CAPÍTULO FINAL. Ante todo, os aviso que el ritmo es mucho más calmado (Tomadlo como un epílogo), por fin dejan de ser sólo ellos dos y aparecen todos aquellos que lo rodean. Estoy contenta con este episodio, pero sabéis que son bienvenidas cualquier tipo de crítica (cualquier tipo no, sólo constructivas :P). Como imaginaréis, Scorpius y Rose se REENCUENTRAN, intenté que su encuentro no fuera muy cursi, sino muy en línea con la relación que mantuvieron en Hogwarts... si lo conseguí, eso ya me lo diréis vosotros. Gracias por seguirme en estos cuatro episodios, no os aburro más y os dejo que comencéis a leerlo:
TABACO
Capítulo 4: El retrato de un Malfoy
La dama con el abanico miró hacia los filos de su retrato con el ceño fruncido. Rose, frente a ella, la estudiaba minuciosamente y escuchaba con paciencia. La dama puso los brazos en jarra, algo que le recordó a su abuela Molly, y comenzó a quejarse con su voz chillona:
- ¿Ven mis tobillos? ¡Les aseguro que no estaban tan resquebrajados! ¿Y mi vestido? Mi pintor no quiso vestirme con un verde tan paliducho, era mucho más oscuro. ¡Por Merlin, el óleo resplandecía!
Rose asentía, concentrándose en los puntos que el retrato de La dama con el abanico indicaba.
- Tienes razón- concedió Rose- Necesitas restauración. Aunque otros prefieren que se aprecie el paso de los años en usted. Al fin y al cabo fue pintada hace algunos siglos.
En el retrato, la dama meneó con la cabeza, descontenta- ¡Tienen gracia estos humanos! Aprecian la vejez de todos excepto la suya… ¿No querría usted ser restaurada, Señorita Weasley? Ser más joven de lo que es ahora. Pero por supuesto ¿Cómo me va a comprender? Usted sólo tiene 18 años.
- Son 22 años- corrigió Rose. Aún así, asintió con la cabeza y se giró para mirar a otro de los empleados del museo- Jerry, La dama con el abanico será restaurada, tal y como desea.
Jerry asintió y se acercó al retrato, que daba saltos de alegría. Cuando Jerry salió de la puerta, cargado con el retrato tapado por una manta blanca, preguntó:
- ¿Cree que es acertado ceder a sus caprichos, Señorita Weasley?
Rose sonrió- Más nos vale tener un retrato contento que le haga ver al público cómo resplandece el óleo de su vestido, no que haga notar cuán desgastado está.
Jerry asintió, comprendiendo y siguió su camino.
Rose sonrió, sintiéndose segura con su decisión. Después de su salida de Hogwart había hecho un master en Arte en el mundo mágico y muggle y había entrado como prácticas en el La Galería de Pinturas Mágicas de Londres, que estaba en el sótano del museo muggle. Para llegar a las galerías donde se colgaban los cuadros en movimiento, había que travesar la pared del cuarto del conserje en la planta más baja la Galería de Pintura Británica. Rose enseguida había demostrado sus habilidades como bruja y sus conocimientos de pintura, especialmente mágica y había conseguido ascender a sus 22 años a encargada de las restauraciones y la entrada y salida de pinturas. Rose era una persona trabajadora y brillante, como lo era su madre, pero siempre le entristecía la idea de que si había llegado tan lejos era en gran parte por la fama y conexiones de sus padres. Brevemente, pasó por su mente Scorpius Malfoy, que se enfrentaba seguramente a la situación contraria. Draco Malfoy seguía teniendo amigos y conexiones por todo el mundo mágico pero había otros tantos que aún temían aquella marca que tenía en la muñeca. Scorpius era brillante y Rose esperó que los prejuicios de los magos no le dificultaran conseguir un trabajo a su medida. Hacía años que no lo había visto, después de aquella breve e insatisfactoria despedida frente a los carruajes de treshall. Ahora, tanto tiempo después, a Rose aún se le ocurrían tantas cosas que le podría haber dicho, mucho mejor que el silencio que le había regalado.
Jerry regresó apresurado al despacho de Rose, interrumpiendo sus pensamientos.
- Rose, hay nuevas entradas de cuadros de Óleo de Marvin Diggs.
Rose asintió. Marvin Diggs había sido un viejo y gruñón pintor que había muerto recientemente y por ello, el museo estaba realizando una exposición de sus retratos. Marvin Diggs solía retratar a grandes familias mágicas, ministros u otros personajes reputados. Pintaba siempre por encargo y pocos magos podían pagar los galeones que pedía porque fueran retratados. Ahora, de forma póstuma, sus cuadros se había revalorizado aún más.
Rose se encaminó hacia donde Jerry le dirigía. Los nuevos cuadros estaban en la sala de conservación, donde se guardaban todas las pinturas a una temperatura propicia para conservarse. Allí Rose, como encargada de restauración, los analizaba para asegurarse de que no se estropearían en la temperatura natural y posteriormente comprobaba si eran originales. Para ello, hacía falta un interrogatorio a los retratos.
- Parecen en buen estado, podemos sacarlos a las galerías- dijo Rose. En uno de los cuadro estaba pintada una numerosa familia que se mostró ofendida ante la simple duda de su buen estado- No, Jerry, mejor ayúdame a llevarlos a mi despacho. Los interrogaré allí en privado.
Rose cargó con el cuadro de la familia Pucey y Jerry se encargó de los otros dos que eran de menor tamaño. Los dejó uno junto al otro contra la pared desnuda del despacho de Rose, todos excepto el de la familia Pucey estaban tapados con una manta blanca para preveer que no se rozaran con nada. Jerry volvió a marcharse y Rose colocó un taburete delante del cuadro de la Familia Pucey. El padre, un hombre barbudo que vestía con una túnica azul marina, se cruzó los brazos de forma defensiva.
- Sólo le voy a hacer unas preguntas, Señor Pucey. Porque ése es su nombre ¿verdad?
- Por supuesto que es mi nombre ¿Qué clase de pregunta es ésa?
Rose continuó interrogándoles (¿Cuándo perdieron su fortuna y de qué forma, Señor Pucey? ¿Dónde lo pintó Marvin Diggs? ¿Dónde vivían ustedes? ¿A quién de ustedes pintó primero Marvin Diggs?) Para cerciorarse de la veracidad de sus respuestas, Rose había abierto un gran libro sobre la vida de Marvin Diggs y una heráldica sobre grandes familias mágicas, en la que estaba incluida la biografía de Gustave Pucey, el cabeza de familia que estaba retratado con su familia. Todas las respuestas fueron correctas y Rose le colocó la manta blanca para dedicarse al siguiente cuadro. Cuando destapó el segundo cuadro, contuvo el aire sorprendida. Delante de ella había un retrato de Scorpius Malfoy, sonriendo con malicia. Hacía tres años que no lo veía y su próximo encuentro era a través de un retrato de cuando él tenía 15 años.
- Scorpius- susurró, sin salir de su asombro.
El retrato le miró con superioridad- Se equivoca- dijo tajante- ¿Es que no sabe leer?- dijo señalando a la placa en la que aparecía el título del retrato. Se podría leer Draco Malfoy. Era su padre.
Rose meneó la cabeza, intentando recuperarse de la sorpresa. Draco Malfoy era la viva imagen de su hijo a la edad de 15 años, si fijaba más la mirada podía notar que Draco tenía rasgos más duros y aguileños. El rostro de Scorpius era más suave, seguramente gracias a los genes de Astoria Malfoy y la sonrisa de Draco era más insegura que la de Scorpius.
- No sabía que Marvin Diggs retrató a la familia Malfoy.
- Sólo a mí. Era un gran amigo de padre y él me dijo que mi rostro debía ser retratado para la posteridad- dijo con orgullo- ¿Cómo me ha llamado antes? ¿Scorpius?
- Es su hijo, es igual a usted- dijo Rose, observándole aún.
Draco frunció las cejas y miró con detenimiento a Rose- Una Weasley, supongo. Ese pelo rojo es inconfundible- Rose asintió y Draco continuó- Una amante de los sangres sucias ¿Cómo se atreve a llamar a mi hijo por su nombre de pila?
Rose frunció los labios y decidió que Draco Malfoy le desagradaba mucho más que Scorpius. El hijo jamás había llamado a nadie sangre sucia.
- Oh, no me diga que mi hijo está enamorado de una Weasley. Eso sería una deshonra para la familia Malfoy.
Rose se sonrojó, pasando por alto el insulto del retrato.
- No, Scorpius no está enamorado de mí.
Draco asintió, visiblemente aliviado, luego le hizo una pregunta que sorprendió a Rose. Draco, suavizó su mirada y preguntó:
- ¿Cómo es él?
Rose sonrió ligeramente- Es frío, calculador, con contestaciones agudas, un Slytherin brillante…
Aunque para otra persona aquellas características hubieran supuesto defectos, Draco Malfoy a sus quince años las consideraba unas cualidades propias y necesarias para una Malfoy. El retrato sonrió con orgullo. Rose se dispuso a abrir la boca para comenzar a hacerle el interrogatorio que pudiera asegurar que no era una falsificación, pero sus palabras se deshicieron en su boca en cuanto escuchó un estruendo en la chimenea que tenía a su espalda. Rose se giró para ver la colorada cabeza de su padre flotando en las llamas.
- Rose, querida ¿Piensas venir a la madriguera algún día en los próximos meses, quizás?- dijo con su típico tono de regañina- Porque está aquí Jeremy. Jeremy Peck, tu novio, si es que no te acuerdas de él.
Rose estaba aún afectada por su encuentro con Draco Malfoy como para mostrarse lo suficiente arrepentida de su olvido para satisfacer a su padre. Abrió la boca como un pez, sin saber qué decir. Evidentemente, le hubiera sido útil mantener la recordadora que había usado en su séptimo curso en Hogwarts.
- Querida, si vas a trabajar horas extras deberías pedir un aumento…- murmuró Ron. Repentinamente su rostro cambió a uno de sorpresa e incluso disgusto- Rose, cariño ¿Me puedes decir qué hace un retrato de Draco Malfoy haciendo infantiles gestos ofensivos a tu espalda?
