera suya, que jamás la dejara y que le prometiera amor eterno. Cada vez que tenía cerca su boca, su nariz, sus manos, no podía evitar dejar salir un suspiro y sentir como su corazón latía más fuerte, por su estómago revoloteaban millones de mariposas y su cuerpo se estremecía. Arnold jaló hacia él a la rubia y le hizo bajar, dejando al descubierto una de sus piernas, no sabía que el vestido tenía una abertura, lo cual provocó un gran sonrojo en él.
El rubio la sentía tan cerca y a la vez tan lejos, cada vez que se miraban, podía ver que ella se rendía ante él, cada vez que suspiraba sus vellos se erizaban, logrando que su cuerpo se estremeciera y que quisiera hacerle el amor en la misma pista. Quería arrancarle suspiros y besos, quería hacerla suya de nuevo. Intentaba no excitarse cada vez que sentía que sus partes chocaban e incluso, a veces sentía que ella podía sentirlo entre sus piernas al abrir el compás.
Se alzaron de nuevo y ella siguió moviendo los pies de adelante hacia atrás, al ritmo de la música. Movían su cadera y su cintura como si estuvieran atados de ellas, en sentido opuesto, haciendo unos bien definidos ochos mientras sus cuerpos jugaban a retarse. Ella retrocedía y el avanzaba, ella le daba la espalda y él la volteaba, girándola delicadamente hacia su cuerpo.
Su sincronía con el baile, les hacía sonreír abiertamente, por algo el tango siempre había sido su baile favorito, pues siempre les había permitido expulsar sus sentimientos de forma candente y llamativa. Arnold la miró con decisión, la hizo girar hacia él, cuando ella chocó contra su pecho, le acarició el rostro con devoción al tiempo que subía su pierna a la altura de su cadera, Shortman posaba su mano sobre ella, acariciándola delicadamente, y la música terminaba.
La gente les aplaudió y vitoreó con fuerza, ellos se mantenían agitados, viéndose a los ojos y de repente, la mirada de Arnold se dirigió hacia un pelirrojo iracundo que se alejaba de la pista, empujando a las demás para salir de ahí, mientras que él sonreía triunfante. Helga miró sobre su hombro y notó como Brad se iba. Miró ceñuda al rubio y también se retiró de ahí, no podía creer que había sido parte de su juego. Su bello hechizo, se había esfumado.
Arnold la miró sin entender, es decir, primero le seducía durante el baile y después le rechazaba. Comenzó a caminar en dirección de Helga, pero de inmediato, muchas jovencitas se acercaron a él. Todas le llamaban y le miraban atentas, no podía evitar sentirse adulado y comenzó a charlar con las jovencitas que se empujaban para ser la siguiente en bailar con él.
"No funcionó"- susurró Lila cuando la vio sentarse a su lado.
Helga negó y recargó su cabeza sobre sus manos- "No, no funcionó"- miró con recelo a las chicas que se arremolinaba en donde estaba Arnold y del cual, apenas podía notarse su cabeza. Había pensado que quizá el baile les haría entrar en sintonía de nuevo y que él recordaría quienes eran, pero darse cuenta que hizo de su baile, una competencia, le hacía sentir peor. No sentía que lo hiciera por celos, sino para demostrar que ella le diría que sí y él ganaría. Suspiró y decidió cambiar la conversación- "¿Qué tal tu embarazo?"- preguntó curiosa.
Lila sonrió- "Muy bien, yo no tengo muchos antojos aunque James no puede decirte lo mismo"- dijo riendo delicadamente mientras señalaba a su esposo, quien sostenía un plato con varios canapés y bocadillos. Helga también rió y saludó al castaño que buscaba con la mirada a Lila, y al reconocer a Helga, de inmediato se acercó a ellas.
"Vas a engordar, Wilbur"- dijo con burla, sabía perfectamente que odiaba ese nombre y el hecho de que le picara su pequeña barriga, tampoco ayudaba a su orgullo.
James le miró molesto- "Bueno, tu ya pasaste por esto y sabes perfectamente lo que hacen los antojos"- dijo al tiempo que comía otro canapé- "Además, mi Lila me quiere así"- Lila rió y le dio un sonoro beso.
"Por supuesto que sí"- respondió su esposa, derramando miel en sus palabras.
Helga al verlos, no pudo evitar recordar cuando Arnold y ella eran así, se decían cosas hermosas, se abrazaban y se besaban con devoción, deseo y amor. Le entristecía saber lo que había sucedido con ellos. Ya no existía ese gran amor que alguna vez se profesaron.
