Igual que el nombre aquí abajito, creo que ya necesitaban el capitulo xD

Es un placer escribir para ustedes 3

Enjoy!


Te necesito

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Él sabía que dolería.

Los licántropos machos siempre se ligaban a su pareja de una forma encantadora y posesiva. Su vida, corazón y mente les pertenecía y darían todo por complacerlas y hacerlas felices. Su pareja se convertía en su propia vitalidad y no necesitaban nada más que mantenerlas a su lado.
Así funcionaban los licántropos. Ambas partes no podían mantenerse separadas sin sentir que morían lentamente.

Todo lo había escuchado de los machos de la manada. Siempre le pareció, de alguna manera, estúpido. Era incapaz de comprender como una hembra podía causar tal efecto en él y, a su vez, sintió celos de aquellos sentimientos. Vivir y respirar solo para su pareja, volverse adicto a su sabor y cuerpo sin saciarse siquiera, sentir la calidez de sus delicadas caricias. Natsu quería enamorarse. Encontrar a su igual.

Y lo hizo.

Lucy era todo lo que quería y necesitaba en la vida, y querían alejarla.

No podían, no lo permitiría. Lucy le pertenecía y él le pertenecía a ella. Fueran humana y licántropo, eso no le interesaba. La necesitaba para seguir viviendo.

Después de una jodida semana, su cuerpo continuaba temblando aunque su temperatura corporal siempre era alta. Tenía frio y su cuerpo pedía por el calor de su mujer. Había desgarrado sus músculos, debilitado sus huesos, consumido toda su vigorosa fuerza y apenas podía moverse. Sin embargo, el dolor más fuerte provenía de su pecho. Se arrancaría el corazón si Lucy no fuera la dueña de él. Era como un agujero succionara su razón de vivir y la devolviera para apuñalarla una y otra vez. La agonía estaba acabando con él.

Gruñó cuando las cadenas que rodeaban sus muñecas, mallugaron su piel hasta hacerla sangrar. Tomaba un respiro cada vez que sentía que se desmayaría, pero continuaba tirando con las pocas fuerzas que su cuerpo le proporcionaba; porque en su mente y pecho aun conservaba la energía para salir y buscar a Lucy.

Solo comió lo que le forzaron a hacer. Algunos le metían la comida a la boca y no se detenían hasta que lo observaban tragar. Solo así era la única forma en la que podían verlo comer y recuperarse un poco.
Todos sus hermanos licántropos compartían su dolor, sin embargo, no podían hacer nada para ayudarlo. La palabra del líder era definitiva y el delito era imperdonable, pero, ¿Por qué tenía que ser así?

Todo era culpa de los humanos y su estúpido miedo a lo desconocido.

El miedo era bueno, con él conocían la prudencia y cautela, el error estaba en excluir y marginar a seres que eran más humanos que ellos. Inventaron mentiras para su propio beneficio y decidieron que era mejor tratarlos como animales. Incluso los animales eran mejores de ellos.

¿Quién de los dos era el verdadero monstruo?

Al instante y, aunque sus sentidos estaban débiles, logró percibir la esencia, o mejor dicho, el hedor más desagradable que jamás había presenciado.

— Vaya, vaya, Natsu. Te ves patético.

Natsu se lanzó contra Iván para atacarlo, pero las cadenas detuvieron su feroz ataque. Lo único que podía sentir en ese momento, era el deseo de clavar sus colmillos en él hasta hacerlo retorcerse de dolor y hacerle pagar por todo lo que hacía.

— ¿Qué hiciste con Lucy? ¿Dónde está?- su voz sonaba tan débil.

— Perdona, ¿dijiste algo?- se burló.

— Bastardo.

— Si, tu linda rubiecita me dijo lo mismo cuando le quite esto del cuello.- Natsu abrió los ojos en cuanto Iván lanzó una ligera tela por los aires y cayó al suelo a poca distancia de él. — Supongo que tu caperucita roja ya dejo de serlo.

Quería acabar con Iván y toda su jodida existencia pero, en ese momento, lo único que hizo fue ver aquella capa roja que emanaba el dulce aroma de Lucy, aquel objeto que significaba mucho para ella porque había sido un regalo de su padre. Percibir el aroma de su pareja y no tenerla con él, era mil veces peor que no tener nada, porque la sentía como penetraba en su piel y no podía tocarla.

Iván lo notó.

— Al parecer esta basura también es importante para ti.- por supuesto que lo era. Si era importante para Lucy, lo era también para él. Iván sonrió con malicia. — ¿La quieres?- lo provocó, arrastrando la capa contra el suelo con uno de sus pies.

— Detente, Iván. Solo estas aquí para verificar que cumplimos con nuestra palabra, no tienes permitido herir a ningún miembro de mi manada.

— ¿Más de lo que ya lo heriste tu, Makarov?- tenía razón. Makarov lo sabía. Había abandonado al chico que crió como su propio hijo y, por esa razón, Iván lo odiaba. El líder lo miró con advertencia. — De acuerdo, entiendo. Cumples con tu palabra y yo cumpliré la mía. Me iré ahora.- caminó hacia la salida, no sin antes escupir unas últimas palabras amargas a Natsu: — Si te sirve de consuelo, la chica no luce mejor que tu.