Rose se volvió a girar para ver cómo Draco bajaba los brazos que habían estado sobre su nariz, mientras sacaba la lengua. Rose frunció las cejas mirando con reproche al retrato.
- Marvin Diggs lo pintó cuando tenía quince años.
- ¡Weasley, estoy comenzando a verte las canas! ¡Pareces un viejo decrépito! - dijo Malfoy con una cara de felicidad absoluta.
Ron se puso colorado de furia y abrió la boca para responder pero Rose se adelantó a él, interrumpiéndole.
- Papá, iré en cuanto termine de interrogar a este cuadro y al que me falta luego. Hablamos luego, quiero ponerme a ello para terminar cuanto antes. Dile a Jeremy que siento mi retraso.
Ron, que seguía mirando con furia al retrato de Draco, murmuró algo (Es como volver al colegio, otra vez…) y asintió con la cabeza antes de desaparecer. En cuestión de segundos, las llamas eran sólo llamas. Rose se apresuró a preguntarle las preguntas de reglamento para comprobar las falsificaciones, incluso alguna más personal que se solía añadir para estar completamente segura El parecido de Draco Malfoy con su hijo le hizo más difícil su tarea, Rose no pudo evitar sonrojarse en algún momento al reconocer las maliciosas sonrisas de Scorpius tras las de su padre. Draco Malfoy hizo algún chiste manío sobre cómo su cabeza parecía un tomate cuando se sonrojaba. Pensó que Jeremy le esperaba en la casa de sus abuelos pero extrañamente aquella idea no la instó a darse prisa, quería quedarse, quería continuar intercambiando insultos con Malfoy y describiéndole lo insufrible que era su hijo.
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El caldero chorreante era de los pocos bares que no se había modernizado con el paso de los años, su estilo rústico e incluso burdo era uno de sus mayores atractivos. Albus dio un sorbo de su hidromiel y miró a su prima con incredulidad.
- ¿Un retrato de Draco Malfoy? Si se parece a su hijo en algo, tiene que ser insoportable.
Rose asintió- Es idéntico. Se pasa todo el tiempo haciendo ver a los visitantes que él es mejor que ellos en todo aspecto. Afortunadamente, éstos se lo toman con humor. Es toda una atracción de feria…
Albus se rió, pero luego se detuvo y miró a su prima con un rostro más serio. Se aseguró de que Jeremy seguía lejos, en la barra, antes de preguntarle:
- ¿Cómo lo estás llevando? Tener como compañero de trabajo a alguien igual a Scorpius.
Rose se encogió de hombres- Creo que paso más tiempo del saludable en la sala donde está expuesto- La nueva sinceridad absoluta que Rose había alcanzado con Albus era una de sus más preciadas costumbres adquiridas después de Hogwarts. Se sentía libre de expresar sus sentimientos, de compartir sus temores. Albus nunca la juzgaba.
Albus sólo asintió, comprensivo. En ese momento apareció Jeremy Peck, sujetando tres vasos de hidromiel. El joven tímido de Hufflepuff había intentado desde quinto curso en Hogwarts invitar a Rose Weasley a una cena con unas cervezas de mantequilla en Hogsmeade, pero Rose siempre se había mostrado esquiva. Sólo después de cuatro años, cuando habían vuelto a encontrarse por casualidad en la librería Flourish & Botts, había conseguido una cita con Rose. Ahora llevaban un año saliendo, él era el yerno perfecto (Ron y Hermione lo adoraban), un trabajador respetado y un novio cariñoso.
Jeremy la besó castamente, sentándose a su lado. Rose puso la cabeza contra su hombro, mentiría si dijera que aquella relación no le satisfacía. Lo quería y encajaba perfectamente en la vida tranquila y placentera en la que se había visto al salir de Hogwarts. En muchas ocasiones se preguntaba qué era aquello que le había dado un carácter tan complicado y angustioso en su adolescencia, como si Hogwarts con la huella de la hazaña de sus padres le pesara demasiado. Aquello era lo que había creído mientras cursaba sus años escolares, pero ahora con la sabiduría que el tiempo le había ofrecido podía ver que su enfado, su ira y su contradictora actitud no prevenía de la herencia de sus padres (aquella fama, aquella presión por ser ella también una heroína) sino que comenzaba y terminaba en la figura de Scorpius Malfoy. Él era el que siempre la enfurecía y el único que era capaz de tranquilizarla.
Jeremy estaba hablando animadamente de Quiddtich con Albus. Rememoraban los mejores partidos de la copa de Quidditch en Hogwarts. Aunque Jeremy jamás había pertenecido al equipo de su casa, había sido un gran seguidor del deporte (Es casi mejor que el fútbol, había declarado una vez). Mientras rememoraban las estrategias y jugadas más destacadas, solía halagar a Albus hablando de todas aquellas Quaffles que había encanastado en alguno de los aros.
- En esa ocasión, fue impresionante… ¡Casi tiras a Scorpius Malfoy de su escoba cuando intentó coger tu Quaffle!- dijo Jeremy, con los ojos brillando ante el recuerdo- Mantuvo el equilibrio pero conseguiste marcar.
Albus sólo sonrió al oír aquella anécdota, más pendiente del halago que de la mención de Malfoy. Rose, sin embargo, no pudo evitar dar un pequeño brinco en su silla al oír su nombre. Decidió que era el momento perfecto para hacer preguntas.
- ¿Qué habrá sido de Malfoy?- preguntó en voz alta, mirando a su vaso de hidromiel.
- No lo sé- la miró con los ojos entrecerrados y por un momento Rose pensó que Jeremy había descubierto la ansiedad de ella por saber sobre Malfoy- Recuerdo que os llevabais como el perro y el gato. Él nunca fue muy agradable ¿verdad? Estoy seguro de que tu vida ahora es más tranquila, sin tener que soportar los insultos de Malfoy.
Rose sonrió- No te creas, no había nada que me dejara más tranquila que hacerle un hechizo de piernas de gelatina a Malfoy.
- Supongo que por eso es por lo que dicen que hay que mantener a los amigos cerca y a los enemigos aún más cerca- dijo Albus con tono de broma.
Rose le envió una mirada de enfado pero Jeremy, sin darse cuenta de esa reacción, se rió de buena gana. Meneó la cabeza y se dirigió a Albus.
- ¿No conoce Greta a Alice Abbot?- le preguntó.
Greta era la novia de Albus, con la que más tiempo llevaba (casi dos años ya), la había conocido gracias a Sandy Rotberg con la que había tenido un breve amorío en su último curso de Hogwart. Sandy había vuelto con su ex novio Julian Snippet pero antes de dejar a Albus le había presentado a Greta. Ella era una joven tímida, trabajadora y poco problemática. Tan perfecta a los ojos de sus padres que nunca creyeron que fueran a durar más de dos meses, pero en contra de lo que todos habrían apostado (Y Fred Weasley, de hecho, lo había hecho con 30 sickles) Albus no parecía aburrirse de Greta.
- Creo que sí ¿Por qué? Erais los tres de la misma casa y el mismo año en Hogwart ¿cierto?
Jeremy asintió- Alice sigue siendo amiga de Scorpius, se ven casi todos los veranos. Puedes preguntarle a ella qué está haciendo Malfoy ahora.
Albus miró a Rose para notar si ella lamentaba la mención de aquella estudiante de Hufflepuff a la que había odiado tan injustamente. Rose no mostró señas obvias de antipatía pero en su interior maldecía que Alice Abbot tuviera la suerte de mantenerse en la vida de Scorpius Malfoy de forma imperturbable. Por un momento se preguntó cómo se sentiría al ser amiga de Scorpius Malfoy. ¿De qué forma se comportaba él con sus amigos? ¿Era igualmente agudo, frío y ególatra?
Albus terminó de un buche su hidromiel y se despidió diciendo que había quedado con Greta. La pareja se despidió de él con un movimiento de cabeza. En cuanto la puerta del caldero chorreante se cerró después de que Albus pasara, Jeremy giró bruscamente para estar frente a Rose (Estaban sentados uno junto a otro), tenía una amplia sonrisa en su cara como si estuviera intentado reprimir una carcajada de felicidad. Jeremy la cogió de las manos, y Rose lo miró con desconcierto.
- Por fin, solos- dijo Jeremy.
- Estamos solos en muchas ocasiones, Jeremy- al decirlo Rose, se dio cuenta de que quizás aquellas palabras no fueran tan ciertas. Pasaban muchísimo tiempo con la amplia familia Weasley-Potter.
Aún así, Jeremy asintió- Lo sé. Me refería a este instante- guardó silencio durante unos segundos, parecía buscar cómo ordenar sus próximas palabras- He estado pensado sobre nosotros, Rose. He estado enamorado de ti desde cuarto curso, y tú… bueno, tú desde este año, pero ambos tenemos la suerte de tener trabajos estables, ser jóvenes saludables y estar enamorados y con un hermoso futuro por delante.
- Lo sé, Jeremy. Pero no sé a dónde quieres llegar…- tartamudeó Rose.
- Casémonos, Rose.
Rose pestañeó como si tuviera un tic nervioso.
- Pero somos muy jóvenes, sólo 22 años…
Jeremy se rió- Quizás si fuéramos muggles, ellos se casan realmente tarde… son demasiada gente para que sea fácil encontrar un trabajo estable. Pero somos magos, Rose y los magos se casan pronto.
Rose le miró, dudando qué respuesta dar. Estaba cómoda y encantada con su relación con Jeremy Peck pero jamás se había planteado "Un para siempre". Si daba su sí, Scorpius Malfoy sería parte del pasado de forma irreparable. Rose se sonrojó ¿por qué estaba pensando en Scorpius en un momento que sólo le pertenecía a Jeremy y a ella? No, no podía permitir que toda su vida dependiera de una insana relación que tuvo con su mayor enemigo en el séptimo curso de colegio. Tenía una vida perfecta y Jeremy sólo le estaba pidiendo que convirtieran aquella felicidad en algo eterno.