"Sabes Lila, iré a caminar"- dijo entristecida y se llevó a sus bebés en la carriola.
Arnold regresó poco después de que Helga se había ido, esperaba encontrarla y hablar con ella, en su lugar, encontró a una Lila viéndolo de forma severa y a un James, comiendo como pelón de hospicio.
"Sabes Arnold, pensé que había cambiado y que de verdad te interesaba Helga"- se levantó cruzada de brazos- "Pero me doy cuenta que no has cambiado nada, sigues viendo la belleza exterior solamente"- le miró entristecida- "Tal vez, no me equivoqué, no mereces que Helga te ame, lo siento Arnold"- se alejó de él, tan pronto le dijo eso.
Arnold miró contrariado a la pelirroja, primero lo animaba y ahora lo sobajaba. Ya no sabía que hacer o que esperar. James se levantó de su asiento y miró con algo muy parecido a la compasión, haciendo sentir incómodo al rubio.
"Arnold, siempre me caíste bien y yo jamás quise decir nada cuando rompiste tu promesa con Helga, porque era su relación. Pero ahora no tienen una relación y si esperas tener una con ella, deberás recordar quien eras y porqué hiciste lo que hiciste."- Arnold le miró confundido- "Todos tenemos errores, Arnold, el hecho es saber cuáles son los errores que marcaran nuestra vida de forma significativa y si no sabes como enmendarlos, entonces estás condenado a repetirlos"- advirtió- "Sabes, quiero mucho a Helga, es como mi hermana y es una gran amiga de Lila. No puedo lastimarte, por que se que Helga me mataría, pero si le haces daño de nuevo, no dudes que lo haré"- su amenaza le sorprendió al ojiverde, siempre se habían llevado bien a pesar de todo y le sorprendía que Helga fuera tan importante para él.
Se sentó en la mesa, bastante desanimado, ¿ahora que podía hacer? Miró hacia el lago y pudo ver a la rubia, pasear con calma a sus hijos, por lo que decidió alcanzarla. Tal vez, pudieran resolver las cosas de una vez por todas.
.-.-.-.
La brisa marina tocaba sus brazos y el sonido de las olas le tranquilizaba, el llevarlo no fue precisamente su idea pero el hecho de que su abogado y el suyo hayan llegado a ese acuerdo para cuidar los intereses del rubio, había sido lo único que no pudo evitar.
Y a pesar de todo, debía agradecerle pues gracias a que rentó un corolla hatchback, pudieron ir tranquilamente a la boda en los Liaptons, sin que nadie estuviera molestando u olores extraños les provocaran náuseas, incluso no tendría que lidiar con personas que se quejasen porque sus hijos ocuparan un asiento cada uno y por esa razón, no hubiera subido tal o cual pariente con ellos. Aunque claro está, hubo más de un incidente de camino ahí.
"Sabes, por más que le doy vueltas al asunto, no puedo entender ¿porqué?"- Arnold le miró sin entender- "¿Por qué terminaste conmigo? ¿Acaso no soy tan bonita como ella?"-le miró resentida- "¿No te abrí las piernas desde el primer día? ¿Soy demasiado agresiva o poco sumisa?"- Arnold no decía nada, se limitaba a escucharla- "O es que, simplemente te enamoraste porque te diste cuenta de que no somos el uno para el otro y si es así ¿qué haces aquí?"- preguntó con cierta ironía- "Ya no sé... Quizá no luche por ti tan fuerte. Quizá te di por sentado y no me preocupé por recuperarte"- dijo triste- "Tal vez tienes razón y quizá no somos el uno para el otro"- susurró con un nudo en la garganta. Decir aquello significaba abrirse, pero viendo el como había actuado durante la fiesta, se dio cuenta que era lo menos preocupante.
Su vestido se movía con el aire y Helga intentaba que la brisa no le afectara a Phillip, se dirigió hacia la residencia y Arnold le siguió con Geraldine en brazos, ambos se habían dormido y el hálito comenzaba a ser más frío. Al llegar a la habitación de los bebés, Helga acomodó a Phillip mientras que Arnold acomodaba a su lado a Geri. Algo que había aprendido la primera noche consciente, en el departamento que ahora sería también su residencia.
Helga caminó hacia el balcón y desde ahí pudo observar la gran multitud que se encontraba en la pista de baile y aquellos que aún cenaba en su mesa. Todo se veía fantástico y parecía un cuento de hadas. Lo cierto era, que tenía envidia y no porque odiara a su hermana, sino todo lo contrario. Quería algo de esa dicha y ese brillo que ella irradiaba al estar con Patrick, al verlos bailar juntos o incluso, al verlos tomarse las manos.
