Aún cuando Chris no era experto en el amor, tenía unos consejos básico que los había aprendido gracias a las series y alguna que otra película romántica que solía ver en sus tiempos libres. Pero, aunque estos parecían opiniones comunes, Victor no se negó a escucharlas porque creía que todo le podía ser de ayuda, incluso hasta el más estúpido consejo le podía servir.
En ese recreo, el ruso de brillantes ojos celeste no logró escribir mucho acerca de Yuuri por haber tenido una profunda conversación con el que ahora podía considerar un amigo, si es que podía llamarlo de esa manera; pero igual se fue contento a su clase pues, ahora, la posibilidad de acercarse o ser pareja de su cerdito habían aumentado considerablemente.
Y, aunque Victor hubiera deseado faltar a clases para quedarse acompañando a su querido chico de pelos negros, no se podía dar el lujo de faltar como lo haría Yuuri pues, el ruso podía ser un excelente patinador, pero matemáticas no es su fuerte y necesitaba de mucha ayuda para poder pasar la asignatura. Así que tuvo que conformarse con tomar su cuaderno azul ahora decorado con pequeños post-it de color amarillo donde tenía anotado cada uno de los consejos dados por el rubio.
Chris le recomendó que hablara con el tal Jean Jacques Leroy lo más pronto posible, porque entre más rápido tenga ideas, más rápido será su encuentro especial con su querido Yuuri. Por ende, ambos acordaron ir con el tal King JJ en el siguiente receso, aunque con el dolor del alma de Victor por dejar solo a su querido cerdito por unos 15 minutos.
—¡Yuu…!
—Silencio joven, está en una biblioteca—el chico se calló al ver la cara de enojo que tenía la bibliotecaria por haber soltado un grito de alegría. Se disculpó con ella y caminó hasta la mesa donde se encontraba el chico de pelos negros que estaba llamando.
Este se sentó en la silla vacía al lado de Yuuri, se le quedó mirando unos segundos con una sonrisa difícil de borrar, como igual, movía sus manos y balanceaba sus pies esperando que el chico de lentes se volteara a verlo. Al notar que nada se eso estaba surgiendo efecto, carraspeo un poco su garganta, pero nada; finalmente, resignado, le tocó tres veces el brazo con su dedo índice y le arrebató con furia el audífono de su oído derecho.
—¿Minami?—preguntó confundido el japonés al notar, recién, a su acompañante—Hola, que gusto verte... ¿Cómo te encuentras?—Yuuri había realizado su pregunta de forma desinteresada, aunque había dejado su libro a un lado para ver a su amigo directo a los ojos y darle la atención que el menor le pedía.
—Además de ser ignorado, tengo algo que contarte. ¡No lo vas a creer Yuuri-kun! Todo el mundo está hablando sobre mi mechón de pelo rojo—respondió emocionado y tomando ese poco de pelo entre sus dedos—. Te debo agradecer por ese consejo que me has dado, realmente me ha encantado.
Yuuri se rió de las reacciones divertidas que realizaba Minami cuando se encontraba emocionado. Hace un tiempo atrás, el chico se encontraba inconforme por su pelo uniformemente rubio, pero no quería teñírselo completamente por temor a arruinarlo, así que le había recomendado solo pintar parte de su cabello de un tono que combinara, como el rojo, por ejemplo. Y, al parecer, así lo hizo.
—Felicidades, te queda muy bien.
El corazón del chico empezó a palpitar de una manera desenfrenada al ver como Yuuri, la persona que más admiraba, le dedicaba una sonrisa tan perfecta que incluso debía ser considerada la octava maravilla del mundo.
—Y… ¿Qué hace fuera de clases? ¿No tenía nada importante que hacer?—preguntó el menor recordando el silencio que ocasionó.
—Yo debería preguntar eso—comentó simulando un regaño—. Pero, realmente no me gustan las clases de artes, así que decidí no asistir más. Ahora, ¿Qué haces afuera?
—Ah…Bueno, me sacaron porque estaba hablando demasiado y me mandaron a un lugar donde no pudiera emitir ningún sonido—mencionó apuntando la biblioteca—. Pero, si me hubiera enterado que usted se encontraba aquí, le hubiera puesto ganas desde antes.
Yuuri no aguantó la risa de verlo tomar esa actitud cada vez que se trataba de él. Agradecía mucho el cariño que el contrario le entregaba, era una de las personas que más confiaba y podía contar con su apoyo; en un inicio, le parecía sorprendente encontrar a otro japonés en la escuela, pero peor fue cuando Minami le confesó ser su fan desde los días en que ambos entrenaban con Celestino. Aunque, el de pelos negros tuvo que fingir reconocerlo porque no recordaba haber estado bajo el cargo del mismo entrenador o haber visto su rostro alguna vez.
—Yuuri, aprovechando la ocasión, ¿Me permitiría hacerle una pregunta?
—Sí, dime.
—Por casualidad, ¿Conoces a Victor Nikiforov?