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Draco Malfoy estaba amordazado con un celo mágico. Rose lo miraba con orgullo, su mente se desvió hacia su padre, al cual le hubiera encantado la imagen de un Draco de 15 años amordazado y haciendo evidentes muecas de hastío, mientras exigía con los ojos que lo soltara. Rose había utilizado un básico hechizo (De aquellos que se aprendían en las primeras semanas del Máster de Arte mágico y muggle, en la clase de Pinturas insolentes o peligrosas), había creado un celo pictórico que se fundía con el resto del cuadro como si siempre hubiera estado allí. La razón por dicho castigo era que Malfoy había insultado a una hija de muggles que se había atrevido a comentar a su compañera que ella prefería los retratos muggles porque era más fácil apreciar la belleza de la luz y el fondo con perspectiva si no había moviemiento.
Jerry apareció por el pasillo, caminando con paso aligerado. Éste tenía un pelo castaño claro, una cara alargada y unas orejas de considerables proporciones (Rose se preguntaba por qué jamás se había hecho un hechizo reductor). Todo lo que hacía lo realizaba con prisas, como si las 24 horas que tuviera el día no fueran suficientes para él. Le daba una importancia exagerada a todo problema, pero Rose se había acostumbrado a sus peculiaridades y le consideraba el ayudante más competente que había tenido jamás.
- El Señor Malfoy está esperando en tu despacho, Rose.
Rose parpadeó sorprendida, por unos segundos su mente visualizó la imagen de Scorpius Malfoy. Sin embargo, Jerry miró de reojo al cuadro del adolescente Draco y añadió:
- En forma humana, quiero decir.
Efectivamente, se trataba de Draco Malfoy, el padre de carne y hueso de Scorpius Malfoy, al que Rose había visto sólo de lejos en King Cross en contadas ocasiones. Estaba sentado en el asiento del escritorio que pertenecería a Rose y con las piernas cruzadas, parecía visiblemente aburrido incluso cuando Rose no había tardado más de dos minutos en acudir a su presencia.
En cuanto Rose entró en el despacho, Draco se incorporó- Buenos días, Señorita Weasley.
Rose correspondió al saludo, estrechándole la mano. Se sorprendió de los modales del Señor Malfoy que no eran tan afectados como ella hubiera supuesto. Aún así, podía reconocerse en su forma de expresarse y en sus gestos cierta arrogancia que también había heredado Scorpius.
- Vengo por un asunto muy delicado para mi familia- dijo Draco, volviendo a sentarse. Rose se sentó en el asiento que correspondería a los invitados, dispuesta a escucharle- Me ha llegado noticia a través de mi abogado que uno de los cuadros que fueron requisados…- Draco guardó silencio, como si estuviera decidiendo cuánta información ofrecer- que fueron requisados cuando mi padre fue apresado en Azkaban, después de la Gran Batalla, está siendo expuesto en la Galería de Pinturas Mágicas.
Draco esperó a que Rose asintiera aunque no había ninguna duda de que el retrato al que se refería se encontraba en aquel museo. Rose asintió y Draco continuó exponiendo su problema:
- La época anterior a la Gran Batalla fue un tiempo oscuro para la familia Malfoy, siendo yo el primero que exponía ideas anticuadas y perjudiciales para el bienestar de la sociedad mágica- Draco se detuvo y la miró con frialdad, Rose sintió un escalofrío cuando los ojos de Scorpius, desde los de su padre, la miraron- No voy a negar estos hechos porque sé que son de conocimiento general, especialmente para usted y su familia.
Rose comenzó a entender cuál era la preocupación de Draco Malfoy pero decidió no interrumpirle y permitirle que finalizara con su petición:
- Me gustaría decir que la Gran Batalla nos abrió los ojos…
Esta vez, Rose sí encontró adecuado interrumpir:
- No tiene que justificarse ante mí, Señor Malfoy. Conozco el servicio que hizo para la sociedad mágica y muggle después de la Gran Batalla.
Draco Malfoy la miró con una mirada incomprensible, mezcla de una sorpresa ante los extensos conocimientos de Rose y desagrado porque ella insinuara que él estuviera intentado justificarse. Finalmente, Draco asintió con la cabeza y continuó:
- Comprenderá entonces que he luchado duramente por limpiar mi apellido y el retrato que ustedes están mostrando públicamente es el exponente de una personalidad que ya no me corresponde- Draco tomó aire- No importará cuánto haga por demostrar que he llegado a comprender la importancia de la mezcla de sangre si un retrato mío de cuándo tenía 15 años se dedica a amenazar e insultar a hijos de muggles.
- Comprendo su preocupación, Señor Malfoy.
Draco Malfoy, como si temiera que aquella frase precediera a un pero, se apresuró a añadir- Soy consciente de que el retrato dejó de pertenecer a mi familia cuando fue requisado, pero según la ley de la propiedad del mago en el volumen…
- Conozco esas leyes- respondió Rose y comenzó a relatarla- Si esa propiedad al ser utilizada por terceros pone en peligro el nombre y la honra de una persona particular o de un grupo plural, el individuo cuya dignidad ha sido vulnerada tendrá derecho a exigir la devolución de esta propiedad y si es negada, ha presentar un juicio para que se imputen ciertas reglas en el uso del objeto.
- ¿Tendremos que enfrentarnos a un juicio entonces, Señorita Weasley?
- No será necesario. Hablaré con mis superiores pero estoy segura de que accederán a devolverle su retrato. El cuadro está causándonos problemas con algunos clientes, el consejo tiene miedo de que alguno se decida a demandarnos.
Malfoy no dijo nada pero se vio que su rastro, hasta el momento severo, se suavizó con alivio. Malfoy sonrió y se incorporó.
- ¿Sería mucha molestia, Señorita Weasley, si fuera a ver el retrato?
Rose le aseguró que no era molestia y le acompañó a la sala en la que se exponía el cuadro. Éste intentaba librarse del celo que sellaba sus labios moviendo con exageración la nariz. Rose había olvidado el castigo al que le había sometido e intentó retirarle el celo con al varita antes de que el Draco Malfoy de carne y hueso se diera cuenta. Draco se dio cuenta pero amplió su sonrisa ante la patética imagen que mostraba a los quince años. El retrato estuvo tocándose los labios, aliviado de que ya no estuvieran apresados. Levantó la cabeza, seguramente para insultar a Rose pero se quedó mudo al ver la larga, delgada y adulta figura de su contraparte. Rose pudo notar que el adolescente Malfoy se sorprendió mucho al verse de adulto. Habían pasado años desde que se habían realizado las búsqueda de posibles objetos oscuros en las casas de los mortífagos. Seguramente, la última vez que Malfoy y su retrato habían estado enfrente, él había tenido 18 años, una edad muy próxima a la que estaba representada en la pintura.
- Otros cuadros me dijeron que es raro verte a ti mismo humano por primera vez después de pasado un tiempo, creía que exageraban- dijo el retrato.
Draco Malfoy lo miró, recordando la necesidad que el joven Malfoy había sentido en sus años de colegio de demostrar que era el mejor, que era capaz de todo. Su padre le había inyectado el odio hacia los hijos de muggles y Draco Malfoy había adquirido esta actitud con facilidad, sintiéndose cómodo con su sangre limpia como única catacterística innata de la que podía presumir. Draco Malfoy adulto se preguntó si ese intento de hacer ver que era superior a todos se extendería también a las diferencias entre el Draco de pintura y el verdadero, o incluso el Draco adolescente y el otro adulto.
- Supongo que estás decepcionado- dijo Draco, mirando al retrato con severidad.
El Draco adolescente alzó el mentón- Pensaba que nos pareceríamos más a Padre.
Malfoy se rió con ligereza, tanto Rose como el retrato le miraron sorprendidos.
- Gracias a Merlín que no- musitó, ahogando la risa.
El retrato frunció la nariz, ofendido.
- Te están apareciendo entradas. ¿Has dejado de utilizar los productos para el cabello?
Rose se sintió fuera de lugar, como si estuviera presenciando una conversación privada. Sin duda, la situación era curiosa. Malfoy le miró con una fina sonrisa, girándose parcialmente, dejando fuera de su vista el cuadro.
- Debo de admitir que era realmente irritante- dijo Malfoy.
Rose no supo cómo responder y se limitó a sonreír, sin negar ni asentir. Nuevamente pensó en su padre y creyó que Ron Weasley (especialmente en sus años de colegio) hubiera disfrutado de aquella confesión.
- Espero la respuesta de mi petición, Señorita Weasley- dijo Malfoy, tendiéndole la mano para despedirse- Y espero que su respuesta sea positiva. Sería más fácil para ambos.
- Yo también lo espero, Señor Malfoy- dijo estrechándole la mano. Sin duda, el tacto que le provocaba Draco Malfoy no era similar en absoluto a la mezcla de atracción e indecisión que le provocaba Scorpius Malfoy. Parecían dos gotas de agua, pero Rose era capaz de ver las diferencias y aquello le preocupaba.
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La madriguera estaba rebosante de cabelleras pelirrojas y algunas negro azabache (Otras rubias provenientes de la familia Delacour). Rose estaba sentada junto a Albus, el cual ya conocía la gran noticia. George Weasley y su hijo Fred estaba riéndose, seguramente porque habían metido escarabajos en la sopa de Percy o de algunos de sus hermanos. Arthur Weasley, con el pelo más naranja que de costumbre (Se lo había teñido cuando el color blanco había superado al poco pelo pelirrojo que le quedaba), leía un periódico muggle poniendo muecas de sorpresa cada diez minutos. James Potter estaba hablando animadamente con Tedy Lupin, que abrazaba a Victorie, mientras escuchaba a James.
La abuela Molly Weasley apareció, proveniente de la cocina, portando una tarta de melocotón de un tamaño gigantesco. Era impresionante ver cómo era capaz aún de portar una tarta de dichas dimensiones, su energía vital no la había abandonado. Dejó la tarta en medio de la mesa, pidiéndole a aquella nieta que llevaba su mismo nombre que se apartara un poco para que le permitiera dejar la tarta.
