Harry Potter y Hermione Granger (y demás) no me pertenecen. Se pertenecen el uno al otro y ambos a Rowling y a la Warner. Yo sólo los pongo juntos en una tienda y... bueno, pasan cosas.

No es nada del otro mundo, pero de todas formas hay cosas que pueden no ser consideradas para niños. Discreción, muchachos.


Cuestión de espacio

Las aves trinaban sobre su cabeza cuando Harry despertó sin abrir los ojos todavía. Giró sobre sí mismo, intentando volver a conciliar el sueño y, al ver que era imposible, abrió un ojo. A su derecha pudo distinguir un bulto azul con cabeza castaña que respiraba pausadamente, muy cerca de él. Sonrió y se incorporó lentamente, procurando no despertar a Hermione. Palpó un poco por ahí y tras unos segundos halló sus gafas, se las puso con calma y miró a su alrededor.

Podía ver las sombras de los árboles proyectadas en la lona de la tienda gracias al sol de la mañana que empezaba a asomarse. Se acomodó para quedar sentado; debajo de él, el césped hacía las veces de colchón; aunque una que otra piedra se encajara de repente, era realmente cómodo.

Una gota fría de rocío cayó sobre la piel de su espalda. Sobresaltado, buscó entre el montón de cobijas, ropa y almohadas, algo para ponerse encima pues una gotera se había formado en el techo, justo encima de él.

Hermione se despertó entonces. Se estiró como un gatito y le dedicó una sonrisa; se levantó también, vestida sólo con la camiseta que Harry estaba intentando encontrar.

—Buenos días —dijo él, devolviéndole la sonrisa.

—No sé que tan buenos sean —replicó ella, llevándose una mano a la nuca y haciendo un gesto de dolor.

—¿Has pasado mala noche? —inquirió Harry conteniendo una sonrisa burlona.

—No —contestó ella tras un gran bostezo—. La verdad es que la noche ha sido estupenda —guiñó un ojo y se deslizó unos centímetros hasta acomodarse entre los brazos de Harry.

—¿Entonces…? —insistió él, apoyando el mentón en la cabeza de Hermione.

—No me explico por qué tienes esa fijación con las tiendas, Harry —dijo ella con los ojos cerrados. Harry dejó escapar una risita.

—Me gusta el aire libre —respondió él, restándole importancia.

—¿Y por eso trajiste una tienda muggle en vez de una mágica? —dijo ella— ¡Pudimos haber tenido más espacio!

—Ya te lo dije, fue sin querer —dijo Harry con desgano—. Me confundí… La próxima vez no volverá a suceder.

—Olvídalo —bufó Hermione abriendo los ojos y mirándolo fijamente.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Tiene su encanto esto de no tener mucho espacio, ¿no te parece? —Harry sonrió con la mirada traviesa de Hermione, que se mordió el labio inferior en una sonrisa torcida.

—¡Pero…! ¡Es como estar en un armario de escobas! —exclamó Harry liberándola de su abrazo.

—Justamente en eso pensaba —dijo Hermione dirigiéndole una elocuente mirada antes de besarlo.


Ahora que los reviso, creo que éstos eran los únicos que yo escribí que valían la pena de ese juego. Buscaré los drabbles con los que participé, hay algunos que merecen la pena, creo yo.

Mientras tanto, se quedan con estos cuatro. En cuanto haya un triste y solitario review, actualizo con uno inédito. Para saber que alguien además de mi los está leyendo :)

¿Review?

Clawliette