Se abrazó a sí misma, sintiendo la soledad de la noche y de repente, algo cálido la cubrió por la espalda. Arnold se sentó sobre el barandal y le sonrió con melancolía, extrañaba verla con una sonrisa en su rostro, que le dijera te amo y le diera muchos besos en su rostro. La extrañaba de verdad.
"No..."- suspiró Helga- "No pudiste evitarlo, ¿verdad?"- le dijo aún mirando a la gente, no quería que sus ojos se encontrasen, además tenía que saberlo si había sido por uno o por otro.
"¿El qué?"- preguntó algo confundido.
Helga sonrió con tristeza- "Sacarme a bailar tango"- ahora si le miró fijamente- "No pudiste evitar sentir celos de Brad"- afirmó.
Arnold se sonrojó y agradeció que no hubiera luz en el balcón para que ella pudiera ver su cara. ¿Era tan obvio?- "No...sé de que hablas"- dijo no muy seguro, sabía lo que sentía por Helga, más no quería verse débil o frustrado ante ella.
"¿A qué estas jugando, Arnold?"- le respondió sin más, mirándolo con severidad. Ella lo conocía perfectamente y sabía que ese tipo de respuestas era para no decir 'sí, mucho'- "Primero me botas y después quieres regresar conmigo. ¿Por qué?"- le miró sin entender y es que, de verdad no sabía por que su capricho por estar con ella, era tan fuerte si tenía la atención de todas las mujeres y podía escoger a la que quisiera. Arnold no le respondió, se limitaba a verla con vergüenza- "¿Qué es Arnold? ¿Por qué te afecta tanto que otros me encuentren atractiva? o ¿es que pensaste que nadie lo hacía? ¿Qué sigo siendo la niña desarreglada y fea?"- preguntó con sarcasmo- "¿Qué Arnold?"
Arnold se bajó del barandal y le miró con franqueza- "¿Quieres saberlo?"- Helga no apartó la mirada de él- "Sí, Helga. Lo eché a perder, lo admito. Todo lo nuestro lo cambié por un cuerpo sexy y una cara bonita"- Helga cerró un poco los ojos, le molestaba escucharlo directamente de sus labios, pero tenía que sacarse la espinita de una buena vez- "Y cuando... siempre supe donde estabas, en que lado de la universidad encontrarte pero..."- suspiró y la tomó de los brazos- "Quería... quería comprobar que no te necesitaba, que no eras relevante para que yo pudiera seguir mi vida y me di cuenta"- suspiró de nuevo y la soltó- "Me di cuenta que te necesito más de lo que jamás pensé. Y si te veo con cualquier chico, sí, la verdad me vuelvo loco y me dan celos. No voy a negarlo. No pienso negarlo"- se acercó de nuevo a la sorprendida Geraldine y alzó su rostro por la barbilla- "Te necesito demasiado, me haces falta... "- confesó en un susurro y Helga no podía evitar verlo a los ojos- "Yo"- la atrajo hacía él y la rubia le empujó de inmediato.
"¿Qué piensas?"- le miró sentida- "¿Que puedes decirme todo eso porque me veo bonita y ya? ¿Que puedes besarme y con eso se arreglan las cosas?"- reprochó- "No Arnold, lo siento. Pero nada de lo que me dijiste me pareció que llegaba desde el corazón. Parece más bien algo ensayado, no me has respondido con la verdad."- suspiró desilusionada, pues al parecer lo que él podía demostrar, lo que podía decir y lo que sentía, pertenecía a personas muy diferentes dentro de un mismo cuerpo- "Puede que hayan verdades en lo que me dices, pero no puedo creerte"- la rubia tomó rumbo a su habitación y lo dejó frustrado en el balcón.
El había dicho la verdad pero no podía entender porque ella no le creía, porque ella aseguraba que no era sincero. Miró hacia la fiesta y pudo notar a varias chicas, amigas del matrimonio, que bailaban y le saludaban desde ahí. Tal vez, ni siquiera él entendía a la perfección lo que quería, tal vez, esas chicas le hablaban porque era atractivo pero no podía estar seguro de que fuera así. Y entonces cayó en cuenta, ella había visto cuando coqueteaba con otras chicas.