Se pasó una mano por la frente, apartándose el sudor del esfuerzo que había supuesto decorar aquella tarta con los últimos ingredientes (que debían añadirse antes de ser servida). Se sentó en la única silla libre, junto a su marido, y alzó la voz para decir:
- Bueno, ya está aquí el postre. ¡A comer! ¡Y quiero ver los platos rebañados!
Los miembros del clan Weasley-Potter asintieron a destiempo y de forma aún más desordenada intentaron servirse. Harry Potter esperó a que todos estuviera servidos para servirse un pequeño trozo y miró a su sobrina Rose con interés.
- Estás hoy muy callada, Rose- dijo Harry. Ron, que estaba sentado entre Harry y Hermione (Era una posición que se había convertido en tradición) miró preocupado a su hija.
- ¿No estarás enferma? ¡Sabía que trabajar tantas horas no sería bueno para tu salud! Es tu culpa Hermione, no eres un buen ejemplo…
Hermione le miró incrédula y abrió la boca para replicar pero Rose, temiéndose una de sus acostumbradas discusiones absurdas, la interrumpió:
- Es que tengo algo importante que anunciar.
Tras aquellas palabras el comedor parecía haber sido víctima de un hechizo silenciador. Rose se sonrojó ante la absoluta atención que tenía de todos su primos, tíos y abuelos. Albus, a su lado, le dio un golpecito en el hombro animándola. Rose se mordió el labio.
- Jeremymehapedidomatrimonio
Hermione frunció las cejas, confusa- Cariño, no te hemos entendido. Relájate y habla más lento.
Rose tomó aire- Jeremy me ha pedido matrimonio- consiguió decir. La reacción general fue bastante animada, con felicitaciones, Victorie la abrazó contenta.
- ¡La primera Weasley de todos tus primos que se casa! No, espera, después de Victorie… y después de Roxanne- dijo George, fingiéndo que su ilusión se iba disipando al darse cuenta de que no era algo novedoso. Su hija Roxane le había mirado en un principio con furia pero al terminar la broma su padre, sonrió mirando a su trozo de tarta.
Rose miró a Albus y luego al resto de la mesa antes de decir- Le he dicho que no.
- ¡¿Por qué?!- exclamó Ron, desagrado ante esa noticia. En cuanto conoció a Jeremy no lo consideró suficiente para su hija pero Hermione le hizo ver que era un buen chico y que el simple hecho de que Rose le hubiera elegido a él, era una noticia maravillosa puesto que significaría que Rose no estaría detrás de otros jóvenes como Scorpius Malfoy. Desde entonces, Jeremy y Ron habían sido como uña y carne.
Rose bajó la mirada, su rostro aún colorado- No sentía que él fuera a ser el definitivo…
- Oh, Rose, cariño. Lo siento mucho- dijo Ginny, mirándola con lástima.
- Ya estoy bien, sólo pensé que sería correcto hacéroslo saber y… nada, que supierais que Jeremy y yo ya no estamos juntos.
Rose miró a los lados, esperando que algunos de sus primos volviera a comer ruidosamente tarta para que pudieran dejar el asunto zanjado. Como si Fred hubiera leído su plegaria en sus ojos, se encogió de hombros y comenzó a comer dando grandes bocados.
- Te vags a atragantag, quegido- le dijo Fleur, que a pesar de haber vivido durante los últimos 19 años en Inglaterra aún tenía un fuerte acento francés. Rose respiró calmada, en esos instantes Fred Weasley había subido en su lista de primos preferidos y Albus tendría que esforzarse si quería mantener el primer puesto.
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La madriguera no era el único hogar en el que se estaba celebrando una cena familiar. Los Malfoy, con un número se presentes mucho más limitado, comían bajo la tenúe lámpara del comedor. Detrás de ellos estaba colgado en la pared un tapiz que representaba a la serpiente de Slytherin.
- Ese tapiz es algo tétrico, Draco ¿No podríamos poner algo más animado?- insistía Astoria Malfoy.
- Parece que no eres de Slytherin, Astoria ¿Qué problema tienes con la serpiente?
- Soy una orgullosa Slytherin, Draco. Pero esa serpiente hace un ruido algo desagradable al arrastrarse por los bordes.
- ¿Y qué quieres que pongamos en su lugar, Astoria? ¿Mi retrato de cuando tenía quince años?
Astoria puso los ojos en blanco- Por supuesto que no. Nunca te gusté cuando tenías quince años… así que el retrato no está muy contento por tu elección de esposa.
- No te odiaba
- Oh, perdón, simplemente no existía para ti.
- Eras una cría. La hermana pequeña de Daphne, que se sonrojaba cada vez que yo aparecía. Y eras muy pesada, siempre detrás de mí para que te ayudara con los trabajos de pociones…
- Oh, era una de las mejores en pociones, sólo era una excusa para hablar contigo. Gracias a Dios que luego me di cuenta que eras un capullo integral…
- Y luego te casaste conmigo- le recordó Draco con una fría mirada.
Scorpius, que se había mantenido callado durante toda la conversación, dejó repentinamente de comer y los miró con reproche.
- ¿No podéis ser un matrimonio normal? ¿De esos que se recuerdan cuánto se quieren?
Astoria le miró con una mirada divertida mientras se limpiaba los labios con la servilleta de tela blanca. La mirada de Draco fue más severa, frunció las cejas con exageración y dijo:
- Yo siempre le digo a tu madre que la quiero.
- Nunca lo haces- se quejó Astoria, dejando la servilleta nuevamente sobre su regazo.
- Bueno, pero eso es porque queda implícito…
Astoria sonrió, no tomándose realmente en serio aquella discusión. Scorpius estaba acostumbrado a su curioso comportamiento, se comportaban como si el otro hubiera realizado un filtro amoroso que los hubiera atado en aquel matrimonio. Aún así, jamás habían hablado de divorcio. Algo que un pequeño Scorpius había temido desde que su amigo Zabini le dijo que sus padres había comenzado a pensar en divorcio después de llevarse el día gritándose y discutiendo. (Oh, no, mis padres entonces llevan pensando en divorcio desde que yo era un bebé… respondió en ese instante un Scorpius de 8 años). Pero con los años había comenzado a comprender las distintas formas de amor y de odio y supuso que sus padres y su orgulloso temperamento no encontraban otra forma de reconciliar su complicado carácter y su relación.
- Por cierto, Scorpius. Olvidé decirte que hace una semana fui a La Galería de Pinturas Mágicas de Londres…
- Lo sé. Has ido dos veces, para hacer la petición del retrato y para recogerlo- le interrumpió Scorpius.
Draco lo miró con dureza, enfadado por la interrupción- Esta allí trabajando esa hija de Ron Weasley y Granger- meditó durante unos segundos intentando recordar su nombre- Rose Weasley.
- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?- preguntó Scorpius, mostrándose más hostil de lo necesario.
- ¿No era de tu mismo curso, cariño?- preguntó Astoria.
Scorpius asintió, encogiéndose de hombros- ¿Cómo está ella?
- Feliz, supongo, tiene un buen cargo en el museo. Pero siendo hija de un Weasley, no tiene mérito…
Antes de que pudiera contenerse, Scorpius miró a su padre con desagrado- Era una estudiante muy buena, estoy segura de que consiguió aquel encargo por méritos propios…
Astoria sonrió con exageración antes de beber de su copa de agua- Para no ser amigos, te preocupas por defenderla. ¿Es guapa?
- ¿Cómo iba a saberlo?- replicó Scorpius con brusquedad. Astoria no se acobardó, tanto su marido como su hijo intentaban adoptar una voz amenazadora cuando querían que algún tema de conversación fuera evitado.
- Bueno, cariño, tienes ojos.
- Ella está bien- se limitó a responder Scorpius.
Draco, completamente indiferente a la dirección en la que su esposa quería encauzar aquella conversación, continuó comiendo.
- Cariño, la familia Malfoy es muy tradicional, y tu abuela te exigirá en cuestión de años que encuentres esposa. También presionó a tu padre…- Astoria miró de reojo a su marido que levantó la cabeza al oírse nombrar- Tu padre no eligió a aquella que Luicius tenía planeada. Lo que quiero decirte es que no desaproveches la oportunidad de desafiar a tu abuelo… si es que la quieres, por supuesto.
- ¿Cómo has sacado de mi contestación "Ella está bien" que la quiera?- preguntó Scorpius, molesto.
- Scorpius, sólo he oído a otra persona hablar con tanta brusquedad de una chica y fue tu padre, sobre mí, durante el año en el que le repetí en numerosas ocasiones que no saldría con él- dijo Astoria con cierto deje de sabiduría- Si hay algo que conozco es ese orgullo Malfoy que ambos tenéis tan desarrollado.
- Para que me repitieras en numerosas ocasiones que no saldrías conmigo, yo debería haberte pedido en numerosas ocasiones que salieras conmigo… Lo cual no fue así, no tantas veces- dijo Draco.
Astoria ignoró a su esposo y aún con la mirada fija en Scorpius, añadió- Además no me importaría tener nietos pelirrojos.
- ¿Es necesario que sean de la familia Weasley? ¿Es que no hay más chicas pelirrojas en todo el mundo mágico?- se quejó Draco pero al ver la dura mirada de su esposa- Oh, de acuerdo. Pero si hay boda, Weasley pagará la mitad… no pienso encargarme de toda la ceremonia porque ellos estén nadando en miseria.
Tanto Scorpius como Astoria pusieron los ojos en blanco. Draco Malfoy tenía como deporte favorito insultar la pobreza de los Weasley, aunque actualmente ésta no existiera. Scorpius no podía creer que sus padres estuvieran ahora mismo planeando su supuesto matrimonio con su mayor enemiga. Sí, tenía que admitir que su relación no había sido todo odio y que sin duda estaba muy lejos de resultar platónica. En cuanto se levantó de la mesa y se retiró a su habitación pensó que sus padres habían eliminado los restos que habían sobrevivido de su relación con Rose. Con la aceptación de su padre y la actitud positiva de su madre ya no había nada que sustentara su unión prohibida y Scorpius pensó que aquello que los había atraído el uno al otro podía estar desvaneciéndose en estos instantes, ayudado con la animada conversación que aún mantenían sus padres.
