Esclavos del sexo
¡Vaya luna de miel perfecta! Alice entró furiosa a su habitación y cerró la puerta de un golpe. Las excusas corteses de Jasper de tener que trabajar le sonaban forzadas. Con templó su reflejo desconsolado en el espejo con sombras dora das sobre su tocador. Solo le prestaba atención cuando estaba en la cama. ¿Estaba decidido a que mantuvieran sus vidas por separado? No estaba acostumbrada a que la ignoraran. Los úl timos dos días en la retirada casa solariega de Essex se habían instalado como un patrón que ya no podía ignorar más.
Con cortesía rechazaba o ignoraba cada intento que ella hacía por parecer interesada en el trabajo de Jasper u ofrecerle ayuda. Incluso había aplazado con una sonrisa su petición de visitar la alta burguesía local. Sin nadie con quien hablar la mayor parte del día, había cogido la costumbre de deambular por los jardines y mojarse los pies en el lago.
Esperaba más de él. Parecía haberle agradado su auda cia y curiosidad. ¿Había sido todo una farsa para convencerla de contraer matrimonio con él? ¿Sería ignorada y tratada con condescendencia como la mayoría de las esposas que conocía?
Llamó a su nueva criada para que la desvistiera y luego le pusiera el camisón. La descolorida elegancia de su alcoba ya no tenía ningún encanto. Incluso extrañaba las quejas de su madre y las discusiones de sus hermanas. Un pequeño reloj de porcelana sobre la repisa de la chimenea repicó once veces, sobresaltándola. Lanzó el cepillo y se dirigió hacia la cama con fuertes pisadas. Un dolor de cabeza amenazaba detrás de sus ojos. Si el trabajo de Jasper era tan importante, tal vez ni si quiera se molestaría en arrimarse a ella esa noche.
Sara se regañó a sí misma por ser tan infantil. Quizá Jasper tenía razón en llamarla consentida. El matrimonio no era un juego, y ella no era una de esas mujeres que no po dían vivir sin un hombre que ordene su mundo. Su padre a menudo había trabajado largas horas para asegurar los diver sos intereses de sus negocios. ¿Por qué debería sorprenderse de que Jasper fuera igual?
Además le había ofrecido tanto... Decidida a ser más comprensiva, corrió las colchas, y encontró un paquete sobre la almohada. Quitó el cordel dorado y desenvolvió el crujien te papel marrón para dejar al descubierto un libro con cubier ta de seda. No había ningún nombre en la tapa de vivo color escarlata. Intrigada, lo abrió por la primera página y comenzó a leer. La extravagante caligrafía era desconocida.
Este libro es para nosotros. Comparte tus sueños y fantasías sexuales hasta volverte lo suficientemente osada como para pedirlos en voz alta. Me esforzaré por satisfacer cualquier deseo que tengas.
No temas imaginar.
Jasper
Alice pasó los dedos por encima de las letras escritas con elegancia. Era inteligente por parte de Jasper darse cuenta de que su valentía no siempre estaba a la altura de sus necesidades recién descubiertas. Dio la vuelta a la página y descubrió que había escrito más. Con dulzura leyó las pala bras en voz alta.
Estoy sentado en el escritorio de mi estudio. Es tarde y estoy pensando en ti recostada, sola en la cama. ¿Cree mi hermo sa esposa que la he abandonado? Quizá necesita comprender que no soy un aristócrata consentido sino un hombre que elige traba jar para vivir, a pesar del desprecio de sus pares.
Cambio de posición en mi silla mientras mi polla se hincha contra mis pantalones, deseo estar en tu interior y llevarte al clímax. Mi libro mayor me hace volver; las columnas de núme ros se hacen borrosas y danzan delante de mis ojos.
Un sonido atrae mi atención hacia la puerta. Estas allí, con el cabello suelto alrededor de tu rostro, y una sola vela en tu mano. Antes de que pueda levantarme, caminas hacia mí y te mueves con cuidado en el espacio que hay entre mi silla y el escri torio. Separo mis piernas y tú te metes entres mis muslos. Sin ha blar te desatas la bata. Debajo estás desnuda.
