Aquí un nuevo capítulo!!!
4. Hallowen
Causas, desarrollo y consecuencias
El mes de Noviembre empezaba más frio que nunca. El viento ajitaba con fuerza las ramas del sauce boxeador y las lluvias cada día eran más violentas. Los nervios de los alumnos también iban en aumento, pues se acercaba la fiesta de Halloween y los de quinto habían organizado un baile de mascaras para aquella noche.
El gran comedor fué decorado para la ocasión y las clases de la tarde se suspendieron para que los alumnos tubieran tiempo de prepararse.
Mientras los estudiantes, emocionados, se vestian con sus mejores galas, un hombre gritaba, indignado, en el despacho de la directora.
-No pienso asistir a la fiesta y no se hable más!
-No tienes opción, estas obligado. Ahora, si me disculpas, tengo mucho trabajo creo que usted necesita tiempo para arreglarse. Por cierto, si me permite una sugerencia, le aconsejo que se recoja el pelo hacia atrás.
Severus Snape se marcho encolerizado, dando un portazo. Minerva McGonagall des de la butaca de su nuevo despacho sonrió divertida.
Icely, en su habitación, escogió un vestido vaporoso de color negro con escote de pico y zapatos a conjunto.
Se puso la mascara, también negra, que tenía pequeños detalles de color plateado. Se acercó al espejo y se pintó los labios.
A las nueve en punto un galante caballero pasó a buscarla. Dimitri, quién vestía una bonita túnica de gala añil con estampado desigual de color plateado y una mascara a conjunto, la esperaba en la puerta.
-¡Estás perfecta!
-Sabes perfectamente que no
-Claro que si, cariño, este vestido te queda divinamente. Si no fuera porque no me gustan las mujeres me casaría contigo.
Icely sonrió divertida y cogió a Dimitri por el brazo.
Los dos juntos entraron al gran comedor. Las mesas habían desaparecido, el suelo estaba cubierto por una alfombra de terciopelo negro y justo en el centro había una gran mesa redonda llena de canapés. En un rincón se hallaba el mueble bar con la bebida. Las botellas que contenían alcohol estaban protegidas por una barrera de edad, mientras que las demás estaban al libre alcance de todos. Al final de todo de la sala se encontraba la pista de baile. Las calabazas flotantes estaban por todos lados y proporcionaban, a la estancia, una tenue iluminación.
En una esquina sombría, el profesor Snape lucía su túnica de gala, negra, para variar, con pequeños detalles de color verde esmeralda. Llevaba una mascara veneciana de los colores de Slytherin. Desde su guarida contemplaba la fiesta sin querer participar en ella.
Icely se acercó.
-Mira a quién tenemos aquí, pero si es el arrogante habitante de las mazmorras.
Snape le dirigió una mirada colérica, fruto del comentario y la frustración que sentía por tener que llevar una indumentaria estúpida.
-Si fuera tú iría allí a esconderme – respondió enfadado – ¿Qué es esto que llevas puesto, un traje de bruja fatal?
Esbozó una sonrisa con los dientes apretados por la rabia. Icely, dolida por el comentario, añadió.
-Apostaría lo que fuera a que serás el primero en irte. Tienes pinta de no aguantar nada.
-Si apostaras por esto perderías. Soy jefe de Slytherin ¿Recuerdas? Tengo que quedarme hasta el final.
-Eres tan… ¿Por qué eres incapaz de divertirte?
-Tu presencia me lo impide – dijo cuando se le estaba acabando la paciencia.
-No creía que te influenciara tanto.
Dicho esto Icely se marchó con Dimitri, dejando a Snape en su rincón, otra vez solo y más malhumorado que antes.
Ivy, con un vestido plateado y una mascara a conjunto, se acercó al irritable profesor.
-Profesor Snape – Susurró tímidamente – ¿Se encuentra usted bién?
-No me gustan las fiestas – respondió él cortante.