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No había podido dejar de pensar en ella durante toda la noche, lo cual consideró como una indudable prueba de que tenían un asunto pendiente. Había entrado en el museo con el propósito de verla, seguro de que nada más se vieran con su nueva y más sencilla realidad la atracción que habían sentido hacía cinco años se esfumaría. La encontró con otro empleado con unas grandes orejas descolgando el retrato de un niño pequeño de seis años que montaba en una escoba de su tamaño. Mientras Rose y su compañero colocaban el cuadro en el suelo, el niño hacía piruetas en el aire.
- Llévalo a la sala de conservación, Jerry- le dijo Rose a Jerry- Vendrán a recogerlo junto a los demás cuadros de Diggs para llevarlo al museo de Edimburgo.
En cuanto Jerry se había marchado, cargando con el retrato, Scorpius se había acercado a Rose para hacer notar su presencia. Ella se dio la vuelta y lo estudió con la mirada como si creyera que se trataba de alguna alucinación que fuera a desaparecer en esos momentos. Rose abrió la boca para decir algo, intentó fingir indiferencia y entereza:
- Cuánto tiempo- dijo con una voz plana. Se sintió orgullosa ante su tono.
- Cinco años- dijo Scorpius con seguridad.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Rose- Tu padre ya vino a recoger el retrato y ya le hemos enviado todos los contratos que lo convierten en el nuevo propietario. Está todo en regla.
- He venido a verte- dijo con simpleza Scorpius.
Rose lo miró a los ojos, meditando por unos segundos qué decir. ¿Debería continuar fingiendo indiferencia? Scorpius parecía más seguro que de costumbre, aquella breve humanidad que le había mostrado durante algunos meses del séptimo curso se había vuelto a ocultar bajo su fría mirada. Rose se preguntó si necesitaría otros largos meses de encuentros íntimos para poder percibir rastros de aquella humanidad. Se sorprendió al confesarse que no le resultaría un tiempo perdido, valdría la pena. Como el alquimista que talla la piedra hasta encontrar el diamante y ese instante en el que observa su hermosa adquisición vale todas las tardes de arduo trabajo.
- Siempre pensé que sería yo la que acudiría a ti- reconoció Rose. Ella siempre había sido la que había perdido antes el control sobre sí misma y había necesitado correr a los brazos de Scorpius. Había ocurrido así en Hogwarts y creyó que también pasaría así fuera de Hogwarts.
- Yo también.
Rose se dio la vuelta, fingiendo que estaba observando el cuadro de la Dama del abanico, que los estaba escuchando sin mucha discreción.
- He estado pensando en ti, recientemente- dijo Scorpius, con una sonrisa. Rose le miró de reojo.
- Siento no poder decir lo mismo- dijo Rose. Scorpius alzó una ceja, le sirvió una simple mirada para saber que mentía.
Malfoy se acercó a ella y Rose dio un paso hacia atrás, intimidada. Eso no hizo que Scorpius retrocediera, le cogió una mano y notó como Rose temblaba levemente mientras le miraba insegura a los ojos.
- No ha terminado ¿verdad?
- Quizás no- concedió Rose.
- ¿No te sientes dependiente de mí, Rose? Como si alguna maldición nos hubiera atado…
- Quizás
- ¿No querrías liberarte?- Malfoy esperó a que ella respondiera, sólo asintió y Scorpius añadió- Tenemos que romper, Rose.
Rose se retiró, poniéndose a la defensiva. Cruzó los brazos. Sintió que una esperanza que no sabía que había crecido dentro de ella caía como impulsada por una catarata. Rose suspiró, sintiendo una necesidad física por respirar. ¿Qué había esparado? ¿Que Scorpius le declarar un amor eterno? Por supuesto que no, ellos jamás habían sido románticos.
- Nunca hemos estado juntos, Scorpius. No podemos romper si nunca hemos sido novios…
- Seamos novios entonces, Rose- añadió Scorpius. Parecía suplicante- Para que podamos olvidarnos.
Rose le miró con desagrado, intentó evitar cerrar los ojos. Se sentía mareada como si repentinamente se encontrara en el centro de un remolino. No le gustaba esa conversación en absoluto.
- Tu lógica es aplastante, Scorpius- gruñó, dándose nuevamente la vuelta. Pudo ver cómo La dama con el abanico le miraba con tristeza, apiadándose de Rose.
Scorpius se acercó a ella y le obligó a girarse para mirarle- Por favor, Rose. Tú lo dijiste… para ti sólo soy algo prohibido, en cuanto sea accesible dejaré de ser…
Rose cerró los ojos, respiró con fuerzas- No estoy segura de que sigamos jugando por las mismas reglas, Scorpius- le miró a los ojos y entonces lo comprendió. Scorpius le estaba pidiéndo que lo liberara, que le permitiera no pensar en ella, no ser Scorpius y Rose ni siquiera en aquel universo alternativo al que hacía tanto tiempo al que no acudían. Mientras Scorpius se había llevado cinco años intentando enterrar ese rincón que habían construido juntos, Rose lo había estado buscando obsesamente sin encontrarlo (No lo había encontrado en Jeremy, al menos)
- Vete, Malfoy- le exigió, volviendo a utilizar su apellido para sonar más distante.
- Rose- dijo Scorpius, sujetándole aún el brazo.
- No puedes pedirme eso. Las relaciones no comienzan teniendo un punto final definido. No funcionan así… O lo intentamos para toda la vida o no lo intentamos.
- Fue así con Jeremy Peck. Principio y final- dijo Scorpius con furia- Y sabías que no iba a funcionar ¿verdad? Desde el principio sabías que iba a ser un viaje con un punto final definido.
- No, no lo sabía- respondió Rose, con la misma agresividad que Scorpius. La dama con el abanico, intimidada por el tono que estaba adquiriendo la conversación se mudó al cuadro de una amiga suya que estaba en otra planta del museo.
- Sí lo sabías. Porque él no era yo…
Rose se libró del brazo de Malfoy que aún le apresaba y cogió la distancia suficiente para darle una sonora bofetada. La mejilla de Scorpius adoptó un color rosado.
- Vete antes de que llame a seguridad- dijo Rose mirándole con odio.
Scorpius le miró durante segundos con desconcierto, como si la bofetada lo hubiera despertado de un trance. Asintió con la cabeza y se dio la vuelta con paso firme, Rose pudo ver como apretaba los puños mientras se marchaba.
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Cuando sus padres habían dicho que Jeremy parecía perfecto no se habían confundido. Incluso después de que Rose rechazara su propuesta de matrimonio, él había accedido a ser amigos. Había pasado una semana desde su fatídico encuentro con Malfoy y éste había sido suficiente para que Rose sintiera que había regresado a ella aquella vida complicada de presiones, héroes y sentimientos contradictorios. Ella lo odiaba con la misma intensidad que lo había odiado en Hogwarts. Quizás incluso más puesto que Scorpius quería olvidarla mientras que ella se sentía incapaz de hacerlo.
Después de hacer algunas compras, Jeremy y Rose entraron en el caldero chorreante. El nuevo dueño, que era un hombre gordo y con un contundente bigote, les entregó la cuenta media hora después de que ellos hubieran entrado. Sólo habían bebido dos cervezas de mantequilla calientes y Jeremy la invitó. Se sacó las monedas del bolsillo y se las entregó directamente al dueño. Tenía prisa porque en breve tendría una reunión de trabajo muy importante. Rose decidió quedarse y sacó de su bolso un paquete de cigarros.
- ¿Podría traerme un cenicero, por favor?- le preguntó al dueño. Éste sólo asintió con exageración, parecía estresado ante la amplia clientela y los escasos camareros.
Se giró hacia un joven delgaducho que estaba detrás de la barra y le gritó:
- Peter, no olvides subirle al Señor Malfoy las toallas que pidió- se tocó su redonda barbilla- Su habitación es la 103, según recuerdo.
Rose miró al dueño sobre su hombro- ¿Se encuentra aquí Draco Malfoy?
- No, señorita, es su hijo Scorpius- le contestó el dueño- Trabaja en el callejón Diagon en la farmacia y droguería del Señor Glober. Y cuando se le junta el trabajo y sale muy de noche, alquila una habitación aquí.
Dada su explicación, el dueño se dirigió a la barra con pasos ligeros. El joven larguirucho le había estado haciendo señas para que acudiera, seguramente para exponerle algún problema. Rose dio una calada a su cigarro y miró de reojo la puerta que daba paso a las habitaciones de la taberna.
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Rose abrió la puerta con un alohomora, no le sorprendió que la puerta cediera al instante. Scorpius nunca había sido lo suficiente atento con su seguridad. El cuerpo de Malfoy estaba bocabajo, tapado con las sábanas sólo hasta la cadera. Rose cerró con cuidado la puerta tras de sí, ante el ruido Malfoy sólo hizo un gemido propio de los dormidos. Rose lo observó durante unos segundos sin comprender aún cuál era su propósito ¿Por qué había subido? Meneó la cabeza, sabía bien la respuesta a aquella interrogación. Había hecho lo mismo después del duelo en el que se habían ensalzado en séptimo curso. Rose dejó escapar el humo del cigarro que aún estaba fumando y se acercó hacia la cama, sentándose en el borde.
El colchón cedió un poco ante su peso pero Malfoy sólo se desperezó. Rose acercó sus labios al rostro de Malfoy, se detuvo a pocos milimetros y le soltó una espesa bocanada de humo en el rostro. Como había supuesto, Scorpius comenzó a toser violentamente y su propia tos le despertó. Miró confuso a su alrededor, sin comprender dónde se encontraba. Sus ojos estaban brillantes por el tiempo que habían estado cerrados y por el humo y sólo pudo percibir una mancha pelirroja cerca de él. Intentó ajustar la vista, creyendo por un momento que estaba en Hogwarts, en su habitación de Premio Anual.