Alice dejó de leer, con una mano en el cuello y un dolor de cabeza olvidado. ¿Jasper la invitaba a ir a su estudio y hacerle el amor, o solo era una fantasía agradable para entretenerla? Dejó caer el libro sobre la cama como si le quemara y caminó de un lado a otro por la alfombra. El sentido común y la prudencia le dictaban que debería sentirse ofendida por la propuesta. No debería suponer que se sentiría cómoda al apa recer desnuda y dispuesta en cualquier otro lugar que no fue ra su cama, en especial después de su reciente descuido para con ella.
Mientras caminaba, su cuerpo se despertaba y una pe sadez crecía en sus pechos y entre sus piernas.
Se detuvo para mirar fijamente el espejo. Sus ojos se veían salvajes. Con indecisión apretó sus pezones a través de la seda del camisón. A pesar de su batalla mental, su cuerpo se preparaba para el sexo.
El libro yacía con la tapa hacia arriba sobre la cama, donde lo había dejado. Alice volvió a leer las palabras provoca tivas de Jasper y luego cerró el libro y lo escondió debajo de la almohada.
Jasper estaba reclinado en su silla y estiraba los músculos cansados de sus hombros. Una sola vela iluminaba las hileras oscuras de libros que lo rodeaban. El olor a cuero viejo, humo y brandy se impregnaba en las paredes revestidas en roble. De niño, a menudo huía de su niñera y se metía de manera furtiva allí dentro. El mayordomo de su padre le daba terrones de azúcar y le mostraba algunos de los libros de no tas encuadernados en cuero. Su padre rara vez visitaba ese si tio, lo que quizá fuera otra de las razones por las que Jasper se sentía tan cómodo.
A pesar de su capacidad para relajarse allí, estaba con tento de que debieran regresar a la ciudad en dos días. A dife rencia de la mayoría de los aristócratas, los intereses de sus negocios le exigían una cantidad destacada de su tiempo. Una semana sin dedicarles toda su atención provocó serios proble mas que solo él podía resolver.
Suspiró lentamente, y entonces apareció Alice. Debido a las emergencias, la había dejado a su libre albedrío los últi mos dos días. A pesar de sus intentos por no parecer afectado por el descuido, sabía que ella no estaba contenta. En realidad, se arrepentía. Preferiría pasar el día en la cama junto a ella que estar sentado detrás de un escritorio. Echó una mirada al reloj. ¿Ya habría descubierto su obsequio? Y, más importan te, ¿la habría intrigado su fantasía, o la habría horrorizado?
Presionaba los dedos contra su frente. La reciente co rrespondencia de su secretario también había atraído su aten ción hacia otra cuestión problemática. Alguien intentaba chantajear a su socio, Emmett Hale, y Emmett ni se había mo lestado en mencionárselo.
Un pequeño ruido hizo que levantara la mirada. Alice estaba de pie delante de su escritorio, con una expresión desa fiante en el rostro. Llevaba puesta una larga bata carmesí y su cabello estaba suelto sobre los hombros. Sus mejillas estaban teñidas de un color que combinaba. La polla de él se endure ció de un tirón doloroso, y amenazaba con escaparse de sus pantalones.
Se deslizó entre él y el escritorio para quedar de pie en tre sus muslos. La suave seda de su bata rozaba sus puños apretados, miraba fascinado mientras ella se quitaba la faja y dejaba expuesta su desnudez.
Jasper miraba su exquisito cuerpo, su piel brillaba bajo la tenue luz de la vela como la más fina porcelana. Lamió sus labios e imaginó succionar su pezón dentro de su boca. Sin pensar de manera consciente, se inclinó hacia adelante y con la punta de la lengua tocó su ombligo. El olor de su excitación atraía sus sentidos. Reprimió un deseo de lamerla hacia abajo, hasta su sexo y meter la lengua en la profundidad de su canal. Para su asombro, lo excitaba más que cualquiera de las muje res más expertas que había tenido como amantes.
Con un control exquisito -era su esposa, maldición, no cualquier extraña golfa voraz- la llevó hasta su regazo para que se sentara a horcajadas. La besó ligeramente en la boca. -Necesitaba una distracción. ¿Cómo se te ocurrió ve nir a visitarme?
Ella sonreía, su espléndida boca se curvaba en una in vitación inconsciente.
-Estaba aburrida. No estoy acostumbrada a que me de jen sola. Si no necesitas mi ayuda en tus negocios, tal vez pueda aliviarte de otra manera. -Vaciló-. Tu nota me interesó.
