Muy buenas, ¿qué tal?
Volvemos con este Mizo que va poco a poco pero que ya está en la recta final.
Recordar que nos quedamos con un Sanji no muy contento de que esté Mihawk en el Sunny y con un Zoro un tanto nostálgico, recordando momentos tensos entre su maestro y él. Brook está por el medio de celestina y dando consejitos al peliverde xD Espero que os guste, nos leemos abajo :]

CAPÍTULO 4 - A la caza del halcón

En el Sunny hoy es uno de esos días en el que el mar está en calma y lo único que se ve si miras a cualquier dirección es más océano. Fijas la vista en el horizonte y el color azul predomina tanto por arriba como por abajo. No hay mucho movimiento por la cubierta del barco, Luffy y Ussop están pescando, Nami y Robin tomando el sol mientras Brook ensaya con el violín y Franky hace media hora que se ha encerrado en su taller. Sanji abre uno de los armarios de la cocina para sacar la bandeja donde llevará la comida al único paciente que ocupa una de las camillas de la enfermería. Coloca la superficie de plata con cuidado en la encimera y, como bien le habían enseñado en el Baratie, ubica la cubertería en su respectivo sitio. Limpia el borde del plato con el trapo para que todo, en su conjunto, esté perfecto. Sujeta la base plana con la palma de su mano y eleva la bandeja a la altura de la cabeza, no utilizará los brazos para pelear pero no por ello carecen de fuerza. Abre la puerta de la cocina y echa la mirada atrás para cerciorarse de que Chopper continúa dormido sobre sus libros de medicina. Sale de su hábitat natural con una sonrisa en los labios, camino despejado. Recorre el pasillo hacia la enfermería con todos sus nakamas localizados, incluido Zoro, quien se encuentra "camuflado" entre los naranjos. Si ese marimo se ha quedado dormido, pasaría ser el último de sus problemas.

Golpea la puerta de madera con los nudillos y entra. Mihawk sigue tumbado en la camilla y observa de reojo al recién llegado. Es el rubio de los mugiwara, Kuroashi. El mismo rostro, y a decir verdad el único, que vio nada más despertarse, sintiendo en ese momento un malestar general. Sanji hace espacio retirando los utensilios del renito y deposita la bandeja sobre una pequeña mesa. Gira sobre sus pies dejando ver al espadachín el contenido que trasportaba con suma elegancia. La humeante sopa huele que alimenta y al moreno se le antoja comestible. A su lado, en un bol de cristal, crema de yogur con trozos de fruta bien troceada. Teniendo en cuenta que siente molestias en la garganta al tragar, esos dos platos son bien recibidos.

—¿Cómo te encuentras?

—Sobreviviré —el cocinero de los mugiwara no se sorprende por la sequedad del mejor espadachín del mundo. Al menos se ha dignado a dirigirle la palabra.

—Genial. Nos diste una noche bastante movidita, todos se querían tirar al agua para socorrerte —Mihawk enarca una ceja, dando a entender que no se acuerda de nada de lo ocurrido—. En plena tormenta, tu sombrero y espada aparecieron en la cubierta del Sunny. Segundos después, no me preguntes cómo, pero el idiota del marimo vio tu cuerpo flotar entre las olas de casi dos metros y se zambulló en el mar para que no acabaras aplastado contra las rocas.

—¿Roronoa hizo eso?

—Pues sí —los ojos de Sanji se centran en analizar el cambio de expresión esporádico que ha sufrido el rostro de Mihawk. Ha sido nombrar al peliverde y su gesto ha cambiado de un completo desinterés a querer seguir escuchando la historia como si fuese un niño pequeño oyendo su cuento favorito antes de dormir—. Es más, fui detrás suyo a ayudarle en la labor de "caballero nadante". No hace falta que me lo agradezcas.

—Antes me has dicho que me encuentro en vuestro barco.

—En efecto, Shichibukai —masculla el rubio entre dientes. Mihawk detecta que el ambiente comienza a cargarse, la presencia cándida de Kuroashi desaparece por momentos—. Llevas alrededor de una semana inconsciente en la enfermería del Thousand Sunny. No te puedes quejar, tenemos un médico de primerísima clase.

