CAPITULO 4: Cambios

Cruzó el umbral con una gran sonrisa y recibió un enorme abrazo de una mujer que la esperaba con los brazos abiertos. Era una mujer rolliza, de unos sesenta años, que la recibió en delantal y zapatillas de andar por casa.

- Bienvenida cariño – saludó la mujer invitándola a entrar.

- Gracias Rose, pero solo he estado un par de semanas fuera, – respondió Hermione – dos semanas de aburrido papeleo en Washington y ya estoy de vuelta en casa.

- Lo sé, pero han sido un par de semanas muy intensas, - la sonrisa de bienvenida desapareció del rostro de la mujer que la miró con tristeza en sus cálidos ojos oscuros - tendrás que enfrentarte a muchos cambios.

- Todavía no puedo creer que os marchéis, - dijo Hermione apenada – eso será lo peor, voy a echaros muchísimo de menos.

- Y nosotros a ti, querida – respondió la mujer tomándola por los hombros, todavía reticente a poner fin al contacto que iniciara con el abrazo. - No nos mudaríamos si no fuera por la salud de Pete pero ya sabes que los sanadores no paran de recomendarle un clima más cálido y ahora que el nuevo embajador le ha concedido la jubilación no podemos desaprovechar esta oportunidad.

La mujer la soltó y señaló al pasillo, Hermione comprendiendo lo que quería decirle echó a andar hacia la cocina. Conocía la casa tan bien como su propio apartamento pero aunque no fuera así podría haberse guiado perfectamente por los olores deliciosos que emitían un montón de pucheros burbujeantes. Su anfitriona la siguió con gesto serio.

- Estoy segura de que estaréis muy bien en Florida. Espero que me invitéis de vez en cuando, aquí hace demasiado frío en esta época del año – le dijo Hermione tratando de animarla un poco.

- Me enfadaré mucho si no vienes a vernos, sabes que eres como una hija para Pete y para mí.

Hermione le dedicó una franca sonrisa. Era cierto, Rose y Pete no tenían hijos y desde que llegara a Nueva York casi se podía decir que la habían adoptado, estando a tantos quilómetros de sus padres ellos se habían convertido en su nueva familia.

- No dudes que iré a visitaros, no podría pasar sin probar tu delicioso asado –bromeó. - Por cierto, Rose, parece que has hecho comida para un regimiento – observó Hermione mirando a través de la puerta de cristal del horno.

- Es que no eres nuestra única invitada – dijo Rose con timidez, casi parecía una niña pequeña que esperara recibir una reprimenda. - Me he tomado la libertad de invitar al nuevo jefe para que le conozcas.

Hermione dejó de mirar el asado y se volvió hacia Rose mirándola asombrada.

– El ministro le nombró tan repentinamente y él ha introducido tantos cambios en tan poco tiempo que será como empezar de nuevo – se explicó Rose.

– El lunes llegarás a la oficina y Pete ya no estará allí, ahora tú tienes que ocupar su puesto y es una gran responsabilidad. Por supuesto sé que eres perfectamente capaz de desempeñarlo – añadió rápidamente, como si temiera haberla ofendido - pero igualmente todos los demás han tenido unos días para habituarse mientras que tú has estado fuera, te encontrarás con un puesto nuevo y un jefe nuevo. Espero no haberme entrometido pero pensé que conocerle en un ambiente más distendido te facilitaría las cosas.

- Está bien, - concedió Hermione – pero relájate un poco, Rose. De verdad, no me preocupa el trabajo.

Rose pareció muy aliviada al oírla decir eso y empezó a remover los pucheros con ánimos renovados.

- ¿En que puedo ayudarte? – preguntó Hermione servicialmente.

- Sería estupendo si pudieras encargarte de la cebolla – respondió Rose señalando una tabla de cortar y un cuchillo posado sobre ella – de hecho has llegado en el momento más oportuno.

Hermione sonrió, preguntándose si aquel no sería el momento oportuno precisamente porque ella estaba allí, sabía el efecto que la cebolla ejercía sobre Rose, un par de cortes y los lagrimones no le permitirían ver ni el cuchillo. Probablemente los únicos momentos en su vida en los que lamentaba ser muggle era cuando tenía que picar cebollas. Sacó su varita e hizo un rápido movimiento, al instante la cebolla empezó a cortarse sola.