Dejó caer su cabeza sobre el barandal del balcón y se reprochó mentalmente- "¿En qué diablos estabas pensando Arnold? ¿Por qué no puedes ser franco y sincero? ¿Por qué no puedes decirle a Helga lo que sientes? ¿Por qué sigues buscando en dónde sabes de antemano que no vas a encontrar lo que quieres ni lo que necesitas?¿Por qué?"- suspiró- "Soy un tonto"
"Pues no lo sé, eso depende"- dijo una voz a su espalda. Arnold le miró incrédulo, no sabía en que momento había llegado, pensó que se encontraba bailando con su esposa.
"Yo"
"Eres un tonto si dejas escapar a alguien como mi cuñada"- advirtió- "¿Qué hacías ahí abajo?"- preguntó el pelinegro, él había visto como coqueteaba con otras jóvenes, pero al contrario de lo que pensara Helga e incluso, el mismo Arnold, le pareció que lo hacía por inseguridad y no por hacerle pasar un mal rato a Helga; Arnold miró serio la fiesta- "Se que es difícil"- se recargó junto a él en el barandal- "Uno nunca está seguro de sus sentimientos hasta que los confiesa y son correspondidos, entonces te sientes tan seguro que puedes resistir lo que sea"- Arnold no sabía que decirle, Patrick lo miró de reojo- "Que tu y Helga terminaron por tu infidelidad, bueno, no me esperaba menos"- aseguró y Arnold lo miró pasmado, ¿cuantas personas podían saberlo?- "¿Te sorprende?"- alzó una ceja- "No deberías sorprenderte tanto a decir verdad. Una mujer dolida siempre cuenta lo que tiene y Helga se lo contó a Olga y ella me lo contó a mi. Helga necesita mucho apoyo y tú no estuviste en ningún momento"- le miro serio- "No sabes como fue su embarazo ni como ha estado"
"A puesto que Mike le ha ayudado bastante"- dijo dolido, todos lo tachaban como el malo pero también Helga tenía la culpa, no podían culparlo a él solamente por terminar.
Patrick sonrió satisfecho- "Michael fue su primer amigo en la universidad, cuando todos la discriminaban, el la defendió de los demás y le apoyó cuando nadie más lo hacia. Tú estuviste en la misma universidad, ¿alguna vez la defendiste?"- preguntó interesado.
"Pues si hubiera sabido que se trataba de ella, seguramente lo hubiera hecho"- respondió.
El pelinegro negó suavemente- "Ese fue tu problema, que por pensar que era otra persona, no lo hiciste"- miró hacia la fiesta- "Helga me contó quien eras, como eras y en qué te convertiste. Y sólo puedo decir, que el verdadero Arnold tiene que salir de esa hoyo en el que está o de verdad, va a perder a mi cuñada"- Arnold le miró indignado- "Oye, se que sientes que eres juzgado de forma errónea y que todos te vemos como el villano, me incluyo, pero no te has puesto a pensar que ¿si todos vemos eso, es porque así fue y es como se ven las cosas? Nadie sabe tu versión de la historia, pero si tu versión empieza con un 'Me besó y yo no pude evitarlo' y termina con un 'Terminé con Helga porque no estoy tan enamorado de ella como pensaba, y me enamoré de Lynett' pues entonces, primero debes resolver tus problemas acá"- dijo al señalar su cabeza- "para que los problemas de aquí"- esta vez señaló su corazón- "Sean más sencillos de solucionar. Nadie te va a dar la respuesta de lo que tienes que hacer, más que tú"
"¿Cómo sabré si estoy en lo correcto?"- preguntó el rubio desconcertado, lo que le decía era algo que ya sabía pero que si lo pensaba bien, no se había dedicado a entender.
"Arnold, dime una cosa ¿Por qué regresaste con Helga?"- Arnold le miró sorprendido por la pregunta, no es que no la esperara, simplemente no lo conocía y eso le dejaba muchas dudas- "Ya te dije, ella me contó su versión de la historia y aunque tu me cuentes la tuya, lo que realmente quiero saber es ¿por qué regresas con Helga?¿Por qué ahora?"
Arnold le miró derrotado- "Ya...no...lo sé"- respondió sin más- "Al principio pensé que era por que la extrañaba y no te lo niego, aún lo hago pero no sé, ella es tan diferente... No me creyó cuando le dije mis razones para no buscarla"
"¿Y esas eran?"- le miró atento.