Eso era lo que amaba de ella, la manera en la que reac cionaba ante sus preguntas, de manera frontal, con una ho nestidad perspicaz. No tenía idea de lo reparador que era eso para un cínico hastiado como él. Su inocencia lo hacía sentir limpio, le daba una leve esperanza de que no todos los seres humanos eran corruptos.
-Eres una consentida, milady. Esperas demasiado de mi atención. -Ella arrugó el entrecejo -Ahora te ves como una niñita a punto de dar un pisotón.
Levantó la barbilla. -No soy una niña.
Él se inclinó hacia adelante y lamió su pezón tenso. -Ya me doy cuenta de eso. -Ella se estremeció con delicadeza en sus brazos -Pero aún estoy tentado de ponerte sobre mi rodilla y azotar tus nalgas.
Estaba atento a su reacción ante su mofa a medias. No sabía cómo disfrutaría al darle azotes en las nalgas, ni si ella también lo disfrutaría. El despertar repentino de su conoci miento sexual le resultaba intrigante. Ya había dejado una mancha húmeda en sus pantalones de gamuza.
Se mordió el labio.
-No estoy acostumbrada a estar inactiva. Cuando acepté contraer matrimonio contigo, esperaba que mi vida cambiara para mejor, no que se tornara aún más aburrida.
Jasper evitó sonreír.
-¿Te aburro? -Ahuecó la palma de la mano en su pubis -¿Esto te aburre?
Alice se contoneó contra sus dedos exploradores con una mirada desaprobatoria.
-Hay más cosas en la vida que eso.
-¿En nuestra luna de miel? Sin duda eso es todo lo que se supone que hagamos. -Jasper deslizó un dedo den tro de ella -Dentro de dos días nos marchamos hacia la ciu dad. Sin duda, en algunas semanas estarás quejándote de es tar demasiado ocupada para acostarte conmigo.
Ella abrió la boca. Jasper apoyó un dedo sobre sus labios.
-Mi fantasía no incluía discutir contigo. Si la recuer das, era sobre follar contigo. -Rodeó su cintura y la sentó al borde del escritorio con las piernas bien abiertas. Empujó la silla hacia atrás y se desabrochó los pantalones, con cuidado y botón a botón, aliviando un poco su polla dolorida.
Asió su erección con una mano y se puso de pie. Ella respiró fuerte cuando rozó la punta de su falo contra su sexo cubierto de néctar.
-Voy a entrar en ti con fuerza y rapidez. Lo acoge rás todo. Aun si una de las criadas entra y te ve aquí desnu da sobre mi escritorio, no querrás que me detenga, me roga rás que termine.
Jasper observaba la expresión aturdida de Alice mientras continuaba haciendo círculos en su clítoris con la punta de su polla. Dudaba que notara si alguien los interrum piera, tenía la misma intensidad para el sexo que él. Su idea sobre el Libro Rojo parecía haber funcionado. Sus pensamientos daban vueltas hacia otros lugares públicos, otras citas secretas en las que disfrutaría fallada.
Con un gruñido, se deslizó en su interior, disfrutaba de la estrechez de su vagina y el aumento de la exquisita pre sión. Insistió hasta que su falo quedo completamente cercado y luego, con lentitud, lo retiró.
-Mira mi polla, Alice, mira cómo te vuelvo loca.
Camino por los jardines. Tú llegas y me encuentras.
Para mi placer secreto, me haces el amor al aire libre. Imagino el aire frío en mi piel expuesta, la emoción de estar vestida a medias y el temor de que nos descubran.
Alice retrocedió para ver su acuarela y chocó contra un ancho pecho. Nerviosa, se volvió y se encontró en brazos de Jasper. ¿Ya había leído su primera anotación en el Libro Rojo? ¿Había venido a cumplir su fantasía? Ayer había pasado horas pensando qué escribir. Después de terminar, sintió que a su sueño le faltaba algo. Era probable que un hombre tan expe rimentado como Jasper se riera de su fantasía de niña.
Él le sonrió, su austera chaqueta marrón y su chaleco no concordaban con el brillo lascivo de sus ojos.
-Buenas tardes, milady. -Hizo un gesto hacia el ca ballete-. ¿Puedo ver esta obra maestra, o debo esperar como el resto de tu adorable público?
Alice se encogió de hombros.