- Buenas noches- dijo Rose, en un susurro.
Scorpius ya estaba en total posesión de su vista y la miró con las cejas fruncidas.
- ¿Me acosas ahora?- preguntó con la voz ronca- Maldito humo.
Rose no contestó al instante- Quizás. No lo he decidido aún.
- Dices muchos quizás últimamente- se quejó Malfoy, incorporándose para estar sentado y por tanto a la misma altura que Rose- Pensé que no querías verme más… o llamarías a seguridad.
Rose sonrió- Te he hecho amenazas peores.
Scorpius asintió- Cierto. ¿Cómo sabías que me alojaba aquí?
- Ha sido casualidad. Vine a tomar algo con Jeremy y escuché que el dueño le decía a un empleado que no se olvidara de subirte unas toallas… Supongo que lo hará mañana, a una hora decente.
Pero a Scorpius no le importaban las toallas- ¿Jeremy? ¿Jeremy Peck? ¿Habéis vuelto acaso?- Rose notó con agrado cómo la mirada de Scorpius buscaba su mano para saber si llevaba un anillo de compromiso.
- No hay anillo- dijo Rose haciéndole ver que se había dado cuenta de su mirada.
Malfoy se encogió de hombros- Ése estúpido no hubiera sabido qué anillo elegir. Te hubiera comprado uno con una perla en el centro o alguna de esas excentricidades que tú tanto odias…
Rose inclinó la cabeza y le miró con una media sonrisa, abrió la boca dispuesta a preguntarle si él sí sabría elegir un anillo para ella, pero se contuvo. Estaba cansada de sus juegos. De odiarse, insultarse, maltratarse y luego volver a sus brazos. Quizás Scorpius tenía razón y necesitaban romper definitivamente…
- Estoy cansada de esto, Scorpius- dijo soltando un suspiro- Incluso después de haber hecho un descanso de cinco años, siento que he gastados las mismas energías en ti… Sin que fueramos realmente nunca nada, sin ningún tipo de compromiso y ya me agotaste más de lo que Jeremy consiguió jamás…- Scorpius apartó la mirada- He decidido que tú ganas. Estoy aquí para romper contigo…
- Podías haber esperado a que amaneciera- dijo Scorpius con una voz extraña.
Rose dio otra calada a su cigarro, miró alrededor del dormitorio pero por primera vez no encontró ningún cenicero. Por supuesto, Scorpius no había estado esperando su visita y jamás la esperaría ya. Rose lo apagó en el quicio de la ventana, dejándolo ahí como si fuera un cadáver olvidado.
Rose se tumbó en la cama, junto a Scorpius pero dándole la espalda, no quería mirarlo a la cara temiendo que así cambiaría de opinión. Necesitaban terminar, enterrarse mutuamente. Como siempre desde que habían comenzado con aquel extraño juego, cuando uno quería algo, el otro se resistía o fingía si era necesario. Esa eran las reglas. Si en el pasado, Scorpius había intentado insultarla mientras que ella intentaba besarle, si él intentaba separarse cuando ella quería acercarse ahora estaban bailando con las tornas cambiadas. Rose le daba la espalda y Malfoy se pegó a ella, comenzando a besarle en la nuca. Rose tembló pero cerró los ojos, aquella sería su despedida.
El día los encontró desnudos, en las sábanas, como tantas veces los había visto el sol de Hogwarts. Rose fue la que primero se despertó pero se mantuvo allí entre sus brazos durante largos minutos, sabía que en cuanto se levantara y se marchara de allí no habría vuelta atrás. Suspiró después de largos minutos y se incorporó con cuidado, intentado no despertar a Malfoy que seguía dormido. Se puso los pantalones y la blusa, y se sentó en un sofá para calzarse.
- Busca en mi maletín- dijo Malfoy en una voz adormilada. Rose lo miró con sorpresa ¿Cuándo se había despertado? Miró hacia el maletín con curiosidad, y calzada sólo con un zapato se levantó para alcanzarlo.
Dentro del maletín encontró una pequeña caja de terciopelo azul. Rose contuvo la respiración casi sin darse cuenta, obligándose a no tomar nada por hecho de forma precipitada. Introdujo sus dedos temblorosos en el maletín y sacó la diminuta caja. Miró hacia Scorpius intentando encontrar en su mirada alguna pista que le dijera qué significaba aquel regalo ¿Era lo que ella realmente se estaba imaginando o era sólo un obsequio de despedida? Como era costumbre, el rostro de Scorpius no delató ninguna emoción. Rose volvió a mirar a la caja de terciopelo y entonces, suspiró, descargando todo el aire que había contenido en sus pulmones ante la sorpresa.
Temblaba más que nunca (aunque deseaba que fuera más una impresión suya que un estado físico del que Scorpius pudiera percatarse)
- Es un anillo- susurró- ¿Un anillo de compromiso?
Era una pequeña circunferencia de oro blanco, delicada y fina. No era extravagante en absoluto, sólo poseía una diminuta piedra que parecía cristal (pero que brillaba como una esmeralda), cubriendo la parte superior del anillo.
- ¿Es suficiente?- preguntó Malfoy. Rose no estaba segura si se refería al anillo o a la proposición que ésta guardaba.
- Es preciosa- dijo en un aliento. Miró a los ojos a Scorpius y creyó ver cierto brillo de esperanza e inseguridad dentro. Quizás se lo estaba imaginando o había aprendido a mirarle- ¿Significa esto…?- A Rose le daba miedo concluir su pregunta.
- Tú querías todo o nada. Te ofrecí el nada y lo rechazaste…
Rose meneó la cabeza, como si dudara que aquello fuera un sueño.
- No estoy segura de que estemos preparados para este tipo de estabilidad…- dijo Rose alzando el anillo y mirándolo con melancolía.
- Te cortejaré durante tres años y luego decidiremos si estamos preparados para ese gran paso- Por supuesto, Malfoy siempre tenía sus condiciones, pero Rose no se sentía ofendida, al contrario, lo encontraba comprensible. Como tardaba en responder, Malfoy añadió - Rose, somos ese tipo de parejas que no pueden estar juntas pero tampoco separadas. Deberíamos elegir la opción menos dolorosa.
- Parece una relación sana y normal- dijo Rose, pero de repente le surgió una duda. Recordó con la firmeza con la que quería olvidarla en el museo ¿Por qué había cambiado de opinión?- Pero tú querías romper…
Scorpius sonrió- Por supuesto. ¿Y tú no, Rose? ¿Nunca? ¿No sería la vida más fácil si volviéramos a ser un Weasley y un Malfoy? Enemigos y ante todo, indiferentes, como lo éramos en primero y segundo, incluso en tercero…
Rose sonrió- Para ello deberíamos ser niños inocentes, de nuevo.
- Ni McGonagall sería capaz de hacer esa transformación- dijo Scorpius con una sonrisa bromista.
Rose volvió a mirar al anillo y lo tocó con fuerza, hasta que sus dedos se pusieron blancos ante la presión. Podía notar la mirada de Malfoy sobre ella, esperando una respuesta. Por la mente de Rose pasó la propuesta de matrimonio de Jeremey, cogiéndole las manos, mirándole a los ojos. Scorpius no le estaba obligando a mirarle, no había hecho promesas románticas como una felicidad eterna. Pero ellos no eran así. Cuando Jeremey se lo había pedido, había sentido una fuerte necesidad de volver atrás en el tiempo porque aquello no debería estar pasando… pero ahora, ahora sólo temblaba. Malfoy no había dado palabras a su proposición (No le había dicho ¿Te casas conmigo?), ni siquiera le había tendido él mismo el anillo. Pero Rose no iba a pedirle romanticismos, ni actuaciones cursis y de exagerado afecto. Ellos no eran así y Rose se hubiera sentido asqueada ante cualquier otra proposición que no hubiera sido tan propia de Scorpius Malfoy. Ahora, él seguía esperando y su mirada comenzaba a vacilar ante el largo silencio de Rose.
- Tendríamos que hacerlo público- dijo Rose- Ellos no lo comprenderán.
Por su mente pasó las caras sorprendidas de sus padres, la furia colorada estampada en el rostro de Ron Weasley. Rose se encogió de hombros y sonrió ante el patético enfado de su padre.
- Si vencieron al más poderoso mago tenebroso de la historia, creo que podrán soportarlo- dijo Rose y miró a Scorpius, con el anillo aún fuertemente sujeto. Aún no había dado su respuesta y consideró que Scorpius merecía una- Sí - dijo con la voz firme y una tímida sonrisa.
Scorpius sonrió ampliamente, parecía aliviado. Entrecerró los ojos y se acercó al sofá donde estaba sentada Rose junto al maletín. La abrazó con fuerza, enterrando su cara en su cuello. Rose se pegó contra él y se mantuvieron así como si estuvieran intentando consolarse ante alguna tragedia. Pero no había dramas, sólo estaban intentando fundirse.
Rose se fue a la media hora, con el anillo en el dedo y la mano en el bolsillo, rozando con la piedra la tela interior del pantalón. Anduvo con seguridad y salió del Caldero Chorreante, sentía que en cualquier momento iba a explotar a causa de una bola contenida de energía positiva. Se sentía flotar en el aire y en más de una ocasión miró hacia sus pies para asegurarse de que, por arte de magia, no flotaba. Habían quedado en confesarle la noticia a sus padres juntos (Scorpius dijo que sus padres no serían un problema), así que decidieron que los Malfoys serían los primeros para prepararse al desafío que suponía Ron Weasley. Después de hacerles partícipes a su familia de su noticia, irían juntos a cenar al Caldero Chorreante (Incluso pasearían por el callejón Diagon) y por primera vez en sus vidas serían Rose y Scorpius en público.