"Por que quería"- se revolvió el cabello y suspiró- "Quería pensar que había hecho lo correcto al aceptar a Lynett, al cambiarla por ella...Desde que Lynett me besó, no pude dejar de pensar en sus labios, en su cuerpo, en todo lo que ella tenía y era. Ese día me"- suspiró algo avergonzado- "me acosté con Helga porque quería, necesitaba comprobar que la amaba más que nada y que a nadie. Que ella era todo para mí, pero cuando abría los ojos y la veía debajo mío, no la veía a ella, veía a Lynett, sus ojos, su boca, su cuerpo..."- se tapó la cara, sentía asco por sí mismo- "Pensé que iba a olvidar ese gusto, pero cuando me hicieron su tutor"- negó suavemente- "En ese momento no me di cuenta, pero necesitaba que Lynett me dijera que hacer. Ella me contaba cosas que ahora sé que son mentiras, pero en ese momento, yo pensé que ella tenía razón. Es decir, Helga ella... Helga era bonita, no. Helga es hermosa, lo peor de todo es que cuando Lynett empezó a intervenir en mis pensamientos, yo cambié y no me di cuenta"- se lamentó- "Yo amaba a Helga ciegamente y no me importaba lo que los demás decían porque sabía que no tenían razón, pero... Helga jamás dejó de quererme ¿Verdad?"- dijo de pronto y Patrick negó- "Yo me alejé por alguien que no venía al caso, ¿no es así?"- preguntó sabiendo la respuesta.
"Ella siempre había sido bonita, siempre había sido atractiva y el hecho de que fuera desarreglada, no la hacía menos, simplemente no se fijaba en el exterior."- argumentó el pelinegro- "Tú, quien la conoces mejor que todos, deberías saberlo. Si Lynett cambio tu forma de ver el mundo, entonces tú lo permitiste y si a pesar de los esfuerzos de Helga por que incluso la llevaras a las tutorías con Lynett, tu le negaste la oportunidad, entonces ella hizo lo que pudo. Incluso pudo haberte bailado desnuda y tú no hubieras notado su esfuerzo"- aclaró.
"Entonces no soy un tonto, soy un idiota"- dejó caer su cabeza sobre el barandal. Era verdad, Helga había insistido en ir con él a las asesorías, incluso se había colado en una sesión y él le había mandado al diablo, porque se ponía nervioso de que Helga lo viera coquetear con Lynett.
Patrick sólo sonrió- "No es tan difícil, ¿o sí? Pero no me has contestado"- le miró interesado- "¿Por qué regresaste con ella?"
.-.-.-.
Ya llevaban una hora y media de camino de regreso a casa, ambos estaban exhaustos y no precisamente por la fiesta. Mas bien, el hecho de tener que estar a la defensiva, estaba comenzando a cansar a la rubia y no es porque quisiera, sino porque Arnold parecía ser vago en lo que decía y quería, en cambio mostraba una actitud tan diferente a lo que demostró el día anterior, que incluso se preguntaba si había pasado eso realmente. Ambos habían estado despiertos toda la noche, incluso peor que las dos noches pasadas, sus pensamientos les inundaban y les hacía revolverse en la cama. Helga se la había pasado viendo el saco del rubio hasta que decidió guardarlo en su maleta para evitar querer dormir envuelta en él. Mientras que Arnold, sólo podía pensar en lo hermosa que se veía en ese vestido y lo desilusionada que se había mostrado cuando habló con ella. Era una tortura pensar en el otro. Cerraban los ojos y no podían dormir con tranquilidad, en cambio, tenían que abrir los ojos de nuevo y por más que lo intentaron, no lograron tener tranquilidad en sus mentes ni siquiera para el sueño.
"¿A dónde vamos?"- preguntó al ver que el rubio se desviaba.
"Tengo que cargar gasolina"- respondió sin más y se desvió a la gasolinera cercana.
Helga sacó a Geri y a Phillip del auto, sabía que les haría bien un poco de aire fresco, por lo que decidió llevarlos a la tienda y comprar unas cuantas cosas, para después pasarse al restaurant a lado.
Habían desayunado esta vez, así que sólo comerían algo ligero, además de ser la hora de la merienda de los niños, por lo que los colocó en los asientos a su lado y les daba de comer tranquilamente, mientras un Arnold llegaba un tanto malhumorado.
"¿Por qué no me dijiste que iban a comer?"- preguntó con poca decencia, pues sólo se había bajado a ponerle gasolina al auto y cuando miró hacia la tienda, que es a donde había visto que Helga se dirigía, no los encontró y eso lo puso un tanto nervioso, ¿Qué tal si les había pasado algo? Para su suerte, sólo tuvo que caminar hacia el restaurant a su lado para encontrarlos y después estacionar el auto en frente.- "Un comentario, hubiera bastado"- aclaró y se sentó de golpe, en el asiento sobrante, frente a ella.