- ¿Dónde está Pete?

- Fuera, - respondió Rose añadiendo un ingrediente a una salsa que hervía a fuego lento – está empeñado en que comamos en el jardín.

- ¿En el jardín? – preguntó Hermione sin dar crédito a lo que oía. Solían comer allí muy a menudo pero desde luego no en el mes de Noviembre.

Rose se encogió de hombros.

- Dice que va a conjurar una enorme burbuja que nos proteja del frío. Creo que lo único que quiere es disfrutar estos últimos días en su querido jardín aunque lo que me ha dicho para convencerme es que resultará muy romántico si empieza a nevar mientras comemos.

- ¡Qué bonito! – dejó escapar Hermione – tantos años casados y todavía piensa en detalles románticos.

- Sí – murmuró Rose un poco apurada y miró de reojo a Hermione con aire de culpabilidad. – Pero fíjate que hora es, - dijo cambiando bruscamente de tema - tengo que arreglarme un poco, no quiero que nuestro invitado me sorprenda en delantal y zapatillas. ¿Podrías ocuparte…?

- Claro – respondió Hermione viéndola salir tan rápido como si la cocina estuviera en llamas.

Antes de que Rose volviera Pete entró en la cocina por la puerta de cristal que daba al jardín. Al verla su rostro se iluminó.

- ¡Pero si ya estás aquí! – la saludó de buen humor - ¿qué tal en la embajada muggle?

- Sin novedad – respondió Hermione – al contrario que por aquí, por lo que parece.

- Sí, es cierto – admitió pensativo – desde luego al muchacho no le falta iniciativa… es posible que esta vez el ministro haya acertado.

- ¿Muchacho? – preguntó Hermione sin acabar de entender a quien se refería.

- Sí – respondió Pete enfriando su entusiasmo – el nuevo embajador es bastante joven, - dijo evasivamente desviando la mirada. Su intención era no decir ni una palabra más acerca del tema pero el silencio de Hermione y el gesto hosco que empezaba a formarse en su rostro le hizo comprender que no se conformaría hasta que obtuviese alguna explicación. – De hecho creo que es la persona más joven que ha ocupado nunca el cargo de embajador – añadió retrocediendo un par de pasos con aire precavido mientras Hermione le miraba con los ojos entrecerrados.

- Creo que empiezo a comprender – replicó ella con la sombra de una sospecha que explicaría la prisa de Rose por salir de la cocina.

- Yo… voy a elegir un vino – farfulló Pete rascándose la cabeza mientras desaparecía tan velozmente como antes lo hiciera su esposa.

Cuando Rose volvió a la cocina a Hermione le bastó una mirada para confirmar sus temores, el aire de culpabilidad en sus ojos todavía no había desaparecido del todo y eso solo podía significar una cosa.

- Rose, - la encaró sin preámbulos – dime que no tienes más razones para invitarle que las me has contado y que esto no es una cita a ciegas.

- ¡No! – respondió ella con rapidez – solo quería evitar que te sintieras desplazada en la oficina, eso es todo.

Hermione la miró desconfiando de su respuesta, no era la primera vez que Rose trataba de emparejarla aunque después de los últimos fracasos creía que ya se había dado por vencida. Por lo visto quería probar con un último intento antes de mudarse a Florida. Rose le dio la espalda y empezó a remover la salsa como si en ello le fuera la vida mientras sacudía la cabeza con vehemencia.

- Aunque es un chico encantador – dijo en tono de reproche antes de hacer una pausa en la que solo se oía el salpicar de la salsa removida a toda velocidad. -Por otro lado tú no has salido con nadie desde que rompiste con David y de eso hace mucho tiempo.

- Yo no estoy hecha para la vida en pareja, Rose, y fue una suerte que lo comprendiera antes de que David, o cualquier otro, resultara más herido.

- Pues estoy segura de que este chico te gustaría si le dieras una oportunidad – afirmó con contundencia mientras blandía una cuchara de madera con aire amenazador – creo que es perfecto para ti.

Hermione alzó las cejas y la miró con expresión escéptica y Rose volvió a darle la espalda para llevar un cucharón al fregadero, pero antes de eso a Hermione le pareció adivinar la sombra de un sonrisa formándose en sus labios.