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Hermione Weasley estaba cortando las zanahorias sobre una tabla de madera de forma muggle. Jamás pensó que echaría de menos las tareas domésticas. (El secreto de la buena cocina es mancharte las manos, Hermione- Le decía su madre con insistencia). Estaba sola en casa, porque Ron estaba trabajando, Hugo estaba en casa de su mejor amigo y Rose… bueno, no estaba segura dónde estaba ella. La casa estaba sumida en un agradable silencio. Aunque allí sólo vivían cuatro, eran tan ruidosos que bien se podía comparar con el ruido que se provocaba en la madriguera en las reuniones familiares. Hermione introdujo los trozos de zanahoria en un plata hondo.
Un ruido hizo que se diera la vuelta, tenían un horno de fuego de los antiguos (Había sido un regalo de navidad de Arthur Weasley) y Hermione lo había encendido para hornear una lasaña. De entres las llamas apareció la cabeza de Harry, la miraba preocupado e incluso azorado, la mente de Hermione voló hacia aquellos años de Hogwarts en los que Harry siempre estaba confesándole malas noticias referidas a Voldemort. Hermione tragó saliva, esas miradas no eran nunca buenas.
- Hermione, hola- dijo Harry. Él nunca solía saludarla, siempre iba al grano, eso también era preocupante- ¿Está Ron en casa?
- Está aún trabajando, Harry. Hoy tuvo que hacer dos turnos porque George necesitaba ir a hacer algunos negocios con unos magos polacos o algo así…
Harry asintió, parecía aliviado ante la ausencia de su mejor amigo- ¿Podríamos acercarnos a tu casa, Ginny, Albus y yo?
Hermione los miró extrañado pero asintió, sentía curiosidad ante la presencia de Albus. ¿Por qué él y no James o Lilly? Lilly siempre había sido la niña pequeña de su padre. La mirada apurada de Harry seguía en su rostro y Hermione lo miró con el ceño fruncido, dispuesta a exigirle que le dijera qué ocurría. Harry, pareció darse cuenta de aquella resolución (la conocía demasiado) y dijo de forma apresurada que aparecerían en dos minutos a través de los polvos flu.
Hermione suspiró, se limpió las manos con un trapo de cocina y acudió al salón donde estaba la chimenea principal. Se sentó con las piernas cruzadas y practicando ya contra el fuego su cara de reproche (¿Cuál sería su mejor cara de "Cuéntame qué ocurre ya o te pongo orejas de burro"?). Harry apareció inmediatamente cogiendo de la mano a Ginny que tenía una extraña sonrisa y estaba levemente colorada. Oh, sí, definitivamente ocurría algo. Hermione no había visto ese rostro desde los once años de Ginny cuando por su timidez intentaba evitarlos, especialmente a Harry. Su hijo Albus, detrás de ellos, salió de la chimenea tosiendo. Nunca se había acostumbrado a ese tipo de transporte.
- ¿No podríamos habernos aparecido?
Hermione estuvo a punto de responderle y decirle que no se podía aparecer en su casa, de la misma forma que tampoco podía en Hogwarts (aún habían muchos antiguos mortifagos vivos que considerarían una hazaña asesinarlos mientras dormían), pero antes de que ella pudiera hablar Harry se dirigió a ella, ignorando a su hijo.
- ¿Has leído el profeta?
- Me lo ha traído Ava, pero sólo he leído un poco… ¿Has leído sobre esos ataques de trolls en Alemania?- Ava era su lechuza familiar.
- No venimos a hablarte de eso- respondió Ginny- ¿Has leído la sección de sociedad?
- Nunca leo esa sección, me parece clasista y… Ron y yo nunca publicamos nuestro compromiso allí- Hermione se detuvo un momento y se llevó la mano a la frente como si eso le ayudara a pensar- Oh, espera, Rita Skeeter lo publicó sin nuestro consentimiento.
- Bueno, digamos que Rita Skeeter ha publicado otra noticia que nos atañe. Te recomiendo que te sientes, Hermione.
Esto sí preocupó a Hermione, no se sentó, pero cruzó los brazos de forma defensiva y miró a Harry utilizando su mejor mirada de madre terrorífica. Harry suspiró.
- Deberías mirar la primera página de la sección de sociedad.
Era fácil acceder a las páginas de sociedad porque al contrario que el resto del periódico, éstas tenían un color rosáceo. Hermione se aferró con fuerza al periódico abierto.
- ¡Por los calzones de Merlín!- exclamó. Era la primera vez que Harry y Ginny le escuchaban pronunciar aquel juramento ofensivo- Esto debe ser un error.
- Eso pensamos nosotros, Rita Skeeter no es una fuente muy fiable- dijo Harry que miró a Albus de reojo, éste parecía aburrido y se sentó en un sofá- Aunque la foto…
- Puede ser un montaje- dijo Hermione.
- Hermione, en el mundo mágico las fotos no pueden ser falsificadas… si unieras con magia fotografías diferentes, ellos se sentirían confusos y se notaría que no son verdaderas- dijo Ginny- Además, Albus nos ha confirmado que es posible.
Hermione se dejó caer sobre el sofá, con el periódico abierto sobre su regazo. En él podía verse una fotografía de Scorpius Malfoy cogiendo de la mano a Rose Weasley y subiendo sonriente las escaleras de la mansión Malfoy. En la foto en movimiento, a veces se detenían para darse un dulce beso en la mejilla y abrazarse, parecían nerviosos. En letras grandes, el título de la noticia decía: Scorpius Malfoy y Rose Weasley prometidos ¿Son los Romeo y Julieta de nuestro siglo? En la extensa noticia, Rita aconsejaba que fijaran la vista en el precioso anillo que vestía la mano de Rose. Preguntaba en cursiva sobre el destino de la pareja (¿Será Draco Malfoy el que lance una maldición contra Rose? ¿o Será Ron Weasley, que es conocido por un inestable comportamiento, el que dará fin a la felicidad de los tortolitos?) Rita continuaba diciendo que la boda tendría lugar en cuestión de meses y que Rose se había decidido por la modista Vita Nelson para su vestido de bodas, el que sin duda será como el de una princesa con mucho estampado.
- A Ron le va a dar un ataque al corazón- dijo Hermione, sin salir de su asombro, miró a Albus con curiosidad- ¿Qué sabes tú sobre esto? ¿Cuánto es verdad?
Albus se encogió de hombros- No estoy seguro. Sólo sé que Rose y Scorpius estuvieron… juntos durante séptimo- Decidió que la palabra juntos era suficiente y necesaria, dudaba que Hermione hubiera agradecido una descripción detalla de la naturaleza de la relación- Sé que Scorpius fue a verla al museo hace unas semanas, pero que la reunión acabó bastante mal. Al parecer Scorpius quería que zanjaran su relación o lo que quedara de ella…
- ¿Entonces es mentira que se quieran casar? ¿Han terminado?- Hermione parecía esperanzada. Aunque habría apoyado a su hija ante cualqueir adversidad, supuso que esta solución hubiera sido positiva para la salud de su marido. Había cientos de estudiantes en Hogwarts ¿Por qué Scorpius Malfoy?
- Rose estaba de bastante mal humor después de aquel encuentro, casi deprimida…- comenzó Albus pero Hermione le interrumpió.
- ¿Tan… enamorada está?- preguntó preocupada.
Albus asintió- Tenían una relación complicada, me costó años comprenderla…pero era intensa, eso sí y afectaba mucho a Rose. La cosa es que hace unos días la he visto más animada, más contenta, siempre sonriendo… así que supongo que hay posibilidades de que la noticia sea cierta. Y hay una fotografía.
Hermione miró la fotografía, ella también había notado la repentina felicidad de su hija pero la había achacado al final de la temporada de exposición del pintor Marvin Diggs que había sido todo un éxito y le había dado salario extra y reputación. Hermione sonrió ante la felicidad que derrochaba su hija en la fotografía, intentó apreciar las facciones de Scorpius Malfoy. Era igual a su padre, el rostro no tan aguileño, más hermoso.
Hermione suspiró, aún manteniendo la sonrisa- Tenemos que ocultárselo a Ron, al menos hasta que podamos prepararlo para que reciba la noticia- Hermione esperó a que Harry, Ginny y Albus asintieron con la cabeza- De todas formas, todo esto es culpa de Ron- dijo, recordando la orden que le dio a Rose en el andé cuando ella sólo tenía 11 años, los amores prohibidos eran tentadores (Si te casas con un sangre limpia, tu abuelo te desheredará)
Harry se rió meneando la cabeza, Albus le miró extrañado y Hermione iba a explicarse cuando alguien habló de repente.
- ¿Qué es mi culpa?- dijo Ron, entrando con tranquilidad a su hogar y dejando las llaves en la cómoda de la entrada.
Todos le miraron en silencio, sin saber qué responder. Ron alzó una ceja, dándose cuenta del cargado ambiente. Hermione cerró rápidamente El Profeta, un gesto que Ron captó. Ron se acercó con largas zancadas a su esposa y cogió de su regazo el periódico cerrado, por un momento sin saber qué buscaba fue ojeando todas las páginas.
- Ron, no montes una escena… ¿De acuerdo? Deberíamos esperar a que sea Rose la que nos lo cuente. Quizás deberíamos fingir que no lo sabemos…- comenzó Hermione, intentando calmarlo, pero Ron aún no sabía de qué había que calmarlo.
- ¿Qué le pasa a Rose?- dijo Ron comenzando con la sección de las páginas rosas. Entonces ocurrió lo que todos estaban temiendo, su cara se convirtió en un tomate que se fundía con el pelo. Las puntas de las orejas se asomaban por su pelo, más rojas que su cabello- ¡Noooo!
El grito pudo haberse escuchado por todo el vecindario si Hermione no reforzara todas las mañanas un hechizo silenciador, para asegurarse de que no molestaban a los vecinos o que éstos no escuchaban nada inapropiado o relacionado con la magia.
- ¡Ella nunca nos ha hablado de él! No es posible, es mentira. No sería la primera vez que Rita Skeeter se inventa una noticia- comenzó a decir Ron, más para convencerse a sí mismo que a los demás. Hermione se levantó y le puso una mano en el hombro.
- Cariño, es posible que sea verdad, Albus sabía de su relación.