"Bueno, tal vez si preguntaras, entonces sabrías en dónde estamos"- dijo con ironía al tiempo que abría la boca y Geraldine también la abría para recibir el bocado. Helga alzó una ceja y le miró interesada- "Oye, ayúdame ¿no?"- reprochó al ver que el rubio se recargaba sobre la silla y veía afuera como si nada. Arnold al escucharla, se avergonzó y nervioso tomó la papilla para Phillip y casi se le cae la cuchara, para lo cual Helga rodó sus ojos.
Teminaron de merendar los bebés y ellos merendaron después. Ambos salieron del restaurant y Arnold colocó a Phillip sobre el toldo del auto, para después acomodar la pañalera, mientras que Helga acomodaba a Geraldine. Ambos se subieron al auto y entonces el rubio encendió el auto, por lo que Helga volvió a apagarlo. Él la miraba extrañado y ella le miró severa.
"¿Se te olvida algo?"- preguntó con sarcasmo.
Arnold la miró sin entender, encendió de nuevo el auto y la rubia volvió a apagarlo, por lo que la miró confundido. Había metido la pañalera, ella había acomodado a Geraldine y... Entonces su cara mostró el completo horror cuando se dio cuenta. Salió del auto y ahí seguía Phillip, sobre el techo del auto, riendo al verlo, para después meterlo y asegurar su asiento.
"Lo siento, Phillip"- le dijo avergonzado.
Salieron de la estación de servicio y volvieron al camino.
"Eres un idiota"- aseguró la rubia quien se limitó a ver por la ventana. Estaba muy molesta con él, primero por los asientos, después por casi abandonarlos en el coche y ahora, el casi olvidarlo sobre el techo del auto- "¿O no tiene sentido común, o no lo usa muy a menudo?"- se dijo Helga y es que cualquier persona pensante, sabía perfectamente que estar encerrado en un auto con las ventanas cerradas y bajo el sol, podría deshidratarte e incluso, se sabía que no era bueno dormir dentro de un auto con las ventanas, totalmente cerradas. Y el hecho de dejarlo sobre el toldo del auto y olvidarlo ahí, no mejoraba las cosas, si ella no hubiera apagado el coche y lo hubiera dejado arrancar, ahorita ya no estaría Phillip- "Que buen padre vas a ser"- susurró con sarcasmo.
Y ese fue el colmo de la contestación- "Ay, perdón por no ser como Michael"- respondió dolido y haciendo pucheros- "Tu fiel perro guardián"
Helga le miró molesta- "Pues aunque lo dudes, por lo menos recuerda que los bebés dependen enteramente de un adulto"- reprochó- "Digo, por sentido común"- señaló su cabeza- "uno trata de evitar 'accidentes' con los bebés"- dijo haciendo señas.
"Pues uno no se encariña con los bebés de alguien más, sólo porque es muy buen amigo"- reprochó molesto, había acabado con su paciencia y ahora sí, le iba a oír- "No finges ser de una familia cuando no tienes una"
"Y lo dice el que huyó de SU familia para ir detrás de unas piernas bonitas"- reclamó ceñuda, no podía creer que le estuviera reprochando eso, él ni siquiera estuvo con ella, apenas comenzó con su capricho de regresar con ella.
Arnold la miró de reojo- "Yo no sabía que estabas embarazada"- aclaró.
"¡Esa no es excusa!"- reclamó- "¡Sabías que podía estarlo! ¡Estuvimos buscando nombres de bebés! ¡No puedes reprocharme el hecho de que Michael sea MÍ apoyo!"- dijo con un nudo en la garganta, no quería empezar a llorar, pero escuchar lo que le decía, de verdad le afectaba y más aún, al recordar lo sola que había estado.
Arnold no pudo soportar que ella le defendiera y a él le acusara- "¿Tu apoyo? ¡Ja! Más parece que es tu novio"- recriminó- "Nadie hace las cosas de forma desinteresada"
"¡AH! El que todos alrededor tuyo sean como tú y tu adorada Lynett, no significa que no haya personas distintas, como él"- Helga empezaba a cabrearse- "todavía existen personas de buenas intenciones"
"Uy sí, tan buenas intenciones que seguramente lo que quiere es llevarte a la cama, sino es que ya te cogió"- reclamó dolido, el que le señalaran sus defectos le hacía enfadarse y es que, a nadie le gusta escuchar sus defectos.