—¿Estáis todos los mugiwara reunidos?

—El músico, el carpintero, la arqueóloga, el médico, el cocinero, el francotirador, la navegante y el espadachín. Todos y cada uno de ellos bajo las órdenes de Monkey D. Luffy, su querido capitán. Temidos piratas cuya recompensas no paran de ascender, un gran cebo solo apto para peces gordos.

—Tenéis a la Marine desquiciada, ya no pueden enviar a cualquiera para seguiros el rastro.

—Robin está preocupada, cree que tarde o temprano notaremos la respiración de los Almirantes sobre la nuca.

—No, ¿en serio creéis que alguno de los tres movería un dedo para hacerse con vosotros? Teniendo a gente como Teach y Doflamingo no harán el esfuerzo.

—Oh sí, que despiste el mío. ¿Para qué sino están "los perros del gobierno"?

Sanji vuelve a girarse para comprobar que la sopa ya no queme. Mihawk tiene ambos ojos bien abiertos y fijados en la espalda del cocinero. El mugiwara saca la servilleta de tela de la copa y se ayuda de ambas manos para coger la jarra que la rellene. El ruido del agua caer sobre el cristal es lo único que rompe el silencio. El mayor desliza sus orbes áureos por el cuerpo del rubio, buscando algo en concreto. Le obligan a detenerse cuando un brillo molesto consigue cegarle, los rayos de sol que se cuelan por una de las ventanas de la enfermería, impactan de lleno en los cubiertos. Apoyándose en los brazos consigue incorporarse y sostenerse sobre los codos. Siente cierto alivio, pero no precisamente por quitarse la molestia de la cara, sino porque ya tiene lo que buscaba.

—Kuroashi, ¿puedo hacerte una pregunta? Simple curiosidad.

—Adelante, no te cortes.

—¿Desde cuándo para comerse una sopa y un yogur hace falta un cuchillo de cortar carne?

Todo pasa muy rápido. Sanji coge el cuchillo y, en lo que se tarda en parpadear, aparece subido a la camilla en la que está el moreno. Este vuelve a su posición en horizontal al tener que usar ambas manos para detener el potente ataque del mugiwara. Los muelles de la camilla se resienten al recibir el peso del rubio con brusquedad, no son camas elásticas. Mihawk tiene sujeto al rubio por los antebrazos pero no está fuera de peligro aún. Sanji sigue persistiendo en su intento de clavarle el afilado cuchillo en la garganta. El cocinero tiene una fuerza considerable en los brazos.

—Maldito Shichibukai… —su rostro empieza a acalorarse. Está acostumbrado a los fogones de la cocina, pero esto es un calor diferente. Es la energía asfixiante que le proporcionan la rabia y el odio. Proyecta esos sentimientos hacia una persona que quiere hacer daño a su familia, a los Sombrero de Paja—. Puede que engañes al resto de la tripulación, puede que les hagas creer que eres un halcón con el ala rota pero, yo no soy tan compasivo. Donde lo demás ven un animal herido yo veo una oportunidad —el mayor ve la punta del cuchillo acercarse poco a poco a su desnuda piel. Intentar levantarse ahora sería un suicidio, además de misión imposible con su cuerpo en baja forma y el del cocinero sobre él—. Yo he pasado mucha hambre, y créeme que no te imaginas hasta qué punto. Quise matar a un hombre por un trozo de pan, por una simple miga. Me volví loco. Aquel día aprendí que la comida no lo es todo, ese hombre me enseñó que hay que morir de hambre por aquellos que quieres si hace falta. Así que escúchame una cosa: no voy a permitir que mi familia caiga en tus asquerosas garras, perro del gobierno.


Zoro se siente indeciso. Sigue escondido entre los naranjos. No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que vio al estúpido cejas-rizadas salir de su territorio sosteniendo una bandeja de plata en la mano. Entró al interior del Sunny, por lo que esa comida podría ser para el shichibukai ya que, a excepción de Franky y Chopper, todos sus nakamas están en cubierta. Lleva unos minutos intentando decidir si se adentra en los pasillos del barco para descubrir el destino del cocinero o no. Si ha ido a la enfermería hay un 50% de posibilidades de que el mejor espadachín del mundo haya despertado, por fin.