-No soy muy buena. Puedes mirar. -Retrocedió un paso y le permitió observar su acuarela de la casa y el lago. La miró con detenimiento varios minutos, su cabeza se inclinó hacia un lado.
-Tienes razón. No es muy buena.
Alice dejó de sonreír y levantó la barbilla. -¿Crees que mi pintura es inferior?
Jasper no logró contener una sonrisa.
-No, pintas muy bien, pero tocas mejor el clavicémbalo. De mala gana, Alice volvió a colocar el pincel sobre el caballete. Le llevaría tiempo acostumbrarse a la honestidad de Jasper, después de los halagos de su padre.
-Me temo que tienes razón. He tenido los mejores profesores a mi disposición, pero todos mis esfuerzos parecen mediocres. -Lo miró por encima del hombro -Creo que mis padres esperaban que la pasión por el arte desalentara mi pasión por la música.
Apoyó la mano de ella sobre su manga.
-Preferiría que tocaras para mí cualquier día antes que pintaras. En realidad, preferiría que estuvieras desnuda y cubierta con pétalos de rosa mientras tocas, pero quizá esa es una fantasía que podamos discutir en nuestro libro.
El ritmo del corazón de Alice se aceleró cuando le son rió. Un suave latido de urgencia repiqueteaba entre sus pier nas. Él le dio una palmadita a sus dedos sin guantes.
-¿Tienes tiempo para dar un paseo por los jardines?
Hay algunas cuestiones que quisiera discutir contigo.
La llevó hacia un sendero que se alejaba de la casa y atravesaron un claro de campanillas salvajes. Un grupo de jar dines, apostados a lo largo del camino, adornaban y desherba ban los árboles y los arbustos. Jasper se detuvo para hablar con uno de los hombres mientras Alice admiraba las flores.
-No había estado nunca en este sendero. Es una casa muy hermosa. -En sus expediciones diarias, Alice había des cubierto que la casa tenía al menos doscientos años. Sobresa lían tres alas de ella, formando una letra E. Un jardín tapiado de hierbas y un laberinto protegían el lado oeste de la casa. El lago y el camino de entrada bordeado de olmos parecían ser de una fecha posterior.
-Pensé que te gustaría visitar el templo romano sobre aquella colina.
Alice miró a Jasper con interés.
-Pareces conocer bien este lugar. ¿Venías aquí de niño?
-Viví aquí hasta los once años. La casa pertenecía a mi madre, que era una verdadera princesa rusa. Me lo ha de jado en su testamento.
-¿Qué sucedió cuando tenías once años? ¿Te mar chaste para asistir a la escuela?
El humor abandonó su rostro.
-No, me fui a un viaje a Rusia con mi padre y termi né recibiendo una educación muy poco ortodoxa como escla vo turco.
Alice se sintió sonrojada.
-¿Solo tenías once años? -Apretó su brazo -Lo siento mucho.
Su sonrisa más encantadora brilló, una que la apartó y la colocó a cierta distancia.
-No puedes considerarte responsable por algo que te sucedió cuando eras un niño.
-No es eso lo que quería. No desperdicies tu lástima en mí, Alice. Casi lo he olvidado. -Saludó con la cabeza al úl timo de los jardineros y continuaron por la leve cuesta -Quizá podríamos cambiar de tema y hablar de nuestra próxi ma llegada a Londres.
Alice asintió con la cabeza, furiosa consigo misma por remover recuerdos tan desagradables. Tenía una expresión de conformidad en el rostro.
-Desde luego, milord, deseo hacerla. ¿También po sees una casa en Londres?
-Pensé que podríamos alquilar una. -Dudó al llegar a la cima de la colina -Pero si lo prefieres, mi padre, el mar qués de Stratham, tiene una casa en Portland Square, con una serie de habitaciones que podríamos utilizar allí.
Alice levantó la mirada. -¿Pero tú no quieres?
Un músculo de la mejilla de Jasper vibró.
-Mi padre tiene dificultades para superar la elección poco caballerosa de mi profesión, y mi pasado con algunos altibajos.
-Imagino que también siente algo de culpa por perderte.
Jasper rio.
-Nunca lo he notado. Cuando regresé a Inglaterra, se sentía casi avergonzado. Ya había formado otra familia, y además llegué para arruinar todas las esperanzas y los sueños de mi medio hermano de tener un título.
Alice se detuvo y fingió admirar la resplandeciente es tructura de piedra blanca en la cima de la colina.