Y lo último que sintió, fue un fuerte golpe en la mejilla de una iracunda Helga que lloraba dolida. Arnold se tocó la mejilla y quiso detener el auto pero no se dio cuenta de la velocidad que llevaba, en algún punto entre que estaban discutiendo, él había oprimido más el acelerador y ahora iban casi a 160 km/hr. Lo bueno, es que era recta. Lo malo, es que se coleó el auto y esto provocó que tanto Helga como los bebés, gritaran del susto.
"Detén el auto"- ordenó la rubia algo sobresaltada pero el rubio no se detuvo, sólo dejó de acelerar- "Que detengas el auto"- repitió la ojiazul mirando a un nervioso Arnold, ya casi regresaban a la velocidad recomendada- "DETÉN EL MALDITO AUTO"- gritó la rubia y Arnold frenó casi por completo, a un lado de la carretera.
Helga se quitó el cinturón, bajó del auto, se dirigió a la parte trasera y checó a los bebés, estaban bien. Quitó ambos cinturones y cargó a ambos infantes, para sentirlos y calmarlos.
Arnold se mantenía firme, sin soltar el volante, también se encontraba agitado, no sólo por la discusión sino también por que pudo haber ocasionado un accidente y su familia pudo haber pagado con su vida, su gran estupidez.
"¿En dónde está tu sentido común?"- se reprochó y dejó caer la cabeza sobre el volante, Helga tenía razón y eso era lo que más le dolía. Bajó del auto y caminó hacia ella, quien caminaba de un lado para otro y al verlo, explotó.
"¡ERES UN IMBÉCIL! ¡PUDISTE MATARNOS!"- estaba evidentemente alterada y no era para menos.
"Helga, yo..."- intentó disculparse pero la rabia de la rubia era mucho mayor.
"¡CÁLLATE!"- bramó- "¿TIENES UNA MÍNIMA IDEA DE LO QUE PUDO HABERNOS PASADO? ¿LO SABES?"
"Fue un accidente"- razonó- "No noté a la velocidad que íbamos"- respondió con tranquilidad, en ese momento, no le serviría de nada gritarle, primero tenía que calmarla- "De verdad, lo siento"- intentó acercarse a ella pero se alejó de él.
"'¡NO!"- gritó- "NO SABÍA, NO PENSÉ, NO CREÍ, NO NOTÉ, NO SUPE...NO PUEDES PONER ESO COMO EXCUSA CADA VEZ QUE PASE ALGO, YA NO PUEDES PENSAR SOLAMENTE EN TI, TIENES 2 HIJOS"- gritaba sollozante- "SI A MI ME PASA ALGO, TE TIENEN A TÍ, PERO SI SE MUEREN AMBOS, YO ME MUERO, ARNOLD"- Helga lloraba desconsolada, dejándose caer sobre el césped con sus hijos aún en brazos- "NO SEAS INCONSCIENTE ARNOLD"- su mirada llena de ira y odio hacia él, le hizo sentirse el más pequeño y pútrido de los bichos, cada palabra que decía Helga le calaban hasta el alma, y escuchar de su boca lo que pudo haber sucedido, le hacía entrar en pánico.
¿Desde cuándo se había vuelto así?
"Entra al auto"- dijo simplemente, viendo hacia ambos lados de la carretera.
Helga le miró ircunda- "No pienso subir al auto contigo"
"Helga"- le llamó- "No seas la inconsciente ahora"- reclamó y al ver la cara de estupefacción de la rubia, de inmediato la tomó en brazos y la metió al auto, para después meterse él- "Tú me dices inconsciente y te sientas a mitad de la carretera con los niños en brazos"- regañó, exhaló y dejó salir el aire. Se pasó la mano por el cuello, estaba de verdad nervioso y sabía perfectamente que decir, 'lo siento', ahora no ayudaría ni tranquilizaría a la rubia.
Tocó el brazo de Helga y esta le miró indignada, comenzó a sobar sus brazos a pesar de que ella intentaba separarse, aunque el auto no le daba el espacio necesario. Arnold acomodó el asiento y se acercó más a la rubia, quien le reprochaba con la mirada y el sólo le limitaba a mirarla con vergüenza.
Al abrazarla, la rubia comenzó a llorar en sus brazos, ya la podía sentir menos agresiva y más tranquila. Besó su coronilla y le enjugó sus lágrimas. No había palabras que pudieran expresar su sentimiento de vergüenza y arrepentimiento, sólo podía mantenerla entre sus brazos hasta que lograra calmarse.
Limpió sus lágrimas y tomó a Phillip de los brazos de Helga, quien aún desconfiada, se lo dio. Lo abrazó y notar que le miraba con los mismo ojos de su madre, le partió el alma. Pudo haberlos perdido por su imprudencia y su falta de consciencia.