Primero tengo que localizar a Chopper.

Al salir del jardín de naranjos se encuentra con dos cestos cargados de fruta. Decide cargarlos y llevarlos a la cocina. Empuja la puerta de madera con la pierna y lo primero que se encuentra es a Chopper, con la cabeza apoyada sobre unos libros y una pompa que sale por la nariz inflándose y desinflándose al compás de su respiración. Deposita ambos cestos detrás de la barra, nadie tiene la llave de la despensa más que Sanji y sus dos chicas de oro. La puerta que contiene a Luffy de toda la comida, está fabricada de un grueso metal en el cual, Zoro, se puede ver reflejado. Tan pronto ve el aspecto que tiene, lleva sus dedos a la cabellera e intenta peinar esos mechones que se le disparan hacia arriba. Solo los podrá domar si se humedece las manos, por eso se acerca a la fregadera para después volver a posicionarse enfrente de la despensa. Se echa el pelo hacia atrás y por el momento parece que se quedará quieto. Continua por atarse los botones de la camisa de manga corta y se sacude el pantalón para quitar el polvo. Las botas no son las más viejas que tiene asi que para esta ocasión pasan. Por último, mira las tres katanas que le cuelgan del cinturón, ¿sería mejor dejarlas por si supusiesen un estorbo?

—Mnm… No, así queda más varonil.

—Cierto, bien visto.

—¡Yohohoho! Soy el consejero del amor Zoro-san.

—Sí sí, lo que digas… Por cierto, baja la voz, está Chopper durmiendo—está tan ensimismado en estar presentable antes del reencuentro, que aún no se ha dado cuenta que está hablando con uno de sus nakamas—. ¡DEMONIOS, BROOK!

—¡Kiiiaaaa! —Chopper pega un bote y tira los libros de medicina al suelo—. ¿Nos están atacando? ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien Brook? Soy médico.

—Estoy perfectamente, en los huesos eso sí, pero me siento más vivo que nunca al estar con todos vosotros —el renito asiente sorriente y vuelve la vista hacia el peliverde. Zoro está con las mejillas teñidas de rojo, ¿cuánto tiempo ha estado el esqueleto viéndole? Madre mía que vergüenza, se estaba arreglando, él, un hombre al que le da exactamente igual el ir mal peinado y con la primera ropa que pilla de su armario. Con tal de estar cómodo para sus entrenamientos y combates, le vale. Chopper se percata del extraño rubor en su rostro y se le acerca para tomarle la temperatura—. Lo que tiene Zoro-san no se puede curar con ninguna medicina.

—Pero está caliente, puede que haya cogido algún resfriado.

—Estoy 100% seguro de que no es eso.

—Ca-ca-cállate Brook —tartamudea el peliverde.

—Bien, si ves que persiste házmelo saber. Por favor. Ahora, si me disculpáis, tengo que ir a controlar al paciente.

—Hey, no no no. Primero tienes que comer algo y reponer fuerzas, Sanji dejó por aquí tu ración de este mediodía. Zoro-san irá a vigilar a su antiguo maestro —el músico coge al médico y lo sienta en la silla, obligándole a quedarse. Chopper no rechista, poco le faltan a sus tripas para que comiencen a rugir.

—Me voy entonces —se dirige rápido hacia la puerta, necesita alegarse del esqueleto. Brook le lee como si fuese un libro abierto y le hace sentir vulnerable. Cuando tiene el pomo en la mano…

—A por él, tigre. Agarra bien fuerte a ese halcón.

Gira la muñeca y sale de la cocina, directo hacia la enfermería. Esboza una efímera sonrisa. A por él, a por Mihawk.

FIN CAPÍTULO 4

¿Qué tal ese Sanji? ¿Cruzará por fin esa puerta de la enfermería que les separa? A ver si se juntan los dos espadachines de una vez, ¿no? jeje

Gracias por los comentarios y por leer este fic. Uuuuun saludo!