-Aun así, debe haber sido una conmoción para él. ¿Tu madre murió antes de que regresaras?
Apartó la vista de ella, con las manos apretadas detrás de la espalda.
-Si, en apariencia se le partió el corazón. Me infor maron que nunca perdonó a mi padre por dejarme en manos de los turcos.
Un mirlo se lanzó en picado por encima de la cabeza de Alice y aterrizó sobre una de las columnas caídas. Cantaba un reto estridente por encima de los débiles sonidos de los jardi nes de abajo. Ella caminó por la gravilla hasta las piedras, con las faldas en una mano. El mármol se sentía frío debajo de sus dedos. Estaba manchado de musgo y un barniz mugriento por los años.
Acarició la fina columna de piedra. -¿Alguno de tus ancestros viajó a Grecia?
Jasper continuó con un paso más tranquilo, con la mirada fija en los dedos de ella.
-Creo que mi abuelo materno completó su grandio so viaje allá; debido a todo eso, hizo crear este templo y lo trajo con él.
Alice observaba la pequeña construcción circular. Tenía un techo con cúpula y ocho columnas de apoyo que descansaban sobre una pared a la altura de la cintura. Caminó con cui dado a través de las piedras caídas.
-¿Es seguro entrar?
-Por supuesto. Hago revisar la construcción una vez al año. Las piedras que están alrededor, sobre el suelo, solo es tán allí para impresionar. Parece que mi abuelo sencillamente despejó todo el terreno.
El interior estaba frío y sombrío y el piso era de mo saico. Alice se arrodilló para observar las imágenes descolori das. Trazó el contorno áspero del rostro de una mujer.
-¿Es Afrodita? -Una hermosa mujer desnuda ro deada de un grupo de doncellas menores que brincaban en un campo de flores.
-Según los diarios de mi abuelo creo que sí. -Las botas de Jasper hicieron eco en el espacio reducido cuando quedó de pie a su lado. Ayudó a Alice a levantarse.
-Gracias por mostrarme esto Jasper. Es hermoso.
-Alice se volvió con una sonrisa pícara -Hasta podría intentar pintado.
La tomó de la mano.
-Ven y observa la vista. Puedes ver los techos de la casa principal desde aquí.
La condujo hacia uno de los pilares y se colocó detrás de ella. Deslizó el brazo alrededor de su cintura y la llevó ha cia atrás contra él.
-Debes preguntarte por qué mi padre no asistió a nuestra boda.
Sus dedos trabajaban como expertos en los lazos de ella aflojando su corsé. Alice soltó la respiración. Solo la presión de su brazo debajo de sus pechos mantenía el vestido en su lugar miró hacia abajo de la colina donde algunos de los jardineros continuaban ocupándose del sendero y los arbustos.
-No me había dado cuenta hasta ahora de que tu pa dre aún vivía. No lo habías mencionado antes -su voz sona ba entrecortada y fuerte en el pequeño lugar cercado.
-Trato de no pensar en él a menos que deba hacerlo.
Dejó claro que aunque heredaré su título, no me dejará ni un centavo de su dinero. -La mordió en el cuello y ella se estre meció -Apenas se alegrará de mi boda. Creo que esperaba que tuviera la consideración de morir soltero para que su nue vo hijo preferido pudiera heredarlo todo.
¡Qué casualidad que Jasper sacara a relucir los pro blemas con su familia mientras la cortejaba! Quizá pensaba distraerla. Alice fijó la mirada en el hombre más cercano de los que trabajaban abajo. Jasper recogió la falda de fina museli na de la parte trasera y elevó las capas espumosas hasta su cintura. El aire frío tocó su piel ardiente y fue reemplazado con rapidez por la sensación sensual de sus calzones de gamu za contra su piel. Fue como si la acariciara un terciopelo áspe ro desde las nalgas hasta los tobillos.
-¿Deseas que pase a visitar a tu padre y a su nueva esposa?
Jasper subió por su cuello, besándolo antes de res ponder.
-Si crees que puedes soportarlo, ya he decidido reali zar una cena de festejo en tu honor poco después de nuestra llegada. -Sus dientes rozaron el lóbulo de su oreja, sus pezo nes se endurecieron con una prisa dolorosa -Invitaré a mis amigos y a mis competidores. Como la mayoría de los hom bres de negocio exitosos, tengo enemigos, Alice. Me agradaría que los conozcas y saques tus propias conclusiones.
