Hola otra vez, cuarto capítulo, espero que les guste. Algo corto pero en fin, así escribo yo, jeje. Muchas gracias por todos sus reviews, ya saben que El Tigre es propiedad de Jorge R. Gutiérrez y Sandra Equihua.

El Guante Negro

Capítulo 4: Una Oportunidad Imperdible

Manny se encontraba recostado en su cama, aún castigado, mirando al techo y pensando en tantas cosas que lo tenían intranquilo. Ya no estaba molesto con Frida por el incidente del examen, ni siquiera le importaba tener que estar encerrado en su cuarto. Lo que lo estaba perturbando era algo mucho más serio, sombrío e incierto.

Tal vez era eso justamente lo mas frustrante, estar preocupado por algo y ni siquiera saber que era. Se sentía como un verdadero tonto ante este sentimiento. Después de todo se enfrentaba a diario a perversos enemigos como Sartana de los Muertos, El Dr. Chipotle Jr, El Señor Siniestro y La Cuervo Negra, y de repente se asustaba por un mero presentimiento.

Era cierto lo que decían con respecto al miedo, quizás el terror más grande de todos era el que se le tenía a lo desconocido. Como cuando se vea una multitud horrorizada corriendo por todas partes y no saber si quiera hacia donde correr. Si, era terrible, tal vez lo peor que le había pasado hasta ahora ya si no sabía a qué temer no podría estar preparado para ello.

Estaba más que seguro de que el guante de Frida tenía algo muy extraño. Si, era un artefacto místico de poder que le daba inmunidad a su amiga, sin duda algo que cualquiera quisiera tener. Tal vez si el guante lo hubiera encontrado él, si el poder fuera de él no se sentiría así.

No era por envidia ni mucho menos por que le molestara la suerte de Frida. No, Manny no podría sentirse celoso por ella, la apreciaba demasiado para eso. Lo que no lo dejaba tranquilo era el temor al peligro. Frida como fuera estaba protegida pero los demás no. Manny ya había sufrido el castigo por causa del guante y no quería que eso se repitiera.

Conocía a Frida y tenía la seguridad de que ella jamás usaría el guante en contra suya, peor ese era también el problema. Conocía a Frida y ella nunca dejaría de lado una oportunidad como la que el destino le había brindado. Los castigos de su padre nunca la habían detenido en sus travesuras… ahora que no tenía nada que pudiera tocarla entonces sería peor aún.

-Que Quetzalcóatl nos ampare- pensó Manny mientas escuchaba pasos acercándose a su puerta.

Un par de golpecitos le indicaron que alguien quería entrar, eventualmente la voz de Rodolfo se escuchó del otro lado.

-Manny, ¿puedo pasar?- preguntó su padre.

-Claro- contestó el muchacho indiferente.

Rodolfo abrió la puerta y entró en la habitación. Su expresión ya no mostraba más enojo contra él y eso lo tranquilizaba bastante.

-Mijo, solo quería decirte que tu Granpapi habló conmigo y creo que fui muy duro contigo- dijo Rodolfo –No apruebo lo que hiciste pero después de todo es la única vez que esto ha ocurrido. Si prometes no repetirlo podría levantarte el castigo-

-¿Hablas en serio?- preguntó Manny esperanzado.

-Por supuesto, solo trata de evitar este tipo de situaciones en el futuro- dijo Rodolfo.

-Lo haré, papá- respondió Manny abrazando a su padre y saliendo de ahí finalmente libre.

El chico salió corriendo de la Casa del Macho sumamente contento por nuevamente estar bien con su padre. No sabía a dónde ir pero no le importaba, solo quería estirar las piernas un rato y tomar algo de aire fresco.

Luego de unos minutos encontró a su amiga Frida caminando alegremente, aún con su ahora inseparable guante. Manny no pudo evitar sentir un ligero escalofrío al verlo pero la expresión de Frida se notaba más que relajada.

-Hola Manny-

-Hola Frida-

-Veo que ya no estás castigado- comentó ella.