-No le he preguntado esto. Solo quería saber si estaba bien, puesto que he notado una bajada de ánimo justo después de su conversación con la profesora Murky.
-No creo que debas tomarte estas confianzas con un profesor, además no es asunto tuyo.
-Te equivocas, aun que no te lo creas hay gente que se preocupa por ti. Pero si me echas ve voy. Te dejo en tu rincón.
Dicho esto se fue hacia donde estaba Tom Backer, su pareja de baile.
A medida que pasaba el tiempo el comedor iba vaciándose hasta que solo quedaron algunos profesores.
Al no quedar ningún alumno, Icely se permitió tomar un último Martini que le subió un poco más de la cuenta. Con las mejillas sonrosadas, por efecto de esa última copa, se acercó a Snape.
-¿Quiere bailar profesor? – Le preguntó la chica sonriendo.
-No
-Venga hombre, no te has movido en toda la fiesta.
-Voy a repetírtelo por que parece que no lo has entendido. No me gusta bailar.
-No te gusta nada – Le reprochó Icely – Venga si ya no hay nadie.
La poca gente que quedaba había abandonado el Gran comedor y estaban los dos solos.
Icely no le dio tiempo a reaccionar, lo cogió por el hombro y lo empujó a bailar. Snape se vio atrapado y, obligado por las circunstancias, empezó a bailar con la profesora hasta que la música cesó. Entonces se separaron. Ya sea por el cansancio o por los efectos del alcohol, Icely se desplomó delante de las narices de Snape, quedando completamente tirada en el suelo. Severus Snape esbozó una sonrisa amarga y pensó – Lo que me faltaba, ahora tengo que llevarla hasta su habitación, no puedo dejarla así para que todo el mundo la vea… ¿O si? – El profesor Snape, para evitar escándalos innecesarios decidió llevarla en brazos hasta su cuarto. Allí la dejó con sumo cuidado encima de su cama, le quitó los zapatos y la máscara y la tapó con las sábanas.
-Gracias – le susurró en sueños al tiempo que le cogía de la mano.
* * *
-¿No sabes cómo llegaste a tu habitación? – Preguntó Dimitri con histeria mal disimulada – Que fuerte me parece.
-Ya te he dicho que no – Icely estaba sentada sin mostrar la más mínima preocupación – Lo último que recuerdo es haber estado bailando con Snape.
-¡¿Con Snape?!
-No grites tanto – Tranquilamente Icely se sirvió otra taza de te. Levantó la mirada y continuó – Si, bailé con Snape ¿Qué pasa?
-¿Qué te habías tomado? – Cada vez el tono de Dimitri sonaba más histérico.
-Solo un Martini… bueno, me parece que fueron cuatro…
-Ya me parecía a mí…
-A ver, tampoco es tan raro que alguien baile con Snape.
Dimitri la miró con suspicacia.
-¿No me digas que te gusta?
-¡NO! ¿Pero qué dices? – Icely se había puesto de pie, estaba sonrojada.
-Ya veo – Susurró Dimitri con voz burlona.
-Créeme, esta especie de murciélago mutante no me inspira más sentimientos que un profundo desprecio.
-Lo que tu digas – Dimitri se miró las uñas con una sonrisa pícara.
-Además, tu no eres nadie para juzgarme – Se defendió Icely – Vi perfectamente como coqueteabas con Patrik.
-Está bueno – Respondió el chico con naturalidad.
-Es estúpido.
-Pero está bueno.
-Es arrogante y prepotente – Añadió Icely reprimiendo una mueca de asco.
-Solo quiero echarle el polvo de su vida – Contestó con una gran sonrisa.
-Serás… Pero si parecía que nunca habías roto un plato – Exclamó Icely, fingiendo escandalizarse.
-Es lo que hay.
Entre una cosa y la otra la conversación terminó entre carcajadas.
* * *
Aquella tarde de sábado, la sala común de Griffindor estaba muy animada. Los de quinto se habían adueñado de las mejores butacas y estaban conversando animadamente.