Sus palabras resonaron en lo más profundo de su ser y rompieron la barrera de su fortaleza. Se dejo caer sobre sus rodillas y con los brazos en el aire que era sujetados por las cadenas, miró con dolor y ternura lo único que tenía de Lucy.

Si tan solo fuera más fuerte, si no la hubiera dejado, si no hubiese creído que en realidad podrían estar juntos. Ella también sufría y se odiaba por no ser capaz de protegerla y atesorarla como debía.

Estaba acabado y lucía como tal. Era imposible para Makarov mentir a estas alturas, odiaba ver a hijo de esa manera. Natsu siempre fue fuerte, vigoroso, su linaje puro lo hacía destacar entre los demás.
Fue parte de la manada más poderosa que jamás existió, hasta que guerra con los humanos los acabo, dejando pocos sobrevivientes de aquel desafortunado incidente. Natsu era uno de ellos.
Las cicatrices de la batalla y pérdidas nunca se fueron realmente de Natsu, se mantuvieron ocultas y, aunque intento borrar su rencor hacia lo humanos, sabía que muy dentro de él aun resguardaba cierto odio. Aun con sentimientos y opiniones amargas hacia los humanos, se enamoró de una.

Siendo consciente de su pasado, era egoísta de su parte obedecer las reglas a costa de lastimar a alguien muy importante para él. Sin embargo, estaba entre la espada y la pared. Natsu e Iván. Los dos eran importantes, así como lo era su manada. También sabía que Iván la atacaría en cuanto tuviera la oportunidad y no iba a permitirlo.

La capa roja a sus pies emanaba el olor a humano y notó de inmediato, por la reacción de Natsu, a quien pertenecía. En cuanto la tomó entre sus manos, se gano la mirada del débil lobo, con lágrimas acumuladas en sus ojos.

— La necesito, abuelo. Por favor, déjame ir con ella.- el macho líder apartó la mirada. No podía darle la cara. — Tú más que nadie entiendes como me siento. Incluso si van a matarme necesito verla solo una última vez.

— Nadie va matarte, hijo.

— ¡Llévame con ella!- alzó la voz y tiró de las cadenas. Era la primera vez que Natsu le hablaba de esa manera.

— No puedo hacer eso.

— Jamás voy a perdonarte.- apretó los dientes y contuvo las lagrimas. — Jamás.

Y solo con esas palabras, logró lastimar su viejo corazón. Natsu lo amaba como un padre y escucharlo de su hijo, era doloroso. Y quemaban aun más por la simple razón de los sentimientos profundos de un licántropo.

No respondió.

— Dejar la capa aquí solo te hará sufrir más. La llevaré conmigo.- salió de la cueva en la cual lo arraigaban, ignorando los gritos y suplicas.

¿Qué podía hacer?

Su situación era difícil. Necesitaba estar solo para pensar con claridad, deseo que al parecer no sería cumplido por el momento.

— Esto es una mala idea, Gray.- amonestó la chica.

— No hay otra opción.

— ¿Qué es lo que sucede?- ambos dieron un respingo en cuanto escucharon la grave voz del líder. — Ninguno de los dos tiene permitido acercarse aquí desde que intentaron liberarlo.

Juvia miró a su pareja con suplica y, aunque esto funcionaba muy bien para salirse con la suya, esta vez no sería posible.

— Estamos aquí por Natsu, es importante y tienes que escucharlo.

Makarov suspiró.

— No puedo cambiar las reglas, Gray, y no puedo liberar a mi muchacho.

— ¿Y qué hay de la chica? ¿No vas a ayudarla?

Afortunadamente se encontraban en la parte baja de colina en donde estaba la cueva. Desde allí, Natsu no podría escucharlos.
Sabía a donde querían llegar con la conversación y no tenia los ánimos para continuar, así que siguió con su camino.

— Sabes lo que sucede entre nuestras especies. No hay necesidad de responder.

— ¿Incluso aunque este embarazada?

Se detuvo de golpe y sintió que su sangre se helaba y hervía al mismo tiempo.

— Gray…- Juvia percibió la amenaza en el aire.

— No puede ser.- Makarov se volvió a ellos. — Es imposible. Los licántropos no pueden procrear con un humano.

— Cuando están vinculados es posible. Eso lo sabes muy bien.- sabia la verdad detrás de sus palabras.

Que un humano y un licántropo se unieran ya era un rareza, pero que fueran capaces de dar vida… se le hizo un nudo en la garganta de solo pensarlo. Todo se volvería más difícil.
Con pasos decididos, se alejó, no sin antes reiterar:

— Ni una palabra de esto a nadie. Mucho menos a Iván. Manténganse alejados de aquí y vuelvan al campamento.

Gray entró en pánico al ver la decisión en sus ojos, debió escuchar a Juvia.

— No irás tras ella, ¿o sí?

No respondió y fue a la aldea de los humanos. La excusa perfecta seria que iba solo a constatar que también cumplían con su palabra. Aunque la verdad detrás de eso, era que solo quería conocer a la chica que le había traído demasiados problemas.