- Puede que cambies de opinión cuando le veas – dijo esperanzada – es muy educado… y tan guapo.

Hermione se quedó petrificada, ese comentario era lo último que hubiera esperado de Rose, ¿de verdad pensaba que cambiara de opinión solo porque era guapo? No quería despedirse de Rose estando enfadadas y para eso lo mejor sería no continuar con aquella conversación así que se ofreció para poner la mesa en el jardín con la esperanza de que el aire fresco la despejara un poco.

Cogió lo necesario y salió al jardín, Noviembre no era el mejor mes para los jardines, pero Pete se ocupaba de él con tanto cuidado y esmero que incluso ahora estaba hermoso. Se detuvo un momento a disfrutar de la vista antes de empezar a colocar las copas y las servilletas en su lugar, estaba ocupada en esa labor cuando un brazo salido de no sabía donde le pasó rozando el hombro izquierdo y con un golpe seco posó sobre la mesa una botella de vino tinto. Se sorprendió tanto que dio un respingo involuntario y se giró algo molesta por el abuso de confianza, en la mesa había sitio de sobra para colocar la botella sin necesidad de invadir su espacio personal. Al hacerlo se encontró a escasos centímetros de Malfoy, que ya estaba estirando el otro brazo para posar sobre la mesa otra botella, esta vez de hidromiel. Después se apartó de la ella con un movimiento rápido y felino y la saludó como si no hubiera pasado nada.

- Me alegra volver a verte, Granger.

- ¿De verdad es necesario que te acerques de esta forma? – le reclamó de mal humor. Estaba empezando a cansarse de que se acercara a ella con tanto sigilo.

- ¿Es esa tu forma de saludar? deberías cuidar tus modales. De esa manera no lograrás impresionarme.

- ¿Y por que razón iba a querer impresionarte, Malfoy? – preguntó cruzándose de brazos.

- Tal vez porque soy tu jefe y acabo de concederte un ascenso.

A Hermione se le pasó el enfado por la tontería de las botellas, ahora había algo que la preocupaba mucho más. De modo que él era el nuevo embajador. Estaba claro, daba igual quien gobernara, los Malfoy seguían teniendo al Ministro de magia comiendo de su mano, bastaba una lechuza para conseguir todo lo que querían. Así que era Malfoy quien impresionara tanto a Rose y Pete ¿qué era lo que dijeran de él? Un joven con iniciativa, educado, encantador… cielos ¿el mundo se estaba volviendo loco? ¿Y qué más? ¡Ah, sí!, guapo. Bueno, guapo si que era pero eso no tenía la más mínima importancia.

- ¿Se puede saber qué es lo que te propones? – preguntó con brusquedad.

- No te comprendo – respondió Draco con la expresión más inocente de la que era capaz.

- ¿Por qué ese puesto? – preguntó sin rodeos.

- No lo solicité, si es eso lo que preguntas. El Ministro me lo ofreció cuando supo que iba a instalarme aquí – contestó con tal franqueza que hasta Hermione tuvo que admitir que sonaba convincente.

- Creía que solo estabas de visita.

- No, y tú tienes parte de culpa en que me haya quedado. Si no hablaras con tanto entusiasmo sobre esta ciudad quizá ahora estuviera en Canadá – respondió recuperando su aire socarrón.

- Durante la cena os escuché hablar sobre el regreso a Londres – insistió Hermione negándose a aceptar la realidad.

Draco se encogió de hombros.

- Escucharías a Vivian. Por mi parte nunca tuve intención de volver.

A cada palabra que pronunciaba Hermione perdía la esperanza de que se tratara de alguna clase de malentendido. Se quedó mirándole en silencio, claramente decepcionada por su respuesta, tratando de hacerse a la idea. Estaba desolada ¿de verdad tendría que trabajar con él? En vista de su mutismo fue Draco quien rompió el silencio.

- Refrena tu entusiasmo, Granger – dijo sin intentar disimular que empezaba a molestarse.

- ¿Qué esperabas? ¿Qué saltara de alegría?

- Por lo menos podrías ser amable – le reprochó.

Hermione emitió un bufido mientras se giraba para continuar poniendo la mesa. A Draco aquello le pareció una provocación y un error. Si se trataba de ser desagradables la empollona no sería un rival a su nivel.