-¿Sabéis de que me he enterado? – Exclamó Claire Robinson.
Algunos de sus compañeros negaron con la cabeza, otros la interrogaban con la mirada.
-En diciembre tendremos una nueva bibliotecaria.
-Eso ya lo sabíamos. Nos lo dijo la profesora McGonagall el primer día – Dijo Christie King des de su butaca.
-Déjame terminar. Lo que quería deciros es que ya sé quien será la nueva bibliotecaria. La señorita Darcy, la escritora de "Veinte siglos entre vampiros"
Jerry Allen se levantó entusiasmado.
-¡Tengo que pedirle que me dedique el libro!
-A propósito – Empezó Christie - ¿Jane Darcy no está saliendo con Edmund Wilde, el mejor nigromante de Inglaterra?
Mary River, que había estado escuchando senada en el sofá, intervino en la conversación.
-¿Creéis que vendrá a visitarla?
-Espero que si, me encantaría conocer a un Nigromante – Añadió William Swan, interviniendo en la conversación por primera vez.
* * *
Los días iban pasando y el frío cada vez se hacía más presente en el día a día de los habitantes del castillo.
Severus Snape, en su despacho de las mazmorras, esperaba la visita semanal de la señorita Lowsly. Ivy llegó a la hora acordada y se encontró a su profesor más raro de lo normal. Tenía la mirada fija en uno de los estantes que cubrían las paredes de la sombría habitación. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se percató de la llegada de su alumna. Esta, sirviéndose de sus dotes de Legilimencia, intentó invadir los pensamientos de su profesor. Solo pudo captar la débil imagen de la profesora Murky. No llegó más allá, pues la técnica de oclumancia de Snape era casi perfecta.
-Severus… ¿Te pasa algo?
Snape la miró por primera vez y respondió, llevado más por el costumbre que por la severidad.
-Profesor Snape, si no le importa.
-Realmente si me importa, es mucho más dulce Severus – Dijo Ivy mientras sonreía y añadió – Pero esta no era la pregunta ¿Vas a responderme, o esperas que sea yo la que adivine que te pasa?
-¿Es que siempre tiene que pasarme algo?
Snape se moría de ganas de confiar en ella, de contarle lo que le preocupaba, pero no podía, él no era así. Nunca había necesitado a nadie y eso no iba a cambiar.
-Es obvio que te pasa algo y creo que no estoy equivocada al afirmar que la profesora Murky tiene mucho que ver en tus quebraderos de cabeza.
-¿Qué tiene que ver ella en eso? – Respondió el hombre con un deje de histeria en la voz, muy poco común en él.
-No lo sé, tú sabrás qué pasó entre vosotros dos durante la fiesta de Halloween.
-Se desmayó delante de mis narices – Admitió el profesor algo turbado por la situación.
-¿Y…?
-Y tuve que llevarla a su habitación.
-Ah, entiendo. Te mueres de vergüenza al recordar lo sucedido y temes la reacción de los demás cuando se enteren.
-No van a enterarse.
Ivi estaba sorprendida, nunca antes su profesor le había confiado sus preocupaciones.
-Me parece que ya has fisgoneado lo suficiente, señorita. No tendrías que tomarte estas confianzas con un profesor – Severus esbozó una débil sonrisa.
-No entiendo porqué no sonríes más a menudo.
-Creo, señorita, que esto no es asunto suyo.
-Yo creo que si. Pero bueno, si quieres seguir siendo el antipático profesor de pociones, yo no te lo impediré – y añadió –Creo que deberíamos empezar las clases.
A Snape le fascinaba dar clases a alguien capaz de comprender la sutileza de la realización de pociones. Y además, aquella niña era lo más parecido a él que había conocido nunca, empezaba a cogerle cariño. Por supuesto nunca lo reconocería, no era propio de él, y además no era muy correcto mantener una relación de favoritismo con una alumna.