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Gray y Juvia fueron muy amables y atentos con ella, pero lo único que quería era estar sola. Con Natsu. Lo necesitaba.
Se abrazó con las piernas y apoyó la cabeza sobre sus rodillas. La noche era más gélida que de costumbre, tal vez era porque no tenía su capa para al menos proteger su cuerpo del frío, o solo porque estaba sola.

No, no del todo.

Tocó su vientre plano y lo cubrió con ambos brazos. Ella podría tener frío, pero no su bebe. El fruto de su unión con Natsu fue inesperado, sorpresivo y ya lo amaba con toda la vida.

Sus sentidos serían más amplios dada la situación. El pequeñito que crecía dentro de ella también tenía la sangre lobuna, por lo tanto, la fuerza, energía y poder que le perteneciera como mitad licántropo pasaría a ella hasta que el bebe fuera capaz de absorberlos, más no los controlaría hasta que naciera y su cuerpo alcanzara la edad adecuada para que su padre pudiera enseñarle como hacerlo. Incluso podía imaginarse aquel lindo momento, los tres como una familia… si tan solo pudieran estar juntos.

Las lágrimas le picaban en los ojos y se derramaron sobre sus mejillas en cuanto escucho los aullidos de los lobos a lo lejos del bosque. Si cerraba los ojos, podía verlos en las montañas. Estaban cantando por su hermano licántropo, por su dolor. Su única luz era el tenue resplandor que iluminaba el oscuro calabozo.

De pronto, lo único que escucho, fueron pisadas acercándose.

— ¿Quién está ahí?- se limpió las lágrimas con el dorso de las manos y retrocedió aun más, protegiéndolos a ambos.

A Makarov se le encogió el corazón en cuanto vio sus ojos marrones y su cuerpo tembloroso por el temor y frío, además de algunos raspones en su pálida piel; sin embargo, su rostro le mostró la fiereza de atacar si se atrevía a hacerles daño.

— No voy a lastimarte, pequeña.- le sonrió levemente. — A ninguno de los dos.

Lucy supo a que se refería y abrazó su barriga.

— ¿Cómo lo sabes?- exigió. — ¿Quién eres?

Makarov se acercó más a la celda para que pudiera ver su rostro.

— Soy el líder de la manada.

Lucy lo entendió todo y lo miró con dureza.

— Eres el padre adoptivo de Natsu, ¿no es verdad?- la sorpresa en aquel hombre no pudo ser ocultada. — Me hablo de ti.

Ella lo sabía todo de Natsu y le sorprendió demasiado. Él debía confiar mucho en esa humana.

— ¿Cómo puedes hacerle esto?- la pregunta caló en su pecho.

Tragó saliva.

— No tengo otra opción.

— Si la tienes. Todas la tienen y tú decidiste darle la espalda. Él confiaba en ti.

— Todo esto podría haberse evitado si no hubieran estado juntos.- gruñó. — Debiste alejarte. Natsu te dejaría si se lo hubieras pedido. Lo destrozaría, pero al menos mantendría a mi hijo a salvo.

— ¿Vas a culparme por amarlo?- su voz se quebró.

Por supuesto que no lo haría. No tenía el corazón para juzgar algo que él conocía muy bien. El sentimiento de ser apartado de la persona más importante para ti era una completa agonía, ¿Cómo pudo olvidar algo así?

En realidad, jamás lo hizo. Solo lo enterró en lo más profundo de su corazón. Era mejor ignorar que recordarlo cada día que pasaba, atormentándolo. El tiempo lo curó un poco, pero siempre estaría presente.

— No lo haré, pequeña.- respondió y miró los brazos que aun rodeaban su vientre. — ¿Quieres acercarte? Lo último que haría es hacerles daño. Natsu ya me odia lo suficiente.

Natsu nunca lo odiaría. Lucy lo sabía, pero no lo diría. Algo dentro de su cabeza le decía que no se acercara. No obstante, fue un leve tirón en su estomago lo que la obligo a hacerlo.

Con el corazón golpeando en su pecho y temerosa por la vida de ambos, rompió la distancia. Makarov alargó el brazo hasta ella y colocó la palma de su mano en el vientre de la chica, sintiendo una calidez inmediata acompañada de una ternura que inundo su pecho. El cachorro estaba vivo y creciendo con rapidez. Solo cinco meses eran necesarios para dar a luz a uno de ellos, solo que Lucy, al ser una humana, le llevaría un mes más de gestación.

Tiempo que ninguno de ellos tenía. Pudo sentir la solidez de su vínculo a través del pequeño y, si ambos permanecían separados por más tiempo, no lo lograrían.
Esto es lo que necesitaba para abrir los ojos.

— Voy a sacarlos de aquí.

Y en el momento en que lo hiciera, tendría que aceptar y sufrir las consecuencias.


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Muchísimas gracias por sus reviews, lecturas y toda pisca de amor hacia este fic «3
Según yo solo iba a ser un two-shot y ya van 4 jaja

Que más da! Si lo disfrutan y les gusta, todo está perfecto :3

¡Gracias, gracias, gracias!

Nos leemos en el próximo.


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