Cuando el timbre anunció el fin de la clase, la profesora de matemáticas no había ni terminado de explicar el último ejercicio para cuando Chris y Victor se levantaron de sus puestos para caminar hasta la salida omitiendo los regaños de la mujer. Esa imagen genial y de chicos rebeldes causó la admiración de algunos del curso, como también más de algún suspiro por parte de las muchachas que estaban maravilladas con ellos.
Aunque, en realidad, Victor fue al que más le temblaban las piernas al pensar que de dirección podían llamar a su madre para contarle sobre su escapada de clases o por haber ignorado a la profesora. A Chris no le importaba, no iba a ser la primera vez que hacía eso e, incluso, lo han encontrado en situaciones peores.
Nervios fue lo que sintió el de pelos plata para cuando se encontraron fuera del salón del tal Jean Jacques Leroy, aunque un poco patético fue al descubrir que ese chico se encontraba en el mismo curso que ellos (aunque en un salón distinto), pero eso podría significar que podrían tener la misma edad y, aun así, JJ tenía más experiencia amorosa que todas las vidas de Victor juntas.
—¡Chris, amigo mío!
Un chico alto de pelos cortos negros con algunos mechos cayendo sobre su rostro apareció luego de unos minutos con una sonrisa en su rostro mientras saludaba cordialmente a cada uno con un apretón de manos y un abrazo a su amigo cercano, Chris.
—Hace mucho que no vienes a verme—fingió tristeza—por unos momentos pensé que te habías olvidado de lo nuestro.
—¡Jamás! El problema es tu novia que nos mantiene separado…—ambos rieron ante la estúpida escena que estaban realizando frente al confundido chico ruso—Pero, hablando sobre tu novia, ¿Qué tal te ha ido? Voy a suponer que aún siguen saliendo.
—Bueno, Chris…Los milagros no son muy frecuentes, por eso, cuando ocurren, hay que aprovecharlos hasta el último. Es increíble, pero ya cumpliremos ocho meses juntos…
Victor sintió admiración al escuchar las palabras del chico de pelos negros. Ocho meses…Si sus consejos realmente sirven, probablemente él pase la misma cantidad de meses al lado de su querido cerdito o, mejor, toda la vida. No dudaría en seguir paso a paso lo que el experto en el amor le diga que hacer.
—Pero, ¿A qué vienen de todos modos?
—Bueno Jean, este chico—señaló Chris al ruso—necesita de tus consejos amorosos. Está enamorado, así que recordé de que tú eres un experto en esto del amor, incluso tu libro fue todo un éxito. "Como enamorar a un Gato Enojón".
—Si…Aunque le sirvió más a Otabek que a mí, pero funcionó—respondió entre dientes—. Pero bueno, son cosas que pasan… ¿Qué les parece si hablamos tranquilamente a la hora de almuerzo? Así ustedes me cuentan todo con más calma.
**
En la oficina del director, sentada en una de las sillas con las piernas cruzadas y un abrigo largo que cubría su vestimenta de trabajo y un maquillaje extravagante, se encontraba la señora más respetable de todo el establecimiento educacional. A su lado se encontraba sentado su hijo completamente feliz de verla, aunque algo intimidado por la presencia del director y una señora con la cual había tenido una conversación antes.
—Señora Nikiforov, perdón por haberla llamado de forma inesperada e interrumpir su trabajo, pero necesitamos hablar con usted.
—No se preocupe, no hay nada más importante que mi hijo, ¿Qué sucede?
Por culpa de su trabajo, no puede pasar mucho tiempo con Victor, pero si algo le sucedía, ella siempre estaría presente y le dedicaría un poco de su tiempo a la persona más importante de su vida; tomó al pequeño niño de brillantes y suaves pelos plateados para sentarlo en sus piernas, mientras este se abrazaba a su cuello y le daba cortos besos en la mejilla de su madre susurrándole "te quiero" haciendo derretir el corazón de su progenitora.
—Buenas tardes señora Nikiforov—comentó la otra señora que tomaba asiento en el lugar anteriormente ocupado por Victor—. Me presento, soy la psicóloga de la escuela y he sido yo quien la ha citado. Le quiero hablar de un tema que me mantuvo preocupada por un tiempo y necesito que usted este enterada que, a pesar de los cortos 8 años, me parece una extrañes su actitud.
—¿Hay algún problema con él?—comentó preocupada abrazando con un poco más de fuerza a su hijo.
—Supongo que es algo de niños, pero él se ha enamorado de una de sus compañeras de clases. Pensé que podría ser un juego, soy de las que creen que los niños no tienen conciencia de lo que es estar enamorado de alguien, así que lo tomé algo que duraría menos de un día. Pero hemos recibido bastantes quejas por parte de la familia de la niña diciendo que Victor ha estado acosándola.
—¿Perdón? ¿Acosándola?
—Puede que suene raro, pero es como si él se hubiera obsesionado con ella. Victor no permitía que nadie se le pudiera acercar a la menor porque él se ponía a pelear con esa persona; hoy hablé con él sobre este tema y al parecer tiene un cuaderno rojo con toda la información de la muchacha. Al inicio sus profesoras parecían creer que era un juego, pero ahora creemos que esta es una situación que se debe tratar ahora o tal vez esto puede empeorar en un futuro.