-No, papá me dejó ir… y yo veo que tú aún tienes el guante- dijo Manny un poco despectivo.

-¡Sí!, ¡es genial!, me la he pasado haciendo todo tipo de cosas y no me ha pasado nada- dijo Frida feliz.

-¿No deberías llevarlo con calma?, aún no sabemos cómo funciona esa cosa- dijo Manny.

-Si sabemos. Me protege de todo mal a pesar de lo que haga- contestó Frida.

-Pero hace que otros paguen por tus actos- protestó Manny.

-Bueno, sí. ¿Pero qué importa?-

Manny no podía creer que Frida estuviera hablando así. Normalmente era traviesa y rebelde pero nunca egoísta a ese grado. En serio estaba preocupado ahora.

-¿No importa?, ¿cómo que no importa?- preguntó Manny.

-Pues sí, de que sufran otros a que sufra yo… mejor que sean otros- dijo Frida secamente.

-¿Te pones a pensar siquiera en lo que dices?- preguntó Manny molesto.

-No te enojes… tú también puedes sacar provecho de esto- dijo Frida.

-Claro que no, el guante es tuyo y tu eres la única en toda la ciudad que es inmune. No puedo creer que aproveches eso aún a costa de los demás- dijo Manny levantando la voz.

-Entiendo que estés molesto porque ya te tocó a ti, pero no es para tanto- comentó Frida.

-Créeme, las cosas se van a salir de control- dijo Manny.

Frida estaba realmente enojada con él por su actitud. Jamás le había gritado como esa vez pero no se daba cuenta de que él tenía razón. Además algo dentro de ella le estaba impidiendo razonar. Su esencia se estaba perdiendo y sin darse cuenta, Frida Suárez estaba desapareciendo.

-Solo estás celoso… celoso porque o ahora soy invencible y tu no- dijo Frida con odio.

-¿Qué?-

-Lo que escuchaste. Como eres un pobre intento de héroe con problemas existenciales a quien siempre apalean tienes envidia de que alguien sin poderes sea más digna que tu al don de la inmunidad-

-…Frida-

-Antes eras divertido pero ahora solo eres un perdedor. Este guante me pertenece y nunca me lo voy a quitar… es una oportunidad que no voy a perder- dijo Frida seriamente.

Manny no sabía que decir, estaba estupefacto tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. ¿En verdad Frida lo veía de esa forma?, ¿esa era la imagen que tenía de él? Sin querer sus ojos se cristalizaron por el coraje y el dolor que las palabras de Frida le causaban.

-Si eso crees de mi, perfecto. No volveré a molestarte- dijo Manny sumamente ofendido.

-Ojalá lo cumplas- terminó Frida dando media vuelta y comenzando a alejarse de Manny.

Si el chico no hubiera estado tan furioso y dolido se habría dado cuenta de un pequeño brillo oscuro emanando del guante justo en ese momento.

El miedo había desaparecido, ahora solo era tristeza y enojo lo que sentía Manny. Luego de que su amiga de pelo azul se perdiera de vista regresó a su casa.

Ya no le importaba nada, ni siquiera los destrozos que Frida pudiera ocasionar. Se había dado cuenta de que el poder en verdad cambiaba a la gente, incluso a esas personas de las que menos se esperaría.

-Que se quede con su mugriento poder. No me importa- se dijo Manny entrando de nuevo a su hogar.

Rodolfo y Granpapi se extrañaron al verlo entrar tan rápido y tan enojado, después de todo acababa de salir de un castigo y ahora parecía que quería volver.

-Mijo, ¿ocurre algo?- preguntó Rodolfo pero lo único que obtuvo por respuesta fue el sonido de un portazo en la habitción de su hijo.

Manny se recostó boca abajo tratando de dormir y olvidar, en verdad lo necesitaba. Por un lado estaba bien, ya no tendría que preocuparse por proteger a Frida, nada podía tocarla.

Sin embargo ignoraba algo muy importante. Un pequeño detalle que pronto sería relevante. Había una persona de la que si había que proteger a Frida… y era ella misma.

Continuará………