Meció sus caderas, presionando su erección contra sus nalgas. Ella clavó las uñas en la piedra.
-¿Ya estás lista para mí? ¿Aún te excita la idea de que te tome así, a plena luz del día?
Estrechó sus nalgas con la mano izquierda y pasó un largo dedo por el ano para explorar su vagina. Soltó el aliento. -Ay, sí, húmeda y abierta, resbaladiza, con ansias. Un movimiento debajo de ellos atrajo la atención de Alice. Jasper comenzó a hacer círculos en su sexo ya dilata do con la punta de su dedo.
-Milord, creo que uno de los jardineros nos ha visto. Jasper tiró del lóbulo de su oreja con los dientes.
-¿Sientes vergüenza? En realidad no puede ver lo que te hago. Solo puede adivinar.
Alice tragó con fuerza cuando Jasper retiró los dedos y desabrochó los botones de sus calzones. Su duro falo húme do rozaba la parte inferior de su espalda. Deslizó la polla entre sus piernas y llevó la punta hasta presionarla contra su clítoris. El corazón de ella latía con fuerza contra el corsé, y la ne cesidad latía entre sus muslos. Cuando se atrevió a abrir los ojos otra vez, el hombre aún la observaba. Guiñó el ojo.
-¿Quieres que me detenga? -Murmuró Jasper-. Puedo dejarte insatisfecha si lo deseas.
Alice se mordió el labio. -Pero, ¿Y si nos ve?
-¿Qué sucede? -Jasper extendió los dedos de la mano derecha que sostenían su corsé y rozó los dos pezo nes-. Observa cómo disfruta de ti, fíjate si se excita, imagina cuánto le agradaría estar en mi lugar.
Sin esperar su respuesta, entró en ella de un suave em pujón, que la obligó a ponerse de puntillas.
Alice asió la parte superior de la pared con más fuerza mientras él la penetraba más profundamente y dejó que la guiara en un ritmo fuerte y rápido. Su cuerpo aún no estaba acostumbrado a su manera de hacer el amor, lo sentía muy grande en ese ángulo. Se concentró en el joven de abajo que la miraba fijamente. Una sonrisa de agradecimiento se dibujó en su rostro bronceado al notar su apreciación. Jasper golpea ba dentro de ella, y el jardinero bajó la mano para cubrir su entrepierna. Era claramente visible que su polla crecía debajo de sus calzones embarrados.
-¿Ves, Alice? -Susurró Jasper-. Te desea. Lo has excitado. Te desea, pero no puede tenerte porque eres mía. Nunca podrá follarte, jamás.
Jasper aceleró el ritmo, sus empujones la presiona ban contra la pared. Alice sintió la primera agitación de su orgasmo. Concentró la atención en el hombre que estaba abajo y dejó ver el placer que le brindaba Jasper en su rostro. Te nía razón, ver el deseo del otro hombre la hacía sentir podero samente femenina.
-Acaba ahora, Alice, y mira cómo acabamos contigo.
-Su cuerpo se apresuró a cumplir la orden de Jasper y su clímax la hizo estremecerse. Él gimió cuando su simiente inundó su canal. Luego su cuerpo cayó contra el de ella. El jardinero de abajo cayó de rodillas, su cabeza rubia se inclinó y sus manos se cerraron en su entrepierna.
Cuando Alice tuvo el valor de volver a mirar, se dio cuenta de que los otros jardineros habían desaparecido. ¿Ha bía Jasper arreglado toda la escena para ella? No le sorprendería si lo hubiera hecho. La ayudó a arreglarse el vestido y se apartó, la dejó sintiendo frío. Sonreía mientras volvía a atarse los calzones, reprimió todo rastro de pasión de manera ins tantánea, su expresión era tan tranquila como si hubieran es tado hablando sobre el tiempo.
-Mañana partimos hacia Londres. Sugiero que nos acostemos temprano. Tenemos un largo viaje y toda una vida para recorrer juntos.
Hola chicas! Espero que les haya gustado el capitulo
Hoy vi que han muchas que leen la historia pero no dejan review no se si es que no les gusta la historia o no se….
Bueno gracias a Cecy te adoro amiguis!
Ana Moretti te quiero nena!
Mimabells gracias!
Bye!
Recuerden que es una ADAPTACION!