- Si has terminado con el interrogatorio ahora podríamos hablar un poco sobre ti, para variar – dijo él rodeando la mesa, colocándose enfrente de ella. - Siempre pensé que a estas alturas estarías criando una manada de mocosos pelirrojos, ¿qué pasó para que te libraras de ese horrible destino?

- Nada que sea de tu incumbencia – contestó cortante, sin mirarle siquiera, mientras continuaba con su tarea.

- Vamos, Granger, si fueras tan dulce y comprensiva como todo el mundo cree te compadecerías de mí, anda, sé buena y cuéntamelo, - rogó poniendo cara de no haber roto un plato en su vida - me muero de la curiosidad.

- Te lo advierto Malfoy, cierra el pico antes de que sea demasiado tarde – le espetó ella con brusquedad.

Pero Draco se sentía demasiado osado como para dejarse intimidar.

- Formabáis un grupito de lo más extraño… - reflexionó en voz alta mientras buscaba su huidiza mirada - en la sala común de Slytherin se especulaban muchas cosas sobre el famoso trío de Gryffindor y la clase relación que os unía.

Por fin Hermione levantó la cabeza y le miró con rabia para encontrarse con la sonrisa maliciosa de Malfoy.

- Un día de estos te morderás la lengua y te envenenarás, asquerosa serpiente. No todo el mundo es tan retorcido como los Slytherins.

- Veo que no estás muy dispuesta a colaborar, está bien, si no me ayudas tendré que adivinarlo yo solo. Supongo que no existe ningún motivo para que

no estés con la comadreja, así que imagino que al final te decidiste por cara rajada…

- No sigas, o lo lamentarás – advirtió Hermione lanzándole una mirada asesina.

Draco se paseaba alrededor de la mesa y en ese momento le daba la espalda, lo que le impidió captar que Hermione comenzaba a alterarse de verdad, los últimos cubiertos que quedaban por colocar tintinearon suavemente cuando sus manos comenzaron a temblar.

- … pero incluso para alguien tan torpe como Potter era evidente que el pobretón te quería - la voz de Draco adquirió un tono teatral - y el gran héroe renunció a ti porque traicionar la amistad de su leal vasallo le pareció impropio de su nobleza…

- No me provoques, Malfoy o no respondo de mis actos – gritó furiosa soltando de golpe los platos, que aunque no se rompieron cayeron con gran estrépito sobre la mesa. Aunque era demasiado tarde porque Draco ya estaba pronunciando la frase y le resultó imposible detenerse.

- … y desde entonces no has encontrado a un hombre que sea capaz de hacerte olvidar a San Potter.

Con un rápido movimiento Hermione le empujó contra la valla del jardín, con una mano le agarró del cuello de la camisa y con la otra desenfundó su varita colocándola bajo el mentón del rubio, presionando con fuerza contra la fina piel blanca del cuello de Draco. Le cogió tan desprevenido que ni siquiera intentó defenderse, nunca había visto a nadie tan enfadado, los ojos de Hermione echaban chispas y sus manos, pequeñas y delicadas, le sujetaban con una fuerza impropia de ellas.

- Escúchame bien porque solo lo diré una vez – susurró entre dientes en un tono autoritario que no daba lugar a réplicas. - El único motivo por el que no estás arrastrándote por el suelo como la indeseable cucaracha que eres es por el respeto que tengo a los dueños de esta casa. En lo que se refiere a Harry tú no eres digno de nombrarle siquiera. Te lo advierto, no vuelvas a hablar de él nunca ¡NUNCA!, porque no sabes de lo soy capaz – añadió siseando de modo amenazador.

Tan rápido como le había acorralado le soltó con brusquedad y dio media vuelta. Draco observó impresionado como se alejaba y salía de la casa como una exhalación mientras se frotaba la dolorida piel en la que la varita de Hermione había dejado una marca.

ooOOoo

Hola a todas. Hermione ha reaccionado de forma violenta pero tiene sus motivos, aunque Draco no acabe de comprenderlos.

El siguiente capitulo (seguramente no tarde mucho en publicarlo) va a ser muy cortito pero en él se aclaran muchas cosas, aunque tambien es cierto que se siembran otras dudas. Muchas gracias por seguir la historia y por vuestros rr.