"Lo siento, Phillip"- apenas pudo pronunciar, en su garganta se había formado un nudo y sus ojos se llenaron de lágrimas. Lo besó por todo su rostro, su hijo le regaló una sonrisa amplia y rió risueño, lo que logró que él riera un poco también.
Salió del auto y lo colocó en su silla, asegurándose de que estuviera bien sujeta y que el cinturón no le cortara la circulación, sacó de la pañalera un biberón con el nombre del bebé y se lo entregó. Después se acercó a la puerta de Helga, quien le miraba realmente sorprendida, apenas podía creer lo que había visto. No es que dudara que el cabeza de balón tuviera sentimientos, pero verlo de esa forma, tan arrepentido y tan expuesto, le hizo ver que quizá algo del antiguo Arnold, seguía dentro de él.
Tomó a Geraldine entre sus brazos- "Lo siento, Geri"- sollozó y también le besó con devoción su carita, a Helga se le formó un nudo en la garganta al ver su arrepentimiento. La pequeña le agarró de las mejillas y las apretaba suavemente al tiempo que reía, Arnold también sonrió y acomodó a la nena en su asiento, para después también darle su biberón.
Se acercó a Helga, quien aún lo miraba sorprendido y se imitó a abrazarla con fuerza.
N/A: ¡Y por fin! Otro capítulo intenso, sobretodo al final. ¿Qué les pareció? Ser padre nunca es fácil y créanme, nadie tiene un manual que diga como serlo y los libros no ayudan mucho en realidad, te dicen que puedes hacer pero no hay garantía de que eso pase realmente o se solucione de esa forma.
El tango... me acordé del baile del día de los inocentes y sí, de ahí saqué la idea porque la verdad, imaginármelos de esa forma, sí me daban ganas y además, se adecuó mucho a la situación. Me costó un poco de trabajo escribirlo porque no quería hacer una descripción detallada de como era el tango que bailaban, más bien, estaba interesada en lo que sentían. Espero haberlo logrado.
Muchas gracias a todas por sus reviews y añadir la historia a sus favoritos (Gracias a Gassy Kosei), me alegraron la semana :). Y sí, voy a contestarlos.
Mechitas123: Gracias por tu review, escuché la canción que me dijiste, vi el video y me hizo pensar en la historia. Tienes razón y muchas de esas frases las veremos en la historia. Espero que te haya gustado el capítulo y seguirte viendo por aquí. Y sí, a veces los hombres son unos malditos. Saludos
Eleonor Pataki: querida, que puedo decirte. Muchas gracias y pues, el que vivan juntos, lo veremos en el próximo capítulo con mayor detalle, que mira que Arnold es nuevo en eso de ser padre (se nota, ¿no?) así que habrá muchos más incidentes en el siguiente capítulo, después de todo, están de vacaciones, jeje. La situación de su relación, así como el hecho de Michael intervenga, se verá en capítulos más adelante. El que sean felices, les va a costar algo de trabajo y muchas cosas no van a ser tan sencillas. Espero te haya gustado este capítulo y nos estamos leyendo entre fics. Un abrazo grande :3
Diana Carolina: linda, resolví algunas de tus dudas en el capítulo y supongo que dejé otras, y estas se irán despejando conforme la historia avance. Tiene mucha razón ese dicho, yo muchas veces lo he dicho y créeme, estoy totalmente de acuerdo, aunque después resolveré el porque Helga se siente de esa forma, no te estreses ni te desesperes, todo a su tiempo será resuelto. Arnold va a tener varios tropiezos, muchos van a ser cómicos y otros no tanto, porque te juro que nadie nace sabiendo ser padres y lo verás el siguiente capítulo. Y Michael, sí es muy importante esa relación y después aclararé porqué. Muchas gracias y espero que este capítulo te haya gustado :3 y complacido. Un abrazo.
Yokashi: Muchas gracias por tu review y déjame decirte que sí, los celos de Arnold saldrán muy a flote aunque por el momento el esté en el limbo con sus sentimientos. Así que espero te haya gustado este capítulo :) Saludos.
En fin, muchas gracias a tod s y de verdad espero hayan disfrutado del capítulo, así que ya saben cualquier duda, comentario, tomatazo, sugerencia, aplauso, crítica, etc. Pueden hacerla :)
Gracias por darse el tiempo de leer (sí, lo digo también por quienes no dejan review :3, gracias) esta historia.
Saludos y Besos
Lebel27