-¡¿Y nunca nos lo dijiste?!- exclamó Ron enfurecido, dirigiendo su mirada a Albus que abofeteado por esa mirada dio unos pasos hacia atrás.
- Prometí que no se lo diría nadie- dijo Albus con timidez.
Harry le puso una mano en el hombro a su hijo y sin decir nada se retiró a la cocina para traerle a Ron un vaso con Whiskey de fuego, Ron tomó el primer sorbo como si fuera agua. Tenía los ojos muy abiertos, como si estuviera viviendo en una pesadilla. Ginny lo miraba con los brazos cruzados, acostumbrada a los berrinches de su hermano.
- ¡No va a casarse con él, Hermione! ¡No! ¡Se lo prohibiremos! ¡Por merlín, no le permitiremos que lo vea!- dijo Ron de forma exaltada. Se dejó caer en el sofá en el que antes había estado sentada Hermione. Su esposa, se puso junto a él, sobre el posa brazos y se inclinó hacia Ron.
- Ron ¿Qué hubieras hecho si tu padre te hubiera prohibido verme?
Ron le miró extrañado, como si no entendiera a qué venía esa pregunta- ¡Pero Hermione, si mi padre te adora! ¿Cómo me iba decir eso? ¡Si eras la mejor estudiante de nuestra generación!
- Si lo hiciera, Ron.
Ron la miró a los ojos y negó con la cabeza- No le haría caso, por supuesto. Me negaría Hermione, yo nunca…- se detuvo ante la maliciosa sonrisa de Hermione.
- Pues tu hija es como tú, Ron. En el momento que se lo prohibas, se fugará con él… y perderás una hija. Dale una oportunidad, quizás Scorpius no sea como su padre. Debes olvidar las rencillas de la infancia, pasó hace mucho tiempo…
Ron no parecía convencido, se puso de morros. Ginny puso los ojos en blanco y se giró brevemente, sonriendo con complicidad a Harry. Hermione continuó hablando a favor de Scorpius y diciendo que deberían confiar en la elección de su hija, confiar en que la habían educado bien. Añadió que el amor no se podía escoger por voluntad, que simplemente ocurría. Ron comenzó a asentir con la cabeza pero ninguno de los presentes estaba seguro de que estuviera escuchando, parecía inmerso en sus cavilaciones. Hermione continuó recordándole que Draco ya se había redimido en más de una ocasión ante la sociedad de brujos y que la abuela de Scorpius había salvado a Harry en la batalla final. (Ron, en el pasada era una familia bastante desaconsejable pero han cambiado, han renacido de sus cenizas como el ave fenix)
Ron gruñó y abrió los ojos aterrorizado, se le había ocurrido una idea fatalista- ¡Oh, Merlin!- exclamó mirando a su mujer- ¡Si tienen hijos mis nietos se apellidarán Malfoy!
Hermione suspiró, dándose por vencida y Harry, Ginny y Albus comenzaron a reír con estruendo. Ron no borró su expresión atemorizada (Como si un basilisco le hubiera petrificado) en al menos un cuarto de hora.
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Nadie los miró. Se encontraban en el Caldero Chorreante, Scorpius acariciándole una mano sobre la mesa. Se hubieran esperado miradas furtivas y cuchicheos pero todos los clientes del Caldero Chorreante estaba entretenidos con sus propios asuntos. Excepto un brujo encorvado que sólo tenía sobre la calva cuatro pelos castaños y pegados al cuero cabelludo, pero ese brujo miraba a todos con una mirada nerviosa como si temiera que cualquiera de ellos fuera a levantarse para atacarlo con su varita mágica. Rose suspiró aliviada, se sentía cómoda ante la ausencia de miradas. Quizás el mundo mágico ya había dejado de preocuparse por los hijos de los enemigos o aliados de Voldemort, puede que éste ya hubiera pasado definitivamente a la historia. Lo que no sabían es que su unión ya no era novedad, que el El Profeta había dado unos detalles bastante poco acertados sobre su matrimonio venidero.
- Parece que no les importa- dijo Rose.
- No es de su incumbencia- dijo Scorpius con seriedad antes de beber de su té. Rose le sonrió con timidez.
Se sentía extraña, como si estuviera expuesta o incluso desnuda en la compañía de Scorpius y en público. Era una sensación poco familiar pero muy gratificante poder tocar su mano como si le perteneciera. Se rió de sí misma e intentó ocultar su rostro con los brazos. Scorpius le miró con una ceja alzada, sin comprender la risa.
- ¿No te sientes raro?- le preguntó Rose. Scorpius frunció las cejas haciéndole comprender que no sabía a qué se refería- De no estar encerrados en tu habitación.
- Comenzaba a afixiarme ahí dentro- declaró Malfoy.
Rose miró al cigarro que había estado fumando, se sintió como si éste estuviera fuera de lugar entre sus dedos. Miró a Scorpius y luego nuevamente a sus dedos. Decidió apagarlo.
- ¿Por qué lo has apagado? No lo habías terminado.
- He decidido dejar de fumar, creo que no puedo llevar dos adicciones al mismo tiempo- Rose no estaba segura de que Scorpius la hubiera comprendido porque hizo un gesto que no llegaba a ser asentimiento y volvió a beber de su taza de té. Rose consideró que aquella respuesta era suficiente, no era necesario que se pusiera a explicar su sensación en referencia al tabaco. Cómo estaba fuertemente unido a él, a Scorpius Malfoy. Había estado meditando sobre ello largamente en esos cinco años, especialmente porque su mono por el tabaco se había convertido en una necesidad. Había llegado a fumar mucho más que un único cigarro entre las sábanas de Malfoy y había llegado a comprender que estaba intentando sustituir a Scorpius Malfoy con el tabaco. Cuando habían estado juntos en Hogwarts, siempre había tenido la sensación de que aún no tenía suficiente de Scorpius, sólo una calada de él, algunas noches en las que sólo entonces le pertenecía. El sol salía y volvían a ser enemigos y la ansiedad le empujaba a fumar entre sus sábanas, como si intentara perpetuar aquel momento y hacerlo durar también durante el día. Pero no podía porque había clases y en general el mundo real, con Gryffindors y Slytherins rivalizando, con el clan Weasley-Potter, el Quidditch, los exámenes e inclusos los amigos de Scorpius (Alice Abbot ¡Por Merlín!). Su rincón privado que habían creado en Hogwart como si fuera una sala de los menesteres improvisada había alcanzado al mundo real, se habían convertido en uno. Rose miró a su cigarro y sonrió, tenía la certeza de que ya no lo necesitaba. Se sentía cómoda, feliz, sin necesidades ni adicciones más que la que tenía enfrente.
Scorpius le había estado observando, curioso por los pensamientos que dibujaban una sonrisa en la cara de Rose. Él no sonrió ni preguntó, así era él y así era ella. Rose bebió una sorbo de coca cola (La bebida por fin se había empezado a comercializar en las tabernas de los brujos) y alejó de ella el cenicero. Volvía a repugnarle, la sensación había vuelto con facilidad porque siempre había estado allí. Había odiado cómo Albus fumaba a su lado, haciendo que sus túnicas olieran después a tabaco.
En ese momento, una hermosa lechuza parda que ella reconoció al instante la encontró en una de las mesas del Caldero Chorreante. Ava ululó orgullosa al encontrar a la destinataria y se posó en su hombro, dándole un picotazo amistoso en la mejilla. Por supuesto, Ava desconocía que el paquete que estaba portando no iba a ser en absoluto un regalo o una noticia buena. El color rojo del sobre reveló su identidad, Scorpius desde el otro lado de la mesa lo miró fijamente y luego desvió su mirada a Rose.
- Es un Howler- dijo Scorpius.
Rose asintió- Está firmada por mi padre- Sabía lo que decía esa carta o se lo imaginaba, pero en lugar de sentirse asustada por el contenido, sonrió como una niña pequeña. Había representado en su cabeza millones de veces el momento en el que su padre se enteraba de su obsesión con Scorpius Malfoy, al menos cincuenta de ellos tenía un Howler de por medio. Aún así, no quería alterar la tranquilidad del local- ¿Tienes hoy aún la habitación?- preguntó Rose. Sabía que por trabajo, Scorpius había dormido ayer en la taberna.
Scorpius asintió con la cabeza y terminándose la taza se levantó, ofreciéndole su brazo. Rose se colgó de su brazo y subieron, el sobre rojo en su mano izquierda y Ava sirviéndose del plato de cacahuetes que Scorpius y Rose habían abandonado sobre la mesa. Rose tuvo la certeza de que después de leer la carta se quedarían un rato más en el diminuto espacio de la habitación, eran como topos acostumbrados al vivir bajo tierra. Necesitarían algo de tiempo para acostumbrarse al aire libre.
¿Comentarios? ¿Opiniones? ¿Posibles decepciones?
Ya se ha terminado, espero que os haya gustado y que el final no os haya disgustado.
Como es verano y tengo tiempo de sobra, estoy escribiendo otro fan-fic esta vez sobre Draco Malfoy y Astoria (Lo cual es bastante divertido, puesto que como con Scorpius y Rose tengo que inventarme la personalidad de Astoria). Os lo digo, supongo para hacer un poco de publicidad a los que estéis interesados en leerlo cuando lo publique y porque intentaré que tenga relación con la conversación que tuvieron Astoria y Draco mientras cenaban (Incluso puede que haga una aparición estelar el retrato de Draco Malfoy). Me encantaría contar con vosotros como lectores, puesto que estoy bastante orgullosa de lo que llevo escrito. Os dejo el título y el resumen para que veáis si puede que os interese o no:
El llanto de la Serpiente
(Draco Malfoy/Astoria Greengrass)
Eran un grupo extraño: Draco Malfoy, el espía que no sabía diferenciar entre el bien y el mal; Astoria, la niña sonrojada sin nombre propio y también un hombre que quisó parir, una cantante cuya edad eran todos los años maduros, un lobo que se crió entre hombres y un mayordomo que se creía basilisco…
Pero ante todo, agradezco vuestros reviews y que hayáis leído TABACO. ¡Hasta pronto!
